Sempiterno querer
Por: Yuuki
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Resumen: "Hey, Sakura, mi hermano mayor necesita un lugar donde quedarse ¿Estás de acuerdo con ofrecerle la ex habitación de Naruto?" "Claro que sí" dijo ella, sellando así su destino sin si quiera imaginar cómo iba a cambiarle la vida con ello.
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Capítulo IV
¿No tan roto?
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Cuerpos sudados, sábanas desordenadas, suspiros y gemidos llenando la habitación. El sonido de sus cuerpos rosándose resonaba entre aquellas cuatro paredes.
Semanas habían pasado ya desde aquel primer encuentro en la habitación de Itachi, encuentros que se habían repetido una y otra vez, al punto de volverse una exquisita rutina para ambos. Encuentros que habían tenido lugar ya en más de un par de lugares de la casa, y encuentros que, pese a no ser un secreto, debían esperar a la ausencia del otro habitante para no incordiarlo con los ruidos que se producían durante la actividad.
Aquella había sido una de esas oportunidades: Sasuke había salido a pasar el domingo con su novia de turno dejando así a su hermano y Sakura solos en la casa.
Originalmente el plan era preparar el almuerzo, ya que ninguno de los dos había desayunado y ambos tenían el día libre, por lo que no tenían más planes que estar en casa. Estaban en eso, cuando entre jugueteos poco a poco fueron olvidándose de aquella tarea que los tenía a ambos metidos en la cocina y que terminó por llevarlos a la habitación del mayor para convertir aquellos juegos en algo más.
Movimientos erráticos, la intensidad aumentando y en directa proporción los gemidos de ella, los rostros desfigurados por placer, los besos torpes y las manos de él estrechando con fuerza su cintura, queriendo marcar un ritmo e intensidad muy específicos de penetración, ritmo que la pelirrosa intentaba seguir a pesar del creciente temblor y cansancio que se hacía presente en sus piernas, particularmente en sus muslos.
Las manos de ella sostenían firmemente la nuca del más alto, a la vez que apoyaba su frente en la ajena, permitiéndose así besarlo ocasionalmente.
Ambos estaban cerca del orgasmo, lo sabían. Después de hacer de aquello parte de su rutina habían alcanzado a conocerse lo suficiente para lograr determinar, a través de su lenguaje corporal, cuando el otro estaba cerca de alcanzar el clímax.
Itachi, sabiendo que ya no podría contenerse mucho más, rodeó la cintura de la muchacha con uno de sus brazos, mientras que con su mano libre procuraba enredar sus dedos en los largos cabellos de Sakura, a la altura de su nuca, sólo para poder jalarlos y provocar que la joven arqueara su espalda.
"Sakura, voy-" Entre gruñidos y suspiros ahogados quiso avisar que terminaría, sin embargo, ella lo interrumpió con un gemido particularmente alto y prolongado que intentó ahogar al morderse el labio, sin demasiados resultados.
Aquella fue su forma de avisar que había alcanzado el orgasmo pues, aunque usualmente se lo hacía saber de forma más literal, las acciones del pelinegro le tomaron un tanto desprevenida, empujándola directamente al clímax que, de todas formas, ya estaba cerca.
Los músculos de su cuerpo completo se contrajeron ante aquella gigante oleada de placer, lo que llevó al pelinegro a eyacular apenas unos instantes después de sentir cómo se tensaba el cuerpo de la joven, soltando un par de graves gemidos en el proceso.
Retuvo por unos instantes a la muchacha en su posición, frenando los suaves movimientos que sus caderas habían retomado momentos después de su orgasmo. Su cuerpo estaba demasiado sensible después de haber eyaculado una vez más en aquel día.
Habiendo perdido completamente la noción del tiempo, no se percató de cuánto exactamente había estado halando del cabello de Sakura, pero al darse cuenta de que aún tenía aquellos rosados mechones firmemente agarrados los fue soltando lentamente, al igual que relajó el abrazo bajo el cual retenía la cintura de la menor, quien en aquellos momentos sólo estaba preocupaba inhalar la suficiente cantidad de aire como para normalizar un poco su agitada respiración.
Al verse más o menos liberada de aquel firme agarre aproximó su rostro hacia el mayor con la intención de depositarle un par de besos en los labios y de paso, dedicar una muy complacida sonrisa, gestos a los que él respondió más que gustoso.
Después de eso, Itachi apoyó la frente en el pecho de la Haruno, en señal de agotamiento.
Ella, con ternura, acarició sus cabellos y la piel de sus hombros, misma que podía sentir húmeda y en extremo cálida.
"¿Quieres ir a ducharte?" Cuestionó él, minutos después de permanecer en aquella posición, ya con la respiración más normalizada, pero aún con el cansancio pesándole.
En aquella rutina que habían adquirido no figuraba pasar demasiado tiempo juntos, desnudos, después del sexo, de hecho, era siempre Sakura quien luego de haber descansado apenas lo justo y necesario, se marchaba usualmente a ducharse y luego a su cuarto, negándose de forma muy indirecta a pasar el resto de la noche durmiendo en compañía del pelinegro, lo cual realmente no representaba un problema para él.
Desde que aquellos encuentros se dieron había decidido que todo sucedería bajo los términos de la joven, y si ella no quería, por la razón que fuese, pasar la noche completa con él, él no opondría resistencia, de la misma forma que si en algún momento decidía hacerlo lo aceptaría tranquilamente, pero hasta el momento, no había sucedido.
"Mh, no realmente." Murmuró, sintiendo su propia garganta seca y su voz algo más áspera de lo normal.
Pese a su respuesta se deshizo del agarre bajo el cual la tenía el pelinegro y lentamente abandonó la posición en la que se encontraba, retirando así aquel miembro ya flácido de su interior.
Al instante de ponerse de pie sintió como sus piernas temblaban ante cualquier movimiento, señal de lo intenso que había sido aquel encuentro. Itachi siguió sus movimientos con curiosidad, pues pese a que su respuesta había sido una negativa sus acciones reflejaban intenciones de marcharse.
La pelirrosa de forma lenta y calmada se subió a la cama para luego recostarse en ella, aprovechando de cubrir su cuerpo con una de las desordenadas cobijas que se encontraban ahí, luego, estiró los brazos como invitación para el mayor, quien, ante el gesto, esbozó una pequeña sonrisa.
Revolvió sus enredados cabellos brevemente antes de aproximarse hacia la muchacha, a la cual envolvió cálidamente entre sus brazos luego de haberse acomodado a su lado. Sakura aprovechó de recostar su cabeza sobre el pecho de él para poder disfrutar de las caricias que dejaba sobre su cabeza y espalda.
Aquella era la primera vez que compartían un momento así. Durante el día a día actuaban de forma bastante normal, no fingían que nada sucedía entre ambos, pero cualquier tipo de coqueteo se lo reservaban para la privacidad, de forma que su interacción normalmente era amistosa y cálida, pero no romántica.
"Al final creo que no preparamos el almuerzo." Susurró ella, con tono liviano y relajado, aunque con cierto deje de somnolencia en su voz.
"Creo que no, pero." Respondió él, estirando una de sus manos hacia la mesa de noche donde debía estar su móvil. Quería ver la hora. "Estamos a tiempo de descansar un par de horas antes de ir a hacer la cena. Son las cuatro."
Como respuesta dio un suave asentimiento y aprovechó de acomodarse contra el cuerpo de él. Se sentía cálido y cómodo.
"Quiero dormir un rato ¿Está bien?" Él respondió con un beso sobre sus cabellos. Quizás se dejaría llevar también y dormiría un rato con ella.
No fue mucho lo que tardó Sakura en dormirse, y pese a que estaba disfrutando de ver aquel panorama de la joven dormida sobre su pecho, Itachi pronto se le unió y cayó dormido con ella. Estaba tan relajado y cansado, además de cómodo, que no opuso resistencia para entregarse al sueño, aún si eso le costaba horas de descanso en la noche.
Fue hasta un par de horas más tardes que ambos despertaron producto del insistente vibrar de un teléfono, que momentos después se percataron que pertenecía al Uchiha, quien luego de abrir lo suficiente sus ojos se estiró para alcanzar el aparato, provocando de paso que la pelirrosa también abriese los ojos.
Al momento de aproximar el móvil para averiguar quién estaba llamando ambos fueron capaces de ver el nombre en la pantalla.
"¿No vas a contestar?" Cuestionó ella al ver cómo el más alto silenciaba el aparato y volvía a ponerlo sobre la mesa de noche.
"No quiero." Respondió volteándose para darle la espalda al mueble y volver a rodear el cuerpo de la muchacha con sus brazos. En respuesta ella simplemente soltó una breve risa.
"De todas formas deberíamos ducharnos y preparar la cena." Mencionó y el asintió. Habían descansado ya lo suficiente por una tarde, además siempre podrían retomar el descanso en la noche.
Dicho esto, Itachi relajó sus brazos entorno al cuerpo de la menor, dejándole la libertad suficiente para que se levantase.
Una vez libre, se sentó en la cama para buscar, entre el desorden de la habitación, cualquier prenda que le permitiese cubrir su cuerpo. A lo lejos, en el piso, divisó la camiseta que horas antes portaba el pelinegro y que ella se había encargado de arrojar lejos luego de habérsela retirado. Se alejó entonces de la cama, dejando a Itachi aún acostado, y se aproximó a la prenda en cuestión, siendo seguidamente atentamente por los oscuros ojos del mayor.
"Te queda grande." Comentó después de que la joven se hubiese vestido con aquella camiseta que con gran facilidad le cubría los muslos.
"Tú eres muy grande." Respondió ella.
"Y tú muy pequeña."
"No vi que te molestase hace unas horas." Comentó con una risa juguetona.
"Y a ti no te molestó mi tamaño." Contratacó él, devolviéndole una sonrisa coqueta, a lo que ella simplemente negó con la cabeza mientas se dirigía hacia la salida.
"Hey, levántate ¿No vas a ir a ducharte conmigo?" Cuestionó desde la puerta, en vista de que el mayor continuaba acostado en la cama.
Ante la invitación se puso de pie y se aproximó hacia la muchacha sólo para dejar un corto beso sobre sus labios. Seguidamente se acercó al armario para sacar de ahí un pantalón de pijama que le acompañase y cubriese en el camino al baño.
Fue cuando él estaba vistiéndose con aquel pantalón que ambos escucharon el sonido del timbre, avisando que había alguien tras la puerta.
Sakura se encogió de hombros y con una seña avisó que iría a abrir, sin embargo, el más alto no tardó en seguirla hasta la puerta de entrada.
Durante el trayecto deslizó sus dedos por los largos cabellos de la muchacha con la intención de acomodarlos un poco, pues entre la actividad y las horas de descanso, estaban por demás desordenados.
"Ponte presentable." Le murmuró él, luego de inclinarse hacia su oído.
"Es domingo, nadie está presentable." Se defendió, acercando una de sus manos hacia la cerradura de la puerta para abrirla.
"Aun así." Susurró luego de dejar un beso en su mejilla.
Ella negó suavemente con la cabeza y abrió la puerta, mientras el mayor aún intentaba acomodarle el cabello.
"Buenas tardes…" Dijo la mujer que se encontraba al otro lado, inclinando la cabeza en conjunto a la par que saludaba.
"Buenas tardes." Respondió Sakura, sorprendida ante la presencia de ella en el lugar. Itachi, al ver de quien se trataban, no pudo evitar fruncir el entrecejo ante lo inesperado de aquella visita.
La pelinegra, una vez que levantó la mirada no pudo disimular la sorpresa ante las personas que estaba viendo. Las reconocía a ambas, por su puesto, sin embargo, de todos los escenarios que imaginó antes de atreverse a presionar el timbre ninguno había sido ni parecido a lo que estaba presenciando.
De forma casi automática y sin disimulo su mirada recorrió a la pelirrosa, de pies a cabeza. Su cabello desordenado y su escases de vestuario le indicaban cosas para las que no se había preparado mentalmente, y las condiciones similares en las cuales se encontraba su marido simplemente le confirmaban aquella sospecha que acababa de nacer en su interior.
Hasta aquel momento nunca había tomado real importancia a las prendas de vestir, mucho menos se había puesto a reflexionar sobre lo doloroso que podía llegar a ser ver las ropas de su marido cubriendo el cuerpo de otra mujer.
Aquella camiseta que vestía Sakura fue un regalo que le había hecho a Itachi un par de meses antes de que se fuese de casa, recordaba perfectamente hasta el diseño del envoltorio de aquel regalo.
Lo siguiente que llamó particularmente su atención, eran las manos de su aún esposo descansando tranquilamente sobre los hombros de la más bajita. Itachi no acostumbraba a tocar tan confianzudamente a cualquier persona, era el tipo de hombre que siempre se preocupaba de respetar el espacio personal de los otros, de la misma forma que obligaba al resto a respetar el suyo y mantener una distancia prudente.
"Izumi." Dijo al percatarse de que la recién llegada no dejaba de recorrer a Sakura con la mirada. Ella dirigió sus ojos negros hacia el más alto.
Reparó nuevamente en la presentación de Itachi, esta vez con más atención: estaba despeinado y no vestía más que un pantalón, lo que dejaba al descubierto aquel bien trabajado torso que ella llevaba tanto tiempo sin poder tocar, o incluso ver. A su vez, su falta de vestuario dejaba en evidencia distintas marcas por su cuerpo, algunas se notaban muy recientes, mientras que otras se veían más antiguas.
Las únicas ocasiones en las que lo había visto tan desaliñado eran justamente después de haber hecho el amor.
"Discúlpame por venir sin avisar, intenté llamar, pero no contestabas."
Itachi se quedó en silencio, pensando en la cantidad de cosas que acababan de arruinarse gracias a aquella visita.
Ante el silencio del pelinegro, Sakura sólo atinó a invitarle a pasar al interior de su casa pues, aunque fuese una situación por demás incómoda, no podía sólo dejarla esperando en la entrada del lugar.
Izumi agradeció la invitación y luego de que Sakura retrocediese un par de pasos para dejarle el camino libre, ella ingresó al lugar. En el proceso, la pelirrosa tropezó con el hombre que aún se encontraba tras de sí, y ante ello, Itachi apoyó una de sus manos en la cintura de la joven para que recuperase el equilibrio.
Sakura levantó la cabeza para poder observar al mayor y con una sonrisa le agradeció, a lo que Itachi asintió brevemente.
A la pelinegra no le pasó desapercibido aquel gesto.
Sakura condujo a la mayor hacia la sala, donde Izumi procedió a sentarse en uno de los sillones, en espera de que el pelinegro también se acercase.
"¿Puedo ofrecerte algo de beber?" Cuestionó la pelirrosa, intentando hacer de aquello lo menos incómodo posible.
"Agua está bien." Respondió Izumi, seria.
No es que en algún momento de su vida le hubiese desagradado Sakura, para nada, siempre la consideró una muchachita sumamente dulce, pero no por ello pasó por alto cuando en su adolescencia la niña estaba enamorada de su, en ese entonces, futuro esposo.
Desde entonces el trato se había mantenido más cordial que cualquier otra cosa, pues Izumi se encargó de poner una barrera entre Sakura y su esposo para que el afecto entre ellos se mantuviese dentro del querer más fraternal y respetuoso.
Obviamente sus esfuerzos fueron en vano.
Sakura se retiró en dirección a la cocina, siendo seguida casi al instante por el pelinegro. Izumi soltó un suspiro cuando los vio perderse tras la puerta de la cocina.
Para eso mejor no hubiese pedido nada. Pensó, negando con la cabeza.
Ya estando en la cocina Sakura no tardó en servir el vaso con agua que se le había pedido, lo dejó sobre la encimera y dirigió su mirada al pelinegro.
"¿Qué hace tu esposa aquí?" Cuestionó en un susurro agudo. No estaba molesta, en absoluto, más bien se le veía apunto de entrar en pánico.
Itachi negó con la cabeza y por primera vez desde que apareció su esposa se relajaron sus facciones. Le hacía gracia que la muchacha reaccionase tan livianamente a situaciones que, francamente para él, eran desagradables.
"No entres en pánico." Murmuró, acercándose para tomar su rostro entre sus manos. "Prometo hablarte sobre lo que sucede en cuanto Izumi se marche." Dijo sobre sus labios, aprovechando de dejar cortos besos entre cada palabra.
Sakura asintió, entendiendo entonces que efectivamente sí había algo que hablar.
"Sólo dime que no arruiné nada." Pidió la joven, formando un puchero en sus labios, gesto que Itachi no tardó en besar.
"No había nada que arruinar." Respondió él. "Nada ha cambiado entre Izumi y yo desde que llegué a esta casa."
Sakura volvió a asentir, y antes de alejarse de su cuerpo, le robó un beso al más alto.
"Al menos podrías ponerte una camiseta." Mencionó mientras tomaba el vaso de agua, a la par que señalaba las marcas que adornaban su cuerpo.
"La estás usando tú." Respondió mientras seguía los pasos de la pelirrosa hasta salir de la cocina.
Se quedó ahí, en la puerta, observando cómo la Haruno se acercaba a Izumi y se inclinaba para dejar el vaso sobre la mesa de centro.
"Los voy a dejar solos, si necesitas algo más, no dudes en pedírselo a Itachi." Avisó Sakura, encaminando sus pasos hacia el segundo nivel.
"Bastante demora para un vaso de agua ¿No crees?" Mencionó casualmente la pelinegra.
"Demasiada amabilidad de su parte al recibir a alguien que ni si quiera se molestó en avisar su visita con tiempo." Respondió el Uchiha, aproximándose a uno de los sillones para tomar asiento.
"Intenté llamarte muchas veces."
Itachi simplemente ignoró sus palabras.
"¿Qué estás haciendo aquí?"
Ella bebió un poco de agua antes de responder.
Itachi no pretendía ser desagradable, pero realmente su exmujer estaba dándole muchos problemas totalmente innecesarios durante el último tiempo, lo que le llevaba a cada vez tener menos ganas de tener contacto con ella.
"Necesito que vuelvas a casa." Susurró, clavando sus ojos en los del mayor. Su expresión era preocupada, su cuerpo estaba tenso y sus ojos se veían cristalinos, a punto de soltar un par de lágrimas. "Itachi, querido, estoy enferma."
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