Mirrha reaccionó solo cuando vió a su maestro tirado junto a ella. Había sido como si lo golpearan con un trueno, y la impresión la había dejado petrificada. Fue hasta que él se incorporó que sintió que la movilidad le regresaba.
-Sypha…- murmuró- ¿se puede saber qué haces?
Mirrha volvió la mirada a la entrada del salón donde estaba parada una mujer hermosa, de cabello rojizo que le caía a los hombros, vestía una capa azul y tenía sus manos aún frente a ella en posición de ataque.
-¿se puede saber qué haces TÚ, Alucard?- exclamó enderezandose- pensé que el punto de matar a tu padre era acabar con los vampiros, y hete aquí ¿bebiendo sangre? ¿desde cuando? ¿y de una niña?
-Sypha… ¿puedes dejar de gritar? Despertarás a Eliot. Estoy seguro de que Alucard tiene una explicación lógica…- dijo un hombre de tez áspera y cabello castaño que entraba cargando un bulto en sus brazos.
-¿Desde cuando eres el razonable del grupo, Belmont?- preguntó Alucard incorporándose.
-Alucard…- repitió Mirrha para sí misma. Era la primera vez que oía ese nombre.
-¿Y bien?, explícate…- ordenó Sypha acercándose, pero no pudo hacerlo más porque frente a ella se plantó Mirrha, con los brazos extendidos, como protegiendo a Alucard. Sypha la miró desde arriba, su mirada decidida y su cara angelical y echó a reír.
-Sigue siendo una mujer extraña…- murmuró Alucard.
-Y que lo digas- secundó Trevor acercándose a su amigo y dándole una fuerte palmada en la espalda.- Es bueno verte, ¡no has cambiado en nada! Ah pero qué tonto, ¡si tu no envejeces!
Y luego se volvió a Mirrha.
-¿y quién es este ser angelical?- dijo tomando su mano para besarla. Mirrha la retiró enseguida y miró a su amo alarmada.
-Mirrha- la presentó Alucard- mi aprendiz. Mirrha, ellos son Trevor Belmont y Sypha Belnades. Son compañeros.
-¿Compañeros?- espetó Sypha con ironía y luego se acercó a pellizcarle los cachetes.- Somos sus amigos, aunque es demasiado tímido para aceptarlo.
-Ughhh, Sypha, apestas a magia- contestó Alucard tratando de zafarse.
-¡Oye! Solo yo puedo decirle "apestosa" a mi esposa- añadió Trevor poniéndole un brazo alrededor a ambos.
Mirrha estaba realmente confundida, era la primera vez que veía a su maestro actuar y hablar tan despreocupadamente. De hecho, le pareció que de repente se hizo mucho más joven.
-Bien ¿y cómo es que terminaste teniendo una aprendiz, eh?- preguntó Trevor de repente. Mirrha puso un semblante alarmado y miró al suelo, Alucard guardó silencio un momento- ¿eh? ¿Dije algo?
En ese momento se escuchó un llanto apagado en la habitación. Trevor descubrió el bulto que llevaba abrazado al pecho y una pequeña carita emergió de las sábanas.
-Eliot, saluda a tu tío Alucard- dijo Trevor en una voz ridícula y melosa.
-¿Tío?-
Tenía el cabello castaño como su padre y los ojos de su madre. Alucard sintió algo extraño removerse en su pecho. Cuando Trevor lo puso en sus brazos el llanto se intensificó.
-Sypha… ¿no se te ocurrió que tal vez lo mejor era no dejar que este tipo se reprodujera?- ambos rieron. Alucard alejó al bebé un poco más de sí y casi por instinto Mirrha lo tomó en sus brazos. Su llanto cesó.
-Mirrha- dijo Sypha clavando sus ojos en ella- tienes buenas manos.
La chica se sonrojó un poco pero sonrió.
-Será mejor que prepares la habitación de huéspedes- anunció Trevor- nos quedaremos aquí un rato.
