Dunas

El viento de esa mañana soplaba suavemente en los rostros de las tres brujas. Un día libre en la escuela, cuando se les informó, significó de manera inmediata para el grupo de amigos un relajante día en el lago. Aunque a último momento Gus no pudo asistir (debido a que tuvo que acompañar a su padre a reportar una escena que ocurrió cerca del mercado de Huesosburgo; quiere que sea uno de esos momentos padre e hijo, les dijo), las chicas se decidieron a llevar a cabo su viaje al Lago Lacuna.

―¡Ah, la playa! No hay mejor lugar que este ―decía Luz con alegría al apreciar el paisaje recién llegando al lago―. El agua, la brisa, los espíritus alrededor. ¡Qué tranquilidad!

Luz tenía razón. Aquella mañana no podía irradiar más calma. No tenían tarea alguna en la cual pensar. Las cosas habían ido bien en la escuela. Hexside le había ganado a Glandus en Grudgby. Eda no se había metido en problema alguno. Ed y Em no habían hecho travesura alguna. Las cosas no podían ir mejor y las chicas lo sabían. Y como la cereza del pastel, Amity y Willow fortalecían cada día más su empolvada amistad.

Tan pronto pusieron los pies sobre la arena de la costa, las chicas procedieron a buscar algún sitio donde el suelo fuera más uniforme y liso para así colocar unos manteles, sillas y sombrillas. Ya estando listo su pequeño espacio de descanso, Luz corrió efusiva hacia el agua seguida de Willow. Amity, en cambio, se mostraba un poco más indecisa.

―Anda, Amity. ¿Nos vas a dejar esperando a Willow y a mí? ―decía la extasiada chica con una enorme sonrisa en el rostro ―. Ven ya, el agua está en su punto indicado.

Un poco ruborizada, Amity aún se mostraba titubeante al respecto, por lo que Luz se decidió a salir del agua y, tomándola de la mano izquierda, arrastrarla hacia el lago a pesar de sus objeciones. Ya sumergida, en un inicio Amity seguía dudosa respecto a qué hacer. Flotando en la templada agua del lago, pensaba solamente en algo: «Luz tomó mi mano». Sin embargo, con el paso de los minutos, mientras ella observaba cómo las otras dos chicas jugaban jovialmente en el agua, decidió olvidarse de sus vacilaciones y unírseles.

Tras divertirse un rato en el lago y que Luz les enseñara a sus amigas el juego de Marco Polo, las tres salieron y se dirigieron de regreso a su espacio de descanso, donde comieron unos aperitivos que desde un día antes ya habían preparado.

Cansadas y con el estómago lleno de comida, Willow, Luz y Amity se tiraron sobre la cálida arena a observar el cielo.

―¡Mira Willow, aquella nube parece una de tus plantas!

«Hacía demasiado tiempo que no me sentía así de tranquila» pensaba Amity en lo que las otras dos chicas le daban forma a las fugaces nubes «. Vaya, creo que ni siquiera recordaba lo que era sentirse así. Luz…» alzaba y observaba con afecto su mano izquierda «. Ella en verdad ha venido a cambiar muchas cosas de mi vida». Amity sonreía plenamente cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por el animado grito de Luz.

―¡Ya sé qué haremos ahora, chicas! Estaba observando desde hace rato aquellas gaviotas, las cuales no son nada parecidas a las gaviotas de mi mundo, pero bueno, llevaba un tiempo que todo esto me parecía familiar y ahora recuerdo porqué. Chicas… hagamos un fuerte en las dunas.

Willow y Amity, no estando seguras de esa idea en un inicio, fueron convencidas por completo por el gran entusiasmo de su amiga.

―¡Genial! ¡Montaje activado!

Un nuevo fuerte en las dunas, nada más que en esta ocasión las chicas se determinaron a crear una versión mejorada del que las dos brujas hicieron siendo aún niñas. Willow usó su magia para crear los pilares del fuerte mientras Luz recogía tablones de madera que se encontraban regados por el lugar. Una vez listo aquello, con la ayuda de las abominaciones de Amity pudieron crear un firme tejado. Finalmente estaba terminado, el fuerte en las dunas.

―Esperen ―mencionó Luz, captando la atención de las otras dos brujas―, aún falta algo.

La humana corrió directo al espacio de descanso, donde había dejado una pequeña mochila morada. De ahí sacó un pedazo de papel y se puso a trabajar. Del suelo recogió una pequeña y delgada vara, tomó su pluma y, una vez acabada su labor, regresó con Willow y Amity.

Frente al fuerte, justo encima del umbral, Luz colocó una pequeña bandera improvisada que tenía escrito: A+ L+W.

―El fuerte en las dunas está terminado.

Pero Willow, aún sopesando con su mano en la barbilla, se decidió a agregarle un último detalle, y con su magia hizo florecer la madera del fuerte. Verdes, blancas, amarillas y azules, las bellas flores le daban aún más vida a lo que ellas tres habían construido.

―Ahora sí está terminado ―dijo Willow contenta.

No pasó mucho tiempo para que un gran grupo de niños que se encontraban en el lago se acercaran a admirar el magnánimo fuerte. Las chicas, satisfechas, les invitaron a usarlo a su gusto para que jugaran.

Llegó el atardecer. Las tres brujas habían observado con gracia a los niños jugar con su fuerte y ahora todos partían de regreso a su casa, llamados por las voces de sus padres. El cielo se iba pintando al ritmo de la puesta del sol. Era hora de regresar también, así que se pusieron unas chamarras que habían traído desde un inicio para ese momento y empezaron a recoger las cosas. El cielo ya había oscurecido cuando acabaron de guardar todo. Fuera de la arena, cerca de la entrada al lago, ya estaban dispuestas a partir, mas Amity recordó que había olvidado algo.

―Regreso rápido.

Ahí, frente a ella, el enorme fuerte que las tres habían construido yacería hasta que el tiempo o una persona lo destruyeran. Amity contempló una última vez la construcción y, sonriendo, tomó del zaguán la pequeña bandera que Luz había hecho. A + L + W. Willow y Luz se habían vuelto a acercar a los arenales, llamando a Amity y preguntándole si tardaría mucho o necesitaba ayuda.

―No, gracias ―Les gritó Amity desde lejos―. Ya lo encontré, voy enseguida ―dijo, metiendo la bandera en su bolsillo izquierdo y corriendo de regreso a sus amigas.

Una vez con ellas, Luz le observó con curiosidad.

―Y bien, ¿qué era lo que habías olvidado?

―Nada importante, la verdad ―contestó Amity con una tímida sonrisa en el rostro y un poco de rubor en las mejillas, que por suerte para ella no podía apreciarse por la oscuridad de la noche.

El día libre terminó y las tres chicas tomaron su camino de regreso. Willow y Luz iban platicando entre bostezos. Amity, en cambio, caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su chamarra, sintiendo, en su mano izquierda, la bandera que algún día le serviría de recuerdo de la vez en que volvió a construir un fuerte en las dunas del Lago Lacuna.