-Me prometiste que sería un intercambio equivalente…-

Ambos estaban sentados a cada lado, en un pequeño banquillo en el gran patio de la academia.

-Y ahora lo que tengo es… Que Emma me ve sólo como su hermano y nada más.—

-No seas tan negativo.—Dijo irónicamente el que siempre era el más negativo de los tres, pero de alguna forma debía ayudar a su amigo en problemas. – Sé que Emma dijo que te ve como un hermano pero… ¿No has tomado en cuenta lo demás? Casi todas las características que dio, encajaban contigo. Ya sabes, de su chico ideal.—

-Su chico ideal no sería su hermano—

-¡Basta, ya! ¡Tu eres el idiota que no le ha dicho nada en todos estos años!—aludió a decir el pelinegro, y tenia razón. Desde que tenia memoria, podía ver que su amigo siempre observaba con ojos mucho mas profundos a la chica de cabello tornasol. –Tuviste la oportunidad muchas veces…No, todavía la tienes—

-No después de que me ve como su hermano. Ah, tal vez asi… todo estará mejor.—

Sin que se diese cuenta, de pronto Norman estaba en un espiral de depresión terrible, tanto que incluso abrumó a Ray. (a la depresión a los trece en persona)

-¡Que reacciones, hombre!— Desesperado, el pelinegro lo tomó de los hombros.

-Tu tuviste más suerte que yo. Preocúpate de eso.—

-¿Y dejarte así? ¡No puedo, diablos! ¡Que te dije que reacciones!-

Norman, luego de ser zamarreado cual estropajo desprovisto de toda esperanza, dio un suave suspiro, y luego sonrió de una manera que asusto a su amigo. –No ¿Qué estoy diciendo? Aunque ella me vea como un hermano, yo jamás… ¡Yo jamás podría aceptar el hecho de que ella este con alguien más!—

-E-Esa es la actitud, maldita sea. —Ray lo dejó a un lado, y ahora si pudo sonreír apropiadamente.

–No dejes que pase el tiempo. Confiésate o solo le darás la razón a Emma. Es una idiota que dice esas cosas porque le preocupan mucho las personas que quiere ¿No es así? Tanto como si realmente fueran su familia—Lo miró de lado, y para su sorpresa, el albino tenia una mirada endemoniada sobre él.

-¿No será que tu también vas tras Emma…?—

-¡¿Qué demonios?! ¡No!- clamó espantado. –En primer lugar, yo si la considero esa molestosa hermana que nunca tuve, no como tú que siempre le tuviste ganas. En segundo, no quiero morir tan joven a manos de ti, o de tu familia. En tercero, tú ya…ya sabes quien me gusta, mierda. —Clamo frustrado y ruborizado por tener que confesarlo. Norman obtuvo una sonrisa tan dulce como siempre. La mas grande amenaza había logrado calmarse.

-Solo para estar seguros… Hmm, hablando de eso. ¿Qué hay de ti? ¿Cuándo te le vas a confesar a Anna?—Preguntó curioso, mirando las canchas más allá en donde los demás estudiantes practicaban básquetbol. Ray suspiró.

-No lo sé. No soy tan cercano a ella después de todo. Debería dejar que el tiempo pase y...—

-Huuuuuh..— Norman le dio una mirada bastante larga, casi como reprochándole esas palabras. Es que, era verdad. El acababa de ser regañado por tardarse en su confesión y resultaba que ahora, el también quería dejar que el tiempo pasase.

-¡Ghh! Lo sé ¿Esta bien? Esto es difícil. No sé como manejarlo, y sé que el hecho de que quiera dejar que pase el tiempo es porque...—

-Porque eres cobarde. Justo como yo.—añadió Norman, dando un largo suspiro.

-No lo digas así. Tu eres un idiota baboso. Yo soy...—

-Acéptalo, Ray. Cuando lo aceptes te sentirás mejor…- La mirada de Norman sobre sí fue tan terrorífica que nuevamente lo hizo temblar.

-¿Por qué eso sonó a como algo que diría mi mamá…?—

-Te sentirás mejor porque sabes que puedes hacer algo al respecto. Si. Definitivamente dejaré de… excusarme a mi mismo. Hoy le diré a Emma lo que siento por ella. – Se levantó de su asiento, completamente motivado, feliz, con los ojos cerrados. En ese momento…

-Norman, c-cállate.—

-¡Hoy le diré que la amo!—

-¡Que te calles!—Advirtió Ray pero fue demasiado tarde. Frente a ellos…

-¿Huh?—

Emma los miraba curiosa, mientras tomaba jugo desde un popote. Sonreía animadamente como siempre, mirando a sus amigos como si ni siquiera sospechase la razón por la cual ambos la miraban estando totalmente paralizados y en shock, sobretodo por supuesto, Norman.

-¿Qué la amas? ¿Pero a quien, Norman?— señaló esta vez, cambiando su mirada a una curiosa. Oh no.

Ohhh no.

OHHHHHHH NO

-E-Emma… ¿Q-Qué haces aquí? Pensé que tu clase estaba, en… deportes—

Norman apenas pudo hablar. De hecho no supo como es que salieron las palabras de su boca cuando el corazón le latía tan fuerte y su cara estaba sumamente roja. En ese momento, hubiera deseado desaparecer, ser cosechado tal vez….

Espera, creo que nos equivocamos de universo.

-Si, pero el maestro ya me calificó. He sido la primera en salir.—Dijo feliz. Ahora que la notaban bien, la chica traía el buzo deportivo de la academia.

–Asi que los vi y dije ¡Bien! ¡Más tiempo extra para estar con Norman y Ray!¡Justamente los encontré aquí, que felicidad!—Se acercó a ellos. –Pero Norman ¿Estas bien? Por cierto ¿De quien hablabas?—Lo miró atenta.

-¿Será que es alguna chica?—

-Ah, bueno, eso, yo…ah— De manera inconsciente, el joven miro a Ray, casi como diciéndole "Ayuda por favor" en una especie de comunicación telepática que en realidad no era telepática. Pero el chico lo recibió bien.

-Hablaba de la clase de ciencias, claramente.—Notando que su amigo lo miraba con insistencia, pidiendo ayuda, Ray se mostró tranquilo y miró a Emma de la misma forma. –Como es tutor de la clase de Química, y todos han logrado excelentes resultados, les dirá que los ama y los aprobará.—Le dijo, mientras Emma lo miraba curiosa.

Norman en ese preciso instante, quiso desplomarse, temblar, golpear y tirarse al suelo. No había forma de que Emma se creyese una mentira como esa, pues el mismo reconocía no ser tan abierto con sus sentimientos y en su vida le había dicho a alguien que lo amaba. Sin embargo, se sorprendió cuando vio los labios de la chica curvarse en otra sonrisa.

-¡Ya veo! ¡Es que si Norman es el tutor, es imposible que les vaya mal! Después de todo explicas muy bien. Tienes paciencia y eres atento, por eso todos aprobarán…- añadio la joven, para mirarlo con dulzura. El albino no podía creer que en verdad se lo creyó pero, así era mejor. Así podría confesarse en el momento sonrió mas tranquilo y entonces, notó que la chica apretaba suavemente sus labios.

-Emma… Gracias.— añadió. Le gustaba que pensase así de él.

-Ah, enseguida regreso. Ya terminé mi jugo, así que buscaré un basurero.—La pelinaranja se alejó entre tiernos trotes. Norman la observó alejarse y—

-¡Phew!- lanzó un gran suspiro y volvió a sentarse, casi lanzarse encima de aquel banquillo de patio. –Eso estuvo cerca—

-Demasiado cerca. Diablos, casi te escucha. No era la manera de que se enterara.—Clamó Ray, para mirarlo. –Pero dijiste que seria hoy, y más vale que cumplas.— Norman miró hacia abajo, y ambos procedieron a esperar a Emma.

No—añadió, sorprendiendo a Ray. – Aun si ella no me escuchó del todo, seria totalmente sospechoso. Debo dejar que olvide este error.—

-¡Tch! Allá tu.—alegó su amigo pelinegro, poniéndose las manos en los bolsillos. Como odiaba que fuese tan lento.

Mientras tanto, Emma encontró un bote de basura en una esquina del edificio de la academia. Tiró la cajita de jugo en el mismo y… su mirada se ensombreció en tan solo un instante.

-Ah—

Se puso de cuclillas en el suelo, y muy ruborizada se tapó la cara. Dejaba un pequeño espacio entre sus dedos para mirar hacia el suelo, para intentar perderse con la mirada, pero en realidad su corazón latía demasiado fuerte en esos instantes…

-Norman… ¿Me ama de esa forma?

Ella lo escuchó absolutamente todo.

No quiso interferir con lo que había dicho, y pretendió no haber escuchado nada. Incluso vio como Ray intentaba detenerlo porque dijo algo sumamente importante en el momento menos indicado. Lo supo y guardó silencio, fingió pero… Cuando miró al albino a los ojos, luego de la mentira sobre su clase, no pudo evitar apretar sus labios y sentir su pecho locamente agitado, más que después de los entrenamientos deportivos. En ese momento supo que debía retirarse, aun si fuera por unos instantes. Aquella verdad la carcomía por dentro y hacía que nuevos sentimientos fueran abiertos.

Abiertos porque siempre supo que amaba a Norman. Tal vez no de una manera romántica, pero el amor estaba presente (o quien sabe, quizás solo no se dio cuenta)

Lo que ocurría ahora, era que esos sentimientos de la infancia encerrados en un colorido baúl con sus recuerdos y sensaciones más importantes, se liberaban, y daban paso a un sentimiento evolucionado, mucho más pasional, agudo y desconcertante.

El amor romántico.

-¿De esto era lo que hablaba Gillian? Entonces…Norman de verdad me—

No era momento aún de pensar en esas cosas. Estaba tardando y sus amigos se preocuparían. Dejó que el sonrojo de su rostro pasase, y se levantó una vez más. Suspiró largamente. Ya tendría tiempo de discutir aquellos confusos sentimientos con la almohada, o tal vez con su padre.

-Emma… ¿Está todo bien?—Sus amigos la esperaban exactamente en el mismo lugar. Norman poseía siempre esa mirada tan dulce y preocupada hacia ella. Sintió que ahora que había descubierto algo tan importante, no iba a poder controlarse…

No, si Norman pudo hacerlo, entonces ella sin duda también podía hacerlo.

-¡Todo bien! Es sólo que me ha costado encontrar algún bote de basura—

-Por todo lo que tardaste, pareciera que fuiste a buscar uno a tu casa.—burló Ray con una sonrisilla de lado

-¡No tardé tanto!- bufó la chica, protestando con las mejillas infladas.

-Si, lo que digas. Ya sé, fuiste a buscar tus bragas.—Señalo el joven sin pena alguna

-¡RAAAY!- Emma se lanzó a tirarle las mejillas con suma pena. -¡No puedes hablar así de la ropa interior de una chica! ¡No importa lo que haya pasado ayer!-

Aunque Norman se ruborizó suavemente, al verlos comenzó a reír muy divertido por la situación. Sí, al final, no importaba que ocurriese. Lo único que le importaba después de todo era verlos felices a ambos. Era ver feliz a Emma.

-Espero que Anna no las tenga otra vez.—Bromeó, recordando sentirse frustrado por el hecho de no poder tener aquellas pantys, pero rápido negó con la cabeza. Eso era demasiado pervertido incluso para él…

¿O quizás no?

En fin, el día pasó bastante rápido, y llego la hora de cada uno para volver a sus hogares.

Como siempre, se reunían en la salida, caminaban hasta la ruta central y luego dividían las direcciones. Lastimosamente no vivían demasiado cerca, pero ese no era impedimento tampoco, para que todos los días hiciesen lo mismo.

-¡Hasta mañana!—

-¡Nos vemos, Emma!—

-Bye bye—

Emma corría feliz, pero por sobretodo determinada. Debía llegar rápidamente a casa, tenía muchas preguntas que hacerle al único que podía contestar algo como lo que estaba pensando. Alguien que tuviese la experiencia… sí, definitivamente lo sabría.

-¡Ya estoy en casa!—clamó la enérgica niña, luego de abrir y cruzar las rejas que cubrían a una linda casa de dos pisos, con un patio delantero pequeño, el cual estaba decorado con flores coloridas y propias del verano. Entró, dejó sus zapatos y…

-¡Emma!—Un hombre de cabello rojizo la recibió con un dulce abrazo. –Bienvenida a casa.—

-¡Estoy en casa, papá!-clamó contenta. Su nariz percibió un aroma delicioso que envolvía a toda la casa. –Mwahh… huele muy bien. ¿Qué cocinaste?—

-Adivina quien hizo la cena.—Una tercera voz habló desde más allá, y miró a la niña con una sonrisa de lado. Emma se espantó.

-¡Tío Yuugo!- clamó, para abrazarse a su padre y lloriquear -¡Pero tu cocinas asqueroso!¡Nooo!—

-¿Hah? ¿Qué dijiste, niña antena?!—

-Emma, la verdad es que él ha mejorado bastante en la cocina. Me ayudó mientras estuve afuera.—Lucas le acarició la cabecita a su tierna hija, quien aun así miraba con sospecha al adulto de negros cabellos y canas precoces.

-Bueno, cualquier cosa será mejor que el pescado apanado en galletas de chocolate y el té de pizza con piña.—

-Eh, sí. Eso fue un reverendo asco.—Rió Lucas para mirar a su hermano y compañero de toda la vida, molestándolo con las risas que soltó junto a Emma.

-Si sí, muy graciositos los cabezas de cerillo. Apresúrense y siéntense a la mesa. Serviré los platos.- El hombre se levantó. Casi siempre después del trabajo o cuando tenía días libres, pasaba a casa de ambos, a visitarlos. Era feliz con ello, y Emma ya sentía tener dos padres. Lucas, su padre biológico, era cándido y amable, y siempre tenía una respuesta para todo. Mientras que Yuugo siendo su contraparte era amargado y algunas veces lanzaba bromas crueles, pero era una buena persona. Aunque la llamase "niña antena".

-Si, ah… pero antes de eso… ¡Papá, Tío Yuugo!- Clamó Emma, ya sin poder esperar para aquella duda que desde hace algún rato estaba sumamente presente en sus pensamientos. Ambos adultos voltearon para mirarla, prestándole su atención.

-Tengo una pregunta que hacerles…- Se ruborizó, pero apretó los puños.

-Habla rápido, la comida se enfriará.—Dijo Yuugo pero, por mas despreocupado que se viese, notó que Emma estaba muy decidida.

-¿Cómo se siente estar enamorado?—

Ambos sin duda, se sorprendieron ante la pregunta de la pequeña, quien apretaba sus puños, y fruncía sus cejas con decisión delante de ellos, queriendo saberlo a toda costa.

-¿Enamorado? Emma… ¿Por qué lo preguntas?—Mientras su padre sonreía con ternura, comprendiendo que ella estaba en esa edad de dudas, Yuugo sentía como su puño se hinchaba de venitas por cada segundo que pasaba.

-Es que creo que estoy enamorada.—Anunció con pena, para mirar hacia abajo y…

-¡¿Quién es el desgraciado?!—El cómico grito del tío hizo que ambos se espantaran. Agarró un cucharón de sopa y comenzó a agitarlo de manera ofendida y colérica. Lucas tuvo que contenerlo para que no saliera por la puerta.

-¡Lo mataré, lo matare aunque sea lo último que haga!—

Aunque se mostrase agresivo y siempre anduviera de malas pulgas, el pelinegro mayor realmente quería a Emma como si también fuese su hija. El chico que planease quitársela para hacerla su novia lo iba a pagar caro. Emma tembló ligeramente al pensar en ello.

-Oh no—


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PD: Reviví a los husbandos legales para que fueran parte de esta historia. En serio los amo bastante.

Por cierto, hice que Lucas fuera el padre de Emma ya que tiene el cabello rojizo y es muy amable. Me parecía un poco mas coherente que Yuugo, pero aun así el la ama y la cela como si fuese su papá tambièn. Aqui los dos han convivido bastante con ella.

Por cierto, los sucesos del manga me tienen muy ansiosa, por eso me mantengo escribiendo entre periodos cortos. Juro que esta serie me tiene con tanto hype que no paro de escuchar los OST y ya sin terminar esto quiero escribir todavia mas de mis pollitos hermosos. Cambio y fuera