Volví en poquito con un nuevo capitulo y muy largo, espero que lo disfruten!

Recuerden que el próximo capitulo es el final!

Los quiero mucho!

.

.

.

.

Disclaimer: The Promised Neverland pertenece a Kaiu Shirai.


.

.

.

.

.

.

.

.

Capitulo 11: Has ganado.

.

.

.

Ese día, pudieron notar que Norman estaba especialmente distraído.

Algo completamente inusual.

Norman podía ser calmado y prefería muchas veces hacer antes de decir. Pero verlo rotundamente desconcentrado, con su mente en un lugar que no era exactamente el presente, era muy extraño. El solía ser atento a absolutamente todo lo que le rodeaba, pero su perspicacia se había ido al igual que su concentración esa dia…

-¿Norman? —Emma se acercó preocupada, mirándolo con atención. –¿Estás bien? —

Ese día, luego de clases, Norman, Emma y Ray se habían reunido para almorzar como usualmente solían hacerlo siempre. A veces con más compañeros, pero la mayoría del tiempo solo siendo los tres, debido a que eran quienes más coincidían en sus horarios.

-Hombre, ni siquiera has tocado tu almuerzo. —Regañó Ray mirándolo con desapruebo, al mismo tiempo que el albino despertaba de su trance, observando a su novia y a su mejor amigo profundamente preocupados por su comportamiento.

-¿Eh? No, no es… no es nada. —agregó, queriendo calmarlos con su voz y sonrisa suaves. –De verdad. Solo… creo que no tengo apetito. —Mintió.

Es que había algo que no podía salirse de su mente y eso… Era la situación que ocurrió hace tan sólo un par de días atrás, cuando su hermano decidió amenazarlo.

Pensaba… ¿Qué haría? Mientras miraba con atención a sus compañeros.

-Pero debes comer para mantenerte saludable…- Insistió Emma con suma preocupación. –No aceptaré que no comas. – La tierna chica tomó el tenedor y entonces, tomó los pequeños trozos de carne de su plato, para llevarlo con cuidado a la boca de su chico.

-Ahora … Dí ''Ahhhh''. —Pidió Emma con las mejillas ruborizadas.

-¿E-Emma? —Y ese acto apenó aún más a Norman, pero ¿Cómo podía negarse? Su dulce novia lo estaba alimentando, y eso le pareció completamente invaluable, así que abrió su boca tímidamente para aceptarlo.

-Está bien, si es de esta manera… creo que podría recobrar el apetito. —Habló con mucho rubor, luego de comer el primer bocado.

-¡Yupiii!¡Entonces lo haré así! —Clamó la pelinaranja, emocionada porque el al fin se estaba alimentando y, para que mentir, amaba los gestos tan melosos que entre ambos tenían. No así cierta persona…

-Ewww. De nuevo con sus cursilerías. – Se quejó Ray mientras continuaba almorzando por su cuenta. –Harán que me dé diabetes de la mala. —

-No dirías lo mismo si Anna estuviera aquí. —Molestó Emma con una marcada sonrisa. –¡Tengo su número, podría llamarla! —

-E-Espera, no la molestes, sigue en clases…- Señaló apenado el pelinegro.

-¿Acaso te da vergüenza que te alimente también? ¡Entonces le diré que lo haga! —Burló Emma solo para molestarlo y…

Mientras veía como ambos discutían entre bromas, Norman pensó que ellos dos… Eran las mejores cosas que le habían ocurrido en toda su vida.

Emma, la preciosa niña como el sol que ahora era su amada novia, la adolescente y luego mujer con la cual esperaba casarse y vivir para siempre una vida feliz a su lado, y luego estaba Ray, su mejor amigo y hermano, un confidente sin igual. Sí…

Le habían dado tanto, y si él rechazaba irse a Inglaterra entonces les privaría a ambos el futuro que tanto deseaban lograr.

¿Cómo podía ser tan egoísta?

-Emma, Ray. —Habló mencionando al par que se molestaba con ímpetu, pero ambos lo observaron de inmediato, atentos a lo que tenía que decir.

–Cuando salgamos de preparatoria… ¿Qué es lo que les gustaría estudiar en la Universidad? —

La pregunta fue sorpresiva, pero la curiosidad en la expresión del muchacho era genuina así que ninguno de los dos tuvo problema en contestar su interrogante.

-Me gustaría estudiar Ciencias políticas. Tal vez ser abogado… Aún no me decido. —Señaló Ray, para sonreír de lado. –Pero creo que por ahí va la cosa. -

-¡Yo quiero ser una Profesora! —Emma levantó su mano, emocionada. –Una profesora de Primaria, de esa forma tendría muchos pequeños hermanos menores a mi cuidado. ¿No es eso genial? —

-Eres la única que se emocionaría por cuidar niños. —Clamó Ray. Emma reía, a ella le parecía genial…

Norman los observó en silencio. Ya veía, ya lo sabía, pero volverles a preguntar, le hizo tener… cierta determinación en su decisión final, y es que…

No iba a privarles de ese futuro, no a ellos.

Se imaginaba a su mejor amigo siendo un gran abogado y a Emma, al amor de su vida, siendo una maravillosa profesora que cuide perfectamente de los niños, con alegría y paciencia.

-¿Y tú, Norman? —Preguntó Emma de pronto. Estaba segura de que antes habían tenido esta conversación, pero, las personas cambiaban por el tiempo, quizás el muchacho ya había decidido por otra cosa y, con su inteligencia, honestamente él podría dedicarse a cualquier cosa que quisiera, siempre sería el más sobresaliente en ello.

-¿Yo? Uhm… La verdad no estoy seguro…- Afirmó con tranquilidad.

-Bueno, todavía nos quedan algunos años para decidir ¿Por qué la repentina pregunta? —Ray lo observó con atención, al igual que Emma. Algo se sentía extraño …

-Simple… ¿Curiosidad? Es que, mi hermano administrará la admisión de las universidades del país a partir de este año. Sólo estaba contemplando la mejor opción. —Dijo, no había mentido.

-¡Oh, eso es genial! —Clamó Emma, pero a Ray le hizo cierto ruido aquella noticia. Sabía, después de todo, lo que Peter Ratri traía en contra de su hermano menor.

-Norman… ¿Hablaste con tu hermano? —

-Sí. —Norman no lo negó. Comenzó a comer tranquilamente ante la mirada dudosa de sus dos compañeros.

- Yo… - Comenzó a hablar. –Iré a la Universidad este año. —

Ah, había fallado miserablemente en ocultarlo. Otra cosa poco común para él, pero ciertamente, aunque no lo pareciera…

Estaba clamando por auxilio.

Norman se volvió… cabizbajo, afligido, pero daba su mejor esfuerzo por no parecerlo tanto. Emma y Ray estaban simplemente en shock.

-¡¿Qué?!—pero ambos hablaron al mismo tiempo, tan atónitos como estaban, mirando al muchacho.

-¡Pero! ¡¿Por qué?!- Clamó Emma mirándolo muy, muy triste. Norman jamás les gastaría una broma de tal magnitud, y el parecía seriamente comprometido con lo que había dicho.

-Se supone que íbamos a graduarnos juntos ¿verdad? Entonces…-

-Peter me amenazó. —volvió a decir, frunciendo el ceño. – Y lo que estoy arriesgando si no acepto su trato, es demasiado grande para mí. —

-¡No seas idiota! —Reclamó Ray enervado, molesto.

-¡Te dije que pensaríamos en una manera de zafarnos si esto ocurría! —

-¡Sí! —clamó Emma, con urgencia. – No entiendo bien que es lo que está ocurriendo, no entiendo por qué estas siendo amenazado, pero… -

Su dulce novia le tomó la mano.

-Porque eres tan listo, siempre están pidiéndote más, exigiéndote más de lo que tu corazón desea. —Le señaló con comprensión. –Y eso está mal. No deberías hacer algo que no quieres. Si Norman no lo quiere, entonces no necesitamos saber nada más. —Dijo, con pura decisión en los ojos.

-Nosotros vamos a impedir que te transfieran a la Universidad. —Aseguró con valentía. –Y vamos a graduarnos juntos de esta academia! —

-Pero… es imposible…- Norman finalmente se mostró un poco más afligido -¿Cómo harán eso…? —

-…—Emma y Ray se mantuvieron en silencio. Es más, Ray miró hacia otro lado pensante y Emma se rascó la barbilla.

-No tengo idea. —Confesó con honestidad la pelinaranja.

-¿Ehhhhh?—

-¡No tengo idea, pero eso no importa! —Dijo Emma con una sonrisa boba. –Si estamos juntos, podremos llegar a una solución. Si es para que no te vayas de nuestro lado, haremos lo que sea. —

-…- Norman apretó su labio –Es demasiado arriesgado. Sin un plan, no puedo permitir que suceda…- Añadió, tomando la mano de su chica. –Emma, quiero que seas una brillante profesora en el futuro. No voy a quitarte esa oportunidad. –

La chica se afligió. -¿Quitármela? ¿Pero Norman, de qué estas…? —

Pero la campana que indicaba el fin de aquella hora de almuerzo resonó por toda la academia. Norman se levantó presurosamente con su almuerzo a medio terminar. Necesitaba tiempo a solas, y pensar.

-Hablaremos de esto a la salida. —Apuntó seriamente, marchándose sin decir nada más.

-¡Espera, Norman! —Emma iba a seguirlo, pero a ese paso llegaría tarde a clases. En la academia no toleraban falta alguna, tenía que apresurarse.

-Ese idiota…- gruñó Ray. Así que finalmente, el peor escenario posible ocurrió y el joven recibió una terrible amenaza por parte de Peter. Pero… ¿A qué se refería con quitarle el futuro a Emma? Ninguno entendía nada, pero si era una situación que tenía acorralado a su querido Norman, no se dejarían vencer tan fácilmente…

-Ray, no voy a dejar que se vaya. No voy a permitirlo. —Emma apretó su puño, furiosa. -No me importa que suceda. Incluso si tengo que hacerlo sola.

-Oi, no estás sola. Está bien. —Expresó, sonriendo. Emma era su mejor amiga después de todo, era como una hermana menor. – Está asustado, es lógico. Parte de la amenaza te compromete a tí, y a Norman no le gusta arriesgarse con posibilidades inciertas. Prefiere estar seguro de sus decisiones. —nombró conociendo perfectamente al albino.

-¡Eso no importa ahora! Incluso si es lo más seguro, no dejaré que se vaya. Tenemos una promesa. Nos graduaremos juntos y yo… quiero estar con él. —dijo, con los ojos llorosos.

-¡Definitivamente jamás dejaré que se vaya, especialmente si él no quiere hacerlo! —

Así que pensaron en un plan.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

-Escuchen.-

En medio de un salón vacío, una imponente silueta se encontraba frente a cuatro de sus más fieles subordinados … bueno, los únicos subordinados en realidad. Los mismos bajaron su cabeza con devoción. En serio parecían estar en presencia de una deidad en ese preciso instante.

-Jefe…-

-Para pasado mañana…- El joven de cabellos níveos miró a través de la ventana. –Habré abandonado la academia en orden de proteger algo que realmente me importa. - Miró nuevamente, a sus sorprendidos secuaces que no podían dimensionar el significado de las palabras que pronunció su querido jefe.

-Sin embargo, sus funciones aquí no habrán acabado. Aunque yo esté lejos, sus tareas asignadas serán…—

-¡Jefe! ¿Cómo que abandonará la escuela?!—clamó Cislo interrumpiéndolo abruptamente.

-Es una mentira. Usted no haría algo como eso… - Vincent estaba llorando antes de escuchar nada más. –No puedo aceptarlo…-

-¡Sí! ¡No puede irse así nada más! ¿Va a dejarnos solos… por nuestra propia cuenta? —Clamó Bárbara, también casi al borde de las lágrimas. –Si es una broma, entonces es de muy mal gusto…-

-¿Tengo cara de estar bromeando? —Norman les dirigió una de esas miradas azules en las que ellos … simplemente sintieron que el aliento se les era arrebatado. No es que él disfrutase ser frío y cruel con ellos, pero ... todo ese asunto ameritaba seriedad.

-No, pero…—

-No es algo que desee hacer. —Agregó, cerrando los ojos.

–He sido amenazado a abandonar incluso el país, para asistir a la nueva Universidad financiada por mi familia. Debo partir cuanto antes, sin embargo …- Miró a su escuadrón.

-Como verán, no es algo que estoy dispuesto a que se prolongue. Abandonaré la academia. —Los observó con aun más seriedad que antes. -Pero volveré dentro de un año. —

-Un año sin usted …- Vincent continuaba llorando, había sido imposible mantener la compostura. Zazie intentaba consolarlo, mostrándole cariñosamente el curioso tigre de peluche que solía llevar.

-Para ese lapso, deseo que continúen con sus tareas recurrentes… ¿Cuáles eran? —preguntó asegurándose de que ellos lo tuviesen presente.

- Lo volveré a repetir: Proteger a Emma y a Ray; ayudarlos en su vida escolar, además de seguir preparándose a sí mismos… - Los miró, ahora había suavizado su mirada. –Me lo prometieron ¿No? Desde ese día en que los salvé, que vivirían para cumplir sus sueños.

-Y servirle. —Agregó Vincent acomodándose las gafas. –Por tal honor de permitirnos estudiar en una de las academias más prestigiosas del país. —

-Sí…- Cislo se acarició la nuca con una sonrisa honesta. –Quien iba a pensar que unos delincuentes como nosotros, al final podrían tener una educación digna, un hogar, y amigos con quienes compartir esta vida plena.

-A pesar de que solo éramos unos niños pobres… - Bárbara alzó la mirada con cierta ternura.

¿Su historia?

Resulta que la familia Ratri era una familia de eruditos y científicos que, si bien se componía de muchos especialistas en todas las ramas de la ciencia, la casa de Norman parecía estar enfocada principalmente en el área de la educación y aprendizaje escolar y superior.

El albino menor recuerda que solía acompañar a su padre a algunos de sus viajes de investigación a las escuelas del país, incluyendo aquellas que eran más vulnerables. Aquellas a las que el Estado simplemente hacía oídos sordos a sus necesidades, cosa que, al muchacho, pese a haber nacido en cuna de oro y a no haberle faltado nada jamás, le hacía bastante ruido en el corazón.

Se fijó particularmente, en unos estudiantes que, en defensa propia, agredieron a sus abusivos compañeros y terminaron siendo reprendidos en la oficina del director.

Sí, reprendidos, aunque jamás fue su culpa, pero tenían que aceptarlo. En esta estructura, el rico avanzaba, ellos no tenían oportunidad, y si eran expulsados, entonces todo el esfuerzo de sus padres por mantenerlos en una academia, aunque fuese pobre, se iría a la basura. Ambos jóvenes apretaron sus manos con impotencia.

-Tienen talento. —Apuntó un joven albino, esperando a una confundida Barbara y Cislo luego de que los mismos, frustrados luego de la suspensión, salieran de la oficina del director.

-He visto sus expedientes. Tienen talento y no está siendo aprovechado. —Agregó antes de que los fuertes susodichos pudieran decir nada más -Eso es gracias a este deficiente lugar, que no está preparado ni tampoco interesado en potenciar sus habilidades. Yo necesito cambiar esto…—dijo, con el ceño fruncido. Un poco más atrás, un habilidoso costurero con grandes conocimientos sobre la medicina (Vincent) y un niño con problemas de comunicación, pero excelentes habilidades físicas (Zazie) ya parecían haberse unido a su causa.

-Lo cambiaré, comenzando por ustedes. —Norman les extendió la mano. Ambos muchachos podían jurar que estaban viendo a un Ángel… no, a un Dios delante de sus ojos.

-Si aceptan cooperar conmigo, explotaré sus talentos para su beneficio y también el mío. - Señaló, con seguridad. –Este sistema de educación necesita ser cambiado. —

Norman los acogió en una de las tantas propiedades de la familia Ratri. Un espacio en donde cada uno podía desarrollar sus habilidades. Se hacía cargo de sus gastos y ellos no encontraron una mejor forma de agradecerle ante su infinita bondad, que convertirse en los secuaces de su salvador para lo que sea que el necesitase.

-Nos dio un hogar solo para nosotros…- Recordó Barbara juntando sus manos –Jefe, nosotros jamás podríamos estar lo suficientemente agradecidos…-

-¿Está seguro de que debe marcharse? —Insistió Cislo -Si esa es su decisión, lo apoyaremos. – Suspiró. –Ya que tiene un plan para volver lo antes posible, ¿no? Usted merece ser feliz también. —Dijo con una sonrisa sincera, y eso sorprendió a Norman.

-Así es. Jefe, también tienes derecho a tener una vida escolar plena…- agregó Vincent con suavidad. –Si tienes un plan, confiaremos en su plan. Pero si no es así, puedes confiar en nosotros a cambio. —

-Sí! ¡El jefe también tiene que vivir todas las increíbles etapas de la academia! —Agregó Bárbara, después de todo, por muy listo que fuera el muchacho, al final de cuentas, era también un adolescente con ganas de vivir una vida llena de errores y éxitos, como la vida misma de un ser humano. Quería amar, hacer locuras, y ser feliz. ¿Cuál era sino esa la esencia de la juventud?

Norman apretó sus labios para evitar sonreír demasiado. Esbozó solo una sonrisa tenue. Le agradaba bastante esa consideración, y si era sincero, sí quería continuar viviendo todas las experiencias propias de la juventud dentro de la academia. No quería marcharse, no quería tener que cargar con todo ese peso tan rápido. Quería estar junto a sus amigos.

Quería estar junto a Emma.

-Agradezco su preocupación, pero yo determinaré lo que ocurrirá de ahora en adelante. Este es mi aviso. —dijo, mirándolos con atención. –No cambiará nada en sus respectivas responsabilidades. Yo definitivamente volveré…- agregó, para tomar una foto de su bolsillo.

-Sería un idiota si no me graduara a un lado de mi hermosa novia. Mi hermosa Emma. El origen de todo lo bello existente sobre la faz de la tierra. Mi Emma.—Parecía que, entre susurros, estaba alabando a un Dios. Y es que la foto plasmaba a la mencionada pelirroja con esa sonrisa que la caracterizaba, portando su uniforme en el primer día de clases de la academia.

-Oh Emma-sama, el origen de todo lo bello sobre la faz de la tierra. —repitió Vincent. Aunque parecía estar jugando, lo decía totalmente en serio. –Por cierto, Jefe. La nueva mercancía que me pidió de Emma-sama está completamente lista. La dejaré hoy en su domicilio.

-Excelente. La necesitaré para cuando esté lejos. —Agregó Norman con un rostro de total seriedad, para comenzar a retirarse. –Con todo esto dicho, volveré a clases. Recuerden no revelar nada al respecto. Yo me encargaré de eso.

-Si, Jefe. —Dicho y hecho, el escuadrón se retiró del salón, dejando a Norman con… cierta sensación de soledad.

Su amada novia, su mejor amigo y sus queridos nuevos amigos que, aunque compartiera con ellos una relación más estricta, apreciaba bastante. Además de las personas a las que quería dentro de la academia. Tendría que dejarlo todo para pasado mañana…

-Lo siento, chicos. -

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

La tarde transcurrió, y entonces llegó la hora de volver a casa.

Como acostumbraban, Emma, Ray y Norman volvían juntos a casa todos los días, caminando hasta la estación de tren mas cercana.

Recientemente se había sumado Anna, a quien no le molestaba pasar más tiempo con el trío, es más, estaba feliz de ser más cercana a ellos ahora que era la novia de Ray.

Pero, ese día, el ambiente se sintió un tanto pesado…

-¿Emma, Ray? — preguntó Norman con suavidad. Anna no dijo nada, pero también estaba preocupada. El par mencionado tenía la cabeza abajo, estaban jodidamente desanimados…

El pelinegro le dio una mirada a su mejor amiga.

''Oi, si no le dices tú primero… yo voy a explotar, y esto no terminará bien'' Le dijo con la mirada. No hubo palabra alguna, pero se entendieron de inmediato. Emma apretó los labios y, frenó su paso.

-Sabes, Norman… - La chica se mantuvo a un lado de él.

-Quería tener tiempo para ayudarte, pero… - Lo observó de frente. -¿Cómo es eso de que te vas pasado mañana?

Oh no.

El albino se mantuvo sorprendido ¿Cómo era que lo sabía?

-¿Cómo es que lo sé? —preguntó, observando la sorprendida expresión de su novio como si hubiera adivinado sus pensamientos. -A Bárbara se le escapó durante la clase de educación física.

''Esa idiota'' Pensó Norman mientras aparentaba una sonrisa. La castaña era una chica buena y sincera, pero no era buena manteniendo los secretos. Posiblemente iría de rodillas a pedirle perdón luego de todo esto, pero ahora, no era eso lo que importaba.

-…Y tu silencio solo me confirma que es verdad. —

-Emma, verás …- Norman continuaba esbozando esa sonrisa tan dulce, pero que escondía cierta nostalgia. –No te preocupes. Solo será un tiempo. Te prometo que nos graduaremos todos juntos…-

-¡Eso no basta, idiota! —Explotó Ray. El sólo pensamiento había sido suficiente para ponerlo muy furioso. –¿Qué era lo que habíamos hablado? ¡Tenemos que estar juntos incluso hasta el final! -

-Sí. Lo siento, pero eso no será posible por ahora. —Norman decidió que… no podía dejarse llevar por sus sentimientos en ese instante. –Si no hago esto, entonces será un terrible mal para ustedes. Ya lo he decidido.

-…- Ante sus palabras, Emma sintió quebrar su corazón…

-Norman… ¿Cuánto tiempo será? —Se acercó, con ojitos brillantes.

-Sólo un año, lo prometo. —Dijo, mirándola directamente a los ojos. Aunque…

El tiempo era incierto.

Un año era lo que tardaría, si su plan resultaba ser 100% exitoso, pero la tasa de posibles errores todavía era alta. Todavía era un estudiante después de todo. Eso lo llenaba de impotencia…

Pero debía darle una esperanza a Emma.

-¿Y qué sucede si deciden que ese tiempo no es suficiente? ¿Te quedarás allá…? —Pero Emma no era nada ingenua, no como se veía. No podía simplemente ignorar las cosas malas, no cuando éstas comprometían a la persona más especial de su corazón.

-Quédate con nosotros. Te prometo que buscaremos la manera de que no debas asistir. P-Por ejemplo…. – Emma miró a su alrededor, como buscando una respuesta.

-Hehe, demanda a esa maldita universidad por acoso o que se yo. —Dijo Ray, sonriendo sarcásticamente. –eso nunca falla. —

-¡Demanda por acoso a menores! - clamo Emma siguiendo la idea de su mejor amigo.

- o Anna podría recomendarnos algún sedante para que a esos idiotas se les olvide llevarte a Inglaterra. ¡Se quedarán dormidos y perderán el vuelo! - clamó mirando a la rubia quién carcajeó ligeramente, sabiendo que sus amigos solo proponían alocadas ideas en orden de proteger a Norman, y ella estaba muy de acuerdo con eso.

-Yo podría hacerlo. Hay sedantes confiables que desaparecen muy rápido del torrente sanguíneo. – Indicó levantando su dedo índice. Ella se vio tan decidida y segura que hizo ruborizar suavemente a su pelinegro novio. Le gustaba que ella apoyase sus alocados planes.

-¿S-Sedantes? ¿De qué están hablando…? —Pero Norman no estaba ni un poco convencido de que esto fuese buena idea. –Un vuelo perdido no va a afectarlos, y con su poder, las demandas no serán un problema, yo…-

-¡Entonces idearemos otra cosa! ¡Y si no, otra, y otra cosa! ¡Todo hasta que tengamos éxito! —Emma tomó las manos de su chico, mirándolo con bastante ternura, melancolía. No quería que se fuera de su lado, menos si él no lo deseaba… - Todavía tenemos todo un día para pensarlo ¿verdad? Te aseguro que lo lograremos. Pero por favor, no te vayas…-

Los ojitos de Emma lagrimearon. Oh no, cuan culpable…

Cuan miserable se sentía por ser la razón de que su hermosa Emma llorase.

Ah. No quería.

No quería irse de su lado en lo absoluto.

Si se le estaba permitido, quería tener un poco de esperanza.

Antes de darse cuenta, encontró sus propios ojos lagrimeando en cierta angustia.

-Emma…- pronunció el joven albino antes de que su novia lo cubriera en un cariñoso abrazo en aquel atardecer, en el patio de la academia junto a su otro par de amigos.

-Está bien, encontraremos la forma de estar juntos. —Ella le daba esperanza. Le daba calor, y el brillo de su tierna esperanza.

Rodeó a su novia desde la cintura, correspondiendo su abrazo.

Ah, Emma era tan pequeña y tierna.

-Sí. —

Emma, Ray y su vida en la academia era todo lo que tenía. No le importaba graduarse a temprana edad de la universidad. No le importaban las riquezas de su familia, ni los lazos superficiales de la misma. Nada de eso tenía valor alguno.

Quería su vida junto a ellos más que nada en todo el mundo, y por eso…

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

..

.

.

.

.

.

.

.

.

.

El día siguiente llegó.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Como era usual, Emma, Norman y Ray se reunían en la entrada de la academia antes de entrar juntos a clases.

Emma y Ray llegaron antes que su albino compañero, lo cual era inusual… pero decidieron esperar un poco.

-Diablos, te ves terrible. —Chistó el pelinegro al llegar, observando las profundas ojeras de su mejor amiga, quien estaba despierta pero en realidad no lo estaba. Parecía un zombie, apenas se había peinado y no dejaba de bostezar.

-El burro hablando de orejas. Tú también te ves terrible. —clamó Emma mirándolo apenas. Cada uno tenia los ojos profundamente enrojecidos además de visibles ojeras, casi como si no hubiesen dormido en toda la noche pensando en algo, y es que…

-Escucha. Ya sé cómo hacer que Norman no deba marcharse. Lo pensé toda la noche…- Agregó la chica de (enrojecidos) ojos verdes mirándolo con determinación.

-Pensé en muchas formas, y al final lo mejor es…- frunció el ceño.

-Secuestrarlo. —

-…- Ray estuvo a punto de estar de acuerdo, a esas alturas cualquier idea le parecía adecuada pero en cambio, abrió los ojos en sorpresa -¿Qué?!

-No es tan malo como suena. Verás, puede quedarse algunos días en mi casa, y algunos días en la tuya, así no lo encontrarán—Dictó, levantando el dedo índice. –Digo, tal vez tenga problemas en mi casa y debamos dormir en cuartos separados, pero es mucho mejor a que deban llevárselo, no crees?-

-Mmm, sí. Tal vez es mejor que mi idea de provocar un incendio en su casa…- dijo, mirándola.

-¡¿Un incendio?!

-No me mires así. Secuestrarlo también es bastante descabellado. No dejaran de buscarlo. —Ray levanto su dedo índice. –Y honestamente no tardarían en encontrarlo, tendrían patrullas dia y noche buscándolo. Incluso podríamos ir arresta-…-

-¡No me importa! Encontraremos la forma de ocultarlo. Tenemos que hacerlo. No quiero que se lo lleven… - Expresó, con una mirada acongojada. –Además, estuve gran parte de la noche hablando con papá y Tío Yuugo para convencerlos. ¡Ya no hay vuelta atrás, ellos aceptaron! -

-¿Ellos aceptaron algo así? —

-Si! ¡Ya sabes, la mirada de cachorro nunca falla! —agregó volviendo a su temple sonriente.

-Diablos, ustedes las mujeres dan miedo. —Ray suspiró, acomodando una mano en su frente, pero muy luego esbozó una sonrisa decidida.

-Ok, entonces haremos eso. Es infinitamente mejor a que deba irse en contra de su voluntad. –Concluyó, ambos sonrieron y… miraron hacia adelante

Había algo que comenzaba a incomodarlos.

-Norman está tardando…. ¿Verdad? —proclamó Emma, nerviosa. –No es propio de él… S-Siempre llega primero que nosotros…-

-Sí…-

De pronto, los dos sintieron un desagradable frío recorrerles la espalda.

Emma tomó su celular, comenzó a llamarlo.

No contestaba.

Oh.

-… ¿No será que…?—Ambos se miraron completamente espantados por unos segundos.

-El peor… escenario posible.-

Y ambos, sacando energía de donde no la tenían luego de no poder dormir, como si una chispa de horror hubiese explotado en sus pechos, comenzaron a correr lejos de la academia con todo lo que sus pies les dieron.

Oh no, por favor.

Que su peor temor no se hiciera realidad.

Por favor.

''¡Norman….!''

Emma pensaba en la situación menos favorable para su corazón.

Su pecho se apretó y también su garganta. No era usual, él siempre llegaría primero…

'' ¿Llegar tarde…? Haha, eso haría que perdiese la hermosa sonrisa de Emma por las mañanas…''

''Dijiste que querías ver mi sonrisa.''

''… Y no puedo permitir algo así ¿verdad? Me gustaría ver a Emma… Siempre…''

.

.

.

.

.

.

.

Los agitados pasos iban en una sola dirección.

-¡Ábrannos la puerta, por favor! —Clamó Emma cuando por fin tocaron los amplios portones de la mansión Ratri. Apenas respiraban de tan rápida que había sido la maratón hasta su casa, y es que…

-Jóvenes… ¿Emma y Ray? —Preguntó la criada que amablemente les abrió la puerta, ella tenía un rostro impresionado, y un poco acongojado.

-Señorita! Hemos venido porque Norman está atrasado y…- Emma la miró fijamente luego de tomar un poco de aire. –Él … debe haberse dormido, ¿verdad? Haha…-

-…- Pero no obtuvieron respuesta alguna de la mujer.

-Señorita Emma…- Ella quiso decir algo, pero Emma no quiso escucharla decirlo.

-¡Emma! —Clamó Ray cuando la jovencita se adentró impulsivamente por los senderos de la mansión en busca de llegar a la casa…

Topándose con una desagradable sorpresa al ingresar.

-¿Hmm…? Oh.

Un hombre de rubia cabellera se volteó para ver a la muchachita que, jadeando ligeramente, lo observaba exigiendo una respuesta… sin siquiera saludar antes.

-¡Pero qué sorpresa! Tú debes ser… ¿Emma, ¿verdad? —

El hombre le dedicó la sonrisa más hipócrita que jamás vio en una persona antes.

¿Cómo era posible que alguien así fuera el familiar de su cándido y amable novio…?

-Has llegado justo a tiempo para…-

-¡¿DÓNDE ESTÁ NORMAN?!—Exigió saber la pelirroja antes de siquiera saludar.

No se sentía con ganas de saludarlo a él.

-Huh…- Peter esbozó una sonrisa torcida ante la audacia de la muchacha que veía frente a sus ojos. No había dudas de por qué su hermano se había enamorado de ella, y no lo decía en el mal sentido. Era brava y valiente. Estaba en la casa del enemigo…

Pero aun así mostraba sus garras sin pensarlo.

-Calma, calma. Estoy a punto de llegar a la parte interesante. —Clamó el hombre en un eleggante suit blanco. Ray llego momentos más tarde, mirando a aquel sujeto con bastante molestia.

-Digamos que su querido amigo…- Comenzó a hablar Peter, avanzando con cuidado por el salón en donde se encontraban, sonrió.

–Era un poco molesto para mis planes. Pero también muy arrogante ¿No creen? —

Se posó frente a ambos muchachos.

-El tiene la inteligencia suficiente para graduarse de inmediato de la universidad, pero elige quedarse en la academia… Veamos…- fingió tristeza.

Diablos, Emma sentía la necesidad de patearlo.

-…Él elige quedarse en la academia. ¿No les parece eso egoísta? Seguramente ve a todos los demás…- Los miró con cierto deje de desprecio.

–Como una multitud benévola para alimentar su ego.—

Emma apretó su puño enfurecida.

-Sí, al estar en un lugar en donde todos tienen un intelecto inferior, seguramente alimenta su autoestima. Es despreciable ¿No creen? – Peter extendió sus brazos. –Como los mira día a día, como entes inferiores, sabiendo que no pueden superarlo. Es totalmente repugna-…-

-¡CÁLLATE!- gritó Emma, sin poder dejarlo continuar.

–Te equivocas, te equivocas, te equivocas… ¡Te equivocas! -

Avanzó un poco más. Tenía que demostrarle la radiante furia de sus ojos.

No permitiría que alguien hablase así de la persona más amable que conocía.

-¡Norman no es así! Se supone que eres su hermano … ¡Y nisiquiera lo sabes! - clamó, apretando los dientes.

-¡Es cierto que es el mejor en nuestra academia, pero él jamás haría algo como mirarnos sobre su hombro! —clamó sumamente segura de sus palabras.

Norman era del tipo que explicaba con genuina paciencia y dedicación todo lo que él sabía. Siempre lo veía siendo un ejemplar tutor, un modelo a seguir para los estudiantes de Neverland Gakuen, teniendo una sonrisa que no sólo era hermosa y pacífica, si no que estaba siempre dispuesta a ayudar a quien sea cuando lo necesitase.

. – Lo único que él quiere es vivir una adolescencia plena y feliz junto a sus amigos… - Emma sentía rabia, había muchas emociones negativas en su pecho. No podía creerlo …

-¿Por qué ese es un pecado para ti? ¿Por qué para ti, él no tiene derecho a ser feliz?!—

-Derecho a…. ¿Ser feliz? —Peter rió aparentemente divertido ante esas palabras.

-Niña, realmente tu pobreza ha dejado trazos en tu forma de ver la vida. Ustedes, el resto de la gente, puede vivir ''feliz'' en su ignorancia… - Agregó. Peter era alguien que sí los observaba desde el hombro. Los consideraba inferiores…

-Pero eso no corre aquí. Somos gente con educación, nos hacemos cargo del mundo.—

Se acercó a Emma con una sonrisa bastante tétrica.

-El destino de Norman estaba decidido incluso antes de que naciera. ¿Crees que algo como ''ser feliz'' se ha contemplado en dichos planes?—

Ante esas palabras, la furia de Emma no hizo más que aumentar.

-¡Desde luego que…!—

-Ya no sirve de nada argumentar, querida. —Peter le dio la espalda.

-Norman fue enviado a Inglaterra esta mañana, y no volverá… ¿quizás en varios años? - La observó desde adelante.

- Seguramente pensaron que sería mañana, pero no quise esperar ni un segundo más… ¿Quién sabe lo que pueden estar planeando unos mocosos pobres como ustedes?

Oh no

Oh…

-…- Emma y Ray apretaron los dientes en frustración, siendo Emma quien prontamente sentía el mundo írsele abajo…

-Aparentemente, estos mocosos te dieron miedo, ya que adelantaste tus planes. —Habló Ray con una mirada cortante hasta él, pero Peter ya no estaba preocupado.

-No soy estúpido como para subestimar… cualquier clase de truco barato que ustedes pudiesen utilizar. – Clamó, sin interés.

- Podía ser un mal para mis planes… Pero, de todos modos, los felicito. Se dieron cuenta rápido, y dentro de esa academia, ustedes son los únicos que pueden seguirle el paso a Norman… - Comenzó a avanzar.

-Lástima que eso ya no sirva de nada. - Nuevamente esbozaba una sonrisa torcida.

- ¡Hurra! Gracias al sacrificio heroico de mi hermano, ustedes podrán estudiar en la universidad… y yo no tendré obstáculos.—Rió aparentemente… feliz.

Era una persona rota.

-¿No les parece esto una situación ganar-ganar?!-

Peter desapareció adentrándose en la casa y entonces, Emma sintió sus piernas fallarle, haciendo que cayese al piso de rodillas, desesperada.

Peter había ganado.

Y ella… ni siquiera pudo despedirse de él.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

¡Próximo capítulo es el último! ¡Muchas gracias para quienes están siguiendo esta historia, los quiero mucho!