Capítulo 12
Kagome no estaba concentrada en lo que su amiga Sango hablaba de hecho se había perdido al principio de la conversación, le había dolía el alma, el ver a Inuyasha con otra mujer que no era ella.
¿Dónde habían quedado las promesas de amor?
¿Cuándo dejó de amarla o la había amado de verdad?
―Kagome ¿Me escuchas? – preguntó Sango
―Perdón –ella parpadeó despertando de sus pensamientos ― ¿Qué me decías?
―Nada – Sango suspiró ― ¿Estás bien?
―No – negó con la cabeza y se levantó de la silla – Lo siento, quiero estar sola.
Corrió hasta la puerta de la oficina, salió y fue directo al elevador, necesitaba estar sola, llorar sola, esos días habían sido los más amargos de toda su vida, haber visto a Inuyasha con otra.
En ese momento las puertas del ascensor se abrieron y se encontró con su pequeño tormento…con él.
Inuyasha al verla adoptó una postura más rígida y seria, pero no dejaba de verla a los ojos, esos ojos que tanto amaba.
A Kagome se le fue el corazón al verlo, su herida había mejorado, seguía llevado esa esencia masculina que tanto adoraba, estuvo tentada y arrojarse a sus brazos y olvidarse de todo lo que había pasado, pero el ramo de rosas rojas que él llevaba en el brazo derecho la hicieron detenerse.
―Al parecer aun sigues sin aprender – dijo ella ― ¿Cuántas veces debo decirte que no quiero nada de ti? – señalando el ramo
Inuyasha esbozó una media sonrisa―Lo siento, pero estas rosas no son para ti, son para alguien especial.
―Ah sí, lo olvidaba― ella se cruzó de brazos – Por lo que veo te olvidaste de lo nuestro.
―Lo nuestro fue un error que nunca debió pasar.
― ¿Estás diciendo que haberme llevado a tu cama fue un error?
―Oh no cariño – él negó con la cabeza –Esa fue la parte más placentera
―Infeliz…
Alzó la mano para darle una cachetada, pero Inuyasha con su mano libre atrapó su mano, la atrajo hacia si para después rodear con su brazo la cintura de Kagome y pegarla más a su cuerpo.
―Sí, soy todo lo que tú quieras que sea –dijo él – Pero al menos había sido sincero cuando decía que te amaba.
―No te creo nada, en cuanto te dije que te olvidaras de mi te fuiste con ella.
―Dalila es una mujer muy madura – comentó él –No como tú, que te quedaste en tus dulces quince años.
―Con que Dalila, así que ya son muy amigos ¿eh?
―No tengo por qué darte explicaciones – respondió – Pero si, ella y yo nos la pasamos bien juntos – la soltó y salió del elevador – No todo el mundo gira alrededor tuyo Kagome Higurashi.
Las puertas del elevador se cerraron tras su último comentario, había jurado que la iba a besar y ganas no le faltaron a ella, pero todo había iniciado mal, ambos terminaron en otra pelea y por consiguiente más distanciados.
¿Eso era lo que ella quería o no?
Se recargó en la pared, no, a estas alturas quería que todo fuera distinto, tenerlo cerca de ella, escuchar su voz, sus coqueteos constantes, esos besos apasionados que le daba inesperadamente, todo de él extrañaba, lo amaba tanto que verlo con otra la mataba.
―Regresa a mí, por favor.
Mientras tanto, en el consultorio.
Inuyasha caminaba de un lado a otro mientras Dalila lo observaba.
―Es que te juro no sé qué más hacer – dijo desesperado – He intentado de todo. Hoy al tenerla así tan cerca, estuve a punto de besarla.
― ¿Y qué piensas hacer? –preguntó ella
―Francamente…no sé – tomó asiento en un pequeño sofá –Hoy me comporté como el patán que no soy y gracias a eso la alejé más de mí.
― ¿Qué le hiciste? ― preguntó Dalila observando a su paciente.
Inuyasha se recostó en el sofá y miró al techo.
―Le dije que lo nuestro fue un error y que el haberla llevado a la cama fue lo más placentero.
― ¿Estas consiente que con ese comentario la puedes perder? ― preguntó una vez más
―Si – suspiró Inuyasha – Lo mejor será que me aparte de ella de una vez por todas, como dice el dicho "si no es para ti ni, aunque te pongas"
― ¿Te vas a rendir tan fácilmente? –preguntó ella
Inuyasha se encogió de hombros –Eso será lo mejor para todos– asintió – Había creído que provocarle celos contigo la iban a entrar en razón, pero me equivoqué.
―Pues ahora me toca a mí decirte lo que vas a hacer – dijo ella
― ¿Y qué voy a hacer?
―Comentaste en una ocasión que escribiste un diario donde hablabas de ella ¿cierto? – dijo ella e Inuyasha asintió – Bien, esto es lo que vas a hacer si quieres recupérala…
A LA MAÑANA SIGUIENTE
Su asistente entró a su oficina con un paquete en la mano.
―Señorita. Le acaba de llegar este paquete – dijo la joven dejándolo sobre la mesa
― ¿Quién lo trajo? – preguntó ella tomándolo entre las manos.
―Un mensajero― respondió la joven – Dijo que se lo mandaba el señor Inuyasha Taisho.
Kagome vaciló por unos segundos, había soportado sus coqueteos descarados con Dalila, ignorando su existencia y ahora de la noche a la mañana le mandaba un paquete que dios sabe que contenía.
―Regrésalo – extendió el paquete hacia la joven – Y mándale decir al señor Taisho que no quiero nada de él y que no vuelva a mandarme nada, porque se lo regresaré.
―El señor Taisho manda decir que lo lea, así podrá entenderlo.
¿Leerlo? Ella arqueó una ceja, así que abrió el paquete y encontró un libro, era como un…diario.
―Está bien – asintió ella – Puedes retirarte.
La asistente salió de su oficina, ella no dejaba de ver el libro, no, sería mejor que no lo leyera, así que lo dejó sobre el escritorio y siguió con su trabajo, pero no podía dejar de verlo, así que lo volvió a tomar entre sus manos y abrió la primer página…sí, era un diario, escrito con su propia lera.
Suspiró, sólo veía la escritura mas no leía todavía.
Así que con valor comenzó a leer las primeras letras.
"enero 2001
No sé qué es más doloroso, si amarla y no poderla tener a mi lado o no haberla amado nunca. Esa niña hace que mi corazón se acelere cada vez que ella está a mi lado, cuando sonríe solo pienso en una cosa…besarla, probar esos labios llenos de vida, ser yo quien le dé su primer beso de amor, ser yo su primer y único amor verdadero…
No cerró el diario, no quería continuar leyendo, esas palabras habían agujerado su corazón y sentía a la vez dolor y alegría.
…Pero es prohibida, ella es solo una niña y yo un hombre, pero dicen que lo prohibido es lo más deseado y yo la deseo mucho.
Todas las noches me la imagino desnuda entre mis brazos, entregándome su virginidad, pero desecho esos pensamientos pervertidos. ¿Cuántos hombres de veinticinco años tienen ese tipo de pensamientos por una niña de quince años?
Bien, debo irme, hoy veré a la niña que robó mi corazón…Kagome Higurashi
Pd: Sigo sufriendo en vela mi amor frustrado"
Las lágrimas comenzaban a surcar sus ojos, no sabía que él pensaba en ella todas las noches y que además tuviera ese tipo de pensamientos pervertidos.
―Eres un pervertido Inuyasha – esbozó una sonrisa y comenzó de nuevo su lectura
"febrero 2001
Aunque fui a su casa con el simple pretexto de buscar a su hermano solo para verla a ella, sabía perfectamente que Koga no iba estar en casa, pues él me había dicho que iba salir con su novia. Haber ido al cine fue lo único que se me ocurrió para sacarla de su casa.
Me daba risa al ver como dos mujeres – bellas, no lo puedo negar – trataban de seducirme con sus atributos, pero yo solo tenía ojos para mi hermoso cariño, esa niña que hace que se me doblegue el corazón ante ella, ella es mi sirena, la única que gobierna en mi corazón.
Me había dolido dejarla tan tarde a casa, ella me había dicho que aún tenía mucha tarea, en un principio me ofrecí ayudarla, pero se negó.
Pd: Sufro en vela, el amor frustrado"
Ella comenzaba a comprenderlo, porque aquel día solo tenía ojos para ella después de que otras estaban tratándolo de seducir, no era por compromiso, nunca lo había hecho por compromiso, sino que había ido a verla usando a su hermano como escusa, aunque él sabía que no estaría en casa.
"abril 2001
Hoy mi pequeña se ha convertido en toda una mujer, lucía radiante con su vestido, era como ver a una princesa o un hada del bosque, haber sido su chambelán de honor y que ella me hubiera elegido, fue como un sueño hecho realidad.
Aunque deseaba que se la pasara toda la noche a mi lado, ella se la había pasado platicando con sus amigas, me ponía celoso cuando algún compañerito de ella la sacaba a bailar, habían sido contadas las veces que pude bailar con ella, aunque lo que más deseaba era tenerla para mi toda la noche, pero no hubiera sido justo para ella.
Ay Kagome Higurashi, cuanto te amo"
"marzo 2001
Pasar unas vacaciones en la hacienda de los Higurashi no era primera opción, mis padres deseaban que fuera a verlos, pero yo quería estar a su lado disfrutando de una temporada de verano.
No sabes cuantas veces he pensado en confesarle mis sentimientos, pero el temor a ser rechazado es inevitable, además ella es menor de edad y tanto sus padres como su hermano no lo verían con buenos ojos, así que es mejor amarla en silencio, aunque por dentro me esté muriendo por declárale, mi amor eterno"
Así que él también la amaba, no se equivocaba al saber que él sentía lo mismo que ella, que la amaba con profunda intensidad.
"abril 2001
Haber roto su corazón no era lo que yo esperaba, escuchar de sus labios que me amaba era lo que siempre había deseado, en ese momento solo había pensado en tomarla entre mis brazos, besarla apasionadamente y decirle que yo también la amaba desde el primer momento en que la vi, pero como había dicho, nuestro amor era prohibido por una muy poderosa razón, ella era menor de edad y Koga me hubiera matado si se enterara de eso.
Así que fue muy doloroso para mí haberla rechazado, pues después de eso ella se había mostrado esquiva, cada vez que iba de visita nunca se encontraba en casa y cuando lograba verla, ella solo me saludaba fría, distante.
Sentía su frialdad recorrer toda mi espina dorsal, pensaba en un momento tomarla del brazo y llevarla a un rincón de su casa y decirle que la amaba, pero que lo nuestro no podía ser, pero era mejor así, hacerle creer que no sentía nada por ella, que para mí era solo una niña"
Kagome ya no quería seguir leyendo más, había tenido mucho con eso, pero quería saber más de él, saber que era lo que sentía.
"2003
Haberme casado con Kikyo no era la decisión que yo habría querido tomar, pero es que cuando la vi, me recordó tanto a Kagome, en ella la vía y pensé que podría olvidarla, cuando estaba en el altar solo veía a una sola mujer, a mi hermoso cariño, era con ella con la que pensaba que me estaba casando, pero los ojos negros de Kikyo no se parecían mucho a esos ojos cálidos y llenos de vida como los ojos chocolates de ella.
No esperaba que fuera, pues sabía bien que ella no deseaba verme, Koga había sospechado algo, pero yo mismo disipé todas sus dudas de una manera tajante.
Era con ella por la que hubiera dado mi vida, ella con la que me hubiera casado"
Y así él diario se terminaba, él ya no había vuelto a escribir más, lo que más le sorprendía era que ambos habían comenzado a escribir un diario en las mismas fechas, pero aun había más, una pequeña nota escrita para ella, con fecha actual.
"febrero 2011
Si llegaste a esta fecha es porque lo has leído todo, cada palabra escrita en él cierta te amaba en el pasado y te sigo amando, quiero que sepas que nunca utilicé tu diario para conquistarte, lo hice porque me nació, porque lo único que deseaba era recuperar el tiempo que ambos habíamos perdido.
Te amo Kagome Higurashi y nunca me cansaré de repetirlo, haber pasado juntos en la playa, los dos solos ha sido la mejor experiencia de toda mi vida.
Nunca olvides que te amo y espero que algún día puedas perdonarme
Tuyo
Inuyasha"
Miró el reloj, era tarde, seguramente él ya estaba en su departamento, era hora de hablar, de aclarar de una vez muchas dudas, exponer sus sentimientos sobre la mesa, no era bueno que ambos pasaran así el resto de sus vidas, y sobre todo que le explicara lo que tenía él con Dalila
Si ella no lo perdonaba no estaba segura cuando lo volvería ver, podrían incluso pasar otros diez años sin verlo y esta vez no iba a soportar una segunda distancia.
No más.
Tomó su bolso y las llaves de su coche, salió de su oficina y le dijo a su asistente que saldría y que si alguien intentaba ponerse en contacto con ella que no lo hiciera porque no iba a estar disponible.
Salió del edificio aun y con el diario en sus manos. Subió a su coche y lo dejó en el asiento del copiloto junto con su bolso. Encendió el auto y arrancó a toda marcha con un único destino…el departamento de Inuyasha.
Normalmente a esa hora del día se hacía un tráfico interminable y ese día no era la excepción, pues a tan solo metros de ella había ocurrido un accidente, un auto se había pasado el alto y otro coche lo envistió.
Por más que tocara el claxon no avanzaba la fila.
Así que se vio resignada a esperar, tal vez para esto él ya se encontraba en su departamento.
Un suspiro de alivio se escapó de sus labios cuando comenzó a avanzar la fila y ella por fin se vio liberada del tráfico. Condujo varios minutos hasta donde él vivía, estacionó su coche en el aparcamiento, y cuando entró al edificio el portero la detuvo.
― ¿Buscaba a alguien señorita? – preguntó el vigilante
―Al señor Inuyasha Taisho – respondió ella
―Me temo decirle que el señor Taisho no se encuentra– comentó el hombre
― ¿Aun no llega? – preguntó ella y lo vio negar con la cabeza ― ¿Y no sabe a qué hora vendrá?
Ya estaba ahí, si se iba tal vez Inuyasha llegara después que ella, ante esto se le ocurrió un plan y para eso debía utilizar al hombre que estaba frente a ella.
― ¿Puedo pedirle un favor?
―El que usted quiera señorita.
