Disclaimer: Los personajes de Pokémon no me pertenecen, son de respectivo creador Satoshi Tajiri.


Lector Luigi: Gracias por la review, espero que este capitulo tambien te guste. Saludos.

glamorousdays: Gracias por la review, no es que no sepa nada del anime de Pokemon Journeys después de todo en facebook y twitter hay demasiado spoiler xD. Lo de Sonia se podría decir que el mostaza quería que la ayudara a recorrer mas rápido la ciudad, vi una imagen donde ella conducía y al lado estaba Goh así que suponía que tenía un auto... si, en mi mente se escuchaba mejor. Lo de la enfermera era mas que todo para mantener el orden en el lugar, aunque ahora que lo leo detenidamente si parece muy meh. La respuesta a tu pregunta se responde con este capítulo. Espero que este capitulo tambien te guste. Saludos.

liuterazagi: Gracias por la review, sobre lo de Raboot si me equivoque recuerdo haber visto el OP v3 del anime y una pelea entre un Cinderace y Lucario, error mío. Espero que este capitulo tambien te guste. Saludos.

Ahora, sorpresivamente tengo un par de reviews en ingles que me pedían una traducción de esta historia y la verdad es que mi ingles, al menos la parte de escribir, es muy malo lo que es curioso porque leo varias historias en ingles, veré que puedo hacer ya que no quiero simplemente utilizar el traductor de Google.

Este capitulo es una continuación de otro fic que escribí hace unos meses, "Conversación nocturna". He cambiado algunos detalles de algunos capítulos del anime de Sol y Luna.


Cuatro personas, dos chicos y dos chicas, veían como un avión se alejaba de la región de Alola con un amigo muy importante para todos. Ellos se encontraban sobre sus pokemon y tenían una especie de traje pegado al cuerpo, todos ellos se quedaron viendo el cielo durante varios minutos hasta que perdieron el avión de vista.

Mientras regresaban a la Escuela Pokemon, para dejar a sus compañeros, los chicos no podían dejar de conversar sobre su amigo y sobre sus propios sueños que tenían en mente. Un poco más atrás estaban las chicas, ninguna de las dos decía palabra alguna.

Mao-chan —la peliazul veía a su amiga quien tenía la mirada bastante triste. — Aun no puedo creer que Satoshi haya hecho eso

Llegando a su destino dejaron las pokemonturas en la base de los Ultraguardianes y cada uno regreso a casa, ya casi anochecía.

Suiren trató de acompañar a su amiga a casa pero la mencionada simplemente negó diciendo que quería estar sola, no insistió más y dejo que se fuera. Soltó un suspiro mientras la veía a lo lejos, no le gustaba ver a su amiga de esa forma.


¡¿Te vas a ir?! —preguntó Mao bastante alterada.

Todos se sorprendieron por el grito repentino de la peliverde, a excepción de una peliazul que veía preocupada a su amiga, ya que a pesar de que no era del tipo de chica tímida como la rubia presente tampoco solía alterarse de esa manera.

Todos se habían reunido para despedir a su amiga Lillie quien iba a irse de viaje para buscar a su padre junto a su familia. El entrenador de Kanto era el único que faltaba hasta que llegó en lomo de Solgaleo y soltó la noticia de su partida.

Es algo que estuve pensando por mucho tiempo… —comenzó el azabache aunque tenía la mirada en el suelo. — Alola me ha enseñado demasiadas cosas y creo que es tiempo de avanzar, no me detendré hasta completar mi sueño, seré un Maestro Pokemon —

Viendo la mirada tan decidida del entrenador sus amigos no tuvieron más opción que aceptarlo, la despedida de Lillie ahora iba a ser tambien para Satoshi. Kaki no podía dejar de hablar con su amigo sobre qué tan fuerte sería cuando volviera a la región, Mamane se unió a su conversación mientras su Togedemaru se mantenía abrazada a Pikachu.

Lillie conversaba animadamente con Suiren y Mao al lado de ella, aunque la peliverde tenía la mirada perdida y es como si no estuviese prestando atención. Un codazo de la peliazul fue suficiente para que Mao dejara ese semblante, era la despedida de dos personas importantes para ella después de todo.

Terminada la reunión todos empezaron a despedirse, el día siguiente acompañarían en el puerto a su amiga rubia y más tarde irían al aeropuerto para despedir al entrenador. Uno a uno se fue alejando en dirección a su casa, al final solo quedaron Suiren y Mao.

¿No vas a ir a casa? ¿Ho y Sui te deben estar esperando? —preguntó con su característica sonrisa.

Lamentablemente para la peliverde, la persona frente a ella la conocía muy bien, tomándola de la mano fueron a la habitación de la aspirante a chef.

Antes de que Mao pudiera decir algo la peliazul la envolvió en un abrazó. — Ya no tienes que contenerte —

La dueña de la habitación no pudo decir nada mientras abrazaba con fuerza a su amiga, un nudo se formó en su garganta y un dolor inmenso se acumuló en su pecho mientras varias lágrimas caían de sus ojos.

No quería que el azabache se fuera, quería que se quedase a su lado.

Varios minutos pasaron desde que ambas entraron a la habitación y agradecían que el dueño del restaurante estuviese en Akala recolectando algunas bayas. Lentamente la peliverde paró de llorar aunque seguía abrazada a su amiga.

Tu y Satoshi… —comenzó la peliazul, sabía que el entrenador era el motivo por el cual su amiga se encontraba de esa manera. — ¿Ustedes terminaron? —

Mao simplemente pudo reír por la pregunta de su amiga. — Nosotros… nosotros nunca empezamos a salir —

¿Eh? —

Suiren estaba completamente sorprendida por la respuesta de su amiga. — P-Pero… —

Mao entendía la sorpresa de su amiga, de hecho una persona normal que los conociera a ambos reaccionaría de esa manera, después de todo ella y el azabache se veían a diario luego de cierto incidente.

Todo había empezado luego del viaje que habían hecho a Poni, de hecho durante el trayecto de vuelta a Melemele todos los chicos, incluido el profesor, se sorprendieron de la repentina cercanía que habían tenido Mao y Satoshi. No es que ambos no fueran cercanos ya que se veían a diario en la escuela y habían tenido varias aventuras juntos pero ahora había algo que se sentía diferente cuando ambos hablaban y reían juntos.

El profesor Kukui fue el único que se dio cuenta de la mirada que tenían ambos cuando estaban juntos y estaba feliz de ver como dos de sus estudiantes crecían.

A partir de esa día se volvió costumbre ver a la peliverde junto al azabache, en el centro comercial de la isla, en el restaurante Aina, en los jardines de Melemele o cuando Satoshi se ponía a entrenar era Mao quien se quedaba con él.

Cuando fueron de visita a ciudad Malíe fue el azabache quien logró encontrar el prendedor de Mao, el día que la peliverde desapareció, ayudando a Oranguru en su restaurante, era uno de los más preocupados aunque no podía hacer mucho ya que tenía que ayudar al padre de su amiga y cuando ella regreso fue rápidamente abordada por el entrenador en un abrazo que si bien no la sorprendió fue un poco vergonzoso porque todos sus amigos, incluido su padre y Olivia, se encontraban en el lugar.

El azabache fue uno de los primeros en apoyarla cuando estuvo a punto de renunciar en su pelea contra Suiren en la Liga de Alola, seguida de la misma peliazul que termino de convencerla, y Mao fue la primera en apoyarlo cuando Satoshi tuvo que enfrentarse a Tapu Koko.

Habían pasado varios momentos juntos que la mayoría de las personas creerían que ambos eran enamorados, de hecho casi todos sus amigos pensaban eso pero se abstuvieron de preguntarles porque no querían incomodarlos.

Todos, incluidos los chicos creíamos que ustedes estaban saliendo —comentó Suiren. — Siempre los veíamos juntos en cualquier lugar —

Yo… a mí me gusta Satoshi —confeso Mao. — Y pensé que él tambien sentía lo mismo —no pudo evitar que sus ojos se humedecieran recordando todo lo que había pasado junto al entrenador.

Algo no tenía sentido para Suiren, por lo que estaba escuchando de su amiga las cosas estaban bien entre ella y el entrenador, o así lo era hasta el día de hoy. Recordando lo que paso hace unas horas cuando el azabache llegó junto con Solgaleo, cuando dijo sobre su partida en ningún momento levantó la mirada algo que era raro en su amigo.

Y el único momento que levanto la mirada fue para decirles que cumpliría su sueño, pero aun cuando los veía de frente no parecía la típica mirada de su amigo, como si estuviese viendo algo a lo lejos.

Sin contar que no tomo en cuenta la pregunta que le hizo Mao, es más durante toda la despedida que tuvieron en el restaurante había tratado de evitar hablar con ella y casi no respondía las pregunta que ella misma y Lillie le hacían sobre qué era lo que haría cuando llegara a Kanto.

Una actitud que contrastaba con la actitud distraída que había tenido Mao en casi todo el día, algo raro en ella ya que cuando cocinaba solo pensaba en lograr un sabor único.

Definitivamente algo raro paso —se dijo a sí misma la peliazul, la actitud de su amigo era la que más la sorprendía.

Mao-chan… ¿Algo paso entre ustedes antes de reunirnos? —

Debido a que la peliverde seguía abrazada a ella pudo sentir el leve temblor de su cuerpo, esa leve acción se lo había confirmado, definitivamente algo paso entre los dos.

La peliverde deshizo el abrazó mientras ambas se sentaban en el piso, se tomó varios segundos antes de contarle lo que había pasado el día de ayer.


Satoshi era de los pocos que se encontraba despierto en el avión, Pikachu estaba durmiendo en su regazo al igual que muchos pokemon que se encontraban con sus entrenadores. El azabache veía distraídamente una foto que tenía en manos, en ella se encontraba el mismo junto a una peliverde que tenía una gran sonrisa en su rostro.

Espero haber tomado la decisión correcta —no pudo evitar suspirar al recordar el rostro de su amiga cuando le dijo que se iría de Alola.

No era algo que le había gustado ver.

Se acomodó lo mejor que pudo en su asiento en un intento por dormir, tenía varias cosas que hacer cuando llegara a Kanto. No pudo evitar esbozar una sonrisa al recordar la primera "cita" que había tenido con Mao.

Uno de los mejores días de mi vida


Un nuevo día comenzaba en la región de Alola, se podía ver a los Pikipek volar sobre los bosques y a uno que otro Pidgey.

En el restaurante Aina, una peliverde despertaba debido a los rayos del sol que se colaban por su ventana, aunque trato de cubrirse con sus sabanas el calor no se lo iba a permitir por lo que se levantó.

Saludando a Tsareena, quien tambien estaba despierta, se levantó de su cama y tomó una ducha para comenzar bien el día. Ya vestida bajó para desayunar junto a su compañera, al parecer no había nadie en casa, suponía que su papa salió nuevamente a dejar un pedido o buscar algún ingrediente.

— Al parecer seremos solo nosotras amiga —su compañera sonrió y con su sonido característico tomó dos delantales para empezar a cocinar.

Su padre llegó minutos después, cuando ambas estaban comenzando a limpiar el restaurante para poder abrir. Mao había acertado con su suposición ya que su padre llegó con varias bolsas de ingredientes.

— Por cierto Mao —escucho la voz de su padre que venía de la cocina. — Llegó una carta de Suiren-chan… ¿Eh? —

Ni bien termino de hablar pudo sentir una leve brisa, para cuando volteo pudo ver que la carta había desaparecido. No pudo evitar reír debido a la actitud de su hija, le gustaba ver que aún se comportaba de la misma manera.

Los primeros días de vacaciones pudo notar un cambio en Mao, ya no se le veía tan feliz como antes y aunque pasaba la mayor parte del tiempo junto a Suiren, él podía notar que el cambio en su actitud se debía a cierta persona.

No debí haber sido tan duro con el chico… —un recuerdo de la conversación que tuvo con el entrenador de Kanto llegó a su mente, agito la cabeza para alejar aquellos recuerdos, ahora no era tiempo de pensar en eso.

— Espero que Mao no se tomé tanto tiempo, tengo varios pedidos que entregar el día de hoy —comentó a la pequeña Tsareena que estaba ayudando a guardar los ingredientes.

La mencionada peliverde se encontraba un poco lejos de casa, se había emocionado al escuchar que su amiga había enviado una carta, debía agradecer al Wingull del padre de Suiren. Había pasado un par de meses desde que empezaron las vacaciones de la Escuela Pokemon y uno a uno sus amigos fueron dejando la región en caso de Mamane, Lillie y Satoshi.

Un par de días después Kaki les contó que iba a tomar el entrenamiento con Olivia por lo que no podrían reunirse como antes, ambas chicas lo felicitaron por la oportunidad que se le había presentado a su amigo.

Suiren fue la última en partir, ella iba a ir con su padre en un pequeño viaje para buscar pokemon marinos. Mao fue a despedirla al pequeño puerto que tenían en su casa, no podía negar que se encontraba triste ya que todos se habían ido y ella se había quedado en la isla pero tambien una parte de ella estaba feliz por su amiga ya que estaba cumpliendo poco a poco sus sueño de pescar a todos los pokemon marinos.

Una sonrisa brotó de su rostro al leer la carta de su amiga, al parecer ya estaban regresando y a lo mucho estaría en casa dentro de dos días. La noticia la había puesto de buen humor, extrañaba demasiado a su mejor amiga.

Se decidió volver al restaurante para ayudar a su papa hasta que vio una pequeña mota verde a un lado suyo. — Shaymin… no sabía que me habías seguido —

El pequeño pokemon sonrió mientras trataba de subir al hombro de su compañera, no tuvo que pedir mucho ya que Mao rápidamente la tomo en sus brazos mientras regresaba al restaurante. En el camino pensaba que aventuras le contaría su amiga ya que en las dos cartas que le había enviado antes no le podía explicar con mucho detalle.

Una vez llegó al restaurante comenzó a ordenar las mesas para atender a los clientes que estarían llegando, tenía que limpiar el piso y las mesas, aunque con la ayuda de Tsareena las cosas se volvían más fáciles y un poco más divertidas.

No les tomó mucho tiempo terminar de ordenar todo el lugar por lo que se pusieron a descansar por varios minutos, después de todo todavía faltaban un par de horas para que los clientes del día empezarán a llegar.

— ¿Mmm? ¿Shaymin? —vio como el pequeño pokemon se movía de un lado a otro, como si estuviese buscando algo.

Antes de tomar entre sus brazos al pokemon singular escuchó el sonido de la puerta abriéndose, era demasiado temprano como para que un cliente llegase.

— Hola Mao —saludó el recién llegado.

— ¿Onii-chan? —no creía que su hermano mayor estuviese frente a ella. — ¡Onii-chan! —rápidamente saltó a sus brazos, había extrañado a su hermano.

Debido al ruido provocado por el reencuentro de los hermanos, el dueño del restaurante salió de la cocina solo para verse sorprendido de ver a su hijo, en la última carta que le había enviado no le dijo nada sobre su regreso.

— Ulu —se acercó a sus hijo mayor para envolverlo en un abrazo. — No te esperábamos —

El chico solo rio un poco ante la declaración de su padre. — Estoy de vuelta padre —

Abe se sorprendió por la mirada de su hijo, había cambiado en todo el tiempo que había estado fuera de Alola tenía una mirada más decidida y determinada.

— Será bueno tenerte con nosotros, el negocio vuelve a estar completo —abrazó a sus dos hijos quienes solo pudieron reír ante la acción de su padre.

— Casi lo olvido… —Ulu sacó un pequeño ramo de flores de color rosa. — En mi viaje encontré varias de estas flores, se llaman gracídeas y según me dijeron se da un ramo como una forma de dar las gracias —entrego un ramo a su hermana y uno a su padre.

Las flores eran bastante lindas en opinión de Mao, su fragancia tambien era bastante suave y relajante. Cuando acercó el ramo para que Tsareena tambien viera con más detalle las flores sintió algo por sus piernas, bajó la mirada para ver a Shaymin quien trataba por todos los medios de acercarse a las flores.

— Oh… ¿Tambien quieres ver Shaymin? —bajó el ramo a la altura del pokemon de hierba.

Shaymin rápidamente se acercó a las flores para inmediatamente ser envuelto en un brillo bastante particular, era muy distinto al brillo de la evolución.

Mao tuve que tapar sus ojos debido al brillo. Cuando pudo abrir los ojos se sorprendió de ver a lo que antes era Shaymin. Su cuerpo se había vuelto un poco más esbelto, su cabeza se había separado un poco de su cuerpo y sus patas habían crecido, toda la hierba verde que cubría su cuerpo había desaparecido y solo un pequeño mechón se mantuvo sobre su cabeza, la flor de su cabeza se había movido a su cuello, como si de un pañuelo se tratase.

— ¿Shaymin? —llamó un poco confundida la peliverde.

El pokemon sonrió antes de dar su grito característico y empezar a volar por el lugar. Toda la familia veía sorprendida el espectáculo hasta que escucharon varios sonidos afuera del restaurante por lo que decidieron salir.

Lo que vieron al abrir la puerta simplemente fue algo espectacular, una multitud de Shaymin estaban volando frente al restaurante y la mirada de todos ellos se posó en la familia o eso es lo que creían ya que detrás de ellos salió volando Shaymin quien se unió junto con los de su especie.

Todos los pokemon empezaron a volar formando un círculo para que segundos después uno a uno empezara a volar en otra dirección.

— Shaymin… —Mao veía todo el espectáculo bastante fascinada o así lo era hasta que vio como los pokemon se alejaban.

La peliverde sabía lo que vendría a continuación, se puso un poco triste al saber que Shaymin se iría y no podía detenerlo ya que no era su pokemon, aunque de serlo tambien dudaba si podría detenerlo, simplemente ella lo había cuidado cuando lo encontró en Poni.

Una vez más alguien a quien quería se estaba alejando, quizás para siempre, de ella. No pudo evitar derramar algunas lágrimas debido a eso.

Sintiendo lo que parecían unas leves palmadas en su cabeza levanto la mirada para ver a Shaymin quien la miraba fijamente. El pokemon con una gran sonrisa y un asentimiento, que fue respaldado por Mao, se lanzó a los brazos de la chica.

— Adiós Shaymin, te voy a extrañar —lo abrazó lo más fuerte que pudo antes de soltarlo. — Ten un buen viaje —

El pokemon asintió antes de partir junto a los demas, aparte de él habían quedado solo un par de ellos quienes lo estaban esperando.

Mao vio como lentamente todos se alejaban hasta que vio como uno se detuvo abruptamente para mirar a una dirección en particular, segundos después el pokemon se alejó del grupo y voló a la dirección que estaba viendo.

La peliverde estaba sorprendida por eso por lo que trato de ver por donde se había ido, no tuvo que avanzar mucho ya que vio como el pokemon volaba alegremente alrededor de una persona.

— ¿Eh? —se detuvo abruptamente al reconocer a la persona.

El pokemon se posó sobre la cabeza de la persona o más bien en la gorra que llevaba puesta, un Pikachu a su lado saludaba alegremente al pokemon mientras el entrenador simplemente reía al ver la interacción de ambos pokemon.

— No esperaba verte por estos lugares amigo —se escuchó la voz del chico. — Ya veo, así que estas viajando con tus amigos —

El pokemon de hierba asintió mientras emprendía vuelo nuevamente, dio unas leves vueltas alrededor del chico antes de elevarse.

— Fue un gusto verte de nuevo Shaymin —levantó su brazo despidiéndolo al igual que Pikachu.

— Hikari no va a creer que nos encontramos con Shaymin en Alola —el chico se rio un poco seguido de su pokemon. — Tal vez debe- —

El chico no pudo seguir hablando debido a que se dio cuenta de que alguien estaba de pie a unos cuantos metros de él. Rápidamente la reconoció y como no hacerlo si era el motivo por el cual había regresado a Alola, quiso gritar su nombre y salir corriendo en su dirección pero recordó lo que le dijo aquella vez, no podía hacerlo.

Alejó los pensamientos negativos de su mente y avanzo firmemente hasta llegar frente a ella.

— Mao… —

La peliverde recién pudo reaccionar cuando escuchó su nombre, no creía que él estuviese en Alola de nuevo. — Satoshi… —

En definitiva era un reencuentro que la chica no esperaba y algo que el chico había estado esperando, aunque ninguno de los dos podía leer la mente de la persona que tenía en frente como para saber los detalles.


Mao regresaba a casa, había estado todo el día junto con Suiren y Lillie luego de la escuela. Su amiga rubia les había comentado que estaba buscando una forma de restaurar a Magearna aunque no estaba resultando ya que no encontraba nada que pudiese ayudarla.

Con una mirada cómplice, Suiren y Mao tomaron ambos brazos de la chica para llevarla al centro comercial de la isla, tenían que ayudar a Lillie a despejar su mente al menos por una par de horas.

Habían perdido la noción del tiempo y se les había hecho tarde por lo que cada una se despidió, con una promesa de repetirlo nuevamente, para irse a su respectivo hogar.

Viendo a lo lejos su hogar se sorprendió un poco de ver todas las luces encendidas, era raro que todavía hubiese clientes a esas horas. Apresuró un poco el paso cuando la puerta del restaurante se abrió, un chico de gorra roja salió del lugar mientras caminaba en dirección contraria a la de Mao.

Reconoció rápidamente a la persona y aceleró el paso para alcanzarlo.

¡Satoshi! —saludó alegremente mientras se lanzaba a su espalda.

Era un saludo que la peliverde acostumbró a hacer cuando veía distraído al azabache, normalmente él trataría de mantener el equilibrio evitando una caída para acto seguido ser despojado de su gorra, que curiosamente Mao se colocaría.

Aunque esta vez fue diferente ya que el entrenador no opuso resistencia y ambos cayeron al suelo, siendo Satoshi quien se llevó la peor parte al caer de cara al suelo.

¡Satoshi! ¡Lo siento mucho! —rápidamente se levantó y ayudo al chico, quien tenía una marca roja en su nariz y un poco de tierra en su rostro. — ¿Estas bien? —

Limpiándose la tierra de su rostro respondió. — Tranquila, no es nada grave —

El azabache se levantó luego de varios segundos, se acomodó un poco su ropa mientras Pikachu subía su hombro.

Entonces… ¿Estabas esperándome? —preguntó curiosa la peliverde.

No… Eh… bueno sí —respondió un poco nervioso lo que provocó una pequeña risita de la peliverde.

Lo siento, estuve con las chicas —empezó a contar. — Lillie se veía bastante cansada así que junto con Suiren la llevamos al centro comercial —

Ambos caminaron hasta sentarse en la pequeña escalera que servía de entrada al restaurante, Mao le empezó a contar todo lo que habían hecho, o al menos la mayoría de las cosas, junto con Lillie y Suiren.

Satoshi simplemente asentía a todo lo que escuchaba como si no le importase, algo que fue notado rápidamente por Mao quien dejo de hablar solo para quedarse viendo al entrenador.

Aun cuando la peliverde había dejado de hablar podía ver como el azabache seguía asintiendo ante el más mínimo sonido que escuchaba, suspiro antes de llamarle un poco la atención.

Satoshi… —colocó una mano en su hombro. — ¿Estas bien? —

La actitud del chico no era normal para Mao, es cierto que a veces se distraía y no le prestaba mucha atención, algo que le molestaba un poco, pero era diferente en este caso. Tomó con ambas manos su rostro, Satoshi no le estaba devolviendo la mirada o más bien no quería hacerlo.

Sa- —

Mao —interrumpió el azabache, tenía una mirada bastante seria. — Tengo que decirte algo… pero no aquí —

El entrenador tomó la mano de la chica y la llevó un poco lejos del restaurante, Mao se dejó guiar mientras se imaginaba que era lo que el azabache tenía que decirle. El tono que uso era muy distinto a lo que normalmente solía escuchar por lo que estaba un poco sorprendida.

Quizás él… —un leve rubor se formó en su rostro al pensar en una posibilidad de lo que Satoshi le diría. — Debería pensar en una respuesta apropiada —no pudo evitar esbozar una gran sonrisa mientras seguía caminando junto al azabache.

Mao estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando el azabache se detuvo y solo lo hizo cuando chocó con su espalda. Ambos habían llegado a las orillas de la playa donde entrenaba el chico y se sentaron en uno de los troncos caídos que estaban en el lugar.

Ambos se quedaron en silencio por varios minutos, Mao se encontraba un poco nerviosa por lo que el azabache diría mientras que el entrenador no sabía cómo empezar lo que tenía planeado decir.

Sa- –

Ma- —

Ambos habían hablado al unísono, se quedaron viendo un par de segundos antes de reír. Cuando se calmaron fue el azabache quien tomó la palabra.

Mao —comenzó el entrenador. — Yo… yo tengo algo muy importante que decirte —

El rostro de la peliverde se iluminó mientras escuchaba hablar a su amigo, los halagos que recibía incrementaban el rubor en su rostro y por cada palabra que salía de la boca del azabache simplemente incrementaban ese sentimiento que había crecido en ella desde que habló con él sobre su madre en la isla Poni.

Ese sentimiento no lo había hablado con nadie, ni siquiera con su mejor amiga Suiren, su familia estaba descartada ya que solo su padre se encontraba disponible y su hermano seguía de viaje. En momentos como ese deseaba hablar con su madre, definitivamente la extrañaba.

Cada vez que veía al entrenador sentía una inmensa felicidad que crecía aún más cuando estaban solo los dos caminando por algún lugar de la isla o cuando el azabache iba a su restaurante.

Ella no era ajena a los rumores que escuchaba cuando iba a la ciudad o al centro comercial, sabía que creían que ella y Satoshi eran una pareja, lo cual le alegraba en cierta manera.

La sonrisa de Mao creció aún más cuando Satoshi le dijo que era una persona bastante importante para él y que la quería mucho, ya no había necesidad de decir nada más.

Satoshi yo… —

Pero… —impidió que continuara

El rostro de Mao se tensó un poco al ver la expresión de su amigo, lo que siguió a continuación era algo que no se esperaría.

Las palabras del azabache cambiaron repentinamente, los halagos habían sido dejados atrás y ahora simplemente escuchaba, lo que a ella le parecían, simples excusas.

Lentamente empezaba a sentir un pequeño dolor punzante en el pecho al escuchar que el entrenador no la quería de la misma forma a como lo hacía ella.

Eres alguien increíble, muy hermosa y estoy seguro de que cualquier chico estaría completamente feliz contigo pero… —se tomó varios segundos antes de terminar de hablar. — Yo no soy ese chico —

— … —

Lo siento mucho Mao —

La peliverde se quedo con la mirada gacha durante varios minutos. Ninguno de los dos decía palabra alguna. Cuando el azabache estuvo a punto de levantarse e irse escuchó una pequeña risa de parte de la chica.

Lo dices como si me estuvieras rechazando… nosotros solo somos amigos ¿Cierto? —en ningún momento levantó la mirada.

El entrenador tambien tenía la mirada cubierta con su gorra. — Si… —

Mao se levantó y con una gran sonrisa se despidió del entrenador para luego salir corriendo del lugar, no podía permanecer mas tiempo cerca de él, no era tan fuerte.

Satoshi simplemente se quedó viendo la espalda de la chica hasta que no la pudo ver más, apoyándose en el troncó fijó su mirada en el cielo como si fuera lo mas importante del mundo. A un lado suyo Pikachu, quien se había mantenido al margen de la conversación, le reclamaba a su entrenador el porque le había dicho esas cosas a Mao.

Era lo mejor amigo… —Pikachu no estaba conforme con esa respuesta. — Por favor no quiero hablar de eso —

El pokemon eléctrico se detuvo, la voz de su mejor amigo era distinta y creía haber escuchado un quiebre en su voz cuando le respondió. Por ahora lo dejaría pasar pero aun quería una explicación sobre lo que había pasado minutos antes.

Mao era una increíble chica y la verdad creía que ella iba ser quien finalmente conquistara el corazón de su mejor amigo. Bueno, a opinión del roedor, estaba entre ella y Lillie quien tambien parecía bastante cercana a su mejor amigo.


La oriunda de Alola y el entrenador de Kanto se veían fijamente, se podía notar el nerviosismo en ambos. Pikachu bajó del hombro de su amigo y se alejó unos metros para darles privacidad.

— … —

— ¡Mao! —

Antes de que pudiesen decir algo se escuchó el grito de alguien que llamaba a la chica. Ulu apareció junto a su padre al ver que la chica se había quedado estática.

— ¿Oh? Alola Satoshi —

Le tomó un par de segundo al azabache responder el saludo. — ¿Eh? ¡Oh! Ulu-san Alola, no sabía que habías terminado tu viaje —

— Si, ahora estoy preparado para llevar al restaurante Aina a ser el mejor de toda Alola y muy pronto tambien será el mejor del mundo —

— No ha cambiado nada —comentó el azabache entre risas.

— Por cierto… —alternó la mirada entre su hermana y el chico, se podía notar un poco la tensión en el ambiente. — ¿Interrumpimos algo? —

Ulu vio un poco extrañado el silenció que se formó entre ambos, algo debía haber pasado entre ellos ya que cuando conoció al azabache parecía un chico bastante animado.

— Volvamos adentro, tenemos que celebrar tu regreso —el padre de ambos peliverdes colocó una mano en los hombros de sus hijos para atraer su atención.

— ¡A-Abe-san! Yo necesito hablar co- —

— Lo siento Satoshi —interrumpió. — Ahora mismo hay varias cosas que hablar con Ulu y estoy seguro de que Mao es la más interesada en escuchar sobre su viaje, en otro momento pode- —

— ¡Abe-san! —el hombre mayor se sorprendió un poco por le grito del chico. — ¡Lo siento mucho! Se que he demorado demasiado en entender lo que me dijo aquella vez, pero… ¡Ahora estoy seguro de lo que quiero hacer! Así que, ¡Por favor deje que hable con Mao! —

Satoshi se había inclinado ante el padre de su amiga, tenía los ojos cerrados y los puños apretados.

Antes de que el hombre pudiese responder a lo dicho por el entrenador fue interrumpido por un toque en su hombro. Ulu había comprendido, en parte, lo que estaba pasando por lo que decidió intervenir.

— Dejemos que los chicos hablen —comenzó a caminar llevando a su padre. — Mao no demores mucho, tengo varias cosas que contarte —le dio una gran sonrisa antes de alejarse.

Nuevamente ambos se quedaron solos, Satoshi levantó la cabeza cuando escucho a Ulu y ahora veía fijamente a Mao, no negaría que se encontraba nervioso pero había regresado a Alola por una razón y nada lo haría cambiar de idea.

La peliverde se encontraba nerviosa, bastante nerviosa. No sabía el porqué del regreso de Satoshi y aunque una parte de ella estaba bastante curiosa, mas que todo por lo que le dijo a su padre, otra parte no quería saber nada del entrenador.

No iba a negar que aun cuando habían pasado dos meses todavía recordaba todo lo que el entrenador había dicho aquella vez en la playa. Al principio sentía un dolor punzante en el pecho pero conforme pasaba el tiempo ese dolor tambien venía acompañado de un poco de molestia contra el entrenador.

Ella no odiaba a Satoshi, simplemente estaba un poco molesta con él por las palabras que eligió aquella vez, la hacía sentir que solo la había ilusionado. Necesitaba un poco mas de tiempo para volver a ser la misma con el entrenador.

— Mao, yo… —los pensamientos del azabache eran un desastre, no sabía que decir a continuación. — Yo… —

Tomó un respiro profundo antes de mirar fijamente a la peliverde, quien retrocedió un par de pasos inconscientemente.

— ¡Lo siento! —nuevamente agacho su cabeza mientras se disculpaba con su amiga.

— … —

— Sé que no vas a creer lo que te voy a decir pero estos son mis verdaderos sentimientos —levantó el rostro para ver de nuevo a la peliverde. — Mao, te quiero mucho —

La peliverde no sabía que decir, había escuchado lo mismo del entrenador algunas veces cuando habían salido pero ahora parecía distinto, muy diferente comparado a aquellas situaciones.

— Yo tambien te quiero Satoshi, somos amigos ¿No es así? —fue la mejor respuesta que pudo dar, no quería ilusionarse nuevamente, no creía que lo iba a resistir.

— ¡Quiero que seamos más que amigos! —

Cuando Mao se dio cuenta vio que el azabache se había acercado demasiado por lo que retrocedió un par de pasos.

— Mao yo quiero que se- —

— Por favor detente —aun cuando lo dijo en voz baja fue suficiente para que el chico dejara de hablar. — No entiendo que tratas de hacer diciendo todas estas cosas. Tu dejaste bien claro lo que sentías aquella vez —

El entrenador se quedo callado debido a eso, ella tenía razón. Aquel día en la playa él le dijo que solo eran amigos y era lo único que podían aspirar a ser.

— Se que fui un idiota por decir todas esas cosas pero en ese momento no sabía que era lo que sentía por ti —

— ¿Y ahora si lo sabes? ¿Cómo estás seguro de que no cambiaras de opinión nuevamente? —

Satoshi se quedó en silencio, no sabía que responder a eso.

— ¿Lo ves? —

— … —

Mao soltó un suspiro antes de darle al espalda al chico. — Dejémoslo así Satoshi, no te odio si es que te lo preguntas… aunque quizás este un poco molesta —lo último lo dijo en un tono más bajo pero estaba segura de que el azabache lo escucharía.

— Como sea, todavía somos amigos así que no te preocupes —le dio una última sonrisa antes de comenzar a caminar a casa.

Satoshi tenía su mirada oculta bajó la gorra, había escuchado claramente todo lo que su amiga decía y estaba de acuerdo pero él todavía tenía algo que decir. Antes de que Mao se alejara más la alcanzó y la tomó suavemente de su mano.

— El día que te estaba esperando en el restaurante quería preguntarte algo —

Mao, quien estaba tratando de soltarse del agarre del azabache tuvo que parar al escucharlo.

— Yo he viajado por varias regiones y he conocido a muchas personas, en mi viaje me han acompañado diversas chicas bastante lindas pero nunca había sentido algo más que una simple amistad por todas ellas. Incluso hubo una compañera que me dio un beso cuando nos separamos pero aún con eso yo solo podía verla como una amiga —

La peliverde había dejado de forcejear con el chico y ahora escuchaba atentamente lo que estaba tratando de decirle aunque una mueca se formó en su rostro al saber que el chico ya había dado su primer beso. Las manos de ambos seguían entrelazadas.

— Desde que llegue a Alola, tu fuiste la primera en acercarte a mí y aunque al principio pensabas que yo era un nuevo alumno ya me habías dejado una primera impresión. Todo este tiempo que hemos pasado juntos solo hizo que un nuevo sentimiento creciera en mí —

El azabache nuevamente repetía las palabras que utilizó aquella vez, aquello halagos se hicieron presente nuevamente pero algo era distinto, algo que incluso Mao se dio cuenta.

— Luego de lo que paso en Poni yo estuve pensándolo toda la noche, ni siquiera pude dormir debido al beso que me disté. ¿Fue solo por agradecimiento? ¿Por haberte escuchado? O ¿Era por algo más? No soy muy listo con estos temas pero quise comprobar algo, cuando terminara mi batalla con Hapu te invitaría a salir, dependiendo de tu respuesta yo quizás encontraría mi respuesta —

— ¿A qué respuesta llegaste? —preguntó la peliverde, durante todo el discurso del chico no había volteado a verlo, lo único que los unía era sus manos.

— Estaba bastante nervioso en el barco y lo estuve más cuando te acercaste a mí. Cuando aceptaste mi propuesta yo me sentí bastante feliz, una felicidad que no había sentido antes era completamente distinto a cuando ganaba una batalla o cuando obtenía alguna medalla —

Mao no sabía que hacer, las palabras del entrenador la alegraban en gran manera. Estaba segura de que tenía una enorme sonrisa en su rostro, sus mejillas le ardían al igual que sus orejas. Quería darse vuelta y abrazarlo con todas sus fuerzas pero había algo que la detenía, los recuerdos de aquella conversación venían a su mente.

— Si te sentías de esa manera… —interrumpió mientras sentía como poco a poco una molestia crecía en ella. — ¡¿Por qué me dijiste lo contrario aquella vez?! —preguntó mientras volteaba a verlo.

Satoshi tuvo que reprimir el impulso de abrazarla al ver lágrimas en los ojos de Mao, se sentía bastante culpable por eso.

— Porque fui un idiota, dude de los sentimientos que tenía por ti y sobre lo que pasaría más adelante. Fui un cobarde y solo hui —

— En eso tienes razón, simplemente te fuiste y ni siquiera me avisaste antes, no te importó lo que yo sentía —

Nuevamente varias lágrimas aparecieron en los ojos de Mao. — Yo quería estar contigo, quería estar a tu lado. Yo… Yo… Yo qui- —

El azabache rápidamente la atrajo en un abrazo, no podía soportar verla llorar. Mao, por su parte trató de alejarse del entrenador, tenía varios sentimientos encontrados y no quería volver a sentir ese dolor que tuvo cuando el azabache se fue.

Luego de varios segundos la chica dejo de forcejear y se aferró con fuerza al azabache, durante varios minutos la chica se desahogó mientras lloraba sobre el hombro del chico.

Durante todo ese tiempo ninguno de los dijo palabra alguna, simplemente se quedaron abrazados.

— Satoshi —llamó Mao aún abrazada al entrenador. — ¿Tú me quieres? —

— Te quiero —

— ¿Lo dices en serio? —

— Muy en serio —deshizo el abrazó para verla fijamente a los ojos, apoyo sus manos en los hombros de la peliverde. — Mao, quiero que estés a mi lado —

— ¿Cómo sé que no cambiaras de opinión? —

— No lo hare, cree en mí —

— Satoshi —

Mao se fue acercando lentamente hacía el chico envolviéndolo nuevamente en un abrazó, levantó la mirada quedando muy cerca del rostro del azabache.

— Te quiero mucho Mao —

El entrenador lentamente cerró la distancia entre ambos.

Para Mao fue algo completamente nuevo, la sensación de los labios de Satoshi era suave y sintió como sus dientes chocaron un poco, algo normal en una novata como ella, pero no quería alejarse del chico del que se había enamorado.

Todo lo que había pasado, todo lo que estuvieron hablando hace solo algunos minutos se desvanecieron. Su mente se quedo en blanco, no quería pensar en nada ni en nadie y solo quería concentrarse en el sabor de los labios del azabache.

Satoshi no podía describir todo lo que estaba sintiendo, lo más similar a lo que podía asociarlo era como si una pequeña corriente eléctrica recorriera todo su cuerpo, muy diferente a todos los ataques eléctricos que había sentido en sus viajes. Con sus manos atrajo aun mas a la chica, no quería que esa sensación terminara.

O eso era lo que quería pero sus pulmones estaban pidiendo oxígeno por lo que ambos se separaron, todavía se notaba algunas lágrimas en los ojos de Mao adornado con un pequeño rubor en sus mejillas.

La mente del azabache se trasladó a aquella noche en Poni cuando la vio de igual manera, con un pequeño rubor en su rostro.

Se veía completamente hermosa.

El entrenador la atrajo en un abrazó mientras se besaban nuevamente aunque esta vez no duro mucho.

— Mao, ven conmigo —le susurró al oído. — Acompáñame en mi viaje —

La peliverde se sorprendió un poco por el pedido de su ahora novio pero rápidamente dio su respuesta. — Si, estaré a tu lado —

El azabache colocó sus manos en la cintura de Mao para levantarla mientras daba unas cuantas vueltas, esta acción provocó varias risas de parte de la chica seguidas del chico. Cuando el chico se detuvo ambos nuevamente unieron sus labios.

Ambos rieron cuando se separaron. Entrelazando sus manos caminaron rumbo al restaurante, tenían una gran noticia que dar. Pikachu rápidamente se unió al dúo, había estado lejos durante todo el tiempo que conversaron y la verdad es que se habían tomado su tiempo.

— Por cierto… —comenzó la peliverde. — Dijiste que te habías demorado en entender lo que mi papa te dijo. ¿A qué te referías? —

— ¿Eh? Bueno… como decirlo… —se adelantó un par de pasos antes de responderle.

El entrenador le contó que ese día su padre se le acercó para preguntarle que intenciones tenía con su hija. Al principio solo dio respuestas vagas lo que provocó que su padre se molestara un poco y le exigiera una respuesta clara.

— Fueron muchas cosas y al final no supe que responder pero… al final se lo agra- ¿Eh? —

Cuando se dio cuenta Mao ya no se encontraba a su lado, lo siguiente que escuchó fue un grito que provenía del restaurante por lo que rápidamente se acercó al lugar. Lo que vio cuando abrió la puerta fue algo bastante peculiar.

Mao se encontraba regañando a su padre, quien curiosamente estaba en posición seiza, y se podía notar un leve chichón en la cabeza del dueño del restaurante. A un lado de ellos Ulu veía todo mientras no paraba de reír.

Luego de tan peculiar escena ambos tomados de las manos le dijeron sobre lo que tenían pensado hacer, les tomó varios intentos pero lograron convencer al padre de la peliverde de que dejara que lo acompañara a Galar. Ayudo mucho que el azabache le diera las gracias al padre de su novia por lo que le dijo aquella vez.

El dueño del restaurante hecho a todos diciendo que tenía que preparar bastante comida para celebrar la llegada de su hijo y el inicio de la relación entre su hija y el entrenador de Kanto. Ulu aceptó el pedido de su padre y fue a visitar a algunos amigos mientras que la recién formada pareja se fue a la playa.

— No puedo creer que papa haya hecho eso —murmuró un poco molesta la peliverde.

— No te molestes, al final fue algo que me ayudo a comprender mejor lo que sentía por tí… Eso y la conversación que tuve con mi mama en casa —no pudo evitar temblar al recordar el regaño que se había llevado de su madre cuando le contó lo que había pasado.

Mao suspiro para olvidar todo mientras recordaba cual sería su próximo destino. — Estoy muy emocionada por conocer otra región —

— Yo tambien —comentó el azabache. — Investigue un poco sobre la región y al parecer existe un efecto bastante peculiar, estoy emocionado por saber que batallas nos esperan —Pikachu se sumo a lo dicho por su entrenador.

— Yo quiero saber como serán sus platos típicos, deben haber varios ingredientes únicos en Galar —

Estuvieron conversando varios minutos, Mao le contó lo que estaban haciendo Kaki, Mamane y Suiren. Todas esas noticias alegraron al azabache al saber que sus amigos estaban siguiendo poco a poco sus sueños.

— Oh, casi lo olvido. Suiren envió una carta dici- —la chica se detuvo al escuchar algo.

Se levantó del tronco donde estaba sentada para ver a lo lejos, una figura se acercaba por el océano. Entrecerró un poco los ojos para poder reconocer a la persona, una Primarina le confirmó quien era aquella persona.

— ¡Suiren! —levantó la mano para saludarla, creía que llegaría dentro de dos días aunque no es que le molestara verla antes.

Primarina aceleró repentinamente para sorpresa del dúo quienes creían que no le daría tiempo para que se detuviera. La entrenadora de cabello azul reconoció rápidamente a la persona que estaba al lado de su mejor amiga y le ordeno a su pokemon que incrementara aún más la velocidad.

La pokemon de agua haciendo gala de su destreza llegó rápidamente a la orilla y se detuvo a tiempo para que su entrenadora bajara y saliera disparada rumbo a Mao o eso era lo que creía.

— ¡Oh! —el azabache se impresionó de la velocidad de Primarina. — Suiren Alo- ¡Pugh! —

El entrenador de Kanto fue mandado a volar por un golpe de la peliazul que debido a la fuerza termino noqueado.

Mao rápidamente fue a ver el estado de su novio reclamándole a su amiga del porque lo había golpeado. Suiren simplemente veía confundida todo lo que pasaba, creía que Mao seguía molesta con el azabache.

¿Se había perdido de algo?


Fin

Segundo capitulo terminado con la favorita de muchos, creo que incluso tiene mas fans o esta a la par que Lillie. Este capitulo, sorpresivamente, resultó mas largo de lo esperado aunque no estoy 100% convencido de como me quedo, quizás lo cambie antes de subir el próximo.

Nuevamente quise colocar en alguna parte del capitulo la frase del titulo: Alola Surprise! pero no resulto.

Siguiente Pokewaifu: Suiren.