Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Mala suerte y bebidas
No era un secreto para nadie que Harry Potter tenía mala suerte.
Cuando Ginny lo convenció (definamos "convencer" como que lo engañó para que accediese) de tener una cita al fin, mientras ella pasaba un fin de semana completo con los niños, Rita Skeeter decidió que su retiro podía esperar otro año. Así, para el lunes, era bien sabido por la comunidad mágica que su "salvador" volvía a estar "disponible".
Que las personas asumiesen que su corazón aún pertenecía a Ginny, que estaba dolido por el divorcio, o que se concentraba sólo en sus hijos, le había sido útil por casi cuatro años. Lily ya tenía cinco y fue la primera en ponerse del lado de su madre, convencida de que Harry podía salir con otra persona. Albus la apoyó, James no tanto.
El hecho de que su "cita" hubiese sido acosada por el autodenominado club de fans de Harry Potter no ayudó demasiado a que saliesen de nuevo. Tampoco era como si les hubiese ido especialmente bien.
Su segunda cita fue con una bruja del Ministerio, una conocida de Hermione que su amiga no paraba de recomendarle. Tenía una hija de la edad de Albus, no le importaba en lo más mínimo la cicatriz de Harry o su reputación, y era encantadora. Podrían haberse encontrado otra vez, sino hubiese sido por ese pequeño detalle.
La pobre mujer aún no superaba a su ex marido; Harry lo distinguió en sus ojos cuando el asunto de su matrimonio salió a colación. Para el final de la cena, los dos acordaron que podían ser grandes amigos, y que ella le enseñaría a peinar a Lily como era debido. Luego diría que algo bueno salió de eso.
Dados los resultados de esta cita, la siguiente, que le presentó Ron, era una joven viuda. Cuando comenzó a llorar a mitad de su paseo, Harry se sintió transportado de regreso a quinto año y el salón de té.
Hermione reprendió a Ron varias veces por haberle buscado a alguien que claramente estaba a mitad de su etapa de duelo. Él sólo decía "¡pero si ya está muerto…! ¡Así Harry no va a tener que preocuparse porque vuelvan!" y su esposa meneaba la cabeza, incrédula.
Su próxima cita la encontró Ginny, de nuevo. Ella salía con el hermano muggle de una de sus compañeras de equipo, y aseguraba haber encontrado a una mujer preciosa y fascinante que era amiga de su actual pareja. A Harry no le interesaba que no tuviese magia, así que no vio el menor problema en ceder.
Sí, era preciosa. Sí, resultaba muy agradable. Salieron dos veces y la conversación fluía con naturalidad; preguntaba sobre el mundo mágico cuando era apropiado, escuchaba con atención, y besaba bien. Muy, muy bien.
Pero no le gustaban los niños. Estaba seguro de que Ginny no tenía idea, porque cuando la escuchó mascullar que eran unas "cositas insoportables y lloronas", podía imaginarse a su ex estallando y exigiendo que no dijese nada similar de sus hijos. Harry le contó que tenía tres y su expresión horrorizada lo hizo reír por un largo rato.
Descartada.
—No puedo creerlo —decía Ginny después, pasándose las manos por la cara—, ¡los niños, los niños…! ¿Crees que pensé en preguntarle si le gustaban los niños? No es que asuma que le va a encantar enterarse de que tenemos tres, pero tampoco esperaba que saliese corriendo…
Salió con una chica que resultó ser una fan loca por la que Harry estuvo a punto de aplicar un obliviate para que se olvidase de su cita. Con una ex compañera de estudios de Neville, que tenía un temperamento demasiado explosivo, y le recordó un poco a su tío Vernon; eso no fue nada agradable.
De pronto, un día en que se relajaban en La Madriguera, mientras los niños jugaban afuera con sus primos, Ginny le ofreció una copa de whisky de fuego, se arrojó en el sofá a su lado, le pasó las piernas sobre el regazo, y adoptó aquella expresión pensativa que le advertía a Harry que amaría u odiaría lo que fuese a decirle.
—Me parece que estamos buscando en el lugar incorrecto —informó, jugueteando con el líquido de su propia copa—. Ya has salido con mujeres y siempre te va mal, con una sola excepción —Se apuntó a sí misma, orgullosa—, pero no te vamos a buscar otra yo, eso no existe. Lo que tenemos que hacer es experimentar un poco.
Harry temía lo que eso pudiese significar. Ginny lo apuntó y esbozó una sonrisita.
—¿Cuándo fue la última vez que te interesó un hombre, Harry?
Bien, no estaba tan mal. Entre ellos no era ningún secreto la bisexualidad de Harry; de hecho, cuando estaban juntos, Ginny no se contenía con los comentarios cuando alguien le resultaba atractivo e incluso le preguntaba al respecto. Solían terminar riéndose cuando sus gustos los llevaban hacia la misma persona.
Para entonces, Rita ya llevaba varios ejemplares de artículos que narraban el desastre de la vida amorosa de Harry, con teorías de lo más locas que iban desde un hechizo que Voldemort dejó en él para que no encontrase el amor, a una ex enloquecida de celos que embrujaba a sus citas. Ginny se reía hasta quedar sin aire con la última teoría. Ya que no tenía nada que perder y la opinión pública no le interesaba, Harry salió con un hombre.
Y dio inicio a una nueva racha de mala suerte.
El primero era un curioso, tuvieron un par de citas, se acostaron una vez, y luego decidió decirle que no iba en serio, que a lo mejor ni siquiera le gustaban otros hombres. El segundo también pertenecía a su club de fans. Fue descartado automáticamente cuando lo supo.
El tercero era un imbécil que tenía novia pero había querido "probar", y el cuarto fue todavía peor, porque sólo deseaba acostarse con Harry y contarle a Skeeter por una jugosa suma de galeones. A ese Ron lo amenazó con la varita en mano y Ginny le golpeó la entrepierna con el bate de su equipo de Quidditch.
El quinto fue el límite de su paciencia. Era un poco mayor que él, trabajaba en Gringotts, no actuaba como si estuviese frente al nuevo Merlín, y estaba bastante seguro de su homosexualidad. Fueron a pasear, a cenar, y Harry le presentó las maravillas del cine, ya que era sangrepura. Parecía irles bien.
Hasta ese fatídico día en que se encontraron en el Callejón Diagón, porque James y Albus querían un tren a escala de Hogwarts. Tres niños escandalosos en medio del bullicio, una Lily enfurruñada por sus zapatos que se ensuciaron a causa de un charco, mucho frío y una dosis de malhumor de James, que preguntaba por qué no podían tener dos trenes y compartir sólo las vías.
Cuando su quinta cita intentaba hablar con él y los niños no dejaban de interrumpirlo, explotó y le gritó a Lily que se callase, que era insoportable y "no debía decir nada mientras los adultos estaban hablando". Ella se asustó y a Harry se le rompió el corazón; medio segundo más tarde, tenía a tres niños callados escondidos detrás de su espalda, y mandaba al sujeto a la mierda.
A sus hijos nadie les iba a gritar. Había tenido suficiente de eso de niño para permitirlo para ellos.
Eso sí que no se lo contó a Ginny, porque sabía cómo se iba a poner. En cambio, les dijo que simplemente no se llevó bien con los niños. Puede que fuese mucho pedir, pero Harry no entendía cómo se suponía que saldría con alguien que no estuviese en buenos términos con ellos; sí, eran tres, sí, gritaban y hacían travesuras, y sí, claro, hasta él se hartaba y desesperaba con cierta frecuencia. Aun así, no era como si fuesen a desaparecer durante el tiempo que estuviese saliendo con alguien.
Lily incluso le pidió disculpas por molestar al idiota aquel. Harry la abrazó por largo rato cuando estuvieron en casa, le llenó la cara de besitos, y le ofreció chocolate caliente, asegurándole que no fue eso lo que pasó, sino que el tipo tenía unos nargles en la cabeza. Ella encontró la explicación mucho más convincente.
Skeeter se hacía rica con su mala suerte y Harry estaba empezando a cansarse. Jamás tuvo que pasar por eso. Después de la guerra, Ginny había sido como un pilar sobre el que construir su vida a partir de los escombros que le quedaban, siempre dándole ese empujoncito cuando se quería rendir.
Aun después de separarse, Ginny insistía en que sí, no era fácil encontrar a alguien, pero no podía quedarse solo toda la vida por no intentarlo.
—Sobre todo tú —repetía cada vez—, que, no te ofendas, Harry, pero a mí me va mejor sin pareja que a ti. Tú eres como un micropuff que quiere abrazos, y no puedes estar depositando todo ese amor en los niños durante el resto de tu vida...
Había otro detalle en esas pláticas que a Harry no se le escapaba, algo que estaba tácito en su modo de hablarle y de motivarlo, algo que él no conversaba con sus amigos.
A veces, cuando los niños dormían, cuando la casa se encontraba sumergida en el silencio, Harry se sentía un poco vacío.
—0—
Irrumpió en el recibidor de los Malfoy casi por accidente. Skeeter lo perseguía para pedir unas declaraciones para el artículo semanal sobre su vida, se metió a una tienda de comida en el Callejón Diagón, pidió usar la chimenea, y entró en pánico. Si decía "Godric's Hollow", Skeeter podría oír y comenzaría a pasearse por allí, buscándolo hasta que un error de su parte le revelase la existencia de su casa cubierta por un Fidelius. La Madriguera era demasiado conocida por la prensa tras la guerra, y la casa de Ron y Hermione tenía el mismo problema que la suya; no quería delatarlos y arruinar su privacidad.
En cambio, la comunidad en que vivían los Malfoy pertenecía a un conjunto cerrado en medio del campo, al que nadie pasaba sin ser invitado. Y por las reglas de convivencia, sus acuerdos y el tipo de personas que estaban allí, a nadie le convenía llamar a alguien de la prensa y revelarle el paradero de familias de antepasados oscuros.
Harry tenía permiso de entrada permanente, por las recurrentes visitas de los niños, sin contar todas esas veces que James se escapaba para invitar a los mellizos a jugar Quidditch o a La Madriguera, y Lily quería consultar algo de ruso o de modales con Draco. Salió de la chimenea tropezándose y sintió un alivio enorme al reconocer el lugar. Su análisis había sido tan veloz que apenas se oyó a sí mismo gritar el nombre de la casa.
Draco apareció por el pasillo unos segundos más tarde. Supuso que acababa de llegar, porque aún vestía una túnica oscura y se quitaba los guantes, dejando a la vista algunas quemaduras en los dedos, que cubrió deprisa con un glamour. Harry se obligó a contener sus preguntas.
—¿A qué debo el honor de una visita del salvador cuatrojos? —indagó, con falsa indiferencia—. Tenía entendido que se requería de una cita previa para un encuentro, con tan ocupada agenda…
Harry quería protestar, y de algún modo, acabó riéndose y negando.
—¿Skeeter?
—Cada vez que quiero saber algo de lo que pasa más allá de mis paredes, me encuentro con una explicación detallada de alguien a quien te estás follando, por amor a Merlín —protestó Draco—, ¿en qué momento se dedicaron a chismear sobre eso? Los prefería cuando hablaban de conspiraciones.
—Aún recuerdo que tú charlaste con ella de mí…
Entonces Draco le enseñó una sonrisa torcida.
—Era el tema del momento, Potter, pero ya estás viejo, pasaste de moda —alegó, dándose la vuelta con aire dramático. Arrojó los guantes al azar y estos levitaron hacia el lugar donde los guardaba, mientras él se soltaba el cabello para rehacer su cola—. ¿Vas a tomar la chimenea desde aquí, al punto de Aparición, o quieres beber algo?
Lo último sonaba a una excelente oferta para Harry, quien lo siguió hacia la cocina. El señor Horno dormía y emitía un sonido gracioso que podía ser confundido con un ronquido. Descubrió que Draco guardaba botellas de aspecto costoso y algo de whisky de fuego en una repisa alta, que se escondía en la pared y reaccionaba ante el contacto con su varita; muy útil. Harry prefería no tener alcohol en casa.
—¿Has tomado ambrosía? Es una delicia, la beben los duendes y sabe a melocotón. Si te tomas más de un vaso, no vas a recordar ni tu nombre hasta dentro de tres días —Draco se aseguró de servir sólo medio vaso y se lo tendió—. Sólo porque estoy de buen humor y presiento que necesitas conocer algo más que la cerveza de mantequilla.
Frunció la nariz al decir lo último, como si él la considerase poco digna, y se dedicó a servir otro medio vaso para sí mismo. Harry la probó, vacilante. Sí, sabía a melocotón. No le pareció que fuese tan fuerte como Draco decía.
—¿Hay alguna razón para tu buen humor?
Draco emitió un vago "hm", al tiempo que guardaba la botella y desaparecía la repisa. Los dos se dirigieron hacia la sala con los vasos en mano.
—Digamos que acabo de quemar a un posible candidato a Señor Oscuro y se retractó.
—Eso no me parece muy legal, ¿sabes? —Harry arqueó las cejas.
Draco sólo se sentó en el mueble, cruzando las piernas, y se encogió de hombros.
—¿Y si digo que él me intentó quemar antes? Tengo pruebas —Agitó los dedos de su mano libre en el aire, desvaneciendo el glamour sólo para que viese las quemaduras.
Harry le sostuvo la mano y se aseguró de que hubiesen sido tratadas, rozando la piel afectada con el pulgar; en la Academia, les explicaban que las quemaduras mágicas primero se sentían del todo suaves y lisas, como piel común, antes de comenzar a desaparecer. Aquella debía estar a mitad del proceso.
Draco se limitó a beber de su vaso de a tragos muy, muy pequeños, y dejarlo comprobar sus heridas. Cuando Harry lo soltó, se sentó a su lado.
—¿Has considerado abandonarlo ahora que te dijeron que no te van a regresar la Mansión?
La noticia llegó unos meses atrás y Draco se la contó con un practicado tono desinteresado. Pero si a Harry le afectó ver la vieja casa de sus padres destruida, podía imaginar que no era tan sencillo para él como quería aparentar.
—Pronto, pronto —Era la única respuesta que recibía. Draco se reacomodó en el asiento y apartó su vaso, para no tomarlo tan rápido—. Quiero oír del desastre de citas del que tanto habla Skeeter, Potter, una exclusiva, me hará bien reírme de tu desgracia.
A pesar de sus protestas sobre su "falta de apoyo", Harry le contó su experiencia con las citas, una a una. Draco soltaba comentarios como "oh, Merlín", "bueno, es entendible…" y un considerable número de "qué idiota".
A Harry le quedaban los últimos tragos de su vaso y todavía no percibía ningún efecto que mereciese el reconocimiento que Draco le atribuía. Se recargó en el respaldar del sofá, girado hacia él, y lo observó hasta que Draco le preguntó qué pensaba.
—¿Vas a salir con alguien, o esperarás que los chicos estén más grandes?
—No es un tema que me interese mucho —contestó Draco, encogiéndose de hombros.
—Ginny dice que soy un micropuff que quiere abrazos.
Lo había soltado de golpe, con la vaga impresión de que su lengua comenzaba a enredarse. Draco no se inmutó.
—Sí, puedo ver por qué.
Harry formó pucheros.
—No soy un micropuff…
—Estás haciendo pucheros, Potter.
—No hago pucheros —replicó Harry, puchero incluido de nuevo. Draco se rio—. ¿Qué? —Se quejó, más fuerte.
Él negó.
—Nada, te dije que me reiría de tu desgracia.
Harry siguió protestando por alrededor de un minuto, hasta que notó que su vaso estaba a punto de vaciarse. El de Draco tenía la mitad de lo servido.
—No creo que tener pareja sea algo necesario.
—Porque no lo es.
—Pero…
—Sí —Draco asintió, quitándole el problema de buscar las palabras exactas—, lo sé.
Lo sé, repitió. Draco lo sabía. De pronto, Harry se sintió mejor. Volvió a apoyar la cabeza en el respaldar de la silla, de lado, de manera que seguía viéndolo.
—¿Tú qué haces?
—Bueno, a veces, cuando los niños están con sus abuelos o con Astoria, voy a ver a Blaise y me lo follo. Ayuda bastante a relajarme.
Harry acababa de tomar el último trago de su vaso y se ahogó cuando su cerebro terminó de procesar esas palabras. Empezó a toser, mientras Draco le daba palmaditas en la espalda y lo regañaba por el desperdicio de ambrosía.
—Está bien, suficiente alcohol de duendes para ti por un día, Potter. Tengo unas pociones que quitan el efecto del alcohol de forma instantánea en la cocina…
—¿En serio tienes algo como eso? —cuestionó Harry, sin aliento, para evadir la pregunta real que tenía.
—Ya sabes, uno no se puede embriagar a gusto con niños en casa. Intenta no morirte mientras la traigo, no se puede hacer un accio para lo que tengo en la repisa —Tras darle una mirada severa, se puso de pie para ir a la cocina
Harry ya no tosía cuando él volvió, con un vaso limpio y algunas onzas de una poción de un azul blanquecino. Se la bebió sin indagar nada.
Un momento más tarde, notaba cómo su mente se despejaba de una bruma que ni siquiera sabía que la cubrió. Vaya, así que sí lo afectó. Sacudió la cabeza y se obligó a enfocar la vista.
Draco ocupó el puesto a su lado en el sofá y dio otro sorbo a su propia bebida, más cuidadoso. Entonces Harry no se contuvo más, y aprovechándose del instante de claridad, habló.
—¿Pero están saliendo?
—¿Blaise y yo? —Draco arrugó un poco el entrecejo, quizás porque no esperaba que volviese al tema—. No realmente, somos buenos amigos, él no está con nadie, y no es como que un poco de sexo nos fuese a hacer daño.
Harry estaba a punto de decirle que Ron también era un buen amigo, pero ellos no se acostaron antes de que saliese con Hermione. Decidió no hacerlo. Se pasó las manos por el cabello e intentó terminar de asimilarlo.
—¿Y es cuando sea o…?
—Blaise tiene vida propia, Potter —contestó Draco, aparentemente entretenido con sus reacciones—, oh, pero suele hacerme un tiempo, sobre todo si sabe que ando estresado. Y tiene unas ideas muy divertidas sobre cómo "liberar tensión".
Tenía más preguntas, pero temía las respuestas que pudiese obtener o lo que significaría decirlas en voz alta. Negó y se masajeó las sienes.
—Esa cosa es fuerte —murmuró, refiriéndose a la bebida.
—Sí —Draco lucía tranquilo, aunque el líquido en su vaso bajaba de a poco. Harry comenzar a relajarse también, de nuevo, cuando lo oyó añadir:—. ¿Estás pensando que puede ser una mejor solución encontrar a alguien con quien acostarte, que tener una relación?
Si Harry hubiese dado otro trago a lo que fuese, se estaría ahogando, por segunda vez.
Ese no era el tipo de conversación que uno esperaría tener con un ex rival.
—Por Merlín, Potter —Draco resopló—, es una simple respuesta a una necesidad fisiológica en la mayoría de los seres humanos, no necesitas un psicomago que lo analice por ti. Y yo no pensaré que sea raro.
—¿De verdad?
Harry no tenía idea de que estaba tan aturdido hasta que lo escuchó en su propio tono de voz. Draco rodó los ojos, pero suavizó su expresión después.
—Sí, de verdad. No eres el único en el mundo, tranquilo.
—Pensé que estaría más satisfecho a estas alturas —confesó Harry, recargándose de nuevo en el respaldar. Observó el techo esa vez—, ya sabes, más…completo. Y luego me siento culpable por pensar así, y…
—Sigues siendo un ser humano, Harry.
Oh. Cierto.
Fue sólo Harry. Después el niño-que-vivió. Luego se casó con Ginny y fue padre. Debería haber sido un pensamiento lógico, pero su mente apenas estaba haciendo la conexión.
Sigues siendo un ser humano.
—No pensaba hablar de esto con nadie más que Astoria tan pronto —continuó Draco, apoyándose en el respaldar del mismo modo que él, de forma que ambos veían el techo ahora—, pero cuando los chicos entren a Hogwarts, el dos de septiembre, me iré de viaje. Todo un mes para hacer lo que me dé la gana. Es una idea divertida; cuando llegue el momento, si quieres, te llevaré a algún sitio y te abandonaré a tu suerte allí, en los brazos de algún mago o bruja extranjero con el que funcione lo de "niño-que-vivió".
Draco lo codeó, divertido. Él se ruborizó, pero no pudo evitar reírse.
—Faltan años para que cualquiera entre a Hogwarts, y yo tendré a Lily por otros dos…
—Déjasela a Ginevra —Draco le restó importancia con un gesto—, se la pasa diciendo que tú no cuentas lo suficiente con ella, que podría aliviarte si se los dejas más tiempo…
Harry ladeó la cabeza para verlo y elevó las cejas.
—¿Ahora eres amigo de Ginny?
Draco también lo miró.
—Pues sí, y me parece mucho más agradable que tú.
Entrechocó sus hombros, a manera de protesta. Draco se lo devolvió. Estuvieron un rato así, jugueteando en el sofá de su sala, sin razón alguna.
