Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


El descubrimiento de Harry Potter

—…oye, ¿pero te gusta Malfoy o qué?

—¿Qué? —replicó Harry, dejando que el pastelillo que mordía se le resbalase. Maniobró para atraparlo en el aire y suspiró al no tirarlo al suelo.

El encargado de arrojar la pregunta fue Ron. Por la reprimenda que se ganó de Hermione, estaba claro que ella no pretendía que lo hiciese con la boca llena de comida, tendido en el sofá de la casa Weasley-Granger, mientras Harry se atragantaba con las pruebas de dulces para el cumpleaños de Rose; a sus amigos les gustaba saber con antelación de una semana lo que le servirían al ejército Weasley que venía a visitarlos.

—Que si te gusta Malfoy —siguió Ron, después de tragar una trufa de chocolate. Le dijo a su esposa que estaba deliciosa y se estiró para tomar otra, pero Hermione le dio un manotazo en el dorso de la mano, le ofreció una a Harry antes de que se acabasen, y luego dejó la última bandeja en la mesita entre sus asientos.

Ella se sentó a un lado de Harry y sólo escogió una tacita de té. El azúcar levitó para hundirse en el líquido y la cucharilla se movió por su cuenta.

—Lo que Ron intenta decir, pero no puede porque se olvida de masticar primero —intervino Hermione, más calmada—, era que queríamos hablar contigo sobre lo…sobre lo tuyo con Draco.

—¿Lo mío con Draco? —Harry masticaba muy, muy despacio, pasando la mirada de uno al otro. Encaró a Hermione, recargándose en uno de los reposabrazos del mueble—. ¿Y qué es lo "mío" con Draco?

—Bueno —Ella carraspeó y echó un rápido vistazo a Ron—, hemos notado, de hace un tiempo para acá, que…

—Que te gusta Malfoy —La interrumpió Ron, sin ninguna delicadeza. Se lamió el chocolate de los dedos, provocando que su esposa arrugase la nariz—, y que si no te gusta, pues actúas como si te gustase, amigo.

—…tu actitud hacia él tiene ciertas características —continuaba ella, en tono contenido— que nosotros, como tus amigos desde hace más de veinte años, siempre hemos visto cuando tú te sientes un poco-

—¿Te gusta Malfoy o no? —insistió Ron, frunciendo el ceño porque su esposa no le dejase comer más trufas de chocolate, alegando que consumía demasiada azúcar. Se contentó con un pastelillo de avena.

Harry volvía a masticar una trufa, esta vez para ganar tiempo.

—¿Por qué tienen esa idea?

El matrimonio Weasley-Granger intercambió miradas. Hermione carraspeó.

—Bueno, hablas mucho de él, lo visitas con cierta frecuencia, salen de vez en cuando en su tiempo libre, tienes una sonrisita cuando regresas-

—Y está el ataque de celos hacia Zabini en el Callejón Diagón —añadió Ron, apuntándolo con su pastelillo a medio comer—, eso nos dio una pista.

Harry dejó escapar una risita incrédula.

—Yo no tuve un ataque de celos, pensé que estaban en una cita y huí-

—¿Y por qué te metiste en medio de los dos, si pensaste que era una cita? —indagó su amiga, más conciliadora.

—¡Porque no sabía que era Zabini, sólo vi a Draco desde afuera! —espetó Harry, igual que había hecho ese día.

—¿Y por qué te pusiste así en primer lugar, Harry?

—Bueno, es que ellos- ellos tienen una relación extraña, y yo-

—Estaban en una tienda de ropa —recordó Ron, en voz más baja—, comprando una túnica.

—Sólo pensé en saludar a Draco y me lo encontré a él, y no creo que sea para-

La mirada escéptica de Hermione lo silenció. Incluso Ron empezaba a verlo con lástima.

—No me gusta Draco —Harry soltó otra risita tensa—, eso sería- sería- no me gusta, ¿de acuerdo? Lo pensé, yo- yo también me lo pregunté, pero no. Lo dicen sólo porque nos llevamos bien ahora, pero es que los chicos han sido amigos por algunos años y nos hemos visto demasiadas veces para mantener una tonta rivalidad de la-

Hermione colocó una mano sobre el dorso de la suya. Mala señal. No le iba a gustar lo que soltaría a continuación.

—Harry, entiendo que puede resultar un poco shockeante, porque es…es Draco Malfoy y ustedes dos tienen su historia, y no ha sido fácil que lleguen a este término. Pero, quizás, existe una posibilidad de que conocerse mejor, en un ambiente sin las hostilidades de la guerra y los prejuicios, te hiciese…desarrollar algunos sentimientos diferentes…

Harry abrió la boca, dispuesto a negarlo, como venía haciendo consigo mismo las últimas semanas. Entonces pensó en el amanecer en la Mansión Malfoy, en Draco recargándose en la barandilla de las escaleras, sus ojos puestos en el vestíbulo, el brillo de los primeros rayos de luz alcanzándolo a través de ventanas con cortinas abiertas. Esa media sonrisa en su rostro. La forma en que lo miraba.

Cerró la boca y observó a su amiga con un mal disimulado horror.

—No —Intentó reírse de nuevo, ¡era absurdo!—. No, no me confundas, Draco y yo- Draco y yo-

Draco y yo, repitió. Draco y yo.

Oh, mierda. No.

—Draco es…yo…

—Es agradable ahora, ¿verdad? —intervino Ron. Harry lo miró, aturdido. Su amigo se encogió de hombros, y contra las indicaciones de Hermione, se robó una trufa de la bandeja antes de seguir:—. No digo que yo lo haría mi mejor amigo, ni que sea el mejor sujeto del mundo, y no le vayas a contar que dije eso de él, pero- me refiero a que, bueno, ya ves, no le ha dicho a Hermione sangresucia, por ejemplo.

—Ni una vez —afirmó ella, asintiendo—, ni insinuado algo al respecto, ni nada parecido. Se ha vuelto un adulto respetuoso, y aunque es bastante obvio que mantiene ciertas conductas de sangrepura, incluso ha discutido con padres de la escuela que todavía no reaccionan y creen que los hijos de muggles son menos. Se ofreció a ayudarme con el programa de integración y siempre responde a mis preguntas sobre cultura sangrepura, e incluso me dio algunas ideas para unir ambas tradiciones en actividades para los niños…

—Y es amigo de Ginny —añadió Ron, agitando las manos, como si aquello significase algo en serio relevante—, y no es que sólo hablen un rato cuando se encuentran, es que Ginny fue a ver apartamentos que él le recomendó. Salen a comer, estuvieron juntos en algunas actividades de padres en la escuela que Hermione organizó, ¡mi hermana le pidió su opinión sobre el vestido que usaría para una ceremonia! Creo que fueron de compras juntos.

—También tiene su atractivo —alegó Hermione. Ron se giró hacia su esposa en cuanto lo dijo. Ella rodó los ojos—, me refiero a si te gustan los hombres altos, rubios y de ojos grises. Oh, por favor- ¡Ron!

—Eso no estaba ahí cuando hablamos de esto —dijo él, luciendo sorprendido—, ¿en qué momento comenzó a parecerte atractivo Malfoy?

De pronto, Hermione y Harry se reían con fuerza, mientras Ron arrugaba el entrecejo y parecía tener ante sí un misterio que sólo los mejores magos eran capaces de comprender.

—El punto es que —continuó su amiga, sacudiendo una mano en el aire—, si te gusta, es comprensible, no tiene nada de malo, y puedes hablar con nosotros del tema, Harry. O no hacerlo, eso es tu decisión. Sólo queríamos que supieras que escucharemos.

Harry se fijó en su mejor amigo, de nuevo. Ron paró de darle vueltas a lo que fuese que no entendía, parpadeó, y boqueó por un instante.

—Ah, sí, es- ¡vamos, amigo! Sabes que puedes decirnos lo que sea. Ya te vi tener una obsesión con él en sexto año, esto tampoco es lo más raro que te ha sucedido —Ron se encogió de hombros—. Y si te gusta, te gusta.

Harry esbozó una sonrisita y bajó la mirada por unos segundos.

—¿Quieres otra trufa? —ofreció Hermione, con obvias intenciones de ayudarlo a asimilar todo.

—¿Por qué yo no puedo tener otra? —protestaba Ron, sacándole una risita—. Estoy seguro de que Harry come tanta o más azúcar que yo, porque a él nadie lo detiene…

Harry comió más trufas y pastelillos, y los vio discutir sobre el regalo que querían darle a Rose, trabajo, una remodelación de la casa, un artículo que George estaba probando, y el primer juego de Ginny como entrenadora. La plática fluía sin pausas, había risas colándose de por medio, Hermione regañaba su esposo, y Ron utilizaba la técnica infalible que salvaba su matrimonio: cuando ella dejaba la sala enojada por un momento, le respondía "te amooooooo" (sí, alargando la vocal), hasta que refunfuñase por eso en lugar de lo que la molestaba antes, o se echase a reír.

—Siempre me ha funcionado —aseguraba él, relajándose en el sofá. Desde la cocina, Hermione se quejaba de que ya parase de decirlo en situaciones así, pero su voz se distorsionaba por la risa. Ron le dedicó a Harry una mirada de "¿lo ves?".

Harry se recargó en el respaldar del sofá, recibió la taza de té que su amiga le ofreció después, apoyó la cabeza en su hombro, y ambos escucharon con atención la travesía de Ron de esa mañana, con su madre, comprando en el Callejón Diagón. Lo hacía sonar tan difícil como la búsqueda de los Horrocruxes.

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Los Scamander consiguieron una casa no muy lejos de Godric's Hollow poco antes de que Ginny también se fuese, lo que significaba que James solía escabullirse por la chimenea para ir por los gemelos. Ese día, su conspiración tenía que ver con gnomos, los Jones, y una maleta de Rolf. Luna le aseguró que estaba bien si su hijo pasaba la tarde allí.

Albus y Lily, en cambio, se encontraban en otro sitio. Cuando Harry salió de la chimenea de los Malfoy, lo primero que percibió fue el sonido de risas.

En la sala donde instalaron un televisor a prueba de magia, los mellizos Malfoy, sus dos hijos y Astoria ocupaban un mueble ampliado con un hechizo, convertidos en cinco bultos de mantas y palomitas. Veían una caricatura con una criatura naranja de bigote y unos árboles que lucían peludos.

La bruja lo saludó con una sonrisa y le pidió que no hiciese ruido; los niños estaban concentrados en la película. Harry asintió, besó la cabeza de Lily al pasar detrás del mueble, y a Albus le revolvió el cabello, arrancándole un débil quejido, en su camino hacia el pasillo. Astoria le echó un vistazo por encima del hombro, apuntó en determinada dirección, y luego siguió centrada en la pantalla, abrazando a Altair.

Encontró a Draco en la pequeña habitación que utilizaba como oficina para la administración de los bienes familiares; un escritorio, estantes hasta el techo, algunos archiveros, y una bonita vista del patio, de la zona de plantas en que Altair solía instalarse, por si se metía en problemas con su varita de prácticas. Leía una carta cuando él entró, lo saludó con un cabeceo, y después soltó un:

—¿Puedes creer que Ginevra me preguntó si me gustabas de una forma, ya sabes, romántica?

Harry deseó haberse quedado en su casa. Podría haberle pedido a Ginny que buscase a los niños, y él ir por James más tarde.

—¿Qué?

—Eso le respondí yo —contestó Draco, dejando escapar una risa extraña—, un "¿qué?". Y luego le dije "¿bebiste demasiado después del partido que ganó tu equipo?".

Harry también intentó reírse.

—Qué locura —murmuró, tenso. Se aclaró la garganta para no sonar tan afectado—, ¿de dónde habrá sacado esa idea?

Draco lo observó por un instante, con una expresión casi cautelosa. Terminó por encogerse de hombros.

—No lo sé —dijo después, sin reír.

Harry abrió la boca y las palabras murieron en la punta de su lengua. Bajó la mirada al suelo y se pasó una mano por el cabello.

—Quería-

—Estaba pensando-

Hablaron al mismo tiempo y se callaron igual de rápido. Harry se mordió el labio, Draco apretó los suyos y rodó los ojos.

—Tú primero, Potter, que luego te distraes y se te olvida.

Él protestó, alegando que no era tan despistado.

—Venía a invitarte a comer en un local nuevo que tiene como mil tipos de cafés- ni siquiera sabía que hubiesen tantos —Se metió las manos en los bolsillos del pantalón y contuvo el impulso de huir. Eres un Gryffindor, se dijo, eres un Gryffindor. El Sombrero no te puso en esa Casa en Hogwarts para que salieses corriendo ahora. ¡Venciste a un mago oscuro, Harry!—. Hay tartas y tienen esa receta extraña que te gusta con la capa de caramelo encima que, uhm…

—En serio quiero ir, Pansy me lo recomendó. ¿El viernes?

Harry asintió y se obligó a no morderse el labio de nuevo, porque si lo hacía tan seguido, él podría empezar a sospechar.

—¿Y tú? ¿Qué querías decirme? —indagó, en voz más baja.

—Ah —Draco observó su escritorio cubierto de papeles, tamborileó con los dedos sobre la madera, y volvió a fijarse en él—, no es importante. Quiero cambiar las vidrieras de la Mansión y poner unos muebles nuevos, pero me aburre ir solo a esas tiendas todo el día. Astoria va a quedarse aquí por un tiempo, pero no quiere venir conmigo, y…

Dejó las palabras en el aire. Ya que Harry no reaccionó, volvió a apartar la mirada.

—Claro que puedo pedírselo a alguien más o ir solo, no es la gran cosa, al final soy yo quien decide qué hacer en esa vieja casa…

Harry soltó algo que sonó a un "nonono" y empezó a gesticular deprisa con las manos. Luego se echó a reír y le sacó una leve sonrisa a Draco.

—Me gustaría ir, sí voy, es- te acompaño, claro. Ahm- ¿el sábado?

—Mejor el domingo, si puedes —replicó Draco, negando—. El sábado Astoria va a estar en crisis porque Letia y ella van a terminar de sacar sus cosas de la casa, y quiero estar aquí cuando regrese.

—Pobrecita.

Draco se encogió de hombros.

—Las relaciones terminan, Harry.

No estuvo más de cinco minutos en la casa después de eso. Una parte de él estaba feliz por la perspectiva de verlo dos días más esa misma semana. La otra era un miniHarry asustado que quería meterse a una cueva y no volver a ver la luz.

Astoria le prometió llevarle a los niños a casa de Ginny un rato más tarde, porque pensaban hacer galletas, y Lily estaba muy emocionada con un cortador en forma de diadema que le consiguió. Se despidió de sus hijos, le hizo cosquillas al bowtruckle de Altair, arrancándole una risita al niño por la manera en que su mascota se retorcía, y evadió al micropuff de Scorpius que quería cariñitos.

Tomó la chimenea hacia la casa Weasley-Granger, en lugar de la suya. Ron colocaba unas guirnaldas en la sala para la fiesta del día siguiente y Hermione leía en voz alta una lista de pendientes, cuando Harry irrumpió en su sala, mortalmente pálido.

Hugo, que merendaba en el sofá, le ofreció una de sus galletas de chispas de chocolate. Harry se sentó a su lado, le agradeció, la masticó despacio, y buscó conectar su boca a su cerebro de nuevo.

Para cuando lo logró, sus dos amigos ya estaban frente a él, observándolo con preocupación y preguntando qué le pasaba.

—Sí me gusta Draco —musitó.

Luego utilizó un hechizo cambiapalabras para maldecir sin que su sobrino lo oyese, se comió otra galleta que Hugo le tendió, y se lamentó de su mala suerte.