Sacando capitulos a la velocidad de la luz, ojala hiciera esto con mis demas historias :c en serio lo siento mucho. Neverland me tiene muy entusiasmada asì que quiero apresurarme y escribir mucho sobre mis niños preciosos!

Ahora, responderé algunas preguntillas preguntosas.

Sugar: en primer lugar, muchisimas gracias por seguir mi historia y por tus lindos reviews. En serio me hacen muy feliz y me motivan tanto como mi propio hype para seguir con esta historia. Ahora aclararé algunas de tus preguntas:

-En el primer capítulo, mencioné que Anna estaba en la clase de deportes junto con Emma ; esto fue un error mío. Pretendo hacer que ella practique deportes (para situaciones a futuro) pero por supuesto, como la mini doctora que es, es toda una científica así que está en la clase de teoría científica mención Biología, topándose a veces con Norman.

-En el tercer capítulo, introduje a Lucas como el padre de Emma. La historia de quien fue su mujer la aclararé mas adelante, tengo una historia bonita para eso también. Tengo muchas ideas que espero que te gusten (y les gusten mucho a todos) ya que aunque este sea un fanfic relacionado al romance y la comedia, también quiero hacer mi propia versión de los hechos, o mi propia historia para cada una de mis hermosas OTPS.

Tamien quiero mencionar que los sucesos actuales del manga no me van a frenar. ¡Viva el NorEmma carajo!

Shirai ya hazlos cannon por el amor del fldllflsl! - (dios demonio por cierto)

DISCLAIMER: The Promised Neverland pertenece a Kaiu Shirai.


-¿Entonces? ¿Qué se siente?—

Luego de que lograsen sentarse a la mesa, y sobretodo, que Yuugo se calmase, procedieron a hablar de aquel tema que tanta curiosidad generaba en la chica. La misma los miraba determinada. Lucas rió, y entonces miró hacia atrás por unos instantes.

-El amor ¿eh?—

-Lo conoces. ¿Acaso no amas a tu familia?— protestó Yuugo aun enfadado. Comía de la deliciosa pasta que habría preparado. Esta vez sin chocolate ni demases ingredientes extraños… De verdad sabía bien.

-No, sé que no es lo mismo. Amo a toda mi familia, pero el amor romántico ha de ser diferente— dijo Emma, para mirar hacia abajo razonando.

- Quiero decir, es diferente amar a un hermano a amar alguien y querer besarlo, y-

-Si, hija. Es completamente diferente—Añadió Lucas para reír mientras Yuugo seguía protestando con el cucharón de sopa, pensando en como mataría de formas diferentes al escuincle baboso que se había atrevido a enamorar a su pequeña.

-Cuando te enamoras, sientes… Esas mariposas en el estómago, aquella ansiedad incontrolable y, tu cara se pone roja, y no sabes que hacer con esas confusas sensaciones… ¿Verdad?—Sonrió el pelirrojo. Emma lo observo dándose cuenta de que…

-¡Es exactamente lo que estoy sintiendo! En verdad es difícil lidiar con esto. Pero…- continuó mirando hacia abajo, y pensó. Si Norman la amaba…

¿Por cuánto tiempo estuvo soportando todos aquellos sentimientos?

¿Fue por mucho? Entonces esas miradas ¿Nunca fueron solo amistad?

-¿Pero?—Lucas la miraba con atención. Fue entonces que recibió también, la mirada maléfica de Yuugo.

-Escucha, pequeña antena. Espero que sepas en lo que te estas metiendo. El amor no es solo un montón de fantasías o cuentos de príncipes y hadas. No—No paraba de apuntarle con aquel cucharón de sopa. No entendía por qué lo tenía. Ni preparó sopa después de todo.

-El amor es complicado, a veces sentirás desfallecer y caer en la total desesperación de la incertidumbre. Si consigues hacer de esa persona tu pareja, habrá problemas y conflictos entre los dos. Muchas veces no estarán de acuerdo. Muchas veces discutirán y ¡BOOM! La ruptura. Lo que al final, te hace entender que sólo perdiste tiempo al idealizar a una persona solo por los "cuentos" que el amor te vendió—

-¡Yuugo!— protesto Lucas con el ceño fruncido. – No plasmes tus problemas personales en la situación de Emma.—Regañó. De pronto la niña pelinaranja tenía las mejillas infladas.

-¡Papá tiene razón! No me asusta equivocarme. Tengo que probarlo por mí misma primero, antes de darte la razón. Además ¡Ya deberías ir disculpándote con Tía Dina!—La niña apunto su tenedor hasta el pelinegro, inculpándolo. -¡Apuesto a que por eso me dices estas cosas!-

-¡¿Hahh?!

-¡No tiene la culpa de que seas un malas pulgas!—

-Está bien, no nos desviemos del tema, por favor.—Pidió Lucas calmando las miradas iracundas de los dos. Volvió a mirar con dulzura a su hija. – Por supuesto eres libre de experimentar todas aquellas sensaciones por tu cuenta, Emma. Sé que lo harás bien. Y si algún inconveniente sucede, Yuugo y yo estaremos para…-

-Partirle la madre a ese desgraciado.

-¡Yuugo!—

-TCH.—

Emma los observó por instantes y entonces, sonrió segura de sus decisiones. -¡Sí!—Continuó cenando. Se sentía afortunada de tener a quienes pudieran comprenderla, apoyarla y guiarla en su camino a la adolescencia.-Aunque no quiero que lo lastimen.—Frunció el ceño, mirado a Yuugo. -Te acusaré con tía Dina—

Ambos nuevamente se envolvieron en una batalla de miradas, entre las cuales se cruzaba un tenedor y un cucharón de sopa. Lucas suspiro y luego rió contento. A veces sentía tener dos hijos en realidad...

.

.

.

.

.

.

.

.


Para él, no fue necesario anunciar que ya había llegado a su casa una vez más.

Suspiró frente al enorme portón de ingreso. No dijo, ni hizo nada. La cámara de reconocimiento facial a un costado de la misma, escaneó sus facciones únicas y propias de su familia.

La prestigiosa Familia Ratri.

-Bienvenido de vuelta, joven Norman—

Anunció la voz automatizada para abrir sus puertas al albino y permitirle el acceso a su hogar; una hermosa mansión completamente blanquecina, casi como de ensueño.

Llegó a la entrada, sin expresión alguna en su rostro. No dijo nada. No es como si alguien estuviese esperando a recibirlo… Más que alguna que otra mucama o mayordomo que rondase por ahí. No importaba, realmente.

Era otro día aburrido en aquella refinada vida.

A veces lo detestaba completamente, pero no decía nada. Nunca decía nada. Era mejor asi. Soportaría hasta lo que debiese, y cumpliría sus propias expectativas. Por ahora, era un menor y necesitaba el apoyo e influencias de su familia para llegar hacia sus metas.

Fingió una sonrisa cuando se encontró con su hermano bajando por las escaleras.

-Hola, hermano mayor—

Saludó el joven albino de manera cortés, casi como si no se estuviese dirigiendo a un miembro de su familia. Pero la cosa siempre había sido así después de todo.

Orden. Solamente orden

El albino mayor, un muchacho de melena lisa y de unos veinte años, lo miró con el ceño fruncido.

-Es extraño encontrarte aquí. Pensé que estarías en Francia, iniciando tu postgrado de Ingeniería.

-No me verás por mucho rato. En unas horas me devolveré a Francia. Así que, deja esas sonrisillas falsas para otro momento. Realmente me asustas. – Continuó bajando las escaleras mientras su hermano menor subía.

-No sé que ve mi padre en ti.—

… Frío, completamente frío como sus colores, Peter Ratri, el hijo mayor, bajó las escaleras y decidió ignorar por completo lo que Norman pudiese decir a continuación. Para su suerte, no dijo nada. El también decidió ignorarlo. Era lo único que podía hacer para aguantar.

-Pues, buena suerte, querido hermano.- …o eso pensó. Peter no ganaría esa batalla moral. Norman lo tenía decidido. La dulce sonrisa de su hermano menor lo irritaba, le hacía querer golpearlo. Después de todo, creía que era falso, y esa falsedad era la favorita de su padre, quien siempre que podía demostraba el gran aprecio que tenía por él.

Frio, siempre tan frío y ordenado. Lujoso.

Norman caminó hasta su habitación en aquellos extensos pasillos decorados por una alfombra roja cual si fuese de la realeza, con bellos cuadros que no significaban nada para él. Ni quien los pintó, ni sus marcos de oro, ni el absurdo valor monetario de cada uno de ellos. No.

Desearía que fuese más simple.

-Simple, ¿huh?—

Repentinamente, recordó la situación de aquella tarde. Todo lo relacionado con Emma y con Ray. El como de pronto, dejó de preocuparse de todo y casi grita a los cuatro vientos su amor por la chica de los colores de verano.

Ella a sus ojos es simple, y es eso lo que la hace encantadora. Lo que la vuelve tan maravillosa como una cálida primavera. Es tan apasionada como un abrasador verano. Dulce y comprensiva como el otoño. Tan fuerte y determinada como el invierno.

Sonrió. Ya veía, por eso estaba enamorado de Emma. Ella le ofrecía simpleza, y era todo lo que quería y aspiraba a tener. La simpleza de su naturaleza, y la pasión de sus sentimientos.

Sí, ella era valiente, terca, alegre y simple. Amaba con locura a su familia, ellos la hacian feliz como nadie, como ninguno de esos lujos podría hacerla jamás, como ninguna joya o título prestigioso. Mientras tuviese cerca a su adorada familia, todo estaría bien.

Tal vez en su corazón, la presencia de Emma no era nada simple, pero le gustaba pensar que así era.

Entonces también recordó:

Orden, siempre es Orden.

También amaba a Emma porque ella muchas veces trajo caos, espontaneidad, a su organizada y recta vida. La desordenó, hizo todo un alboroto. Rompió, quebró el orden y lo llevó a su manera. Su vida y su corazón, todo al mismo tiempo desde que tenía memoria.

¿Cómo la conoció? Fue un hecho nada simple.

Resulta que, Norman siempre fue educado en las mejores escuelas, ya que desde nacido debió cargar con el título y el renombre de la familia Ratri : una influyente estirpe de genios, científicos y políticos no solo alrededor del país, sino alrededor del mundo.

Él no los decepcionó, al contrario. Norman aprendió a leer cuando apenas cumplió los cuatro años y a los seis ya podía realizar ecuaciones matemáticas medianamente complejas. A los siete la complejidad subió enormemente y a los nueve, ya sobrepasaba al nivel de Preparatoria. Ahora, a sus trece años, la dificultad matemática y física de nivel universitario no era nada para él. Siempre fue un genio excepcional. Fue mejor que Peter desde el inicio, y tal vez por ello este tenía un sentimiento de rivalidad con el menor.

Envidia nada sana. Nada propia de un hermano.

Por eso, insistió en que Norman fuese inscrito en un jardín de niños público cuando tan sólo tenía cuatro años. Es decir, en un jardín no tan frío, solemne y lujoso como a los que debía acostumbrar.

Su padre lo hizo, y el pequeño albino recibió la atención especial (o mas bien el miedo) de todos los educadores debido a su estatus. Cosa que a su corta edad ya entendía, y sentía como una vil condena. No sólo su gran inteligencia, sino que su apellido sobretodo, le impedía hacer amigos. Las excusas siempre eran: "Si digo algo que te moleste, tendré problemas con tu familia. ¡No quiero eso! ¡Que miedo!"

"¡Mis padres dicen que los Ratri son corruptos!"

"¡Que miedo!"

Nadie siquiera intentaba acercarse. Eso lo llevó a pensar que el problema era él, y sólo el. Así que no hacía nada más que mirar a la distancia, con tristeza, como los demás niños sin la carga de su familia encima, se divertían.

Todo hasta que—

-¡Fuera abajoooooo!—

Aquel gritito lo asustó. Antes de que se diera cuenta ¿Una niña había caído desde el cielo…? Fue un rápido aterrizaje, y esos cabellos de sol, lo primero en lo que se fijó, estaban alborotados. Había una gran sonrisa plasmada en ese bonito rostro. Norman creyó estar presenciando a un auténtico ángel frente a sus ojos. Sin embargo, era una niña, quien con toda su energía se había colgado de las rejas de malla en las que Norman se apoyaba para mirar el gran patio a la distancia. Entonces de pronto, la niña lo miraba.

-¡Ah!—

No supo que lo asustó más. La sorpresa o la repentina mirada de la niña de verdosos ojos, ojos que no parecían juzgarlo, ni temerle. Es mas…

Lo entendía.

-¡Aquí estás! ¡Tu eres el niño nuevo!— Anunció, para tomar un respiro y mirarlo con entusiasmo. Norman no podía creer que en ese preciso instante, alguien estuviera sonriéndole con tanta pureza y sinceridad. -¡Te estaba buscando! Tu eres…¿Norman, verdad?—

-¿Ah? S-s…sí.- asintió con timidez, sin dejar de observar incrédulo a la muchachita que lo señalaba con alegría.

-¡Genial! Yo soy Emma. ¡Gusto en conocerte, Norman!— clamó tomándole las manitas en un gesto animoso, cosa que hizo ruborizar al niño –Oye ¿Quieres jugar conmigo?—

-E-Emma… ¡E-Es un gusto! Pero ¿Por qué?— No pudo evitar preguntárselo. Todos le temían pero esa niña… - No le caigo bien a los demás niños, porque mi familia –

-¡Hehe, lo sé! Es esa… uhm….¿Ratri verdad?—Norman asintió con pesadez. - Yo opino que el resto de esos niños no saben nada— dijo, sonriente.

-¿Eh?—

-Porque, no importa que apellido tengas. Norman es Norman ¿verdad? No te ves como si fueras un niño malo, así que yo no haré caso a lo que digan—Declaró la orgullosa pequeña, cruzada de brazos. -¡Yo creo en ti! Así que, vamos a jugar!—

-¿Crees… en mí?—

A sus cortos cuatro años, el pequeño por primera vez sentía su corazón dar un vuelco. Uno que sin pensarlo, cambiaría el resto de su vida por completo.

-¡Creo en ti! ¡Así que seamos amigos!— Le dijo con todo el sentimiento de su corazoncito. –¡Vamos a jugar, y a molestar a Ray! ¡Ah, es un amigo que también es muy listo!— declaró, guiandole de la mano hasta aquel jardín que nunca creyó que pisaría estando acompañado.

Conoció casi al mismo tiempo a Ray, el niño listo como él que gustaba de lecturas extensas y tenía una personalidad grave y fuerte que, sin darse cuenta, el y Emma podían suavizar en conjunto con las travesuras y el caos que sólo los niños podían hacer.

Travesuras y caos ¿Cuándo pudo pensar que sentiría algo así, en su rutinaria, ordenada y recta vida?

Tormentosa vida

Que Emma iluminó sin que se lo esperase.

Entró a su cuarto, finalmente. Tal vez lo único bueno de llegar a casa es que podría tener un tiempo a solas consigo mismo. Sí, sólo consigo. Sólo el y su santuario de Emma—

Espera ¿Qué?

Cuando las luces se encendieron, mostraron su habitación pintada de calidos colores anaranjados y verdosos, que justamente lucían como los colores de cierta niña –

Es que en realidad, no eran sus colores

Era ella. En serio.

-Por fin en casa.—Se lanzó a su cama., probablemente la única cosa que no estaba ornamentada con las fotos de Emma porque, absolutamente todo lo estaba.

Murallas, estanterías, libros, el fondo de pantalla de su pc de escritorio. ¡Todo tenía la foto de Emma! Tenía peluches, mercadería que… ¿cómo la consiguió? Todo con relación a Emma. Era completamente aterrador, y a la vez tierno, quizás.

Por supuesto sus amigos no sabían de eso. Emma por sobretodo no podía saberlo, que el cuarto de su querido amigo era nada mas que un tributo a su existencia. Existencia que le dio un motivo para seguir adelante aun cuando no quería.

Por eso, las pocas veces que sus dos mejores amigos fueron a su casa, Norman les mostraba un cuarto totalmente distinto. No había problema, la mansión tenia muchas habitaciones, pero su verdadero cuarto nadie lo conocía. Ni los criados, ni su padre o hermano. Sí, estaba mejor así.

-Creo que tomaré una siesta, Emma.— dijo el joven feliz, recostado entre las sábanas (naranjas) para mirar una de las cientos de fotos de la joven pegada en muralla y sonreír. Cerró sus ojos y se dispuso a descansar. La puerta estaba extremadamente asegurada bajo candado y pestillo.

.

.

.

.

.

.

.

.

.


-¡Ugh!—

Mientras completaba su tarea, la pelinaranja juró tener un repentino escalofrío que definitivamente no fue normal. Se sacó los audífonos y miró alrededor, espantada. Ah… la ventana estaba abierta.

Espera, no era por eso. Sentia que estaban hablando de ella.

Pero ni modo, nunca podría saberlo. Se levantó a cerrarla, y entonces volvió a su escritorio de estudios dentro de su mediana habitación rústica y clásica como el resto de la casa. Continuó realizando su tarea, pero por un momento se detuvo.

-Bien, le diré todo a Norman esta semana.—


.

.

.

.

Continuará

PD: Aquí hice que Norman fuese un Ratri. Si, ya sabemos que en los sucesos actuales de la historia, ellos tienen sus papeles bastante manchados ... Pero quería hacer que mi niño no fuese igual, y Emma lo notó de inmediato. Emma siempre puede sacar lo mejor de él (y que nadie me diga lo contrario)

...Aunque sea un acosador y obsesivo sin remedio (?) Realmente me inspiré mucho del Norman de Oyakusoku.

Cambio y fuera.