Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Lily de Australia
Los Malfoy visitaron la casa de su hijo durante el mes de noviembre de ese año, cosa que pudo haber sido una reunión apacible, sino hubiese sido porque dos Potter también se encontraban allí ese día.
Narcissa torció un poco la boca al reparar en Harry.
—¿Estás viviendo aquí? —indagó, en un punto intermedio entre un tono de "Merlín bendito, qué horror" y un "voy a intentar que no suene tan malo como pienso que es".
Harry le provocó un inmenso alivio al sacudir la cabeza.
—Pasamos la noche aquí porque Draco iba a llevar a Lily a-
La bruja gesticuló "¿Lily?" con los labios, justo cuando unos pasitos bajaban las escaleras deprisa. El kneazle apareció antes que su hija. Luego la niña saltó sobre Harry, lo abrazó, y se fijó en la mujer.
—Hola —Lily le enseñó una sonrisa enorme.
Narcissa parpadeó, como si no estuviese acostumbrada a que una niña la saludase abiertamente. Dada la reputación de su esposo y el hecho de que no salía mucho de casa, además de para ir con su grupo sangrepura o a la floristería, supuso que eso era lo que sucedía.
—Esta es Lily —La presentó Harry, sujetando uno de los hombros de su hija—. Lily, ella es Narcissa Malfoy. La madre de Draco.
Los ojos de Lily brillaban al prestarle más atención a la mujer.
—Es muy bonita —susurró.
Narcissa volvió a parpadear. Vio a Harry, a la niña de nuevo, y carraspeó débilmente.
—Gracias —respondió la bruja, con un practicado tono de calma—, tú también lo eres.
El chillido emocionado de Lily atrajo a Draco y a su padre, que levitaban un baúl con ropa para un par de días hacia uno de los cuartos. Lily se fijó en el mago enseguida.
—¿Y ese es su papá?
Draco fue el que asintió enseguida.
—Él es Lucius Malfoy —Le indicó a Lily, con suavidad—. Padre, ella es-
—¡Hola! —Al instante, Lily se había zafado del agarre de Harry para acercarse a Lucius. Lo veía desde abajo con una sonrisa—. ¡Es igualito a Draco!
Lucius también se demoró un segundo extra en reaccionar, cambiando el agarre sobre su bastón un par de veces en el proceso.
—Sí, algo así me han dicho.
—¿Son mis nuevos abuelos? —siguió ella, ajena al sobresalto de Harry y Draco—. Porque sólo tengo dos abuelos, los papás de mi mamá, pero no tengo abuelos por mi papá, entonces sería genial si tengo abuelos por Draco, hay niños en la escuela que tienen cuatro abuelos, y debe ser lindo.
Lucius y Narcissa intercambiaron miradas igual de aturdidas. La niña aguardaba.
—Yo no estoy seguro de que…
—Sí —respondió Narcissa, interrumpiendo a su esposo. Él abrió la boca para replicar, pero la mirada que le dirigió lo silenció y acabó con una discusión que ni siquiera tuvo oportunidad de comenzar.
El siguiente chillido feliz de Lily detuvo cualquier intento de reacción de parte de Draco o Harry. De inmediato, la niña se acercó a Narcissa, tomó su mano, y empezó a arrastrarla por el pasillo.
—Tengo mucho que contarte, abuela Cisa —Le decía—. Mi segundo nombre es Luna por mi madrina, y me gusta el color rojo, pero no sé si quiero ir a Gryffindor cuando entre a Hogwarts. Tengo muchas, muchas, muchas coronas, y cuando sea grande, quiero pelear contra magos oscuros malos, pero también quiero ser medimaga, y quiero ser Inefable, y quiero ver dragones y…
Narcissa tenía una expresión entre consternada y enternecida, al desaparecer por el corredor. Una vez solos los tres magos en la sala, se observaron entre ellos. Harry estaba seguro de que, al menos, se encontraban igual de sorprendidos.
Lucius se aclaró la garganta y procuró recomponerse primero.
—Ella solía querer una niña —explicó, en voz baja—, pero eso no se pudo. Tenía la esperanza de que tú la tuvieses, sólo que con una Greengrass…no valía la pena correr el riesgo.
—¿Qué riesgo? —cuestionó Harry, vacilante.
Draco le restó importancia con un gesto.
—Los sangrepuras más viejos creen que la familia Greengrass tiene algún tipo de maldición de sangre que afecta a las mujeres después de tener un hijo. Pero eso no se ha podido probar —Lo último lo dijo viendo a su padre—, y no creo que Astoria se vuelva el primer caso de los últimos dos o tres siglos.
—No tuvieron más hijos —argumentó Lucius.
—Dos eran más de lo planeado —alegó Draco, frunciendo el ceño—. ¿Viniste a discutir conmigo, padre?
Lucius alzó las manos en señal de paz. El bastón permaneció erguido, sin sostén alguno. Después lo volvió a tomar.
—En realidad, quiero hablar con el señor Potter.
Draco dejó escapar un resoplido y avisó que iría a ver que Lily no le provocase un ataque a su madre.
—¿Cómo sigue de su, eh, enfermedad? —Harry lo invitó a sentarse y notó que Lucius agitaba el bastón en el aire. Un libro levitó desde una repisa hacia él y de vuelta, a manera de muestra—. Eso está muy bien, ¿sólo hechizos simples?
—Por ahora —reconoció el mago, con un asentimiento—, pero mi capacidad seguirá en aumento hasta que vuelva a utilizar la magia a gusto como antes.
—¿Los medimagos qué han dicho?
—No soy una prioridad —Lucius se apoyó en el bastón y se encogió de hombros—. Estoy mejorando, el tratamiento que Draco me dejó es excelente, y puedo sanar sin su intervención, así que se ocuparán de otros magos que no tienen a un hijo con gran conocimiento en pociones. Sólo van a intervenir si me pasa algo, y francamente, confiaría más en Draco si sucede.
Harry asintió, despacio, mientras lo asimilaba.
—No creo que le pase algo con el tratamiento de Draco, él pensó en todo —alegó, bastante seguro. Había encontrado las notas al respecto en su escritorio y lo enterneció saber cuánto investigó, antes de siquiera animarse a pensar en una fórmula.
—Yo tampoco lo creo —Lucius se enderezó y respiró profundo—, pero no es de eso de lo que quiero hablar. Tengo un dilema, señor Potter.
—Harry —corrigió él, un poco divertido.
—Harry —Lo dijo casi a regañadientes, como si la idea de llamarlo por su nombre tuviese un componente extraño e imposible de discernir—, he pensado mucho en esto y no le encuentro una solución.
Harry se recargó en el respaldar del asiento y se preparó para cualquier cosa, desde un problema con Draco, un asunto de Narcissa o de su casa en Francia, hasta conflictos con el Ministerio. Todo, excepto lo que soltó después.
—¿Un Guardián necesita una escoba más veloz o más resistente? —indagó Lucius, muy serio—. Porque dicen que Lejeu 2017 podría soportar incluso los golpes de las bludgers a toda velocidad, y tiene un panel de control en el mango, pero la Nimbus Green quedó como la más rápida del mercado en los últimos cinco años. Y tengo dudas acerca de cuál ayudaría más a Scorpius con su juego.
Él en serio, en serio, intentó contener una sonrisa al explicarle por qué a su nieto le sería más útil una escoba resistente con panel de control que una veloz.
No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido cuando notó que Lily regresaba por el pasillo, llevando a Narcissa consigo. Le había prestado una corona, que descansaba sobre su complejo tocado de cabello rubio, y la niña usaba otra, que lucía con mucho orgullo. La soltó para acercarse al sillón ocupado por Lucius y se sentó sobre el reposabrazos de este.
—Hola —saludó la niña, de nuevo, ajustándose la corona sobre la cabeza.
Lucius les echó un vistazo disimulado y volvió a fijarse en ella.
—Buenos días, Lily —contestó el hombre.
—Soy una princesa.
—¿De verdad?
—Ajá —Lily asintió deprisa.
—¿De qué nación?
Ella abrió la boca, y sólo entonces, se dio cuenta de que no tenía la menor idea. Jamás le preguntaron algo similar.
—De…de…Australia.
Existía una enorme posibilidad de que hubiese pensado en decir "Austria" y los hubiese confundido, pero Lucius no le señaló eso.
—¿Así que eres Lily de Australia?
La niña se demoró un instante en asentir, como si hubiese repasado el nombre en su cabeza para asegurarse de que sonaba bien.
—¿Qué hace tan lejos de casa, Su Majestad?
Lily parecía encantada porque un mago tan sereno y elegante como Lucius Malfoy le siguiese el juego.
Draco se aproximó al sofá que Harry había ocupado y se sentó a un lado, desde donde podía observar a su padre y a la niña interactuar.
—Lily le estaba pidiendo a mi madre que le enseñase a peinarse como ella —Le contó, en un susurro—, decidió que era demasiado hermosa para no ser una reina, y de pronto, dijo que era como la emperatriz de Anastasia, pero con esposo, así que tenía que tener una corona, para que las dos fuesen de la familia imperial.
Narcissa acababa de acomodarse sobre el otro reposabrazos del sillón en que estaba su esposo y ambos oían a Lily hablar sin pausa sobre por qué, además de princesa, era parte de la Corte de las plantitas del jardín de Draco.
—Se están llevando bien —comentó Harry, encogiéndose de hombros—, eso es…es sorprendente en realidad. Saben que tiene sangre Weasley, ¿cierto?
—Supongo que el cabello y las pecas debieron darles una pista, Harry.
Narcissa le pedía a la niña que se acercase para poder hacer otro intento con su cabello, demasiado desordenado para adoptar las caídas gráciles del de la bruja.
—Si no tienes el cabello liso —Le decía a la niña, mientras sus dedos desenredaban los mechones de un intenso rojo—, entonces tienes que mostrar eso. En vez de recogerlo todo, vamos a hacerte unos bonitos rizos que…
Draco y Harry intercambiaron miradas.
—Podemos decir que los está distrayendo —alegó Draco.
Sí, bueno, ¿qué era lo peor que podía pasar si dejaba que su pequeña Lily jugase un rato con dos sangrepura que solían estar exiliados por voluntad propia?
—0—
Se suponía que se marcharían esa tarde, pero Lily le suplicó que pasasen otra noche ahí, ya que apenas era sábado, tenía sus tareas listas para la escuela, y los Malfoy se encontraban en casa. Harry se rindió ante la perspectiva de su hija feliz y él abrazando a Draco hasta quedarse dormido de nuevo; le encantaba hacer eso.
Fue un día bastante extraño. Y eso ya era decir mucho, cuando había pasado años conviviendo casi a diario con tres niños mágicos.
Él le pedía unas galletas al señor Horno, mientras Draco leía una revista de pociones en el comedor, cuando escucharon los pasos y murmullos de voces.
—…ich.
—Ich —repetía Lily.
—Du.
—Du —replicaba la niña.
—Du. Wir.
—Wir.
—Ich, du, wir. ¿Qué le estoy diciendo a Su Majestad?
—"Yo, tú, nosotros" —recitó Lily.
Harry arrugó el entrecejo, pensativo.
—¿Eso es…?
—Alemán —afirmó Draco, girando el rostro para ver hacia el pasillo—. Mi padre le está enseñando los pronombres, ¿por qué a Lily le interesaría eso?
—¿Hay algo que no le interese a Lily? —Harry exhaló, rendido, y palmeó un costado del horno mágico, a manera de agradecimiento, cuando percibió el comienzo del aroma a galletas.
Tomó asiento junto a Draco, justo a tiempo para presenciar una escena peculiar. Lucius caminaba por el pasillo como si estuviese en su propio reino privado, formando palabras de humo de colores con el bastón en lugar de una varita, que se desvanecían al ser pronunciadas. Usaba una túnica de gala azul, con toques blancos.
Lily llevaba una amplia túnica digna de una sangrepura, azul, roja y blanca; Harry estaba bastante seguro de que él no se la compró, porque no le daba túnicas a sus hijos hasta que iban a Hogwarts. Su cabello era una cascada rojiza de rizos, bajo una de sus tiaras.
—Hola, papá —saludó la niña, al ir de paso—, hola, Draco —Y volvió a concentrarse en Lucius.
—Entonces, si te digo, ich…
Ambos se perdieron por el pasillo. El kneazle perezoso los seguía a un ritmo tan lento que era dejado atrás por varios metros.
Draco y Harry volvieron a observarse.
—No puede ser malo que aprenda lo básico de un idioma —mencionó Draco.
—Supongo —Harry lo consideró por unos segundos—. Esos eran los colores de la bandera de Australia, ¿cierto?
—Sí.
Decidió que no eran asunto suyo las extrañas diversiones de los Malfoy. Lily se veía contenta.
—0—
Para la noche, Lily utilizaba una versión miniatura del bastón de Lucius.
Harry no tenía la menor idea de dónde salió o quién se lo dio. Era una pieza de madera adaptada a su tamaño, de un marrón rojizo; hasta podría decir que combinaba con su cabello. El extremo superior era romo, con tallados mágicos en lugar de una pieza o figura precisa.
—Ahora mi hija es una Malfoy —Le susurró a Draco, que contenía la risa a su lado.
—Voy a darle el cuarto extra y le cambiaré el nombre a "Lucinda" —respondió su novio, en el mismo tono bajo.
—Tu padre adoraría eso.
—Sí, seguramente.
Los cinco cenaron en el comedor y Narcissa se pasó gran parte de la velada narrando anécdotas de Draco cuando era pequeño. Él se avergonzaba, pero Lily se echaba a reír con fuerza, y Harry lo encontraba adorable.
—Draco también quería ser una princesa —explicaba la bruja, con una sonrisita—, pero le dijeron que no podía ser niño y princesa, así que ordenó a todos los elfos de la Mansión que le dijesen "princesa Draco" cada vez que se referían a él, en lugar de "amo". No le gustaba la idea de ser un príncipe, le parecía una palabra más fea que "princesa".
Draco se ruborizaba a una velocidad sorprendente.
—Tenía como cinco años…
—Pero te llamaron así hasta después de que cumpliste ocho —respondió su madre, desinteresada.
—Un día también preguntó por qué Pansy era una niña y él no —recordó Lucius.
—¿Y por qué no lo era? —inquirió Lily, curiosa.
Los tres Malfoy en la mesa intercambiaron miradas.
—Algunas personas son niñas y otras no —Narcissa agitó una mano en el aire, restándole importancia.
—¿Por qué no? —insistió Lily— ¿quién decide eso?
—La magia de la persona —respondió Lucius, solemne.
Lily se pasó un par de segundos considerándolo seriamente. Ellos cambiaron de tema a las cartas incesantes de Draco en Hogwarts; todas mencionaban a Harry de un modo u otro.
Más tarde, de vuelta en el cuarto, Draco refunfuñaba al respecto, con el rostro de un lindo tono de rosa.
—No estaba obsesionado contigo, son exageraciones suyas. Y no es como que sólo escribiese cartas hablándoles de ti, claro que hablaba de otras cosas, de- no sé, Quidditch, mis amigos, Snape…
Harry se inclinó para besarle la mejilla y luego se subió a la cama.
—Lo que tú digas, princesa —replicó, tendiéndose. Esquivó la almohada que él le lanzó, pero no pudo evitar que le diese después en la cabeza, cuando Draco la levitó de regreso.
—Y no me digas así —continuó quejándose Draco, puchero incluido.
Harry rodó los ojos, sonrió contra su voluntad, y lo jaló hacia sí para callar sus protestas con largos besos.
El matrimonio Malfoy se quedaba en la otra punta de la casa y Lily en el pasillo contiguo. Ellos se durmieron un par de horas después de esa conversación que terminó en hechizos silenciadores, de cerradura, y Harry utilizando la boca en cualquier extensión de piel pálida que estuviese disponible.
Por suerte, siempre recordaba retirar los hechizos cuando ya no eran necesarios. A mitad de la madrugada, la puerta se abrió, y Harry despertó enseguida, por un reflejo que comenzó en la guerra y se agudizó con sus hijos. Pasitos apresurados se dirigieron a la cama.
Soltó a Draco, se giró, y utilizó el hechizo que le permitía ver de forma temporal, para encontrarse con una mata de cabello rojizo y un pijama de dragones.
—Fui al baño y Tati me sacó de la cama —protestó Lily, con un hilo de voz. Tatiana, el kneazle, tenía la mala costumbre de ocupar la cama de su dueña apenas se iba, y a ella no le gustaba moverla.
Harry sabía que intentar que sacase a la gata de su cama era una causa perdida, así que se movió hacia atrás y le hizo espacio en la orilla de la cama. Lily se subió y se metió bajo su cobija.
Percibió el movimiento del otro lado de la cama y oyó un leve sonido de Draco, similar a un suspiro.
—¿Qué pasa, Harry? —preguntó, adormilado, pegándose a su espalda. Estaba seguro de que ni siquiera abrió los ojos.
—Lily —explicó Harry. Eso lo decía todo.
—Tati me sacó de la cama —repitió ella, escondida bajo la cobija.
—Tati es malvada —Draco contuvo un bostezo a duras penas—, hablaré con ella por la mañana.
Eso sonaba a que iba a hechizar su collar para que parase de ocupar la cama de Lily, pero era tan buena idea como cualquier otra para Harry.
—Gracias, papá Draco —respondió la niña, al tiempo que le robaba la almohada a Harry.
Alrededor de un minuto más tarde, sólo escuchaba la respiración pausada de su hija dormida. Harry le destapó la cabecita con cuidado de no alertarla y utilizó un hechizo para asegurarse de que no se fuese a caer, por encontrarse entre él y la orilla.
Draco sonaba un poco más despierto cuando habló, sólo para él.
—¿Me dijo…?
Harry sonrió, en medio de la oscuridad del cuarto.
—Sí.
—Oh.
Su novio soltó una risita, lo rodeó con un brazo, y volvió a pegarse a su espalda. Harry se durmió de nuevo, con la vaga impresión de estar siendo usado como almohada doble.
El collar de la gata resultó hechizado por la mañana, de todos modos.
—0—
El lunes por la mañana era el último momento en que tendría a Lily por el resto de la semana. Ginny pensaba llevarla de compras, a comer helado, con el equipo de Quidditch, y quién sabía qué más que tuviese en mente madre-novia de su madre-hija. Desayunaban sin prisas en el comedor de Godric's Hollow, que era tranquilo por la ausencia de los chicos.
Harry leía una carta de James haciéndole un resumen de todo lo "bueno" que hizo ese mes, para que él se lo contase a la capa, y esta volviese a su lado; incluía ayudar a unos Hufflepuff de primero atascados en un hechizo de un charco de barro, mantener el orden en la enfermería por Pomfrey, cuando varios Gryffindor bulliciosos resultaron heridos, y no decirles a sus compañeros de equipo que le arrojasen bludgers a la cabeza a los Slytherin en el partido, sino que lo hicieran hacia los brazos o espalda. Eso requería mucho esfuerzo para su James.
Lily, frente a él, bebía leche achocolatada en un vaso con alas de mariposa por asas.
—Me gustó tener más abuelos —dijo, de pronto, más concentrada en su desayuno que en él y el sobresalto que le causó que sacase el tema así—, los papás de papá Draco son geniales.
Harry no pudo evitar sonreírle.
—Le diremos que te visiten cuando vuelvan, ¿te parece?
Ella asintió y comenzó a contarle que estaba practicando un hechizo escudo que no le salía. Terminaron de comer, Harry se aseguró de que se pusiese los zapatos del uniforme y no unos rosa chicle que quería presumirle a sus compañeras, y partieron hacia la escuela.
En Hogwarts, un Gryffindor esperaba que la capa de invisibilidad volviese a él, y tres Slytherin perseguían a un bowtruckle que huía con el mapa, en un túnel secreto.
Guardemos el secreto sobre desastres adolescentes por ahora, jaja.
