Capitulo siete : Parece que estamos en problemas.

.

.

.

DISCLAIMER: The Promised Neverland pertenece a Kaiu Shirai.


-Oye… ¿Cómo terminamos así? —

De pronto, Norman y Ray estuvieron sentados en el mismo banco en el que solían reunirse siempre durante los recesos. Sin embargo, cada uno presentaba banditas curativas en rostro y brazos. Parecía que se habían lastimado de alguna manera física, y emocional. Al menos, Norman ni siquiera reaccionaba y un aura azul cargada de decepción lo rodeaba como si fuese una caricatura. Ray suspiró largamente.

-Ah sí, ya me acordé…-

-Hace tan solo unos minutos atrás-

Ambos estaban en un pequeño ''callejón' entre los edificios de la escuela. Se miraban directa y seriamente en una batalla de orgullo hasta que finamente, Ray explotó.

-¡Las cosas se dieron y ya! En realidad, fue ella quien lo aclaró todo…- Confesó el chico, avergonzado al recordar el momento. –Yo no tuve el valor de…

-Consideraré esta traición para siempre.—Completó Norman con una mirada bastante directa hacia él, sin tener la mas mínima intención de escucharlo.

-¿Te das cuenta de que estas ocultando tu cobardía por confesarte, inculpándome? —reclamó el pelinegro, ya superado por el comportamiento del albino. –Esto no puede seguir así, tienes que decírselo a Emma, ¡o será demasiado tarde! —

-…- Norman suspiró profundamente, y luego juntó sus dedos. –Está bien, si tanto insistes, perdonaré esta grave falta tuya, Ray. —El joven le sonrió de aquella forma en que lo hacía cuando quería obtener algo a cambio, sin embargo, su par no terminaba de entender qué era lo que quería. –A cambio de dos cosas. -

-¡Yo no insisti en nada! Pero bien, ok, de acuerdo… Te ayudaré. – Admitió tocándose el cabello, cansado y resignado a hacer lo que él quisiera por una vez más. -¿Qué es lo que pides?

-Primero, ven a mi casa esta tarde. Segundo…- tomó un papel directamente desde su bolso, que quien sabía por qué lo traía a cuestas en horarios de clase. – Haz que Emma firme esto. Puedes distraerla y confundirla para que lo haga. —

-¿Huh? —Cuando Ray lo recibió de manera desinteresada, al leerlo, sintió que cada cabello se le erizó uno por uno. Comprobó los sellos, las marcas, la fecha y la completa seriedad de quien lo emitía. No cabía duda, ese papel era…

-¡¿Una jodida acta de matrimonio?!—Clamó Ray, pero en ese instante, Norman se acercó mirándolo nuevamente con instintos asesinos. –Cállate, a menos que quieras que te calle…-

-¡Pero hombre, estás loco! ¡Sólo tenemos trece! ¡No puedes hacer que Emma se case contigo ahora! —clamó Ray, intentando hablar más bajo, pero no dejaba de estar impactado ante lo que sus manos sostenían. Sin embargo, Norman proseguía sonriendo con completa normalidad.

-No pasa nada. Es un acta a largo plazo. De ese modo, cuando cumplamos dieciocho, ella estará legalmente dispuesta y un tanto obligada a casarse conmigo. Es perfecto, sólo debo hacerla mi novia…- Señaló, nuevamente juntando sus dedos.

-Sí, sí. Lo entiendo, pero de eso va. Primero debe ser tu novia y luego tu esposa. —apuntó preocupado. –Lo estás haciendo todo al revés, Norman.-

-Oh, querido hermano. El orden de los factores no altera el producto. —Norman levantó su dedo índice. - Emma será mía al final…- Señaló sonriente. –Así que, coopera tan rápido como puedas y todos seremos felices.

-No, a mí no me metas en esto. Me niego a hacer que firme un acta de matrimonio, primero tienes que confesártele apropiadamente, como las parejas normales, ¡diablos! —le protestó, sólo para ver a continuación la expresión asesina de su albino amigo hacia él.

-Te niegas, huh… así que, has escogido morir. —Dijo, para alejarse ligeramente, y entonces, preparar sus manos, extendiendo sus brazos frente a él y luego, comenzando a mover sus manos. Mientras tanto, Ray retrocedió aterrado.

-No no, diablos ¡todo menos eso! ¡GHHHH!-

.

.

.


.

.

.

.

-E-Entonces ¿Crees que deba confesármele a senpai?—

Un grupo de chicas hablaba entre sí, dándole animos a una de sus compañeras quien sostenía una carta blanca con un corazón sellándola en el medio.

-¡Ánimo, ánimo! Tal vez a ti te resulta. —Animó otra del grupo de chicas, mientras avanzaban a cierto punto. Todas suspiraron.

-Es cierto. Norman – senpai siempre rechaza a todas las chicas que se le confiesan. Aun así, pone esa expresión tan bonita para decir que no. El es tan refinado y educado...-

-Y tan lindo…- Completaron las chicas mas allá, suspirando de amor.

En la gran academia, el joven prodigio era bastante conocido debido a su inteligencia, pero también gracias a que su angelical apariencia había cautivado a más de alguna chica alrededor, y como no. Su posición como tutor de Ciencias, que fuese el primero de su clase y de toda la academia, lo hacían alguien completamente interesante. Habiendo rechazado la oportunidad para graduarse de inmediato de secundaria e incluso de preparatoria a los trece años, hablaban de él como una persona humilde y modesta pese a su posición, alguien que quería cumplir con todas las etapas correspondientes pese a su inminente ventaja sobre los demás. Alguien que parecía tan perfecto…

-Oigan.—Inquirió una chica del grupo, mirando a todas sus amigas.

-¿Y si es gay?—

Todo el grupo de chicas se encontró completamente congelado.

-¡¿P-Pero que dices?! Es imposible que Norman-senpai…-

-No, en serio piénsenlo. Es demasiado bueno para ser cierto. — Clamó otra de grupo. –Es lindo, inteligente, modesto, gentil, educado, siempre huele bien…-

-Sólo es un chico preocupado de sí mismo no? —

-Cosa que es ya bastante extraña…-

-Sí, y también rechazó a la chica más pechugona de la escuela. —dijo una pensante

-Ah ¿A Bárbara senpai? No sólo eso, ella es mayor, Y por alguna razón le llama jefe. —

-Ese no es el asunto. Ningún chico a nuestra edad rechazaría a tantas chicas y menos a la más pechugona de la escuela ¿No creen? -

-¿Entonces si es gay?—

-…- Todo el grupo de chicas se quedó en silencio. La chica que planeaba confesarse comenzó a llorar y entonces todas llegaron a una conclusión.

A veces, los milagros existían. Un chico atractivo, preocupado de su aspecto naturalmente llamativo y con gestos tan amables que harían a cualquier chica explotar de amor, podía ser definitivamente heterosexual.

-Eso no lo sabemos aún. Vamos, tienes que intentarlo al menos. —Animó otra tomándole el hombro a su compañera. – Inténtalo. Por cierto, vi a senpai por aquí, anda. Vamos. —

-...-

-¡HAHAHAHA! ¡Basta, basta ya con eso! ¡HAHAHA! –

De pronto, al grupo de chicas le llamó la atención una risa bastante sonora en un rincón de los pasadizos. Aunque la mayoría quiso pasar de largo, una de ellas se ocultó y…-

-Esperen ¿Ese es senpai? Está de espaldas. -

-¿Eh? Pero en este callejón solo se reúnen las parejas, tonta. Senpai no esta ahí-

En cuanto se asomaron a dicho callejón para confirmar o negar sus sospechas…

-No pararé. Este es tu castigo por hacerme enojar, y no cumplir con la orden que como mi espía te corresponde…-

El grupo de chicas observó esta vez, con el corazón en la garganta, el como cierto albino arrastraba a la pared a un chico de cabello negro mientras… ¡¿Lo tocaba?! ¡¿Como era eso?! Ambos parecían cansados y acaramelados…

-¡Que pares de hacerme cosquillas! ¡HAHAHA! ¡joder maldita sea!

-¿C-Co-cosquillas? ¿Los chicos juegan a las cosquillas? —

-No pararé hasta que haya tenido suficiente y pueda sentirme realmente satisfecho.—

-…-

-BWAAAAAAAAAAHHHHH!—

La chica que planeaba confesarse salió corriendo, mientras usaba la carta que le entregaría a su senpai como un pañuelo de lágrimas. Todas las sospechas que manifestaron sus amigas habían resultado ser…

¡Totalmente ciertas!

Es que ¿Qué podía significar ver a dos chicos en un callejón oscuro? Mientras su querido senpai apresaba en la pared al otro muchacho y le hacia cosquillas hasta que el pobre no pudiera sentir el estómago de la risa. Además, había mencionado que quería hacerlo hasta quedar satisfecho…

-¡ES GAY, ES GAY! ¡PAREN TODO, ES GAAAAAY!—

El pánico de las jóvenes que huyeron despavoridas llamó la atención de otras dos muchachas que pasaban por allí, luego de haberse cambiado y secado ante la competencia de relevos recién presentada.

-¿Eh? —Emma no alcanzó a escuchar del todo bien lo que decían, mas que solo gritos de parte de un grupo de chicas. -¿Qué pasa? ¿De qué están hablando? Anna… ¿Las escuchaste? —

-No muy bien. Supongo que ha de haber sido una discusión entre ellas…- añadió la rubia con suavidad. –Por cierto, me pregunto a donde se habrán ido Ray y Norman…-

-Parecía que realmente querían hablar a solas. —Añadió Emma, sonriente. –Han de ser cosas de chicos. Aunque me molesta que no me inviten, ya sabes. Somos amigos los tres desde que tenemos memoria. —Bufó mirando hacia el lado.

-¿No te dijeron nada al respecto? Entonces se han ido completamente solos…- Asumió Anna, mirando a su compañera. De pronto, comenzó a pensar en lo ocurrido con su ahora novio hace tan solo algunas horas atrás. Ella de primera había asumido que a Ray podría gustarle Norman…

"Es imposible, ya que ahora somos novios" pensó la rubia caminando tranquila, hasta que de pronto…

-Ay ah, me duele el estómago. Nunca había reido tanto. Como odio reír. Te odio, tsk…-

-¡Hahaha! No digas eso cuando te estás apoyando en mí, Ray.—

De pronto, Emma y Anna observaron curiosas a dos chicos emerger del callejón entre dos grandes edificios, del cual justamente las chicas escaparon despavoridas. A tan solo unos metros desde adelante, observaban a Norman y a Ray, poco menos abrazados, desordenados y agitados saliendo de aquel lugar.

-¡Ah, chicos! ¡Los estábamos buscando!—Emma fue la primera en correr hasta ellos, tan entusiasta como siempre. -¿Por qué se fueron tan de repente? Si querían hablar pudieron avisarme también.

-¡E-Emma!—Norman perdió su temple juguetón y despreocupado para pasar a un estado de nerviosismo que sólo aquella niña podía provocarle. Soltó de inmediato a su amigo,por inercia.

-Lo siento, Ray y yo teníamos unos asuntos y…-

-Ustedes…- De pronto, Anna, quien se mantenía con una expresión tan seca y fría que daba miedo, miró al par de jóvenes.

-Ray dijo que no se gustaban…- Señaló, para que sus ojos se volvieran progresivamente las lacrimosos. –Pero ahora los veo aquí, saliendo de un callejón, desordenados y sudorosos y-

-¡¿Eh?! Anna, no. Espera. Espera un minuto. ¡Esto no es NADA de lo que te imaginas! - clamó Ray, irguiéndose de pie nuevamente. Le dolía el estómago de tanto reír y de tantos pellizcos y cosquilleos que sufrió indiscriminadamente por parte de Norman.

Pero, para empeorar las cosas, antes de que la rubia terminase de convencerse ante ello, observó en el cuello de su novio una marca levemente rojiza.

Ella estaba segura de que Ray no tuvo esa marca hace unas horas.

-Pero, pero, ropa….sudor…- La traumatizada chica los apunto a ambos con cómicas lagrimitas en sus ojos.

-¡TIENES UN CHUPETÓN! AAAH! ¡Todos los chicos son iguales! —La joven se tapó el rostro y salió corriendo de allí.

-¡¿Un qué?!- clamó Emma horrorizada, para mirar al pelinegro. –Espera ¿Qué es un chupetón? -

-Nonononononono, no. Esto no es ¡NO ES ASI! ¡ANNA!-

-en realidad te pellizque ahí, pero ¡No es eso, Emma! – Norman miró a la pelinaranja mientras movía sus brazos. La chica estaba… realmente confundida con lo que acababa de ver.

Así que después de todo ¿Norman no la amaba realmente?

¿Resulta que amaba a su amigo? ¿Así que bateaba pal' otro lado?

Eso no le gustaba del todo, menos sabiendo que ella sí correspondía esos supuestos sentimientos. Pero decidió que no podía ser egoísta.

-Entonces, por eso querían estar solos…- La joven lo miró con una sonrisa. –No necesitas justificarte, Norman. Por mí está bien. Pero me parece feo que tengan encuentros así cuando Ray ya tiene una novia…- añadió, con la sinceridad de su corazón. El aludido estaba en un rincón con un aura depresiva que hubiera deprimido hasta a la sonriente Emma si hubiese estado más cerca.

-No, espera, Emma, por favor…- Norman quería llorar. Todo mientras observaba a la joven dar media vuelta y comenzar a retirarse.

-Deberían reflexionar sobre su relación. Cuando estén claros, hablaremos entonces, y me dirán todo. Porque ¿somos amigos, no es asi? —Le dijo, volteándose ligeramente y sonriéndole como el ángel precioso que era. –Si tienen una relación yo necesito saberlo.-

-Emma, quédate no te…. ¡Emmaaaa…! —Susurró Norman pero fue demasiado tarde. La pelinaranja se retiró a socorrer a Anna e intentar consolarla. Después de todo, ahora mismo ambas estaban en una situación parecida


-Regresando entonces al plano actual-

-Emma cree que soy gay…- Norman estaba echado hacia atrás, con el alma saliéndosele por la boca casi de forma literal, o al menos era lo que Ray creía ver al paso de cada segundo.

-Mi novia cree que salí del clóset por tu culpa. Eso es aún peor. —se tocó el cuello. Norman y él tenían banditas curativas en el cuerpo debido a que durante las cosquillas se golpearon de manera fuerte, y algunos mal pensados inferirían, justo como Anna, que eran chupetones.

-Ahora estoy un paso más abajo para confesármele a Emma.—El albino volvió a incorporarse, entonces miró a Ray y le presentó nuevamente los papeles del acta de matrimonio.

-Rápido, haz que firme esto antes de que mis esperanzas se vean completamente destruidas. —

-Ni de joda. Primero debes confesártele. Además, entiendo que tu familia tenga mucha influencia pero ¿Conseguir un acta para un niño de trece? Me tienes que estar jodiend-

-Chicos. —De pronto, ambos callaron. Escucharon los suaves pasos de cierta pelinaranja y Norman ocultó inmediatamente los papeles. Bueno, si ocultar se le puede decir a que se los pasó a Ray para que el problema pasase a ser suyo.

-¿Entonces ya lo hablaron? ¿Ustedes se aman en secreto y…esas cosas?—Se ruborizó –Como las novelas que lee Gilda? Las novelas Boy's Love…-

-No. —Contestaron ambos al unisonó, mirándola. –De verdad lo sentimos por el malentendido, pero no se trata de eso. Estábamos hablando de otra cosa, Emma.—dijo Norman, apenado.

-…- Emma se cruzó de brazos -¿Seguros?

-Completamente seguros.

-¿Y los chupetones?

-Que son solo pellizcos. Apenas dí mi primer beso. Todavía no quiero andar haciendo esas cosas.—Ray miró hacia otro lado.

-¿Y-Ya diste tu primer beso?—Emma se ruborizó con fuerza al pensarlo, mientras se tomaba las mejillas.

-Ray, no me dijiste nada de eso…- Norman se irritó nuevamente al pensar que había sido derrotado de todas las formas posibles, y que unas simples cosquillas no serían nada para el enfado que sentía ahora. El muchacho sintió un escalofrío ante las miradas tan insistentes de sus dos amigos.

-Como sea. Lo entendieron todo mal.—El pelinegro apunto a Norman. –Yo tengo novia y este tipo está completamente loco por una chica. Tanto que no puede dejar de pensar en ella y sinceramente— Lo miró con una sonrisa ganadora –Me tiene harto por hablar de ella. Tal vez pueda charlar contigo ahora, Emma.-

-¿Eh?—Emma observo con curiosidad a ambos. Norman de pronto, se encontró bastante ruborizado. -¿Eso es cierto, Norman?—

El chico dio un jadeo de sorpresa al mirar a la chica de sus sueños preguntándole algo como eso. En realidad, no sabía que contestar al respecto. Ray lo había persuadido en ese instante para que al fin lo dejase salir todo.

"Emma, eres tú."

Era eso lo que su interior gritaba por decir.

¿Cómo no iba a ser ella? La chica que le dio tanto con tan poco. La niña, la jovencita que florecía día a día y lo hacía renacer tras cada sonrisa. Aquella que le daba a su corazón todas las primaveras, todos los latidos vivos y lo hacía bailar en regocijo. La única que le puso vida a sus días blancos, fríos, totalmente incoloros.

-… Iré a buscar a Anna.—Para colmo, se dio cuenta de que Ray lo dejaría solo en ese instante. Sí, estaba bien. Debía ser valiente. Emma estaba justo frente a él y ahora mismo, estaban los dos solos en ese pequeño espacio de tiempo.

-Oh…Norman ¿Estás bien? – Emma notó que el joven estaba mirándola fijamente, cosa que le hizo ruborizar. Siempre pensó que la mirada de Norman era como un mar profundo y refrescante, uno en donde podía sentirse ella misma. Esa sensación era, preciosa y adictiva.

-Como no me has contestado… ¡Ah! pero entiendo que no quieras hablar de…-

El abrazo que de pronto la envolvió jamás se lo espero tan repentinamente.

Norman era cuidadoso y jamás se atrevía a tomarle la mano siquiera, por timidez quizá. Pero ahora, ahora la abrazaba y con todo el cariño que su cuerpo podía otorgarle en un momento de nerviosismo absoluto.

-Emma… No es que… no quiera hablar contigo… de eso.—

-N-Norman…?—La muchacha sentía su corazón latir a mil por hora. Tanto así, que sentía su cuerpo no responder.

-Es que, yo…- El sonrió, ocultándose en ella. –Yo quisiera hablar de todo contigo. Lo siento, desde ahora te diré cada detalle…-

Ella finalmente correspondió ese abrazo. Dulce, era tan cálido, olía bien. Era tan afortunada.

-A decir verdad, yo también… Yo también quisiera ser muchísimo mas sincera a partir de ahora…- Dijo sonriente, para abrazarlo, con calidez.

-Aunque no entienda completamente a que te refieres, yo… hay algo muy importante que debes saber, Norman.—La muchacha sentía como ambos corazones latían con fuerza. En ese momento, lo supo casi como por instinto. El chico era sincero, sentía exactamente lo mismo que ella, y lo que escuchó aquel día no era ninguna mentira.

"El cómo me siento con respecto a Norman…" Emma se aferró aun mas a aquel tierno abrazo. "¡Me encargaré de que lo sepa, sin importar qué!"

Continuará.