Nota: Y el esperado final, llegó.


Supongo que debí haberlo hecho antes, pensé mientras terminaba de leer un par de documentos que había dejado pendientes.

Pues estos días han sido bastante activos y de provecho, y también ocupados. Pero no por eso, me han disgustado.

Porque después de tanto tiempo, he dormido con mi esposo, con Uraume. Y cada día y noche a su lado, han sido satisfactorios.

Sé que mi antiguo concubino escapó y se fue con mi primo. Sé que fue esa noche donde Uraume fue a hacerme una visita conyugal, ya lo sabía.

Y aunque uno de mis pensamientos fue que debía ir a buscarlo, luego de probar y degustar el cuerpo de mi Omega, lo pensé mejor.

Llegando a la conclusión de que, los dejaría ir. Pues, ¿No sería más divertido que ellos vivieran con el miedo de que yo me apareciera por ahí y tomara represalias?

Eso sería mucho más satisfactorio que cualquier otra cosa. Era la venganza perfecta.

Porque bien dicen que: Él que nada debe, nada teme.

... No negaré que le tomé un gusto a Megumi. Después de todo, él me llamó la atención tras verlo en varias reuniones de la aristocracia.

Porque él me causaba curiosidad. Y aunque las primeras veces era divertido ver cómo se resistía bajo mi toque, comenzó a aburrirme su pasividad.

Su sumisión.

Y dejó de interesarme.

¿Y cuál fue la razón por la que me casé con Uraume, en primer lugar?

Bueno, a Uraume lo conocí antes de comprometernos. Era un chico taciturno, serio y frío; no solía hablar a no ser que fuera necesario.

Era educado, elegante y de complexión delicada. Además de tener bonitos ojos y una curiosa mancha rojiza en la parte trasera de su cabello.

Además de enterarme que sabía cocinar deliciosos platillos, fue suficiente para llamar mi atención y generarme el deseo de tenerlo sólo para mí.

No quería pensar o imaginar a otro Alfa tenerlo. Yo lo quería exclusivamente para mí.

A ese Omega que parecía frágil y casi etéreo.

Además, ¿Qué expresiones podía yo tener el privilegio de ver?

Sin embargo, él parecía igual de imperturbable que siempre. Frío, y posiblemente inalcanzable.

Tal vez también por eso compré al hijo del conde Fushiguro. Para obtener alguna reacción o expresión de su parte, algo.

Y aunque al principio no parecía que a Uraume le importase, finalmente tuve una confesión de su parte.

Uraume me dijo que me amaba, mientras lágrimas caían de sus ojos y era iluminado por la luna, esa noche frente al sauce.

Lastimosamente no pude responder a su confesión, pues cayó de rodillas en la fría nieve. Porque al parecer, mi Omega tenía fiebre, producto del cansancio además de que, su celo estaba cerca.

Esa noche lo llevé cargando a su habitación, cambiando sus ropas y abrigándolo; y antes de irme, lo contemplé nuevamente.

Este hermoso Omega, era mío. Y me amaba a mí.

Pero aunque él fuese mi esposo, no iba a tocarlo si él no quería. Por lo que sólo me quedaba de otra que ir con el concubino que había comprado.

Y esa vez que confronté a mi estúpido primo, fue por lo descarado que fue con sus visitas a mi ducado. Porque obviamente no iba a verme a mí, sino al otro Omega que había comprado, que al parecer era su amante.

... Sí, esa también fue la razón por la que compré a Megumi también.

Aunque, tampoco me hacía mucha gracia que mi primo le dirigiera la palabra a mi esposo... Odié cuando me dijo que dejara ir a Uraume por su fiebre y celo.

Porque, él era mi esposo. Mi Omega. Mío.

Pero, y aunque no me agrade reconocerlo... Fue gracias a mí primo y Fushiguro, que pude ver más facetas de Uraume.

Me encantaba lo brusco que podía llegar a ser, lo apasionado que era. Y lo salvaje que también era en cuanto a mordidas y arañazos; era magnífico y, no me cansaba.

Incluso llegué a pasar sus celos con él. Estaba extasiado.

Y, sin embargo... Fue una pena que luego de tan buenos meses, me pidiera el divorcio.

— ¿Es esto lo que quieres, Uraume? — pregunté, tras ver los papeles que había dejado en mi escritorio, con cuidado.

Él sonreía suavemente.

— Sí... No quiero que pagues el dinero de consolación, con que me dejes llevarme a Miwa basta.

... Estaba decepcionado. Y aunque quería negarle el divorcio, no me sentí capaz de hacerlo.

Simplemente, no quería hacerlo.

Me sentí cansado de repente, y sin fuerzas. ¿Por qué? No lo sabía.

O probablemente, sí sabía. Pero me negaba a reconocer o nombrar este sentimiento como "amor".

Porque me conocía bien. Yo era una persona posesiva, celosa, altanera y grosera; así que, ¿Cómo puede surgir de mí algo llamado "amor"?

Además, ¿Por qué iba a dejar ir a Uraume?

— Hagamos un trato.

Me miró confundido, aunque posiblemente él ya se hubiera esperado esto. O tal vez no.

—... ¿Cuál es el trato?

— Te doy seis meses para que lo pienses — lo miré fijamente, reprimiendo la sonrisa que quería aparecer en mis labios —. Si quieres, puedes ir al ducado Gojō con la sirvienta que me pediste.

Pareció pensarlo, pues se llevó una mano a la boca, cubriéndola. Y luego de eso, volvió a mirarme.

— ¿Qué pasa si luego de esos seis meses aun así, quiero divorciarme?

— Te daré el divorcio, esposo.

Y si de casualidad hubiera algún pretendiente detrás de ti, lo mataría. Pues, nadie iba a arrebatarte de mí.

Ni siquiera tu molesto hermano.

—... De acuerdo.

Estos seis meses serían interesantes, aunque algo solitarios porque mi esposo se iba.

Sin embargo, no debía ser impaciente. Si es que quería que Uraume volviera.

Y si no era así, me encargaría de que volviera. Sin importar qué.


Nota: Muchas gracias por leer, realmente amé escribir esta historia. Y espero, lo hayan disfrutado. Sin más, muchas gracias.