Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
¡Sorpresa!
Harry les había prometido a los niños que irían a la playa con Ginny ese verano; sin embargo, eso fue antes de que un brote de viruela de dragón en el Ministerio lo afectase. Ya que, a medida que el mago crecía, la viruela se hacía más peligrosa, sus planes fueron cancelados. Lily y James también se contagiaron, pero en ellos los síntomas se limitaban a la piel y una gripe común, y a Albus ya le había dado por culpa de un compañero de clases, así que Ginny se llevó a los niños consigo para que Harry pudiese descansar a gusto en Godric's Hollow.
Deliraba por la fiebre de a ratos. Un medimago que sabía que le era familiar, pero no reconocía, lo visitaba a diario, y Hermione mandaba raciones de comida en envases que esperaban en su nevera que Harry reuniese la energía para ir por ellos. Su piel estuvo cubierta de brotes durante una semana y era asqueroso verse en el espejo. Ni siquiera estaba seguro de haberse bañado durante esos días, su mente sólo formaba un gran borrón cuando pensaba en eso.
Un día, sintiéndose mejor, salió de la cama por unos ruidos en su cocina, y se topó con que Andrómeda, a quien le había dado la viruela muy joven y ya no corría ningún peligro, intentaba averiguar cómo utilizar el microondas para calentar la comida que Hermione le enviaba. Teddy, a su lado, se lo explicaba con calma, paso a paso.
—Mira esto —Fue lo que dijo cuando se percató de que Harry andaba cerca, en lugar de saludar—, comida en envases de plástico…¿y qué clase de poción mal hecha es esta?
Andrómeda sostuvo una botella con un líquido oscuro y burbujeante, a la altura de sus ojos. Fruncía el ceño y los labios.
—Una Coca-Cola —respondió Harry, con la voz rasposa. Teddy había intentado abrazarlo, pero él lo mantuvo lejos, a pesar de que tampoco corría peligro, por lo que sólo le sostenía el brazo.
—Es un refresco, abuela Meda —indicó el chico, divertido.
—Refresco —La anciana resopló y lo hizo desaparecer con un simple giro de muñeca—. Sea lo que sea, no suena sano, ni bueno, ni nutritivo para un moribundo.
Harry intentó sonreírle.
—Yo no estoy-
Pero la mujer lo calló con un intimidante gesto.
—Deliras, no sabes ni cuál es tu verdadero estado actual —E ignorándolo con esas palabras, se dirigió a su nieto—. Teddy, cariño, pon junto a la cocina lo que trajimos. Harry va a necesitar una comida decente que sí lo ayude con esa enfermedad…
Andrómeda se tomaba su papel de abuela, quizás, demasiado en serio.
—Y por Merlín bendito, ¿por qué no te has conseguido a un elfo doméstico, muchacho? Al menos llama a Kreacher de vez en cuando. Esta casa es un asco…
Aunque, en el fondo, seguía siendo una Black.
Harry terminó comiendo algo que sonaba tan asqueroso como sabía, mientras Teddy le palmeaba la espalda y lo animaba con susurros lamentables. Cuando su abuela se despistaba, hacía muecas de desagrado y le decía que eso era lo que le había dado durante años cuando enfermaba.
Se prometió llevarle algunas provisiones extras a sus ahijado, cuando volviese a enfermarse.
Andrómeda no abandonó su casa hasta que Harry estuvo dormido de nuevo, en una cama en que se cambiaron las sábanas, y con sus pociones medicinales correspondientes en el estómago.
El día después de ese, Harry se despertó como un feliz rollito de mantas. Se sentía bien. Nada de brotes en la piel, sin fiebre, ni gripe. Pudo preparar su propia comida e incluso se sentó a comer viendo televisión, cosa que jamás hacía con los niños en casa.
Ginny se rehusó a enviar a los niños a casa tan pronto. Lo visitó, comprobó su estado, y le dejó una fotografía muggle tomada con la Polaroid que Scorpius amaba tanto; un patio que le era conocido, Lily con una varita de prácticas, James sobre la escoba, y Albus saludando a la cámara junto a Altair. Los había llevado a visitar a los Malfoy en cuanto los niños se curaron.
Ya que aún no tenía que volver al Ministerio y Ginny los cuidaba, Harry se dedicó a vaguear. Durmió toda la tarde, estuvo en la bañera hasta que se cansó del agua, pidió comida a domicilio, e incluso salió a volar en su escoba restaurada.
Fue un excelente día.
—0—
Por supuesto que Harry no sabía qué fecha era al segundo día de haberse recuperado. Lo único que tenía claro era que Teddy irrumpió en su chimenea y se apresuró a sujetarle los brazos y jalarlo.
—¿Qué pasa? Teddy, ¿qué pasa…?
—¡Se están peleando! —soltó, sin parar de jalarlo, lo que, considerando que ya estaba casi tan alto como él, tenía a Harry siguiéndolo a rastras—. Hechizos, maldiciones, en la casa de los Malfoy, y James y los demás están ahí…
—Teddy, ¿de qué...?
—¡Mortífagos en la casa de los Malfoy, padrino!
Harry se zafó de su agarre deprisa y saltó hacia la chimenea, atrayendo su varita con un accio. Tomó un puñado de polvos y los arrojó. Al parpadear, ya estaba saliendo a trompicones de una chimenea diferente, y el estallido a su espalda le advertía que Teddy lo siguió.
Quería gritarle que volviese, cuando otra exclamación cubrió el sonido de su voz.
—¡Sorpresa!
Casi se le resbaló la varita. Comenzó a preguntarse si no se había curado en realidad y las medicinas le producían estos sueños, cuando se fijó en la expresión entre divertida y culpable de Teddy, a su lado.
—Tenías que venir sin hacer preguntas…
—Oh, Merlín —Ginny se llevó las manos a la cadera y le dedicó una mirada severa a Teddy—, ¿qué fue lo que le dijiste?
—Que había Mortífagos aquí —replicó Harry, tenso.
—¿Y tú le creíste? —Draco arqueó las cejas. Lo que fuese que hubiese visto en su rostro después, bastó para suavizar su expresión y tono al acercarse—. No hay ningún Mortífago, Harry, tranquilo. Es una fiesta, feliz cumpleaños.
Mientras Draco reprendía a Teddy por sus palabras y este se disculpaba diciendo que entró en pánico, Harry asimilaba lo que escuchó. Medio segundo más tarde, Hermione y Ginny saltaban sobre él para abrazarlo y repetir esas dos palabras.
Feliz cumpleaños.
¿Qué?
Ron le palmeó la espalda en cuanto tuvo la oportunidad de aproximarse.
—Se nota que sí fue una sorpresa, compañero…
Lo fue. Vaya que lo fue.
—Ya que no pudimos ir a la playa el día en que lo prometiste, los niños estuvieron de acuerdo en que este sería un buen regalo de cumpleaños —explicó Ginny, apenas Harry fue rodeado por sus tres hijos. James se le colgó en un abrazo, Lily saltaba para mostrarle un dibujo, y Albus tiraba de su brazo.
—¡Feliz cumpleaños, papá!
—Feliz cumpleaños, papá.
—¡Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños, feliz cumpleaños…!
—¿Cuántos años cumples? —indagó James, con genuina curiosidad— ¿cien?
—Ciento uno —respondió Draco por él, con una sonrisita.
—Tenemos la misma edad —Harry le regresó la sonrisa, justo cuando él borraba la suya.
Luego se acercó Astoria para abrazarlo, junto a los mellizos. Ambos llevaban pequeñas cajitas; la de Scorpius contenía un broche de snitch para el cuello de la túnica, y la de Altair uno de un bowtruckle, porque todos deberían tener uno, según él.
Había una pancarta con una letra tan torcida y colorida que sólo pudo haber sido hecho por Lily, y algunos de sus platillos favoritos, entre ellos un pastel cortesía de Molly, que esperaba que pasase por La Madriguera al día siguiente.
—Gracias por la fiesta —susurró, inclinándose hacia Ginny, cuando Hermione llamó a los niños (y Teddy) para que se sentasen alrededor del pastel y esperasen a cantar el cumpleaños—, no era necesario.
—¿Y por qué me das las gracias a mí? —Ella se rio—. Cuando yo vine a buscarlos, ellos ya tenían la idea en mente y no aceptarían un "no" por respuesta. Me parece —Sonrió y se inclinó más cerca— que fue Draco quien se los dijo.
Harry observó a Draco de reojo. Él estaba ocupado respondiendo a una pregunta de Scorpius y no se percató de que lo hacía.
—0—
—¿Hay alguna razón por la que hayas querido hacer esto?
Los niños dormían en el cuarto de uno de los mellizos; por los dibujos en la pared, el montón de libros de cuentos en un estante, y la colección creciente de fotografías muggles, debía ser el de Scorpius. Este se encontraba tendido en la cama, abrazando una almohada que estaba entre Albus y él. Al otro lado, tenía a James. Lily se estiraba en la orilla inferior del colchón y Altair era un ovillo en la esquina.
Teddy se había ido con su abuela, Ron se despidió primero para ir a acostar a sus hijos en casa, y sólo era cuestión de tiempo para que Ginny y él recogiesen a los suyos para hacer lo mismo.
Hermione y Astoria terminaban de arreglar la sala de los Malfoy, mientras Ginny les servía un poco más de una bebida cuyo nombre Harry ni siquiera conocía, y las tres charlaban sin parar.
Ellos se encontraron a solas en el pasillo fuera de la habitación de Scorpius, cuando Draco salía de colocar a un rendido Altair en la cama. La pregunta se le escapó a Harry, sin que hubiese tenido tiempo para asimilar en verdad lo que quería saber con ella.
Draco lució confundido alrededor de medio segundo. Cerró la puerta despacio y lo encaró.
—Bueno, es tu cumpleaños, ¿no? ¿Necesitaban una razón para celebrarlo?
Arqueó un poco las cejas y Harry se sintió bastante idiota. No, claro que no. Sus amigos decidieron aprovechar que la viruela lo distraía para armar una fiesta sorpresa; Ginny solía decir que nunca podían hacerlo porque él era demasiado curioso y los descubría.
—Supongo que no —musitó. Cuando Draco estuvo a punto de pasarle por un lado y desaparecer en dirección a la cocina, se apresuró a sostenerle el brazo. Él se dio la vuelta de nuevo—. Gracias, Draco.
Lo vio encogerse de hombros.
—Yo sólo puse el lugar.
—Y la idea —agregó Harry, divertido—, ¿y qué hay de esos broches para la túnica de los mellizos?
Entonces se le dibujó una sonrisita.
—Bien —Draco rodó los ojos—, puede que hubiésemos estado un par de días planeándolo —Le restó importancia con un gesto—. ¿Qué te puedo decir? Por alguna extraña razón, Scorpius y Altair te quieren mucho.
—¿Sólo Scorpius y Altair? —se burló Harry, elevando las cejas.
—Y Astoria —puntualizó él, muy serio, sin signo alguno de estar por ceder—, le agradas un montón. Pero yo no actuaría muy arrogante por eso, a Astoria le agrada casi todo el mundo.
Harry bufó, pero terminó sonriendo contra su voluntad.
—Ten cuidado —advirtió, divertido—, si sigues haciendo cosas lindas por otras personas, la gente puede creer que te volviste un Gryffindor. O un Hufflepuff.
La expresión de practicado horror e indignación de Draco le arrancó una carcajada.
—Debería hechizarte para que nadie piense eso…—alegó, deslizando la varita fuera de su manga.
Harry boqueó, incrédulo.
—¡No lo harías sólo porque dije…!
Sí, lo hechizó. Luego echó a correr hacia la cocina y se resguardó detrás de Ginny, que junto a las otras dos brujas, se empezó a reír con fuerza cuando entró un Harry con el cabello demasiado lacio, cayéndole como un manto de negro sobre la cara e impidiendo que viese al mago del que pensaba vengarse tiñéndolo de "rojo Weasley".
Draco se escabulló lejos de él, evadió el hechizo mal apuntado, se escondió detrás de Hermione, y Harry le dio por error. Su cabello se alisó y se volvió de un intenso rojo.
—Te queda —mencionó Astoria, dando varios asentimientos. Hermione se tocaba el cabello, pensativa.
Después un hechizo anónimo que golpeó a Ginny le puso la cara verde y una nariz de duende, y ambos magos tuvieron que unir fuerzas para escapar de ella.
