Capítulo 13
Había llegado tarde, ese día fue a ver a Dalila y por más de que ella le hubiera dado el consejo de mandarle el diario a Kagome, él pensaba que no iba a dar resultado. Ella había sido una gran amiga, se la pasaban bien, pero era evidente que no había una conexión entre ellos dos, Inuyasha le había contado el inicio de la historia hasta el final, así que ella se ofreció a provocarle celos a Kagome.
Se había quedado varios segundos en su auto antes de salir, pero una vez que lo hizo y entró al edificio, el portero lo saludó alegremente.
―Buenas noches, señor Taisho.
Inuyasha asintió – Igual para usted – avanzó hacia el ascensor, pero antes de entrar en él se detuvo, giró la cabeza y le preguntó al hombre ― ¿Alguna novedad? ¿No han venido a preguntar por mí?
El guardia se encogió de hombros – No señor, nadie
Claro, ¿Quién iría a verlo? Dudaba que fuera Kagome, ella aún era incapaz de perdonarlo y nunca lo haría aun por más que leyera el diario que hace años él también había escrito, lo mejor sería regresar a Londres a lado de sus padres en lugar de luchar por un amor imposible.
Si, eso fuese lo mejor.
Las puertas del ascensor se abrieron y él entró, no tardó unos segundos cuando ya estaba frente a la puerta de su departamento, y al instante un aroma agradable a comida llegó justo a su nariz.
Frunció el cejo, probablemente había dejado la llave del gas abierta o alguien entró en su departamento a robar, pero eso sería casi imposible, ya que la zona en donde estaba era muy segura.
Introdujo la llave en el pomo de la puerta, la abrió y cuando entró al departamento el aroma se había hecho más fuerte, más exquisito.
La amplia habitación estaba decorada con velas aromáticas en color rojo, rosa y blanco, una mesa para dos personas estaba en frente de él, con cubiertos, una botella de vino y dos copas.
El corazón le latía a mil por hora cuando escuchó un ruido en la cocina, pero antes de que se acercara a ver quién era, una mujer de cabello azabache salía. Era Kagome, quien llevaba un mandil atado al cuello y a la cintura, ella al verlo esbozó una sonrisa, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.
―Llega justo a tiempo para la cena señor Taisho
Inuyasha abrió los ojos como platos, sentía el cálido contacto contra sus mejillas.
―Kagome ¿Qué…
Ella colocó un dedo en sus labios y negó con la cabeza―No digas nada por favor – esbozó una sonrisa – Si te preguntas que hago aquí y como entré…bueno, debo decir que tuve que sobornar a tu portero
Ante ese comentario ambos se echaron a reír, Inuyasha quería abrazarla, besarla y tomarla ahí mismo, pero en cambio solo se dedicó a ver sus hermosos ojos chocolates.
― ¿Y qué haces aquí? – preguntó, ya que esa pregunta no lo había respondido
―Mejor cenemos – sugirió ella – Preparé tu platillo favorito. Lasaña a la boloñesa
Ella le quitó el saco y lo dejó en el sillón, tomó su mano y lo guio hacia una de las sillas que estaban ahí, él dudó un poco pero después tomó asiento. Kagome agarró la botella de vino y sirvió un poco en la copa, se la llevó a los labios para probarlo y por último se la entregó a Inuyasha.
―En seguida regreso.
Inuyasha estaba sorprendido, ella se estaba comportando de un modo inhabitual como el que antes hacía. Miraba alrededor de la habitación, seguramente se había llevado varias horas en acomodar las velas y encenderlas.
Contempló la copa de vino que tenía entre sus manos, antes de llevársela a la boca inhaló el existo aroma y por último le dio un sorbo.
Kagome no tardó ni medio segundo cuando salía de la cocina con un molde que contenía la Lasaña, él se iba a levantar para ayudarle, pero ella negó con la cabeza y se quedó en su lugar.
La vio como cortaba la pasta en varias porciones y le servía una ración en su plato y después otro en el plato de ella.
Ella no dejaba de sonreír en todo momento y eso a él le gustaba, en lugar de verla triste y con lágrimas en los ojos.
Kagome tomó asiento y cuando se iba a servir vino en su copa, Inuyasha se le adelantó y fue él mismo quien le sirvió y después le entregó la copa en la mano.
Ella fue la primera en darle la primera en llevarse un pedazo de lasaña a la boca, Inuyasha solo la contemplaba sin hacer ningún movimiento, la miraba a ella, después a su plato. A pesar de todo, aun conocía su gusto por la lasaña.
― ¿No vas a probarla? – preguntó la joven – Es comestible
Inuyasha esbozó una sonrisa y asintió, partió un pedazo de lasaña y se lo llevó a la boca, estaba excita, tenía un buen sabor, el contraste de la salsa con todos los ingredientes la hacían única, pero era única porque ella la había hecho.
―Tiene buen sabor – comentó
Pero Inuyasha no pudo seguir comiendo, tenía un nudo en la garganta, verla ahí, frente a él y con todas las atenciones que solo una novia o esposa tenía para con su pareja, le provocaban sensaciones en su estómago, tenía ese impulso de llorar pues su futuro era incierto, además que no conocía cuales eran las intenciones de Kagome.
Kagome al ver que dejaba los cubiertos sobre la mesa se alarmó, tal vez no le había gustado la lasaña.
― ¿Qué pasó? ¿No te gustó?
―Si – él asintió dándole un sobro a su copa de vino – Esta deliciosa, solo qué…
― ¿Sólo qué, Inuyasha? – repitió sus últimas palabras al mismo tiempo que se levantaba de la mesa
― ¿Qué significa todo esto? ¿Qué haces aquí?
Ella sabía que tarde o temprano lo iba a hacer esa pregunta, así que fue hasta la sala y tomó su bolso que descansaba en uno de los sofás, lo abrió y extrajo el diario que él le había mandado.
Antes de girar sobre sus talones, se llevó el diario al pecho, deseando que todo saliera bien, que Inuyasha y ella se dieran una segunda oportunidad, que se olvidaran de todo y que comenzaran de nuevo.
Se armó de valor y giró sobre sus talones. Inuyasha se puso rígido sobre su asiento al ver su diario, si, lo había leído y sus esperanzas perdidas regresaban una vez más, pero ya estaba harto de las esperanzas, era un extraño sentimiento, era como amar algo en vano.
Ella se acercó a ella, con su cuerpo tembloroso.
―Leí el diario que me mandaste– dijo ella, estaba tan cerca de él que podía sentir su aliento tibio – Así que vine porque creo que aún podemos arreglar esto
―Ya veo – respondió él, no quería dar la iniciativa, habían sido tantas las veces en que él lo había hecho y francamente ya no tenía fuerzas para seguir – Ahora te va a tocar a ti Kagome, yo ya lo he dicho muchas veces
― ¿Esperas a que me hinque ante ti? – preguntó ella
―No – Inuyasha negó con la cabeza – Nunca te permitiría que hicieras eso. Solo dilo.
Kagome sabía que era lo que él quería escuchar y lo haría, le diría cuanto lo amaba, cuanto lo extrañaba, que quería formar parte de él, ser su compañera por el resto de su vida.
Avanzó hacía él, hizo a un lado el plato de comida que Inuyasha tenía en frente y se sentó sobre la mesa ayudada por Inuyasha, lo hizo solo para estar frente a él y muy cerca de él.
Inuyasha se puso tenso al tenerla así de esa manera, estaba tan hermosa y tentadora, que no supo cómo se estaba controlando para no besarla y hacerla suya sobre la mesa.
Ella suspiró hondo y profundamente, encontrando las palabras adecuadas para decirle a Inuyasha cuanto lo amaba.
―Inuyasha, ya no puedo seguir así. Confieso que cuando me enteré de que habías leído mi diario me enfadé tanto, pero también la pregunta que me hacía era ¿Por qué lo habías hecho? Me había hecho ideas negativas en la cabeza, que después las deseché y todo lo positivo comenzó a fluir. Comprendí que lo habías hecho con el único propósito de ver el interior de lo que era la niña de quince años que estaba enamorada de ti.
―Así era.
―Déjame continuar – interrumpió ella – Cuando te vi con Dalila los celos se apoderaron de mí, en un principio lo había dejado pasar, ignorando lo que sentía, pero comprendí que eran celos, que por más que tratara de alejarte de mi vida, siempre iba a ver algo que me uniera a ti
―Ella solo es una amiga, nada más – comentó Inuyasha – Fue ella quien me sugirió que te mandara el diario – asintió al verla confundida – Si, se lo conté todo y me sugirió darte celos con ella
―Pues funcionó, ya que los quería matar a ambos – ella extendió una mano para tocarle una mejilla – Inuyasha ya no quiero seguir así. No puedo ocultar lo que siento por…
Él le había colocado un dedo en sus labios – Ni yo tampoco Kagome. Hace tiempo te dejé por creí que era lo mejor, pero ahora –negó – No quiero vivir sin ti. Aún recuerdo a esa niña que se me declaró una noche de verano y que la rechacé por miedo – después tomó sus manos y las besó – Pero si me das la oportunidad de comenzar de nuevo, de demostrarte que lo que siento por ti es real, juro que no te vas a arrepentir. Porque me dedicare a cuidarte todos los días de mi vida, a velar tus sueños, amarte por toda la eternidad. Te amo Kagome Higurashi, siempre te he amado
―Y yo a ti Inuyasha.
Kagome no podía contener las lágrimas de felicidad, esas palabras que había dicho Inuyasha eran realmente tiernas, con un futuro prometedor, una vida que ambos iban a compartir juntos.
Inuyasha se levantó de su silla, no la besó como ella lo esperaba, en cambio a eso solo la abrazó.
―Espera aquí – dijo él.
―Pero…
―No tardo.
Lo vio entrar a su habitación y varios segundos después salía, su rostro había cambiado, estaba radiante, era el hombre de su vida.
Inuyasha tomó la mano de Kagome y le puso la pulsera que le había regalado hace años, aquella de plata y con un corazón de diamante en color rosa.
―La encontré junto con tu diario – explicó él― Cuando la vi, pensé en ti y no dudé en comprarla, porque pensé que era una forma de demostrarte lo que sentía por ti de alguna manera. Nunca te la quites, ya que ese corazón representa el mío – dijo él mirándola a los ojos – Que tú tienes mi corazón en tus manos, es tuyo y siempre lo será
Kagome miró la pulsera, había pasado tanto tiempo desde que la dejó en ese rincón olvidado de su habitación.
―Te prometo que nunca me la voy a quitar. Porque mi corazón también te pertenece
Inuyasha esbozó una sonrisa, había llegado el momento de pedirle que se casara con ella, tal y como lo había planeado antes de que ella se molestara por leer su diario.
Así que inclinó una rodilla al suelo, sacó del bolsillo de su pantalón una cajita, la abrió y la extendió hacia la mujer que amaba.
―Kagome Higurashi ¿Te quieres casar conmigo?
El corazón de Kagome latió con fuerza, tomó la cajita entre sus manos y contemplo el hermoso anillo en color plata con un diamante en el centro.
― ¿Y bien? – preguntó él al verla tan seria, pensativa.
― ¡SI! ― asintió ella – Si, acepto casarme contigo.
Inuyasha esbozó una sonrisa, se puso de pie, tomó a Kagome entre sus brazos y dio varias vueltas con ella, después la puso en el suelo, le quitó la cajita y sacó el anillo para ponérselo en uno de los dedos de sus manos.
―Como sabes, no podemos casarnos dentro de un año por lo de mi divorcio, pero lo aprovecharemos para realizar los preparativos.
―Será como tú quieras.
Todo era felicidad en ese momento, solo faltaba una cosa para sellar esa promesa de estar juntos…y solo estaban a un beso de distancia.
Pero el beso se convirtió en pasión, casi en ansiedad. Inuyasha la volvía a tomar entre sus brazos, solo para llevarla al dormitorio, la tendió sobre la cama donde le hizo el amor, demostrándole que ni el tiempo podía matar un amor.
Epilogo
Un año después.
Inuyasha contemplaba como su esposa bailar animadamente con su padre, se veía feliz, radiante y eso le gustaba.
Esbozó una sonrisa al acordarse cuando habían ido a los exámenes prenupciales, pues cuando vio que le sacaban sangre a su prometida, terminó por desmayarse, algo que nunca le había pasado la primera vez que se iba a casar.
―Debo confesarte que me da gusto que estén juntos― escuchó la vos de su cuñado ― ¿Sin resentimientos? – extendió la mano para animar asperezas
Inuyasha esbozó una sonrisa y estrechó su mano con la de él.
―Sin resentimientos
―Hasta que por fin te le declaraste – comentó una vez más su amigo/cuñado – Había hecho una apuesta con mi madre cuanto te tardabas en declararte. Ella ganó, así que le debo dinero
― ¿Tú sabías que me gustaba tu hermana?
―Claro Inuyasha – asintió Koga – Para mis padres y para mí no era ningún secreto. Enamorados el uno al otro y más sin embargo tan prohibidos
―Sabes que, si te hubiera dicho "Koga, amigo, estoy enamorado de tu hermana ¿Aceptas ser mi cuñado?" estoy seguro de que me habrías matado
―Me conoces muy bien – Koga esbozó una sonrisa – Hiciste lo mejor
La música se terminó y Kagome fue por Inuyasha.
― ¿Te importa si me robo a mi esposo? – le preguntó a su hermano
―Por supuesto que no – Koga negó – Es todo tuyo
Kagome esbozó una sonrisa y se llevó a Inuyasha a la pista, donde había comenzado una balada romántica, ideal para los dos.
―Esposa – dijo Inuyasha
―Esposo – respondió Kagome
― ¿Qué le parece su fiesta, señora Taisho?
―Es maravillosa – comentó Kagome entrelazando sus brazos alrededor del cuello de Inuyasha – Pero pasa a segundo término si estas a mi lado
―Es increíble que solo tuvimos un años para planearla – dijo él – Y más después de varias sorpresas – miró el vientre de Kagome – Por eso se tuvo que acelerar más rápido
Tan solo faltando un mes para su boda cuando Kagome le había dicho a Inuyasha que estaba embarazada, así que la boda se tuvo que realizar al siguiente mes, ya que ella apenas tenía tres meses de embarazo, cosas como la fecha y las invitaciones tuvieron que ser modificadas.
―Habría sido bonito lucir un vestido de novia con una pancita abultada
―Lo sé, te verías igual de hermosa
― ¿Qué crees que sea?
―No lo sé – él negó con la cabeza – Si es niña, seré un padre celoso y sobreprotector. Si es niño, aprenderá el negocio de la familia
―De ninguna manera, señor Taisho – dijo Kagome golpeándolo en un hombro – Mi hijo tendrá una infancia normal
―Sabes que es broma – dijo él acariciando su cabello – Lo que venga será una bendición, será un niño o niña afortunado.
Kagome se lo volvió abrazar y se recargó en el hombro de Inuyasha.
―Te amo, Inuyasha
―No más que yo amor. Mi cariño
―Dilo una vez más
―Te amo
―No – ella negó – Repite "Cariño"
Inuyasha esbozó una sonrisa y recargó su cabeza en la de Kagome.
―Cariño
Buscó su mandíbula, alzó su rostro y la besó con amor, en ese momento todo el mundo desparecía, no había nadie alrededor, solo ellos dos, disfrutando de su amor.
Porque el amor es infinito, no había tiempo ni distancia que pudiera contra él, cuando dos seres se amaban y se entregaban, no existía nada que pudiera contra ese sentimiento.
El amor es igual a felicidad, felicidad a destino y destino a eternidad.
FIN
Hola!
Perdón, por ahí hubo un error de dedo al momento de subir el archivo, se coló por error el capítulo 12, gracias por el aviso!
Bueno, lo prometido fue deuda, aquí tienen el fic completo.
A las antiguas lectoras, espero que hayan revivido con intensidad cada capítulo. Y a las nuevas lectoras, espero haber cumplido con sus expectativas.
Besos.
BPB
