Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
La pregunta de Lucius Malfoy
No podía, no podía, no podía…
Narcissa quiso darles una merienda a los chicos. Bien. Entraron a la casa, Lucius se reunió con ellos, parecía tener un buen estado. Excelente. Draco y Harry asaltaban la cocina por provisiones. No era un gran problema encontrarse allí.
No, el inconveniente vino cuando Altair pidió determinado postre, pero hecho por Harry. Era una receta con galletas, cerezas y malvaviscos, que Kreacher le enseñó, y él solía preparar para Lily.
—Seguramente tu abuela sabe hacerlo mejor que yo —alegó Harry, nervioso.
Altair arrugó el entrecejo.
—No, no creo.
Narcissa Malfoy lo veía como si quisiese meter a Harry al horno, encenderlo, y olvidarse de su existencia.
Luego Draco se llevó a su padre al laboratorio provisional para hacerle algunas pruebas. Harry preparó el postre para ambos, sintiendo la presencia de Narcissa a un lado en todo momento. Una vuelapluma escribía los ingredientes y el procedimiento por ella en un recetario.
—¿Qué es lo que hace, señor Potter? —indagó la mujer, con un tono de practicada cortesía. Sus nietos no pararon de comer el postre, pero Scorpius le contestó:
—El señor Potter es el entrenador de mi equipo de Quidditch y va a empezar a dar clases de magia básica en el colegio.
—¿Sí? ¿Es un buen entrenador, Scorp? —Ella se concentró en su nieto, que asintió, deprisa.
—El mejor —juró Scorpius, quitándose los restos de helado con la lengua, hasta que Narcissa emitió un sonidito de protesta y lo ayudó con una servilleta.
—También será un buen profesor —agregó Altair, manteniendo la cuchara lejos de su bowtruckle. Qué suerte que el micropuff de Scorpius sólo se dedicase a dormir desde que llegaron.
—No es una profesión muy cercana al trabajo actual de Draco —mencionó la bruja, regresando su atención a Harry—, qué sorprendente que sean tan…buenos amigos.
Harry se preguntó qué tanto sabría. O qué tanto le habría contado Draco.
—Lo éramos desde antes de cambiar de trabajo —Optó por encogerse de hombros.
—No recuerdo que fuesen muy unidos en la escuela.
"No muy unidos" era una forma bastante divertida de decir que se querían hechizar cada vez que se veían.
—Que los niños se hiciesen amigos nos hizo convivir más, y estamos en otro ambiente, somos más maduros —respondió Harry, distraído. Feroz casi le quitaba un poco de helado a Altair—. Alti, Draco dijo que nada de dulces para el bowtruckle, que se enferma.
El niño se sobresaltó y apartó la cuchara de su mascota, regañándolo en voz baja. Scorpius aprovechó la distracción de su hermano para inclinarse hacia Harry y preguntar si podía darle un poco más de helado y cerezas.
—Sí, claro-
—No —contestó Narcissa al mismo tiempo. Le frunció el ceño a Harry—. ¿No cree que es demasiada azúcar para un niño?
Francamente, lo había visto comer más. Qué bien que Narcissa no era la abuela de sus hijos, o tendría un ataque cada vez que James pasaba por la heladería del Callejón Diagón.
—Un poco más no le hará daño, ¿cierto?
Esta mujer va a hechizarme apenas nos dejen solos, pensó, mientras Narcissa soltaba un débil resoplido y contestaba a algo que le dijo Altair.
—0—
De algún modo, Harry llegó a la noche sin haber recibido una maldición. Su mayor inconveniente fue que el micropuff de Scorpius se hubiese quedado atorado en la rendija entre la puerta y el suelo, al intentar volver al cuarto solo; no era la primera vez y Draco le había enseñado el encantamiento que utilizaba para sacarlo de ahí. Narcissa también hizo que su vuelapluma lo anotase.
Cerca de la hora de la cena, Scorpius mencionó que el platillo favorito de su abuelo era uno que Harry preparaba "muy, muy, muy, muy bien" (sí, con cuatro "muy"), lo que explicaba que estuviese en la cocina, con un par de miradas fijas en su espalda. Draco se le acercó con cautela y observó su preparación.
—¿Soy yo —musitó Harry, entre dientes, de manera que sólo él lo escuchase—, o tu madre me está acosando y haciendo notas de lo que hago?
Draco le echó una ojeada a su madre, por encima del hombro de Harry.
—Definitivamente te acosa —se burló. Cuando Harry emitió un largo quejido, colocó una mano en su cadera de forma disimulada, atrayéndolo hacia él—. Durante toda su vida lo único que supo preparar eran tostadas francesas y bizcochos simples, Harry, su repentina pasión por la cocina no comenzó hasta que se mudaron aquí. Sólo está…intentando aprender de una manera un poco obsesiva, extraña e inquietante —Draco exhaló y vio de nuevo a su madre. Harry podía oírla responderle a Altair—; seguro que es la sangre Black. No nos podemos interesar por algo de forma normal.
—Anotó el hechizo que usas en Bolita —mencionó, tras un instante.
—Para usarlo ella si el micropuff se atora —alegó Draco, tranquilo—, así será la heroína de Scorpius, en lugar del gran "Harry Potter".
Harry bufó.
—Por cierto —Draco titubeó—, existe la posibilidad de que mi madre quiera mostrarle algo a Scorpius en unas horas…y de que cuando mi padre me preguntó si podía decirte que él quería hablar a solas contigo, le dijese que no creía que tú tuvieses un problema. ¿Lo tienes?
Para cuando terminó de decirlo, se encontraba recargado a medias en el mesón junto a la cocina. Harry apagó el fuego de forma manual, pero encantó un cucharón para que revolviese por él. Se giró y encaró a Draco.
—¿Hablar de qué?
Draco volvió a ver hacia su madre. Unos metros lo separaban de Narcissa y los niños. Lucius iba a aparecer en cualquier segundo.
—No tengo la menor idea —admitió.
Así que después de una cena en que los únicos que hablaban con fluidez eran Scorpius y su abuela, cada quien se dirigió a puntos distintos de la casa, y Harry tuvo un respiro de alrededor de una hora. Luego Scorpius quiso que lo ayudase a secar a Bolita, porque no pensaba irrumpir en el laboratorio provisional de su padre mientras trabajaba.
Harry había terminado de explicarle a Hermione, en una carta, por qué lamentaba su simple presencia en ese lugar, cuando Draco pasó por el cuarto para avisarle que Scorpius, Narcissa y él iban saliendo.
Dicho aviso incluyó a un Draco que se aproximaba a la cama, presionaba las rodillas en el colchón, sujetaba el rostro de Harry, y lo besaba largamente.
—Sé que esto es raro e incómodo para ti —susurró, recargando su frente contra la de Harry—, pero me siento mucho más tranquilo sabiendo que estás aquí. Mi padre ve a los niños como quería, y mi madre se ha contenido…más o menos. Tanto como ella puede contenerse. Aprecio mucho que vinieses.
Harry esperaba nunca verla cuando no se contenía. Draco debió leer esa respuesta en su expresión, porque soltó una risita y lo jaló hacia otro beso.
Bien. Una noche y un día más.
Al ver desaparecer a Draco por el pasillo, recordó que Lucius quería hablar con él a solas y su Gryffindor interior le dijo que, cuanto antes se hacía una herida, antes se cerraba, así que se tomó unos minutos para recorrer el lugar y buscarlo con un hechizo.
Se encontró a Lucius Malfoy en una biblioteca que parecía haber sido trasladada un par de siglos hacia atrás. Tenía las piernas cruzadas y ocupaba un enorme sillón. Altair, sentado en el reposabrazos, jugaba a realizar trucos con una moneda enorme.
Apenas repararon en la presencia de Harry bajo el umbral, Lucius le pidió que entrase con un cabeceo, y Altair ralentizó sus movimientos con la moneda.
—¿Ha visto alguna vez un galeón del siglo XVIII, señor Potter?
Él negó. Lucius extendió la palma para recibir la moneda de su nieto y se la arrojó. Hubo un destello dorado en el aire y sus reflejos lo empujaron a reaccionar, atajándola a tiempo.
Era un poco más grande que el galeón que conocía, pero también más liviana. No podía ser del todo de oro. Estaba hueca y algo sonaba en su interior. Harry se la devolvió a Altair cuando se encontró lo bastante cerca de ambos.
—Ha estado en mi familia por generaciones —explicó el mago, jugueteando con el extremo superior de su bastón—. Altair y yo tenemos un juego con ella.
—¿Sí? —Harry intentó lucir debidamente intrigado, mientras se sentaba en un sillón frente a ellos, rodeado de estantes de libros y mesas antiguas— ¿hacen trucos de monedas?
—Trucos de ingenio —aclaró Altair, claramente divertido por la perspectiva de su abuelo jugando con una simple monedita—, el último en ganar, la tiene hasta que pierda. Si pierde.
Lucius carraspeó, antes de hablar en voz más baja.
—Hace un par de semanas, en una de sus cartas, Altair me comentó que su padre podría estar…saliendo con alguien —Lucius seleccionó las palabras con cuidado e ignoró por completo la manera en que Harry se tensó—. Por mi cabeza pasó una idea que me negué a considerar porque era tan imposible, y de pronto, Harry Potter aparece con mi hijo y nietos en mi propiedad. La verdad —Se dirigió a Altair— pensé que te estabas inventando lo de la "pareja misteriosa" de Draco.
Altair se encogió de hombros y pasó la moneda de una de sus manos a la otra.
—Uno no sabe que se hace viejo hasta que un niño parece más inteligente que tú —Lucius suspiró y se estiró para susurrarle algo que él no pudo escuchar.
Altair alternó la mirada entre uno y el otro, con una expresión extraña, como si no estuviese seguro de qué cara poner. Lucius le hizo un gesto hacia la puerta.
—Charla de adultos —aclaró para su nieto, quien se enfurruñó enseguida.
—No es justo, ya estoy grande…
Ninguno habló hasta que Altair salió y cerró la puerta detrás de sí. Los dos se aseguraron de que no estaba en el pasillo, intentando escuchar.
—¿Quiere algo de beber? —preguntó Lucius, de pronto, apoyándose a medias en su bastón. Al percatarse de que veía el lugar por el que el niño se fue, agregó, más suave:—. Altair me recuerda a mí cuando era joven, y eso me resulta más preocupante que gratificante. Pero seguramente será mejor.
El hombre arqueó las cejas de un modo casi imperceptible, mirando a Harry. Él se mantuvo callado. Debió tomar su silencio como un tipo de aceptación, porque asintió y caminó hacia un escritorio sellado que tenía; la tapa que cubría la mesa se abrió al contacto con su bastón, revelando una selección de pequeñas copas y botellas.
—Me parece de muy mala educación que no haya respondido a mi pregunta —mencionó, despacio.
Harry se demoró unos instantes en recordar a qué se refería.
—No quiero nada —Vio al mago servirse un líquido transparente en una copita—. ¿Draco sabe que bebe al mismo tiempo que se toma sus pociones medicinales?
Lucius se dio la vuelta, una mano sobre el extremo superior del bastón, la otra en torno a la copita. Aparentaba tanto desinterés que Harry llegó a pensar que Draco sí lo sabía, hasta que habló.
—Esta es, de hecho, una poción que se mezcla con una bebida mágica de menor grado y funciona como placebo, pero agradezco su interés.
Las palabras iban cargadas de algo similar a la diversión y Lucius esperó otro reto por su parte. Harry se limitó a reclinarse en el respaldar de su asiento.
—¿De qué quería hablar conmigo? —indagó, un poco más irritado de lo que pretendía.
En serio está enfermo, el pensamiento pasó por su mente de forma fugaz, cuando Lucius tuvo dificultades al regresar a su sillón y sentarse. Debe estar agotado de fingir rectitud frente a los niños.
—¿Hace cuánto sale con Draco?
—¿Y por qué debería contestar a esa pregunta?
Por un momento, sólo se observaron. Después Lucius dio un breve sorbo a su copa y la colocó en la mesa que tenía al lado, con cuidado.
—No es un "debería", pero siento curiosidad, y usted, como padre, un día también querrá saber cuándo sus hijos comenzaron a salir con determinada persona.
Harry decidió que podía superar aquella "charla". No parecía tan malo.
—La verdad es que no somos una pareja. Me refiero a que- sí hemos salido algunas veces, durante unos meses, pero no hemos- —Gesticuló e intentó pensar en cómo decirlo—. No hemos-
—¿Qué? —Lucius se veía extrañado— ¿copulado?
Merlín, dime que no me acaba de preguntar lo que claramente me preguntó.
—No hemos hablado del tema —Harry utilizó un especial énfasis en el término "hablado". Escuchó el débil "ah" del mago, y se pasó una mano por el cabello—. ¿Sabe? Creo que sí aceptaré algo de beber.
—Sírvase.
Con su permiso, Harry se levantó y fue hasta el compartimiento de bebidas en el escritorio sellado. Seleccionó un vaso de cristal y se sirvió hasta la mitad de whisky de fuego. Lo probó, antes de darse la vuelta para encararlo otra vez.
Lucius Malfoy lo veía de una manera pensativa.
—No tengo motivo para aguantar una plática sobre por qué no debería salir con él o si a ustedes les agrado o no —advirtió Harry, en voz baja, para que no comenzase.
—Yo no tengo razones para darte esa plática —replicó el hombre, sin permitir que la actitud de Harry lo alterase—. Draco está mayor, sabe lo que hace, es un mejor hombre del que yo pude haber criado por mi cuenta, y francamente, desde la guerra no me escucha demasiado. Y de cualquier modo, estoy seguro de que pudo hacer una peor elección.
Bien, Harry no se esperaba eso.
—¿Sí?
—Por supuesto —respondió Lucius—. Scorpius está tranquilo a su alrededor y dice maravillas sobre usted, claro que él dice maravillas sobre casi cualquier persona que conoce, pero en general, se nota que lo aprecia. Y una vez que Altair también hace buenos comentarios sobre alguien, es innegable que sea una persona que vale la pena tener cerca.
Harry estuvo a punto de sonreír. La idea de los dos hijos de Draco explicándole a su abuelo lo "bueno" que él era, lo enterneció.
—¿Así que sólo quería saber si salía con Draco y desde cuándo?
Lucius le contestó con un asentimiento y se dedicó a dar otro sorbo a su copa.
—Podría haberlo hecho sin tanto protocolo —mencionó Harry.
Podría jurar que notó el indicio de una sonrisa en su expresión siempre serena.
—Entonces no habría sido tan divertido, porque no lo habría irritado un poco antes.
Sí, nadie podía negar que aquel fuese el padre de Draco.
—¿Narcissa piensa igual que usted? —cuestionó, en tono más vacilante.
—Oh, no, ella te odia —aclaró Lucius—, pero a Cissy no le parece que alguien sea suficiente para Draco, ni hablar de una persona que se acerque a sus preciosos nietos. Tal vez "odio" no sea la palabra correcta, llamémosle…feroz sobreprotección. Imagina que ella es la dragona y nosotros los huevos en su nido.
Harry pensó en la Narcissa Malfoy de la guerra, arriesgando su vida al inclinarse hacia él, mintiendo sólo para ir por su hijo. Y decidió que estaba de acuerdo con ese término.
—¿Cómo le va a Scorpius, en realidad, con el Quidditch? —El cambio radical de tema de Lucius le arrancó una risita. Aquel no era el tono de un mago sangrepura y rígido que quería echarlo de su casa por salir con su hijo, sino de un abuelo curioso que veía poco a sus nietos.
Harry comenzó a explicarle sobre las clases para mejorar su vuelo y confianza, los hechizos para evitar caídas, y los protectores que puso en su uniforme durante la primera semana. Después tuvo que hablarle sobre Lily, como la mejor amiga de Altair, de dónde salió el bowtruckle, y siguió, siguió, siguió.
Lucius escuchaba sobre su familia en Inglaterra con la misma atención que le ponía a Scorpius cuando le contaba algo. Harry incluso llegó a divertirse al final de la conversación.
Un detrás de escena:
Harry: Draco y yo no somos pareja.
Lucius: ¿cómo que no?
Altair: ¿por qué no?
Draco: sí, ¿por qué no?
Cissy: ¿aCASO MI HIJO NO TE PARECE INCREÍBLE?
Esta será la última actualización del fic por este año, flancitos, volvemos con mucho amor en enero. Disfruten estos días /corazón, corazón.
