Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


La charla de los "dos papás"

Su rutina era bastante inusual. Sólo eso podía explicar que fuese la segunda noche de Draco quedándose en Godric's Hollow, y que Harry estuviese medio recostado, medio sentado en su cama, observándolo a través de la puerta abierta que daba al baño privado.

Los mellizos se quedaban con Astoria, quien decidió llevar a sus hijos con los miembros de la familia Greengrass, patinar y hacer muñecos de nieve. Pasaban de las once de la noche, era fin de semana, y Harry había retirado los encantamientos silenciadores y de cerradura de su habitación un rato atrás. No se era demasiado precavido con Lily, quien siempre quería salir de su cuarto para robar un bocadillo nocturno, ni Albus, que a veces tenía pesadillas o caminaba hacia la cocina por agua a mitad de la noche.

Debía admitir que tenía cierta gracia estar ahí, mirando a Draco Malfoy, de entre todas las personas, cubriendo su rostro con crema. No era el tipo de imagen que hubiese asociado con él antes; cuando comenzó a pasar la noche entera, fue que descubrió esa pequeña rutina. Del cuello hacia abajo una crema, otra para la cara. Sus movimientos eran cuidadosos, lentos, y se colocaba encima una bata de baño que dejó en casa de Harry, medio abierta, para permitir que la loción terminase de secarse de forma natural. Por el efecto mágico acelerado, demoraba un minuto en absorberse.

No quería ni pensar en la rutina para el cabello. Un día, apareció un envase extraño en su ducha. Draco lo excusó con que no podía usar cualquier producto capilar por alguna alergia. Bien. De pronto, cuando se dio cuenta, tenía que colocar una segunda repisa, porque había más de seis envases, algunos incluso eran el mismo producto, pero con diferentes ingredientes, y Harry no entendía el orden en que los usaba, o por qué los cambiaba.

Al igual que con la crema corporal, lo veía peinarse despacio, con una sensación bastante similar al afecto. Sencillamente había transcurrido un tiempo desde que hubo alguien más dando vueltas por su cuarto, con sus propias rutinas, y le agradaba su presencia. Sin escándalos, sin irrumpir para desorganizar la manera en que Harry vivía sus días; Draco aguardaba a que él se bañase primero, porque sabía que tomaría el baño por más tiempo que Harry, y se dedicaba a sus propios asuntos con tanta naturalidad como si siempre lo hubiese hecho.

—Ya está —Draco exhaló al levitar uno de los envases a la repisa que solía estar desocupada antes de su llegada, comprobó que su cabello no le cayese sobre la cara, y abandonó el baño. Otro envase flotó detrás de él.

Aquello también era una nueva adición y la razón de que Harry se limitase a aguardar. Él se sentaba en el borde de la cama, Draco abría la bata de baño y la bajaba hasta que sólo le cubría por debajo de la cadera, y se acomodaba sobre su regazo.

Tenía hechizos para colocarse la crema donde le era más difícil alcanzar con sus propias manos, por supuesto, lo había observado usarlos la primera noche en que se quedaron juntos, pero no tomaba demasiado tiempo, no era una tarea difícil, a Harry le gustaba pasar las manos por su espalda, y últimamente se entretenía contando esos diminutos lunares que había encontrado allí. Juraba que tenían formas de constelaciones y Draco se reía, cómodo sobre su regazo y dejándose hacer.

—…bueno, para las manos, claro —Y las conversaciones. No había que olvidar las conversaciones cuando Harry le hacía una pregunta sobre algún producto o su utilidad, y Draco se lo explicaba con esa paciencia que dirigiría a un niño que no sabe de lo que habla—. Los jugadores profesionales de Quidditch las usan, sino, ¿cómo crees que evitaba que sus manos estén tan llenas de callos?

Harry lo sopesó un instante, mientras sus manos vagaba por la espalda de Draco, llenándole la piel de la crema y repasando un recorrido en que unía algunas "estrellas" de lunares.

—Nunca he oído que alguien que juegue Quidditch lo haga, en realidad —Se encogió de hombros, pese a que él no pudiese verlo de espaldas.

—Todos lo hacen, créeme, es una forma de prevención también. Como los productos de la cara que reducen el efecto del sol sobre la piel…

—¿Y qué pasa con el sol?

Escuchó un sonido estrangulado y notó que sus hombros se sacudían con la risa contenida.

—¿Qué? —indagó Harry, rodeándolo con los brazos, con cuidado de no pegarse a su espalda y arruinar su "trabajo". Draco giró el rostro, le besó la mejilla, y le advirtió que pondría sus lentes donde no pudiese atraerlos con un accio por la mañana, si se le ocurría quitarle la crema que se le estaba secando—. Siempre tan dulce…

—No creo que haya sido por mi "dulzura" que estás conmigo —alegó Draco, desdeñoso.

Sí, estaba ese pequeño detalle. No les cabía duda de que tenían algo, sus amigos tenían cierto conocimiento del tema, en La Madriguera le decían a Draco que podía ir a las comidas familiares de los domingos. Harry no salía con nadie más, ni él tampoco.

Sin embargo, ninguno había usado una palabra precisa para definir lo que se suponía que eran.

No lo consideraba un gran problema. Sí, eventualmente sería necesario darle forma y título, hablar sobre eso en particular. De momento, lo más importante era que Draco estaba decidido a enseñarle por qué debía tener su propia rutina, y Harry intentaba no distraerse demasiado mirando las marcas de mordidas y chupetones que la bata dejaba expuestas en su clavícula y hombros, algunos inclusive recién hechos.

—Y así, ¿notas que es como si…refrescara? —decía, bastante solemne, antes de retirarle los lentes a Harry, porque no podía llenarle toda la cara de lo que fuese que le pusiese.

—Pensé que esas cosas se podían hacer con magia —contestó Harry, distraído. Acababa de murmurar el hechizo que le permitía ver sin lentes y debía aguardar unos segundos a que su visión se ajustase—, ya sabes, como las pociones que usa Hermione para el cabello…

—Incluso si las usa, que sí lo hace y son de muy buena calidad, es más cómodo hacer esto al modo tradicional. Son cremas en base a pociones que ayudan a preservar el cuerpo mejor que un hechizo, y sin gastar tanta energía; ya que vivimos más de cien años, me agradecerás si comienzas a cuidarte ahora…

A Harry le resultaba extraño tener la cara cubierta de crema, no veía caso en mentir. Le gustaba ver la manera en que Draco llevaba a cabo su rutina y se dedicaba a sí mismo (y si los resultados eran esa piel que tenía, le gustaban todavía más), pero no podía imaginarse a sí mismo utilizando su tiempo y energía en hacer algo así.

Percibió una presencia acercándose y vio de reojo hacia la puerta. Draco se percató y se acomodó la bata de baño, cerrándola bien, segundos antes de que la puerta se abriese de golpe.

—Oye, pa-

Albus se detuvo y arrugó el entrecejo al encontrarlos a los dos sentados sobre la cama y a su padre con crema en el rostro. Mientras su cerebro asimilaba la imagen, Lily apareció desde uno de sus costados, medio dormida.

—¿Se están poniendo bonitos? —La niña se acercó a la cama deprisa y se subió—. Mi mamá dice que eso es ponerse bonita —Le explicó a Draco, muy seria—, y que hay que hacerlo, porque si uno no se cuida, el cuerpo se nos pone triste. Como le pasa a las plantitas.

—Tu mamá es una mujer muy lista —Draco le tocó la naricita con el índice y ella se rio, asintiendo.

—Ya sé —Lily olfateó de forma exagerada—. Hueles rico, Draco.

—¿Sí? Gracias, linda.

—¿Ustedes no estaban dormidos? —Harry miró a uno de sus hijos y luego al otro, confundido. Los había arropado horas atrás—. ¿Pasó algo?

Albus pareció recordar que no entraron al cuarto para hablar de cremas y ver a su padre en pijama.

—Lily estaba oyendo un ruido extraño —aclaró, encogiéndose de hombros—, pero fue a mi cuarto porque decía que Draco te estaba visitando, y tú no ibas a nuestros cuartos a mitad de la noche cuando Altair y Scorpius nos visitan.

Rodó los ojos y adoptó una cara que pretendía agregar, por sí solo, un "así que se le ocurrió la brillante idea de despertarme a mí". En cualquier otro caso, Lily habría acudido a James, pero desde que él iba a Hogwarts, no le quedaba más opción que ir con su segundo hermano, si no quería llegar a Harry directamente. Albus no estaba tan acostumbrado a ser levantado por una niña parlanchina, ni se lo tomaba igual de bien que James, quien creía que era una señal de confianza y de que él era un fuerte, valiente y grandioso hermano mayor que le inspiraba tranquilidad a la pequeña Lily.

—Le dije a Albus que debían estar hablando de cosas de papás —explicó la niña, formando pucheros—, o que estarían durmiendo- pero no sabía lo de la crema.

Luego se dirigió a Draco, preguntándole si ella también podía ponerse crema. Este negó, le contó que era una especial para él, y le prometió que, si quería, lo que podía hacer era conseguirle uno de esos perfumes en un envase rosa con forma de escoba mágica que levitaba. Lily se emocionó, porque había visto que su prima Rose tenía uno de esos.

Harry terminó deslizándose fuera de la cama para ir a examinar el origen del "ruido extraño". Albus lo acompañó al cuarto de la niña, apuntó la ventana, y se enfurruñó cuando él no notó nada.

—¿Y yo qué voy a saber lo que escuchó Lily? Le dije que sólo estaba soñando y que se fuese a dormir —protestaba, cruzado de brazos—, pero ella saltó sobre mí y dijo que no te podíamos despertar, porque despertaríamos a Draco, y bla, bla, bla…

Resultó que la rama de un árbol golpeaba la ventana de Lily. Utilizó un hechizo para cambiar su desviación, sin doblarla ni partirla, cerró la ventana, la insonorizó, y regresó a un irritado Albus a su propio cuarto.

—Quiero un hechizo en mi puerta, papá —exigía el niño, en tono quejumbroso—, y no quiero que Lily me fastidie de noche cuando estoy durmiendo. Y…

Incluso Albus tenía que admitir que les hacía falta James. Aunque sólo fuese para que Lily no acudiese a él en su lugar.

Después de arroparlo y asegurarse de que caía rendido de inmediato, Harry volvió a su habitación. Lily estaba cómodamente instalada sobre sus almohadas, balanceaba los pies, con los zapatos todavía puestos, y le contaba a Draco sobre una marca de esmalte de uñas para niñas de ocho a once años que Astoria le regaló. No parecía cansada en lo más mínimo.

—¿Puedo beber leche caliente? —preguntó, apenas reparó en Harry—. Mamá me da leche caliente cuando me despierto en la noche.

—Yo voy por ella —indicó Draco, poniéndose de pie. Cuando Harry intentó retenerlo, él le restó importancia con un gesto—. Astoria siempre le ha dado eso a los niños cuando se despiertan —aclaró, sólo para él—, les pone unas gotas de vainilla y Scorpius se duerme otra vez apenas toca la cama. Sólo será un momento, tranquilo. No me extrañes demasiado.

Le guiñó con una sonrisita desdeñosa y salió del cuarto. Harry suspiró y se dejó caer sobre la cama.

Observó el techo alrededor de medio segundo, antes de que la cabecita pelirroja de Lily ocupase su campo de visión. Ella le tendió los lentes y Harry le agradeció en voz baja, retirándose el hechizo para ver bien.

—No quería venir —admitió ella, tocándole la mejilla con un dedo para comprobar que la crema ya se había secado.

—Tú puedes venir siempre que quieras, Lil —Harry le pasó una mano por la cabeza, peinándole hacia atrás el desordenado cabello rojo—, despiértame si estoy dormido, no pasa nada.

—¿Y si Draco está?

—A Draco tampoco le importa, porque él los quiere mucho también.

Lily asintió, despacio. Se dedicó a juguetear con el cuello de la camiseta que Harry usaba y no le pertenecía.

—Normalmente —dijo, en voz bajita—, cuando dos papás se separan, uno después tiene a dos mamás y a dos papás. Pero mamá nos dio otra mamá.

—¿Hablas de Astoria? —Harry arqueó las cejas al verla asentir—. ¿Ellas te dijeron que es tu otra mamá?

—Yo les pregunté —aclaró Lily, negando—, mamá me dijo que Astoria podría ser mi otra mamá, tal vez. Creo que es porque deben casarse para que sea mi otra mamá —Comenzó a arrugar el entrecejo—, o porque no están en la misma casa…o porque deberían decirle a los chicos primero. No sé —añadió, encogiéndose de hombros—, pero podría ser mi mamá. Y entonces si tú nos das otra mamá, será genial porque tendré tres mamás, ¿y quién no quiere tres mamás que le den abrazos y lo arropen? Pero está bien si no es una mamá, pero si nos das un papá, vamos a tener igual dos mamás y dos papás, y yo creo que eso no tiene nada de malo.

—¿En serio?

Lily asintió varias veces, deprisa.

—Claro, porque éramos cinco, y podríamos ser seis, y con Alti y Scorp seríamos ocho, y con otro papá o con otra mamá seríamos nueve, y ya seríamos tantos como en la familia de mamá —Se rio, a medida que llevaba la cuenta con sus deditos—. Me gustan las familias grandes.

—¿Así que quieres otro papá o mamá?

Ella se encogió de hombros.

—No creo que uno pueda pedir un papá o mamá por correo —alegó, frunciendo el ceño en una expresión de profunda concentración—, pero si quieres darnos otro, está bien. De mi salón, Amanda tiene dos papás y una mamá, Victor tiene dos mamás y un papá, Madison no tiene papá, pero tiene dos mamás, y Clara sólo tiene un papá, ¡está bien! Todas las familias son diferentes, ¿verdad, papá?

Harry se sentía a punto de estallar de amor por esa niña recostada encima de él que le hablaba de "papás" y "mamás". ¿Y se suponía que esa criaturita tan lista llevaba su sangre? Quería abrazarla y llenarle la carita de besos, pero la voz de Draco les advirtió de algo, y Lily se enderezó enseguida para recibir la snitch gigante que volaba hacia ella. La agarró con ambas manos y esta se transformó en una taza con leche caliente, dorada y con las alas como asas.

Su hija se sentó bien para beber con cuidado y Draco se recargó en el umbral de la entrada al cuarto, recordándole que tenía que soplarlo un poco si le parecía muy caliente.

Lily les habló sobre un sueño que tuvo donde su madre debía sacar a una jugadora lastimada de su equipo, así que la incluían a ella (con sus ocho años y todo) en el partido, lo hacía genial, atrapaba la snitch, y luego se convertía en la jugadora más joven de la historia del deporte mágico. Entonces fue que el "ruido extraño" la despertó.

Se bebió el contenido de la taza de snitch, que se convirtió en una pelota dorada que voló hacia la cocina de nuevo, y se bajó de la cama con calma. Se alisó el pijama y se acercó a Draco, a quien le sujetó una mano.

—¿Me arropas, Draco?

Draco le dedicó una breve mirada a Harry, volvió a centrarse en la niña, y asintió enseguida. Los dos desaparecieron por el pasillo.

Harry seguía tendido en la cama, con los ojos puestos en el techo, cuando volvió. Draco cerró la puerta detrás de sí, se aproximó a él, y se recostó a su lado.

Pasaron un instante en silencio.

—Lily me acaba de pedir que te cuide —mencionó.

Harry ladeó el rostro para observarlo.

—¿Cuidarme de qué?

—No sé, cuidarte, en general —Draco se encogió de hombros—. Ah, y que te ponga más cremas en la cara y que haga algo con tu cabello.

Se llevó una mano al cabello, sin pensar. Estaba igual que siempre.

—Pues a mí me dio una charla de "está bien si tengo tres mamás y un papá, o dos papás y dos mamás" —Le contó, con un tono tan aturdido como él se sentía.

Draco soltó una risita y se reacomodó para pegarse a uno de sus costados. Harry lo envolvió con un brazo.

—Es muy lista.

—Sí —musitó Harry, con una sonrisa.

—Son unos niños muy lindos, incluso James fastidiando a McGonagall para que lo deje entrar al equipo de Quidditch, y Al quejándose de que Lily lo despertó —Draco negó, la acción causó que restregase la cabeza contra el pecho de Harry—. Realmente les tengo cariño.

—Y ellos a ti —Harry le besó la cabeza—. Y yo.

Draco volvió a moverse, de manera que pudiese verlo, le sonrió, alcanzó sus labios para un beso, y se tendió de nuevo sobre su pecho. Se quedaron dormidos de ese modo, después de hablar largo rato.

0—

Lo último que se habría esperado en un partido de una liga infantil de Quidditch, sin ningún tipo de reconocimiento, era toparse con Lucius y Narcissa Malfoy.

Albus fue el que se acercó para contarle sobre esas dos personas "raras" y "geniales" que estaban con Draco y Lily en las gradas. Su hijo destacaba como un punto azul por un suéter con unas letras enormes que decían "soy el mejor amigo del Guardián".

Harry, que se encontraba en la línea entre el público y el campo, echó un vistazo por encima del hombro y se los encontró allí sentados, junto a Draco. Lily, desde su otro lado, se inclinaba para hablarles sin pausa de algo que parecía atraer la atención de Narcissa.

Altair se aproximó a ellos mientras el juego se tornaba en Rose contra el otro Buscador y una snitch encantada para volar sólo un poco más lento que la normal. Su suéter amarillo decía "soy el hermano del Guardián", y saludó con un gesto a Scorpius desde ahí, regañándolo de inmediato para que se fijase en sus aros. Se colocó a un lado de Harry y tiró de su manga.

—¿Qué pasa, Alti? —Harry dividió su atención entre el equipo que pertenecía a la escuela de Hermione (y que, técnicamente, estaba bajo su guía), y los dos niños que escaparon de las gradas.

—Padre dijo que abortes la misión —recitó, muy solemne.

Harry arrugó el entrecejo y se fijó en él, apenas se percató de que la snitch volvía a perderse de vista para los niños.

—¿Qué misión?

Altair se encogió de hombros y regresó sobre sus pasos. Lo vio sentarse entre su padre y sus abuelos. Albus permaneció junto a él.

—¿Por qué no vuelves a las gradas, Al? —inquirió, en tono suave.

—Desde aquí, Scorp me ve —alegó él, recargándose en el barandal que los separaba del campo—, y llevaba un rato buscándome nervioso en las gradas…

—Intenta no distraerlo —pidió Harry, resignado.

—Yo no lo distraigo —Albus frunció el ceño—, yo le digo que mire hacia adelante. Sino, sí se distrae, papá.

Sí, podía hacerse a la idea. Scorpius le recordaba a Ron en su primer partido, y ni siquiera era capaz de imaginar la expresión que pondría Draco cuando le contase que comparó a uno de sus hijos con un Weasley.

En ese instante, Rose localizó la snitch y el juego volvió a concentrarse en los Buscadores. El equipo de Harry ganó.

Alrededor de diez minutos más tarde, mientras los padres de los jugadores se reunían fuera de los vestidores, Harry escuchaba refunfuñar a Astoria Greengrass.

—Debí traerla —decía, cruzada de brazos—, de saber que iban a venir, la hubiese traído. Se la hubiese puesto a Altair. Debí…

A unos pasos de ellos, Draco sostenía las manos de sus hijos y escuchaba lo que sus padres le decían. A pesar de que Lucius mantenía un rostro pétreo, supuso que lo que diría sería más amable, porque Scorpius le sonreía y lo observaba con adoración absoluta.

—¿Qué ibas a traer? —indagó Harry, curioso. Sólo entonces ella pareció recordar su existencia, aunque no tardó en refunfuñar otra vez.

—Mi suéter de "Orgullosa traidora de la sangre" —Astoria gesticuló para indicarle que las palabras bordadas iban sobre toda el área del tronco—, suelo usarlo cuando veo a los padres de Draco.

Él se horrorizó y pasó la mirada de la familia Malfoy a Astoria y de regreso.

—No debía agradarles demasiado…

—¡Por supuesto que no! —resopló Astoria—. Ese era el punto. También tengo una camiseta de "El futuro está lleno de mestizos". Y cuando salía con Draco, usaba una banda de "Salva una escoba. Monta a un jugador de Quidditch" en las comidas de los fines de semana. Cómo les hervía la sangre cuando me veían —reconoció, dejando escapar una risita.

Harry había oído en alguna ocasión que no se llevaban tan bien. No sabía que fuese a ese nivel.

—Eso es un poco- me refiero a que-

Astoria lo vio de reojo y bufó, pero se permitió relajar los hombros y descruzar los brazos.

—Sé que no es muy maduro de mi parte, pero esos dos simplemente me sacan de quicio —Se estremeció de forma teatral y echó una ojeada hacia el vestidor, donde Lily y Albus esperaban a Rose. Se suponía que irían a comer con Ron y Hermione, y que Ginny los alcanzaría en un momento—. Seguramente lo entenderás cuando se enteren de lo que ustedes tienen.

Harry se tensó.

—¿Crees que reaccionen muy mal?

—Ah, no, sólo te odiarán —Astoria le respondió de forma distraída, regresando su atención a los Malfoy. Sólo cuando notó que Harry se limitaba a observarla boquiabierto, titubeó e intentó suavizar su expresión—. Lo siento, no pretendo que suene horrible, tú no haces nada malo, pero tampoco te voy a mentir. Lo más probable es que te odien y comiencen a preguntarle a Draco cosas como "¿por qué pensaste que era buena idea salir con él?" o "¿y qué le dirás a los niños?" —bufó—. Cómo si los niños no pudiesen entender. No, si son esos dos los que no entenderían algo aunque se los lanzaras con una maldición en la cara…

Bien, Harry comenzaba a temer que alguien lanzase una maldición por aquí. Por suerte, Ginny apareció en ese instante por una de las puertas al parque, se retiró el abrigo un momento (ahí dentro era primavera), y los saludó desde la distancia. Caminó hacia sus hijos y su hermano, y Astoria se distrajo.

—Supongo que nos iremos apenas salga Rose…

—¿No vas a esperar a Draco? —preguntó Harry, metiéndose en su camino antes de que pudiese alejarse. Astoria arqueó las cejas y apuntó hacia los Malfoy.

—Cariño, eso no va a acabar pronto. Narcissa podría pasarse un día entero hablando de la revolución goblin con Binns y a ella ni siquiera le importa el tema; créeme, no quieres esperarlos.

Harry la dejó marcharse. Él no quería irse sin Draco y los niños, se suponía que iban a celebrar la victoria del equipo de Rose y Scorpius. Sin embargo, parecía que Astoria tenía razón.

Cuando su mirada encontró la de Draco, él adoptó una expresión de disculpa. Narcissa acababa de ofrecerle una mano a Scorpius, y por lo visto, le proponía un plan completamente diferente a los suyos, que el niño aceptaba dando saltitos. Altair decía algo, su abuela le respondía, y luego los cuatro observaban a Draco, quien se encogió de hombros.

Los Malfoy se adelantaron, con Narcissa llevando a Scorpius y Altair haciendo preguntas. Draco aguardó unos segundos y algunos metros de distancia entre ellos para acercarse a Harry.

—Sé que íbamos a llevarlos a-

—¿Vinieron desde Francia? —Harry lo interrumpió, vacilante— ¿tomaron un traslador internacional por una preliminar de Quidditch infantil, Draco?

—Aparentemente, Scorpius les escribió una carta contándoles que estaba en el equipo y sería su primer juego —Draco se encogió de hombros—. A ellos ni siquiera les gusta el Quidditch, sólo- no sé, es difícil decirle "no" a Scorpius, supongo.

Harry miró unos metros más allá de Draco, donde los mellizos no paraban de hablar con su abuela. Lucius los veía a ellos. Cuando lo saludó con un cabeceo, el mago le devolvió un gesto que casi podía interpretarse del mismo modo.

—Es importante que los niños pasen tiempo con sus familias, y si tienen abuelos- —Harry meneó la cabeza—. Podemos llevarlos otro día, o después de otro juego.

Draco musitó un "gracias por entender" y le besó la mejilla. Tuvo que regresar con su familia deprisa, porque Scorpius comenzaba a llamarlo.

Harry suspiró. Bueno, no eran tan malos, ¿cierto? No creía que se pudiese ser un pedante y tomar un traslador internacional sólo para ver a unos niños dar vueltas en escobas mágicas.

Le restó importancia, fue con los Weasley-Granger, Astoria, Ginny y sus hijos, y buscó su abrigo para salir de la barrera climática del parque.