Disclaimer: los personajes no son de mi propiedad, pero la idea si.
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New Austin, Armadillo, 1915.
La leyenda del salvaje oeste, Red Harlow se había logrado forjar como símbolo de justicia con claridad y confianza.
Su destino fue desconocido después de haber concluido con "Nunca fue por dinero", por lo tanto ya no se supo más de él, salvó que había dejado una herencia cómo era costumbre en aquellos años venideros y apacibles del fin de la era de los forajidos.
Hans Harlow era el hijo más atractivo del legendario cazarrecompensas, era dueño del famoso y destructivo revolver Scorpion que alguna vez poseyó su padre.
Hans no era solo el hijo del inigualable pistolero, era el padre de una adorable chica rubia de dieciocho años, llamada Elsa, la cual era la nieta del hombre que vengo la muerte de sus padres.
Tanto Hans como Elsa sentían un apego fraternal de familia, por lo tanto, no era de imaginarse en otro mundo como serían ellos si no fueran familia, sino fueran otra cosa.
Hans quería mucho a su pequeña rubia.
Si tenía que vivir por ella lo haría y si tenía que luchar por ella también lo haría.
Hans era el vivido reflejo de lo que alguna vez sus abuelos fueron, es decir, tenía la moral y el espíritu trabajador de su abuelo Nate Harlow y su abuela Falling Star.
Hans había estado casado con una adinerada y hermosa mujer que cuando dio a luz a Elsa, se había quedado maravillada por la inocencia de la inocente niña.
Era para ambos su única y primer hija.
La vida en aquellos tiempos, cambio cuando la madre de Elsa falleció producto de la tuberculosis que la pobre mujer padecía y que contrajo cuando en una noche con largas jornadas nocturnas en un sembradío de hojas de tabaco se había topado con un hombre que le había tosido en la cara, lo cual, consecuentemente le trajo esa horrible enfermedad.
Después de la muerte de la madre de Elsa y años después, Hans y la mismísima blonda sabían que Armadillo empezaba a resurgir con su pandemia de cólera que estaba presente desde 1890 entre su población.
Esa pandemia provocaba en las noches que no se pudiera salir casi de casa debido a los altos contagios y muertes que sucedían por todo el pueblo.
El sheriff Leigh Johnson, así como había llegado en 1911 para erradicar ese problema, asimismo se había ido años después.
La cólera en Armadillo había reducido consecuentemente cuando estaba presente el Marshall Johnson, pero una vez que esté se retiró, la pandemia de cólera había vuelto a renacer.
Aquella y solitaria noche en la hacienda Harlow, Hans había preparado un guiso para él mismo y para su adorable hija.
– Papá, ¿Cuándo podremos salir?– pregunto Elsa mientras comía y leía un buen libro, su semblante era de preocupación, igual que el de su padre.
– No lo sé aún, vamos a continuar esperando, hasta que esto se controle– le respondió mientras no dejaba de pensar en lo último que había estado pasando por todo Armadillo.
Era más que obvio que sus amigos de él y de su hija habían muerto por la cólera del errante pueblo.
Los momentos de diversión, canto y baile habían perecido, por lo tanto solo bastaba imaginar a otro Hans y a otra Elsa en otro mundo, dónde la felicidad los hiciera creer en la esperanza.
Todo había cambiado desde entonces y fue una de las épocas más duras para ambos.
Aquella mañana de ese inhóspito pueblo, Hans salía vestido de su hogar con su sombrero gris polvoriento, su chaqueta de cuero, sus pantalones de tono gris muy deteriorado, sus guantes para cabalgar y las cartucheras de su padre, cuando logró ver en la puerta de su pequeño granero a un hombre, el cual tenía un aspecto pálido y muy deteriorado, en ese preciso momento sabía que ese hombre intentaría contagiarlo, pero no lo hizo ya que esté se desplomó en el suelo y después de unos cuantos minutos, falleció.
Sabía Hans que tenía que sacar a su hija de Armadillo o de lo contrario ella sería contagiada y moriría ahí junto con el.
El alcance de la cólera era inevitable, lo cual convocaba en presencia de pocos habitantes a que los habitantes con recursos económicos sustentables, algunos pudieran irse del pueblo.
Durante una visita al pueblo ese mismo día en que ese hombre murió en su granero, Hans pensó mucho en usar su apellido para llamar la atención de unos cuantos, tal vez así podría obtener dinero para irse del susodicho pueblo.
Hans en sus pensamientos pensaba que podía ser un aspirante a seguir los pasos de su progenitor; ser un cazarrecompensas de por vida hasta que el tiempo tuviera mella en el, pero la verdad es que no quería ésa vida, tal vez la podría tomar, pero no la seguiría.
El mismo quería que Elsa fuera feliz, por ello, había empezado a hacer planes en su cabeza los cuales indicaba que para llegar a un buen destino, tendría que viajar muy lejos de Armadillo y llegar posiblemente a Blackwater o a Strawberry, o incluso ambicionar mucho más… Tal vez ir a Tahití o a Guarma.
Hans no había tenido suficiente como para huir junto con Elsa en esos momentos, por ello ese día había decidido después de pasar al pueblo, decidió que iría a buscar a un vendedor ambulante que recurrentemente visitaba el pueblo para ofrecer sus tónicos revitalizantes.
El hombre regordete llamado Nigel West Dickens era el dueño del negocio ambulante, era uno de los hombres más afortunados de todo New Austin el cual se caracterizaba por ofrecer productos muy "Sacados de onda", siendo tónicos para el cabello, caballo, la fuerza y la resistencia, teniendo toques de extravagancia en cada consumible.
Ese día, Hans había llegado a dónde estaba Nigel, dándole un saludo en ese instante.
– Señor, señor, que milagro verlo por aquí–dijo sonriente y halagado Dickens mientras le correspondía el saludo a Hans.
– No tanto. Veo que usted no ha vendido mucho– respondió el pelirrojo mientras asentía firmemente desde su relajada posición, impresionado por el inexistente miedo que no destruía al inigualable Dickens, en eso, el hombre regordete le contesta con algo de ignorancia – ¿Qué? Claro que sí he vendido, pero considerablemente mi clientela habitual ya se ha ido–.
Negando Hans de que el hombre regordete no sepa mucho lo que verdaderamente está pasando en el pueblo, le informa – Este pueblo está maldito, señor Dickens. Creo que debe irse– ante esa sugerencia, y el tono muy misterioso y casi hostil en como se lo dijo Hans, Dickens le dice con tartamudeo – Creo que lo haré, pero, ¿A dónde?–.
Sin saber Dickens a donde dirigirse, Hans le responde mientras se agarra la hebilla del cinturón, mostrándose un poco apacible por la situación que se está viviendo en el pueblo – No lo sé–.
Convencido de que tiene razón el pelirrojo, Dickens recoge sus cosas para ya nunca más volver a Armadillo.
En efecto, la clientela que había tenido en el pasado se había ido producto de la pandemia de cólera que azotaba dicha región desértica.
Mientras se retira lentamente Dickens, en ese preciso momento Hans se le ocurre una idea un tanto peligrosa pero también un tanto segura.
Lentamente se encamina hasta el viejo Dickens y le pregunta con seguridad – Oiga, antes que se vaya, quién sabe a donde. ¿Puedo pedirle un favor?– alzando una de sus pronunciadas cejas, Dickens ve a Hans no muy convencido de algo.
Teniendo a Dickens con la oportunidad de ayudarlo a salir del pueblo, le pide un poco apenado – Podría ayudarme a salir de este pueblo–.
El hombre regordete y con sombrero de copa, no creyendo que un hombre tan apuesto y varonil como Hans pida una solicitud así para irse de un lugar árido y seco como lo es Armadillo; ruegue que es muy arduo permanecer ahí.
Pensando que se las puede arreglar solo, no se niega Nigel y en su lugar le dice – Claro que lo puedo ayudar a salir de este pueblo. Pero…– antes de finalizar, Hans lo interrumpe – Sin peros señor, quiero saber si me puede ayudar. Sabe, tengo una hija que mantener pero con la escasez de dinero no puedo sacarla de aquí. Por ello necesito saber si me va ayudar. Ya lo he ayudado en su negocio, no lo olvide–.
Preocupado y conmovido por lo que le dijo Hans, Dickens asienta y le sugiere al pelirrojo que vaya por su hija y algunas cosas para poder salir del pueblo.
Sin ningún problema y teniendo el tiempo adecuado ahora sí para escapar de Armadillo, Hans se dirige a ver a Elsa para decirle que ha llegado la hora de abandonar Armadillo.
Al llegar a su casa sin tanta prisa y viendo a su adorable hija, Hans se acerca a ella mientras ella se encuentra leyendo sentada contra la pared de madera de su hogar.
Percatándose de la presencia de su padre, la cual se observa muy enérgica y muy apurada por salir de ahí, Elsa se muestra y se encuentra vestida con una chaqueta gris azulada junto con una falda de color marrón grisáceo, con su cuello envuelto en un pañuelo largo y cubriéndose la cabeza con un sombrero de vaquero ligeramente rasgado y visiblemente envejecido, además de contar con un vendaje rojo en su mano derecha, al percatarse en ese instante de la presencia, levanta ligeramente su cabeza y ve al instante a su apuesto padre, lo cual provoca que ella le pregunté – ¿Papá, qué sucede?– después de que le pregunta con un tono preocupante, Hans con ánimos le responde con una sonrisa esperanzadora y cariñosa – Buen día, mi niña, tengo algo que decirte– fijándose en la inexistente preocupación que ya no lo persigue, Elsa alza sus manos en un modo interrogativo, para preguntarle a que se refiere.
– Vamos a abandonar Armadillo– sentencia el hombre mientras la mira con detenimiento a la joven blonda.
Sin creer lo que acaba de decir, Elsa se sorprende mucho y en eso procede a abrazar a su querido padre, el cual está contento de que por fin van a irse de ese inhóspito y desagradable lugar.
Mientras la abraza, se percata de que su niña estaba leyendo algo.
Antes de irse de ahí y motivado por la curiosidad le pregunta que es lo que leía – Parece que estabas muy entretenida. ¿Qué estabas leyendo?– sin nada que la preocupe, Elsa le informa lo que estaba leyendo – Estaba leyendo la historia de una reina de hielo, un príncipe traidor, un plebeyo muy apuesto y una princesa muy valiente–.
Hans conmovido por la descripción sutil de los personajes se levanta en hombros y concluye muy halagado – Muy bien, es algo muy llamativo, bueno. Podrás continuar leyendo una vez que salgamos de aquí, vamos– después de finalizar, decide ayudar a Elsa a retirarse afuera de la casa.
Ahí afuera es el momento justo para abandonar definitivamente Armadillo.
Poseyendo pocas cosas de valor que los distingan, se encaminan al carro del señor Dickens, el cual los espera sin ninguna prisa que los haga infelices.
– Papá, ¿Quién es este hombre?– sin conocer al hombre, Elsa se muestra muy indecisa al verlo, pero no le importa, lo importante es abandonar cuanto antes el desencántate pueblo.
– No es nadie importante Elsa, es un amigo. Él nos va ayudar a salir de aquí– responde el pelirrojo mientras la levanta sobre sus caderas para ayudarla a subir al carro.
Mientras sube al carro y estando ya ahí, el hombre regordete se presenta ante la joven – Nigel West Dickens, señorita…– sin mostrarse descortés, Elsa niega un poco y le contesta al hombre diciéndole – Elsa, señor Dickens. Mucho gusto– saludándose, esperan ahí sentados a Hans, el cual se dirige al granero donde murió el hombre que vio por la mañana.
Se dirige al granero donde tiene un pequeño establo, esto con el fin de sacar a los dos únicos caballos que tiene ahí y usarlos quizás después para algo destacable como viajar o ser un herbolario pero teniendo en mente que estos animales no deben estar ahí.
En sus manos una vez que los saca a los dos caballos de razas únicas, las cuales llevan por nombres Baylock y Sitron, siendo el primero un corcel tipo Missouri Fox Trotter de pelaje negro con blanco y el segundo corcel siendo un Tennessee Walker, de colores crema clásicos; los lleva Hans hasta el carro del señor Dickens para sujetarlos en la parte delantera de otros dos corceles que mantienen el carro.
Una vez que los sujeta a la parte delantera del carro, Hans procede a subirse al vehículo y a darle la orden al señor Nigel West Dickens de que avance.
– Adiós Armadillo…– dice Elsa mientras y junto a su padre ven como empiezan a alejarse del lugar que alguna vez fue su hogar.
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Tras pocos días y pocas noches, lograron llegar al reluciente y brillante pueblo de Blackwater – ¿A dónde vamos papá…?– le pregunto la rubia en ese instante y con simpleza a su progenitor.
Percatándose de que Elsa estaba muy inquieta por el trayecto que estaban tomando, Hans, se encargó de decirle a dónde iban – Pasaremos un tiempo aquí y luego, buscaremos otro lugar donde establecernos–.
Ante lo esclarecido, Hans bajo del carruaje del señor Dickens, después de bajar, ayudo a Elsa a bajar del carro, consecutivamente Hans se dirigió a la parte trasera del carruaje y tomo sus cosas mientras le indicaba a Elsa que avanzara hacia uno de los hoteles con los que contaba el pueblo, y no solo eso, también libero de la parte delantera a Baylock y a Sitron para luego atarlos en uno de los postes hechos especialmente para los caballos.
– Le agradezco la ayuda, señor Dickens. No sé como se lo voy a compensar– le dijo Hans mientras se acercaba al hombre regordete y le daba un apretón de manos, este último le dijo con sinceridad y algo de preocupación – No sé preocupe señor, por ahora eso es lo de menos. Lo importante es que usted cuide a su hija, creo que ella lo va necesitar mucho–.
Después de darse el apretón de manos, Nigel subió al carruaje y se despidió de Hans, inclinando su sombrero de copa, de igual forma el pelirrojo le hizo el mismo gesto con su propio sombrero.
Al final, Nigel West Dickens cumplió con su palabra de alejar a Hans y a Elsa de Armadillo, salvándoles la vida de ese malsano pueblo.
Mientras veía como el señor Dickens se alejaba, Hans sonrió ligeramente y resoplo en paz, con la idea de que él y su querída hija comenzarían una nueva vida.
Encaminándose hacia el hotel donde estaba su hija, logro escuchar a su niña, peleándose con el administrador del hotel.
– ¿Qué sucede aquí?– pregunto Hans mientras entraba al lugar y mientras su hija junto al administrador, lo volteaban a ver.
– Sucede que la señorita no tiene la cantidad suficiente para rentar una habitación, señor– explico el administrador, el cual estaba molesto por la actitud de la joven blonda.
– Oh por favor, mi hija se lo puede pagar después– dijo Hans mientras negaba de manera sarcástica, en eso el administrador se negó y le respondió con odio –Debe tener dinero, de lo contrario no podrá rentar una habitación– ante la negativa del hombre, Hans soltó un gruñido de molestia.
Elsa al percatarse de que no traían casi dinero, tanto ella como su padre, le dijo muy triste – Mejor vámonos papá, no quiero que…– no termina ya que un apuesto hombre de cabello blanco y muy joven la interrumpió en ese instante – Yo puedo pagarles una habitación– informó.
Desde las sombras, un chico de veintiún años hizo acto de aparición y se acercó al administrador del hotel, siendo en ese preciso momento en que se acerca cuando efectúa el pago correspondiente por una de las habitaciones del lugar.
– Gracias– dijo Elsa de mala gana al trabajador cuando tanto ella como su padre recibieron las llaves de su habitación.
El joven peliblanco al ver que lo evaden, tanto padre como hija, procede a preguntarles – ¿No me van agradecer?– en eso, Elsa y Hans le asientan con la cabeza, pero la mismísima blonda es quién se queda ahí para hablar con el desconocido mientras su padre se dispone a subir las cosas que traían.
– Gracias, señor…– dice la blonda mientras le agradece al desconocido y sin saber su nombre de este último.
Sin sentirse oprimido y sintiéndose seguro, el desconocido le termina dando su nombre a la joven blonda – Jack, Jack Frost. Señorita…– de igual manera, sin saber su nombre, la joven le termina dando su identidad – Elsa, Elsa Ha… Westergaard–.
– Mucho gusto, señorita Elsa Westergaard– le dice con tranquilidad mientras se inclina delante de ella y le toma la mano para besarla.
– Que caballeroso, señor Frost– comenta mientras siente los belfos suaves del apuesto peliblanco, el cual desde su perspectiva, la piel de la chica es demasiado suave.
– Es un gusto haberla ayudado, señorita Elsa, a usted y a su padre– responde mientras se levanta y la mira con detenimiento.
Contemplándose mutuamente, Jack logra ver como Elsa se muestra muy tranquila, pero cambia cuando, la misma blonda escucha algo en la parte de arriba de las habitaciones – Bueno, señor Frost…– dice ya decidida a irse, pero es corregida por Jack, el cual no le gusta que lo llamen así – Llámeme, Jack–.
– Está bien, Jack– dice la chica con un leve jugueteo y luego agrega – Bueno, tengo que irme mi padre creo que me necesita–.
Ante eso último, Jack asienta y Elsa se gira en dirección a las escaleras y se encamina hasta donde esta su progenitor, en la parte de las habitaciones de arriba del lugar.
Casi retirándose y con las ansias de estar junto a la hermosa joven, Jack la logra detener, diciéndole – Espera, ¿Podría verte mañana?–.
Pensando eso último, Elsa le responde con una afirmación – Claro, tal vez me puedas enseñar cómo es este pueblo–.
Ya con la afirmación establecida, Jack sonríe y se termina despidiendo de ella.
Cuando ella se retira, Jack no lo puede creer, desde que la vio llegar sintió un apego por ella, por ello cuando la joven se retira, Jack siente que su corazón se le va a salir, pues no puede creer que la chica sea tan hermosa e inteligente e Incluso educada.
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– Conociendo a tu primer novio, ¿no?– le pregunta Hans mientras descansa dentro de la habitación que les asignaron. Más en específico, sentado en un pequeño sofá.
– No creo que sea mi primer novio, algo me distingue de él– responde muy contenta, pero sintiendo en el fondo de su corazón que Jack es un buen hombre.
– Parece que no, pero también parece que sí– replica Hans con un tono burlón, siendo en ese instante en que Elsa se acuesta en la cama de la habitación y le dice con pena fingida – Si claro–.
Después de un largo silencio en el que ambos descansan de su largo viaje, Hans le informa – Elsa, mañana iré al bar de este pueblo, tal vez encuentre a alguien que me ayude a conseguir dinero–.
Ante la noticia, y sin creer mucho en lo que dijo, Elsa le contesta, diciéndole – Papá, no se, pero, ¿Por qué no buscas un empleo como la gente normal?–.
Conociendo de antemano a que se refiere, le termina respondiendo con mucha seriedad – Elsa, sabes que no podemos decir quiénes somos. De ser así, es posible que la gente sepa que somos descendientes de aquel pistolero que alguna vez los hizo creer en mitos, además los pagos en un trabajo normal no son tan buenos, prácticamente casi no nos favorecerían–.
Sabiendo a que se refiere, Elsa asienta desde la cama y en eso ella le responde con – Está bien– dice mientras poco a poco se va quedando dormida.
– De acuerdo, mi niña…– responde el pelirrojo mientras su hija ya se encuentra dormida.
Después de unos cuantos minutos Hans se termina durmiendo ahí mismo en el pequeño sofá donde está esperando el nuevo día.
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A la mañana siguiente, Hans se despierta y se prepara para ir temprano al bar del pueblo de Blackwater, no sin antes decirle a Elsa mientras ella está completamente dormida aún – Mi niña. Volveré muy tarde, a ver que encuentras por aquí, tal vez ese chico con el que estuviste hablando ayer en la noche te pueda ayudar…– asienta la rubia muy sumida en el sueño, al ver ese acto Hans termina conmoviéndose ya que sencillamente se le termina haciendo algo enternecedor.
– Te quiero, Elsa, eres la mejor hija que he tenido– finaliza después de darle un beso en la frente y mientras se retira lentamente de la habitación.
A las afueras del hotel, se topa con Jack, el cual se encuentra trabajando en la transportación de suministros hechos de piel de animal, cuando se encuentra con él, en ese instante en que se lo encuentra, Hans le pide a este último que cuide de Elsa mientras el buscara una oportunidad de salir adelante.
Después de eso, ahora sí ya se dirige al bar de Blackwater, el cual la descripción indica que incluso el lugar es un restaurante.
Lejos del estereotipo de bar en mal estado, infestado de ratas, con faltas de higiene entre otras cosas; el bar de Blackwater no es así, es un lugar sofisticado y sumamente elegante y limpio, aunque si, no se exhorta de que tenga sujetos peleoneros típicos de cualquier bar o cantina.
Mientras va llegando al lugar, de la nada visualiza el momento justo en que dos hombres salen muy mal heridos del lugar.
– ¡Los vuelvo a ver por aquí y ya saben, los estoy vigilando!– advierte en ese instante el tabernero mientras se limpia las manos y vuelve al negocio para continuar sirviendo y entregando tragos de cerveza a la clientela del lugar.
Hans al llegar se pone en la barra y en ese instante en que se inclina y se acomoda le solicita un trago de cerveza tibia al cantinero.
El cantinero mientras le sirve le pregunta –Disculpe ¿va a pagar?– a pesar de que le sirvió un trago de cerveza, al final Hans niega y en su lugar se queda ahí acomodando en la barra, de antemano el pelirrojo ya sabe que no tiene dinero.
De la nada aparece un hombre rubio trajeado y enfundado acompañado de una mujer rubia de igual forma, muy bien vestida, los cuales llegan entre risa y parafernalia al lugar, los cuales al llegar con el tabernero, empujan y hacen hacia un lado a Hans, el cual se siente expulsado ante el empuje de alejamiento de parte de los dos individuos muy bien vestidos.
Hans en ese instante siente y manifiesta un gusto por iniciar una revuelta en el bar; golpear al dueño del establecimiento y asimismo golpear a los dos sujetos trajeados muchas veces, hasta reventarles la cabeza a golpes, pero no lo hace porque sabe que el tabernero no tiene la culpa de que el no tenga dinero, ni tampoco los sujetos la tienen.
En ese instante en que está en la barra, Hans se gira y visualiza un gran salón muy animado a pesar de que a penas empieza el día.
Lleno de olores agradables y originales, más las luces más brillantes que provocan que cualquiera se encuentre al borde de una borrachera y el aire se sienta tan cálido como el aliento de un ermitaño que lleva días sin bañarse.
Los dos individuos parecían provenir de Saint Denis, asimismo, Hans visualizo sus caballos de ambos sujetos los cuales eran dos Morgan de color bayo, que realmente parecían haber salido de una fábrica de clones.
Hans percatándose de la perdida de tiempo que se suscita en su contra, decide mejor retirarse, pero antes de hacerlo, aparece una hermosa y despampanante mujer de cabello castaño con una raya casi rojiza en el cabello, dicha mujer enfundada en una chaqueta de cuero, una camisa blanca, unos pantalones rancheros y un sombrero pequeño pero desgastado se encuentra con Hans mientras le pide un trago al tabernero – Sírvame un trago– dice la hermosa mujer mientras paga por la cerveza, la cual una vez que Hans la contempla provoca que ella le pregunté algo incómoda – ¿Algún problema señor?– pregunta mientras inclina una de sus largas y definidas cejas, en señal de confrontación.
Hans algo sorprendido por la manera en que la mujer lo ve, como si quisiera atacarlo, le responde negando sutilmente – No señorita, no tengo ningún problema, pero siendo sincero, he sido muy tonto de mi parte que usted sea muy hermosa y…– no termina ya que, la hermosa y despampanante mujer termina riéndose a carcajadas ante lo dicho por el pelirrojo.
– Si claro, señor… Usted es tonto y retonto– asienta mientras continúa riéndose y mientras Hans se levanta en hombros; en eso y a pesar de todo, la hermosa mujer, sin nada que la preocupe le invita un trago – Tabernero. Sírvanos un trago– señala en ese instante a Hans pero este niega – No gracias, señorita– pero la hermosa mujer le insiste – Vamos señor, yo invito– en eso Hans lo piensa dos veces y le termina respondiendo con – Bueno, esta bien…–.
Mientras les sirven los tragos, la mujer le pregunta a Hans – ¿Qué lo trae por aquí, señor?–.
Hans no sabiendo que decirle, le admite a la hermosa mujer mientras toma su trago de su vaso de whisky y lo choca el pequeño vaso con el de la mujer, haciendo un brindis – Venía a ver si podía encontrar algo por aquí, pero también había pensado en ir con el comisario para…– no logra terminar, ya que en eso, la mujer lo interrumpe poniéndole en énfasis lo siguiente – ¿Ir con el comisario? Ya veo señor, verá, vengo de la misma forma que usted. Vengo desde Valentine en busca de trabajo y bueno, estoy dispuesta para lo que sea. Si quiere puede acompañarme mañana por la mañana. El comisario ha puesto en oferta, la cabeza de cada capullo o tipo de una banda que aterrorizan New Austin. ¿Si le apetece?– afirma con su cabeza mientras toma su trago la hermosa y ya declarada cazarrecompensas.
Viendo que tiene una oportunidad de ganar buen dinero como nunca, le responde con – Si. Estaba pensando en algo así, solo que no lo pensé adecuadamente y viniendo de una señorita como usted. Me apunto para ayudarla, señorita– le dice a la mujer quién piensa por un lado, en estar dispuesta a ser caritativa y por el otro lado estar dispuesta a quedarse con todo el dinero para capturar a los bandidos, aunque al final la hermosa mujer decide lo primero entre las dos opciones: ayudar, debido a que ya hay otros quiénes están apuntados para eso.
La hermosa mujer después de presenciar el momento en que Hans se toma su trago de whisky, ella suelta un suspiro y luego después de eso le dice – Señor, verá. Aquí en este lugar todos están buscando a los de esa banda– Hans no sabiendo cual es la banda a la que se refiere, procede a preguntarle –¿La banda de…?–.
Sin responderle aún, la hermosa mujer escupe algo de su boca y luego le contesta mientras se mantiene serena – Tenemos que capturar vivos o muertos a la mayoría de los de la banda del Lobo– comprendiendo ahora sí a que banda se refiere, Hans con una media sonrisa asiente y le dice – Entiendo–.
Después de unos segundos, la mujer le da una palmada en la parte superior de la espalda al pelirrojo.
Entre ese contacto que pone en evidencia sus primeras muestras de compañerismo, la mujer logra ponerlo un poco nervioso, pero el pelirrojo le acepta su muestra de compañerismo y afecto, dedicándole una sonrisa.
La mujer de buena forma le corresponde el gesto y luego de eso se aleja de la barra de la taberna para luego salir del lugar para encaminarse a la comisaría cercana del pueblo.
Hans sin dudarlo ni un segundo, procede a seguirla mientras le pregunta – ¿A dónde va?– sin rodeos, la hermosa mujer le responde con tanta tranquilidad – Si va a acompañarme, necesita una licencia para capturar forajidos. No puede hacer justicia por su propia mano, ahora representa a la ley, la cual dicta que todo cazarrecompensas debe probar que es un cazarrecompensas–.
Teniendo de conocimiento que debe tener una licencia, la sigue hasta la comisaría.
Al entrar al lugar, se encuentran con el sheriff y su mujer de este.
Tanto Hans como la mujer castaña sin ser irrespetuosos, proceden a inclinar sus sombreros hacia adelante; en señal de saludo.
Viéndolos desde su escritorio, el sheriff esboza una sonrisa y en eso inclina hacia atrás su silla, subiendo sus piernas en el escritorio y recargando todo su peso en el peso de apoyo de su silla.
– ¿Si?– pregunta de manera espontánea y cínica el sheriff, en eso, la despampanante cazarrecompensas le informa, – Buen día, sheriff. Vera mi amigo busca una licencia de cazarrecompensas. Está dispuesto a romperle las piernas a todos esos tipos de la banda del Lobo. Señor…–.
Escuchando ese punto expresado de parte de la mujer, el sheriff se muestra muy tranquilo, como si no le importará, pero en respuesta y sin ser grosero, le termina diciendo – Está bien, serán por la licencia, 500 dólares…–.
Pareciendo un tacaño y pretencioso por el dinero el sheriff, la hermosa mujer le responde con – No cree que es exagerado, la última vez dijo que eran 25 por ella… ¿Por qué?–.
Sin rodeos y sin remordimientos que lo carcoman, el sheriff le dice – La nueva regla es así, señorita–.
Percatándose de la manera en que se encuentran sumergidos, la mujer no le queda remedio que pagar esa enorme cantidad de dinero, pero se ve interrumpida cuando la mujer del sheriff interviene y se muestra más considerada con el trámite de la licencia – Señores, disculpen–.
Siendo más gentil que su marido, la mujer les dice – Siguen siendo 25, como siempre. No sé preocupen, así es mi marido, un imbécil– observando fijamente a su mujer, el sheriff no le queda de otra más que resoplar de manera fastidiosa ante tal manera tan brillante y respetuosa en que se dirige su mujer hacia aquellos que quieren supuestamente capturar forajidos.
Ya una vez finalizado el trámite, ambos agradecen y una vez que hacen eso salen de la comisaría, sin escuchar el pequeño reproché de parte del sheriff hacia su mujer – ¿Por qué? Casi no tenemos dinero para pagarles a todos y tú–.
Ante ese reproché, la mujer del sheriff le responde con sinceridad y algo molesta por la corrupción y la aparente estafa que intentaba hacerles – Era incorrecto, Agnarr. Ellos no vienen a pagar exageradas cantidades por una licencia, vienen a que tú les pagues, de no ser así. Entonces yo asumiré tu puesto–.
Sabiendo que tiene toda la absoluta razón, el sheriff Agnarr que es ni más ni menos el encargado de todo, finaliza con un suspiro pesado y un fastidio evidente – Está bien, seré más considerado a la próxima, Iduna–.
Ya una vez afuera de la comisaría, la mujer le comenta con relajación ante la evidente vergüenza que estaba teniendo delante del sheriff – Ya está señor, podrá mañana temprano acompañarme a mí y a otros a capturar a esos hijos de puta– no teniendo una forma de agradecerle, Hans le extiende la mano y le dice – Gracias, señorita…– observando su enorme mano enguantada, y sin mostrarse descortés, la hermosa mujer le pronuncia su nombre – Caine, Caine Quintonia– de igual forma, Hans también le expone y pronuncia su nombre – Hans, Hans Westergaard, señorita–.
Sintiendo un leve apriete mientras se dan la mano, Caine le responde mientras relaja sus ojos y párpados – Encantada, señor Westergaard–.
Teniendo un rubor, ambos al final se terminan separado mientras, Caine le informa – Mañana temprano iré por usted. ¿De casualidad, tiene un caballo?– al escuchar la pregunta, no duda en afirmarle con la cabeza, que sí.
También posteriormente le pregunta la hermosa mujer – ¿Se hospeda en el hotel, verdad?– ante está nueva pregunta, Hans le responde de manera sencilla – Claro, señorita Caine–.
Teniendo en cuenta que ya está todo listo para el día siguiente; sin más que agregar, Caine retrocede lentamente y le dice mientras lo hace – Lo veo mañana, señor. Que tenga un lindo día– sintiendo un rubor la hermosa castaña, ella empieza a irse caminando rápidamente sin verlo, en cambio Hans mientras la ve retirarse, le dice de igual forma y despidiéndose – Hasta mañana señorita–.
Con todo ya resuelto, se dispuso en ir en busca de su adorada hija.
Elsa ese día después de que se levantó de las sábanas y después de que su padre fuera en busca de trabajo, se dispuso a acompañar a Jack por el campo denso y extenso de Blackwater, convencida de que Jack la llevaría a conocer todo el lugar.
Siendo un lugar árido, seco y con poca vegetación que lo hacían ver el lugar como un paraíso del que alguien con pocos días de vida no podría gozar.
Jack la tomo a Elsa de su mano mientras corrían – ¿A dónde me llevas, Jack?– pregunto de forma curiosa la chica
Jack sin responderle, rápidamente corrió y corrió al lado de la joven.
Poco a poco y por un momento Elsa empezó a creer que Jack la llevaría a un lugar donde se aprovecharía de ella, por ello mientras reanudaban la carrera, Elsa se intentó detener pero no lo consiguió – No, suéltame– percatándose de que la joven se estaba empezando a asustar, Jack la consoló y tranquilizó mientras corrían, diciéndole – Tranquila, no te lastimare, te llevaré a que conozcas a unos amigos que tengo–.
Pensando que se tratan de puros hombres, Elsa empezó a intentar escapar del fuerte agarre de Jack – No, por favor, suéltame– viendo que la estaba asustando, Jack se detuvo un momento por el camino y le dijo – Tranquila, Elsa. Escucha, mis amigos no solo son hombres, también hay chicas muy lindas. Tal vez te apetezca conocerlas– mirándola cara a cara y fijamente, se da cuenta de su expresión, una expresión de terror mezclada con una de preocupación.
Jack observa sus detalles de la joven blonda; unas marcas ligeras en ambos lados de sus mejillas, las cuales son imperceptibles, unos labios casi rojizos y carnosos, unos grandes ojos azules con pestañas enormes y negras, una ligera marca en su nariz, en el tabique y un mechón de cabello castaño que se distingue del resto de su cabello rubio.
Elsa estando muy asustada le dice – Quiero volver– Jack al darse cuenta de que sus buenas intenciones de que sociabilizara con algunos amigos que tenía afuera del pueblo no resultaron y percatándose de que en realidad la asustó, procede mejor a abrazarla y a decirle –Esta bien, Elsa, quería yo… Vamos te llevo de vuelta al pueblo–.
Por un momento mientras regresaban, Jack se percató de que la joven blonda se empezaba a tranquilizar, era evidente que confiaba en el pero no tanto.
En el largo camino de vuelta al pueblo, Elsa le dijo mientras se agarraba su vientre – Tengo hambre, Jack, ¿por qué no me llevas o me invitas a comer?– ante lo dicho y observando la delicadeza que la rodeaban incluso cuando tenía hambre, Jack le responde –Te llevaré a comer– teniendo en mente que la llevara a comer y que es posible que la regrese de vuelta al hotel después de eso, lo hace, la lleva a comer al restaurante bar de Blackwater.
Después de ordenar algo de comer y sentarse a comer lo que ordenaron, Jack le pregunta – Elsa, no quiero inmiscuirme en algo que no me conviene, pero… cuando te miré fijamente, me di cuenta de que tienes cicatrices en el rostro, ¿Te sucedió algo?–.
Elsa sin dudar ni un segundo ante la susodicha pregunta, le responde con algo de pena – Jack, veraz, yo soy…– sin lograr terminar, una voz femenina que pronuncia el nombre de Jack, la interrumpe en ese preciso momento.
Una chica con cabello castaño y vestido color celeste de aquellos tiempos aparece y abraza a Jack por las espaldas – Hola Jack, te estuve esperando, ¿Por qué no regrésate?– sin lugar a dudas, los amigos de Jack lo estuvieron esperando pero debido a que esté no apareció, se decidieron mejor regresar hasta el pueblo.
– Tooth, yo la verdad es que…– no logra concluir, ya que en ese instante, la mencionada gira su vista en dirección hacia Elsa – Hola. Y tú eres…– sintiendo una mirada discriminatoria en su contra, Elsa solo se limita a decirle – Soy una amiga de Jack, solamente– entendiendo el punto expresado, asienta Tooth y luego le dice a Jack – Jack, no fue bueno, dejarnos ahí esperando. No quiero que lo vuelvas a hacer. De acuerdo– sintiéndose que fue una decisión equivocada por parte de Jack, este último le responde con nerviosismo – De acuerdo–.
Una vez que termina, Tooth se decide dar la vuelta e irse caminando, mientras sonríe con malicia.
Con escalofríos, Elsa le pregunta mientras observa como se va alejando Tooth – ¿Ella es tu novia?– con algo de pena, al final Jack le termina confesando – Si, pero…– con un trago pesado en su garganta agrega – No tanto–.
Comprendiéndolo, Elsa asienta y le responde con sinceridad – Está bien. Quiero pensar que solo somos amigos, okey– consecutivamente, le contesta con la última palabra – Okey–.
Reanudando lo último que estaban haciendo, se vuelven a ver interrumpidos cuando una chica de la edad de Elsa aparece y corre a abrazar a Jack.
Una pelirroja muy infantil aparece acompañada por su apuesto y caballeroso, novio rubio.
Mientras dirige su pequeño cuerpo contra el de Jack, la joven pelirroja le grita con tanta emoción – ¡JACK! Jack, cariño– teniendo una sensación, como si lo estuvieran apretando, Jack logra decir con mucha dificultad – Ann-An-Anna, no puedo… respirar–.
Anna al oír su débil voz como si fuera un aullido débil, se separa rápidamente y consecutivamente, diciéndole – Perdón– después de alejarse un poco de Jack, Anna le dice – Estábamos esperándote en la cueva, ¿Por qué tar…?– no pudiendo terminar su última pregunta, Anna dirige su mirada a la joven blonda, diciéndole sin rodeos en ese instante – Hola…– correspondiéndole el saludo de igual forma Elsa, alzando su pequeña mano con la cinta de tela roja.
Teniendo una curiosidad por saber quién es la joven blonda, Anna le pregunta con curiosidad – ¿Y tú eres?–.
Elsa al sentir que Anna es una chica dulce como ella, procede a responderle con el sumo cuidado que la joven pelirroja tiene – Soy una amiga de Jack, me llamo Elsa, ¿Y tú eres?– teniendo la sensación de que conecta con la blonda, la joven pelirroja le dice su nombre – Soy también amiga de Jack, por cierto, me llamo Anna–.
Jack en ese momento en que observa como Elsa saluda con mucha cordialidad a Anna, le hace un gesto al rubio robusto y apuesto para que se acerque.
Sin dudarlo, el fornido rubio se acerca y le dice a la pelirroja – Es suficiente, Anna, es hora de irnos– no pretendiendo ser descortés, la pelirroja le responde con un malsano tono agresivo – Espérame, Kristoff, estoy conociendo a una nueva amiga–.
En efecto, el rubio llamado Kristoff al darse cuenta de que su novia se ve muy entretenida en la blonda y sintiéndose regañado, termina saliendo del lugar, no sin antes informarle a Anna lo siguiente – Te espero allá afuera–.
No prestándole atención, Anna solo se limita a asentir y a responderle con una expresión vaga – Si, claro– fijándose otra vez en Elsa, le pregunta – Amiga, ¿No eres de por aquí, verdad?– Elsa ante dicha pregunta le responde con confianza – No, acabo de llegar. De hecho, llegue el día de ayer–.
Asintiendo, Anna le dice entonces y después de escuchar su respuesta – Okey, podemos ser amigas… Yo siempre he querido tener una amiga como tú. ¿Cuántos años tienes?– no teniendo ninguna sensación que la haga sentir avergonzada, Elsa le responde, mientras relaja sus nervios – Tengo dieciocho años, ¿Y tú, cuántos años tienes?–.
Anna al escucharla, prácticamente queda congelada por la misma edad que tiene. No puede creer que Elsa y ella sean tan idénticas.
– Tengo yo también dieciocho– sintiendo que debe exclamar por la emoción, no lo hace y en su lugar le dice – Vaya. Creo que podremos ser las mejores amigas, ¿no lo crees, Jack?– ante la pregunta, dirige su cabeza en dirección a Jack, el cual responde con algo de pena – Eso creo–.
Percatándose de que dejo afuera a Kristoff y sintiendo que ya es muy tarde, Anna sin querer terminar aún y negándose a ello pero sintiéndose obligada a hacerlo, le pregunta a Elsa – ¿Puedo verte mañana amiga?–.
Elsa al ver como Anna se inclina ligeramente como si estuviera suplicando y ante su dicha pregunta, le responde con sinceridad – Claro, estoy en el hotel, puedes ir a verme, si deseas– mirando nuevamente a Jack, ambos en ese instante logran escuchar una exclamación de triunfo, salida de la boca de Anna.
– Si, mañana te podré ver amiga, también no te olvido de verte a ti, Jack, je je, adiós. Adiós Elsa– ante la afirmación de parte de la rubia y ya decidida, Anna retrocede mientras se despide y mientras va saliendo del lugar, hasta que definitivamente desaparece de la vista de la joven blonda y del apuesto peliblanco.
– Que linda chica– comenta Elsa mientras dirige sus orbes en dirección al peliblanco, el cual ante ese comentario, le responde con un suspiro pesado –Si, tan linda y…– se ve interrumpido cuando le pregunta a Elsa de manera premeditada – Olvida todo esto, no me respondiste, ¿Por qué tienes esas marcas en tu rostro?–.
Elsa al ver su insistencia por saber el porque tiene ligeras marcas en su rostro, le responde con un poco de pena y simplicidad – Una herencia de mi abuelo–.
Jack al ser curioso no se limita y procede a preguntarle – ¿Quién era tú abuelo?– Elsa sin lugar a dudas en ese instante empieza a sentirse ataviada y acalorada, teniendo que responderle con un tono rápido – Nadie importante–.
Comprendiendo su expresión, Jack se resigna a seguir insistiendo y en eso mejor le pide que termine de comer lo que ordenaron.
Casi finalizando, aparece Hans, quién había intuido que Jack invitaría a comer a Elsa en el dichoso lugar en donde muchísimas horas antes había estado.
Al verlo Elsa, se levantó del asiento y corrió a abrazarlo – ¡Papá!– de manera repentina y viendo como se le lanzaba, Hans le correspondió el abrazo y en eso le contesto de la misma forma en que ella se expresó; de manera contenta – Elsa, mi niña. Parece ser que tú amigo te invito a comer, me da mucho gusto verte por aquí, mi vida–.
Elsa teniendo la sensación de como los observa Jack, se gira y le sonríe, correspondiéndole él también la expresión.
– ¿Cómo te fue? ¿conseguiste algún trabajo o algo por ahí?– procede a preguntarle a Hans, quién algo desmotivado y difícil de explicar, le responde – Si, pero escucha…– teniendo una sensación pesada y algo complicada, reanuda después de una pausa lo que le iba a decir; informándole – Mañana temprano te dejare sola. De nuevo…–.
Ante esta primera parte de la noticia, Elsa sin dudar ni en lo más mínimo, procede a cuestionarlo de tal decisión – ¿Qué? Pero… ¿por qué?–.
Hans sin previo aviso y sin rodeos le informa, lo que ya suponía su hija y la segunda noticia – Conseguí trabajo como cazarrecompensas– y tal y como lo suponía, Elsa le responde con desganes, limitándose a decir – Ah, bueno, ya lo venía venir–.
Al percatarse de que Elsa se ve desilusionada, triste y desmotivada, Hans le dice con un tono dulce – Solo será en esta ocasión, mi niña, tranquila…–.
Tratando de comprenderla, ladeando su cabeza, Elsa por su parte, continua limitándose a expresarle con tristeza su susodicha suposición, ya evidente – Bueno, al menos ya estoy enterada–.
Hans por un simple momento, intenta comprenderla, pero no lo logra del todo, así que le dice – Elsa, te voy a proteger a como de lugar, solo que está vez no podré hacerlo…–.
Viendo que su hija está muy triste, ya que desde su punto de vista, ella quiere pasar más tiempo con el, tal y como cuando vivían en Armadillo; sin ningún remordimiento y pensando que si no está disponible para ella, si no puede protegerla, lo mejor que puede hacer es darle un arma – Ten…– sin lugar a dudas, desde su funda izquierda, Hans desenfunda un simple revolver y se lo entrega a la joven blonda, para que lo usé en caso de que se encuentre en peligro.
– Papá, no necesito un arma– dice la chica, al ver el susodicho revolver, entregado de parte de el pelirrojo, en sus pequeñas manos.
– La necesitas, Elsa, no sabes cuando el peligro puede presentarse– le recalca Hans mientras la observa con sinceridad y seriedad.
Al ver de reojo el arma en sus manos, Elsa no puede evitar soltarle algo que la hace imperfecta como pistolera – Pero no soy tan buena…– ante eso, Hans entiende y asienta, respondiéndole lo que ella le dijo – Lo sé, lo sé–.
Por un momento hay un pequeño silencio, hasta que Hans le informa con sinceridad – Si no puedes disparar, espero que Jack… si es que está presente, te pueda proteger, de lo contrario…– con un semblante entristecido y un trago amargo ante la ineptitud que pueda suceder, agrega – Debes intentarlo–.
Elsa al entender plenamente todo lo expresado por su padre, se limita a asentir y a solo decirle – Está bien, papá… Te quiero mucho– ante esto último, procede a abrazarlo, y mientras lo hace, Hans le responde con ese mismo tono dulce que uso ella – Y yo a ti, mi dulce niña–.
Mientras la abraza, Hans dirige su cabeza y sus orbes al joven peliblanco, el cual los mira de una manera enternecedora – Muchacho, Jack, espero que protejas a mi niña. ¿Puedo contar contigo, tal y como lo hiciste hoy…?– le pregunta el pelirrojo.
– Claro, señor Westergaard, cuente conmigo. Yo cuidare de su hija a como de lugar– responde asintiendo y mientras entiende el compromiso que tiene Hans.
En eso, el pelirrojo le contesta con confianza – Bien, confío en ti muchacho–.
Después de terminar de abrazarla a su joven hija, Hans se separa de ella y le pide como última cosa – Bueno, volvamos al hotel, mi niña hermosa– sin importarle nada y sin pensarlo en más de una ocasión, Elsa le responde con simplicidad – Sip–.
Con esta afirmación, Hans inicia el largo camino con Elsa de vuelta al hotel.
Mientras caminan hacia la salida del restaurante y bar, Elsa se gira ligeramente y se despide de Jack, levantando ligeramente su pequeña mano – Hasta luego, Jack…– correspondiéndole la despedida, Jack hace lo mismo – Hasta luego… Elsa…–.
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A la mañana siguiente, en específico a las 6:00 AM, Hans se encuentra en su asiento cercano junto a la ventana, esperando a la señorita Caine a que se presente afuera del hotel, para el respectivo llamado de ir a cazar Individuos de los de la banda del Lobo.
Estando a la espera, a sus espaldas, su hija duerme en la única cama con la que cuenta la habitación del hotel.
Después de haberse preparando toda la tarde y toda la noche finalmente, Hans está listo para atender el llamado, no sin antes que aparezca Caine y le de la señal de hacerlo.
Estando concentrado y curioso, cree que no vendrá; no es hasta que escucha las pisadas del caballo que intuye que ya está afuera del hotel, la despampanante mujer.
– Señor Hans, salga, ya es hora…– ante el primer aviso, Hans sin dudarlo ni un segundo, procede a responderle de forma espontánea – Voy, espéreme–.
Una vez que se coloca su cinturón, sus fundas y sus cartucheras esboza una sonrisa plena y lista para lo que viene.
Antes de salir del edificio, se dirige hacía su hija, la cual duerme plácidamente.
Sin lugar a dudas le planta un beso dulce en la frente mientras le pronuncia lo siguiente – Te quiero mucho, mi niña. Vuelvo pronto…– sin siquiera querer separarse de su hija, Hans se ve obligado hacerlo.
Mientras se separa, se encamina lentamente hasta la puerta, sin quitarle un ojo de encima a su querida hija.
Viendo que ya es hora, sale del lugar y se dirige afuera, donde lo está esperando Caine.
Afuera, comienza la mujer diciéndole – Buenos días, señor Hans…– percatándose de que la mujer trae un poco de alimentos y provisiones en una bolsa, Hans le responde tranquilamente – Buen día…–.
– ¿Está listo?– consecutivamente después de darse los saludos, Caine le pregunta lo anterior.
Sin rodeos, pero sintiéndose ligeramente cansado, Hans le responde – eso espero…–.
Teniendo que darle la noticia y yendo al grano, Caine le dice – Bien, vamos, que el sheriff nos está esperando. Tiene algo importante que decirles a todos los que irán a esta misión–.
Acatando lo dicho, Hans se dirige hasta su caballo y al instante se sube a el, acompañando a Caine hasta la oficina del sheriff, donde les darán un aviso importante sobre los de la banda del Lobo.
Al llegar a las afueras de la oficina del sheriff, se encuentran Hans y Caine con varios cazarrecompensas que buscan prácticamente lo mismo que ellos: Capturar ya sea vivos o muertos a los de la banda del Lobo.
Entrando entre un número de 30 sujetos que se asemejan a una multitud, pero que buscan lo mismo, se posicionan entre todos los individuos y proceden a escuchar al sheriff del pueblo, es decir se posicionan todos para escuchar a Agnarr Arendelle, quién comienza saludándolos y con un pequeño discurso – Buenos días, les ofrezco una disculpa por todo. Tengo entendido de que todos vienen de muy lejos, Annesburg, Saint Denis, Valentine, Strawberry, Tumbleweed, Corona, Nothuldra, Nueva York, etcétera. Bien están aquí para ganar dinero, ¿verdad?– ante la pregunta, todos los individuos asientan sin reprochar o cuestionar.
– Bueno, ya conocen la noticia, cazar a los de la banda del Lobo, capturar ya sean vivos o muertos a cada uno de sus integrantes– reanuda después de la pregunta lo dicho y en eso consecutivamente después les dice – Hay un valor por cada uno de esos infelices, un soldado raso de esos malditos tiene un valor de 50, un capitán o lugarteniente tiene como valor 100 o 200, y un líder o jefe cuestan 1000 o casi los 2000. Les voy a recordar que el banco envío un reporte de que se les pagará de esta manera; entreguen a cada uno de los individuos de cualquier forma, incluso si están irreconocibles y se les pagará, bien…– agrega mientras señala a un hombre de cabello negro, barba negra y muy robusto – El señor y ex general Weselton, los guiará a todos, él les indicará como traer a cada uno de esos hijos de puta, vivos o muertos, ¿No es así, señor Weselton?– con esa pregunta sería, el mencionado le responde a Agnarr con – Así es–.
– Bien, ya tienen las instrucciones damas y caballeros, andando…– finaliza Agnarr mientras se retira, pero antes de hacerlo plenamente, se da la vuelta y les dice como última cosa – Ah, por cierto, que tengan un excelente día…– ante eso se retira y regresa a su oficina.
Desde afuera, Weselton les ordena a todos los cazarrecompensas – Bien señoritas y señoritos, andando…– ante la orden, todos se preparan en sus fieles corceles y comienzan el largo viaje para capturar a todos los maleantes individuos que conforman la malvada banda del Lobo.
Horas después, cabalgan cerca de Armadillo, siendo en ese lugar donde estaban establecidos los de la banda del Lobo.
Debido a que no encuentran nada deciden dar un paso hacía adelante para localizar a los de dicha banda, pero también para abandonar Armadillo; teniendo el conocimiento de que el lugar está muerto como el pasto que es inexistente en el lugar.
El tiempo para localizar a los de la susodicha banda transcurre rápidamente, provocando que ese supuesto día en que los iban a capturar, se convierta en un día más, un día más lleno de completas perdidas de tiempo.
Al transcurrir las horas, se toparon con la acalorada tarde y la fría noche.
En la luz de la fogata, los intrépidos cazarrecompensas descansan después de un mal día lleno completamente de infructuosos intentos para localizar a los maleantes.
Durante el descanso, Hans preocupado musita – Elsa, mi dulce niña…– dice esto último pensando que no creía que la fuera a dejar casi sola a su hija, teniendo en mente que ese mismo día lo que sucedería sería que los capturaría a los de la banda y luego regresaría con su hija para cuidarla como debe de ser.
Viendo su evidente preocupación, Caine se le acerca y le pregunta con un tono casi idéntico al que el pelirrojo tiene – ¿Sucede algo, señor Hans?– dirigiendo su vista hasta la mujer, Hans le responde con algo de angustia – Prometí que volvería hoy… Le prometí a mi hija que estaría con ella, pero…– no pudiendo terminar, Hans suspira profundamente y le informa – Es probable que no regrese con mi hija hasta que esto termine–.
Comprendiendo su angustia, Caine le contesta con un tono dulce y sabio – Vamos a volver, señor, yo sé que vamos a volver… No sé preocupe. Un buen hombre siempre es leal a lo que le importa–.
Con dicha frase, Hans le sonríe y consecutivamente Caine también le sonríe, correspondiéndose ambos el mismo gesto.
Sin siquiera dudarlo, Hans mientras le sonríe le da sus agradecimientos – Gracias, señorita Caine–.
Teniendo la sensación de que no necesita agradecerle, le responde con la misma sonrisa que tiene – No, no necesita hacerlo. Bueno, su hija…– ante esto último y comentando; no sabiendo como se llama la hija del pelirrojo, provoca que el mismo le tenga que decir como se llama – Elsa–.
Una vez mencionado el nombre de la chica, Caine reanuda lo que estaba diciendo – Elsa. Tal vez su hija Elsa cuando lo vea, se sentirá orgullosa…–.
Hans con ese comentario muy positivo, le responde con – Espero que así sea…– teniendo mutuamente en ese instante una corazonada de que todo puede salir mal, al final, Caine solo se limita a replicarle – Si, esperemos que así sea–.
Al verlos muy unidos, un hombre de chaqueta gris y con un bigote muy pronunciado aparece y les pregunta – ¿Por qué muy preocupados?–.
Caine al percatarse de que el individuo intervino en lo que no le conviene le responde con un semblante muy conflictivo – No le importa a usted, señor Brock Thunderstrike–.
– Bueno no es de mi incumbencia, pero vamos, sonrían…– le responde a la despampanante mujer, mientras trata de levantarle el ánimo tanto a ella como al pelirrojo mismo, siendo este quien le dice molesto – Creo que no–.
Poniendo en evidencia un poco la molestia de Hans al aire, Brock le dice – Por lo que veo, es usted muy callado, señor Westergaard–.
Continuando con su molestia, no se contiene y le informa con un poco de enojo, el pelirrojo – Un poco, pero a ti no te importa…–.
Teniendo una sensación de regaño, Brock deja de hablarle a Hans y en su lugar procede a dirigirle la palabra a Caine – Mmm, bueno. ¿Y qué hay de usted, señorita Caine? No me diga que es usted también callada…– ante dicha pregunta, la despampanante pero peligrosa mujer, le responde con un tono muy parecido al que uso Hans – No, la verdad no, pero deseo estar aquí y motivar a mi amigo, el señor Hans Westergaard, así que, hágame el favor de irse–.
Fijándose en el deseo de estar tranquilamente solos, Brock al final se termina retirando mientras pronuncia como última cosa – Bueno, está bien…–.
Mientras ambos observan como se aleja Brock, de donde ellos se encuentran, por unos segundos, Caine mira fijamente a Hans, el cual se muestra aburrido y preocupado.
Caine al verse tan cerca de Hans y pensando que quizás los otros cazarrecompensas hablen a sus espaldas, cosas como que ella y el pelirrojo son pareja, Caine le insiste a Hans de estar con los demás compañeros que tienen – No es seguro estar aquí solos, señor Hans, vamos. Tomemos asiento cerca de la fogata– ante la insistencia y el pedido, Hans al darse cuenta de que tiene razón, procede a responderle y en ese instante a levantarse de donde estaba sentado – De acuerdo, señorita Caine–.
Ambos se acercan a la fogata principal, dónde se encuentran la mayoría de sus compañeros cazarrecompensas, ahí, Brock Thunderstrike se mofa de ambos, tan solo con verlos acercarse – Creí que querían estar solos…–.
Ya cerca de la fogata y una vez que toman asiento entre sus demás compañeros, Caine le contesta con molestia a Brock – Cállese, señor Thunderstrike– entrando casi en una confrontación contra el mencionado, Caine se percata de la dócil pero amigable intervención de uno de sus compañeros, un hombre muy bien vestido y con un traje impecable, visto en el bar y restaurante, cuando ella conoció a Hans por primera vez – Que bien, verlos por aquí, amigos…–.
– No tanto, señor Krei. ¿Cómo está su esposa, la señorita Di Amara?– en efecto, el hombre muy bien vestido es el mismísimo Alistair Krei, un hombre muy gentil y muy apuesto. Ante la pregunta que recibe de parte de la despampanante Caine, el mismo Alistair solo se limita a decirle – Muy bien, señorita Caine, vamos a conseguir la conexión poco después de esto…–.
Una vez finalizado lo dicho el hombre trajeado, su mujer Diane "Di" Amara aparece, siendo una mujer muy bien vestida y de cabellera rubia, siendo también una mujer muy valiente al igual que la hermosa Caine.
Al aparecer lo hace con un poco de comida en su mano y mientras retoma asiento junto a su marido Alistair y mientras le sugiere a su marido, ánimos – Cariño está noche no debe ser aburrida, cuéntanos algo, vamos…–.
Alistair Krei, con la insistencia de su hermosa esposa, le responde a su insistencia mientras le sonríe y la abraza con su cálido brazo – Mi reina, Di, está bien. Saben, ¿alguno de ustedes conoce la historia de la pandilla de Dutch Van Der Linde?– ante la pregunta de la susodicha y extinta banda de Dutch, todos los que están en la fogata principal asientan y parlotean afirmando que si en efecto, si la conocieron.
Aunque entre todos los que conocieron o oyeron hablar de la banda del holandés, una despampanante mujer de cabello rubio y vestida con camisa rosada, pantalón negro vaquero y un pañuelo; le hace hincapié de que desconoce de la susodicha banda – Yo no, señor Krei–.
Afirmando el mencionado, le responde a la valiente y hermosa mujer – Muy bien, señorita Martha…– en efecto, Martha es una mujer rubia de la edad casi idéntica a la de Hans, viéndose incluso mayor que el, pero no siendo así.
Después de afirmarle a la ya mencionada mujer, Alistair reanuda la historia de la pandilla – La historia comienza con…– pero se ve interrumpido por un hombre corpulento y de color, el cual viste con una camisa gris, una chaqueta café y unos pantalones rancheros de tono plata – Vas a contar cosas aburridas, ¿verdad, Krei?– ante su evidente molestia de que diga cosas que no tienen nada que ver, Alistair lo corrige – No, no, claro que no, señor Lance…–.
El hombre al que alude Alistair, no es ni más ni menos que un hombre llamado Lance Strongbow, un hombre muy fuerte pero con un corazón tan noble como el de cualquier otro.
Percatándose Lance de que Alistair lo intentó corregir, le replica con un tono un tanto hostil y señalando a la pareja de Krei – Su mujer, Di Amara lo conoce muy bien, igual que yo, así que, cuéntenos algo que valga la pena–.
Sintiéndose inmerso en no saber que contar, Krei comienza a tartamudear – Bueno, este…– no pudiendo concluir lo que iba a decir, es interrumpido por una mujer de cabello negro y muy valiente, vestida con una chaqueta café, una camisa gris y un pantalón a tono con su chaqueta – Yo les voy a contar algo un poco más serio–.
Poniendo en evidencia su valor la mujer, Lance le responde con un tono igual al de la mujer – Haber, ¿qué nos va a contar, señorita Cassandra?–.
Al igual que Caine y los demás, en efecto la mujer de cabello negro es Cassandra, una mujer muy valiente y hermosa que no se limita a la simplicidad y que va directo al grano.
Teniendo su oportunidad de contarles a todos su pequeña historia, Cassandra comienza y dice – Les voy a contar, algo acerca de una chica, bueno, algo que sucedió y comenzó en un andén en Londres, este estaba a punto de partir hacia un lugar que cambiaría su vida. La vida de la chica, idiotas. Bueno, ella cuando se topo con el hombre que era su alma gemela, cruzó su mirada con la de el, pero el encontró, en su encuentro con ella, algo un tanto desagradable pero, bueno no lo sabían… Ambos eran brujos, ella era una pequeña bruja y el era un mago que estaba destinado a amarla de por vida. Ambos iban a descubrir sus deseos a través de momentos mágicos– al finalizar, Caine la termina felicitando por dicho relato – Que lindo…– consecutivamente también lo hace una mujer de cabello negro, que se encuentra vestida con una camisa blanca, unos pantalones de color cobre y una cinta atada a su cuello – Que conmovedor, señorita Cassandra–.
Ante la felicitación que recibe de esta última, Cassandra no se limita a asentir y a responderle a la mujer – Gracias, señorita Alice…–.
Habiendo terminado el pequeño relato, un hombre muy joven de cabello castaño con un overol de mezclilla y una chaqueta gris, comienza el segundo relato – Bueno yo les voy a contar lo siguiente…– no habiendo terminado, se ve interrumpido por Brock, quién molesto lo regaña – Espero que no sean tonterías, señorito Varian…–.
Ante la mención; Varian, un chico unos años menor que Cassandra, lo contraataca a Brock – Cállese, señor Brock…–.
Después de haberlo callado al molesto Brock Thunderstrike, Varian reanuda lo que iba a relatar – Bueno, me inspiró mi dulce Cassandra a decirles que, había un mundo muy alejado. Dos tipos, un hombre y una mujer, ambos se amaban pero en sus más recónditos sentimientos había solo secretos a voces. Es todo…– una vez que termina, recibe un abucheo y una ofensa de parte de Brock – Eso era todo, yo si les voy a contar algo de verdad histórico y va…– siendo interrumpido para evitar que hable, Brock dirige su mirada a la mismísima Alice, la cual comienza con su relato del mismo género que los anteriores – Cállate, Brock. Les voy a contar la historia de una bella, perfecta y orgullosa mujer. Que era la vivida imagen de una muchacha ejemplar y dispuesta a contribuir con los ideales de un mundo sumido en la miseria. Sin embargo, su vida cambiaría radicalmente cuando al descubrir un peligroso secreto debajo de un sótano, descubre que ese secreto la pondría en un mundo de cabeza y la dejaría con su corazón marcado para siempre…– una vez que finaliza, Brock dice fastidiado – ¡¿Qué?!, por favor…–.
Percatándose todos de que Brock ha estado molestando, todos le gritan que se calle la boca, incluyendo su ex novia de este, una mujer de cabello casi rojizo con negro y vestida con una camisa negra, un pantalón negro de cuero y unos guantes de montar verdes – ¡Cállese ya, señor Thunderstrike!– grita en conjunto está mujer junto a los demás cazarrecompensas que se regocijan en la fogata.
– ¡No, señorita Stalyan!– contraatacándola a la mujer, en efecto, está se trata de Stalyan, una dulce pero controladora mujer que a veces es muy malvada con algunos de sus compañeros.
Observando como Brock la hizo callar, Stalyan no se limita a recriminarle con una simple palabra lo que piensa – ¡Maldito!–.
Mirándolo furtivamente, Stalyan se ve interrumpida por Alistair, quién dice – Mejor yo les voy a contar una historia– Brock fijándose nuevamente en que volverá Krei a contar algo, le procede a preguntar, que es lo que dirá – ¿De que va a tratar, señor Krei?–.
Ante esta pregunta, Alistair le responde con un tono simple – Veraz, trata de una hermosa mujer que recién llega de un pequeño pueblo de Noruega, e inicia sus prácticas en uno de los mayores negocios de tecnologías del mundo entero, en dónde como mujer debe demostrar que merece su lugar allí. Ella tiene sueños y ambiciones más grandes que su pueblo natal, por ello sabe ella misma que debe esforzarse por encajar en la ciudad y en la empresa mientras en su vida cotidiana debe hacer amistades y encontrar el amor–.
Ya una vez finalizado el relato, nuevamente Brock se va en contra de todo lo que contaron los individuos que hablaron – Vamos, ¿Por qué puro romance?, Yo tengo una historia, muy buena…–.
Tratando de dejar en claro que es mejor que ellos contando historias, Lance le dice con un semblante un tanto serio y bufonesco – Muy bien, pues escuchémosla, veamos que tiene que decir usted, señor Thunderstrike…–.
Percatándose del fastidio que se eleva entre todos, Brock comienza su pequeño relato de manera torpe pero repentina – Bueno, verán… Mi padre, que en paz descanse, solía contarme historias sobre el gran y mítico pistolero, Red Harlow. Sí. Quizá todos hayan oído hablar de él alguna vez. Un legendario cazarrecompensas, igual que nosotros, que llevaba ante la justicia a los forajidos salvajes de la frontera. Un hombre que vio cómo mataron a sus padres delante de él cuando era niño, y que utilizó ese dolor para convertirse en alguien mejor, y finalmente, para llevar a cabo su tan ansiada venganza. Después de todo lo que hizo, no se supo más de él. Muchos creen que se convirtió en un viejo con tuberculosis o lumbago y murió por la vejez, y otros creen que el ya fallecido, Landon Riketts lo asesino hace algunos años, ni idea de lo que pasó con el…– ante la mención del legendario cazarrecompensas, Hans no puede evitar ponerse tensó.
Al ser observado por Caine, ella empieza a dudar de que Hans tenga algo que ver con el mítico pistolero, pero al ver que se relaja nuevamente, Caine no le da mucha importancia a su propia duda.
Una vez que Brock contó su pequeña historia, procede Cassandra a preguntarle con disgusto – Si, todos hemos escuchado hablar de él, pero. ¿Qué tiene de interesante?– no sabiendo que decirle, tartamudea Brock, pero al final le responde con una simplicidad evidente – No lo sé, simplemente, creo que muchos recordamos a ese hombre como uno de los mejores, aunque muchos lo niegan–.
Rodando sus ojos ante lo último dicho, Cassandra suspira y dice finalmente – Si, claro, como no–.
Hans aún después de haberse tensado y haberse sentido observado por Caine, logra preguntarles – ¿Tienen otra cosa interesante de la que hablar?– manteniéndose tranquilo, Thunderstrike, lo cuestiona ante tal pregunta, la cual siente que no le gustó algo al pelirrojo – ¿Por qué la pregunta, señor Westergaard?–.
No queriendo ser visto como alguien coludido con el pistolero, y manteniendo la calma, logra responderle de manera tranquila – Simplemente me aburro– suspira profundamente.
Alzándose en hombros Brock y no dándole importancia, les sugiere otra cosa para animarlos a sus compañeros – Okey, que tal si cantamos algo, ¿Qué les parece?–.
Ante tal propuesta de cantar algo, Alice lo cuestiona, preguntándole con una ceja inclinada – ¿Qué vamos a cantar?–.
Sin siquiera decirle que es lo que van a cantar, Brock comienza entonando la primera parte de la canción – Oh Mollie…– iniciando en ese instante todos y siguiéndole el cántico al trigueño con bigote.
Mientras se empieza a entonar la canción, Lance Strongbow extrae de la silla de su caballo una guitarra para que todos puedan cantar al ritmo de la instrumentalización sencilla.
Y comienza la canción con los individuos moviéndose de un ritmo a otro, siguiendo la instrumentalización – O Mollie, O Mollie, it's for your sake alone;
That I leave my old parents, my house and my home;
My love for you, it has caused me to roam;
I'm a rabble rouser and Dixie's my home.
Jack o' diamonds, Jack o' diamonds;
I know you of old;
You rob my poor pockets;
Of silver and gold;
O Whiskey, you Villian;
You've been my downfall;
You've kicked me, you've cuffed me;
And cause me to brawl.
My foot's in a stirrup, my bridle's in my hand;
I'm leavin' sweet Mollie, the fairest in the land.
Her parents don't like me, they say I'm too poor;
They say I'm unworthy to enter her door.
They say I drink whiskey, my money's my own;
And them that don't like me can leave me alone.
I'll eat when I'm hungry, I'll drink when I'm dry;
And when I get thirsty, I'll lay down and cry.
It's beefsteak when I'm hungry, and whiskey when I'm dry;
Green backs when I'm hard up;
And hell when I die.
Rye whiskey, rye whiskey;
Rye whiskey I cry;
If I don't get rye whiskey;
I surely will die.
O baby, O baby, I've told you before;
Do make me a pallet, I'll lie on the floor.
I've rambled and trambled this wide world round;
Raisin' hell with the gang, that's where I am bound;
It's with these gunslingers, dear Mollie, I'll roam;
I'm a rabble rouser and Dixie's my home.
If the ocean were whiskey, and I were a duck (quack quack);
I'd dive to the bottom and get one sweet sup;
But the ocean ain't whiskey, and I ain't no duck;
So I'll play Jack o' diamonds and then we'll get drunk.
O baby, O baby, I've told you before;
Do make me a pallet, I'll lie on the floor–.
Habiendo concluido la canción, se ríen todos.
Ya siendo el tiempo justo para descansar y dormir, proceden a darse las buenas noches, seguido de que todos los individuos parten directamente hacia sus petates para dormir.
Los últimos en estar despiertos son Hans y Caine, siendo ella quien se prepara su petate mientras le dice – Bueno, señor Westergaard, lo veo mañana. Buenas noches–.
Caine una vez lista para descansar y dormir, escucha a Hans decirle mientras el pelirrojo se queda despierto junto a la fogata, un tiempo más – Buenas noches, señorita Caine, hasta mañana–.
A la mañana y día siguiente, entre golpes con una cuchara y una olla de metal, Weselton llega junto a Erik y Francis a despertar a todos los integrantes que irán a buscar a los de la susodicha banda del Lobo – ¡Despierten, despierten!– mientras todos escuchan los estruendosos ruidos provocados por los instrumentos de cocina, Weselton reanuda lo que iba a decir – Los de la banda del Lobo, fueron vistos afuera de New Austin. Según un testigo que me contó y les contó a Erik y Francis, la banda está en El Presidió…– ante la información impartida, un hombre de cabello negro y bigote del mismo tono pero con ligeras marcas blancas de pelo lo cuestiona, diciéndole – En El Presidió, ¿entonces tenemos que ir hasta allá, no es así?–.
Weselton fijándose en el hombre que le pregunto eso, le responde mientras en su presencia todos desayunan y comen algo para el largo viaje que les depara – Así es, señor Héctor, tenemos que ir, no hay de otra. Esta es la oportunidad perfecta para emboscar a esos infelices y atraparlos en su propia casa, así que vamos. Apúrense–.
Ante lo esclarecido a este sujeto, Héctor se describe que es un individuo que trata de seducir a Cassandra, pero también es un hombre que trata de ganar antes que sus aliados.
Mientras desayunan, Caine se le acerca a Hans y le pregunta – Buen día, señor, ¿Todo bien?– sin rodeos, mientras come con galletas algo secas y un café negro, Hans le responde – Todo bien, señorita, ¿Está lista?– ante tal cuestión, la mujer le responde con algo de cansancio mientras se sirve de un jarrón un poco de café – Estoy más que lista. Estoy motivada y nerviosa…–.
Hans creyendo que no esta lista, le dice en tono de burla – Espero que no lo este, entonces, bueno sería insuficiente…–.
Con mofa, Caine lo mira fijamente y le responde – quiere pensar usted, señor, que no estoy lista, ¿Verdad?– con ese cuestionamiento en el que Caine se cruzó de brazos mientras sostenía su taza de café y mostrando un semblante de juego, Hans le contesta con el mismo gesto que ella mantiene – Eres demasiado atractiva para estarlo–.
Caine una vez que escucha eso último alza una de sus ligeras cejas y le dice con burla – Espere y verá, espere y verá, señor… Siempre estoy lista–.
Ambos al estar jugando, terminan riéndose de lo dicho casi sin ningún sentido.
Finalizando el desayuno, Weselton les ordena preparar los caballos y desalojar el lugar – Bien, damas y caballeros, ya es hora. Vámonos, andando– ante las órdenes dadas y con todo ya resuelto y organizado, todos poco a poco montan a sus equinos y esperan a sus aliados para el largo camino hasta El Presidió, una prisión que le pertenecía al dictador Allende.
Siendo casi los últimos en partir a la larga trayectoria, Hans prepara a Baylock de forma considerada hasta que mientras lo prepara, se da cuenta de la casi imposible maniobrabilidad en el caballo de Caine, la cual le es imposible calmarlo – Tranquilo, Axel, amigo, shhh–.
No logrando tranquilizarlo, Hans interviene y le dice al corcel negro con blanco, igual al suyo – Tranquilo amigo, tómalo con calma– mientras el equino está asustado, no deja de relinchar y levantarse sobre sus dos patas traseras, provocando que tenga arranques de pánico contra su despampanante dueña y contra el apuesto pelirrojo.
– Tranquilo, muchacho, shhh, tranquilo. Tranquilito– una vez que lo logra domar y tranquilizar al enorme corcel, Hans le da un caramelo y luego le pregunta a su dueña – ¿Por qué se puso así, tu caballo?– yendo directo al grano, Caine le contesta muy impresionada ante lo que ella no pudo lograr; domar a su gran corcel – Bueno, señor Hans, Axel se asustó un poco cuando de lejos vio una serpiente, si. Nadie estaba cerca de ella, pero mi Axel se asustó y no pude controlarlo– entendiendo el punto expresado por parte de Caine, Hans le responde con confianza – entiendo–.
Una vez que le prepara el corcel a la hermosa mujer, Hans le dice – Está listo, señorita Caine. La voy a ayudar a subir a su caballo, venga para acá…– sin protestar y sin siquiera cuestionar, sino dejando que el pelirrojo tome el control, Caine se deja levantar a través de sus caderas para poder subir a su indomable caballo.
Al ser levantada del suelo, se impresiona mucho al observar la fortaleza que rodea a Hans, visualizando los músculos de Hans reforzarse con la camisa de manera exponencial.
Una vez arriba del corcel, le dice mientras asienta con alegría y un poco relajada – Gracias, señor Hans, es usted todo un caballero– sintiendo que no fue necesario hacer todo eso, Hans le responde – No es nada señorita, cualquiera lo pudo haber hecho–.
Mientras se miran fijamente, el uno al otro, los demás compañeros que los acompañan comienzan el largo viaje, adelantándose en el camino.
Como un juego, Caine hace que su corcel avance, dejando atrás a Hans, no sin antes ella misma gritándole en tono de juego – ¡Alcánceme señor Hans…!–.
Viéndose en desventaja y muy atrasado, corre hasta su fiel corcel, Baylock y lo monta al animal, para luego después darle a rienda suelta y seguir a la intrépida mujer.
Llegando hasta donde esta ella, corren a la par hasta que llegan hasta donde están los otros cazarrecompensas, siguiéndolos mutuamente hasta El Presidió.
El largo camino que los depara a todos sin lugar a dudas es un lugar polvoriento, dejando entre ver ese pequeño pero polvoriento punto que rodea todo New Austin y dejando entre ver una vez más un paseo con lujo de detalle hasta el destino de la guerrilla mexicana. Todos los cazarrecompensas a lo lejos llegan hasta Nuevo Paraíso
Saben que una vez que lleguen a El Presidió sus vidas ya no serán iguales y habrán cambiado, de ser pintorescas a ser parte de la muerte.
Hans en su largo camino, cruza su mirada con la de Caine, ambas miradas lucen calculadoras; visualizando todo lo que les rodea.
Su encuentro con los de esa encarecida banda hostil no va terminar en un resultado agradable pero si va a terminar en un resultado justificado.
Mientras recorren las grandes llanuras desérticas, se percatan de la perdición en dicho paraíso.
Todos los hombres y mujeres de la ley saben que hay y habrá tirador y tirado sin límites; habiendo que elegir.
Desde esas llanuras, las águilas y cuervos rodean y recorren el viento, dando una premisa de honor entre agentes de la ley y forajidos.
Casi llegando, se acercan unos cuantos metros más, sabían que no había un momento adecuado, ya no había secretos a voces, ni confesiones, ni poderes más allá de la comprensión humana, ni celos… Lo que había era el veneno y el verdadero poder humano que debían impartir entre todos.
Estando ahí, Weselton les ordena que bajen de sus caballos y se preparen. Todos acatan sus órdenes y desenfundan uno a uno sus largos rifles o pequeños revolvers.
Desde El Presidió se escuchan a hombres y mujeres parlotear y juguetear, sin darse cuenta de que la muerte que se avecinaba estaba al acecho.
Estando listos, todos los agentes de la ley, Weselton les da la orden de esperar – Aún no hasta que dé la orden…– en efecto, si todo sale mal, habrá más muertos del bando de los buenos que del bando de los malos.
Entonces, como dijo, es mejor esperar.
– Oiga Weselton, son muchos…– dijo quejándose después de observar un hombre con bigote y con su cabello negro dispersó hasta sus hombros y vestido con una camisa y un pantalón del mismo tono grisáceo, pero con añadidos tipo descendiente nativo americano – Que te preocupa, Andrew, ¿qué sean demasiados?, nosotros también los superamos en número…– le respondió Cassandra a Andrew, el cual estaba ligeramente asustado al ver el inhóspito número de enemigos que había que capturar.
– Bien este es el plan…– dijo Weselton, reuniendo en un círculo a todos los cazarrecompensas rápidamente y con el tiempo encima – Diez de ustedes, los flanquearan por la derecha y los otros diez por la izquierda. Otros diez irán conmigo para atacarlos directamente. Les deseo suerte y esperemos que ninguno se deje matar. ¿Quedó claro?– con las reglas y órdenes establecidas, todos asintieron, entonces 10 individuos siguieron a Erik y 10 a Francis, y otros 10 a Weselton.
Mientras festejaban y se relajaban después de tantos atracos y asesinatos efectuados, los de la banda del Lobo, no se dieron cuenta de cómo se preparaban los cazarrecompensas.
Weselton al llegar a la puerta de El Presidió, colocó un cartucho de dinamita y espero a que sus colegas, Erik y Francis lanzarán los sacos de humo para distraer a los enemigos.
Al caer los sacos y al impactar con el suelo, el humo se empezó a dispersar, provocando que los de la banda del Lobo empezarán a toser sin control.
Percatándose los de la banda de los sacos y casi sin entender plenamente el porque habían llegado ahí, no se habían dado cuenta de que iban una vez que entraran los agentes de la ley, a matar a la mayoría de hombres y mujeres que pertenecían a la sanguinaria banda.
Una vez que estaba colocada la carga explosiva, Weselton encendió la mecha y advirtió mientras se alejaban para evitar daños – ¡Atrás!–.
La mecha de la carga llegó a su punto final y luego el estruendosos y volátil ruido de ¡KABOOOOOM! Se escuchó, lanzando astillas y partes de la puerta de El Presidió por todos lados.
Debido a la distracción por los sacos de humo, los de la banda del Lobo, no tuvieron tiempo de reaccionar adecuadamente contra los cazarrecompensas.
Rápidamente entraron al complejo por ambos lados y comenzaron las ráfagas de disparos entre ambos bandos.
Debido a la distracción que hubo, murieron unos cuantos sujetos de la banda del Lobo, aunque eso no quitaba el hecho de que unos cuantos cazarrecompensas murieran al entrar al complejo.
Siendo esto último, unos cuantos agentes de la ley murieron al entrar sin siquiera reaccionar adecuadamente y debido a que no todos los de la banda habían sido víctimas del humo de la distracción.
La ráfaga de disparos asesino a muchos hombres y mujeres que solo estaban ahí como camisas rojas.
La línea de muertes era:
Al entrar mataron los agentes de la ley a 5 sujetos de la malvada banda, pero también los de la susodicha banda habían matado a 3 agentes de la ley que apenas entraban desde la puerta destruida, dando como resultado una verdadera guerra.
Caine fue una de las primeras mujeres cazarrecompensas y experta en tiroteos en matar a unos cuantos enemigos. Al entrar desde la puerta destruida, le disparó a 7 situados en distintos lugares dentro del complejo.
Hans por su lado, presenció el momento en que los de la banda le dieron a 5 de los de su bando. Al estar a cubierto, se percató de como Alistair mataba a 3, Cassandra a 2, Brock a 2, Alice a 3, Stalyan a 4, Weselton a 2, Andrew a 3, Varian a 3, Martha a 3, Erik a 4, Francis a 3, Lance a 4, Hécto Diane apenas a uno ya que corrió dentro del complejo para darle caza al líder de la banda.
Hans al verla entrar, pero no viéndola salir, fue detrás de ella.
En su carrera para asegurarse que estuviera viva, presenció la muerte de 8 de su bando a causa de las armas de la banda rival.
Al llegar sano y salvo al complejo; a la pequeña fortaleza del líder de la banda, pateó la puerta y entro de llano al lugar sin dejar de apuntar su potente revolver cubierto con una cinta para ocultar la marca del escorpión.
Al apuntar y matar a dos individuos de la banda, se fijó en Diane la cual estaba herida y al parecer golpeada brutalmente.
Intentando ayudarla, no lo consiguió, ya que en ese instante, el líder o la líder de la banda la tomó de rehén a la joven Diane.
Hans observó el momento en que la líder la tomaba y la amenazaba con asesinarla de manera brutal, a la inocente rubia.
También se fijó en como la líder de la encarecida banda le apuntaba a el – ¡No te muevas, gringo, o juró que le voy a esparcir sus sesos por todo el lugar!– Hans sin previo aviso le apunto con su arma a la mujer que tenía de rehén a la joven.
Pero sin siquiera contarlo una escopeta de doble cañón apunto en su nuca.
Un hombre corpulento le apunto desde atrás a Hans – Baja tu arma, gringo– ordenó de forma hostil el malvado sujeto.
Casi obligándose a hacerlo, escucha el accionar externo de otra arma, que no es la escopeta del bandido.
Esa otra arma apunta contra la cabeza del corpulento hombre – No. Mejor baja la tuya– dice la voz femenina.
En efecto se trata de Caine, la cual le apunta con su revolver al corpulento sujeto.
Al apuntarle aparecen dos sujetos más de la banda y ambos le apuntan con sus armas, viéndose obligada a desenfundar su segundo revolver para dispararles a los dos individuos que aparecieron.
Detrás de ambos sujetos apareció Weselton, quién les apunto con sus revolvers duales a cada uno de los dos hombres.
Sin que se diera cuenta un hombre le apunto a Weselton en la cabeza y también le apunto a Hans.
Este hombre de manera repentina sintió el metal del cañón del arma de Alistair quién le apunto a la líder de la banda, con el fin de que soltará a su mujer.
Sin pensarlo, sintió como un arma le apuntaba en la nuca, otro hombre le apunto sin rodeos a Krei.
Esperando la oportunidad para matar a Krei, el sujeto, Cassandra apareció y le apunto con su revolver en la cabeza.
Aunque ella no se libró de que detrás de ella, una mujer le apuntará en la cabeza.
Al estar dispuesta a matarla, recibió los cañones en la nuca, de parte de Andrew y Varian, pero sintieron a otros tres individuos apuntarles con sus largas armas.
Los tres apuntaron sin darse cuenta de que Lance, Alice, Martha, Héctor y Stalyan les apuntaban.
Pero estos últimos escucharon el martillaje de las armas de tres individuos más, dispuestos a matarlos de una vez.
Sin siquiera dudarlo y a punto de jalar el gatillo, escucharon el arma de Brock Thunderstrike, lista para acabar con ellos.
Aunque él no se libró de que varios de la banda criminal le estuvieran apuntando con sus armas de grueso calibre.
Sintiéndose amenazado y sin girarse quienes estaban detrás de el, escucho el sonido de sus compañeros.
Erik y Francis junto a otros cazarrecompensas les apuntaron a los de la banda que le apuntaban a Brock, pero también les apuntaron a los demás que les apuntaban a sus compañeros.
Girándose para matarse entre todos, estaba claro que ahí, ya había un duelo a la mexicana.
En ese instante duro para ambos bandos, los gritos no se hicieron esperar:
– ¡Bajen sus armas!–.
– Ríndanse–.
– ¡Al suelo!–.
– ¡Chinguen a su madre gringos!–.
– Muéranse, gringos–.
Entre otros gritos.
Percatándose del miedo que tiene Diane, Hans le grita a la líder de la banda del Lobo – ¡Suéltala!– sin obedecer, la intrépida y malvada mujer le contesta muy enojada – Vete al carajo, gringo de mierda–.
Con esa impotencia de no poder ayudarla, escucha la voz de la mujer, ordenarle – Baja tu arma, gringo…–.
– ¡Baja tu pinche arma, gringo…!– le grita el corpulento hombre que le apunta con su escopeta.
En respuesta, Caine le dice con voz baja – No, mejor bájala, tú–
Viéndose en una situación en la que están dispuestos a morir todos, Hans decide bajar su revolver ya que no quiere que muera Diane, provocando que la líder de la banda al ver dicho cometido sonría y provocando que Caine entre en una negativa; al final junto a sus aliados cazarrecompensas también se ven obligados a bajar sus armas.
– Muy bien, gringo– alaba la líder sin soltar a la joven rubia.
Casi cerca de que los desarmen a los cazarrecompensas, uno de ellos, decide dispararle a uno de los bandidos que tiene cerca, no estando dispuesto a dejarse capturar o a desalojar sus armas.
Al ver que uno de sus aliados inicio nuevamente el tiroteo, Hans junto a sus colegas logran esquivar los disparos de los de la banda y logran conseguir matar o someter a varios individuos de la malvada banda.
Con el nuevo conflicto, Hans le dispara en el hombro a la líder de la banda, la cual está distraída, provocando que está tenga que soltar a Diane de sus agarres.
Debido a esa distracción, la líder, la mujer que le apuntaba a Cassandra y el hombre corpulento intentan huir.
Hans logra dispararle varías veces al hombre corpulento, al grado de que los disparos chorrean su líquido vital por todos lados y provocando que esté se desplome directamente en el suelo.
Al solo quedar la líder y su leal compañera, intentan escapar.
Mientras intenta escapar la mujer que le apunto a Cassandra, Caine le grita mientras le apunta con su arma – ¡Hey!– al voltearse, la bandida, recibe de golpe varios tiros de parte de la cazarrecompensas, lo cual provoca que se desplome directamente en el suelo, sin siquiera ya poder levantarse.
Hans en cambio persigue a la líder de la banda, teniendo en mente, asesinarla.
Al verse acorralada entre una pared que obstruye su forma de escape, la líder no le queda de otra que afrontar al valiente pelirrojo.
Cuando llega hasta donde la tiene acorralada, Hans le dice – Debiste haberte rendido– en respuesta, la mujer lo termina insultando – Chinga tu madre, gringo–.
Entre una determinada distancia, Hans y la líder se preparan para desenfundar sus armas principales, es decir sus revolvers.
En efecto entraron en un duelo a muerte.
Jugando sus dedos de ambos cerca de sus resguardados revolvers comienzan a marcarse mutuamente los puntos de impacto donde se darán.
Hans es demasiado rápido y sin previo aviso desenfunda con una precisión asombrosa su revolver.
Al desenfundar su arma, logra marcar y darle en los puntos marcados a la líder de la banda, sin posibilidades de que está logré desenfundar su arma y sin posibilidades de tan siquiera dispararle.
Hans en pocas palabras, termina matando a la mujer.
Desangrándose y débil, la líder de la banda termina muerta y desplomándose directamente contra el polvoriento suelo del lugar.
Una vez que ya la ha matado, Hans guarda su revolver con estilo e inclina ligeramente su sombrero mientras pronuncia lo siguiente – Así tenía que ser…–.
Finalizando su cometido, se da la vuelta y se reencuentra con la señorita Caine quien camina hasta el y le pregunta – ¿Por qué la mataste? Servía más viva que muerta– ante tal cuestionamiento, Hans solo se limita a decirle mientras camina lentamente hasta donde están los demás compañeros que tienen – La mate porque se lo merecía–.
Una vez reunidos todos y confirmando las bajas tanto de bandidos como de agentes de la ley, Weselton informa – Muy bien, nos quedaremos está noche aquí. Mañana temprano, todos lleven los cuerpos de los infelices a Blackwater. Los heridos, hoy mismo llévenlos al pueblo más cercano–.
Con las órdenes en claro, pero no satisfecho, Alistair mientras cura a su mujer, Diane, le pregunta – ¿Qué hay de los de la banda que sobrevivieron?– ante tal brillante cuestión, Weselton se limita a decirle – Enciérrenlos en las celdas. Hay que entregarlos en Blackwater. Recuerden que pagan por estos capullos, tanto vivos como muertos…–.
Con las órdenes ya impuestas, decide retirarse Weselton, siendo escoltado por unos cuantos cazarrecompensas, dejando en claro que el número de bandidos no era lo que esperaba, tanto él como los demás.
{-}
La noche transcurrió con normalidad en El Presidió.
Las fogatas y los sonidos naturales de las luciérnagas y los grillos resoplaban con tranquilidad.
Dentro de cada habitación del lugar abordaba algo de silencio y tranquilidad.
Afuera, los carros eran cargados con suministros y los pocos individuos de la banda que sobrevivieron fueron obligados a entrar a las celdas que podían llevar presos.
Los cuerpos de los individuos acribillados y asesinados fueron cargados previamente en los caballos con el fin de que al día siguiente tuvieran los cazarrecompensas la oportunidad de llevar los cuerpos hasta el destino previsto y marcado.
Desde uno de los balcones del lugar, Caine estaba tomando café mientras observaba los pocos destellos de las luces de las velas y las fogatas que yacían dentro del lugar.
Estando muy tranquila y contenta, ve llegar de su lado izquierdo a Hans, quién la saluda y se acomoda a su lado en el balcón – Buenas noches, señorita Caine, la veo muy tranquila– dice.
Caine al verlo, le responde mientras se alza levemente en hombros y mientras sostiene su taza de café con sus dos manos – Así debe ser señor Westergaard. No dejo de pensar en lo que hizo, no se lo merecía. Nadie se merece la muerte– le confiesa con algo de pena, refiriéndose a la fallecida líder de la banda del Lobo.
Hans al notar esa pena en la intrépida mujer y su confesión, procede a reiterarle – Señorita, nadie se merece la muerte, pero en este mundo hay algunos que sencillamente no merecen vivir– con esto dicho, ladea sus labios muy pensativo en lo que hizo.
– ¿Quiénes?– pregunta muy curiosa, queriendo saber a quienes se refiere, provocando que Hans la observé y le responda – Los violadores, los asesinos, los bandidos, entre otros…–.
Caine con lo ya declarado de parte del pelirrojo, bebe un sorbo de su café y luego le asienta mientras le dice – Creo que estoy de acuerdo en eso, pero… Era tan joven, no se lo merecía–.
El pelirrojo al ver sus facciones muy entristecidas ahora, le contesta con esa particularidad que ella tiene – Al ser parte de esa banda, señorita Caine, esa chica ya se merecía ese destino…– con lo dicho, Hans le coloca su mano en el hombro a la hermosa mujer.
Entrando en una pequeña pausa, Caine reanuda la plática, preguntándole – ¿Sabe cómo se llamaba?–.
Sabiendo a quien se refiere, le responde con una negación – No...–.
Caine algo conmovida por su pequeña ignorancia ante lo que rodea a la joven, entonces le pronuncia el nombre de la líder de la banda – Raya, Raya Mondragón–.
Hans continuando con su negación y su ignorancia, le dice – Mmm, no me suena, señorita Caine…– en eso, ella le responde ladeando con ligereza su cabeza – ¿Qué persona le suena el nombre de una bandida?–.
Nuevamente con un nuevo silencio, se acomodan para observar la lejanía desde el balcón.
Rompiendo ese silencio, Hans le pregunta mientras se gira y se recarga de espaldas en el balcón – ¿Y los otros dos?– agrega mientras observa a la intrépida mujer girarse y posicionarse de igual forma que el – ¿El fortachón y la mujer que le iba a disparar a Cassandra?–.
Caine conociendo a quien se refiere, le responde sin muchos rodeos – Gastón y Vannesa–.
Con la respuesta espontánea de la señorita Caine, Hans asienta y le dice con simplicidad – Oh bueno…–.
Otro silencio se avecina, no queriendo estar de nuevo en ese incómodo silencio, Caine le informa con algo de pena – Señor Hans, está civilización, no creo que sea realmente maravillosa…– ante lo que declaró, el mencionado suspira profundamente y con pesadez.
Repentinamente después del suspiro que dio, le contesta con ese mismo gesto que la mujer tiene – Tiene razón, parece destruida–.
Estando recargados en el balcón, ambos asientan.
Caine después de asentir, dice – Ya lo creo– en eso, Hans le reitera con algo de seriedad – El tiempo pasa, señorita, nuestro tiempo está llegando a su fin…–.
Con lo último dicho, la señorita Caine se vuelve a girar en dirección opuesta al pelirrojo y en ese instante le dice – Si, eso parece…– Hans sin lugar a dudas, se gira también en dirección hacia donde está mirando Caine y le informa – Tenemos que volver a Blackwater… Todavía al menos, tenemos un raquítico honor…– finaliza.
Y finalizando también esté capitulo.
{-}
Notas del autor:
Hola de nuevo, lector, está vez les traigo la idea de la que anuncie tanto tiempo.
Por fin, pude subir mi idea a la página y hora sí ya se las puedo compartir.
Después de meses de haberla pensado, al final lo he logrado.
¡Hans y Lady Caine juntos!
Está idea la había elaborado en muchos borradores, pero no me convenció, hasta que le platique una parte de la idea a una amiguita Jelsa, la cual me dio la motivación necesaria para reanudarla de una manera distinta.
Bueno pensé cuando inicie los esboces de la idea, proponérsela a las autoras Helsa, ya que la idea iba más dirigida a ellas, pero por el distanciamiento que hubo entre ellas y yo, decidí al final resguardarme la idea y solo contárselas a pocas personas que no les gusta el Helsa.
Yo quería que la autora A Frozen Fan y las que la siguen, introdujeran a Lady Caine como un interés para Hans, pero al final, decidí que mi idea no sabría cómo la manejarían estás autoras, por ello me la resguarde y nunca se la conté a ellas.
Me alegro de no haberlo hecho, ya que mucho contenido que compartiría con ellas, no solo era acción, cosas sin sentido, sino que también ideas poco usuales y muy particulares como está.
Estoy feliz de poder compartir esto, así que, como yo decía cuando comentaba en las historias de estás autoras, "Yo primero".
Los cambios que hice para esta idea son los siguientes:
Primero, es más que obvio que eliminé completamente el Helsa, el hecho de que lo haya eliminado es porque quiero hacer real este emparejamiento de Hans y Lady Caine.
Segundo, se introdujeron personajes poco introducidos en fanfics, estos son: Brock Thunderstrike, Lance Strongbow, Héctor, Andrew, Erik, Francis y Stalyan. Los cuales poco son vistos o imaginados en fanfics.
Tercero, se introdujeron dos personajes de un videojuego, es decir introduje a dos chicas del videojuego Bad manners, las cuales llevan por nombre Alice y Martha.
Cuarto, se introdujo el emparejamiento visto en mi último fic, Alistair Krei y Diane "Di" Amara.
Quinto, en este fic el cambio más importante es que Hans y Elsa no son novios, sino son padre e hija, esto porque quería una idea en la que apareciera mi personaje favorito, Red Harlow. Entonces, lo que sucede en este fic es que tanto Hans como Elsa son descendientes del mítico pistolero.
Sexto, hay referencias a Red Dead Redemption 1, 2 y Red Dead Revolver y unos cuantos fanfics Helsa.
Séptimo, el caballo de Hans, es Baylock, el cual es el caballo del traicionero Micah Bell, mientras que el de Elsa, es Sitron, el caballo de Hans.
Octavo, Alistair Krei y Diane Amara, me inspire en Jack Swift para describirlos a estos.
Noveno, como inspiración a que Elsa es el personaje más importante en fanfics tanto Jelsa como Helsa y también por la palabra Sangre sucia dicha en el fic mágicos momentos y en el universo de Harry Potter, me inspire con esto para que Elsa fuera ella la que tuviera las prendas de Red Harlow. No solo que tuviera las prendas, sino que tuviera sus cicatrices, como herencias y marcas de nacimiento. Incluso, imaginé que Hans también tiene las marcas del pistolero.
Decimo, la canción que se describe es Rye Whiskie.
Bueno lector, ya para despedirme, quiero dedicarles este fic a las amigas Jelsa, más a ellas que a las amigas Helsa.
También quiero dedicarles este fic a ustedes lector, por seguir y por leer mis historias, más que nada, les quiero agradecer rotundamente. La verdad anhelé más cosas en esta página, pero pues las cosas salieron de otra forma.
Yo creo y sé que está historia, no tendrá favoritos, ni follows, ni reviews, casi no tendrá nada, nada, si será la primera idea de muchas que consecutivamente muchas autoras tomarán como inspiración.
Lo que deseo es eso, ver que tan fuerte es está idea.
Reiteró, se lo dedico más a las amigas Jelsa que Helsa.
Bueno, este es mi regalo, mi especial navideño, no pensé en otra cosa que en esta historia.
Les deseo una feliz navidad, y les agradezco muchísimo, Aquellas personas que leyeron lo que subí. No hay mejor regalo que lo que les acabo de subir, tal vez los fics de otros autores y autoras reciban a raudales reviews, favs y follows, pero eso es lo de menos.
¡Feliz Navidad nuevamente y próspero año nuevo!
Me despido y nos leemos en otra ocasión.
