LA ROSA DEL VIKINGO
19 Odín, Runa Blanca
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Era ya muy tarde, y no se habían detenido ni un momento para descansar. Boruto se había puesto muy inquieto, y su llanto era tan estridente que Hinata comenzó a temer la reacción de Toneri si no lo tranquilizaba pronto.
Se había visto obligada a amamantarlo delante de Toneri, y su mirada la heló y la hizo sentirse incómoda y azorada. Trató de ignorar su presencia y enseguida descubrió que lo único que le interesaba a aquel traidor era avanzar rápido durante el mayor tiempo posible.
Jiraiya le había dicho que Naruto acudiría. ¡Ojalá fuera cierto! ¿Habían llegado a amarse tanto solo para perder todo con esa traición? Si había un Dios en los cielos, eso no podía ser.
Intentaba detenerlos con frecuencia, diciéndoles que tenía necesidad de internarse en el bosque, pidiendo una bebida, quejándose una y otra vez de hambre y sed. Pero al parecer Toneri se había fijado un destino y no se detendrían hasta alcanzarlo.
Por fin llegaron, muy avanzada la noche. Era una cueva situada en la escarpada montaña, con una entrada estrecha a que conducía un camino despejado. Hinata comprendió de inmediato el acierto de la elección, porque nadie podía aproximarse a ellos sin ser visto.
Toneri desmontó y le dijo:
—Veo que te das cuenta de las ventajas que ofrece esta cueva, milady. En el instante que él se acerque, si es que viene, lo sabré.
Hinata le lanzó una mirada furiosa.
—¿Y qué? Lo verás venir, sí, y él te matará de todas formas. ¿Cómo vas a detenerlo? Aun en el caso de que se presente solo, matará a Momoshiki y después a ti, muy lentamente.
—Creo que no.
—¿Y por qué no?
—Porque sabrá que si se acerca, primero el niño y después la esposa serán arrojados por el acantilado. Ahora desmonta, Hinata.
Tendió la mano para ayudarla a apearse. La joven apretó a Boruto contra su pecho, contenta de que al fin durmiera apaciblemente.
—Bajaré yo sola.
Desmontó con bastante facilidad, pero no pudo evitar que él la tocara. Momoshiki cogió las riendas de la yegua y la condujo dentro de la cueva. Toneri contempló a Hinata. Después reapareció Momoshiki.
—Arde un fuego dentro —dijo—. He preparado una cama para el niño y Hinata.
—Perfecto —dijo Toneri sin dejar de mirar a Hinata, ampliando su sonrisa—. Entonces tú harás el primer turno de vigilancia. Milady, tú vendrás conmigo.
—No voy a…
Toneri hizo un gesto y Momoshiki la cogió por los hombros. Toneri le arrebató el bebé.
—Puede despeñarse por el acantilado ahora mismo, milady —le advirtió—. Acompáñame y lo dejaré sobre esta manta. Entra conmigo.
No tenía más remedio que obedecer, pensó Hinata, desgarrada, agotada, temiendo un ataque de histeria.
—Dámelo. Yo lo acostaré.
Toneri negó con la cabeza, y entró en la cueva. Desesperada, lo siguió.
—¡Por favor, ahora acuéstalo, Toneri!
Eso estaba haciendo él, depositando al niño con más suavidad de la que ella habría esperado. Boruto no despertó, pero se estremeció con un suspiro y se llevó el pulgar a la boca. Angustiada, miró a su hijo y después al hombre que tenía delante.
—Es hora de pagar, Hinata —anunció él en voz baja.
—¿Pagar qué?
—Ah, tu orgullo, arrogancia e insolencia. Deberías haber sido mía desde el principio, y la tierra y la casa deberían haber sido mías. Yo era un hombre de Iroha, leal hasta la médula. Te vi crecer. Hablé con el rey y le hice saber que sería yo quien os recibiría a ti y la tierra. Pero tú estabas enamorada de Kiba, y el rey, como un tonto, respetó tus deseos, hasta que entró en escena ese maldito vikingo. Pensé que te deshonraría ante el rey al obligarte a luchar contra el vikingo. Sin embargo, todo se volvió contra mí. Supuse que Yurui enviaría a Naruto al Valhalla, que un invasor mataría al invasor, pero también falló. Ordené que mataran a Kiba…
—¿Qué? —exclamó ella, sintiéndose enferma.
—Sí, señora. Es fácil contratar asesinos. Te sorprendería. Muchas veces la vida de un hombre vale una insignificante cantidad de oro. Y después volví a intentar matar a tu marido para conseguirte, pero tu esposo paró mi daga. Si aún ignora que fui yo quien lo traicioné, se enterará muy pronto. De modo que ya no me queda nada excepto tú, y no te soltaré tan fácilmente.
—No —murmuró Hinata, retrocediendo—. Te odio, te desprecio. Me enferma solo pensar en ti. Jamás te permitiré…
Se interrumpió, paralizada al ver que él sacaba una daga de una vaina que llevaba atada en la pantorrilla. Creyó que se la lanzaría y pensó que prefería la muerte a que él la tocara.
Toneri se giró bruscamente y arrojó el arma en dirección a la manta donde dormía Boruto. Soltando un grito, Hinata corrió hacia el bebé. La daga había sido bien lanzada; no cayó sobre el niño, ni siquiera lo despertó. Se clavó junto a la dorada cabecita del pequeño. La mujer comprendió claramente la advertencia.
Se volvió. El hombre ya estaba a su lado. La puso en pie de un tirón y la abrazó.
—¡Señora, vas a aceptarme!
La besó en la boca, apretándole los labios, haciéndole daño; ella sintió el sabor de la sangre. Se debatió con pies y puños tratando de desembarazarse de él. Levantó la rodilla y lo golpeó.
Toneri profirió una maldición y la arrojó al suelo. Después se acercó con odio en los ojos y antes de que ella pudiera defenderse la abofeteó y la puso en pie de un tirón.
Le palpó el corpiño, y Hinata oyó el crujido de la tela al rasgarse. Entonces la empujó hacia el rincón de la cueva, y la joven cayó al suelo, asustada, pensando que ya no podría continuar luchando porque sobre ella descendía una densa oscuridad.
«¡Dios mío, no permitas que esto ocurra!», rogó. Y siguió sintiendo el sabor de la sangre.
La luna estaba alta en el cielo cuando Naruto vislumbró la boca de la cueva en la oscuridad. Levantó la mano, y Utakata, Jūgo y Udon, que cabalgaban detrás, detuvieron los caballos.
No se veía ni a Hinata ni al bebé ni a Toneri de Northumbria; tampoco los caballos. Pero Momoshiki estaba allí, sentado ante la entrada de la cueva, vigilante. Jūgo se acercó a Naruto.
—Conozco esa cueva —dijo—. En la parte trasera hay una abertura que da al acantilado, a un enorme precipicio. Si nos acercamos, Toneri amenazará con acabar con la vida de tu esposa y tu hijo.
Naruto asintió. Lo había supuesto. Pero no podía esperar. Toneri se hallaba allí, con Boruto y Hinata, que nunca le permitiría que hiciera daño al bebé.
Y entonces Toneri le haría daño a ella.
Se giró con la mano en la espalda al oír ruido de cascos de caballo detrás de ellos. Apareció Sakura, y Naruto profirió una maldición.
—Te ordené que te quedaras en casa.
Sakura desmontó y se echó hacia atrás el capuchón de la capa.
—Pensé que podría ayudaros…
—¡Ayudar! —interrumpió Udon —. Deberías darle unos azotes, Naruto. Sakura se dirigió hacia los árboles.
—Sí puedo ayudar —susurró—. Naruto, por favor, ¡sí puedo! Si tú te acercas a ese hombre, dará la voz de alarma. Si me aproximo yo, él bajará la guardia.
—Demasiado arriesgado —objetó Naruto.
Sakura sonrió y pasó junto a ellos a tal velocidad que no tuvieron más remedio que seguirla a toda prisa. La muchacha avanzó tranquilamente hacia la cueva y cuando vio a Momoshiki a la entrada lo llamó:
—¡Señor, por favor, ¿podría ayudarme?! Me he extraviado en el bosque y estoy muy asustada.
Continuó hablando y acercándose a Momoshiki. Ellos ya no pudieron oír qué le decía. Momoshiki se incorporó y se quedó mirándola fascinado, tal vez hipnotizado por su belleza. La joven le hablaba y lo hechizaba con su movimiento.
—Ahora —murmuró Naruto—. Utakata, ocúpate de que nada le ocurra a mi hermana. Udon, y Jūgo les suplico, encárguense de mi hijo.
Apenas había comenzado Naruto a enfilar el sendero que conducía a la cueva cuando Momoshiki pareció comprender que algo iba mal.
—¡Toneri! —exclamó—. ¡Tenemos compañía!
Naruto se enderezó y avanzó con la espada desenvainada. Momoshiki lo vio y abrió los ojos, alarmado. Cogió a Sakura y se escudó tras ella.
—¡La mataré, vikingo! Te lo advierto, ¡la mataré!
Sakura le propinó una furiosa patada, y él la soltó, retrocediendo hacia la cueva.
—¡Sakura, sal de ahí! —ordenó Naruto.
Utakata agarró a Sakura del brazo y la puso detrás de ellos. Después entraron en la cueva.
Algo había sucedido, algo que la salvaría, pensó Hinata. Justo en el momento en que Toneri se abalanzaba sobre ella, justo en el momento en que ella gritaba aterrorizada al sentir los dedos del hombre en su piel desnuda, algo ocurrió. Todo continuaba girando alrededor de ella, y no supo de qué se trataba. Solo se dio cuenta de que Toneri se incorporaba y echaba a correr.
Aturdida, apretó contra sí la ropa desgarrada y pensó en ponerse en pie para ir a buscar a Boruto. En el momento en que se arrodillaba para levantarse, vio que Toneri había tenido la misma idea. Sus miradas se encontraron cuando él se agachaba para coger al niño.
—Ponte detrás de mí, señora. Estamos preparados para recibir a tu marido.
—¡Está aquí! —exclamó Momoshiki entrando precipitadamente con la espada en la mano—. ¡El vikingo está aquí!
—¡Deja de chillar, imbécil! —ordenó con brusquedad Toneri—. Que entre.
Naruto se encontraba ya en la entrada de la cueva, imponente, gigantesco, empuñando su espada Venganza; sus ojos, de un escalofriante fuego azul, brillaban en la oscuridad.
—Eres hombre muerto, Toneri —dijo con voz muy tranquila.
—Vamos, vikingo, ¿acaso no ves lo evidente? Yo tengo a tu hijo en mis
brazos, y también una daga. Y tengo a tu esposa. Déjame salir si quieres que no sufran ningún daño.
Para asombro de Hinata, Naruto retrocedió ligeramente y se frotó la barbilla, como sopesando la oferta.
—Entrégame al niño. Puedes quedarte con la mujer.
Hinata no pudo contener una exclamación, a que nadie pareció prestar atención.
—¿Me permitirás llevarme a Hinata si te entrego al niño?
—Es más fácil encontrar mujeres que conseguir herederos. Dame al niño.
Toneri guardó silencio. En ese momento Sakura pasó como una exhalación por entre los hombres y como un remolino le arrebató limpiamente a Boruto.
Sorprendido por haber permitido que la chica acabara con tanta rapidez el regateo, Toneri retrocedió hacia Hinata, la cogió y le puso la daga en la garganta.
—Ahora déjame pasar, o la mataré.
Obediente, Naruto se apartó a un lado, y Momoshiki fue a buscar los caballos. Sakura había desaparecido con el bebé. A Hinata le flaquearon las piernas de la emoción por saber que el niño estaba a salvo. Pero no era posible que Naruto hablara en serio, no podía abandonarla en esos momentos…
De pronto creyó comprender la estratagema de su esposo.
—¡Vikingo bastardo! —espetó—. ¿De modo que te quedas con mi tierra y mi hijo? —Se desembarazó de Toneri con un violento tirón—. ¡Mi señor, estoy libre!
Pero no lo estaba; no podía pasar, solo podía correr hacia atrás e internarse en las profundidades de la cueva. Oyó un fuerte entrechocar de aceros y se volvió a tiempo de ver cómo Momoshiki atacaba a su marido y después caía muerto al suelo. Toneri lanzó un ronco grito de guerra y desafió a Naruto.
—¿Es que el lobo va a dejar que otros combatan por él? Vamos, milord vikingo, la pelea es entre nosotros.
Naruto avanzó hacia el interior de la cueva. La espada de Toneri chocó contra la de Naruto, y el ruido y el eco fueron terribles. Naruto blandió su enorme hoja de acero una y otra vez, obligando a Toneri a adentrarse más en la cueva y caer al suelo.
Toneri le arrojó tierra a los ojos, cegándolo, y Hinata gritó para advertir a su esposo del ataque de Toneri. Naruto rodó a tiempo de evitar el golpe de su contrincante.
Hinata se internó aún más, hasta que notó una ráfaga de aire frío y comprendió que había llegado a la entrada norte de la cueva. Permaneció allí, apoyada contra una de las paredes, y miró hacia atrás en la semipenumbra. La pelea continuaba.
Oyó otro choque de aceros y un golpe, y de pronto se produjo un sobrecogedor silencio.
Apretó los puños y los dientes, aguzando el oído. Cerró los ojos y al abrirlos vio que Toneri yacía en el suelo y que Naruto, de pie junto a él, tenía la punta de la espada en su cuello.
—Levántate, Toneri. No voy a asesinarte aquí. Debes presentarte ante el rey.
—¡No! —exclamó violentamente Toneri—. ¡Mátame, vikingo! Naruto desplazó la espada hacia un lado.
—Levántate. Tu ejecución es derecho del rey.
Toneri se puso en pie lentamente, y en el último instante se giró y corrió hacia el fondo de la cueva. Encontró a Hinata y, soltando una horrible carcajada, tendió las manos hacia ella en el momento de lanzarse por la abertura hacia el precipicio.
Hinata gritó al sentir que sus manos la apresaban y se debatió enloquecida para liberarse, pero Toneri le cogió el pie y entonces experimentó una terrible sensación al comenzar a caer junto con él por el acantilado.
—¡Hinata!
El viento de la noche le llevó el sonido de su nombre. Lo oyó como un fuerte rugido de la oscuridad, como el poder de la luz y la vida. Se aferró a los arbustos que crecían en la pared rocosa del acantilado. Toneri ya había caído y tiraba de ella hacia abajo. No podía soportar el dolor de los brazos. Iba a deslizarse, a caer…
—¡Hinata!
Naruto vociferó su nombre de nuevo, y entonces lo vio, arriba, sus azules ojos, autoritarios. Ya la había asido por las muñecas y tiraba de ella hacia arriba. Vio los músculos de sus bronceados brazos hinchados por el esfuerzo. El dolor aumentó y volvió a gritar.
—¡Agárrate! Agárrate, te lo ordeno. ¡Obedéceme, esposa!
Ella apretó los dedos alrededor de sus manos y de pronto oyó un alarido largo y ahogado cuando Toneri de Northumbria se despeñó por el elevado acantilado hacia la oscuridad, hacia la muerte.
Hinata fue izada en medio del frío de la noche, alzada hasta los brazos de su marido.
Alzada a la vida.
Se apoyó contra Naruto, que la estrechó entre sus brazos, cubriéndola con su propia capa, envolviéndola en su ternura.
Recordaba muy poco de la larga cabalgada que los llevó desde la oscuridad de la noche a la luz del día y después de nuevo a la oscuridad de otra noche.
Boruto realizó el trayecto en los brazos de Sakura, quien movía a uno y otro lado su melena. Mientras se defendía de los hombres que acompañaban a Naruto.
Luego Hinata y Naruto no oyeron más, porque él urgió al caballo blanco a adelantándose. Hinata consiguió abrir los ojos para mirarlo y preguntar:
—¿De modo que resulta fácil encontrar mujeres, milord?
—Sí, mi amor, pero yo no me refería a las mujeres como tú. Las mujeres valientes y bellas son excepcionales. Y la que tengo entre mis brazos es mi vida.
—Se estremeció y la estrechó—. Amor mío, si te hubiera obligado a caer con él por ese acantilado, mi único deseo habría sido seguirte.
Hinata se estremeció y sintió que él la apretaba aún más.
—Jiraiya dijo que habría paz si lográbamos capear la tempestad. ¡Dios mío, Naruto! ¡Dio su vida para salvarme!
—Lo encontré. Lo llevaron a casa.
—Afirmó que no volvería a ver Irlanda —susurró Hinata con los ojos llenos de lágrimas.
—Chist, cariño, tranquilízate. Nos prometió paz, de modo que paz tendremos.
Hablaron poco durante el resto del viaje. Cuando por fin llegaron a casa, Hinata se había quedado dormida. Su agotamiento era tan grande que no despertó cuando Naruto la llevó a su habitación, y continuó durmiendo hasta la mañana.
Suzume se hallaba en el dormitorio para anunciarle que la aguardaba un buen baño caliente y que después le entregaría a Boruto.
Hinata se levantó y se sumergió en el agua. Se preguntó si alguna vez lograría eliminar el asco que le habían producido las manos de Toneri al tocarla. Después cerró los ojos, pensando en Jiraiya y lamentando su muerte.
El anciano había llegado a significar mucho para ella. Por fortuna, por fin estaba en casa, viva, y su hijo también estaba vivo. Y Naruto…
Habían sobrevivido a la tempestad…
Se incorporó para salir de la bañera. Estaba envolviéndose en una tolla de lienzo cuando Naruto entró en la habitación. También su esposo ofrecía un aspecto infinitamente mejor que el de la noche anterior.
Se había bañado y lavado la suciedad y la sangre y estaba tan majestuoso y magnífico como lo había visto siempre.
Enseguida se acercó para estrecharla entre sus brazos. Hinata se apretó contra él. Naruto la levantó y la llevó hasta la cama. Ella correspondió a su beso con pasión y deseo, pero cuando le quitó la toalla y sus ardientes labios le acariciaron los senos, cogió su dorada cabeza entre sus manos para apartarlo.
—¡Naruto, no debemos! —protestó—. ¡Hay muchas cosas que hacer esta mañana!
—¿Como qué?
—Boruto, milord. Seguro que me necesitará pronto.
—Sí, sí, sin duda. Sakura está con él, y al pequeño le gusta beber leche de cabra de un odre de cuero.
Hinata continuó negando con la cabeza, con los ojos empañados de lágrimas.
—¡Naruto, no debemos! ¡Acuérdate de Jiraiya! Tenemos que rezar oraciones por él, hay que organizar los preparativos para…
—Ah, sí, Jiraiya. —Naruto se tendió a su lado. La miró con un pícaro destello azul en los ojos, desafiante—. No hay ningún preparativo que hacer.
—Pero…
—Jiraiya está vivo y muy bien. En estos momentos descansa abajo. El único problema que tiene ahora es que no predijo correctamente su propia muerte. Ha pedido que nos visiten mis padres porque ha decidido que no puede volver a pisar suelo irlandés. Así pues, dado que espero la llegada del rey de Uzushiogakure y su hermosa reina, mi madre, sí tendremos que hacer preparativos, pero no en este momento, mi amor.
—¿Está vivo Jiraiya? —preguntó ella con la voz ahogada por la emoción.
Naruto asintió. Su sonrisa se ensanchó mientras le pasaba un dedo por el vientre desnudo.
—Sí, está vivo —murmuró Naruto—, y me ha enseñado muchas cosas de la vida, así como tú me has enseñado todo sobre el amor. Nuestro futuro estuvo en grave peligro anteanoche. En realidad nuestra vida en común ha estado plagada de tormentas. Hemos estado separados con mucha frecuencia y entre nosotros han chocado espadas y volado flechas. Por fortuna ahora disfrutamos de este tiempo apacible para estar juntos, y nuestra relación es maravillosa, como ha de ser desde ahora toda nuestra vida.
—¡Sí, amor mío!
Hinata se estremeció, le cogió la mano y le besó los dedos con ternura.
Naruto se incorporó, le rozó suavemente los labios con los suyos, mirándola con ojos pícaros.
—Al poco de nacer yo, el viejo Jiraiya aseguró que yo era todo un vikingo, todo un lobo, igual que mi padre. Y anunció a Minato que participaría en correrías vikingas por el mundo, pero que después una zorra domaría al lobo. Y cuando llegara ese momento, ya no volvería a buscar aventuras, sino que encontraría la paz en los brazos de mi salvaje y valiente zorrita.
Hinata asintió, abrió los brazos y lo rodeó con ellos.
—¿Y yo soy esa zorra, milord?
—Pues sí. Voluntariosa, impetuosa, fascinante y muy valiente; exactamente la compañera que yo habría deseado. Para toda la vida, cariño, y más allá.
—Ven entonces, mi vikingo, mi lobo. Pon tu dulce deseo en mis labios y yo procuraré domarte si puedo.
—Con todo mi corazón —accedió él con una ronca risa. La hizo rodar sobre él para contemplar la plateada belleza de sus ojos—. Verás, amor, ha habido otra profecía.
—¿Sí? —preguntó ella recelosa.
—Jiraiya me ha informado de que si aprovechamos el momento pronto seré padre de una hija que rivalizará en belleza con los mismos dioses y con su madre, por supuesto.
Hinata echó a reír, pero pronto su risa se desvaneció cuando los labios de él descendieron sobre los suyos y se sumergió en la fiera y tierna pasión de su beso. Enseguida se sintió arrebatada por las ardientes llamas del deseo y se entregó con ansia a las infinitas profundidades de su amor.
Más tarde, mucho más tarde, tendida a su lado, susurró:
—¿Una hija, mi amor?
—Una hija.
Hinata suspiró satisfecha y se acurrucó en la gran curva de su brazo. Jiraiya no se equivocaba jamás.
Después de nueve meses, nació una hermosa niña, con cabello como la media noche, heredado de su madre y con tono azul como el mar como los de su padre. La niña más hermosa de wessex.
Himawari Namikaze.
FIN
Runa Blanca, Odín
La runa Blanca representa el principio y el fin, la Nada y el Todo. Según la cultura vikinga, Odín construyó los planetas, el firmamento, las montañas, los mares y creó a todos los seres que viven en la tierra.
¡Hola! Llegamos al final de otra adaptación, espero les haya gustado.
Primer libro de una serie, debo de aclarar que estos libros son independientes entre sí. De hecho son una recopilación de libros que me gustaron muchísimo, algunos de autoras diferentes.
Les dejo la información de la historia Original:
Titulo: La mujer del vikingo
Autora: Heather Graham
Serie: Vikingos MacAuliffe. Libro #2
Personajes:
Eric = Naruto
Rhiannon = Hinata
PRÓXIMAMENTE
LA ROSA SALVAJE
