Caminar en medio de la oscuridad de un inmenso pasillo, descalzo y con la débil luz de una vela. Me hace sentir inquieto.
Cada paso que doy, me da la sensación de que estoy adentrándome a las fauces de una bestia.
Sintiendo que cada paso que doy, es un error y algo que no debería hacer. Y aunque tenga miedo de una posible represalia por lo que estoy haciendo, no es algo que tome en cuenta ahora.
Estoy siendo temerario. Estoy siendo imprudente. Estoy actuando de forma estúpida y contraproducente.
Pero no me importa.
Porque yo debo ir allá.
Ya salí de mi habitación y no pienso retroceder ahora, mucho menos, dejarme intimidar por lo que pase después.
Me atendré a las consecuencias más tarde. Ahora tengo algo muy importante qué hacer y posponerlo, lo haría más difícil para mí.
Porque, aparte de que le pedí a mi hermano mayor que me recibiera y en parte ayudara a que me divorciara de Sukuna, le comenté más sobre el caso de Megumi y el heredero del marquesado Itadori.
Pues Satoru es amigo del próximo heredero, por no decir que también es una de las personas que no lo encuentra fastidioso.
Entonces, Satoru y yo decidimos ayudar a Megumi. Mi hermano lo hace porque Yuuji es su amigo y yo, lo hago por lástima y simpatía por su situación.
Porque a pesar de que los Omegas somos monedas de cambio y que solamente servimos para vernos bien junto a nuestros esposo y para darles hijos... Considero que, Fushiguro es afortunado de amar y ser amado.
Tan diferente a mi situación. Donde yo amo pero no soy amado como alguna vez deseé.
Tal vez debería sentir envidia por él, por tener el amor y la atención de Sukuna. Tal vez.
Sin embargo, no siento envidia en absoluto. Porque es tan notorio que él, no lo ama y que está incómodo, sino es que forzado también.
Porque él no está con la persona que ama, y no puede tampoco. Fue vendido como un concubino a una Alfa, como si fuera un producto y no una persona.
Y aunque yo también fui entregado como un producto a su comprador, la ligera diferencia es que yo amo al Alfa con quien fui comprometido.
... O más bien, lo amaba.
Parece que la fortuna me ha sonreído esta noche, pues no hay guardias custodiando la habitación de Megumi y no siento la presencia o el olor de Sukuna; lo cual me da valor para abrir la puerta y entrar en silencio.
Escucho algo moverse, entre las sábanas. Y aunque me sobresaltó ligeramente, no me asusté. Porque sé quién es.
— ¿...Uraume?
Este cuarto, huele a él. A petricor; que en cierta forma me relaja y casi, me hace sonreír.
Cierro la puerta con cuidado, y volteándome, lo alumbro con la vela, sonriendo como saludo.
— Buenas noches, Megumi.
Espero que las cosas salgan bien. De verdad.
