Acto 1
Capítulo 2: Bienvenidos a Tangamandapio
Riolu, se despertó inmediatamente al escuchar un fuerte sonido a fuera de la casa. La sorpresa hizo que se terminara cayendo al suelo. El miró a su alrededor, totalmente confuso y sorprendido.
Luego escuchaba gritos de dos personas desde afuera de la vieja casa. Tras asegurarse que no había nadie en la casa, se fue a ver que era esd escándalo por la ventana de la habitación. Él veía que era una dos versiones más pequeñas de la cosa que casi lo aplasta y dos personas gritados entre si.
"¡Eres un pedazo de bestia!" Gritó el primer hombre. "¡¿Por qué no te fijas por donde cruzas!? ¡Le chocaste a mi coche!
"¡¿Yo qué?! ¡Tu conducías como loco!"
"¡¿Así?! ¡¿Ahora la culpa es mía?!"
Riolu, no estaba tan concentrado en los gritos de los dos hombre, sino la apariencia que tenían. No eran como él. Ellos no tenían pelo por todo el cuerpo, (con excepción en la cabeza y en el rostro). Eran más grandes y alto que él. Es más, veía que mas personas iban al lugar del accidente por curiosidad por lo sucedido.
Toda esa gente era muy diferente. Entre esa había, niños, jóvenes, adultos y viejos. Pero lo que le preocupaba, era que no había nadie como él o por lo menos alguien distinto. No era que hubiera mucha gente ahí afuera, podría haber más como él. No podía ser el único… ¿O sí?
De cualquier forma, necesitaba confirmarlo. Necesita salir de la casa. Pero salir de ahí, no podría ser bueno. Tenía el presentimiento que si lo ven, no lo tomaría de buena forma. Tenía que utilizar algo para ocultar su apariencia y con lo tenía no era suficiente. Registro la mochila si había algo que podía de serle de utilidad y efectivamente. Había una sudadera con capucha, unos pantalones cortos que era compatibles con sus piernas y unas botas de cuero.
Se preguntó a si mismo, del porque llevaba todo eso. Era como si lo tenía para esta misma situación. Eso aumentaba sus preguntas aun más. Suspiro y se termino vistiendo toda la ropa. Ahora estaba totalmente oculto, incluyendo su rostro a gracias de su bandana azul y su capucha tapando sus orejas y lo que sea que tenía a sus lados. Aunque lo malo, es que empezaba mucho calor, especialmente por el clima cálido del lugar en donde estaba.
Salió de la casa y camino por la banqueta, evitando la discusión y la gente del lugar del accidente.
Mientras que caminaba por las calles del pueblo, era muy diferente de que la noche. Sentía mucho más tranquilo y relajado. Ver otras personas fuera de la casa, caminando y charlando, daba una atmosférica de tranquilidad y buenas vibras. Se debe mucho que en esta ocasión, ya no estaba siendo perseguido y tampoco en un lugar abandonado.
Una vez que lo recuerda, ¿qué pasara con aquellos sujetos? ¿Aún le estarán perseguiendo? No sentía que estuviera en peligro, pero fácil de suponer que iría al pueblo por ayuda. Y si fuera el caso, ¿cómo los reconocería? No pudo ver sus rostros y ni mucho recuerda detalladamente sus voces. No faltaría más tener un poco de cuidado.
Tras una caminata, llegó al Puente Santiago, acuerdo un poste que decía eso. Reconocía ese puente, ya que por ahí entro al pueblo. Pero en esta ocasión, más coches o vehículos parecidos, iban pasando por la carretera.
Durante esa caminata, confirmo sus sospechas y miedos. Él era el único de su especie. No había nadie más. No lo entendía y tampoco tenía sentido. ¿Si no había nadie cómo él, por qué estaba aquí? ¿Acaso era de otro mundo o que vivía muy lejos de aquí?
No podía evitar sentirse frustrado. Aun no podía recordar nada y tampoco sabía en donde empezar a buscar pistas de su pasado. Estaba en una mala situación.
Entonces presto atención a una estatua que estaba muy cerca de él. La estatua era de un señor con gorro, uniforme, con bigote, tenía una carta en la mano derecha y llevaba una bolsa en el hombro izquierdo. No solo era eso, también había una descripción que decía lo siguiente
En memoria de Jaimito el Cartero.
A quien el pueblo de Tangamandapio le rinde homenaje póstumo por haber dado a conocer nuestro municipio a nivel internacional.
H. Ayuntamiento 2012-2015
25 de Julio del 2012
Se preguntaba quien era ese tal Jaimito el Cartero. ¿Qué hizo para hacer conocer este pueblo?
"Es una bonita estatua. ¿Verdad forastero?"
Riolu, saltó del susto. Miro a su derecha y vio un señor con bigote, y alrededor de los cuarenta años, flaco y sin ningún pelo en la cabeza. Él señor, vino a hablarle de buena fe y con acento bastante agradable.
Esto sería la primera vez que habla con alguien desde que se despertó. Sería una falta de respecto no hablarle, pero también no intentaría actuar de forma extraña para evitar que lo descubra.
"Eh, sí. Es una bonita estatua." Dijo Riolu. Una vez que recordaba en la preguntaba que estaba pensando, ¿por qué no preguntarle al señor? "¿Quién era Jaimito el Cartero?"
La pregunta hizo que se sorprenda el señor. "¿¡Qué no conoces Jaimito el Cartero?!"
Riolu, se quedo callado. No esperaba que este Jaimito, fuera más famoso de lo que aparenta. "Pues no." Él respondió simplemente.
"Supongo que es normal. Normalmente los episodios más comunes del Chavo del 8 son los de… entre los 70 y 80."
Otra vez se quedo callado, incomodo. "¿Qué es el Chavo del 8?"
Él señor volvió a quedar sorprendido. Pero esta ocasión, sus ojos estaban bien abiertos "¿¡Usted tampoco has visto el Chavo del 8!?"
Al parecer ese el Chavo del 8, tenía una fama que cualquiera lo conoce. "Tampoco."
"¿Por casualidad nunca viste televisión o vives en un lugar con comunicación nula?"
Si tuviera la memoria intacta, lo más probable que no supiera nada. "Um, ambas."
"Ya veo." Dijo él y empezó a explicar. "El Chavo del 8, fue un programa numero uno de la televisión humorística de todo México y otros países de habla hispana. Aquel programa lo tenía de todo. Buenos diálogos, buenos personajes, perfectos chistes. No hay mejor comedia sana como esa. Inclusive sigue pasando el canal hoy en día."
Riolu, sintió curiosidad por aquel programa de televisión. Sonaba que le haría reír muchísimo. "Respondiendo a tu pregunta anterior. El personaje Jaimito el Cartero, tenía una frase que decía muy a menudo: 'Allá en Tangamandapio... Tangamandapio es mi pueblo natal. Un hermoso pueblito con hermosos crepúsculos arrebolados…' y luego alguien decía: 'Ya lo contaste, Jaimito.' Pero lo que realmente importa, es que dió a conocer a todo México, que este pequeño existe. Que nosotros existimos. Y por eso le construimos una estatua en su honor. Este es nuestro aprecio por este gran personaje. Que en paz descanse, Raúl "Chato" Padilla. Señor que interpreto este personaje.
El chico estaba asombrado. Ahora lo entendía la fama de Jaimito en el pueblo. Creía que no era nada fácil que un pequeño pueblo sea muy conocido en toda esta país. Y gracias a él, hizo lo que parecía imposible. Tenía sus respectos
Por lo menos, ahora sabía que estaba en un país llamado México. Un país muy grande, si no se equivoca. Aunque parezca poco, esto le parece ser muy útil. Eventualmente tendría que salir del pueblo a buscar pistas relacionadas con su pasado. Significaría que tendría que regresar al lugar abandonado para encontrar las pistas que le ayude a recuperar su memoria.
Aunque ir ahí, puede que resulte algo peligroso o inútil, pero no tenía otro camino que seguir.
Si en caso de no encontrar nada o por lo menos algo, necesitaría tener un mapa para planear su siguiente parada e información relacionado con las personas que le persiguieron. Las cosas que necesitaba, él debería encontrarlas en el centro del pueblo.
"Por cierto, me llamo Alberto." Dijo el señor y levantó la mano.
Riolu, levanto su pata y se dieron las manos. "Yo, Riolu."
"¿Riolu? Que no nombre tan peculiar."
"Supongo que sí." Dijo Riolu.
"¿Acaso eres turista o pasas por casualidad?" Preguntó Alberto.
"Por casualidad." Respondió él. "Busco llegar al centro del pueblo y aprovechar conocer un poco el lugar."
El ocultó de sus verdaderas intenciones y de su situación, para que Alberto, no lo ayude. No era que le caiga mal, al contrario, él era un agradable señor. Pero sabía que si le contaba la verdad o que cuando se entere de su verdadera naturaleza, lo meterá en problemas y no quería arriesgarse.
Para su fortuna, lo creyó. "Ve por calle Madero, justo adelante." Dijo Alberto. "Sigue todo recto y llegaras sin problemas a la plaza de Tangamandapio."
"¿Solo así?
"Sí. Confía en mí, lo sabras cuando lo veas."
"Entendido. Muchas gracias."
"No hay de que. Pero ten cuidado, un pequeño chico en este pueblo puede ser peligroso. Ten mucho cuidado."
"Lo haré. Adios."
"Adios. Fue un gusto haber hablado contigo."
Riolu, acento con la cabeza y se fue hacia la dirección. Alberto, también fue hacia su propio camino, pero con una sonrisa en el rostro.
Riolu, no podía evitar sonreír también. Esto era buen comienzo para su día. Conocer una persona muy amable y agradable. Le hubiera encantado si él lo hubiera dado un tour en el pueblo.
No se sentía con tanta prisa. Estaba relajado y tranquilo, aunque se preguntara que tanto tiempo tardara en llegar al centro. El pueblo no parecía grande, así que no tenía nada de que preocuparse. No veía mucha gente y algunos de ellos le decían buenos días, y amablemente hacia lo mismo.
De repente, él paro. No era porque sentía un mal presentimiento o que veía problemas, era que su nariz acababa de detectar un buen aroma. Él dio varios pasos hacia atrás y volteo hacia la derecha. Ahora mismo estaba viendo un pequeño lugar de comida. Veía como había gente comiendo sentados en las mesas.
Pero lo que más le atrajo la atención, era la comida que estaba en los platos. Coloridos y de aspectos deliciosos. No se podía ver con el bandana cubriendo su cara, pero estaba boca abierto y babeando. Su estomago gruñe, estaba muy hambriento. La llamada del desayuno lo llama y debe responderla.
Entro a lugar, sin pensarlo. "¡Buenos días, chiquillo!" Dijo una señora, que estaba en la puerta de la cocina.
Una mujer que debe ser de entre cincuenta y sesenta años de edad, pelo negro y gris, rellena y piel morena. Y con un vestido rosa.
Ahora mismo, estaba se iba hacia la cocina. "Siéntese en una mesa que un momento les atendemos."
"Muchas gracias." Dijo Riolu, amablemente.
Él localizó una mesa que se encontraba en la esquina y se sentó en una mesa de plástico. Ahí espero pacientemente a que le atienda.
"¡Mijo!"
"¿Si?" Preguntó alguien joven.
"Atiende a la mesa que se encuentra en la esquina."
"Sí, mama." Dijo él.
Luego la persona con un mandil blanco, salió de una puerta y fue hacia Riolu. "Muy buenos días, ¿me vas a dar propina?"
Riolu, se quedo confuso con la pregunta, pero esa confusión no se quedo por mucho tiempo, ya que justo después la señora grito. "¡No seas grosero! ¡No exiges a la gente que te den propina!"
"¿Qué no le exige?" Preguntó el joven.
"Claro."
Entonces él volvió a dirigirse a Riolu. "¿Me puedes dar propina, por favor?"
La señora dio un golpe en la mesa por frustración. "¡Me refiero que no le pidas propina a la clientela! Es de mala educación."
"De acuerdo mamá." Dijo él, y volvió a hablar con Riolu. "Aquí esta la carta para que escojas que platillo que tu quireras. ¿Quisieras un jugo, cafecito o una entrada para para empezar?"
Rápidamente hecho un vistazo al menu, en la sección de entradas y bebidas. Lo que le trajo la atención era un jugo de naranja y dos molletes pequeños. Él pidió eso y el chico se fue a la cocina. Riolu, aprovecho el momento para escoger el platillo principal.
Tamales, Chilaquiles, Huevos Rancheros… Todo suena muy delicioso. No sabían como lucían, pero tenía el gran presentimiento que esta comida sera lo mejor que habra probado. Sera una difícil decisión.
Sus pensamientos fue interrumpido, cuando llego el joven con los molletes y el agua de naranja. Los molletes consistían de bolillos, mantequilla, frijoles refritos, queso gratinado derretido y encima, el pico de gallo. Un platillo muy colorido, no podía esperar a comerselos.
"¿Ya escogiste?" Preguntó él.
"Eh, sí." Respondió Riolu. "Quiero… dos Tacos de Barbacoa, por favor."
"Entendido. Ahorita regreso."
Tras que se fuera, tomo el mollete que aun estaba caliente. Su olor… simplemente es hipnotizador. Cuando dio su primer bocado, saboreó el sabor del queso, el pan crujiente, los frijoles refritos y sobre todo el sabor picante del pico de gallo daba ese toque único. Una chulada. Le picaba mucho la boca, pero no paraba de comerlos. Cuando llegaba un cierto de picor que no aguantaba más, tomaba el jugo de naranja. Era toda una frescura. Totalmente natural.
Tras acabar los molletes, llegó el joven con los dos Tacos de Barbacoa. Lo dejo la mesa y se retiro. Los tacos eran otra cosa. La carne en la delgada tortilla y el cilantro y pedacitos de cebolla encima. También era una belleza. Entonces agarro un limón y roció el jugo en la carne.
El momento que se le comió, se enamoró de los tacos. Su sabor era algo que no podía describir. Estaba dando una gran sonrisa. En poco tiempo, siguió comiendo más hasta acabárselos. Estaba satisfecho. Pensaba que no había comida igual como esta en cualquier parte.
Entonces él joven regresó y dejó un papel en la mesa. "La cuenta." Dijo él y la sonrisa de Riolu, se fue.
Se quedó viendo la cuenta, preocupado. "¿La cuenta...?"
"Sí." Afirmó el joven. "¿Acaso no tienes dinero para pagar la cuenta?"
Se quedó inmóvil. Debió haber pensado que esta comida, no era gratis. Pero con el hambre y que fue hipnotizado por el olor, no pudo pensar el detalle que tenía que pagar la cuenta. Y su temor, obviamente era que no tuviera el dinero para pagar la comida.
"Eh, espéreme un ratito." Dijo Riolu, y se fue a registrar su mochila, rápidamente con esperanzas de encontrar el dinero que necesitaba.
No quería tener problemas al no pagar la cuenta. Ademas sin no tenía dinero, de alguna manera tendría que pagarlo o… simplemente tendría que huir de aquí. La única forma que podía conseguir comida o dinero, era por el robo, algo que no le gustaba.
Si estaba la ropa que estaba usando para disfrazarse, debe de haber la posibilidad de que hubiera el dinero. Y si lo hay, al menos que tuviera lo necesario. Afortunadamente, encontró un sobre lleno de dinero. Saco el dinero y vio la cuenta para ver cuánto pagaba.
En ese momento, el joven se quedó con los ojos abiertos, al ver que Riolu, tenía mas de cien mil pesos en sus patas.
"¿Me puedes dar de propina la mitad de tu dinero?" Dijo él, sin pensarlo.
Riolu, se quedó mirándolo confuso. ¿La mitad? ¿Acaso tenía tanto dinero? Solo se le quedo viéndolo hasta que la mamá del joven le dio un zape en la cabeza.
El joven exclamó y Riolu, estaba sorprendido de la llegada inesperada de la señora. "¿¡Qué propina, ni qué nada!? ¡Eso no se hace!" Dijo ella, y miro a Riolu. "Guarda ese dinero muy bien, te lo pueden robar."
La señora tenía mucha razón, especialmente después de la cara que puso el chico tras que lo viera. Puede atraer gente mala si no es muy cuidadoso. Y hablando de cuidadoso, ese dinero lo tenía que guardar muy bien y gastarlo cuando sea necesario. ¿Dónde consiguió tanto dinero?
"Lo haré." Respondió Riolu.
"Eso espero." Dijo ella, y volteó a ver a su hijo. "¡Y tú no te quedes ahí paradote y atiende a la demás clientela."
"¡S-sí mamita chula!" Dijo él, y se fue de ahí.
"Uy, esta juventud de hoy en día." Dijo ella, y volteó a ver a Riolu. "¿Por casualidad, tú no eres de aquí, verdad?"
"No, no lo soy."
"Lo que pensaba. A pesar que tengas la cara tapada, tenía el presentimiento que no eras de aquí."
"Pues tu presentimiento estaba en lo correcto." Dijo Riolu.
"¿Se puede saber qué haces aquí?" Preguntó ella.
El motivo de la pregunta, era que era le soñaba muy extraño que un joven muchacho, anduviera por aquí sin ningún padre. También sospechaba que era un pobre, pero con cien mil pesos en la mano, era demasiado extraño. Como si hubiera robado a alguien lo suficientemente idiota que tuviera ese dinero en la mano
"Estoy de pasada. Conociendo el pueblo."
"¿Estas con tus padres o con un familiar? ¿Amigos?"
Una vez que venía la pregunta. ¿Acaso tenía una familia? ¿Un padre? ¿Una madre? ¿Un hermano o hermana? ¿Amigos? ¿Alguien que amaba? ¿Estarán preocupados de él? Desearía recordar algo al respecto. Recordar esa felicidad de estar con alguien.
Riolu, se puso un poco triste al pensar todo eso. ¿Dónde encontrarían a su familia o… si al menos tuviera uno? Ni siquiera sabía en donde podía empezar a buscar pistas. No podía sentirse frustrado.
"¿Estas pasando por un mal momento, no es cierto?"
La pregunta de la señora, hizo que él volviera a la realidad. Él vio que ella lo miraba, con cierta preocupación hacia Riolu. De alguna forma, se sentía un poco bien que alguien le preocupe por él. Como una madre hacia su hijo.
Él simplemente asentó con la cabeza, aún con la tristeza en su rostro. "No te pongas así. La vida no es fácil y las únicas barreras que tengas, serán al que tu pongas. Así deja de ponerte de ese modo. Todo saldrá bien."
Resulta que las palabras era justo lo que necesitaba Riolu. Era cierto eso, no podía permitir de estar de esa manera. No importaba que tanto tardaría, necesita buscar un indicio para recuperar su memoria y no parar hasta que su cuerpo le impidiera seguir. Así que se pagó la cuenta, se paro de la mesa y fue de ahí.
"¿¡Qué estás haciendo!?" Preguntó ella, sorprendida.
"¡Voy a continuar con mi camino! ¡Gracias por la comida y por las palabras! ¡Adiós!" Dijo él, animado y se fue del lugar.
La señora simplemente suspiró y sonrió. Iba a decir que su hijo que lo acompañe y lo ayude en todo que lo necesite, pero este muchacho se fue sin darle la oportunidad. "Esta juventud de hoy en día."
Entonces se fue de nuevo a la cocina, para seguir preparando más comida para la clientela con los estómagos vacíos.
Pero en la misma posada, había dos personas en una mesa. Uno gordo y uno flaco, ambos usando lentes de sol. El flaco estaba comiendo unos Huevos Rancheros, mientras que su compañero estaba pensando. Antes que Riolu, se hubiera ido, el gordo lo observo sin que nadie lo notara.
"¿Lo notaste?" Preguntó el gordo.
"¿Notar qué?" Dijo él, mientras que echaba otro bocado en la boca.
"El chico que estaba aquí. ¿Lo viste?"
"¿El mesero?"
De repente, el gordo dio un zape en la cabeza, para que le ponga atención. "No tarado, el chico que estaba sentado en esa mesa. ¿Lo viste o no?"
"Ah no, estaba comiendo" Dijo él. "¿Qué pasa con él?"
"Tengo las sospechas que es esta la persona que andábamos buscando."
Al escucharlo, se sorprendió. "¡Chanfle! ¿En serio?"
"Naturalmente." Dijo el gordo. "Recuerda que tengo un sentido de orientación que me permite saber las personas que buscamos."
"¿Oye, mi jefe? ¿El sentido de la orientación, no es el saber del dónde estas?"
El gordo, se quedo pensativo un ratito. La verdad es que estos dos son unos verdaderos idiotas. Ambos no terminaron la escuela, ni siquiera la secundaria. El gordo, siempre actuaba como si fuera el más inteligente, pero no lo era. El flaco era muy distraído y muy fácil de engañar. Sobre todo, le hace caso al barriga con patas.
Sin saber que decir exactamente, volvió al tema anterior. "Bueno, pero tenemos que ir a por él."
"¿Pero estas seguro que es él? Recuerda que nuestro patrón no le agradara que le llevemos a la persona equivocada. De nuevo."
"Tranquilo, ahorita mismo lo vamos hacia él y lo vamos a averiguar."
En ese momento, llega el mesero. Les deja el papel en la mesa y se retira. Era claro que era la cuenta y que tenían que pagar, antes que irse.
"¿Vas a pagar la cuenta?" Preguntó el flaco.
"Claro que no, tu invitaste." Dijo el gordo.
"Lo sé, pero creí que ibas a decir: 'no mi amigo, yo pago'."
Tras escuchar esto, el gordo le dio un zape de la cabeza a su compañero, enojado. "No seas menso. Se hombre de palabra y paga."
"Es que hay un detalle. No tengo dinero."
Gordo, se enojo aun más. "¿¡Cómo es que tu no tienes dinero!?
"Es que estaba muy seguro que me ibas a decir eso y… ya ves."
El enojo hizo que le diera otro zape en la cabeza a su amigo. "Sí que eres un pedazo de idiota." Entonces levantó la mano. "¡Mesero!"
Entonces el mesero vino hacia ellos y el gordo, empezaba a sacar dinero de su billetera. "Agradece que te toco un compañero que siempre esta preparado para todo tipos de situaciones y siempre paga lo que debe. Pero a la próxima tu pagas."
El gordo le entrego el dinero a la mano del mesero y este empezaba a contarlo si era exacto. Entonces los dos se levantaron de la mesa y se dirigieron a salir. Pero el mesero les paro.
"Falta." Dijo él, y el mesero dio un poco de dinero. Pero de nuevo, el mesero les detuvo. "Aun falta." Dio otro poco de dinero y de nuevo los paro. "Propina."
De repente, su madre le gritó. "¡Pablito!"
Pablo, se preocupo. "¡Lo siento, mamita chula!" Entonces se retiro.
Sin Pablo, tapando el camino. Las dos personas se fueron de la posada y fueron tras Riolu.
Volviendo con Riolu, que sin problemas, llego al centro del pueblo. Exploro por la pequeña plaza, pensando a donde ir. Le parecía muy bonito la plaza. Con los arboles y los arbustos, los niños jugando y veía a personas hablando y comiendo en pequeño puestos de comida. Se le antojaba comer, pero su estomago estaba completo y no quería quedar como un panzón.
Pero de nuevo, aquí no estaba como turista. Debería buscar información útil y en el centro podría encontrarlo o por lo menos podía pregunta a una persona, sin llamar mucho la atención.
Entonces su mirada se dirigió a un escultura de un tronco parado y rodeado de agua. Justo había un escrito que decía:
Tangamandapio
-Significado-
"Tronco podrido que se mantiene de pie en el agua."
Desde que escuchó el nombre del pueblo, se preguntaba porque se llamaba así. Ahora lo sabía. Pero nunca se imaginaba que podrían un nombre por un tronco podrido. Aunque admite que es un nombre muy original y complicado de decirlo.
De repente, un hombre le llamó. "¿Oye, tienes un minuto?"
Volteó a ver y vió precisamente a los dos hombres de la posada. Riolu, nunca vio los sujetos ahí y tampoco sabía de sus verdaderas intenciones. A pesar que ellos lo habían seguido de una manera poco disimulada y tonto.
"¿Qué pasa?" Preguntó Riolu.
"Tenemos una pregunta." Dijo el gordo, mientras que sacaba una fotografía y se la entregaba. "¿Por casualidad has visto a esta persona?"
Riolu, tomó la fotografía con curiosidad. Cuando la vio, sus ojos se quedaron bien abiertos. Ya que esa fotografía se mostraba a él mismo, a la altura de su hombros a la cabeza y sonriendo.
Se preocupó. Ya que si no se equivoca, esos sujetos parecían pertenecer a las mismas personas que le persiguieron en la noche.
No podía dejar que le descubran y lo atrapen, especialmente aquí. Así que mintió rápidamente. "¡Eh, no! No lo he visto."
"¿Estas seguro?"
"Claro. Me late que ese sujeto es... único. Y si lo viera, lo recordaría sin problemas."
"Estas en lo cierto." Dijo el flaco. "Ese sujeto que andábamos buscando es bastante diferente."
"¿Qué tan diferente es?"
"Bueno es chaparro, tiene pelaje azul, orejas de perro-."
"Y no te olvides que tiene expresión de tarado en su rostro." Agregó el gordo y Riolu, estaba insultado. Pero pronto ese señor hizo otra pregunta. "¿Por casualidad tú no eres esa persona?"
La pregunta hizo que se preocupara. "¿¡Yo!? Por supuesto que no." Dijo él
"Entonces quítese la bandana de la cara."
"Eh, no puedo." Negó Riolu.
"¿Por qué no?"
Entonces Riolu, mintió aún más. "Es que estoy enfermo, muy enfermo." Luego empezó a fingir que tosía.
Al escuchar las falsas toses, los dos idiotas pusieron cara de incomodidad. Mostrando que le creyeron. "Uy, sí se nota que está muy bien enfermo." Dijo el flaco.
"Pues sí." Afirmó el gordo. "¿Pero entonces por qué haces aquí afuera? ¿No es más lógico que te quedaras en tu casa?"
"Es que... ¡el calor mata las bacterias!" Dijo Riolu.
"¿¡Los mata!?" Preguntó el flaco.
"Sí."
Entonces el flaco, miro a su compañero. "¿Es cierto eso?"
"No sé. Yo reprobé en Geografía." Dijo el gordo.
Al escuchar eso, Riolu, se quedó confundido. Había perdido la memoria, pero estaba casi seguro que la Geografía es el estudio de los lugares o algo así. Ahí se preguntó si ellos eran unos idiotas. Si fuera el caso, podía aprovechar eso y evadirlos.
"Pero aún así, necesitamos comprobar que tu no eres el sujeto que vamos tras él." Dijo el gordo.
"Entiendo, ¿pero por qué lo quieren atraparlo?" Preguntó Riolu.
Hizo la pregunta, con la esperanza de averiguar algo de su persecución. Le harían un gran favor si le responden la pregunta.
El flaco se agacho y le hablo al oído de Riolu, sin antes de mirar a su alrededor para asegurarse que nadie les miraba o escuchara. "¿No se lo dices a nadie?"
"No."
"Yo tampoco."
Riolu, quedó decepcionado. Era demasiado bueno para ser verdad. El flaco se volvió a parar.
"Bueno, demuestra que no eres él. ¡Pero hazlo rápido, porque no tenemos todo el día!" Dijo el Gordo.
"¡Tranquilo, tranquilo! ¡Que ahorita lo hago!"
Mientras que los dos hablaban, el flaco notó algo extraño en la espalda. La cosa que noto, era la cola de Riolu, que alguna forma salió del pantalón. El flaco, se quedó viéndolo, muy confuso y tratando de pensar una razón lógica.
Sin llegar a nada, le habló a Riolu. "¿Acaso tienes parte animal?"
"¿A qué te refieres?" Preguntó él, volteando hacia el flaco.
Cuando se dio la vuelta, el gordo notó la cola de Riolu. "¡Chanfle!"
Al momento que oyó la exclamación y miro a él. "¿Qué sucede?" Ahí se dio cuenta que su cola se había salido. "¡Chanfle!"
"¡Es él!" Dijo el gordo.
"¿Quién?" Preguntó el flaco, confundido. No dándose cuenta que al que estaban buscando, estaba en frente de ellos.
"¡Idiota! ¡Es él!" Gritó él, y el flaco, ya entendió. "¡Atrápalo!"
Los dos se lanzaron hacia Riolu. Pero él corrió hacia adelante y ambos terminaron chocando entre si.
Ambos se levantaron del suelo y el gordo, dio un zape de la cabeza del flaco y los dos fueron tras él.
Riolu, corría, mientras se metía la cola de nuevo al pantalón. La persecución tuvo lugar por todo la plaza. Corrían demasiado rápido, hacían todo un caos por unos puestos de comida y tiendas. No se veía que tuviera un fin. Hubo un momento que los dos acorralaron a Riolu, por los lados.
Ellos dos se acercarían lentamente hasta que lo atraparan si él no hacía algo. Así que él, corrió hacia el gordo, que no se movió y que él flaco, iba tras el. Pero Riolu, corrió debajo de él y pasando entre sus piernas muy rápido. Aunque el flaco chocó contra su compañero y este en respuesta lo arrojó al arbusto y fue tras él.
Él no se dio cuenta, pero corrió a un rincón sin salida y cuando miro atrás, descubriendo que el gordo, lo volvió arrinconarlo. Riolu, volvió hacerlo de nuevo, pero en esta ocasión, el gordo lo agarró, antes de pasarlo por debajo. Aunque Riolu, no se dio por vencido y dio varias patadas en la cara hasta que lo soltó. Riolu, volvió a correr y el gordo, estaba un poco aturdido y no le persiguió enseguida.
Pero Riolu, se encontró con el flaco, que llevaba un palo de madera. El flaco intento golpearlo, pero se movió a izquierda. Volvió hacerlo, pero de nuevo falló al un momento que él lo evadió a la derecha. Un tercer intento y paso lo mismo. En esta ocasión, fue a la derecha, pero para la sorpresa de Riolu, él lo golpeó, ya que cuando había esquivado el golpe, el flaco no se movió y golpeó en la misma parte, y Riolu, movió ahí, por la costumbre.
Cayó al suelo por el golpe, aturdido. El flaco, aprovecho y lo agarro. Cuando lo tenía en sus hombros, Riolu, se recuperó y se agitó todo lo posible hasta que el flaco perdió el equilibrio los dos se cayeron. Riolu, fue el primero en levantarse y corrió hacia izquierda, pronto los dos le siguieron.
Riolu, atravesó la calle sin ningún problema. Los dos también cruzaban por la calle, pero de repente escucharon fuerte sonido que hicieron que paren. Cuando miraron a la derecha, vieron un coche que iba muy rápido hacia ellos. Ambos gritaron, pero no se movieron.
¡Crash! El coche chocó contra ellos, causaron que terminaran volando por el impacto. Riolu, se quedó viendo todo el acontecimiento y él cerró sus dos ojos en dos ocasiones. Cuando chocaron y el momento que cayeron al suelo.
Entonces Riolu, se dirigió hacia ellos para asegurarse que estuvieran bien. Claro que no iban a estar bien, pero por lo menos para asegurarse que tan mal estaban.
Riolu, llegó al gordo y lo tocó. "¿Están bien?" Preguntó él, pero no hubo respuesta.
Ambos estaban adoloridos y aturdidos para responderle o agarrarlo desprevenido. Al menos que la siguiente vez que cruce la calle, va a mirar a los lados, sin importar que este pueblo no pasen muchos autos.
Pero entonces noto algo que llevaba el gordo. Tomo lo que parecían ser un papel con información con unas fotografías pegadas y un aparato con una antena. Lo que más le llamo la atención, es que parecía él mismo y otros más que no era de la misma especie que poblaban el pueblo. Pensaba que esta información era lo que necesitaba, pero no podía leerlos aquí.
La gente empezaba acercarse al lugar en donde se encontraba, para ver cómo estaban ellos. No podía quedarse, sospecharían que tuvo algo que ver y pronto terminarían descubriendo su identidad.
Así que se fue del lugar, lo más tranquilo y poco sospechable posible. Tenía una pista y tenía que aprovecharla.
