Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Un regalo para Draco

Ellos llegaron para el cumpleaños número diez de James. Su hijo mayor fue un "regalo de navidad", lo que les alegró ese diciembre y supuso el doble de motivos para festejar en esas fechas. Sin embargo, ese año en particular, significaba problemas.

Para ser más precisos, dos pequeños problemas idénticos.

En el momento en que Luna Lovegood Scamander puso un pie en la sala de la casa de Godric's Hollow, Lily gritó por su madrina. Detrás de ella, por la chimenea, venían los gemelos. Entonces James gritó, Lorcan gritó, Lysander gritó, y como Lily no se podía quedar atrás como Banshee oficial de la familia, volvió a gritar.

De pronto, la casa de Harry era un caos de chillidos y niños emocionados que se abrazaban entre sí, porque James sólo mantenía una estrecha relación con los Scamander mediante un intercambio constante de cartas y fotografías, y charlas a través de espejos encantados a larga distancia. Las ocasiones en que Luna y su familia permanecían en el país por largos períodos de tiempo eran escasas en el mejor de los casos, hasta ese año.

Luna sonreía, con la taza que Harry le ofreció entre las manos, cuando le informó que se mudaban a Londres. No más viajes por su trabajo y el de Rolf. Querían estar en un hogar cálido y tranquilo el último año que les quedaba con los niños, antes de que fuesen a Hogwarts.

Entonces James y Lily, que escucharon la noticia, gritaron con más fuerza.

Como todavía no tenían casa, a Rolf le apenaba "molestar" a su suegro en el hogar de la infancia de su esposa, y Harry era débil de corazón, de repente había dos adultos y dos niños más en su casa.

En la noche, comenzaba a preguntarse qué tan mala idea podía ser. Luna cocinaba con magia, siguiendo de forma imprecisa las instrucciones de un libro de recetas, mientras Lily intentaba ayudarla imitando sus hechizos con la varita de prácticas, James no paraba de ponerse al día con los gemelos, y Albus escuchaba una historia sobre una criatura egipcia con forma de escorpión que Rolf catalogó semanas atrás.

Sólo serían dos semanas, tal vez tres. Era difícil conseguir un lugar decente en Londres y sus alrededores en plenas fiestas.

Y de nuevo, Harry era débil de corazón. Luna no sería nunca Hermione, pero compartían una relación que él valoraba, la apreciaba, admiraba, y no era capaz de negarse a algo tan simple.

¿Qué daño podía hacerles?

0—

Luna les enseñaba a sus gemelos a patinar. O más bien, ella daba vueltas gráciles de un lado al otro sobre unos patines que formó con magia, y pretendía dirigir al resto, pero se distraía con facilidad, así que Rolf era quien llevaba de las manos a un temeroso Lysander. James le daba empujones no tan delicados a Lorcan para que se moviese y Lily lo alentaba con esa energía suya que no permitía una negativa por respuesta.

Albus, por suerte, estaba más concentrado en crear un muñeco de nieve que se pareciese a Teddy, usando su varita de prácticas solamente. El adolescente de cabello azul modelaba con aire altivo y vigilaba que los niños no empezaran a pelearse de pronto.

Ginny estaba de visita. O eso se suponía. Harry y ella conversaban en una banca libre de congelamiento gracias a una capa de hechizos de calor, con tazas de chocolate en las manos, cuando su ex esposa decidió soltarle la noticia.

—Me dieron un puesto de entrenadora, así que voy a mudarme a Londres y sólo viajaré para algunos partidos de visitantes.

Le enseñó una sonrisa tímida, detalle extraño tratándose de ella. Harry prácticamente se lanzó a abrazarla, porque sabía que Ginny buscaba ese puesto desde hace años; a pesar de que los magos eran capaces de jugar de forma profesional sin problemas hasta después de los cuarenta años, ya que sus vidas eran largas y sus constituciones un poco diferentes a las de los muggles, la vida que podía llevar como jugadora internacional no era la misma de una entrenadora.

Claro que a Harry le emocionaba. Y cuando los niños se enteraron, hubo más chillidos, gritos, abrazos, y un par de lágrimas de una demasiado contenta Lily.

Y así fue cómo Ginny también se empezó a hospedar en la casa de Godric's Hollow, mientras conseguía un lugar propio.

Debería irme a La Madriguera —insistía ella.

No, no —Se negaba Harry, testarudo—, casi es navidad y los niños aman que estés aquí.

Somos demasiados.

En La Madriguera también, con todos viniendo de visita, pero aquí hay más espacio.

Ese argumento zanjaba el asunto, hasta que Ginny probaba con otra técnica. Ni estorbaba, ni incomodaba por ser su ex, ni causaba algún tipo de problema, así que Harry seguía negándose. Sí, Ginny dormía en el cuarto de Lily, pero la niña estaba encantada por el tiempo que compartía con su madre y la atención que recibía, y además ayudaba a Harry a cuidarlos.

Otra vez, ¿qué daño podía hacer?

Él acompañaría a Ginny cuando buscase un lugar con cuartos suficientes para los niños, ella le pediría su opinión, y en poco tiempo, habría tres pequeños Potter felices por verla con mayor frecuencia. Todos salían ganando.

0—

No, Harry quizás no salía ganando con este trato, pero ya era un poco tarde para pensar en eso.

Renovaba hechizos de seguridad en la cocina cada dos días, porque Rolf corría más riesgos de quemarse que los mismos niños, James pretendía presumir de unas dotes culinarias que no tenía frente a los gemelos (de momento, sólo sabía preparar huevos y tostadas francesas), el desastre de pergaminos era la nueva decoración en la casa, y Albus y Lily se peleaban por el tiempo con su madre, jalando cada uno de un brazo de Ginny.

Harry, sentado en el sofá de la sala, llevaba veinte minutos intentando redactar una carta importantísima, y sólo tenía las primeras dos líneas, porque cuando estaba a punto de concentrarse y retomar su idea, alguien gritaba, Luna tiraba algo por accidente, un juguete pasaba por encima de su cabeza, o quien fuese se acercaba para decirle algo.

Comenzaba a entender cómo debía sentirse Molly Weasley cuando su grupo de hijos y la amplia gama de nietos se quedaban en su casa por las fiestas. ¿Y él quería más hijos? Gracias a Merlín que Ginny le puso un alto a eso. Recordaba sus palabras exactas: "si quieres el cuarto, lo tendrás que llevar tú en el vientre y pujar para sacarlo, Harry". Y se acabó el tema.

La cordura de Harry peligraba. Apenas la noche anterior, cuando fue a la cocina por un vaso de agua, descubrió a James y los gemelos Scamander en una especie de conspiración en el comedor. Tenían la capa de invisibilidad que solía estar bien guardada en su oficina, unas varitas de prácticas, y tales expresiones de Merodeadores, que su abuelo James hubiese estado orgulloso, pero alertaron a Harry de inmediato.

Quizás el que esos tres compartiesen cuarto durante su estadía no había sido la mejor de sus decisiones, ¿pero dónde más los pondría? Aparecer un cuarto requería más esfuerzo del que uno podía pensar, y suponía alterar las barreras puestas en toda la casa; era más simple adaptarse.

Otra cosa sobre los niños es que discutían mucho y con frecuencia, y aunque solían arreglarse igual de rápido, Harry no podía sólo ignorarlos. La única vez que utilizó un silencio, al retirarlo, se percató de que Rolf intentaba apagar las llamas en su cocina y James realizaba un aguamenti demasiado débil para lograrlo por sí mismo; las alertas mágicas que tenía allí le avisaron, pero él no las percibió.

Entonces, cuando creía que su cabeza explotaría, la chimenea tuvo varios estallidos verdes, y Harry temió por su integridad.

Astoria lo saludó con una sonrisa y un beso en la mejilla. Scorpius llevaba un micropuff en las manos, que corrió a enseñarle a Albus, y Altair tenía a su bowtruckle en el hombro.

Más niños. Perfecto.

Draco, el último en salir de la chimenea, se acercó con cautela, echando vistazos disimulados alrededor.

—Harry, no quiero asustarte —mencionó, despacio—, pero tus hijos se multiplicaron.

Harry dejó escapar una risita sospechosamente similar al llanto y se apresuró a desaparecer la carta que no terminaría de escribir esa tarde. Se resignó a hacerla por la noche, en su habitación, con la idea de que los demás dormían.

—Son los Scamander —explicó, en voz baja—, los hijos de Luna.

—¿Lovegood? —Draco arqueó las cejas— ¿la chiflada?

Harry le dedicó una mirada de advertencia. Él alzó las manos, pidiendo paz.

—En mi defensa —alegó Draco—, incluso tus amigos le decían así.

No podía negarlo. Resopló y Draco tomó asiento a su lado, manteniendo una distancia apropiada entre sí y el bullicio general formado en la cocina, después de saludar a Ginny desde ahí.

—Ella nos invitó —aclaró, apuntándola.

Harry lloriqueó. Cuando Draco le dio una palmadita en la espalda, sin pensarlo siquiera, se inclinó hacia él y apoyó la cabeza en su hombro.

Oh.

Su colonia tenía un olor fascinante, ¿por qué jamás se fijó? ¿Era nueva?

—¿Me estás olfateando, Potter? —inquirió Draco, con un tono que se encontraba en algún punto entre la burla y la incredulidad.

—Merlín, ¿qué llevas encima? —espetó él, ignorándolo— ¿gotas de Amortentia?

—Claro, Potter, me puse unas gotas de Amortentia para venir a tu casa, por supuesto, es parte de un plan para seducir a Ginevra.

Harry tenía la nariz enterrada en su cuello para entonces y se detuvo. No pudo evitar arrugarla, debido a la leve punzada de desagrado que experimentó.

—No eres su tipo —susurró Harry, rozándole el costado de la garganta con la punta de la nariz.

—Seguramente sus gustos habrán mejorado desde que estuvo contigo —Percibió la débil vibración de su risa cuando Harry en serio se quejó. Draco le puso una mano en el hombro, aunque no lo empujó lejos—. Ya, ya, los celos son una cosa absurda, nunca me han gustado los pelirrojos.

Sí, era absurdo. En especial porque una parte de él se tranquilizó al oírlo.

Se preguntó si de verdad habría tenido un instante de celos por su ex y luego descartó la idea. Ginny y él eran amigos desde hace años, y les iba mejor así.

Pero entonces la otra opción era…

Harry se apartó lentamente. No demasiado. Su rostro quedó cerca del de Draco, que se giró y lo encaró, dirigiéndole una mirada limpia e inquisitiva.

—Cuando estábamos en Hogwarts —Las palabras brotaron, sin que él tuviese capacidad para retenerlas—, a veces te veía y pensaba que tenías ojos de mentiroso. Ojos malos.

Draco elevó una perfecta ceja del mismo rubio que su cabello. El gesto resultaba casi divertido por la solemnidad con que lo realizaba.

—¿Qué quiere decir eso?

—Que escondías cosas desagradables, que no te dejabas ver en realidad —Harry se encogió de hombros—, no lo sé, tenía quince años y era idiota.

La afirmación dibujó una media sonrisa en Draco. Le gustó ese resultado.

—Ya lo creo —respondió, en el mismo tono bajo—, ¿ahora no los tengo así?

Harry sacudió la cabeza. Después Astoria llamó a Draco, el contacto visual se rompió, y él se levantó para meterse en la "zona de desastre", antes conocida como "cocina".

Tenia la vaga impresión de que acababa de suceder algo más que una tonta charla sobre pensamientos de dos décadas atrás. Negó y decidió concentrarse en lo que importaba.

Necesitaba asegurarse de que esa noche fuese tranquila. Había una carta que debía ser escrita y enviada.

0

El día de navidad, Harry se obligó a arrastrarse fuera de la cama cuando el sol apenas estaba saliendo. Contuvo sus bostezos, se vistió deprisa, y se bebió dos tazas de café. Albus se había quedado dormido en su cama, cuando él le contaba una historia, pero ya que no iba a estar ahí, decidió dejarlo en vez de moverlo a su propio cuarto.

Comprobó que Lily siguiese en su cama, entre cobijas rosas, peluches y los brazos de su madre. Ginny también dormía profundamente. Rolf y Luna no se encontraban por ninguna parte, así que supuso que no se levantaron aún.

Continuó hacia el cuarto que compartía James con los gemelos; su hijo roncaba, estirado de un extremo del colchón al otro, con una pierna encima de una de las de Lorcan, y en algún punto de la noche, tiraron a Lysander al suelo. Estaba enrollado en una manta y no parecía importarle en lo más mínimo, porque no se despertó ni se trasladó a una de las camas extras que instalaron en vano. Harry se apiadó de él y lo levitó a la cama más próxima.

Todo en orden.

Harry recogió la "sorpresa", un abrigo, su varita, y tomó la chimenea, procurando hacer el menor ruido posible. Era una suerte que, desde que se conectaron ambas red flu, tenía acceso permanente.

Fue a parar a la sala en que los Malfoy recibían a sus invitados, en la casita pintoresca de cuento de hadas. En pleno amanecer de navidad, ellos debían estar en el techo, así que los esperó junto a las escaleras, inquieto. Cambiaba su peso de un pie al otro, se pasaba las manos por el cabello, apretaba el paquete que tenía entre las manos, incluso se mordió el labio con más fuerza de la necesaria.

Draco fue el primero en bajar. A pesar de que lo observó por un largo momento, todavía a varios escalones de distancia, no se mostró particularmente sorprendido; debió notarlo a través de las barreras.

—¿Es demasiado temprano o demasiado tarde para una visita? —Harry intentó sonreírle. Luego vio más allá de él—. Buenos días, Astoria. Feliz navidad.

Astoria bajaba con los mellizos a cada lado, agarrándose de sus manos. Scorpius tenía una sonrisita somnolienta y Altair se cubría la boca al bostezar. Su bowtruckle también lo hacía.

—Feliz navidad, Harry —Astoria no pareció impresionada porque estuviese allí a esa hora. Después de que los niños lo hubiesen saludado, volvió a sostener sus manos y se excusó—. Voy a acostarlos, nos faltan unas horas de sueño a todos. ¿Nos vemos mañana en tu casa? Scorpius estuvo una semana pensando en el regalo para Albus y Altair tiene una nueva corona para Lily- oh, ¡pero no le digas!

Harry asintió y los vio desaparecer por el pasillo que daba hacia los cuartos. Se fijó en Draco, de nuevo.

—Feliz navidad.

Y volvía a balancearse sobre sus pies.

—Sí —Draco se restregó la cara—, feliz navidad, y todo lo demás.

Ya que Harry se mordió el labio por un instante, él se palmeó las mejillas y se concentró en verdad en lo que sucedía.

—¿Pasa algo?

Entonces Harry le tendió una mano.

—¿Puedes tomar un abrigo y venir al punto de Aparición conmigo?

Draco parpadeó por unos segundos, como si dudase de su mente. Vio su mano, a Harry, de vuelta a su mano.

—Bueno, ya qué.

Atrajo un abrigo con un accio, se puso un amuleto de calor encima, y dejó que Harry lo llevase al punto de Aparición. No preguntó, aunque no paraba de observarlo con suspicacia.

0—

—Sea lo que sea que…

Se calló. Draco veía el lugar con una expresión que le recordaba al fin de la Batalla de Hogwarts, cuando las personas corrían por el Gran Comedor y se percataban de que un ser querido que creyeron muerto en realidad seguía con vida.

Harry lo observaba a él.

—Oh, Merlín —exhaló Draco, con un hilo de voz.

Conocía ese patio inmenso, ese sendero que guiaba desde las rejas a la entrada, ese edificio. Le hacían falta cuidados, una capa de pintura, recortar el césped. Quizás añadir un pavo real albino que pululase por ahí, con aire de suficiencia.

A pesar de que Harry había intentado devolverle su antigua gloria, existía muchos detalles que desconocía, y la mayor parte de sus esfuerzos se fueron en el interior, donde encontró muebles que reparar, salones que limpiar y acomodar. El tiempo le fue insuficiente desde que obtuvo el permiso para entrar, y sentía que no podía esperar más.

La manera en que Draco lo miró al reaccionar le hizo sentir que valió la pena.

—¿Cómo…?

—Traje a un Inefable, a los Aurores que trabajan con objetos de magia negra, el Jefe de Aurores, me metí dos veces a la oficina del Ministro sin permiso…—Harry se encogió de hombros—. Es tuya, Draco. Sé que me dijiste que no traerías a los mellizos a vivir aquí, pero sigue siendo tu casa por derecho, y debería haber sido tu decisión si querías o no quedarte.

Harry le ofreció el paquete que llevaba consigo.

—Los papeles, un certificado de seguridad, algunos artículos que adaptarán tus barreras. Todo lo he revisado yo, supuse que no confiarías demasiado en los otros Aurores…

—Oh, Merlín —repitió Draco, mirando la casa de nuevo. Regresó a Harry enseguida—. ¿Por qué?

Por un instante, Harry sólo lo observó y se dio cuenta de cómo, de a qué magnitud, llegaba a reflejarse en él. Y dolió.

Nadie debería dudar sobre el por qué se merece las cosas buenas que otros quieren hacer por ellos.

—Porque, aparentemente, salvé el culo de todos en el Ministerio hace años, incluyendo el Ministro, y tengo que hacer unas rabietas de niño-que-vivió de vez en cuando, para no perder la práctica.

Harry sonrió. Draco apretó los labios para contener su propia sonrisa y negó. Estaba bien así. No necesitaba explicaciones complejas, ni era algo sencillo de poner en palabras.

De cualquier modo, la respuesta flotaba en el espacio entre ellos, casi tangible.

—Necesitará muchas remodelaciones —susurró Draco, volviendo su atención a la Mansión Malfoy. Él asintió.

—Lo he intentado, en serio, pero tendrás que poner tú el "toque Malfoy". ¿Quieres echar un vistazo?

Se pasaron la primera hora de la mañana recorriendo una casa que había visto mejores tiempos. Draco hacía comentarios sobre cambiar la tapicería, modernizar un poco, artículos de sus padres de los que pretendía deshacerse o enviar a Francia. Veía a Harry de reojo de vez en cuando y este le respondía con sus propias opiniones, como si tuviese algún tipo de voz y voto en aquel lugar que sólo supuso malos recuerdos, hasta ese día.

—Tengo que admitir —mencionó Draco, entrechocando sus hombros, cuando se detuvieron en lo alto de las escaleras principales para tener una vista completa del vestíbulo— que me agrada mucho más la versión adulta de Harry Potter.

—Tú tampoco estás mal —replicó él, devolviéndole ese débil empujón—, podrías ser un poco menos presumido, pero, oye, es una gran mejoría en relación a tu "yo" adolescente…

Draco rodó los ojos y no contestó con palabras. El brillo en sus ojos al ver su viejo hogar lo hacía por él.