Profecía

Llega al Campamento Mestizo al atardecer, después de pagarle al taxista y de asegurarle que tenía forma de regresar a la ciudad, que no se iba a quedar perdido por ahí sube la colina que lleva al campamento.

El dragón que custodia el árbol apenas abre un ojo perezoso y lo reconoce, así que no se inmuta en lo más mínimo. Por la hora Percy sabe que están cenando. No quiere aparecerse en ese momento, no tiene el humor para saludar a todos y sociabilizar. Así que se va directo a la caverna donde Rachel vive cuando no está en clases.

Se deja caer en uno de los cojines que decoran el lugar. A pesar de las paredes de piedra y la poca iluminación, ese lugar le parece más acogedor que el cuarto que compartía con Annabeth en Nueva Roma.

Cabecea un par de veces. Sacude la cabeza para no quedarse dormido. Lleva varios días sin dormir decentemente por culpa de las malditas pesadillas y está agotado, pero apenas lleva unos minutos ahí cuando ve a Rachel entrar.

—Hola Percy.

—¿Acabó temprano la cena?

—No. Sabía que vendrías.

Traga saliva.

—¿Hay una nueva profecía?

Rachel se ríe.

—No, desde el día que derrotamos a Gaia el Oráculo se mantiene en silencio.

Percy suspira, aliviado. Le cuenta a Rachel de sus sueños, del Olimpo destruido y los dioses muertos. Ve como va palideciendo. Está asustada, como él.

—Podría preguntarle a Ella si sabe algo.

—No, déjalo —se estira y un huesito de su espalda truena. No acaba de sentirse cómodo, a pesar de eso—. Es mejor si no hay. Quizás es estoy demasiado estresado últimamente.

Rachel lo mira con tristeza.

—¿Cómo lo llevas? —toma su mano y la aprieta, dándole unas palmaditas antes de soltarlo.

Percy agradece que Rachel sea tan buena amiga. Se encoge de hombros. Preferiría no hablar de ello, pero la mirada cargada de entendimiento de su amiga lo rompe.

—Pues de la mierda, pero qué le voy a hacer.

Rachel suspira. Abre la boca para decir algo y apenas lo hace se queda como paralizada unos segundos antes de empezar a temblar con fuerza. Percy se acerca para sostenerla y ella se desvanece en sus brazos, desmayada.

Percy la levanta para cargarla. Siente la urgencia de llevarla con Quirón. Pero apenas da un par de pasos los ojos de Rachel se abren. Están completamente blancos.

Cuando abre la boca ocurre lo que Percy temía.