30/10/2020

Nota: Ambientación Old Classic 1920.


En una descuidada casa de apuestas disfrazada de un bar de mala muerte, estaban dos jóvenes. Eran diferentes al resto de los hombres que estaban ahí, comenzando por su crianza y educación. No se tenía que ser un gran genio para notarlo, la elegancia en la que el joven rubio estaba sentado con sus cartas en la mano era sublime. Y que hablar de la propiedad en el movimiento que hacía el otro joven de cabello negro, constantemente quitaba mechones largos de su frente, estaba tan concentrado en el juego que no se daba cuenta de las miradas que le daban las meseras.

—Apostaré todo—. Dijo Naruto acercando su fortuna a las apuestas.

Sasuke permaneció imperturbable.

—No voy—. Dijo Sasuke.

Naruto lo miró con duda, si alguno de los dos ganaba, tendrían el dinero suficiente para pagar unas discretas deudas que tenían pendientes. Además, Naruto estaba seguro de su jugada, tal vez esa noche al fin sería libre de los cobradores.

Naruto bajó sus cartas, era una magnífica jugada, los demás hombres en la mesa fruncieron el ceño en derrota. Uno de ellos golpeó la palma de su mano en la mesa rústica de madera. Naruto sonrió en un merecido triunfo, que bien se sentía ganar después de una mala racha.

—Si me disculpan caballeros—. Naruto se levantó de su silla y se inclinó a la mesa, con las dos manos abiertas tocó el dinero, pero no lo atrajo hacia si, se detuvo en seco cuando uno de sus contrincantes le mostró sus cartas.

—Joven Uzumaki, no toque mi dinero.

La corrida de ese hombre aplastaba a la de Naruto. El rubio tragó y una mirada desconcertante se apoderó de su rostro. Sasuke negaba con la cabeza.

El hombre que había ganado les sonrió, ambos dientes centrales eran de oro, y su piel parecía ceniza, como si trabajara en las minas.

—¿Quiere la revancha, joven Uzumaki?—. Preguntó el moderador de la partida, era un hombre maduro, trabajaba en el bar.

Naruto apretó los dientes, todo su dinero lo había perdido en un chasquido.

Él negó con la cabeza.

—¿Joven Uchiha?

—No—. Respondió Sasuke secamente.

—Entonces les pediré que se retiren, puedo darme cuenta que agotaron sus fondos—. Dijo el moderador.

—Sí, sí sabemos cómo funciona esto, no es necesario que me lo repitas cada vez que pierdo.

—Es porque es un mal perdedor, joven Uzumaki...

Naruto se levantó abruptamente de su asiento, su costoso abrigo de color café estaba en el respaldo de la silla, su mirada era de enojo, pero el encargado de la mesa tenía razón, Naruto se descontrolaba siempre que perdía.

—Esto no es nada, la próxima vez todos me pagarán ¿escucharon?

—Joven Uzumaki, no tiene ni un centavo para pagarse un trago, no nos venga con amenazas infantiles, además...

el hombre habló en voz baja, captando la atención de todos los hombres en la mesa.

—... no queremos la compañía que está con ustedes dos, si saben a lo que me refiero.

Sasuke seguía sentado con calma, usaba un abrigo azul oscuro, el cuello de su camiseta salía, esa moda era común en los universitarios de esa época, los hombres en la mesa jamás habían oído hablar de la universidad, lo más cercano que tenían era a Sasuke y Naruto ahí.

El Uchiha sin mover su rostro buscó con su mirada a las personas que se refería ese hombre, de inmediato los encontró, eran dos de los trabajadores de Orochimaru, Sasuke sabía porque estaban ahí, de hecho, todo el mundo lo sabía: tenían una deuda con el pálido hombre y no sería perdonada, al contrario, si no se pagaba a la brevedad, Orochimaru se encargaría de ese asunto.

—Naruto—. Dijo Sasuke. —No tienes dinero, acéptalo y vámonos.

—Tengo dinero, pero no está conmigo—. Reparo Naruto. —Espero que practiquen sus jugadas, no tendré piedad con ustedes.

Naruto se levantó y caminó hasta la puerta, se puso el abrigo y salió al frío exterior.

—Eres un imbécil—. Dijo Sasuke. —¿Cómo no pudiste prever la jugada?

—¿Cómo si tú lo hubieras hecho?

Sasuke miró a Naruto con frialdad.

—De acuerdo, tuve un desliz.

Naruto y Sasuke caminaron por un callejón, la zona era espantosa, había basura por todas partes y personas durmiendo en el suelo.

Sasuke tomó a Naruto del hombro y se puso frente a él.

—¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que te puedes dar el lujo de tener un desliz en esto? No hay persona a quien no le debas dinero, ¿qué le dirás a tu padre? ¿Que están reparando tu auto y por eso no lo ha visto desde hace una semana?

Naruto empujó a Sasuke, era normal que ambos tuvieran ese tipo de discusiones.

—Por si no te diste cuenta había dos tipos de Orochimaru en el bar, nos están vigilando.

Naruto se sobresaltó. Intentaba mantener su cabeza fría ante la realidad, tenía que ganar dinero rápidamente o lamentaría muy pronto.

—No me di cuenta ¿está bien? Lo tengo todo controlado, cálmate.

Naruto se llevó una mano al cabello, intentando controlar su nerviosismo.

Ambos jóvenes salieron del callejón hasta llegar al auto de Sasuke, la calle no estaba tan Iluminada, era desolado.

Naruto caminaba pensativo, de inmediato se dio cuenta que alguien los estaba siguiendo, se giró y vio a una persona, usaba un viejo abrigo largo y tenía su mano derecha dentro de una bolsa interna, parecía sostener algo, eso preocupó a Naruto.

Sasuke miró a otra persona adelante de su auto, tenía una palanca de metal en sus manos.

—¿Mala noche de apuestas?—. Dijo el hombre de la palanca.

—¿Qué quieres?

—Orochimaru quiere un adelanto.

—Eso no fue en lo que quedamos— soltó Naruto. —Y si piensan que nos asustan no es así.

El hombre de la retaguardia sacó su mano que tenía oculta, mostró un revólver. Naruto palideció.

—Tu amigo lo ha dicho, ha salido una mala noche de apuestas—. Dijo Naruto tratando de sonar simpático.

Sasuke fue cauteloso con sus movimientos.

—Dile a tu jefe que tendremos su dinero pronto, nosotros no escapamos y no necesitamos recordatorios—. La voz de Sasuke sonó fuerte y segura. —Y no me gusta que me amenacen.

Naruto seguía viendo al hombre del arma, no estaba asustado, pero estaba intranquilo.

—No venimos a amenazarte, Sasuke Uchiha, venimos a darte una probada de lo qué le pasa a los que no pagan.

El hombre elevó la palanca y estrelló los vidrios del auto de Sasuke, el Uchiha permaneció inmutable.

Naruto sintió el frío metal de la boca del revólver en su cabeza, nunca había tenido un arma tan cerca de su cuerpo, soltó un suspiro, cerró los ojos y rápidamente con su brazo izquierdo aprisionó la mano del hombre, soltando el arma. El otro sujeto rápidamente dejó de golpear el auto para ayudar a su secuaz, Sasuke fue más rápido, de un golpe lo llevó al suelo y estrelló su puño a la mandíbula del sujeto, Sasuke pudo sentir como algo se fracturó en el hombre, sonrió por un momento.

Naruto estaba sometiendo al tipo del arma. Con la culata le dio un fuerte golpe en la nuca, haciendo que perdiera el conocimiento.

—Te dije que no me gustan las amenazas, si dices que harás algo, hazlo—. Dijo Sasuke.

—Y dile a tu jefe que los daños del auto de Sasuke corren por su cuenta—. Naruto rio y se subió al coche. Sasuke encendió el auto y sonó un fuerte rechinado, rápidamente desaparecieron de esa zona.


Naruto llegó a mansión de su familia, atravesó el amplio jardín trasero y pasó de largo una gran fuente, con muchísimo cuidado abrió la puerta de atrás, tratando de hacer el menor ruido posible. Entró a una pequeña habitación donde tenían suministros suficientes para un ejército, era el cuarto de la despensa, Naruto salió de ahí, y caminó en puntillas hacia una sala de té, todo estaba en penumbra hasta que una luz iluminó la pequeña silla de la sala, era Kushina y estaba molesta.

—¿Me quieres explicar dónde estabas?

—Buenas noches, madre, acabo de llegar de una sesión de estudio, tuvimos que prolongarla porque los temas eran extensos.

Kushina no se lo creyó.

—¿Y tus libros?

—En mi cubículo de estudio, mañana a primera hora estaré ahí y no tenía sentido traerlos a casa.

—¿Y por qué entraste por atrás como si fueras un delincuente?

—Tuve un momento de reflexión en la fuente familiar, decidí entrar por aquí porque era más cercano.

Kushina afiló sus ojos, quería encontrar cualquier cosa que lo delatara, pero no había nada, él estaba tan seguro de sus actos.

—De acuerdo. Lamento el interrogatorio, pero es que has estado un poco ausente.

Naruto se acercó a su madre.

—Soy un hombre ocupado, igual que mi padre.

Kushina suspiró.

—Lo sé.

Naruto le sonrió a Kushina y se dio la vuelta para ir a su habitación.

—Naruto... ¿y tú auto?

Naruto se detuvo en seco, se giró nuevamente y sin duda contestó.

—Está semana iré a comprar las piezas para repararlo. El sujeto del taller tiene mucho trabajo.

—De acuerdo, descansa.

Naruto siguió caminado.

—Igual tu.

Kushina escuchó los pasos de Naruto subir las escaleras, el eco era fuerte, esa mansión era enorme.

Naruto llegó hasta su habitación, suspiró y trató de escupir la culpa que sentía. Odiaba mentirle a su madre , pero sabía que ella no entendería la fortuna que estaba en juego, solo era cuestión de tiempo para que un Gran Premio cayera a las manos del rubio. Caminó por la habitación hasta unos ventanales hecho con la cristalería más fina de la región, el rubio poseía la mejor vista de la mansión, le encantaba como la luz se refractaba en su habitación. Algo en el ventanal llamó su atención, alguien estaba afuera de la mansión, la vista de Naruto era perfecta, volvió a mirar y había desaparecido. El frunció el ceño, la intranquilidad se apoderó de él, últimamente ese sentimiento lo acompañaba y eso, no era nada bueno.


A la mañana siguiente, Sasuke estaba sentado en el comedor de su gran mansión, su padre leía el periódico y su madre disfrutaba en silencio de su desayuno. Itachi miraba fijamente a Sasuke. El menor de los Uchiha le respondió con la mirada, era como un duelo, Itachi siempre hacia eso, como si con sus ojos fuera capaz de leer la mente, Itachi sabía que algo consternaba a su hermano, pero no podía adivinar que era, los dos eran un enigma, pero por lo menos Itachi era más abierto. Expresaba sus emociones y disfrutaba de las pequeñas cosas, su hermano era todo lo contrario.

—¿Quiere más café, joven Sasuke?—. Preguntó el ama de llaves.

—Estoy bien, gracias.

—Anoche llegaste tarde, tu universidad es exigente—Dijo Itachi, aun viéndolo fijamente.

—No estaba en la escuela—. Respondió secamente Sasuke.

—¿Y dónde estabas?

Sasuke se llevó la taza a los labios, agradeció por el desayuno en familia y se levantó.

—Son mis asuntos.

La última vez que Itachi había estado en casa había sido hace varios años, en ese momento estaba de visita, se matriculó de la misma universidad que Sasuke y consiguió un empleo en un periódico en otra ciudad, le encantaba escribir.

—No molestes a tu hermano—. Dijo Fugaku que estaba detrás del periódico.

—Ha estado muy estresado con la escuela, ya sabes cómo es.

Itachi miró la puerta por donde había salido, definitivamente había algo que inquietaba a su hermano.

Sasuke salió de su hogar, sus zapatos estaban relucientes, su pantalón gris no tenía alguna arruga siquiera y su abrigo color marfil le llegaba a las rodillas, subió al auto y salió de la propiedad. Miró su reloj y condujo lo más rápido que pudo. Su objetivo no era la universidad, sino otro sitio más alejado.

Sasuke comenzó a seguir un auto de color azul marino, era lujoso y estaba en su óptimo estado. El auto giró y Sasuke también, el conductor del auto sacó una mano, señalando que se detuviera. Sasuke presionó el freno, estaban en una carretera desolada, el propietario del auto azul se bajó, Sasuke hizo lo mismo.

—¿Me hiciste conducir hasta aquí para esto?

El hombre sacó de su bolsillo un cigarrillo, le ofreció a Sasuke y este declinó.

—Tienes poco dinero y un problema con tu auto, era esto o nada.

Ambos estaban frente a un taller, los autos que arreglaban ahí parecían ser de hace cien años, Sasuke frunció el ceño. Del interior salió un hombre, su ropa tenía manchas de aceite y su camiseta no tenía mangas a pesar del frío que hacía.

—Kakashi, cuánto tiempo.

—Teuchi. Él es Sasuke Uchiha, le doy clases en la universidad. Lo quisieron asaltar anoche y rompieron los cristales de su auto.

Teuchi se acercó al auto, era una joya de la corona, era el auto más hermoso que había visto en su vida, incluso mejor que algunos autos que Kakashi le había traído.

Acercó una mano sin embargo no lo tocó.

—¿Por qué vinieron conmigo?

Sasuke sintió como el mecánico lo estudiaba, era obvio que el dinero no le faltaba, y ese auto no merecía ser tratado en un taller barato.

—¿No te das cuenta Teuchi? Sasuke es estudiante todavía, necesita alguien de confianza que haga buenos trabajos sin que lo estafen.

—Bien, vengan en una semana.

Sasuke no dijo nada, pero estaba molesto, tendría que recurrir a la misma mentira que su mejor había dicho en casa sobre su auto, con la diferencia de que Sasuke si recuperaría el suyo, no como Naruto que lo había apostado.

—Sabía que podía confiar en ti, sigues viviendo donde siempre ¿verdad?

Teuchi le lanzó una mirada preocupada a Kakashi. Aunque no había sido explicito, Kakashi le quiso decir a Teuchi que no se pasara de listo con el auto de Kakashi o personalmente iría su cara a enfrentarlo.

El mecánico asintió.

—De acuerdo, en otra ocasión nos pasaremos por tu restaurante, Naruto lo adora.

Kakashi le sonrió sin preocupación y después se dio la vuelta, Sasuke lo siguió.

Ambos entraron al auto de Kakashi. Sasuke le dio una mirada seria.

—¿Qué? ¿Piensas que con solo decir por favor y gracias las personas harán lo que quieres?

—La mafia te afectó—. Dijo Sasuke.

—No, siempre he estado afectado, la mafia solo me agravó.

—¿Cómo es que de trabajar para la mafia te convertiste en profesor?

—¿Nunca te lo conté?

Sasuke permaneció en silencio. Kakashi entendió la respuesta.

—La mafia es aburrida y trabajar de maestro es emocionante. Es todo.

El Uchiha sabía que mentía, pero sabía que Kakashi no revelaba tanto de sí para proteger a sus conocidos. Aunque Kakashi no pudo protegerlos del mundo de las apuestas y peor aún, del mundo de las deudas.

Años atrás, cuando Naruto y Sasuke ingresaron a la universidad, ambos se interesaron en la política, y además viniendo de familias influyentes era más que seguro su éxito dentro de una carrera como ministros o contadores. A Sasuke le apasionaban los números, era calculador y perfeccionista, mientras que a Naruto le encantaba la atención y hablar con las personas, y sobre todo a ambos les acariciaba el poder. Conocieron a Kakashi en una clase de economía política, el profesor Hatake era extremadamente listo, de inmediato reconoció a Sasuke como un prospecto para algún trabajo de investigación, por otra parte, en Naruto vio el carisma que cualquier político mataría por tener, Kakashi se encargaría de ser su mentor para verlo triunfar en cualquier elección que se postulara.

Ambos jóvenes veían en Kakashi la voz de la experiencia y el trabajo duro, pero también cierto misterio, Sasuke lo había investigado, no había nada sobre él, incluso llegó a pensar que ese no era su verdadero nombre. Una noche de estudio con su mentor, Naruto le cuestionó acerca de su pasado, Kakashi rio, dijo que era mejor no saber.

Los dos hombres seguían en el auto, casi llegaban al campus de la universidad.

—Naruto le dijo a los dos tipos de anoche que los daños del auto los pagaría Orochimaru.

—Tener dinero de Orochimaru es igual a estar muerto—. Kakashi sacó otro cigarrillo, y se lo puso en la boca sin encenderlo.

—¿Cuantos días les dio Orochimaru para pagarle?

—No nos dio días.

—Eso no lo mencionaste, Sasuke.

—¿Es importante?

—Pronto te dará un ultimátum.

—¿Acaso lo de mi auto no es un aviso?

Kakashi permaneció en silencio, llegaron al estacionamiento de la universidad.

—Para nada, tarde o temprano Orochimaru hará algo para captar tu atención. Si yo fuera tú, me preocuparía en juntar su dinero.

Kakashi abrió el maletero y sacó su portafolios, le dio una última calada a su cigarro y lo dejó caer al suelo.


Naruto estaba en un pasillo, había decidido no entrar a la clase, aún estaba digiriendo el asunto de anoche, el tener un arma en su cabeza era algo que lo mareaba.

En su mano tenía un reloj de bolsillo, lo abría y lo cerraba, después lo miró fijamente y se cuestionó cuánto dinero le darían por el en una casa de empeño, frunció el ceño y dejó ir ese pensamiento. Ese reloj le perteneció a Jiraiya, era lo único que tenía de él, se molestó consigo mismo por pensar algo tan bajo como venderlo. Guardó su reloj y se recargó en la pared, una voz interrumpió el silencio que había en el pasillo.

—Naruto, no te había visto desde hace rato.

Naruto miró a Neji, era el primer lugar de generación, un genio nato.

—Es porque pasas tus tardes en la biblioteca.

—¿Y tú donde pasas tus tardes?

Naruto le sonrió sin preocupación.

—Tengo muchos pasatiempos.

—¿Aún apuestas?

Neji preguntó con cuidado, realmente le preocupaba su amigo, Neji y Naruto se habían postulado para presidente y vicepresidente para el honorable consejo universitario, su victoria fue contundente, Naruto daba todo de sí mismo para ayudar a la comunidad estudiantil. Neji sólo conocía a Naruto en la universidad, jamás se imaginó que tendría hábitos extraños, como las apuestas. Pero una tarde, después de una reunión con el consejo, Neji vio como tres sujetos siguieron a Naruto por el estacionamiento, el rubio estaba sereno, de su maletero sacó un fajo de billetes enorme. Naruto estaba desolado, y después giró su cabeza en dirección a donde estaba Neji, él observó todo el acontecimiento, después Naruto le contó todo al joven Hyūga, le dijo de sus apuestas y sus derrotas. Era la primera vez que amenazaban a Naruto, no pensaba con claridad cómo repercutiría en el futuro haber hablado de sus asuntos.

—¿De qué hablas Neji? Dejé las apuestas hace mucho—. Dijo Naruto al Hyūga, en el pasillo de la universidad el silencio era espectral.

—¿Estás seguro?

Naruto tragó, con los ojos incoloros de Neji parecía que este podía ver las mentiras.

—La verdad es que, estoy trabajando en eso, tengo algunas deudas, sólo apuesto para pagarlas y retirarme.

Neji miraba fijamente a Naruto, parecía que no parpadeaba ante un tema tan serio.

—¿Cuánto necesitas?—. Preguntó Neji.

—Mucho, muchísimo.

Neji metió su mano en su bolsillo y sacó su cartera, Naruto comenzó a negar y retrocedió.

—No estoy seguro de cuanto debas, pero con esto es menos. Por favor sal de ahí, nuestro presidente no puede tener estos vicios.

Naruto tomó el dinero de Neji, haría un gran esfuerzo para no apostarlo esa misma noche.

—Te lo pagaré.

—No te preocupes, pero ya no lo hagas.

Neji pasó de largo a Naruto, perdiéndose en los demás pasadizos que tenía su escuela. El rubio contó el dinero, era suficiente para pagar sus deudas menores, pero el asunto de Orochimaru lo ponía intranquilo. De su bolsillo volvió a sacar el reloj de Jiraiya, eran las diez de la mañana, probablemente Sasuke estaría en clase.

Naruto fue al exterior de la facultad, el clima gris era usual, muchos hombres saludaban a Naruto y él les daba una sonrisa y les palmeaba en el hombro, aún sin saber sus nombres, Naruto era una personalidad muy querida en la escuela. El rubio vio a Kakashi sentado en una banca cerca de un árbol, en sus manos tenía un libro, era literatura francesa. Naruto se acercó, Kakashi habló antes que él.

—Sasuke me contó que tuviste un revólver a milímetros de ti. ¿Emocionante?

A Naruto no le pareció gracioso, no dijo nada.

—Ustedes dos son tan irresponsables. Cuando les expliqué cómo funcionaba este mundo lo primero que les dije fue que jamás le debieran dinero a personas peligrosas y ahora te amenazan de muerte ¿a esto querías llegar?

No había nadie alrededor, Kakashi se sentía con la libertad de regañar a sus alumnos.

—Ya te dije que no sabía quién era Orochimaru.

Kakashi cerró el libro de un golpe.

—Tu nunca sabes nada, ni siquiera cuando retirarte.

—¿Por qué estás molesto conmigo? No es a ti a quien le debemos dinero.

Naruto no debió haber dicho eso, Kakashi se molestó aún más.

—¿Crees que estaré tranquilo cuando te maten por inmiscuirte en un mundo al que yo te llevé? Le debes dinero a Orochimaru por mi culpa ¿entiendes?

Kakashi se sobresaltó, sacó su cajetilla, sólo le quedaba un cigarrillo.

—Tú y Sasuke deben de pensar en algo rápido, que no involucre más deudas y olvidarse para siempre de las apuestas y de personas peligrosas.

Kakashi le dio una calada a su cigarro.

—Lo siento—. Dijo Naruto. —No sabía que te sentías culpable.

—No me importa si tú o Sasuke se mueren de un infarto o sobredosis, de desamor o en un desafortunado accidente, me importa que no mueran por la mafia ¿oíste?

Naruto asintió.

—Neji Hyūga me dio dinero. No alcanza ni para la mitad de Orochimaru, pero si podemos pagar a otros cobradores.

Kakashi suspiró.

—Ve por Sasuke y búsquenme en Thomas Ed. a las tres de la tarde. Vamos a planear como salir de esto.

Naruto volvió a asentir. Kakashi tiro la colilla de su cigarro y se levantó, tenía que dar una nueva clase e imploró al cielo no tener alumnos como Sasuke y Naruto.


—¿Tenemos que caminar para ir a comer con Kakashi?

Sasuke tenía sus abrigo en los hombros, estaba irritado de caminar, extrañaba su auto.

—Tal vez si no hubieras apostado tu auto no tendrías que caminar.

El dúo continuó caminando un par de calles más, definitivamente era un muy mal momento para caminar al aire libre, tan vulnerables, además, en un auto era más fácil saber cuándo te estaban siguiendo.

Finalmente, los dos jóvenes llegaron al lugar donde Kakashi los había citado, él estaba sumido en su lectura, Sasuke lo vio de inmediato, Naruto estaba divagando por el lugar.

El sitio parecía ser una posada para hombres mayores, en su mayoría todos bebían café y las pocas mujeres que había se reunían para charlar, lo que definitivamente era claro es que era un lugar costoso, digno de hombres y mujeres que vivían de alguna pensión.

—¿Por qué vinimos a un lugar tan aburrido?

Kakashi no quito sus ojos de la lectura.

—Si pertenecieras a la mafia serias en primero en morir—. Dijo Kakashi.

Naruto miró a Sasuke, tratando de encontrar alguna explicación.

—Tus enemigos jamás imaginarían que estás aquí.

—¿Tengo enemigos?—. Preguntó Naruto.

—Tu eres el enemigo—. Kakashi bebió de su taza y bajó el libro. —Y bien, ¿cuánto dinero te dio Neji?

Sasuke miró rápidamente a Naruto, él no tenía conocimiento acerca del dinero.

—¿Qué dinero y que Neji?

—El único que Neji que conocemos. Me dio cinco grandes.

—¿Es de la familia Hyūga?

—Sí—. Contestó Naruto.

—Tienen ese mal hábito de cargar con mucho efectivo. Presa fácil.

Naruto se sorprendió de las palabras de Kakashi.

—No cubre ni una quinta parte de Orochimaru—. Dijo Sasuke.

—Tenemos que idear un plan, tenemos dos opciones—. Kakashi levantó un dedo. —La primera opción es invertir el dinero de Neji en acciones, por lo que sé el petróleo es buena inversión hoy en día.

Naruto puso una cara de duda, no le agradaba la idea.

Los tres hombres estaban tan concentrados en la plática que no presintieron a la mesera acercase.

—¿Puedo ofrecerte más café?

Los tres salieron de la atmósfera, Kakashi le sonrió como jamás le había sonreído a una mujer.

—Claro.

Sasuke giró su cabeza para verla, tenía que admitir que era deslumbrante, su cabello de color rosa y sus ojos esmeralda hacían un constataste importante.

—¿Puedo ofrecerles algo, caballeros?

Naruto abrió la boca para hablar, pero no dijo nada. Las palabras no salieron, no era usual que eso le pasara.

—Café para los dos, uno sin azúcar por favor.

—De acuerdo—. Dijo la pelirrosa y se fue.

—Por eso es de mis lugares favoritos—. Dijo Kakashi.

—¿Entonces vienes aquí a beber café, leer libros aburridos y acosar meseras?—. Preguntó Naruto.

Sasuke vio a la joven pelirrosa tomar más pedidos en otras mesas, sus pasos eran gráciles y su presencia agradable, no juzgaba a Kakashi, después de todo, parecía ser un buen pasatiempo.

—Regresemos en materia—. Dijo Kakashi. —La segunda opción es apostarlo sin intenciones de perder.

Naruto levantó la mano para hablar.

—No estamos en el salón de clases, si quieres hablar, habla.

—No es por corregirte, Kakashi-sensei, pero, eso hemos estado haciendo. Hemos estado apostando sin intención de perder y no resulta, cuando tenemos una gran cantidad en juego todo se va al demonio.

—¿Qué es lo que lo hará diferente ahora?—. Preguntó Sasuke ignorando la inquietud de Naruto.

La pelirrosa llegó con una bandeja con dos tazas y tentempiés. Puso una taza enfrente de Naruto y después rodeó la mesa para poner la otra taza enfrente de Sasuke. Ella se inclinó un poco para poner las cosas en su sitio, Sasuke pudo percibir un aroma a vainilla.

—Uno es sin azúcar, pero de todos modos traje algunos terrones, el café a veces es muy fuerte.

—Gracias—. Contestó Naruto y probó el café, ella tenía razón, era fuerte le puso dos cubos de azúcar.

—Gracias, señorita—. Contestó Kakashi.

Ella les asintió y puso la bandeja a su espalda, se giró sobre sus talones para irse.

—Repito mi pregunta—. Dijo Sasuke. —¿Qué es lo que lo hará diferente?

—Muy fácil—. Dijo Kakashi con la taza sobre sus labios. —Yo seré su asesor en las apuestas, será imposible que pierdan.