— Entonces, te quieres divorciar de tu marido.

— Supongo que es lo mejor.

Luego de recuperarme de mi enfermedad y celo, decidí ir al ducado Gojō. Buscando relajarme y de paso, darme valor para separarme de Sukuna y ponerle fin a este amor sinsentido.

No puedo evitar sentir pena por la situación de Megumi. Quien según Miwa, ha sido confinado en su habitación y por el momento, el marqués Itadori tiene prohibido ir al ducado Ryomen; sin contar que ahora la seguridad está más fortificada que antes y que ahora, sólo contadas personas pueden ir y venir al ducado.

Y no puedo evitar suspirar, y hacerme una idea de qué está situación sólo hará que ese par de amantes busquen la manera de verse.

Pues lo prohibido, siempre será tentador. Independientemente de que tengas un buen autocontrol, todos llegan a caer en la tentación. Tarde o temprano.

Y bueno, tal vez yo vuelva a ser ese medio para que ellos dos se vuelvan a ver.

Ya ni siquiera me importa si Sukuna me detesta o no. Estoy harto de sufrir y sentirme patético.

Ni siquiera quiero pensar en si tiene mis sentimientos en cuenta o no. Ya nada me importa en realidad.

Son mis pensamientos mientras bebo el café con leche que me han servido. Pues a mí hermano mayor, Satoru Gojō, nunca le ha gustado lo amargo.

Siendo tan conocido como un amante de los dulces en los círculos sociales.

De sólo recordar cómo sus pretendientes trataban de acercarse a él por medio de dulces... Si tan sólo supieran que Satoru no está dispuesto a contraer matrimonio con nadie.

— ¿A qué se debe está repentina idea, hermanito? — pregunta con una sonrisa divertida, y que al parecer, busca molestarme.

Porque Satoru Gojō, no es Satoru Gojō sin molestar o bromear con alguien.

—... Creo que ya sabrás que Sukuna tiene un concubino. El hijo del conde Fushiguro.

— Ah... El que fue vendido — pone una mueca de disgusto, mientras yo escondo mi sonrisa, bebiendo mi café con leche —... Pobre.

— Lo sé... Después de todo, los Omegas somos monedas de cambio y sólo servimos para ser casados y dar hijos.

— Sí, y esa es la razón por la que nunca me casaré.

— Y esa es una razón por la cual padre no está contento contigo.

— Tch, el viejo puede irse a la mierda.

Concuerdo con él, y no necesito decirle para que lo sepa. Pues aunque nunca fuimos tan cercanos y nunca le tuve un mínimo de respeto...

Admitiré que Satoru, será el segundo Alfa —y también Yuuji—, al cual respetaré. Aunque a veces no se lo merezca.

—... Estoy pensando que tal vez, deba ayudar a Megumi a salir de las garras de mi esposo para que pueda casarse con Itadori.

— ¿Incluso si eso significa ir en contra de Sukuna?

— Sí — miró el contenido de mi taza, la cual está casi vacía, y que pienso, representa lo que son mis sentimientos por Ryomen —, aunque eso también implique ganarse su odio.

—... Viviendo tu fantasía a través de ellos, ¿Eh?

Solamente le sonrió.

— Lo sé.

Creo que mis sentimientos se tornan en odio. Y la verdad es, que no me molesta amar y odiar a Sukuna.

Tal vez mi viejo yo me hubiera mirado con sorpresa. Tal vez hubiera tratado de convencerme de no hacerlo.

Pero eso, me da igual ahora.

— Entonces si me divorcio de Sukuna Ryomen, ¿Me dejarías volver aquí, al ducado Gojō?

— ¿Tan mal hermano me crees, Uraume? — me cuestiona con una sonrisa. La cual yo devuelvo.

Y la verdad es, que Satoru nunca lo ha sido en realidad.

— Eres molesto y chismoso, pero nunca un mal hermano, Satoru.


Nota: Me encanta esta historia, que pena que ya va a terminar.