Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La fiesta de St. Clovelly

El día en que se realizaba la dichosa actividad de navidad en la escuela, Hermione batalló durante un minuto entero para peinarlo lo suficiente para que su cabello fuese casi aplacado por un gorro de la festividad. Harry estaba más preocupado por la perspectiva de sus hijos dando vueltas por ahí sin supervisión alguna, mientras los adornos terminaban de colocarse.

Rose mantenía a Albus y James distraídos con una plática de quién sabía qué, pero no duraría mucho tiempo, oh, claro que no; notaba esa mirada en la carita de James. Algo se maquinaba dentro de su cabeza de Merodeador del nuevo milenio. Albus, en cambio, sólo buscaba a los Malfoy.

Hugo permanecía tan cerca de su madre que ni siquiera valía la pena preocuparse por lo que pudiese hacer. Y a unos metros, Lily ayudaba a una bruja no-del-todo-voluntaria a colocar unas bolitas en el árbol. Podía oír su tarareo.

—La canción que escuché una vez en diciembre…

Bien. La faceta de princesa rusa que vencía magos oscuros todavía no estaba superada. Eso tampoco era un problema en sí mismo.

De pronto, hubo una explosión de humo verde, y un Ron vestido de Santa salió de la chimenea. Harry nunca había imaginado a un Santa pelirrojo, pero todo era posible en el mundo mágico.

Hermione sonreía, encantada.

—¡Estás perfecto, Santa! Ahora ve por los regalos- —Sujetó un hombro de Hugo y se inclinó para susurrarle:—. ¿Quieres ser un ayudante de Santa, Hugo?

Medio segundo más tarde, el niño perseguía a "Santa", mirándolo con fascinación y contándole que no sabía que fuese pelirrojo. Ron fingía una voz bastante gruesa para responderle que ese cabello combinaba con el atuendo.

—¿En serio, Mione? —Le preguntó Harry, en cuanto se quedaron a solas y los niños se encontraban a una distancia justa para no escuchar.

Ella sólo se encogió de hombros.

—Bueno, en algo tenía que ayudar, ¿sabes?

La sala de eventos de la escuela se llenaba poco a poco con los no-voluntarios-reales que ingresaban con más decoraciones o comida. Hermione se dedicada a organizarlos. Alguien puso música, James se le perdió de vista por un segundo, y cuando se dio cuenta, su hijo mayor intentaba viajar al Polo Norte a través de la chimenea, escalando.

Harry sacó a su hijo de allí, antes de que Lily decidiese que su lógica tenía sentido y lo imitase. Gracias a Merlín que Albus lo ayudó con la distracción al hablarles.

—Los Malfoy —Apuntó hacia la puerta y el problema de Harry terminó durante alrededor de dos segundos.

Después Albus se les acercaba para saludar a los niños, James le preguntaba a Draco cómo viajaba Santa, y Lily le pedía que la ayudase a peinarse. Harry, que se había aproximado luego de que ellos lo hicieron, se sintió especialmente herido por esto último; él la peinó esa mañana, sin hechizos de por medio.

—¿Qué tiene de malo tu peinado, Lil? —balbuceó, con un puchero.

—Me parezco a la tía Hermione en las fotos del colegio —refunfuñó la niña, concentrándose en tirar del pantalón de Draco, hasta que este se agachó y deshizo el lazo que a Harry tanto le costó amarrar sin lastimarla.

—A Astoria le gusta este peinado —Le contaba Draco, en tono suave, a medida que sus dedos se enredaban en los mechones rojizos para formar una trenza que brotaba desde la parte delantera—, es sencillo, elegante, pongo el listón aquí en un amarre suelto, no se va a mover…y es digno de una princesa —puntualizó, bastante serio. Lily se irguió y sonrió.

Scorpius seguía atrapado entre Albus, que le preguntaba por la cámara Polaroid que llevaba en las manos, y James, quien cuestionaba en voz alta cuál era la diferencia entre el peinado que Draco le hacía a Lily y el que tuvo antes. Se ganó un bufido de risa de Draco y una mirada incrédula de Lily.

Altair se escabulló por uno de sus costados y se acercó a Harry.

Ojos de un verde grisáceo lo observaron desde abajo con aquella seriedad curiosa que poseían los niños. Altair buscó en su mochila, sacó unos papeles, y se los tendió. Eran dos dibujos, uno a creyón y otro con tizas. Por la manera en que en el primero había un intento fallido de un rayo y un arbolito, y en el segundo alguien tenía una varita y algo que quizás fuese una caja con un regalo, su instinto paterno lo tradujo a obsequios navideños.

Se puso de cuclillas para recibirlos y le sonrió al "examinar" los dibujos.

—Son muy bonitos, Altair.

—Este lo hizo Scorpius —indicó él, apuntando al de creyones y montones de colores—, no se lo quería dar porque dijo que le quedó feo y no le iba a gustar, pero yo le dije que si no le gustaba le hacía un inedio y le iba a gustar —Altair se encogió de hombros, como si no fuese gran cosa. Luego tocó el dibujo de tiza con sólo tres tonalidades de verde—. Y ese es mío.

Harry se los agradeció, le aseguró que le encantaban, y mantuvo su sonrisa. Al menos hasta que Draco fue "liberado" por Lily y se le acercó. Interrumpió su saludo para decirle un:

—¿Por qué tu hijo conoce la maldición Imperio?

Draco miró a Scorpius con horror mal disimulado, y como si lo descartase enseguida, giró hacia Altair. Empalideció y luego comenzó a ponerse rojo a una velocidad que habría resultado preocupante, si la forma en que apretó la mandíbula no le advirtiese que el cambio era de pura rabia.

—Voy a matar a Blaise, no hay día en que lo visitemos que no les diga algo, ese- ese- ni siquiera porque son niños- —Se interrumpió a sí mismo con un quejido y observó a Harry, frunciendo el ceño—. La última vez le enseñó a Altair algo que sonaba a "lindo culo" e intentó que Scorpius dijese "jodido Draco".

Se cruzó de brazos y estrechó los ojos. Harry apretaba los labios y en serio intentaba contenerse, pero no pudo; apenas los niños se alejaron un poco más, llamados con el resto por Hermione, estalló. Draco le atinó un manotazo en el brazo.

—¡Potter, eso no es gracioso!

—Lo siento, lo siento- —Pero siguió riéndose y Draco le aplicó un hechizo de cosquillas, "para que sí tuviese razones para reír". Un minuto y muchas carcajadas más tarde, Harry intentaba recobrar el aliento—. Si te anima- George le ha enseñado el "mierda" a mis tres hijos, y con James incluso llegó a un "jodidos sangrepura". Por suerte, Ginny se cree la responsable de los dos…

Eso no contentó a Draco, pero sí notó que se relajaba. Un poco. Harry rodó los ojos y le dio un débil apretón en el hombro.

—Que imiten esas cosas no te hace un mal padre de la nada, Draco, calma- —Y como recordó algo, se apresuró a decirle:—. Hermione me regaló un folleto sobre eso la primera vez que oí a James soltar el "mierda" y entré en crisis, ¿quieres uno? Porque seguro debe tener como mil…

Rechazó la oferta, como se esperaba; sin embargo, Harry tuvo la impresión de que fue lo que necesitaba oír. De cualquier modo, sugeriría a Hermione que entregase algunos de los folletos de su colección de paternidad a los no-precisamente-voluntarios del día. A lo mejor hasta leía algo interesante.

En el centro de la sala de eventos, Hermione empezaba a llamar a los niños uno por uno, para que "Santa" les diese su regalo. Un par de padres tomaban fotografías de pequeños emocionados, y Scorpius andaba con su Polaroid en alto, capturando imágenes de una Lily que amaba la cámara, un Albus que veía a "Santa" con extrañeza, y un James hiperactivo que no paraba de divagar sobre cuál sería su regalo.

Cuando Albus lo llamó para preguntar por qué "Santa" parecía un Weasley, Harry se rio, fingió que lo necesitaban en la mesa de comida, y se marchó deprisa.

Se encontró con que Altair se robaba una trufa de chocolate y la metía en su mochila. Bien, eso era extraño. Hubiese sido más extraño si Draco no estuviese a su lado, pidiéndole que dejase de alimentar a la cosa, y Altair no se quejase en voz baja, ofreciéndole la mano a una criatura que lucía como una planta.

Apenas "Santa" le pidió a Altair que se acercase, Draco vio a Harry con una expresión mortificada.

—Su "amigo secreto" le regaló un bowtruckle el último día.

Harry sí logró contener la risa esa vez. Draco igual entrechocó sus hombros y protestó.

0—

Para el momento en que Harry confirmó sus sospechas sobre quién era su "amigo navideño sangrepura familiar de los Black", James le aseguraba a sus primos que podía caminar por la pared después de su sobredosis de pastelillos, Lily y Altair jugaban con la criatura-plantita, y Scorpius le tomaba una fotografía a Albus, quien formaba pucheros porque no le gustó el regalo del "Santa Weasley". Draco no se encontraba en la sala de eventos.

Se aproximó a Hermione, que dividía su atención entre decirle a los no-voluntarios-en-realidad qué recoger, y poner una sonrisa para los niños y sus padres cuando se despedían de ella, felices por la fiesta muggle-mágica. Incluso Harry podía percibir su agotamiento.

—¿Estás bien? ¿Quieres un poco de ayuda, Mione…?

Ella se enderezó y negó, deprisa. Se alisó la falda tubo y la camisa con movimientos mecánicos.

—Ron va a estar aquí en un segundo para llevar a Rose y Hugo a casa, y yo los alcanzaré después. Está todo calculado, Harry, gracias —Le dirigió una veloz sonrisa y volvió a ver al frente. Antes de que pudiese marcharse, lo codeó—. Malfoy acaba de regresar de la sala de chimeneas.

Se sonrojó. Sabía que se sonrojó. Estaba seguro de no haber hecho el menor comentario sobre que lo buscaba, pero ella apuntó hacia la entrada a la sala, y sí, ahí estaba Draco, ingresando con una parlanchina Astoria.

Captó un fragmento de su conversación al aproximarse. Draco tenía el rostro rojo y se apretaba el puente de la nariz.

—No es para nada-

—Oh, ¡por favor! ¡La mujer sabe de lo que habla! —contestaba Astoria, sonriendo. Se fijó en Harry y lo saludó con entusiasmo—. Harry, adivina qué le-

Draco se apresuró a cubrirle la boca a su exesposa. Frente a la mirada curiosa y divertida de Harry, aclaró:

—Sólo le hace gracia que mi "amiga secreta" me diese un masajeador.

Astoria sostuvo su mano para quitársela de la boca y su rostro adoptó una sonrisita maliciosa.

—No, el masajeador no es la gran cosa, lo que me divierte un montón es que haya tenido una nota que decía "sé que lo que necesitas es un buen consolador, pero eso habría sido inapropiado pa…"

Y Draco volvía a cubrirle la boca. Ella le lamió la palma esa vez, arrancándole un sonido de disgusto. Fue liberada cuando Draco se limpió con un hechizo.

—Te conoce de maravilla —insistía la bruja—, a veces pienso que en serio te hace falta…

Su sonrisa creció cuando Draco la retó a decirlo con la mirada.

—…una buena re-

—Astoria, si te escuchan los niños-

—Antes tenías sentido del humor, Draco —Le palmeó el brazo y negó—. Me voy con los niños, al menos mis hijos todavía se ríen. Un placer haberte contado las cosas vergonzosas que le pasan a mi ex marido, Harry, te conseguí un pequeño detalle para el Yule, te lo mandaré el día que corresponde…—Astoria le besó la mejilla con delicadeza y se acercó a los niños, toda dignidad y melodrama, alegando que también quería una fotografía inmóvil de la cámara de Scorpius.

Draco se tapaba el rostro a medias con una mano.

—Ni una palabra, Potter.

Harry abrió la boca.

—Ni una.

La cerró y sonrió. Seguía haciéndolo cuando él se animó a bajar el brazo, ya recompuesto, aunque ceñudo.

—Quería darte las gracias.

Entonces incluso el ceño fruncido se le borró. Por un instante, la expresión en blanco de Draco lo hizo dudar acerca de si lo había oído.

—¿Por qué? —indagó, cauteloso.

—Por los regalos —aclaró Harry, sin perder la confianza. Quería decirlo. Necesitaba hacerlo. Había sido demasiado especial para que pudiese dejarlo pasar—, me gustaron mucho. Sé que Hermione quería probar un punto sobre tradiciones e interesar a los niños, y bla, bla, bla…pero en serio me gustaron, y hasta decidimos hacer algo así el próximo año en casa.

—Ah —Estaba claro que Draco no se hallaba en uno de sus momentos de grandilocuencia, y eso, de cierto modo, lo enterneció—. Pues…de nada, supongo. No esperaba que te enterases…

Harry le dirigió una mirada incrédula y él le enseñó una sonrisa desdeñosa. Draco Malfoy volvía en sí.

—No me hubiese sorprendido que te preguntases quién era, aunque te hubiese puesto "DM" al final de cada paquete.

Decidió rodar los ojos y no arruinarlo. Podía oír la voz de Ron a lo lejos, regresando a la sala de eventos, y los niños no estaban a más de unos metros. Sabía que tendrían que marcharse pronto, si quería que Hermione pudiese volver a su casa para iniciar sus merecidas vacaciones.

Extendió el brazo y atrapó la muñeca de Draco. Sólo le dio un leve apretón.

—Fueron hermosos regalos para mí —susurró Harry—, jamás había visto a mis abuelos, Draco.

El entendimiento que llenó los ojos grises sólo logró que Harry se sintiese aún más contento con sus obsequios, porque ahora Draco también sabía cuán especiales fueron para él.

—Encontré…—Draco se interrumpió a sí mismo para carraspear y se zafó de su agarre—. Cuando encontré el retrato, también vi un par de Euphemia de joven y algunos con tu abuelo, antes de tener a tu padre, creo. Son viejos y pequeños, tal vez necesiten restaurarse, pero si los quieres…

Harry sonrió.

—Me encantaría verlos.

Draco asintió y echó un vistazo hacia Astoria y los niños, no tan disimulado como seguramente le hubiese gustado.

—¿Qué harán en navidad? —preguntó Harry, capturando su atención de vuelta.

0—

El día que correspondía a la navidad, como tal, la familia Malfoy (y Astoria, que por fin se había quitado el apellido, pero seguía siendo de la familia) observaba el amanecer de principio a fin. Luego abrían regalos y se iban a dormir porque, bueno, se tuvieron que desvelar durante la noche y todos se encontraban cansados, así que estaba descartado cualquier plan para ese día.

Sin embargo, al día siguiente, la chimenea de una casa en Godric's Hollow tuvo varios estallidos y tres pequeños Potter estaban radiantes de felicidad porque llegaban más niños para jugar. Ginny, que siempre andaba en la ciudad para ocasiones especiales, arrastró a Draco y Astoria a la cocina para darles a probar su receta de ponche que sabía a vómito, según los demás Weasley.

Harry vigilaba cuatro cajas extras bajo el árbol, con suéteres tejidos, y tenía la tarea de transmitir las protestas de Molly Weasley sobre que no hubiesen ido a La Madriguera para darles comida y conocer a los amigos de sus nietos, además de su invitación para el siguiente año.