¿Qué hacía Sukuna aquí? ¿Estaba preocupándose por mí? ¿Por qué?

— Estoy bien — le contesté con suavidad, sin voltear a verlo —, sabes que no me afecta el frío.

Él ya debería saberlo. Aunque aprecio un poco de su preocupación, mayormente en esta hora de la noche, él está en su habitación.

... Con su concubino.

Y aunque una parte de mí se pregunta si se habrá enterado de que estoy ayudando a su concubino y a su primo en su amorío, y otra parte se pregunta si habrán discutido o algo parecido. Y la parte restante y la que es más grande, realmente, no le interesa la razón por la que está aquí.

Supongo que es la parte que se está congelando más en mí.

Es un avance, pero sigue siendo insuficiente.

—... Has estado extraño, Uraume — puedo sentir tensión en su voz. Lo que me hace sentir intranquilo; no deseo que se enoje conmigo o use su voz de mando para hacerme hablar. Me siento en peligro, pero debo mantenerme firme, inmutable —. ¿Te pasa algo? ¿Me estás ocultando algo? ¿...Estás molesto conmigo?

Alzó mi mirada, que hasta ahora había estado en el suelo, en la nieve y la dirijo al cielo. Donde está la luna llena y un cielo despejado; que por un breve instante, se me hace bonito.

¿...Y es tan bonito que me hace llorar?

—... No estoy molesto contigo, Sukuna — le respondo, mientras siento mis lágrimas caer por mis mejillas, y no hago nada por limpiarlas. Ni siquiera hay un nudo en mi garganta —. Y tampoco te estoy ocultando nada, porque no tengo motivos para mentirte — suspiro, cerrando los ojos un momento —... Me hiere que no confíes en mí.

—... Lamento dudar de ti, Uraume.

Sonreí un poco, al parecer sí dudó de mí. Eso duele.

— Sólo salí a tomar aire fresco, no necesitas preocuparte... Estoy bien.

Quiero estar bien.

Escuché sus pisadas las cuales, parecían dirigirse hacia mí. Y aunque mi corazón estuviera acelerándose del nerviosismo, mi rostro permanecía estoico.

No quiero ilusionarme, no quiero pensar que en serio podría importarte más allá de una relación de amigos. Ya no quiero llorar más, ya no quiero sufrir más.

Ya no quiero enamorarme más de ti. Ya no quiero perder.

Quiero que me dejes solo. Pero... No quiero que me apartes.

Mis sentimientos son todos contradictorios y no me ayudan. Odio no poder dejar de quererte todavía sabiendo que no me correspondes y que eso, me hace más daño que cualquier cosa.

Odio que mi mente esté tan revuelta, y también, odio la delicadeza con la que limpias mis lágrimas.

No hagas eso. Por favor, detente.

Me lastimas.

Para, Sukuna, para.

— ¿Por qué lloras? ¿Te duele algo?

—... Mi corazón — murmuro, abriendo mis ojos que había cerrado cuando él secó mis lágrimas. Alcé mi mirada a sus ojos, y notando su confusión sonreí —. Mi corazón siempre duele, Sukuna.

No creo que él sepa de este agónico amor que le tengo. Y si lo sabe, se lo recordaré.

Porque yo, quiero ser libre. Quiero dejar de amarlo y sufrir.

— Duele, porque siempre te he amado, Sukuna Ryomen.