Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El encuentro

—…sé que te quieres quedar para jugar más con los patitos del estanque —decía Harry, tirando de la mano de Lily para que no se rezagase—, pero los patitos también tienen que descansar y-

—¿No duermen de noche, papá? —preguntaba James, sujetándose de su otro brazo.

Harry boqueó. Sí, seguramente los patos dormían de noche. Por Merlín. ¿Cómo es que nadie le contó que cuando tuviese hijos iba a necesitar tantas respuestas como Hermione hablando de exámenes?

—Creo que toman una siesta a media tarde —alegó, usando su tono más seguro, y le sonrió a su hijo mayor—, lo averiguaremos en casa, ¿te parece?

James asintió con ganas.

—¡Albus, apúrate, tonto! —gritó a su hermano. Harry sacudió un poco el brazo que James sostenía, para atraer su atención de vuelta.

—No le digas "tonto" a tu hermano, Jaimie.

—¡Pero es que va muy lento, papá!

—Entonces ve por él y tráelo para acá, como un buen hermano mayor que cuida de los más pequeños.

Su hijo se enderezó al captar el mensaje. Se soltó de Harry y caminó con rapidez hacia su hermanito. Medio segundo más tarde, arrastraba a un quejumbroso Albus, y no paraba de exclamar "¡yo lo cuido, papá, tú tranquilo!".

—Papá, papá, ¡papá! —¿Cómo podían estar seguros de que Lily no tenía sangre de Banshee en alguna parte? Harry juraba que era descendencia Weasley. Ginny solía reírse cuando oía la comparación, hasta que le tocaba cuidarlos los fines de semana y entendía por qué—. Papá, zapato-

Harry se agachó frente a la niña cuando se percató de lo que señalaba. No le compraban zapatos que tuviesen que atarse, porque aún no sabía hacerlo, pero sí poseían unos lazos celestes en la parte delantera, que podía pisar y ensuciar por error si se soltaban. Lily formó pucheros hasta que vio que los lazos regresaban a la normalidad, tomó la mano que Harry le ofrecía, y siguieron moviéndose hacia el punto de Aparición del parque.

Miró por encima del hombro, para comprobar que James jalaba a un Albus que apuntaba un nido de pájaros que podían hacerse pasar por una familia de fénix para alguien que nunca hubiese visto uno y no supiese que debían tener fuego en las plumas.

—Papá, papá, ¿eso es un…?

Y allá iba otra pregunta de James.

Harry seguía contándole sobre el viejo Fawkes cuando entraron a la zona delineada para Apariciones; unas cuerdas que podían atravesar y un suelo azul sobre el césped la separaban del resto del parque mágico. Sostuvo una mano de James, acercándolo a sí.

—James, toma la mano de Al- —Se interrumpió por un tirón del otro lado—. ¿Qué pasa, Lil?

La niña hizo pucheros y apuntó a su segundo zapato. El listón se había soltado.

Harry suspiró y se agachó. Bien, decidido. No más zapatos con listones, y le podrían un encantamiento para mantenerlos atados a los que ya tenía.

Apenas terminó de atarlo, se enderezó, sujetó a ambos y les avisó que se iban a Aparecer. Al instante, eran arrojados en la entrada de la casa que consiguió en Godric's Hollow después del divorcio. El centro de Londres, donde estaba la casa que le dejó a Ginny, nunca fue lo suyo.

—¡Papá! —Lily jaló de su brazo con más insistencia. A unos pasos de ellos, James ya se quitaba las botas cubiertas de barro, así que Harry tuvo que pedirle que no las fuese a tirar por ahí, antes de fijarse en la niña—. James no agarró a Albus.

¿Qué?

Harry echó un vistazo a la entrada de la casa. James acababa de lanzar sus zapatos sin cuidado y se dirigía a la cocina por galletas. Lily permanecía pegada a su costado.

No de nuevo, no de nuevo, no de nuevo. Molly le había dicho que contase las cabezas antes de Aparecerse, ¡¿por qué no obedeció a la única mujer que podía darle consejos acerca de tener varios hijos?!

—¡James, ven aquí…! Ayuda a Lily a quitarse los zapatos, tengo que volver al parque por Al-

Que esté ahí, que esté aquí, que esté justo donde lo dejé, rogaba. Pero Albus tenía cinco años, le gustaban los patos de la laguna, y corría inusualmente rápido para un niño tan pequeño. Y de cualquier modo, era un poco ingenuo pensar que no se hubiese movido cuando Harry se Apareció de vuelta al lugar del que se marcharon.

Realizó un hechizo de búsqueda que lo hiciese ir detrás de uno de los brazaletes que le ponía a Albus, preguntó a un par de madres brujas si lo vieron pasar, y continuó avanzando tras la pista de su segundo hijo, hasta que estuvo en los banquillos que rodeaban la laguna de patos. Ahí, se detuvo y exhaló con más calma.

Lo peor que podría haber sucedido en ese parque, donde prácticamente todos los conocían, era que Albus intentase meterse a la laguna con los patos. Por suerte, no era James. El niño se encontraba tranquilamente sentado en un banco, tirando al agua migajas de algo que no podía distinguir, que un pequeño rubio le ofrecía; charlaban entre risitas y alimentaban al grupo de patos que tenían al frente.

Un hombre estaba justo a su lado, en la misma banca, con las piernas cruzadas y un largo bastón. Les explicaba cómo arrojarlo para que cada "patito" pudiese comer un poco.

—¿Por qué el patito que ya comió no le da al otro patito que tiene hambre? —indagaba el niño rubio, partiendo el nuevo trozo de lo que fuese que usasen, para que Albus y él pudiesen dárselo a los animales.

—¿Y por qué no les da pan? —seguía Albus—. Mi papá les da pan.

—Los animales suelen comer hasta llenarse y después se van, y el pan no es bueno para los patos. Sólo un poco más —añadió el mago, tocándole la nariz al rubio con el índice, gesto que le sacó una risita—; otros niños pueden querer darles, Scorpius.

—Malfoy.

El mago que se giró en su dirección no era exactamente como el Draco Malfoy de sus memorias, y al mismo tiempo, no podía ser nadie más. Llevaba el cabello largo, ropa elegante, y el porte grácil no había cambiado, pero lucía mucho más relajado que las escasas veces que lo vio en el Ministerio o El Profeta.

También estaba el hecho de que ese pequeño rubio sólo podía ser su hijo. El parecido era impresionante.

—Tuve una especie de déjà vu —Le explicó a Harry, en tono suave, al tiempo que una sonrisa desdeñosa aparecía en sus labios—. Cuando estábamos por irnos, Scorpius le ofreció su mano a un niño al que sólo le hacía falta una cicatriz para ser un miniPotter. Pensé que vendrías a buscarlo cuando te dieses cuenta de que lo olvidaste, y cinco minutos más en el parque no han hecho daño a nadie…

Ahora que el miedo había pasado, Harry empezaba a avergonzarse. Se agachó y le ofreció los brazos a Albus, que lo abrazó y empezó a contarle sobre la "comida para patos" y preguntar por qué él nunca le contó que el pan era malo para los animalitos. Desactivó el encantamiento de rastreo, por lo que se apagó su brazalete plateado.

—Gracias por cuidarlo —musitó.

Malfoy se puso de pie y le restó importancia con un gesto.

—Sólo fue un momento, nadie le hubiese hecho algo, de cualquier modo. Y a Scorpius le hace bien hablar con un niño diferente a Altair…

Cuando Harry hizo ademán de volver al punto de Aparición, Albus se retorció en sus brazos y se quejó. Scorpius también, extendiendo los brazos hacia su padre para decirle algo.

Draco adoptó una expresión pensativa.

—Creo que los niños no han terminado de jugar —indicó, divertido.

Harry titubeó.

—James y Lily-

—Papá —Albus formaba pucheros.

Le dijo a James que ayudase a Lily con sus zapatos. Temía que, al regresar, los zapatos de listones estarían tirados junto a las pequeñas botas, habría un niño en una escoba, otro en un armario, y su casa no tendría techo.

No sería la primera vez.

—Ya se iban de todas formas, ¿no? —probó, logrando que Albus se emocionase. Bien, un minuto más. Caminarían en la misma dirección y se despedirían.

Malfoy asintió y dejó que Scorpius fuese con Albus, quien se había olvidado de su padre tan rápido como Harry lo soltó. Observó a ambos niños hablar de patos. Cuando Albus estuvo a punto de empezar a alejarse, Scorpius le sujetó el brazo para frenarlo y negó.

—No hasta que padre venga —dijo Scorpius, muy serio.

—Enséñame cómo lograr que hagan eso —rogó Harry, con un tinte más desesperado de lo que pretendía. Para su sorpresa, Malfoy se rio entre dientes.

—No todos los niños lo harán, depende de su personalidad, Potter —Draco se aproximó al árbol detrás de la banca que ocupaban y tocó el tronco con el bastón—. Altair, hora de irnos. Baja, por favor —Luego colocó el bastón recargado contra el árbol, y le habló a Harry, a medida que la madera se convertía en un tobogán para el niño que se deslizaba desde una rama—. Tu problema es que eres uno y ellos son tres.

En verdad resultaba que todo el mundo, a excepción del mismo Harry, leía los artículos sobre su familia en El Profeta.

Draco le ofreció la mano al segundo niño y avanzó. Entonces Scorpius jaló a Albus consigo, y Harry fue detrás de ambos niños, viéndolos con curiosidad. Scorpius dividía su atención entre fijarse en dónde estaba su padre y no soltar a Albus; incluso James se distraía más rápido cuidando de su hermanito.

Depende de su personalidad, repitió para sí mismo. Reparó en Malfoy de nuevo, y con este, en el segundo niño. La única diferencia que tenía con respecto a Scorpius era un par de ojos más verdes que grises.

Altair Malfoy le regresó la mirada de una forma casi petulante, desde uno de los costados de su padre. Estaba seguro de saber de quién aprendió eso de alzar la barbilla y cejas.

—Supongo que Scorpius es el que lo cuida —mencionó, en voz baja. El punto de Aparición del parque se encontraba a unos metros.

—Normalmente —admitió Draco.

Malfoy le pidió a sus hijos que se despidiesen de Albus en el punto de Aparición y le prometió a Scorpius que se verían otro día. De pronto, Harry tuvo la mirada de dos niños y un adulto encima, esperando una confirmación de esto.

—Sí, eh- sí, claro, otro día, cuando vengamos al parque —respondió. Los ojitos de Albus brillaban.

Harry se aseguró de sostener bien su mano para Aparecerse. Lo último que vio en el parque era que Draco Malfoy le pedía a sus mellizos que se pusiesen a cada lado de sí para irse también.

Cuando aterrizó en Godric's Hollow, la risa de Lily y sus chillidos llenaban la entrada. James gritaba algo, ella lloriqueaba. Albus y Harry intercambiaron miradas, antes de acercarse a la sala, temiendo lo peor.

Era una guerra de galletas. James estaba de pie sobre el sofá más grande, con el tarro de galletas bajo el brazo, y se las lanzaba a su hermana, quien esquivaba, las recogía y se las tiraba de vuelta. Lo curioso es que James mordía las que atrapaba entre las manos.

No había ayudado a Lily con sus zapatos y huellitas de barro llenaban la alfombra. Ambos listones se desataron de nuevo y la niña se cayó al esquivar otra galleta voladora.

Tu problema es que eres uno y ellos son tres.

Harry jamás lo consideró un "problema". Pero Merlín lo ayudase, ni todos los consejos que había recibido de Molly le daban la impresión de que sabía lo que estaba haciendo.


LEER UNA NOTA NO HA MATADO A NADIE. Ahora, sí, hola, flancitos. Como tengo su atención, voy a contarles algo importante sobre esta historia.

Yo realmente no creo que tenga trama ¿?

Ignoré el epílogo, pero sí tomé en cuenta parte del canon (como las parejas que tuvieron y el trabajo de Harry), es un longfic y va un tantito lento, no mucho. La cosa es que, cuando lo escribía, quería algo divertido, fluff y alocado, así que terminé uniendo escenas de este tipo a lo largo de los años de la vida de los chicos. Básicamente, es como una historia sobre la familia Potter-Weasley, en que hay mucha homosexualidad, conflictos de un Harry que no sabe lo que hace ni que se está enamorando de Draco, y luego problemas adolescentes ¿?

Hay intervenciones de parejas que me gustan, cosas que no tienen mucho sentido, y niños a punto de sacarle canas a Harry. Nada más. Tomémoslo como un descanso de grandes dramas, jajaja.