Sempiterno querer
Por: Yuuki
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Resumen: "Hey, Sakura, mi hermano mayor necesita un lugar donde quedarse ¿Estás de acuerdo con ofrecerle la ex habitación de Naruto?" "Claro que sí" dijo ella, sellando así su destino sin si quiera imaginar cómo iba a cambiarle la vida con ello.
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Capítulo III
Divagando
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Apenas y había dormido algo durante el resto de la noche, lo que se reflejaba en las pronunciadas ojeras que se dibujaban bajo sus ojos.
Estaba en la cocina, apoyado en la encimera ya vestido con su clásico traje color negro y camisa blanca, listo para irse al trabajo. Se había levantado media hora antes con la intención de evitar cualquier desayuno extraño o incómodo con su hermano menor, pero al parecer Sasuke había tenido una idea similar.
Mientras se preparaba el usual café que bebía antes de irse a trabajar escuchó unos pasos por la escalera y deseó con todas sus fuerzas que perteneciesen a la pelirrosa pues, aunque incómodo también, sería mucho más fácil enfrentarla a ella que responder a las acusaciones de su hermano.
Pero la suerte no estaba con él ese día.
Instantes después se asomó por la cocina un despeinado Sasuke que aún vestía su ropa de dormir quien se quedó estático en la puerta de la cocina cuando divisó en la habitación a Itachi, seguido a eso soltó un suspiró y rodó los ojos.
"Si esperabas a Sakura te aviso que no se va a levantar hasta medio día." Murmuró después de acercarse al mueble donde guardaban los tazones.
"No esperaba a nadie realmente." Respondió el mayor, sirviéndose una cargada taza de café para luego encaminar sus pasos hacia la mesa de la cocina. Había decidido mejor ignorar los gestos del pelinegro.
"No me esperabas a mí, eso seguro." Dijo mientras repetía las acciones de su hermano mayor y preparaba una taza de café, aunque en una cantidad mucho más moderada.
Itachi enarcó una de sus cejas. Sabía que aquel primer encuentro iba a ser extraño, pero era mejor no tentar su paciencia, no en ese momento ni por aquellas circunstancias, después de todo su humor no era realmente el mejor después de no dormir más que unas cuantas horas y de una casi noche de sexo que terminó en una accidentada noche de no sexo.
"No me levanté media hora antes por puro placer."
"Evidentemente. Tus fuentes de placer son otras." Soltó, dirigiendo aquel par de ojos oscuros a la figura del mayor.
Aparentemente ambos se habían levantado de un humor bastante desagradable.
"¿Hay algo que quieras decirme, hermanito?" Cuestionó haciendo énfasis en aquella palabra que tanto le desagradaba al Uchiha menor, pues hacía especial hincapié en aquella posición inferior en la que se encontraba en comparación con Itachi en cuanto a edad y experiencia, e incluso en habilidad.
"Es mi estúpida mejor amiga. Es como mí hermana." Fue lo que respondió, frunciendo el entrecejo y en un tono cuya seriedad no se atrevería a cuestionar nadie más que el propio Itachi.
"¿Sabes? Me agradabas más cuando tenías cinco años y no te interesaba cuestionar mis decisiones sexuales." Comentó en un suspiro, negando brevemente con la cabeza. "Pero tú lo has dicho: es como tu hermana, Sasuke, no mía."
"Es muy temprano para esto." Murmuró una joven pelirrosa que cruzó rápidamente por la cocina en dirección hacia el fregadero. Estaba despeinada, con el rostro somnoliento y vistiendo su clásico pijama que constaba en una camiseta grande que probablemente le había robado a Sasuke en algún momento del pasado. "Es demasiado temprano para esto." Repitió, sirviéndose un vaso de agua.
"Es desagradable." Replicó el Uchiha ante la respuesta de Itachi, ignorando a propósito la presencia y palabras de la joven.
El mayor de los tres simplemente enarcó una ceja ante la aparición de la pelirrosa. No tenía intenciones de encontrarse con nadie, se había levantado más temprano por ello y aún así ahí estaban los tres.
"¡Desagradable tus pelotas, Uchiha!" Exclamó la pelirrosa, volteando a ver a Sasuke. "Te acostaste con mí mejor amiga que es como mi hermana. Desde ahí me gané el derecho de, si quiero, acostarme con tu hermano o con quien se me dé la regalada gana de hacerlo."
Itachi simplemente escuchaba y observaba el silencio. Ante las palabras de Sakura, su hermano simplemente soltó un bufido y se marchó, aunque no sin antes dedicarles una molesta mirada a ambos.
Después de beber el contenido de su vaso y dejarlo correctamente lavado fue que dirigió su mirada al pelinegro aún presente, quien no había despegado su mirada de la chica.
Pese a su malhumor, no pudo evitar dibujar una media sonrisa cuando escuchó sus palabras.
"Nop, sigue siendo muy temprano para esto." Dijo ella, negando suavemente con la cabeza. "Ten un buen día en el trabajo, buenas noches." Y sin decir más, simplemente se marchó, dejando ahí a un Itachi con una divertida sonrisa ante su cómica manera de evadir aquel encuentro.
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Fue cerca del mediodía cuando despertó otra vez, toda enredada entre las sábanas y terriblemente despeinada. Lo primero que atinó a hacer antes de que una montaña de pensamientos le atacase fue mirar el móvil y ver la hora. De paso revisó un par de mensajes que había recibido en el transcurso de la noche y mañana.
Un par de segundos después y ya tenía en la cabeza toda clase de pensamientos respecto a lo sucedido durante la madrugada.
"Sigue siendo muy temprano para esto." Murmuró mientras intentaba desenredar las sábanas de su cuerpo.
Si suponía correctamente, debería estar sola hasta el atardecer, cuando ambos Uchiha volviesen de sus quehaceres, pero no quería estar sola, aunque honestamente no quería estar precisamente con alguno de los hermanos, no hasta aclarar sus ideas al menos.
Después de lograr liberarse de su cama decidió ir a tomar la ducha que la noche anterior le había quedado pendiente debido a la culpa de cierto pelinegro, así que después de buscar una toalla y un par de prendas de vestir encaminó sus pasos hacia el baño, donde tomó un largo y relajante baño de tina.
Una vez que su cuerpo se sumergió en agua lo suficientemente caliente para mantenerla abrigada por un rato dejó escapar un largo suspiro. Su cuerpo seguía cansado por la maratónica cirugía en la que tuvo que participar la noche anterior.
Cerró sus ojos con la intención de relajarse, pero al instante hicieron acto de presencia las imágenes que compartía con cierto pelinegro de un acontecimiento demasiado reciente como para haberlo procesado correctamente.
Aún podía sentir claramente el tacto de sus manos y sus labios en cada parte de su cuerpo que había sido tocada por él durante la noche anterior.
Y quería más.
De pronto se sintió avergonzada, no por haber estado semidesnuda y en aquella situación con Itachi, sino porque recordó de golpe que le había confesado haber estado enamorada de él durante sus años de adolescencia.
Aquella era una historia totalmente cierta que había mantenido en absoluto secreto hasta hace unas horas atrás. Nadie nunca supo que estuvo enamorada de Itachi, nadie más que su propia esposa, pero como había relatado, aquel no había sido más que un tonto enamoramiento infantil, después de todo, la diferencia de edades era tan solo una de las tantas barreras que le impedirían si quiera imaginar aquel imposible romance.
Cierto era que la diferencia de edades se mantenía y lo haría por siempre, pero Sakura ya no era una cría de dieciséis años que poco había experimentado de la vida, ahora era una joven mujer de veinticuatro años, lo suficientemente adulta para involucrarse con un hombre como Itachi.
Si se ponía a pensar, desde que el mayor había llegado a vivir con ellos, había tenido una constante sensación de nostalgia atacándole, pues él seguía tratándola como cuando era más pequeña, casi como a una hermana menor.
Le gustaba el tipo de atención que recibía del pelinegro principalmente porque la llevaba de vuelta a aquella época de su adolescencia, pero también le hacía sentir cómoda. Pese a que pasaron largos tiempos sin verse debido a los trabajos y la vida de casado del Uchiha la interacción entre ambos no se había visto afectada y continuaba siendo tan cercana como en aquellos tiempos.
Bueno, en la actualidad se habían vuelto considerablemente más cercanos y no sólo por estar viviendo juntos.
Después de pasar un rato más sumergida en el agua y perdida en sus pensamientos, reflexiones y recuerdos, decidió salir de la tina para poder hacer algo productivo en lo que le quedaba de día.
Secó su cuerpo con calma, al igual que su cabello, se vistió y luego de dejar en orden el baño salió en dirección a su habitación.
Ahora le tocaba poner en orden su cuarto, quizás también lavaría la ropa y si es que el tiempo le alcanzaba, haría la cena.
Para el final de la tarde sólo había ordenado su habitación pues la motivación se le había acabado en cuanto se recostó para "tomar un corto descanso" que se transformó en horas divagando por las redes sociales, lo que impidió que continuase con aquella pequeña lista de tareas que se había autoimpuesto más temprano.
"De todas formas merecía un descanso." Se justificó a sí misma cuando se dio cuenta de que pronto llegarían los Uchiha y aún no había hecho ni la mitad de lo que pretendió hacer.
Como si los hubiese invocado, en cuestión de minutos uno de ellos había llegado a casa.
La pelirrosa se puso de pie al escuchar cerrarse la puerta de entrada. Sea quien sea, iría a su encuentro, pues con ambos tenía algo pendiente que requería inmediata solución.
"Uchiha." Llamó, mientras bajaba las escaleras. Ambos hermanos elevaron la mirada al escucharse nombrados y ella quiso reír al pasar por alto que habían llegado juntos. "Tengo que hablar contigo."
Itachi enarcó una ceja, en espera de la aclaración necesaria para saber a qué Uchiha estaba refiriéndose. Sasuke, por su lado, rodó los ojos.
"No quiero hablar de eso." Respondió el menor.
Tanto Sakura como Sasuke sabían que ella se refería de esa forma a él cuando estaba molesta, cosa que hasta el momento Itachi ignoraba, pero al percatarse de ello simplemente continuó su camino sin si quiera detenerse a saludar.
"No me importa si quieres o no, vamos a hablar." Fue lo que alcanzó a escuchar el mayor antes de perderse en su habitación.
No le interesaba escuchar lo que tuviesen para hablar, mucho menos quería escuchar las quejas que su hermano tendría sobre lo sucedido.
Su humor durante el día no había hecho más que empeorar y lo único que podría ayudarlo en esos momentos, era recuperar las horas de sueño que había perdido la noche anterior.
Dejó su maletín de trabajo sobre el escritorio que había en la habitación y seguidamente aflojó la corbata que traía. Había tenido un sinfín de problemas en el trabajo y uno de ellos era su futura exesposa.
Durante el último par de semanas había estado evadiendo sus mensajes y llamadas por el simple motivo de que estaban haciéndose demasiado concurrentes y sin sentido. Lo único que quedaba por tratar eran los detalles del divorcio y sus abogados estaban encargándose de ello, de forma que el contacto que debían mantener era realmente mínimo, sin embargo, el último tiempo Izumi se mostraba particularmente interesada por mensajearle o llamarle y mantener una conversación de tipo casual que Itachi correspondía por simple cordialidad.
Pero la paciencia no era una de sus virtudes y más temprano que tarde se cansó de responder a tan insistente intento de mantenerse en contacto. De vez en vez no representaba molestia, después de todo le había dedicado diez años completos de su vida a aquella mujer e independiente de todo, el afecto seguía intacto, mas no la relación.
Aquel día, justamente aquel día la mujer se había presentado en su oficina con la firme intención de averiguar qué sucedía con el Uchiha y por qué no respondía a sus llamados. Había planeado llegar cerca de la hora del almuerzo para invitarlo a un lugar cercano a comer y así poder hablar tranquilamente, pero todo plan se desmoronó en cuanto el pelinegro la recibió de mala gana y sólo porque ya estaba en el lugar.
Se percató de inmediato que no estaba de humor, pero optimista como era confió en aquella capacidad que creía poseer para ayudar a alivianar su estado de ánimo.
Ese fue su segundo fracaso, pues había pasado tiempo ya desde que había perdido aquella magia que podía poner al pelinegro de buen humor.
Al final sólo ayudó a empeorar su malhumor por medio de una conversación que más bien parecía un interrogatorio donde él apenas y respondía con monosílabos sin siquiera despegar la mirada de la computadora.
La paciencia de Itachi realmente no estaba para soportar tonterías, así que, aunque sin pretender ser maleducado, pronto cortó cualquier intento de conversación indicándole que cualquier duda acerca del divorcio por favor se la hiciese a su abogado y haciéndole saber que tenía un día extremadamente ocupado y limitado en tiempo.
Izumi se fue derrotada sin conseguir nada de lo que se había propuesto al salir de su casa, mientras que Itachi de pronto se sintió más agotado de lo normal.
Así pasó el resto del día, solucionando tonterías, estresándose por errores francamente estúpidos e intentando sacar de su cabeza a su exmujer, a su hermano menor y los reproches que vendrían de él cuando volviese a casa, y en especial a una joven pelirrosa que cada tanto se inmiscuía en sus pensamientos de una forma muy poco apropiada.
No se preocupó por retirar ninguna de sus prendas antes de dejarse caer de espaldas a la cama, no le interesaba en esos momentos desvestirse, sólo quería descansar un rato antes de la cena. Cerró entonces sus ojos e intentó no pensar en nada en particular gracias a ello su cuerpo se relajó después de unos minutos acostado en la comodidad de su cama, producto también del cansancio que cargaba.
Sin duda alguna se dormiría si no se movía, lo cual sonaba bastante tentador.
Fueron unos golpes en la puerta, seguido del sonido de esta abriendo y cerrándose lo que le hicieron abrir los ojos y a penas levantar la cabeza para ver quien se había inmiscuido en su habitación.
Era Sakura.
Tras un corto suspiro se medio incorporó, apoyando su peso sobre sus codos, de forma que pudo observar mejor a la muchacha.
"Realmente no tengo ganas de hablar." Dijo de la forma más amable que su malhumor le permitió.
Ella se percató al instante de la pesadez en sus palabras que parecían arrastrarse al salir de sus labios. Se le veía cansado, pero pese a ello le estaba dedicando una media sonrisa que intentaban contrarrestar toda la molestia que se reflejaba en sus oscuros ojos.
No le importaba si aquella molestia era producto de su presencia ahí o no, ella había ido con un objetivo e iba a llevarlo a cabo.
"No recuerdo haber preguntado." Respondió con una sonrisa divertida y palabras livianas, acercándose lo suficiente hasta la orilla de la cama. Él la observó con la mirada, sin decir nada, pero en vista de que ella tampoco decía otra cosa, le dirigió la palabra.
"No estoy de humor, Sakura. No necesito esta conversación hoy."
"No tengamos esta conversación." Ofreció, y él enarcó una ceja, interrogante. Sakura rodó los ojos al reconocer aquellos gestos también en el otro Uchiha. "No vine a hablar." Murmuró mientras se arrodillaba en la cama, a un costado del pelinegro y seguidamente se inclinaba hacia su rostro, capturando en el proceso los labios del mayor.
Esta vez le tomó un par de segundos corresponder a aquel contacto, pues ciertamente le había tomado por sorpresa. Estaba esperando una conversación para aclarar lo sucedido y pactar que nunca más sucedería o algo por el estilo, no un beso.
Aún así, pese a la sorpresa, no pudo evitar cerrar sus ojos y dejarse llevar, respondiendo a las caricias que los labios de la menor estaban ofreciéndole.
Sin mucha demora Sakura disminuyó la distancia entre ambos al posicionarse sobre él, quien gustoso le acogió dirigiendo ambas manos hacia su cintura para estrecharle y acercarle a su cuerpo.
No tenía idea de que hubiese algo que pudiese mejorar su malhumor, pero sí lo había y era justamente aquello, esa situación, ese contacto.
Al percatarse de ello no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios que terminó por interrumpir aquel contacto, a lo que Sakura no pudo evitar verle extrañada.
"¿Qué sucede?" Cuestionó esbozando una sonrisa.
Él negó con la cabeza y capturó los labios de ella nuevamente, a la vez, se incorporó lo suficiente para poder invertir posiciones con la muchacha, de forma que ahora era la espalda de ella la que daba contra la cama. Ante el cambio de posiciones él apoyó el peso de su cuerpo sobre sus rodillas y sobre uno de sus antebrazos, dejando así libre una de sus manos para poder recorrer el cuerpo de la joven.
Esta vez iba a encargarse de disfrutar cada centímetro de la joven, con calma y dedicación. Se negaba rotundamente a ser interrumpido en su labor.
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Realmente espero que les esté gustando esto, muchos saludos a quienes se toman el tiempo de dejar un rvw, lo aprecio mucho y me anima bastante a continuar.
Nos vemos la próxima semana!
