No recuerdo con claridad qué más sucedió esa noche.

Si soy honesto, todo parece más un recuerdo lejano o alguna fantasía que tuve. No parece como algo que realmente me hubiera pasado.

Todavía no creo que le hubiese dicho a Sukuna que lo amaba. Parece irreal.

Además, no tengo ganas ni tiempo para pensarlo más a fondo. Pues estoy cansado, muy exhausto.

Al parecer me dio fiebre y a eso, se le agregó que me vino el celo. Así que, estoy sensible y débil.

Tomar agua es realmente cansado, y también comer. Aunque comiendo y tomando agua, hace que mi celo se me controle un poco.

Pero lo que yo quiero en verdad, y con urgencia, es dormir. Por hoy y lo que resta de mis días, sólo quiero eso: Dormir y no despertar en un buen tiempo.

Por lo que, terminando de comer y tomar el medicamento, me meto en mis sábanas y cierro los ojos lentamente.

O eso quiero hacer, de no ser porque una de las sirvientas toca la puerta con insistencia, provocándome dolor de cabeza, haciéndome fruncir el ceño.

¿Y ahora qué quiere?

— Señor Uraume... S-Sé que está descansando pero, ha surgido un imprevisto en el vestíbulo.

A mi adolorida cabeza, llega la idea de qué muy probablemente Sukuna, finalmente se enteró de que su primo y Megumi se estaban viendo a escondidas.

Y muy probablemente, Sukuna esté por empezar una pelea con su primo. Lo que yo menos quería que pasara.

... Sí, no fue muy listo de mi parte apoyar su amorío a sabiendas de lo celoso y posesivo que puede llegar a ser Sukuna.

Esto sólo hace que me duela más la cabeza.

Suspiro, mientras con lentitud me siento en mi cama al mismo tiempo que llevo una mano a mi cabeza, como si con esto pudiera aminorar mi dolor.

— Miwa, ayúdame a cambiarme.

Si tardo más, las cosas pueden agravarse y yo no quiero problemas con el marquesado Itadori. Sobre todo con el marqués Saito Itadori.

Y aunque sabía que tarde o temprano se iba a descubrir la relación entre el futuro marqués y Megumi...

Yo hubiera deseado que Sukuna nunca lo hubiera descubierto.

Pero lo hecho, hecho estaba. Y solamente quedaba afrontar las consecuencias; ya le había revelado mis sentimientos a Sukuna, así que, si él decidía divorciarse de mí y enviarme de regreso al ducado Gojō, no me quejaría.

Pues tal vez, sería lo mejor para mí. Para enterrar este amor que todavía, siento por él y también, para aclararme.

Además, tal vez todavía serviría como moneda de cambio porque no he sido marcado ni tocado.

Aunque tal vez, mi vida pudiera no ser tan buena como la que tengo ahora.

Suspiré, tratando de despejarme y concentrarme para lo que vendría. Porque, a pesar de que yo pueda pensar que Sukuna se enteró de ese amorío, posiblemente, sea de otra cosa.

No necesariamente de mis sentimientos por él, pero algo más.

O trato de convencerme de ello y de parar este temblor en mis manos.

Aún no me siento bien, ni física ni emocionalmente.

Pero eso no importa, yo tengo que atender a este asunto.

— Señor Uraume — me llama Miwa, con delicadeza luego de terminar de vestirme y ayudarme a levantarme de la cama por mi débil estado —... ¿Se encuentra realmente...bien?

Oh Miwa, nada está realmente bien. Pero mis sentimientos no importan aquí.

— Sólo estoy cansado, es todo.

No es una mentira, pero es una verdad a medias.

Y también, una respuesta ambigua.