Sempiterno querer
Por: Yuuki
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Resumen: "Hey, Sakura, mi hermano mayor necesita un lugar donde quedarse ¿Estás de acuerdo con ofrecerle la ex habitación de Naruto?" "Claro que sí" dijo ella, sellando así su destino sin si quiera imaginar cómo iba a cambiarle la vida con ello.
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Capítulo II
Desvergonzada
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Llevaba ya un par de meses viviendo con su hermano en la casa de Sakura y hasta entonces todo había marchado mucho mejor de lo que hubiese esperado.
Para comenzar sus niveles de estrés se habían reducido considerablemente, mientras que su humor se mantenía regularmente bueno.
No había sido necesario hablar con Izumi más que un par de veces y por motivos de fuerza mayor, sin embargo, el trato se había mantenido dentro de la cordialidad así que no se veía mayormente afectado.
Por otro lado, su hermano y Sakura lo habían hecho sentir bienvenido desde el primer momento, así que rápidamente se adaptó a las rutinas de la casa, además, le agradaba de sobra la organización con la que se manejaban esos dos, dividiendo las tareas del hogar de forma semanal y cumpliéndolas responsablemente.
Aunque todo parecía marchar de la mejor manera, había un simple detalle que a Itachi lo sacaba de sus cabales.
Hace unas semanas la pelirrosa había retomado sus clases, lo que significaba retomar también su apresurado, y algo descuidado, estilo de vida. Durante aquellos días se percató de que la muchacha realmente vivía a tiempos y horarios totalmente diferentes, pues con su internado clínico no sólo tenía que estar disponible todos los días de la semana y al cualquier hora, sino que además debía trabajar extensos turnos que la obligaban a dormir más de algún día en el hospital, así también le tocaba hacer varios turnos de noche.
Aquello prácticamente la tenía corriendo en casa, de un lado para otro, haciéndole olvidarse de cosas tan básicas como comer o incluso vestirse.
Sí, en más de una ocasión le había tocado verla a medio vestir o más bien apenas vestida.
La primera vez él estaba tomando café tranquilamente en la cocina, en compañía de Sasuke a quien le comentaba su día anterior de trabajo mientras el menor se preocupaba de lavar los trastes de la cena, cuando de pronto el mayor de los Uchiha se quedó en silencio al escuchar unos apresurados pasos bajar la escalera.
Con curiosidad Itachi había volteado la mirada hacia la puerta de la cocina, esperando ver ahí a la dueña de aquellos pasos y así fue, sin embargo, absolutamente nada lo había preparado para la impresión que le causó ver a la joven vestir apenas una camiseta interior y sus bragas, que según alcanzó a ver, eran de un suave color menta.
¿Importaba el color? No. En absoluto, pero lo había visto y probablemente jamás iba a olvidarlo.
Aunque hubiese deseado mantener la compostura, la pelirrosa lo agarró en mal momento, pues el hombre había estado bebiendo un largo trago de su café matutino cuando ella hizo su aparición, provocando ahogarse con su propia bebida.
En un inútil intento de disimular el efecto que había tenido en su persona ver en aquellas condiciones a la muchacha, volteó rápidamente el rostro y aclaró su garganta, intentando así disfrazar su tos.
"¡Sasuke! ¿Dónde está mi uniforme clínico?" Cuestionó la muchacha con una expresión preocupada.
Ante el cuestionamiento de ella, y en especial ante los sonidos emitidos por su hermano mayor, volteó para observarlos a ambos.
Enarcó una de sus cejas cuando comprendió, en tiempo récord, la causa de aquella perturbación sufrida por Itachi.
Entendía perfectamente bien que su hermano hubiese reaccionado así, después de todo, él mismo casi quiso morirse la primera vez que su desvergonzada amiga se paseó en condiciones similares por la casa, pero a esas alturas de la convivencia, ya estaba prácticamente acostumbrado a esa y otras muestras más de la poca vergüenza que sentía la Haruno.
"No me correspondía hacer la lavandería esta semana." Fue todo lo que respondió, encogiéndose de hombros. Casi no podía disimular la sonrisa de pura diversión que le causaban las expresiones de su hermano mayor. "Aprende a vestirte en tu habitación, idiota."
"¡Lo haría si tuviese alguna idea de dónde carajos está mi uniforme!" Exclamó exasperada ella. "Además, tus novias se pasean con mucha menos ropa por mí casa, así que no finjas Incomodidad."
"No soy yo el que está incómodo." Dijo, exponiendo sin ninguna clase de remordimiento por delatar a su hermano. "Itachi, ¿No te tocaba a ti encargarte de la ropa?"
Nunca en su vida había odiado tanto a su hermano menor como en aquel momento.
Volvió a aclarar su garganta y asintió, respondiendo así a la pregunta de Sasuke. Estaba intentando juntar valor para voltear y poder contenerse de mirar demás a la joven apenas vestida que estaba de pie en la cocina.
"Está en el cuarto de lavado tu uniforme, doblado." Mencionó el Uchiha dirigiendo su mirada hacia el rostro de ella, o intentándolo.
Al instante y sin vergüenza alguna Sakura cruzó por toda la cocina en dirección al mencionado cuarto, siendo seguida por un par de ojos que, aunque lucharon por no hacerlo, no pudieron evitar fijarse en todo su cuerpo.
"Baboso." Fue lo que dijo Sasuke antes de que la chica volviese, llamando la atención del mayor.
Iba a replicar por el comentario del otro Uchiha, pero lo detuvo la aparición de la pelirrosa en la habitación, aún sin vestir.
"Sakura, vístete." Espetó el Uchiha menor.
"Ah, por favor, no es la primera vez que Itachi-san ve a una mujer en ropa interior." Se defendió ella mientras se vestía rápidamente.
No, pero si es la primera vez que te veo a ti en ropa interior. Deseó replicar Itachi, pero simplemente guardó silencio y enseñó una media sonrisa a la chica que en cuanto estuvo vestida, abandonó la habitación.
"¿Nervioso, Itachi?" Por su puesto no iba a desperdiciar la oportunidad de sacarlo de quicio un rato.
"En absoluto". Respondió él, y era cierto, un poco. No se sentía nervioso como tal, pero sí emboscado, después de todo en ninguna circunstancia había imaginado ver a la joven doctora en aquellas condiciones y lo que era peor y sí le invitaba un poco al nerviosismo: no le desagradaba en absoluto la idea de tener que adaptarse a aquella costumbre de la Haruno.
"Hazte a la idea, y por favor controla tus expresiones que esa tonta no tiene un ápice de vergüenza. Es capaz de meterse en el baño cuando estés duchándote y sólo para contarte cómo casi atropella a un perro en el camino."
Esa fue la primera de muchas veces que le tocó ver en esas condiciones a la joven y cada vez que se repetía algún acontecimiento de ese tipo reafirmaba su creencia de que aquella niña ignoraba por completo lo que era la vergüenza o incluso, la consideración, porque si ella fuese lo suficientemente considerada para imaginar, aunque sea una parte de todo lo que le pasaba al Uchiha al verla de aquella forma, definitivamente no se pasearía en ropa interior frente a él.
Pero aquello no sucedía y a Itachi no le quedaba más que reprimir cualquier tipo de reacción en aquellas circunstancias, aunque con el paso del tiempo se le dificultaba aquella tarea.
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Despertó de golpe, con la respiración agitada y una fina capa de sudor adornando su frente. Todo en la habitación estaba absolutamente oscuro, indicándole que aún faltaba para el amanecer.
Con movimientos pesados dirigió su mano hacia la mesita de noche, en busca de su móvil, mientras por su cabeza se repetían una y otra vez las imágenes que con anterioridad había estado soñando.
Eran las tres de la mañana.
Soltó un largo suspiró cuando con lentitud se sentó en la cama. Se sentía frustrado y cansado, no tenía ganas de hacer parte de su rutina aquella ducha de agua fría que se veía obligado a tomar a esas horas de la madrugada, el problema es que últimamente estaba necesitándolas y mucho más seguido de lo que incluso le gustaría admitir.
Sin detenerse a pensar más en ello, se puso de pie para ir en busca de una toalla en el armario. Aquella noche Sasuke no estaría en casa y antes de irse a dormir, no sintió llegar a la pelirrosa, así que asumió que se quedaría en el hospital por aquella noche, por lo que, para su suerte, estaba solo.
Intentando borrar cualquier rastro de sus sueños de sus pensamientos encaminó sus pasos hacia el segundo nivel, en busca del baño donde tomaría una larga ducha de agua lo suficientemente helada como para calmarle.
Y así fue, permaneció muchísimo tiempo bajo el chorro de agua fría, dejándose empapar el cabello y refrescar el cuerpo con la inagotable cantidad de gotas frías que caían desde arriba.
Aunque comenzase a odiar aquella rutina de levantarse a duchar a esas horas de la madrugada, no podía negar lo agradable que se tornaba quedarse bajo el agua fría relajando poco a poco el cuerpo y bajando lentamente su temperatura.
Quizás lo que realmente estaba odiando era el motivo más que la ducha como tal.
Después de haber perdido noción del tiempo que llevaba ahí, cerró la llave de agua y estiró una de sus manos para alcanzar la toalla que había traído con él. Secó un poco su cuerpo y sus cabellos antes de salir para así no hacer un desastre en el piso con el agua que escurría por su piel, y ya una vez fuera, se dedicó a secarse más cuidadosamente, en especial el cabello.
Mientras completaba aquella tarea se paró frente al espejo, donde luego de observarse detenidamente su reflejo llegó a la conclusión de que quizás sería buena idea cortarse el cabello. Ya estaba llegándole por debajo de los hombros y no le vendría mal un pequeño recorte.
Iba a considerarlo.
Cuando se volteó en busca de su pijama fue que se percató que el pantalón había caído en la ducha y se encontraba ahora totalmente empapado. Probablemente debió arrastrarlo cuando alcanzó la toalla.
Se acercó para recogerlo y dejarlo en el cesto de la ropa sucia que se encontraba en el lugar, por mientras simplemente se cubriría con la toalla que acababa de usar y ya en su habitación buscaría otra prenda para poder continuar durmiendo.
Luego de poner todo en orden en el baño se retiró de la habitación, apagando la luz tras de sí. Ahora, si la vida se lo permitía, intentaría dormir las cuantas horas que restaban para el amanecer.
"¿Itachi-san?"
Por dentro casi se quiso morir del susto. Tenía la seguridad de haber estado solo en casa, así que por ningún motivo espero encontrarse con alguien a la salida del baño, muchos menos con Sakura.
La chica estaba de pie en la entrada de su cuarto, vistiendo su ropa de trabajo.
"¿Acabas de llegar?" Cuestionó él, acercándose unos pasos en su dirección. Ella prendió la luz de su cuarto para poder iluminar un poco el lugar, luego asintió.
"Estuve en una cirugía muy larga, así que mi turno se extendió." Explicó la pelirrosa cruzándose de brazos mientras que su mirada recorría sin disimulo alguno el cuerpo del mayor.
Itachi se percató de esto y no se esforzó por disimular la sonrisa orgullosa que se apoderó de sus labios.
"¿Resultó bien?"
Ella negó y dirigió sus ojos a los oscuros de él.
"Hubo complicaciones serias. Intentamos todo, pero finalmente no sirvió de nada, así que después de hablar con la familia y terminar el papeleo, pasé al bar que está cerca del hospital a tomar un par de tragos."
El pelinegro enarcó una de sus cejas y se aproximó lo suficiente a la Haruno como para apoyar una de sus manos en su cabeza.
"Hey, ¿te encuentras bien?" Al instante ella asintió, devolviéndole una sonrisa por aquel gesto.
"Sí, claro que sí, sólo estaba molesta y frustrada, necesitaba distraerme un poco, además mañana tengo un día libre."
El Uchiha dio un par de asentimientos cuando ella hablaba, mientras sus dedos, que habían estado jugueteando con sus cabellos, se deslizaron suavemente hacia su rostro con la intención de repartir un par de caricias.
La menor se dejó acariciar sin problemas, después de todo se le tornaba relajante aquel contacto, pero lo que sin duda alguna no le calmaba ni un poco, era el hecho de tener a aquel hombre cubierto por una toalla amarrada a la altura de sus caderas, dejando todo su bien trabajado cuerpo adulto al descubierto.
Aquella imagen sería muchísimo más fácil de soportar si no tuviese un par de tragos encima, y es que, aunque no estaba ebria, no había salido invicta del bar.
"¿Qué hacías duchándote a esta hora?" Cuestionó ella, señalando con el índice la toalla que portaba él.
"Sólo tenía ganas de hacerlo." Murmuró como respuesta. En su rostro aún se observaba aquella sonrisita seductora.
"¿A esta hora?" Dijo enarcando una de sus cejas "Bueno, yo igual tengo ganas de hacerlo." Mencionó después de encogerse de hombros.
Esta vez fue el turno de Itachi para enarcar una de sus cejas, provocando que la joven no sólo se sonrojara, sino que también se riese nerviosamente.
"Me refiero a una ducha." Corrigió luego de percatarse de que sus palabras podrían haberse malinterpretado.
"Claro, hablábamos de una ducha ¿No?" Con aquella frase el Uchiha sólo logró hacer reír más a la Haruno.
"¿De qué más podríamos estar hablando, Itachi-san?" Cuestionó, haciendo un especial énfasis en el sufijo que agregó a su nombre. El pelinegro simplemente negó brevemente con la cabeza.
"Creí haberte pedido que dejaras el sufijo. Antes no lo usabas." Comentó refiriéndose a aquellos tiempos en los que la muchacha era una adolescente.
"Antes no estabas casado."
Itachi abrió ligeramente los ojos en señal de sorpresa. No se esperaba esa respuesta.
"¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?" Retiró la mano que hasta entonces había estado repartiendo caricias en su mejilla para cruzar sus brazos sobre su pecho.
"Acércate, esto es un secreto." Murmuró con una sonrisa en los labios a la par que hacía un gesto con la mano para que el pelinegro se inclinase un poco.
Sin hacerse esperar Itachi se acercó lo suficiente a ella, quedando a unos escasos centímetros a su rostro para que Sakura pudiese confesarle aquel secreto.
"Poco después de que te casaras Izumi-san, ella me pidió que te tratase más respetuosamente porque ya eras un hombre casado, pero realmente me lo dijo porque sabía que yo estaba enamorada de ti cuando era más pequeña."
Bueno, acababa de soltarle dos cosas que el Uchiha había vivido ignorando toda su vida, sin embargo, la que más le interesó y causó sorpresa fue la segunda.
Moviendo su rostro un par de centímetros terminó de acortar la distancia que los separaba. Había apoyado su mejilla en la de la muchacha, de forma que sus labios alcanzaban perfectamente su oído.
El sentir la respiración del pelinegro le causó un cosquilleo que recorrió su cuerpo completo.
"Nunca mencionaste estar enamorada de mí." Dijo en un susurro grave, casi ronco.
Sus palabras y el tono no pudieron parecerle menos que sensual.
"Estabas recién casado, no tenía sentido alguno mencionarlo, además, sólo era un enamoramiento infantil."
A tan escasa distancia podía sentir cómo los cabellos negros de él le cosquilleaban el rostro, pero también podía sentir el aroma que emanaba aquel sujeto, una mezcla entre el champú, el jabón y el aroma natural de su piel.
Su cordura estaba en grave peligro en aquella situación.
"¿Ahora sí tiene sentido mencionarlo?" Volvió a susurrar, rosando a propósito sus labios con la oreja de la joven.
"No vas a hacerme decir algo comprometedor, I-ta-chi." Murmuró, luchando por mantenerse fuerte, aunque hasta el último centímetro de su piel se erizó al sentir el rose de sus labios.
"De todas formas, ya dijiste suficiente." Dijo alejándose a una distancia mucho más prudente para ambos.
No era simplemente Sakura quien sentía cómo sus fortalezas se debilitaban y comenzaban a ceder ante lo encantos del Uchiha. Para Itachi también estaba resultando bastante difícil controlar sus crecientes impulsos. Al estar tan cerca de su rostro podía sentir ese exquisito aroma a flores que toda la vida había tenido, pero además percibía un pequeño toque de alcohol, probablemente proveniente de las bebidas que tomó antes de llegar a casa, y como si aquello no fuese suficiente la pelirrosa le estaba provocando descaradamente con aquella confesión que acababa de hacerle.
¿Estaría probando su fuerza de voluntad? Quizás simplemente el alcohol le había puesto más conversadora, sin embargo, Sakura sabía que estaba jugando con fuego y que estaba por quemarse.
Y a Itachi le sobraban las ganas de hacerla arder.
Se quedaron en silencio un tiempo, cada uno contemplando al otro, ensimismado en las facciones ajenas, en su apariencia y hasta incluso en el ritmo de la respiración del otro.
Cualquier cosa ajena a ellos simplemente había dejado de existir.
Fue la Haruno quien rompió aquella conexión cuando estiró una de sus manos hacia el más alto, que, ante aquel gesto, se inclinó un poco hacia ella, curioso de su accionar. La muchacha apoyó su mano en la mejilla ajena para poder acomodar unos mechones de cabello tras su oreja, y seguidamente apoyó su mano libre en el pecho desnudo de él.
Itachi simplemente la contemplaba, en silencio.
Con suavidad deslizó sus dedos hacia la nuca del otro, hundiéndolos en el camino entre aquellas hebras oscuras de cabello.
Sus ojos verdes estaban fijos en los labios del mayor, dándole una clara señal al otro de hacia dónde encaminaba sus acciones.
Se alzó en las puntas de sus pies casi al mismo tiempo que el mayor rodeaba su cintura con ambos brazos para poder acercarla más a su cuerpo, y sin decir nada ambos fueron al encuentro del otro.
Ninguno de los dos estaba pensándolo detenidamente, pero en el momento la tentación fue demasiado grande para poder resistirla, además, el cuerpo completo les gritaba que aquella era una excelente idea.
Primero fueron unos roses, pero Itachi pronto se encargó de profundizar aquel contacto cuando con la punta de su lengua buscaba abrirse paso por entre los labios de la pelirrosa, quien sin demora le permitió el acceso e inició una pequeña batalla entre sus bocas.
El contacto estaba profundizándose demasiado rápido y de una forma muy natural para ser aquella la primera vez que se besaban, pero se sentían demasiado a gusto como para si quiera pensar en bajar unos niveles de intensidad.
Durante su adolescencia Sakura literalmente había anhelado compartir un momento como aquel con ese hombre, pero era una tontería. Ella apenas tenía dieciséis y él ya tenía veintitrés años, además de ya estar casado, así que pronto el anhelo no quedó más que como un deseo platónico y totalmente irrealizable.
Hasta aquel momento, cuando ella ya tenía veinticuatro años y él treinta y uno, cursando por un divorcio.
Itachi por su parte llevaba varios días soñando con situaciones similares, trabajando por mantener a raya sus deseos, pero cediendo a la tentación a mitad de noche, cuando ya estaba profundamente dormido.
La principal explicación que se daba para justificar aquella clase de sueños era la cantidad de tiempo que había transcurrido desde su última actividad sexual (mucho más de lo que admitiría jamás en voz alta), pero al verse en la misma situación que había soñado otras veces, después de haber probado sólo un beso de ella, su explicación se había ido a la basura.
Sí, quizás si fuese un factor influyente, pero más importante era lo exquisito que se le tornaba estar probando a aquella jovencita. Su sabor con un tenue toque de alcohol, su cuerpo pegándose al propio en busca de un contacto más íntimo, los suspiros que soltaba contra sus propios labios cuando se alejaba por una milésima de segundo en busca de aire, sus manos jugueteando entre su cabello y su pecho, la propia curva de su cintura, todo se le tornaba exquisito, mucho más de lo que sus sueños le habían advertido que sería.
Las manos del mayor pronto pasaron de estar estáticas en su cintura a recorrer toda la extensión de su espalda, con lentitud e intensidad, por debajo de aquella camiseta que vestía. A la par, sus labios abandonaron los de la Haruno aún a pesar de sus protestas y reclamos, que no tardó en acallar con los húmedos besos que comenzó a repartir en la tersa piel de su cuello.
Fue ella quien al retroceder unos pasos le invitó a adentrarse en su habitación y desde ahí ambos recorrieron de forma casi automática el camino hacia la cama.
Las manos de ella ejercieron una leve presión en su pecho, como petición para que se sentase.
Itachi obedeció sin pensar, sentándose al borde de la cama y atrayendo hacia sí a la muchacha. Aprovechó aquella cercanía para observar brevemente sus facciones, no quería perderse ni un solo detalle de sus expresiones.
Ante la intensa mirada soltó una risita nerviosa.
"¿Tengo algo en la cara?" Cuestionó ella.
El pelinegro negó, dedicándose a prestar atención a sus sonrojadas mejillas, a sus labios húmedos y su cabello ligeramente desordenado.
"Absolutamente nada." Agregó después, invitándola a sentarse sobre sus piernas.
Tras un intercambio de sonrisas la Haruno procedió a sentarse a horcajadas sobre él, apoyando sus rodillas en la cama, y a la vez, Itachi la despojó de su camisa en un ágil movimiento, dejando a la muchacha con un brasier que pedía a gritos abandonar aquel cuerpo, según el mayor.
Fue Sakura quien buscó los labios del pelinegro, se apoderó de ellos y decidió quedarse ahí el tiempo que se le antojase, hasta que lograse saciar sus ganas de Itachi. El mayor, por su parte, mientras correspondía a los besos que recibía por parte de ella, se dedicó a llenar su cuerpo de caricias, caricias suaves por su espalda, por sus hombros, por su cintura y sus caderas, después traviesamente recorría su abdomen, jugueteando con el borde de su pantalón o con el borde de su brasier.
Cada tanto sus dedos se deslizaban bajo el broche de aquella prenda que mantenía prisioneros a sus pechos, se entretenía jugando con él, simulando que lo soltaría en cualquier momento, para instantes después, continuar recorriendo su piel como si nunca hubiese considerado siquiera aquella opción.
Le agradaba sentir como cada vez que sus dedos se acercaban demás a sus senos ella soltaba un corto y casi desesperado suspiro, gesto que únicamente servía para tentarlo.
Pese a lo mucho que le encantase corresponder a los besos de la pelirrosa, no tardó en ceder al deseo de besar más que sólo sus labios por lo que retomó los besos que estaba dejando antes en el blanquecino cuello de la chica y comenzó a trazar un camino de besos y lamidas por su cuello, hacia sus hombros y después hacia sus pechos. Se concentró en aquel área en particular mientras que sus manos jugueteaban entre sus muslos y su trasero, apretando por sobre la ropa que aún vestía la menor.
Ante los suspiros que ella dejaba escapar y que interpretaba como una clara invitación a continuar con sus acciones, dirigió una de sus manos nuevamente hacia su espalda, al lugar donde se encontraba el broche del brasier que con un hábil movimiento soltó para seguidamente retirar por completo la molesta prenda que le impedía continuar llenándola de besos.
No prestó atención hacia dónde fue a arrojar dicho objeto, de hecho, dejó de prestar atención a cualquier cosa que no fuese la persona que tenía sobre sí.
Con la misma mano que acababa de liberarla de aquella prenda se encargó de repartir suaves caricias en uno de sus senos, mientras que sus labios y lengua se ocupaban de atender íntimamente el otro.
Unos suaves gemidos no tardaron en escapar de sus labios.
"Al menos cierra tu maldita puerta, idiota."
Tanto Itachi como Sakura se quedaron congelados en el lugar en el que estaban al escuchar aquella molesta voz.
¿En qué momento…?
Ambos estaban completamente seguros de haber estado solos en casa ¿Cómo era posible que no se hubiesen percatado de la llegada del Uchiha menor?
Sakura estaba de espaldas a la puerta, por lo que únicamente podía verse su espalda cubierta por sus cabellos, sin embargo, para Itachi la historia era diferente.
"¿Es en serio?" Masculló el mayor en un susurro, liberando el cuerpo de la muchacha y apoyando su frente en el hombro desnudo de ella. Soltó un largo suspiro cansado, frustrado, incluso un poco avergonzado.
Se quedó así, en esa posición y se mantendría así todo el tiempo que fuese suficiente en un intento de que Sasuke no se percatase de que el hombre con el que estaba su mejor amiga era justamente su hermano mayor.
"¡Lo siento!" Exclamó ella, sin saber si las disculpas iban para Itachi o para Sasuke, quizás para ambos. Comprendiendo las intenciones del mayor de permanecer en el anonimato, y compartiéndolas plenamente, rodeó su cuello con sus brazos, intentando ocultar su rostro.
"Sólo cierra tu maldita puerta." Volvió a mascullar. "Y no arrojes tu estúpida ropa interior fuera de tu cuarto." Agregó a la par que se agachaba a recoger el brasier que momentos antes Itachi había arrojado, aparentemente, fuera de la habitación. Sin cuidado alguno se lo arrojó directamente a la espalda de la joven, quien respingó al sentir el inesperado impacto que le obligó a voltear el rostro sorprendida.
"¡Vete a tu maldita habitación para poder cerrar mi puerta!" Exclamó exasperada.
"¿Itachi…?"
El pelinegro soltó un gruñido frustrado.
Sakura no sabía si reír como una demente o simplemente llorar por aquel accidentado final.
"¡Vete a tu cuarto Sasuke Uchiha!" Exclamó la Haruno.
Aquello no sirvió más que para confirmar que el hombre sobre el cual estaba la muchacha era, efectivamente, el hermano mayor de Sasuke quien, al ver sus sospechas ciertas, no pudo más que emitir un sonido que se escuchaba como genuinamente asqueado.
"¡Ughh! ¿Tenías que acostarte con mi hermano?" Cuestionó antes de cerrar abruptamente la puerta de su habitación.
Momentos después de aquel portazo Itachi levantó su cabeza y apoyó ambas manos en la cama para poder inclinarse hacia atrás y tener el apoyo necesario.
Su oscura mirada se fijó primeramente en los ojos jade de ella y en su rostro cuya expresión se notaba entre avergonzada y divertida, lo que le invitó a enarcar una de sus cejas.
La muchacha cruzó sus brazos a la altura de su pecho, con la intención de cubrirse un poco ahora que el calor se había disipado gracias a una inesperada interrupción, para no sentirse tan expuesta.
Una lástima. Pensó el Uchiha que se veía bastante privilegiado con aquella vista.
Ninguno de los dos sabía bien qué decir en ese momento, o qué hacer, así que se quedaron mirando por varios instantes más, buscando liberarse de aquello de la forma menos incómoda posible.
"Creo que debería volver a mi habitación antes de…" Lo intentó, pero no se le ocurrió ninguna excusa razonable, así que simplemente suspiró. "Creo que debería volver a mi cuarto." Repitió esta vez, sin intentar poner una excusa.
Ella asintió y con cuidado y lentitud se levantó para dejarle el camino libre. Con su mirada buscó la camiseta que traía antes hasta dar con ella. Se acercó a recogerla y aprovechó de darle la espalda al más alto mientras lo hacía, al menos intentaría darle las buenas noches vestida como correspondía, o casi.
El pelinegro se levantó y siguió con la mirada las acciones de la joven, pero antes de que ella pudiese ponerse aquella camiseta, él se acercó por detrás y tomó su cintura entre sus manos, obligándola a girarse.
"Descansa." Murmuró a escasos centímetros de sus labios.
Después de darle un muy intenso beso de buenas noches se retiró con dirección a su habitación.
Sakura cerró la puerta, apagó la luz y se arrojó a la cama, dejándose torturar por todos los pensamientos que le decían por qué aquello había estado tan mal, pero a la vez reviviendo cada escena que se había grabado a fuego vivo tanto en su piel como en su memoria, y disfrutando mucho más de lo correcto de aquellos recientes recuerdos.
Sólo una cosa podía afirmar con seguridad y es que la mañana siguiente iba a ser la más incómoda de la vida de los tres, de eso estaban seguros todos.
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Espero que les guste este capítulo! estaré ansiosa por leer algún rvw
