AU

Agradecimientos al artista Moringmarkugh, cuyo AU "Witches

among Humans" dio el pie para la creación de esta historia

El Centro Comercial. El punto de reunión de los adolescentes de la ciudad. Un espacio donde, los viernes por las tardes, todos se rigen por el mismo principio: la supervivencia del más apto. Come o serás comido. Veles ahí. Cerca de la fuente principal, en el epicentro de esta dinámica, se encuentran el equipo de Rugby de la escuela que, liderado por Boscha, gozan de estar en la posición más alta de la cadena alimenticia.

Partiendo de ahí, yéndonos hacia la periferia, podemos apreciar las distintas especies de adolescentes relacionarse en sus hábitats. El club de Química en la fuente de sodas haciendo extrañas combinaciones de bebidas. Los del club de Robótica en las estanterías de Best-Sellers, buscando algún libro en la sección de Ciencia Ficción. La Sinfónica en la tienda de discos escuchando algunos sencillos y platicando sobre artistas. Los del club de Veterinaria y los de Enfermería en el local de las maquinitas, compitiendo ferozmente por ver quién se quedará en el ala este del lugar (donde están los mejores videojuegos). A lo lejos del centro, en la fuente de sodas (una zona neutral donde los adolescentes, sin importar la especie, conviven con la finalidad de conseguir alimento y descansar), se encuentran aquellos del club de Cine, Herbolaria, Carpintería y Magia, tomando malteadas y comiendo hamburguesas. Así, cada viernes por la tarde, se desarrolla este vasto ecosistema.

Si se presta atención, puede observarse cómo las chicas del equipo de Rugby, en lo que beben de unos fríos refrescos, observan con cautela a su alrededor buscando a la presa indicada para ser objeto de sus burlas y así reafirmar su posición en la jerarquía. Pero ahora la pregunta es, ¿qué pobre creatura caerá bajo sus afiladas garras?

Para su infortunio, un pequeño grupo nómada pasa cerca del rango de visión de las deportistas. Este extraño grupo de cuatro adolescentes está conformado por una extravagante combinación de clubes. Un pequeño y efusivo joven del club de Magia, vistiendo una oscura playera y shorts celestes. A su derecha, miembro del club de Herbolaria, una risueña chica de corto cabello y una larga gabardina color trigo conversa con él. Ligeramente detrás de ellos, una blanca chica de un vestido rosa y cabello verde como la espuma de mar, perteneciente al club de Robótica, se ríe elegantemente de lo que el joven está diciendo. Tomada de la mano de la pálida chica, portando una grisácea y delgada chamarra de tela encima de una playera de rayas y un holgado beanie café que le cubre parte de sus orejas, está la chica que ha sido elegida como la presa de Boscha. ¿El nombre de la pobre creatura?

―¡Luz! ―gritó Amity con el rostro pintado de rojo―. ¿En serio será ella quien me esté agarrando la mano? No es que me desagrade la idea de que andemos tomadas de la mano, de hecho me gusta. ¡Digo, lo odio! Al fin y al cabo, ¿a quién le agradaría que una dulce chica como ella tome su mano y entrelacen sus dedos, caminando tiernamente bajo la luz de la luna y se dirijan a la cima de una colina donde…?

La pequeña bruja, consciente de lo que acababa de decir, guardó un incómodo silencio y permaneció así completamente ruborizada. La confundida chica de cabello azul y un purpúreo vestido le miró extrañada por unos segundos.

―Amity… ¿quieres que continué leyéndote mi fanfiction de ustedes y haga como si nunca hubieras dicho lo anterior? ―Le preguntó.

―Por favor ―respondió la enrojecida y apenada bruja rápidamente.

La chica entonces procedió a buscar entre las hojas que tenía entre manos. "Muy bien, aquí nos quedamos", remarcó y luego continuó leyendo:

―Vamos, Luz, dime que tú no eres como Willow. Yo sé que a ti te encantó mi truco con el balde ―menciona el joven de corta estatura.

Pero antes de que ella pueda contestar, el equipo de Rugby ya ha entrado en acción. El camino del grupo se ve interrumpido por el abusivo equipo y, con una vanidosa caminata, Boscha se le acerca a su presa mientras bebe tranquilamente de su refresco.

―Y bien, Luz ―dice la chica de rosado cabello con indiferencia―. No te vi hoy en la escuela. ¿Será que te fuiste de pinta?

―No, Boscha ―responde ella―. Tuve una… urgencia que atender.

―¿Y sobre qué pudo haber sido esa urgencia, Luz? No es que no te crea, es más, me intereso por ti ―Le menciona con una falsa sonrisa.

―Vámonos, Luz, no entres en su juego ―dice la chica del verdoso y salvaje cabello.

Pero Luz, en lugar de hacerle caso, mira fijamente a los ojos a Boscha con seriedad y le contesta:

―Lo siento Boscha, sé cuánto te gusta entrometerte en las vidas de todos, pero esto no es algo que sea de tu incumbencia.

Tan pronto termina de hablar, le comenta a sus amigos:

―Vámonos de aquí, Amity. ―vuelve a tomar la mano de la chica― Willow, Gus, vamos a las maquinitas.

El grupo, con la frente en alto, rodea al equipo de Rugby que les bloquea el paso y siguen adelante. Mas Boscha decide no dejar las cosas así. Está ofendida por cómo Luz le avergonzó al ponerle un alto a su artimaña con esas últimas palabras y, lo peor de todo, frente a los estudiantes del colegio que las habían estado mirando atentos. Así que, una vez teniendo a Luz enfrente suyo, destapa su bebida y se la arroja a sus espaldas.

―Ay, perdón ―dice mientras sonríe maliciosamente.

En aquel instante Luz pudo haber respondido de cualquier manera; fácilmente hubiera podido haber cobrado venganza. Pero sabe que no es lo correcto. No debe abusar de su magia contra los débiles humanos. Y, a decir verdad, aún tratándose de Boscha, siente piedad por ellos.

Antes de que pueda reaccionar a aquello, Luz nota muy a lo lejos, cerca de la fuente de sodas, un diminuto y chispeante acúmulo de magia. Rápidamente deduce lo que ello significa. «Hora de actuar» piensa. La chica, entonces, sale corriendo, dirigiéndose a los baños del Centro. Deja atrás todo. A sus amigos. A los adolescentes que miran con sorpresa la escena. A Amity reclamándole molesta a Boscha: "Ya estarás contenta". Incluso deja atrás a Boscha, quien se burla incesante. ¡Así es, ve a llorar, rara! Deja atrás todo porque nada de eso es una prioridad en ese momento. Ahora lo único que le importa es una cosa: encontrar un lugar donde esconderse para transformarse en la Bruja.

Amity intenta seguir a Luz, pero al momento en que entra a los baños del lugar, no la encuentra. ¿En dónde se metió? Se pregunta preocupada. Mas unos instantes después un enorme estruendo llama su atención. Mientras, en la fuente de sodas, la pequeña chispa de magia crece de tamaño, hasta formar un enorme portal mágico del cual sale una gran y amenazante criatura. Willow y Gus, al observarla, entienden el porqué Luz huyó. Saben que dentro de poco aparecerá la Bruja. Y, en efecto, eso ocurre.

Los adolescentes en el Centro corren y gritan asustados por doquier. Algunos otros, en cambio, señalan a la heroína de la ciudad, la misteriosa mujer de puntiagudas orejas que viste un traje con una capa azul marino que le cubre la mitad inferior de su rostro. Con su báculo de madera en mano, la Bruja se presenta a la escena.

«¡La Reptibestia!» se dice Luz con sorpresa. Recuerda en ese momento que a la criatura fácilmente se le puede controlar durmiéndole. Sólo hay un problema. «Nunca he podido hacer un hechizo de sueño de tal magnitud, el que haga no bastará para detenerlo. Debe de haber otra forma».

La Reptibestia, con un ronco rugido, alza una de sus extremidades para lanzar un feroz golpe a los adolescentes que rondaban por las mesas del comedor. Mas la Bruja ágilmente conjura un hechizo que hace aparecer tres grandes vainas, las cuales se enrollan alrededor de la pata de la Reptibestia, deteniendo el ataque. Lamentablemente, aquello no dura por mucho tiempo. La criatura rompe las plantas. Ahora Luz forma una gran muralla de grueso hielo alrededor del animal, dándole el tiempo suficiente a la gente para escapar. No pasa mucho de que el área se haya desalojado cuando el muro finalmente cede.

La bestia intenta alcanzar a persona alguna, pero la Bruja emite un hechizo de ilusión que crea varias copias de ella, lo cual le ayuda a mantener ocupado a su contrincante. Distraída la Reptibestia, Luz vuela con su báculo directo sobre ésta y, postrándose en su cabeza, intenta probar con una idea. «Quizá no sea necesario conjurar un hechizo de sueño tan grande. Tal vez sólo es necesario uno que abarque lo que me interesa dormir».

Así, ya encima de la criatura, la joven crea con esfuerzo un hechizo que rodea justo la cabeza del animal. Sin embargo, esto no sólo no funciona, sino que la altera aún más. La Reptibestia entonces le da un gran golpe a la Bruja, la cual sale disparada hacia la pared.

Confundido el animal, empieza a correr en direcciones aleatorias y golpear lo que tenga enfrente. Varias cosas son destruidas. Pero cuando uno de los golpes colapsa un pilar que sostiene parte del segundo piso del Centro Comercial, todo empeora. El suelo de aquel nivel se derrumba, amenazando con caer sobre un grupo de adolescentes. Luz, que apenas se está espabilando del golpe que recibió, logra percibir aquello e, invocando una abominación, detiene todos los escombros. Mientras ella lucha por que la abominación mantenga a salvo a todos, Willow y Gus le auxilian evacuando a la gente del lugar.

Una vez terminada la labor de sus amigos, la joven bruja se encuentra aliviada, pero pronto se da cuenta que no tiene porqué estarlo. Amity, que preocupada por no saber dónde se encontraba Luz había estado buscándola, es vista por la Reptibestia. El animal, entonces, rápidamente se embiste hacia ella.

«¡Amity!»

―¡Vuela, vara mágica!

Amity, petrificada por la imagen de la fiera bestia que se dirige contra ella, cierra los ojos. Pero a unos metros de que la criatura impacte con ella, nuestra heroína aparece, interponiéndose entre ambos y conjurando, con todo su esfuerzo, un formidable halo de luz que envuelve por completo a la Reptibestia. En cuestión de segundos, ésta cae dormida.

Finalmente, con la criatura controlada, Luz se le acerca tranquilamente y, con un lento hechizo de reducción, empequeñece al animal.

―Así es. Tranquilito, amigo ―dice mientras introduce a la diminuta y dócil bestia en un frasco de vidrio que aparece con sus manos―. Tú te quedarás conmigo hasta que halle una forma de que regresemos a las Islas Hirvientes.

La gente aplaude alegre. La Bruja lo ha vuelto a hacer. ¡Ha salvado a todos! Y, como es costumbre ya, así de repentino como apareció, se retira volando.

A los pocos minutos, Luz regresa nuevamente al Centro Comercial con su disfraz de humana. En cuanto Amity le ve, sale corriendo hacia ella. La bruja no alcanza a decir una sola palabra cuando la chica se le echa encima, estrujándola fuertemente con un largo abrazo.

―Estaba muy preocupada por ti, Luz ―dice Amity con una angustiada voz.

La joven bruja sonríe. La abraza de vuelta.

Aquella muestra de sincero afecto se cierra, finalmente, con un tierno beso entre las dos chicas. Por fortuna, todo ha salido bien una vez más. Willow y Gus llegan con la pareja, joviales, hablando de lo intensa que fue la experiencia. Las chicas les escuchan con alegría, abrazadas una a la otra. Luz, la Bruja, desea guardar ese recuerdo por siempre. No está en su casa. Ni siquiera está en su mundo. Pero estando ahí, con sus amigos, con Amity, se da cuenta que quizá no estuvo tan mal el haber llegado a la Tierra en un inicio.

―¿Y bien? ―preguntó la joven escritora a la pasmada bruja ―No estoy muy segura del escrito. Tampoco estoy segura de qué tanta exactitud tenga respecto a la realidad. Tuve que pasar varios días haciéndole cientos de preguntas a Luz sobre el mundo humano antes de empezar a escribirla. Pero ahora que la terminé, no sé si me agradó el resultado. Digo, ¿un universo alternativo donde todos ustedes son humanos excepto Luz, quien es una experimentada bruja que protege su mundo de amenazas? No lo sé, ¿tú qué opinas, Amity? Quería saber tu opinión porque eres la persona que conozco que más lee.

La bruja, aún con una ingenua sonrisa y un intenso rubor en el rostro, respondió con una endeble voz:

―¿Por cuántos caracoles me venderías tu historia?