Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Los agotadores lunes
El día lunes de la siguiente semana, un cansado Harry se deslizaba fuera de una de las chimeneas de la recepción de St. Clovelly. Había sido un "fin de semana de Ginny", quien se encargó de llevar a los niños a la escuela por la mañana, y después de largas horas en el Ministerio, le tocaba a Harry ir por ellos.
La verdad es que no se esperaba encontrar a Albus, en su banca de siempre, charlando con Scorpius. A unos pasos, en el área de juegos, James simulaba lanzar una Quaffle (sin magia, para que no lastimase a nadie) frente a una entusiasmada Lily y un para nada impresionado Altair.
Estaba a punto de preguntarse si alucinaba. Luego recordó que Draco le dijo que acababan de mudarse, y bueno, era la escuela mágica más próxima. Esto lo llevó a cuestionarse si el trabajo no le permitiría darles la educación sangrepura que hubiese querido en casa, o si sólo optó por dejarlos convivir con más niños y probar el nuevo sistema.
Entonces se percató de que ni siquiera sabía en qué trabajaba Malfoy. Sí, lo había visto por el Ministerio en un par de ocasiones, siempre lejos. No tomaron el ascensor al mismo tiempo, ni charlaron. De hecho, tenía la impresión de no haberle dirigido ni una palabra desde los Juicios hasta ese día en el parque.
Y no era lo único que desconocía, porque tampoco se había encontrado antes con la mujer que se acercó a los niños. Se agachó frente a la banca que ocupaban dos de ellos y le tendió una mano a Scorpius, quien se apresuró a sostenerla y bajar de su asiento. Sonreía.
Harry acortó la distancia que aún los separaba, despacio, se preguntó dónde estaría Hermione (que solía acompañar a los tres Potter al final de las clases, si no tenía nada mejor que hacer), y se paró junto a ella. La bruja lo observó de reojo, luego a Albus, como si hubiese entendido algo.
—Harry Potter —Ladeó un poco la cabeza y abrazó a Scorpius contra uno de sus costados—, no te he visto más que en fotografías, desde Hogwarts…aunque tú no debiste verme nunca —Se rio y le ofreció una mano—. Astoria Green- Malf- no, Greengrass —Frunció la nariz—, sigo trabajando en eso.
Se reía de sí misma con una facilidad increíble. Harry estrechó su mano y la vio pedirle a Scorpius que fuese por su mochila y llamase a su hermano.
Así que ella era Astoria. Harry diría que era una de las brujas más hermosas que había visto. Justo el tipo de mujer que esperaría encontrar a un lado de Draco Malfoy, en primera plana de una revista, hablando de su magnífica relación, su fortuna familiar, la reputación instaurada y mejorada después de la guerra…
Hasta que recordó a "Letia". Seguramente debió mirarla por demasiado tiempo, porque Astoria volvió a sonreír e intentó llevar una conversación, ya que sus hijos se distraían oyendo lo que les decía James.
—Alti y Scorp van a estar conmigo toda la semana, porque Draco está…ocupado. Es muy emocionante- aunque le dije que yo podía ocuparme de su educación, pero él insistió en que necesitaba tiempo para mí y traerlos aquí sería una buena idea…¿estoy hablando demasiado? —Harry negó al oírla—. Hablo de más cuando me pongo nerviosa…y esas mujeres de allá me tienen nerviosa desde que llegué —Apuntó de forma discreta hacia un costado del patio.
Harry observó en la dirección en que señalaba y contuvo la risa.
—Hermione las llama "mamás dragón", miran así a todo el mundo, tranquila, no hacen nada —Las saludó con un gesto y una sonrisa, recibiendo sólo ceños fruncidos y bufidos a cambio—. Si quieres hablar con alguna, mejor que sea con aquellas —Harry apuntó hacia otro grupo de brujas, la mayoría sosteniendo las manos de sus hijos y charlando animadamente—; son las que siempre me dan recetas de dulces sin tanta azúcar, y en general, me dicen qué hacer si James se pone su ropa interior como sombrero, o alguno hace un berrinche…
—Mamás gruñonas inofensivas, mamás que hacen dulces, entendido —Astoria asintió un par de veces, muy seria. Echó un vistazo alrededor—. ¿Por qué hay más madres que padres?
—Yo me hago la misma pregunta cada vez que vengo —admitió Harry. ¿A qué clase de padre no le encantaría llevar a sus hijos a la escuela? ¡Lily lo abrazaba tres veces antes de entrar!
Y sí, James a veces le avisaba a último momento que olvidó la tarea, pero no era nada que no se pudiese resolver usando la chimenea y unos accios. Además, una de las ocasiones en que Albus hablaba más, era cuando le contaba lo que vieron en clases.
Scorpius regresó junto a su madre, tirando de la mano de Altair. Le avisó que estaban listos y se despidieron de sus amigos. Astoria rodeó los hombros de Altair y les pidió que dijesen adiós al "señor Potter". Harry les sonrió y los vio marcharse hacia la sección de chimeneas.
Medio segundo más tarde, Lily corría hacia él, gritando sobre una niña que le jaló el cabello. Para el momento en que se dirigía hacia las chimeneas, debía sujetar un brazo de James para que no se distrajese despidiéndose de uno de sus compañeros de las lecciones de vuelo, y Albus hablaba sin cesar, cambiando palabras como "transferencia" por algo que sonaba más o menos parecido y tenía sentido dentro de su cabeza. El tema del día era, por supuesto, que Scorpius y Altair Malfoy estudiarían con él.
Al llegar a la sala de su casa en Godric's Hollow, Harry levitó las mochilas de los tres hacia los ganchos de los que las colgaban hasta que fuesen a hacer la tarea, le pidió a James que, por favor, parase de quitarse el uniforme en la sala, porque tenía un cuarto donde se podía cambiar tranquilamente, le aseguró a Lily que su trenza estaba en perfectas condiciones, pese al tirón que le dio su "malvada compañera", y fue perseguido por un hambriento y parlanchín Albus, en su trayecto hacia la cocina.
—…pero Altair sabe multiplicar la tabla del dos y el tres, papá —insistía, completamente fuera de sí por la emoción. Se sostenía del borde de la mesa y se balanceaba sobre su silla, de una manera que, en general, habría sido propia sólo de James—, ¿por qué yo no sé hacer eso?
Porque los niños normales no multiplican a los cinco años, pensó Harry. ¿Qué clase de educación les dio Malfoy a sus hijos los primeros años? Le había dicho que Altair no sabía pronunciar su nombre, pero sí multiplicar, aparentemente. Quizás fuese sólo una buena memoria.
—Podemos practicarla, si quieres —ofreció, en tono suave—, y luego se las dirás a Altair.
Albus estuvo encantado con la idea. Cuando James se acercó al comedor, ya cambiado, su hermanito le preguntó si sabía alguna tabla de multiplicar. La expresión de James merecía ser fotografiada.
—¿Que multi- qué?
Harry intentaba, en serio intentaba, no reírse.
—A lo mejor Rose sí sabe alguna tabla, la del uno o la del dos —alegó Harry, tan serio como era capaz. Albus emitió un débil "oh".
—Claro, Rose debe saber…
Siguió preparando el almuerzo, ayudó a Lily a subirse a su silla, le colocó un encantamiento alrededor para que no se cayese, y escuchó el resumen del día de James (sólo recordaba el recreo y un juego de Quidditch) y el de Lily (con especial énfasis en la niña que le jaló la trenza, de nuevo).
La "tranquilidad" de su tarde quedó arruinada cuando Teddy lo contactó a través del espejo encantado que le regaló, para contarle que estaba castigado en Hogwarts y que la directora McGonagall quería que su "representante" fuese a hablar con ella. Ya que no quería alarmar a su abuela por una "tonta bromita a un idiota del salón", le pedía a Harry que fuese en su lugar.
No sabía si le atemorizaba más la idea de dejar a los niños solos en casa por unas horas, o invitarlos a Hogwarts.
—0—
Alrededor de una semana más tarde, Harry recibía con una sonrisa el segundo abrazo de la mañana de Lily. Después, siguiendo su rutina diaria, se daría la vuelta, se asomaría por el pasillo hacia su salón, y volvería sobre sus pasitos para darle el tercer abrazo. Era uno de sus rituales favoritos.
Cuando le decía "te quiero, papá", Harry sentía que no importaba haberse desvelado intentando descubrir un modo de explicarle matemáticas a James durante el desayuno. Tenía el día libre y podía dormir una siesta mientras los niños no estuviesen en casa. Luego irían a almorzar con Ron y Hermione, y Harry podría relajarse hasta que tuviesen que volver a centrarse en las odiosas tareas. Por suerte, el método que Hermione proponía al Ministerio tenía el mínimo de labores para la casa.
Vio a Lily entrar a su salón, comprobó que James no se hubiese salido del suyo, y suspiró. En casa, Albus había estado a punto de dormirse en el baño, Lily chilló y se retorció porque quería seguir dormida, y James tiró dos panqueques medio cocidos por error, pero había superado la mañana. Las siguientes horas serían responsabilidad de sus maestros.
A punto de darse la vuelta para caminar a la sección de chimeneas, se topó con tres figuras que venían desde allí, con prisa. Draco le decía a Scorpius que le diese su mochila a Altair, mientras manejaba un hechizo sobre el peine que terminaba de cepillar el cabello de Altair, y le preguntaba algo sobre unos calcetines dispares.
—¿Es muy tarde? —Prácticamente lloriqueó al pasarle por un lado a Harry.
—Acaban de entrar…
—Bien, ¿estás seguro de que esa es su mochila, Scorpius? —Draco se detuvo, sostuvo un hombro de cada uno y llevó a cabo la última inspección, acomodando cuellos de camisas y las correas de los bolsos—. Ten un buen día, ten un buen día- Altair, intenta prestar atención. Scorpius, no hables demasiado con Albus mientras la maestra está dando una lección, ¿sí? ¿Qué más les…? Ah —Recordó lo que les "faltaba" y besó la frente de cada uno—. Ya, ya, ya- entren, que luego nos regañan a los tres…
Exhaló sólo cuando ambos niños estuvieron dentro del aula. Entonces su tensión se liberó a medias, y apenas su concentración decayó, Harry se percató de que estaba cubierto por el halo casi imperceptible de un hechizo. Muy bien ejecutado, además.
—¿Por qué llevas un glamour? —susurró, entrecerrando los ojos para ver a través de este.
—Me quedé dormido —replicó Draco, llevándose una mano a la cara para restregarse los ojos. Era difícil hacerse a la idea cuando usaba un traje costoso, y tenía el cabello perfectamente peinado, amarrado.
Si Harry se "quedaba dormido", terminaba con botones mal abrochados, calcetines dispares y hasta olvidaba sus lentes o que poseía magia que podía ayudarlo a arreglarse más rápido.
Ese glamour, sin embargo, no era para cubrir que no le hubiese dado tiempo para vestirse de forma apropiada. A medida que superaba el momento de estrés por su demora, era más sencillo ver a través del hechizo.
Draco estrechó los ojos en su dirección.
—Ni se te ocurra mencionarlo, Potter.
Pero no podía evitarlo. El aspecto impecable se veía arruinado por una horrible cicatriz violácea y verdusca que le atravesaba el rostro en diagonal y bajaba por su cuello, perdiéndose en la ropa. Por las divisiones que tenía, lucía como si hubiese recibido el golpe de una cadena enorme.
—¿Estás…?
Harry extendió una mano en su dirección, y como era obvio que pasaría, Draco giró el rostro y se apartó del contacto. No lo hizo la siguiente vez y Harry casi roza la herida.
—Merlín, eso…tienes que ir…
—Ya me trataron —Draco bufó, recuperó el glamour, y se dedicó a acomodarse el cabello de forma innecesaria, fingiendo indiferencia—, se quitará en unos días, una semana a lo mucho. Los hechizos sanadores no surtieron efecto.
—Draco —insistió Harry, más tenso—, quien sea que te haya hecho eso…
La sonrisa desdeñosa que le enseñó lo tomó por sorpresa y lo silenció.
—¿Qué pasa, león? ¿Qué harás? ¿Movilizar a uno de tus escuadrones de Aurores? ¿Perseguir a un mago por haber lastimado a un ex-Mortífago?
—Aunque hayas sido un Mortífago —respondió Harry, firme—, eso no les da derecho a hacerte algo. Fuiste absuelto por el Wizengamot, y ni siquiera a los que lastiman a verdaderos criminales se les-
Draco le pidió que se calmase con un gesto. Harry ya tenía la respiración pesada y se preguntaba a quién podría avisarle que se pusiese en movimiento de inmediato. Ron se encontraba en una misión de búsqueda y rescate, y su subordinado tenía que vigilar al Ministro en una conferencia que daría para la prensa. Quizás…
—¿Qué dices si me acompañas a desayunar? —propuso Draco, conteniendo un bostezo—. Tengo el día libre y necesito un café si quiero Aparecerme en el sitio correcto, con todos mis órganos donde les corresponde; te invitaré uno, ya que no tienes mejor cara que yo.
Frente al ceño fruncido de Harry, recuperó su sonrisa burlona.
—Tranquilizaré tu alma noble y tu complejo de héroe —continuó, girando para ir hacia la salida del edificio, en lugar de la chimenea—: nadie me atacó por ser un ex-Mortífago, sólo me dio curiosidad por si los Aurores en serio movilizarían a alguien por eso. Técnicamente hablando, es una "herida laboral".
—¿Y de qué mierda trabajas? —espetó Harry, apresurándose en seguirlo—. Porque, a menos que seas un dragonolista que sostenía las cadenas de una dragona con crías, no tienen sentido esas marcas…
—Bueno, es algo un poco…peculiar.
—Draco-
—Ya, ya —Repitió el gesto para pedirle que se calmase y echó un vistazo a ambos lados de la calle—. ¿Dónde hay un café decente por aquí cerca?
Sin pensarlo, Harry comenzó a guiarlo en la dirección de un pequeño local que quedaba a una calle de distancia. Varios de los padres que llevaban a sus hijos a la escuela pasaban por ahí, porque el dueño era un mago y les hacía un descuento. Fueron recibidos por el aroma a café recién preparado en cuanto ingresaron.
Draco pidió una taza del café más cargado y se pasó alrededor de dos minutos frunciendo la nariz y protestando por lo asqueroso que era. Harry, que se sentó frente a él, se contentaba con un latte que tenía demasiada espuma.
—¿Por qué te lo tomas, sino te gusta?
—Me ayuda a despertar —Draco se palmeó las mejillas con cuidado y parpadeó varias veces—, y necesito estar bien despierto para mantener el glamour.
Debió notar que Harry se removía incómodo en su asiento, porque resopló.
—Deja de carcomerte la cabeza con eso, Potter.
—Tienes una herida horrible —recordó él, con mayor dureza de la que pretendía.
—Ni siquiera sabía que podías pensar en algo durante tanto tiempo.
Harry le frunció el ceño.
—¿Sabes que a los Aurores se les enseña que una de las formas de defensa de las personas suele ser la agresión?
—Lo sé, lo sé, a mí también me dieron el jodido curso de emocionalidad —Draco suspiró y apoyó los codos en el borde de la mesa—. ¿Alguna vez te ofrecieron trabajar como especialista?
La palabra produjo un clic entre sus pensamientos. Los especialistas trabajaban con los Inefables, aunque no para el Ministerio en sí; los había de herbología, nigromancia, alquimia, pociones, astronomía, lo que fuese necesario.
A Harry se lo ofrecieron una vez. Especialista en Artes Oscuras y defensa. Tenía diecinueve años, aún limpiaban los destrozos dejados atrás por la guerra, quería relajarse, era una figura pública. Había tenido la impresión de que siempre sería así, rastreando magos oscuros con los Aurores, dando entrevistas para El Profeta, hablando con el Wizengamot, y podría ir con Ginny y sus amigos después…
Les dijo que no. Los ancianos del Wizengamot pensaban que al público general le hacía bien que "Harry Potter" apareciese entre los Aurores y se mantuviese a la vista. Los especialistas lo hubiesen tratado casi con el mismo secretismo que un Inefable.
—Oh —Se le escapó, al tiempo que se inclinaba hacia adelante también—. Oye, ¿pero no es eso muy peligroso?
Draco se encogió de hombros.
—Tú eres Auror, ¿en serio quieres que hablemos de peligros en el trabajo? —Arqueó una ceja, y Harry sonrió, con cierto aire de culpabilidad.
—Llevo meses pensando en pedirle un puesto a Hermione en la escuela, cuando esté seguro de que no hay magos locos sueltos por ahí —confesó, en voz baja—. No tengo ganas de conocer otro Voldemort…
—El regalito —Draco se apuntó la cara con un gesto disimulado, aún cubierto por el hechizo— me lo dejó alguien que quería ser el siguiente Voldemort. Usaba unas cadenas mágicas, ¿a quién se le ocurre atacar con esas cosas? El muy idiota terminó atado con ellas.
Tenía que admitir que había cierta ironía en eso. Por la media sonrisa de Draco, él lo pensó en su momento.
—¿Te gusta hacerlo, o es algo que necesitas?
Se percató tarde de haber hecho una pregunta más compleja de la que ameritaba un café en la mañana. Fue inconsciente, y logró que Draco ralentizase sus movimientos al beber lo que le quedaba del café cargado.
—La absolución del Wizengamot no cubría las bóvedas de Gringotts ni la Mansión —murmuró, mirando la mesa entre ellos, en lugar de a Harry—; aparentemente, los Mortífagos podrían haber dejado "algo" en su "cuartel" y resultaba demasiado peligroso regresarnos nuestro dinero y tesoros. No hubiésemos terminado en la calle, podría haber ido a la casa en Francia, pero…—Negó y volvió a fijarse en él—. Los especialistas querían oír lo que aprendí de magia negra durante ese tiempo con el "señor Tenebroso", y…y los Inefables eran los únicos que podían susurrar a los viejos del Wizengamot, hasta convencerlos de que podían regresarme mis cosas.
Se encogió de hombros, de nuevo.
—Son cosas que pasan cuando te equivocas de lado en una guerra.
—¿Recuperaste la Mansión? —indagó Harry.
—Todavía no —Draco exhaló—, parece que algún loco sí dejó algo allí, y ha sido muy difícil que me permitiesen entrar una vez. De cualquier modo —añadió, enderezándose para recuperar su porte y pedir un café que sí le gustase—, no llevaría a Scorpius y Altair allí, y el valor sentimental no tiene sentido en estos casos. Hay que ser prácticos; la comunidad donde estamos tiene varios hijos de Mortífagos, y al menos no oyen insultos cuando están jugando en el patio, ni les han arrojado nada.
Harry no podía creer que nunca se le ocurrió preguntar qué incluía la absolución de los Malfoy. Habló en su juicio, ¿por qué no se quedó a escuchar?
A medida que lo veía tomarse un café con más azúcar de la que él le hubiese puesto, repasaba esos recuerdos que ya se hacían difusos. El de Draco no era el único juicio del día. Hermione llevaba el itinerario, los ancianos querían hablar con él, la prensa esperaba en el Atrio. Harry practicaba sus líneas una y otra, y otra vez.
Se marchó apenas quedó claro que no lo encerrarían en Azkaban.
¿A cuántos chicos más le hicieron algo como eso, después de que hablase en sus juicios, y ni siquiera se enteró?
—Para, en serio —La voz de Draco lo regresó al momento, al lugar—, no hace falta que lo pienses tanto. Eres muy obvio.
Harry intentó sonreír. Se dio cuenta de que no podía.
Merlín, ¿cuántos habrían sido? ¿Pansy Parkinson tenía una parte de su fortuna para criar a la bebé de la que Draco le habló? ¿Dónde estaban Zabini, Nott, Bulstrode? ¿Y qué hay de todos aquellos que ni siquiera recordaba? Las caras, los nombres…
—Nunca te di las gracias.
Harry parpadeó, desorientado. Ya que balbuceó una pregunta, Draco bufó y contestó:
—Por lo del juicio. Porque hablaste por mí. Claro que no lo hubieses hecho si yo no hubiese mentido por ti antes, pero no me lo debías después de lo de la Sala de los Menesteres…qué desastre han sido nuestras vidas —Draco lo dijo con sombría diversión. Entonces Harry sí pudo sonreír.
—Una completa mierda —admitió, ofreciéndole su taza a medio beber en una tonta réplica de un brindis—. Pero ya está bien, y sólo seguirá mejorando.
—Bueno, estoy bebiendo café con Harry Potter, no creo que a mi "yo" de dieciséis años se le hubiese ocurrido algo peor —Draco entrechocó la taza con la suya, con cuidado, produciendo un débil tintineo—. Que siga mejo- —Ladeó la cabeza y observó un punto por detrás de Harry. Una sonrisa burlona creció en su rostro—. Seguirá mejorando para mí, pero creo que no para ti, Potter…
Cuando Harry se giró para ver en la dirección en que él lo hacía, notó que una irritada Hermione atravesaba la calle con largas zancadas. Sabía que le gustaba pasar por ese café si tenía un día libre, y por su ropa manchada de colores, sospechaba que James no estaba tan tranquilo como aparentaba cuando lo dejó en la escuela. O Lily se desquitó con alguien.
Que no sea Albus, suplicó. Le gustaba la perspectiva de que al menos uno de sus hijos no causase problemas. Que no sea Albus, que no sea Albus…
La expresión mortificada en su rostro causó que Draco se riese entre dientes. Harry reparó en él, otra vez.
Tenía la sensación de que se encontraba un poco más relajado, a pesar de todavía usar el glamour, y aquello, por alguna razón, lo hizo sentirse mejor.
—Si necesitas descansar y no quieres regresarlos con Astoria, puedes llevarlos a Godric's Hollow —ofreció Harry—, los niños nunca han hecho una pijamada.
Draco le mostró una débil sonrisa.
—Lo consideraré, Potter.
Harry, en cambio, le sonrió abiertamente. Pagó por su bebida, pese a las protestas de Draco de que él dijo que lo invitaría, y abandonó el local para encontrarse con Hermione en la acera, lista para pedirle una explicación acerca de por qué James tenía una varita de bromas marca Weasley y acababa de encerrar a su maestra en un cuadro.
La verdad es que Harry ni siquiera sabía que se pudiese hacer eso con las varitas Weasley. Decidió que tendría que comenzar a trabajar en ese potencial mágico de James, antes de que los atrapase a ellos en cuadros por error.
