Disclaimer: The Promised Neverland pertenece a Kaiu Shirai y Posuka Demizu.
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Capítulo 9: Mi verdad
De pronto, Ray se encontró sentado en medio de aquel cuarto.
De la manera mas amable posible, y para no generar un alboroto en casa, Norman le había invitado a pasar, a que tomase asiento en el sofá anaranjado con aroma a naranjas, valga la redundancia, muy parecido al perfume cítrico que Emma llevaba siempre y se podía percibir a leguas. Su amigo repasaba el hecho de que incluso había imitado el aroma que llevaba la chica para tenerlo siempre impregnado en el cuarto. Vaya dato perturbador.
-Así que, Ray.—Norman cerró la puerta tras de sí. Ray de pronto, se encontró sudando, como si estuviera en medio de una interrogación policial por la sospecha de un crimen que en realidad el policía cometió.
-Has descubierto el cuarto de la gente que me inspira en esta vida.—
-…- Indignado ante sus palabras, el chico repasó con los ojos todo el cuarto una vez mas
-Pero aquí solo está Emma, literalmente.
-…. ¿y hay algún problema con eso?—
L a mirada oscura y clara chocaron una vez más.
-Hombre, estás loco.—Sonrió, liberando una risilla tensa. -Y pensar que te tenía fe, convenciéndome de que no ibas a llegar a este extremo pero… Diablos, yo perdí.—
Norman se cruzó de brazos. –Obviando ese hecho, hay algo que me está molestando. Hasta ahora, tu deberías ser el único que conoce este cuarto.—
-Hablando de eso ¿por qué yo no estoy aquí?-
-… Pero cuando llegué, me fije en una sombra que pasó demasiado rápido por este lugar como para reconocerla. Me imagino que esa persona fue la que forcejeó esta puerta. No, probablemente la abrió.—Norman continuó con su explicación, sin tomar en cuenta a un ofendido Ray que exigía estar en el muro de gente inspiracional de Norman.
O si lo pensaba bien, tal vez era mejor que no estuviese ahí junto con tanta mercancía de Emma, lo cual era francamente espantoso. En serio.
-¿Dices que intentaron ingresar a este cuarto?—Preguntó Ray. El albino asintió con el rostro y le enseñó a su amigo la dorada cerradura de bronce, la cual estaba ligeramente desgastada. –Reconozco cada línea de desgaste. Soy el único que ha entrado aquí hasta ahora. Sólo me queda…- el chico pensó. –Revisar las cámaras de seguridad.
-Podría ser de gran ayuda. Aunque yo no estaría tan preocupado.—Ray se relajó, y cruzó las piernas luego de un suspiro. – Yo soy tu amigo, pero cualquier otro idiota que haya entrado se hubiera espantado y, creeme, no querría volver nunca más.
-El rumor de la existencia de este lugar puede correr, y no necesito que mi hermano se entere de eso.—Norman se cruzó de brazos. –Estoy consciente de que me odia. Y si él llegase a encontrar y a dañar todo el sacrificio y horas de esfuerzo que he puesto en este monumento a Emma…- Sonrió, pero Ray pudo notar todas las venas que denotaban un profundo enfado marcadas en su blanca piel. –Sinceramente, no sé si sería capaz de controlarme.—
-Lo primero sería que revisases las cámaras de seguridad, entonces.—L e dijo su amigo, apuntándolo. Norman asintió. –Bien. Lo siento, tardaré un poco más.
-Séee… sólo no tanto, o me volveré loco aquí adentro.—Suspiró. –Y lo quemaré todo.
-…- Norman lo observó en una ambigua mezcla de credibilidad y pánico.
-Ray, por favor no lo hagas.
-Que es una broma, hombre. Anda ya, o en serio no me controlo.—Le dijo hastiado. Norman le sonrió con sinceridad, y se retiró de ahí.
-Bien, te lo agradezco. Vigila hasta entonces, por favor.
-Sí, sí.—Despidió, para fruncir el ceño. Si tardaba demasiado tendría problemas en casa. Bueno, era lo que significaba tener a un amigo enamorado.
Pero todavía no podía creer que él no estuviera en ese cuarto de gente inspiracional.
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Norman avanzó a paso rápido hacia el salón de controles de su casa. Al ser una mansión del exclusivo linaje de la familia Ratri, no faltaban las cámaras de seguridad alrededor en orden de detectar cualquier posible asalto a la propiedad. Claro, era la medida que usaría a su favor para intentar descubrir quien era la persona que intentó entrar a su cuarto secreto. Esperaba de todo corazón, aunque las posibilidades eran muy altas, de que su hermano Peter no fuese el autor de dicho acto.
De pronto, irrumpiendo su tranquilidad, el celular que llevaba en el bolsillo de su chaqueta comenzó a sonar con urgencia. Cuando lo tomó y notó al remitente, se extrañó bastante. No era normal que uno de sus agentes lo llamase fuera de la academia, pero si era así…
Es porque debía ser algo realmente importante.
-¿Hola?—Norman respondió de inmediato, preocupado -¿Zazie?—
-¡UHHHH!—Pronunció el joven, quien en realidad aun no se adaptaba al nuevo idioma al ser un estudiante de intercambio, trasladado hace muy poco. Así que la mayoría de la gente solo escuchaba susurros o palabras que eran ininteligibles la mayoría del tiempo.
-¡UWAAH!¡UWAAAAH!—
-¿Una emergencia?—Pero Norman parecía ser la única persona que entendía lo que él quería decir. Paró su preocupado paso y se dedicó a escuchar lo que Zazie le iba a comunicar, o balbucear.
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-¡Phew! Con que aquí es. Qué bueno que no me he perdido.—
La jovencita de naranjos cabellos se tomó las caderas orgullosa.
No recordaba cuantos años habían pasado desde que había acudido por ultima vez a la casa de Norman. Aquella gran casona blanca y tan finamente ornamentada que de pronto la confundía entre tanto brillo elegante y solemne. No era algo que especialmente le gustase, pero ahí vivía su querido amigo así que … Espera
¿Amigo?
Ya le costaba pensar en Norman como en un amigo. A pesar de que lo fueron por años, amigos y hermanos, es como si de un momento a otro las cosas hubiesen cambiado. O, tal vez, nunca cambiaron realmente. Sucede que ahora está despierta y se da cuenta de esos sentimientos que estuvieron camuflados como amor fraternal durante todo este tiempo. Con Norman siempre fue distinto. Sonrió, manteniéndose frente al gran portón de la casa, perdiéndose en sus pensamientos, hasta que la gran entrada se abrió sorprendiéndola de golpe.
-¡Oh! ¿Pero si no es… la señorita Emma?—una simpática criada que llevaba muchos años trabajando ahí la reconoció de inmediato. –Pase, pase por favor.
-¿Ehhh?—Emma se asustó. En realidad, sólo había seguido a Norman y a Ray con la intención de encontrarlos fuera o algo por el estilo. El secretismo de los dos la estaba intrigando, pero no se esperó que la dejasen pasar de inmediato a casa. -¿Esto está bien? Que pase así nada más.—La niña ingresó al interior escuchando como el gran portón de elegante blanco se cerraba una vez más tras su espalda.
-Por supuesto. El joven Norman nos recuerda constantemente que, en caso de cualquier emergencia, la señorita Emma y el joven Ray pueden acudir a nuestra propiedad. Oh, espere, me equivoco. Incluso si no es una emergencia, ambos serán bienvenidos siempre.—Habló la mujer. Emma estaba sorprendida por ello pero, muy luego sonrió con dulzura. Norman era muy considerado. –Ya veo, muchas gracias. No sabía sobre eso… —
-Por cierto, ambos han llegado hace una media hora. De seguro se encuentran en su cuarto.
-¡Oh! De acuerdo. Muchas gracias. Los buscaré.— añadió la jovencita, internándose a paso seguro a través del enorme jardín delantero de la mansión, sin siquiera sospechar que, fuera de las rejas, alguien se lamentaba el haberle perdido el paso.
-¡UWAHH! ¡HUHHH!—
-¿… Que Emma nos siguió?— Zazie le comunicaba todo, ya que por órdenes de su jefe, había seguido a Emma de camino a su casa para mantenerla segura. Sin esperar que en realidad, la jovencita hubiera acudido a la casa del mismo. Norman estaba sorprendido, estaba de camino a la profunda habitación de controles de su casa.
-¡HUUUH!
-¿Y ya ha entrado a casa?- … Esto era malo. El albino estaba simplemente demasiado lejos de su cuarto en ese instante como para llegar a tiempo.
- ¡Tsk!—No culpaba a Emma por sentir curiosidad y seguirlos. Es más, estaba algo emocionado con la idea de ella visitando una vez más su casa, pero…
No debía dejar que por algún motivo, razón o circunstancia descubriese su preciado tesoro. Su majestuosa colección de años de amistad y risas junto a Emma. O más bien sólo de Emma, literalmente. Ray lo había aceptado, pero tenía miedo de su reacción si tan sólo viese lo que había hecho. Incluso si no estaba dentro de todos sus cabales, sabía perfectamente que una persona normal no se lo tomaría bien, y su pura e inocente Emma podría resultar lastimada o asustada de todo ello.
"¡Acosador! ¡Pervertido!"
Se imaginaba la voz y expresión de su chica anaranjada al enterarse de su colección.
"Norman ¿Cómo pudiste? ¡No me hables nunca más!"
En su imaginación, la chica procedía a retirarse del lugar completamente indignada y enfadada.
"¡YA NO QUIERO QUE SEAS MI JIRAFA! " Gritaba la chica una vez más antes de marcharse de su mansión, y luego de su vida
-¡EMMAAAAAA…!
Abandonando la idea de dirigirse hacia la sala de controles, comenzó a correr con todo lo que sus piernas le daban de regreso a su habitación mientras rogaba a todos los Dioses que ella no llegase a tiempo. Pero comparar su habilidad física con la de Emma era como comparar a una tortuga con una liebre sana y vital. Por eso fue que Emma no tardó demasiado en llegar al pasillo en donde se suponía estaría la habitación del albino.
-Muy bien. Entonces Norman y Ray están por aquí. Huh… me pregunto si debería llamarlos al teléfono… - La pelirroja miró todas las puertas. Ya que todas eran iguales en aquel corredor, no podía recordar cual era la que se trataba de …
"¡Bingo!" Pensó de pronto cuando notó una puerta entreabierta que desplegaba un poco de luz anaranjada. Podía equivocarse pero debía comprobar si ese lugar tan radiante le pertenecía a Norman, aunque no se escuchase ruido alguno.
-¿Chicos?—Emma extendió su mano hacia la puerta, y en ese crucial momento, Norman apenas había llegado al pasillo.
-¡EMMA!—Clamó el joven agitado, llamando la atención de la pelinaranja, quien volteó a verlo.
-¡Ah! ¡Hola!—Saludó nerviosa. –Lo siento, ví que tú y Ray vinieron hacia acá y yo…-
Pero, cuando la joven dirigió su mirada hacia la entrada, Norman observó con terror como la cara se le deformaba en sorpresa al notar algo. Oh no, su mayor secreto había sido revelado.
O eso pensó.
-Yo, Emma. –
-…¡¿Ray?!
En orden de proteger el mayor secreto de su mejor amigo, el pelinegro apagó todas las luces en el cuarto en un tiempo récord. Y no contento con eso, encaramó su cuerpo en la puerta de modo que éste impidiese la entrada o los vistazos hacia el interior de aquel cuarto. De pronto él parecía algo así como Spiderman. Emma no entendía como podía mantenerse sujeto a los bordes lisos de la puerta cuando no había manera alguna de hacerlo.
-¿Pero qué estas haciendo?—
-No, qué estás haciendo tú. Yo solo pasaba por aquí.—Dijo, casi indignado por la indignación de Emma. -¿Acaso no lo ves?-
-¿Pasaba? No entiendo nada.—Confundida, Emma miró a Norman. – Pero no soy tonta ¿Saben? algo están planeando ustedes ahí adentro.—dijo, frunciendo el ceño.
-No, no es así.—intentó negar Norman. Mientras tanto las piernas y brazos de Ray comenzaban a temblar debido a que estaba realizando demasiada presión para mantenerse en los bordes de la puerta y no caer.
-¿Qué no es así? ¿Entonces por qué han guardado tantos secretos hasta ahora? ¡Sé que es así!—protestó la pelirroja. Hasta ahora pocas veces la habían visto enfadada, y esa era una de esas veces. Era muy poco común, asi que debía ser algo que de verdad estaba molestándole.
-¡Además se alejan de mí! ¿Ya no confían en mí?¿Hay algo que no pueden decirme?—preguntó, mirándolos a los dos al mismo tiempo. Norman y Ray guardaron silencio.
-¿Son gays?
-¡NO!—negaron ya hartos de que todo el mundo lo asumiera. Sobretodo Ray.
Que tenía una novia, por el amor de Dios.
-¿Entonces qué es?—
-…- Pero ambos jóvenes volvieron a guardar silencio.
Pese a ser alguien que solía guardar como realmente se sentía, o mentiría para no decirle la cruel verdad a Emma, esta vez se dijo que debía ser diferente. No podía hacer que la persona que mas amaba en el mundo lo odiara por mentirle esta vez. No, eso nunca podría soportarlo.
-Ray.—dijo el albino. –Está bien, deja que lo vea.—añadió sorprendiéndolo.
-Pero.—El pelinegro sabía bien que si le dejaba, el podría ganarse el odio y el rechazo de Emma, o ambas cosas.
-Está bien.—
-…- Emma estaba muy preocupada por lo que ambos estaban hablando. En su mente inocente aparecieron imágenes turbias, como conspiraciones alienígenas o illuminatis, que ambos habían querido investigar cuando eran más pequeños. Entonces ¿Qué tenían en ese cuarto?
Ray apretó los dientes y de mala gana (y porque sus pobres brazos no daban más) bajó de la puerta y se apartó para darle el acceso a Emma, quien apretó los labios, y sintió sudar frío.
¿Qué clase de sorpresa se encontraría ahí adentro? Por alguna razón lo primero que pensó fue en un laboratorio con pequeños alienígenas bebé o en una secta que requería un sacrificio para el bien de la humanidad. Incluso experimentos demoníacos… (Ok, volvimos a equivocarnos de mundo) Eran situaciones ilógicas e irreales.
Pero nunca se hubiera imaginado lo que vió a continuación, luego de encender las luces.
-¿Estás seguro de esto, Norman?—Cuestionó seriamente Ray, a un lado de su amigo, quien lucía triste y… tal vez un poco arrepentido. Tenía la mirada baja, y sus ojos luchaban por no derramar ni una sola lágrima ante la incertidumbre y la pena.
-Sí. Ya no hay nada que hacer.—dijo. –Es lo que pienso de ella, después de todo. Pero…- Su mano temblaba. Ray sabía que el mayor miedo de Norman no era ni por asomo algo como el fracaso, ni siquiera la muerte.
Su mayor miedo era que Emma lo odiase.
-… Algo me dice que esto era algo que debía pasar.—Suspiró el chico. –No agaches la cabeza antes de tiempo.—Le puso una mano en el hombro, y procedió a caminar de ahí.
-¡Ah! ¿Ray?—
-Esta es la manera apropiada de decírselo todo de una vez.—Le dijo, sonriéndole. -¿Entiendes? Es tu momento. Ahora o nunca.—se alejó del pasillo, pretendiendo irse. En ese momento, los ojos de Norman brillaron y entonces, lo entendió todo.
Sí, tiene razón. Basta de ser un cobarde.
Amaba a Emma desde que tenía uso de razón, y si bien la existencia de aquel cuarto plagado de sus sonrisas y momentos junto a ella podía hacer que lo odiase, al menos le diría todo y permitiría que ella fuese feliz, y no volvería a molestarla. Eso era lo que su corazoncito enamorado quería más que nada en el mundo. Que ella fuese feliz.
Reuniendo toda la valentía necesaria, corrió de vuelta al cuarto.
-¡Emma!- clamó de primera, con los ojos apretados y sin querer abrirlos, hasta que, cuando los abrió…
Se encontró con una dulce y curiosa Emma sentada en la anaranjada cama.
Las miradas de ambos se encontraron y, se apenaron en sobremanera.
-Ya veo, así que esto era.—La niña abrazaba un peluche. Uno conocido como Nesoberi o Mochi de mediano tamaño, que era de ella misma. –Hahaha, la verdad es que, no me imaginaba algo así.
-…- Norman estaba apenado. Parpadeó muchas veces, veces que no se comparaban al alocado agitar de su corazón en ese momento.
-Es toda una habitación de mí. Pero…- La chica se puso de pie, mirando alrededor. No tenía miedo, no había asco ni enfado en su expresión dulce y calmada. Contempló una vez más las murallas llenas de acontecimientos inolvidables –Es como si hubieses querido recopilar todos nuestros momentos juntos, aunque no te incluiste en las fotos.
-Sí…- asintió avergonzado, entrando un poco más en aquel cuarto. Todavía no se podía creer que Emma le estuviese sonriendo con tanto amor en ese instante.
-Me parecía mucho mejor si sólo podía recordarte desde mi visión. – Norman seguía demasiado apenado por lo que estaba sucediendo. En la habitación y la gran casa en general yacía un silencio casi absoluto.
-Pero, lo siento, Emma. N-No debí haber. – Comenzó a ponerse aun más nervioso. –Yo… s-sé que esto es una gran sorpresa. E-Es que yo…-
-Lo sé. Está bien.—La chica caminó hasta él, luego de dedicarle una dulce sonrisa. – No tienes que disculparte. Aunque luego tengo que preguntarte cómo es que pudiste conseguir mercancía de mí…- Se tocó la nuca. –No soy alguien famosa, sabes. Hahaha.-
Ambos rieron ligeramente ante eso.
-Aunque no me molesta. Si era Norman quien la tenía, y sólo él…- Lo miró con mucha dulzura.
-Emma…- La pena aún no pasaba, pero la ansiedad se convertía en un sentimiento muchísimo más plácido, y cálido mientras más la miraba a los ojos.
-Entonces estoy bien con eso. – Ella le tomó las manos, sintiendo como su propio corazón latía precipitado al contemplar los dulces ojitos azules que la miraban a ella como si no existiese nada igual.
-¿Pero no crees que, en vez de tener tantas figuras y pósters y, nesoberis y, todas esas cosas…- comenzó a decir, ruborizada.
-…Es mejor tener a la Emma original aquí mismo y, solo para ti…?—
Aquella sentencia lo sorprendió todavía más cuando notó que su dulce pelirroja estaba intentando abrazarlo.
-¡Emma!—Y ya, ya había sido demasiado tiempo reprimiéndose, así que simplemente no pudo aguantarlo. Había tomado con muchísimo cuidado las mejillas rosadas y cálidas de la chica, para dirigirse a sus inocentes labios y culminarlo todo con el beso más precioso de sus jóvenes vidas. El primer beso de su persona más especial. Emma ni siquiera tuvo tiempo de asimilarlo, sólo correspondió, y lo disfrutó tanto como pudo. Los dos eran igual de inexpertos, pero esa torpeza, las risillas que le siguieron, la ansiedad y sorpresa. Todo lo hacía un momento sumamente mágico e inigualable.
-Te amo.—Ella fue la primera en decirlo, al borde de las lágrimas. –Te amo, Norman. Gracias por siempre pensar en mí. Gracias por siempre estar a mi lado.
-Yo también te amo. Te he amado desde siempre.—respondió, llorando ya sin poder evitarlo. No podía creer que todo eso pasase. Era como un sueño. –Perdón, no puedo dejar de…snif…-
-No pasa nada. Estaré para acompañar a Norman cuando quiera llorar. Y entonces secaré sus lágrimas…- dijo, removiendo con sus dedos de manera muy cuidadosa, las cálidas lagrimillas que venían de esos ojos de mar.
-Entonces, eso significa que…- Emma se ruborizó. –No,no. Lo pediré apropiadamente.—La chica se puso seria. Tomó la mano del albino entre las suyas y procedió a inclinarse en el suelo.
-Norman ¿Quieres ser mi novio?—Pidió mientras muchos brillitos salían a su alrededor.
-¿Eh? ¡Sí! Pero, y-yo debería pedírtelo!—Dijo muy apenado.
-¡No! Yo quería hacerlo. He visto que muchas parejan se piden ser novios de esta forma. Incluso cuando se piden matrimonio…- Dijo, apenada.
Ambos se quedaron en silencio y. –C-Cuando ese momento llegue, seré yo quien lo haga.—
-N-Norman…- La chica volvió a levantarse y, divertida, comenzó a reír. Su risa era tan contagiosa que al final el chico también terminó haciéndolo.
-Eso es pensar muy a futuro…- Norman sudó frío cuando recordó que de principio, quería hacerle firmar un acta de matrimonio.
-¡Pero definitivamente seré yo quien te pida que nos casemos!—Sacó su lengua.
-¿EHHH? P-Pero… - Norman estaba muy ruborizado. De un momento a otro estaba cumpliendo el mayor sueño de su vida, y tan pronto como eso podía estar pensando en el segundo gran sueño.
-¡Hahaha!—
Emma lo abrazó fuerte entre sus brazos, contenta por todo, contenta por saber la verdad y por poder decirle todo lo que sentía.
Ni siquiera ella pudo darse cuenta de que más allá, una cámara los filmaba admirado.
-Bien, mi trabajo aquí está hecho.—
Ray se retiró triunfador, habiendo captado un perfecto momento de sus amigos, con la cual buscaría chantajear a Norman y ahora también a Emma cuando la conveniencia llamara a la puerta.
(No es cierto, él era sólo un gran fanático del amor y bienestar de sus dos amados amigos)
-…- Pero no todo podía ser color de rosa.
Una sombra se retiró por el pasillo, captando la atención de Ray por el rabillo del ojo. Pero, cuando quiso mirar y buscar de quien se trataba, simplemente no vió a nadie.
Pero tuvo un mal, muy mal presentimiento al respecto.
