Wizdad
Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.
Género: Romance/Family/Humor.
Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
El día de Draco
Un día normal para Draco podía iniciar en su casa en la comunidad mágica, en Godric's Hollow, e inclusive en Francia. Gracias a Merlín que su madre se entretenía con la floristería y su recién abierto club de duelos exclusivo para brujas, así que las cartas quejándose eran menos y sus visitas a casa de sus padres también. Los adoraba, pero a las interminables charlas sobre los sangrepura franceses no tanto.
Ese día, Draco despertó en su propia cama, con dos adolescentes en casa. Scorpius no se acercaba a su cuarto si no tenía algo que decirle que considerase importante, y Altair simplemente asumía que, si no había visto a su padre deambular por ahí temprano, continuaba dormido, y no valía la pena despertarlo. Eso le permitía unos preciosos minutos tendido en el colchón, que no conseguía cuando sus hijos eran más pequeños y los pasitos irrumpían allí cada vez que se asustaban, se peleaban, les daba hambre o se aburrían.
Después de un merecido rato de no hacer nada, Draco se levantaba. Su rutina a primera hora era simple y común. Pasaba por el baño, dedicaba unos minutos extra a su cabello, seleccionaba la ropa que usaría.
A Astoria, sólo Merlín sabría por qué, nunca le gustaron los elfos, así que entregó los que le quedaban a la familia Malfoy en la época en que se casaron. Draco se acostumbró a vivir sin servidumbre, y luego Hermione llegó a su vida junto a Harry, con sus ideas sobre la esclavitud y los derechos de las criaturas. En resumen, el único elfo que aparecía por allí iba una vez a la semana a limpiar. El resto no demoraba en hacerse con magia, el desayuno incluido.
Con el paso de los años, a Draco se le ocurrió una idea brillante. Desactivar el rastreo de magia del Ministerio en su casa. En general, los chicos que vivían con un familiar mágico tenían más libertad con pequeños hechizos a medida que crecían, sin que un agente del Ministerio lo persiguiese por utilizar magia fuera de Hogwarts; él sólo adaptó un poco sus barreras para darle libertad extra a sus hijos. Eso significaba que el olor a huevos y tocino debía ser alguno de ellos con los encantamientos para cocinar.
Altair lo saludó desde el borde de la cocina. Leía un recetario mágico con expresión aburrida y sostenía la varita en una mano. La comida se preparaba sola a unos pasos de su posición. Draco comprobó que los hechizos funcionasen bien y lo felicitó; recibió a cambio ese ruidito que asociaba a los adolescentes y sonaba como "ujum".
—¿Scorpius ya se levantó?
Otro "ujum". ¿Se suponía que eso era un "sí" o un "no"?
—¿Estás preparando el desayuno para los tres o sólo para ti?
Tenía que preguntar. Cuando Altair aprendió los hechizos de cocina, sólo lo hacía para él, y Scorpius formaba pucheros durante largo rato, diciéndole que sí cocinaría para su hermano si hubiese sido al revés.
—Ujum —repitió.
—No estás leyendo un recetario, ¿cierto? —repuso Draco, mirándolo con interés.
Altair cerró el libro.
—Es para los tres —contestó, guardando el libro lejos de su vista.
—¿Calentaste mi café, Alti?
—Ujum.
Draco se aproximó a la cafetera, se aseguró de que sí estaba caliente, y realizó un encantamiento que atraía la taza y se lo servía.
—¿Sabes que existe algo fascinante llamado "palabras"? Y son más que "ujum".
—Ajá —respondió Altair, completamente intencional.
Draco estaba muy agradecido de no haber tenido más hijos. Sus dos mocosos y los de Harry le bastaban.
Scorpius entró a la cocina llevando un par de ganchos de ropa y prendas que le enseñó a su hermano. Ya que Draco tenía la mala suerte de haber estado ahí, bebiendo su primer café del día, terminó incluido en su conversación.
—Buenos días, padre, ¿cómo dormiste? ¿Vas a desayunar con nosotros? ¿Tienes mucho trabajo? ¿Saldrás hoy? ¿Me vas a acompañar a La Madriguera? ¿Vas a ver al señor Potter? ¿Es mejor la camisa verde o la azul? ¿Me puedes repetir el hechizo para coser los agujeros en la ropa? ¿Crees que este pantalón quede mejor con esto? ¿A Rose le gustará…?
Le recordaba a Astoria cuando hacía eso. Al vivir juntos, ella hablaba de sus primeros cinco temas de conversación antes de que Draco se hubiese acabado el café. Por suerte, también se contentaba con poco.
—Ujum —contestó Draco, distraído. Notó que Altair le dirigía una mirada divertida.
En cuanto el desayuno estuvo listo, Draco lo sirvió en tres porciones. Altair estaba por abandonar la cocina, cuando Scorpius le agarró el brazo y comenzó a arrastrarlo en la otra dirección.
—Vamos a comer en la terraza.
—¿Por qué? —preguntó Altair sin ganas, dejándose arrastrar con libro y bandeja de desayuno incluidos.
—Porque las familias comen juntas, Alti —decía Scorpius, muy seguro.
Altair emitía aquel otro sonido de frustración, que era más bien como el de un animal herido.
—¿Por qué? —repitió—. Comimos juntos anoche…
—Pues porque…
Como Draco quería mantener su dignidad intacta, y eso abarcaba no ser arrastrado por su hijo de dieciséis años, los siguió con su bandeja de comida.
—¿Qué vas a hacer hoy, Alti? ¿Me acompañas a La Madriguera?
—Voy a encerrarme con mi libro para intentar terminar la trilogía antes de que Gemma venga a molestar…
—¿Y si me acompañas un poco más tarde?
—No.
—Al dijo-
—No.
—Pero-
—No voy a verte babear por Rose, Scorpius.
—¡Vamos a jugar Quidditch!
—Pues no quiero verte babear por Rose en uniforme de Quidditch.
Draco los dejaba seguir con sus pláticas extrañas y quejas, y se dedicaba al delicioso desayuno hasta que alguno se dirigía a él.
Al terminar, Scorpius volvió a preguntarle sobre la ropa que se pondría. Tras varios minutos, un chico feliz iba a cambiarse, los platos estaban limpios y en sus lugares, y Draco veía a Altair salir de la cocina con una jarra de dos litros de un tipo de té.
—¿Vas a leer un libro o estás armando un búnker de guerra, Altair?
—Son más o menos lo mismo —replicó su hijo, perdiéndose en el pasillo.
Los chicos eran raros.
—0—
Cuando no era necesario que visitase el edificio de Laboratorios Malfoy&Weasley por la mañana, Draco revisaba los registros de pociones preparadas el día anterior, ordenaba cuáles serían hechas durante ese día, y trabajaba en sus pruebas en el laboratorio que tenía en casa. Solía ser bastante tranquilo, hasta que uno de los chicos abría la puerta. La barrera que le colocaba para evitar su contacto con cualquier elemento extraño formaba una burbuja protectora, mientras ellos hablaban:
—¿Has visto mi escoba? Sólo encuentro la de Altair.
—Padre, ¿se acabaron mis sobres de té?
—Padre, ¿ya no hay polvos flu?
—Madre envió una nota.
—Madre dijo que nos buscaría mañana.
—Padre, no encuentro los rociadores especiales para el agua de Feroz.
—Padre, ¿has visto a Bolita?
—Padre, ¿crees que…?
Después de varias interrupciones, algunas pausas, un par de explosiones menores y agotar la cantidad de suspiros establecida para ese día, Draco acababa sus pruebas, anotaba los resultados, e iba al estudio.
Scorpius estaba en casa de los Weasley, y acababa de ver a Altair caminando de regreso a su cuarto, con una caja de galletas bajo el brazo. Un día, en serio utilizaría un hechizo para ver si tenía alguna especie de almacén secreto de comida.
—¿Me das una al menos?
Altair le lanzó una y siguió andando. Draco se repitió que los chicos eran extraños y continuó hacia su estudio.
Allí, guardaba la información referente a las bóvedas y propiedades de la familia. Algunos documentos necesitaban ser leídos y firmados, archivos para organizar, cartas que responder, más registros que comprobar, negocios que atender. En determinado momento, Draco se retiraba los lentes de lectura, se reclinaba en el asiento y cerraba los ojos, masajeándose las sienes para relajarse un poco.
Generalmente, a esa hora, una lechuza tocaba a su ventana y entraba para darle un mensaje corto de Harry. Era el descanso de los niños durante la época escolar y poco después de la comida de los Potter en las vacaciones, así que en cualquier caso, su novio aprovechaba de escribir alguna tontería, que siempre lo hacía reír o rodar los ojos. También era el momento en que contestaba a los mensajes que Albus le enviaba al prototipo de comunicador de George; era común que tuviesen un "no sé qué…", el nombre de Scorpius, o ambos.
Tras decidir lo que haría a continuación, tenía otra interrupción. Murmuró para que quien tocase su puerta entrase y se asomó una cabeza que no tenía el cabello rubio.
—Buenos días, señor Malfoy. Mi madre mandó galletas.
—Buenos días, Gemma. Dale las gracias de mi parte.
A la madre de Gemma le gustaba hornear. Y también le gustaba un poco Draco. Él estaba seguro de haber usado la frase "mi novio…" al menos tres veces en su última conversación en la Asociación de Padres de Hogwarts, pero los pequeños detalles seguían llegando en forma de galletas, cupcakes, trufas y similares. Como no las aceptaba de vuelta, se comía un par y ponía el resto en la cocina para que alguno de los monstruos con estómagos abismales que tenía por hijos se los comiesen.
La chica colocaba la bolsita de color pastel en su escritorio, le decía que estaría con Altair, y se marchaba, cerrando la puerta con cuidado.
Draco normalmente estaba en el estudio hasta la hora del almuerzo. Preparaba algo de comer, le decía a Altair que le dejaba su parte en la cocina (ese día, la porción de Scorpius se la comería Gemma, mientras él estaba en el festín que era cada comida con los Weasley), y poco después, visitaba Laboratorios Malfoy&Weasley para asegurarse de que todo se hizo según sus indicaciones y no tenían inconvenientes.
Entonces, al volver a casa, era libre. Más o menos libre. Alrededor de las tres de la tarde, veía a Altair asaltar la cocina de nuevo, esta vez para llevarse una bolsa de frutos secos.
—¿Ya se fue Gemma?
—Ujum.
—¿Y tu hermano llegó?
—Ujum.
—Ujum, ujum, ujum…—repetía Draco para sí mismo, después de que se hubiese ido de vuelta a su encierro en el cuarto. Vaya forma de pasar las vacaciones de verano.
Cuando creía que podía tomarse un rato para leer también, aparecía Scorpius de nuevo. Tocaba la puerta de su habitación, la entreabría en cuanto Draco le decía que entrase, asomaba un lado del rostro, luego la cabeza completa. Era una costumbre que tenía desde la infancia, como si se fuese deslizando dentro de su cuarto lentamente, y así, según él, "molestase" menos.
Se acababa cuando Draco hacía la temida pregunta:
—¿Quieres hablarme de algo, Scorp?
Draco creía que la única comparación posible era el abrir la caja de Pandora. En una oportunidad, su padre le había dicho que así se sentía él cuando el Draco adolescente irrumpía en su oficina en la Mansión y comenzaba a quejarse. Suponía que era el karma.
—Discutí con Rose —empezaba. Discusiones con Rose, a dónde ir con Albus y qué clases avanzadas tomar eran la temática principal de ese verano—, ella estaba diciendo que…
…y yo le dije que…
…pero en ningún momento habíamos acordado que…
…y no sé por qué lo decía, porque tampoco es la primera vez que lo dice, pero yo no creo que…
…y lo que pasó fue que…
…pero yo no estaba…
…después Albus…
En su opinión, Scorpius nombraba demasiado al segundo Potter. Incluso cuando le hablaba de las discusiones con su novia. Él prefería no hacer comentarios al respecto.
Al finalizar su "media hora de Scorpius" (que no siempre era media hora completa y a veces sí superaba los treinta minutos), su hijo inhalaba profundo para recuperar el aire perdido en esa charla casi unilateral, se giraba hacia él y le preguntaba qué pensaba. Y lo peor era que esperaba una respuesta inteligente, madura y perfectamente racional de su padre, que era un adulto capaz de resolver sus problemas, de acuerdo a él.
Draco no tenía la menor idea de qué responderle.
En la mayoría de los casos, sentaba a Scorpius a su lado e intentaba desentrañar los misterios de la problemática adolescencia hasta que él llegase a una conclusión por su cuenta. Para esto, su "yo" exterior era una mezcla de "sé muy bien lo que te digo" y "todo va a estar bien". Su "yo" interior, por otro lado, era un "¿qué he hecho para que creas que sé qué hacer?" y "¿por qué no le preguntas esto a tu madre?", que no podía decir sin romperle el corazón a su hijo que lo consideraba alguna especie de sabio místico.
—Creo que parar de hablar no es una reacción muy madura, y si quieren resolverlo, debes decirle a Rose que tienen que conversarlo, y que no debería ignorarte cuando se enoja porque...
Allá iba de nuevo.
Scorpius solía salir de su cuarto con una determinación increíble a resolver sus problemas, y Draco se tiraba en la cama, mentalmente agotado.
A media tarde, por lo general, iba a dar un paseo con Harry, salían a alguna parte, o planeaba el resto de la tarde y a dónde pasarían la noche. Sería una forma tranquila de finalizar su día, sino fuese porque dos cabezas pelirrojas y una de cabello negro se unían a su pequeña familia. Ya que Astoria y Ginny pasarían por ahí en la mañana, se llevarían a los cinco a su casa, y su hogar era convertido en una zona de conflictos hormonales y chillidos. Montones de chillidos. Lo que más diferenciaba a sus mellizos de los Potter era que Draco ni siquiera los escuchaba cuando discutían, pero cuando eran los hijos de Harry, la situación cambiaba.
—¡James, te dije que no tocaras mi bolso!
—¡Yo te dije a ti que no tomaras mi pluma!
—¡Dame mi bolso!
—¡Dame mi pluma!
—¡Teddy puede estar cinco minutos sin que le escribas una carta!
—¡Pues tú puedes estar cinco minutos sin tu espejo!
—¡James!
—Oye, ¡no! ¡No me…! ¡Ay! ¡Papá!
—¡Papá, James me pateó!
—¡Ella me tiró de la silla, papá!
—¡PAPÁ!
—¡Ya dejen de gritar! —reclamaba Albus, desde otra parte de la casa.
—¡Tú no te metas, Albus!
—¡Sí, no te metas!
Mientras esto sucedía, Harry comía galletas en la cocina con Draco.
—¿Y dices que James, ese James —Draco apuntó a la sala de la que provenía el griterío—, va a estar bien viviendo solo?
Harry se encogió de hombros. Tenía las mejillas infladas de la cantidad de galletas que se metió a la boca y las comisuras llenas de migajas. Draco arrugó la nariz y le recordó que existían servilletas para eso.
—Él dice que va a estar bien —alegó, después de tragar—, visité el apartamento y se ve en buen estado, queda lo bastante cerca de Godric's Hollow para que vaya si hay una emergencia, pero no tanto como para que no se sienta, no sé, independiente, supongo. Me hizo jurar dos veces que avisaría antes que ir a verlo allí —Harry arqueó un poco las cejas al decirlo.
—¿Sabes de dónde queda cerca también? —mencionó Draco, pensativo—. Del sitio en que Teddy está trabajando.
—Lo sé, Teddy es quien lo va a ayudar a desempacar —Harry meneó la cabeza—. Andrómeda dice que no se sorprendería si su nieto comienza a desaparecer algunas noches a la semana, no se ha ido de casa porque no quiere dejarla sola a su edad, pero teniéndolo cerca…
Dejó la conversación hasta ahí. Ambos oyeron a Lily quejarse porque su hermano le arrebataba el bolso, de nuevo, con magia.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? —Altair debía haber entrado a la sala—. No puedo leer si sus gritos se escuchan por toda la-
—¡Altair, me quitó mi bolso! ¡Ayúdame!
—James, no seas idiota, dale el bolso. Se supone que tú eres el maduro entre los dos.
Y comenzaba una nueva discusión. Draco observó a su novio de reojo. Harry se acabó sus galletas y adoptó aquella expresión suave de "sé que somos un desastre, pero te amo y me voy a poner triste si nos echas". Cedió. Le dio un beso y se dirigió hacia la sala.
Utilizó un hechizo para quitarle el bolso a James, se lo devolvió a Lily, puso la pluma en la mano de su verdadero dueño, le preguntó a Altair qué pensaba llevarse ahora de la cocina, y después indagó sobre el paradero de la cabecita rubia y la cabecita oscura faltantes.
—Creo que están en el cuarto de Scorp —contestó Lily, hurgando dentro de su bolso. De pronto, se puso roja y gritó:—. ¡James Potter, regrésame mi…!
Decidió que Harry se ocuparía esa vez y caminó hacia el cuarto de Scorpius. Se suponía que les preguntaría a los cinco qué querían cenar para que llegasen a un acuerdo sobre el restaurante al que irían. No era igual que tres personas tomasen una decisión, a que lo hiciesen siete personas.
Se detuvo frente a la puerta, tocó con los nudillos, y abrió. Luego se arrepintió.
Scorpius estaba tendido en su cama y Albus se había subido sobre él. Lo besaba.
Draco cerró la puerta sin hacer ruido, se giró, y optó por fingir que él jamás había visto eso.
—0—
Los chicos bajaron cuando James, Lily y Altair ya estaban de acuerdo sobre la comida italiana, así que accedieron, y Harry eligió el restaurante. Albus actuaba como cualquier otro día. Scorpius parecía distraído.
Tuvieron una agradable cena, probablemente de las últimas mientras James viviese con los Potter. Empezaba a mover sus cosas al día siguiente. Tomaron el flu para volver, y según la cuenta de Draco, Scorpius tardó cerca de una hora después de que llegaron en estallar y pedirle que hablasen.
Así que ahí estaba, en medio del cuarto de su hijo, viéndolo caminar de un lado al otro y mover los brazos.
—¡…y me besó! —exclamaba cada pocos segundos—. Yo estaba muy sorprendido, entonces no…
Draco dejó que hablase durante otro rato, comprobó la hora con un conjuro, y se preguntó si Albus lo estaría esperando para conversar del mismo tema.
—Bueno, Scorp —contestó en cuanto vio una oportunidad, en tono tranquilo—, no podemos cambiar o evitar que una persona se sienta de cierto modo. Ya sabes eso sobre Albus, y si tienes a Rose, no debería afectarte y sería mejor dejarle en claro todo desde ahora para no herirlo.
Scorpius lo observaba boquiabierto. Esos ojos horrorizados y culpables le advertían que, en todo ese tiempo, no había pensado en Rose.
—¿Y si…y si…digamos que…y si, no sé, y si me…y si me hubiese afectado un poco? Como- como, ahm-
Aquello tardaría un rato. Draco lamentó no haber tomado una bebida de la cocina, antes de dejarse arrastrar.
Cuando Scorpius entendió que necesitaba analizar sus emociones a fondo, y que Draco no podía hacerlo por él, permitió que su padre se marchara. Recorrió la casa, le dijo a Lily que la ayudaría en un momento con un favor que le pidió, le recordó a Altair que su bocadillo nocturno estaba en la alacena, y fue interceptado por Albus.
Eran las nueve de la noche y Draco Malfoy se encontraba sentado en su terraza, bebiendo cerveza de mantequilla, y viendo a Albus Potter caminar de un lado a otro y despeinarse el cabello. Harry se había asomado desde la sala un rato atrás para hacerle preguntas mediante gestos y él le respondió del mismo modo que estaban bien y que hablarían en el cuarto después.
—¡…no sé en qué estaba pensando! —decía Albus, en un tono tan desesperado que se sentía mal por el pobre chico—. Ni siquiera- estábamos hablando- estábamos hablando de- de algo que quería hacer, y él me había dado un brazalete de la amistad- ¡un brazalete! ¡De la amistad, Draco! Pensó que me sentía "abandonado" este verano y eso me recordaría que le importo- estábamos muy, muy cerca, y de repente, yo- yo- ¡parezco un Gryffindor, Draco! ¿Qué me está pasando? ¿Me voy a morir?
Él no creía haber sido así de adolescente.
Unos minutos más tarde, con un Albus que quería hablar del tema con Scorpius, Draco pudo escapar a su cuarto. Harry batallaba con su cabello húmedo, luego de bañarse, así que se sentó detrás de él, tomó el peine, y lo ayudó un poco.
—¿Mucho drama por un día? —indagó, con un toque de diversión.
Draco le besó la parte posterior del cuello y emitió un vago sonido afirmativo.
—Más del que te imaginas.
Harry sólo se rio de su mala suerte.
No hace falta la descripción de cómo suelen ser las noches de Draco. De un tiempo a esta parte, se resumen en "Harry". Estar con él, hablar con él, besarlo a él. Intercambian notas hasta altas horas si se encuentran en sus respectivas casas, y juntos, a veces se dormían sin darse cuenta después de hablar largo rato.
Así son la mayoría de los días de Draco. Caóticos, extraños, agotadores, y divertidos. Él también adora a su familia.
A cada uno de ellos.
