Llorar era estúpido.
Llorar por un corazón roto, por un amor no correspondido, era la cosa más estúpida e inútil que una persona podía hacer.
Pues así como llorar no resuelve las cosas, llorando tampoco harán que cambien las cosas.
Mi situación no iba a cambiar si yo seguía llorando por mi amor unilateral. Llorando, no haría que Sukuna dejara de amar Megumi.
Y menos, que me amara a mí.
Debía aceptar los hechos frente a mí y sobrellevarlo de alguna manera. Era claro que hacerlo no sería sencillo para mí, y que enterrar o deshacerme de este amor, que por años cargué, no podría tirarlo a un lado como si nada.
Porque atesoraba como nadie, mis sentimientos por mi esposo. Yo todavía le tenía aprecio y respeto, algo que ni siquiera le tuve a mi hermano mayor, también otro Alfa.
Sabía que si conservaba este amor, no sería feliz. Pero irónicamente, eran estos sentimientos los que me hacían feliz.
Negarlos, sería una mentira.
Y mientras yo estaba lidiando con la tormenta que eran mis sentimientos, en el camino me encontré con alguien. No cualquier persona, sino con un pariente, primo de Sukuna.
Yuuji Itadori, el heredero de la familia marquesa Itadori. Pues quien todavía era el cabecilla, era el abuelo de este, Saito Itadori.
Yuuji al verme, me saludó de manera respetuosa —posiblemente, por enseñanza de su abuelo—, a lo que yo también le respondí.
Era muy raro verlo por el ducado, pues él y Sukuna nunca han tenido un trato amistoso. Ni en el pasado, ni ahora.
— ¿A qué se debe su visita, marqués Itadori? ¿Tiene algún asunto que necesite tratar con mi esposo?
Estaba un poco curioso, y quería saber la razón de su visita. Pues, ¿No debería ser malo, verdad?
No debí haber preguntado, en ese entonces.
— Yo... La verdad es, que no vengo a ver a mi primo — dijo en ese entonces, mientras rascaba su nuca con timidez y, un rubor aparecía en sus mejillas —... Vine aquí a ver cómo está Megumi.
Fue entonces que comencé a recordar esos rumores sobre una relación secreta entre el heredero del marquesado Itadori y el hijo del conde Fushiguro.
Mucho antes de que Sukuna lo tomase como su concubino... Se decía que entre el futuro marqués y Megumi, había una relación que al parecer, existía desde que estos dos eran unos niños.
Hubo incluso una vez, que se dijo que Yuuji —quien no sólo era heredero del marquesado, sino también un Alfa— iba a proponerle matrimonio a Megumi y así, hacer formal su relación.
Entonces, su visita aquí, ¿Podría ser la confirmación de que esta relación era verdadera?
—... Se encuentra en los jardines, dando un paseo — fue lo que dije luego de mirarlo en silencio y apartar la mirada. No era asunto mío de todas formas lo que pasara o no entre ellos —. Mi esposo en estos momentos está ocupado con el trabajo, por lo que estará libre a las 6 de la tarde — era consciente de que lo estaba ayudando en su amorío que dije antes, no me importaba. Aunque en realidad, no quería ningún alboroto en el ducado, menos entre estos dos primos —... Procure ser discreto y cuidadoso, marqués.
Pues si Sukuna se enteraba, no iba a quedarse sin hacer nada. Lo sabía.
Y solamente cuando me di la vuelta y lo escuché alejarse de ahí, suspiré profundamente.
Yo estaba en una especie de cuadrado amoroso. Siendo también, un espectador de este.
Más patético no podía ser.
