Capítulo 9
Abrió lentamente sus ojos y lo primero que vio fue a esa mujer que tanto amaba, ella dormía a su lado. Esbozó una sonrisa y acarició su cabello sedoso enredando sus dedos en él. Se llevó un mechón a su nariz solo para oler su aroma, quería impregnarse de ella, llevar su aroma en cada poro de su piel.
―Te amo – le susurró al oído
Kagome comenzó a moverse de un lado a otro en la cama, sus ojos se abrieron lentamente y se encontró con los penetrantes ojos dorados de Inuyasha.
Ella también esbozó una sonrisa al verlo.
―Yo también te amo – respondió en automático
― ¿No se supone que estabas dormida? – preguntó
―Lo estaba hace unos minutos― respondió ella con una pequeña risa ― ¿Qué planes tenemos para el día de hoy? – preguntó ella, recargando su cabeza en el pecho de Inuyasha
―No sé. Lo que tú desees – pasó su brazo por todo su cuerpo y lo recargó en sus caderas – Sus deseos son ordenes
―Podríamos… ― en lugar de responder con palabras, sus acciones dijeron todo, ya que lo había besado en el cuello dándole a entender que deseaba ser suya una vez
Inuyasha cerró los ojos al sentir su contacto, pues no había nada más que deseara de despertar y hacerle el amor esa misma mañana.
―Si – asintió – Podríamos
Se llevó los labios de ella a su boca, besándola con profunda pasión y necesidad, deseaba hacerla suya una vez más, con una vez no había sido suficiente, de hecho, no le iba alcanzar la vida para demostrarle cuanto la deseaba.
Una vez más sus cuerpos desnudos se encontraron, fundiéndose en uno solo, los jadeos eran la única melodía en esa habitación, sus cuerpos sudosos eran el aroma que los inundaba a los dos.
―Inuyasha…― Kagome se arqueó ante él al sentir que iba a explotar de placer
―Ya casi amor – respondió Inuyasha en su oído
Esa misma mañana regresaron de su paseo por yate, habían ido a comer al restaurante del hotel. Pasaron todo el día de compras, Inuyasha miraba con profunda admiración a esa mujer, pues ella estaba engentada mirando las artesanías que vendían, compró varios souvenirs para regalarlos.
Mientras que ella veía las artesanías, Inuyasha aprovechó para hablar por su teléfono móvil, haciendo una reservación en un lujoso restaurante, además de que le hicieran el favor de comprar el vertido más hermoso y para ello le dio a su recepcionista las medidas de Kagome.
Esa noche sería especial, pues ya una vez que declaró su amor, seguía el segundo paso, pedirle matrimonio. No todas las veces se casaba uno –bueno, para él era la segunda, pero con la persona que amaba, sería como si contara solo una – ella había permanecido en su vida durante casi diez años, y si ambos se amaban, ya no tenía caso seguir perdiendo tiempo.
― ¿Qué piensas? – preguntó Kagome acercándose a él
―Ah – Inuyasha parpadeó un poco y se despertó de sus ensoñaciones – En una sorpresa que te tengo
― ¿Y cuál es esa sorpresa?
―Si te digo ya no sería sorpresa – respondió el entre risas, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él – Te amo Kagome Higurashi
― ¿Por qué me amas?
―Porque con solo estar cerca de ti haces que me sienta vivo, tu sola presencia alegra mis días y sin ti, todo sería gris
Ante esa declaración Kagome lo besó.
―Es lo mismo que siento por ti
Inuyasha dejó a Kagome en la habitación, le dijo que tenía que salir por unas cuantas horas ya que se había presentado un problema, pero que en la noche vendría por ella para llevarla a cenar.
Kagome aprovechó para marcarle a su amiga Sango, estaba tan feliz y quería contarle a alguien todo lo que sentía en esos momentos y para ello estaba su amiga.
― ¿Así que ya? – preguntó su amiga
―Sango― dijo Kagome sonrojada ante el comentario de su amiga
―Pues hay que celebrarlo. No todos los días alguien pierde su "virginidad" ya pensé que te ibas a quedar así por el resto de tu vida. No es normal que alguien sea virgen a sus veinticinco años en estos tiempos
―Sango. Si fui virgen es porque deseaba que fuera especial, con el hombre que amaba.
― ¿Y no me digas que pensaste en llagar virgen al altar? – preguntó su amiga – Así dijo Britney Spears y mira
―Es imposible hablar contigo
―No me juzgues por pensar así. ¡Por fin dejé de tener una amiga virgen!
Kagome sabía que era normal que su amiga hablara libremente sobre el sexo, pues era una mujer con una vida sexual activa.
―Ya te dejo – dijo un poco irritada por los comentarios de su amiga
―No te enojes amiga, sabes que me alegro por ti y por Inuyasha. Ambos llevaban tanto tiempo separados
―Gracias
Pero en esos momentos alguien llamó a la puerta y tuvo que despedirse de su amiga. Cuando abrió la puerta, se encontró con un hombre que llevaba un porta trajes en la mano acompañado de un ramo de rosas rojas.
Kagome lo dejó pasar, el joven dejó el porta trajes en una silla y el ramo en una mesa, acto seguido le dio propina y éste salió por donde había entrado.
Ella se acercó al ramo de flores, donde había una nota ahí. No tenía que adivinar para saber quién las había mandado, pues sabía perfectamente quien lo había hecho.
"Para la mujer más hermosa, que robó hace tiempo mi corazón. Espero que el vestido haya sido de tu agrado, nos vemos esta noche.
Inuyasha
PD: No olvides nunca que te amo"
¿Así sería su vida a lado de él? ¿Despertar en las mañanas con uno de sus besos? ¿Disfrutar cada uno de esos detalles románticos que tenía para con ella? Sería magnífico despertar en sus brazos, escuchar de sus labios cada día cuanto la amaba y lo que significaba para ella.
Abrió el cierre del porta trajes y se encontró con un hermoso vestido en color rojo sangre, además que iba acompañado de accesorios, como zapatos, una diadema del mismo color del vestido y una cajita que contenía una gargantilla, aretes y una pulsera.
Miró su reloj, tenía justo una hora y media hora para arreglarse, así que se llevó su vestido a su habitación junto con sus accesorios. Una hora después se miraba al espejo, era un hermoso vestido, estilo halter formando un pequeño escote en forma de "V" en el pecho y otro en la parte de atrás que le llegaba a la mitad de la espalda, además se moldeaba perfectamente a sus curvas. Se arregló su cabello de forma que encajara la diadema con el peinado.
Aún faltaba media hora y no tenía nada que hacer, solo esperar a Inuyasha, así que se paseó por toda la habitación, y decidió escribirle una pequeña nota sobre cómo se sentía en esos momentos, así que se sentó en una mesa y comenzó a escribir, una vez terminada la carta, la iba a dejar por debajo del colchón de su cama, pero cuando trató de levantar una almohada algo cayó al suelo lastimándole un dedo de su pie.
Bajó la mirada para ver el objeto que le causo dolor y al verlo, su corazón latió con fuerza, se agachó para recogerlo y sus lágrimas comenzaron a brotar.
Era su diario, era imposible que estuviera ahí, en la cama de Inuyasha. ¿Cómo era posible? ¿Dónde lo había encontrado? Ella sabía perfectamente cuál era el paradero de su diario, por lo que era casi imposible que alguien más lo encontrara.
Salió de la habitación llevándose consigo misma el diario y la carta que le había escrito, de hecho, rompió en mil pedazos la carta y la tiró a la basura. En esos momentos se sentía utilizada, una vez más había caído en sus palabras, cuando él simplemente había utilizado su diario para conquistarla.
Y todo eso sobre "No me voy a dar por vencido" ¿Qué había significado? Sabía bien lo que significaba, que solo quería saber si aún seguía tiendo poder sobre ella, que estúpida había sido, había caído una vez más en ese amor ingenuo, en sus bellas palabras, en sus tiernos besos y apasionadas carisias.
Pero ya no más. Se juró a ella misma limpiándose sus lágrimas, Inuyasha Taisho ya no iba a jugar con ella.
Las horas que había pasado sin ella había sido un martirio, pues se la pasó el mayor tiempo del día en joyería tras joyería solo para buscar el anillo adecuado para ella. Esa noche todo sería diferente, lo sabía y lo sentía. Kagome aceptaría casarse con él y por fin su deseo de tenerla para siempre a su lado y de formar una familia con ella, se haría realidad.
Al entrar a la habitación se llevó una sorpresa al verla senada, mirando hacia la nada.
― ¿Kagome? – dijo él acercándose a ella
Kagome giró la cabeza y se encontró con Inuyasha. Quien iba vestido con un traje de gala negro.
―Veo que ya estas lista – comentó él con una sonrisa – Debemos irnos
―El único lugar a donde vamos a ir – respondió ella levantándose de la silla – Es a mi casa. Quiero regresar esta noche
Inuyasha arqueó una ceja, algo pasaba, Kagome había llorado y eso lo podía ver en sus ojos chocolates.
― ¿Le pasó algo a alguien de tu familia? – preguntó, esperando que no fuera esto
―No – ella negó
― ¿Entonces qué es? ¿Por qué estas así?
―Estoy así porque soy la mujer más idiota del mundo – dijo ella alzando la voz y acercándose a él – Que cayó de nuevo en las promesas de un hombre. ¿Por qué regresaste Inuyasha? ¿Para hacerme demostrar a mí misma que aun tienes influencia sobre mí?
―Kagome…― no supo que decir, estaba a confundido, tan perplejo
― ¿Por qué lo hiciste, Inuyasha? – preguntó ella limpiándose las lagrimas
― ¿Qué hice Kagome? – preguntó desesperado
Kagome giró sobre sus talones, fue hacia la mesa y tomó su bolsa de dónde sacó su diario.
― ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué lo leíste?
"Es por eso" se había dicho así mismo.
―Kagome…yo – se sentía apenado más no culpable de haber leído su diario, ya que gracias a él habían regresado sus esperanzas.
―No me digas que pretendías aprovecharte de la ocasión para seducirme.
―De ninguna manera― Inuyasha negó con la cabeza― Confieso que no lo utilice con ese propósito, sino más bien, para entender lo que pensaba la niña de hace diez años de la cual me enamore. Gracias a ese diario mis esperanzas regresaron
Kagome seguía sin comprender, estaba tan furiosa, lastimada, destrozada. El hecho de que él se hubiera metido en su vida privada eran motivos para odiarlo, para pensar mal, estaba entre la espada y la pared, por un lado, quería perdonarlo, quería creerle, pero por el otro, su mente jugaba con ella, le hacía crear ilusiones, de que él utilizó su diario para acercarse a ella.
―Sabes, a estas alturas ya no sé si creerte o no Inuyasha.
―Es la verdad Kagome, debes creerme.
―Pues no te creo.
Esta respuesta le dolió en lo más profundo de su corazón, el saber que ella no le tenía la suficiente confianza como para creerle, pero tenía que comprenderla, en el pasado le había hecho daño y si alguien leía alguna intimidad suya, era probable que reaccionara así.
―Así que te pido que me lleves a casa esta noche.
Y con estas palabras ella se fue a su habitación, pasó a un lado de él y tuvo que aguantar sus lágrimas, no le iba a dar el gusto de verla caer de nuevo, esta vez no lo haría como en años atrás. No se refugiaría con en su soledad.
Inuyasha la miró marcharse y se derrumbó en una silla, se llevó las manos al rostro, había sido un idiota por no haberle confesado que había leído su diario.
De nuevo la perdía y no sabía si esta vez la iba a recuperar.
Sacó la cajita del bolsillo de su pantalón, había perdido el tiempo en busca de ese anillo, cuando ella seguramente había descubierto su diario en la cama.
Después tomó su teléfono móvil, marcó a un número y todo para arreglar su viaje de regreso.
El sonido de una puerta cerrándose llamarón su atención, giró la cabeza y se encontró con Kagome, ella se había quitado el vestido y se había puesto la única ropa con la que había llegado hace dos días.
―Ya estoy lista – dijo ella― Podemos irnos cuando quieras, aunque prefiero hacerlo en estos momentos.
Inuyasha asintió sin decir más, se levantó de la silla y avanzó hacia la puerta, la abrió y le cedió el paso a Kagome.
―Primero las damas
El viaje fue un tormento, Inuyasha quería estrujar a esa mujer de los brazos, hacerle entrar en razón, decirle que no había leído su diario para sus propios fines, pero en cambio, solo mantuvo un largo silencio.
Llegaron al aeropuerto, Inuyasha quiso ayudarle, pero ella no aceptó su mano, estaban frente a frente.
―Te llevo a casa― propuso él
―No – ella negó – No es necesario, tomaré un taxi
―Es medianoche Kagome y es muy peligroso para ti
― ¿Qué más me puede pasar Inuyasha? Ya me has lastimado bastante y otro poco más ya no me haría daño
―Bueno, al menos deja que mi chofer te lleve
No pudo negarse, ya que, si le daba miedo andar sola a muy altas horas de la noche, así que aceptó su oferta.
―De acuerdo – asintió ella
―Bien, supongo que esto es una despedida – dijo él tendiéndole una mano en forma de eso, despedida
―Adiós
No estrechó su mano con la de él, en cambio solo la vio subir a su limusina y alejarse de él para siempre.
Ahora tenía dos opciones, una, dejarla ir como hace diez años o la segunda, luchar contra viento y marea por ella. No podía dejarla escapar de sus manos tan fácilmente, había pasado tanto tiempo sin ella que una segunda separación no la iba a poder soportar.
Pero el pronóstico no era muy favorable para él.
