Anta Baka
Una breve historia sobre el amor
El tiempo para Shinji parecía detenerse cada vez que ingresaba al hospital metropolitano de Tokio-3. Los pacientes iban y venían, pero aquello poco le importaba. En su mente sólo rondaba una persona, la única que quedaba de su antigua vida y que pese a todos esos gritos en insultos que se lanzaron en el pasado, terminaron encariñándose con el otro disfrutando de la compañía que tenían al estar juntos.
—Ikari Shinji… —lo llamó una enfermera de voz dulce.
—S-Sí…
—Ya puedes pasar a la habitación de la señorita Soryu—informó la enfermera que recibía a los familiares en la entrada a la vez que le entregaba una hoja con varios papeles pertenecientes a la alemana—. Ella muy en el fondo debe apreciar que lo mucho que su novio se esfuerza por estar con ella, incluso en esta situación.
Las mejillas del castaño se colorearon en un tono carmesí muy lindo que terminó por sacarle una gran sonrisa a la enfermera. Con mucha pena tomó los papeles del escritorio y los metió a su mochila en la cual traía algunas cosas con la que buscaría intentar levantarle el ánimo a su mejor amiga.
—Con permiso—dijo antes de salir de ahí evitando todo contando visual con la mujer que de alguna forma le dio algo de alegría en su día.
Shinji caminó entre los pálidos pasillos del lugar asombrado por la escasa cantidad de personas que eran atendidas ahí. Sabía por parte de su tutora que el lugar estaba reservado en su mayoría para miembros de NERV, pero aún así era inusual no ver algún paciente.
Finalmente llegó a la puerta de la habitación de Asuka. Su recurrente miedo por arruinar las cosas lo hizo retroceder algunos pasos, pero su coraje pudo domar su temor permitiéndole así girar el picaporte. Con cuidado asomó su cabeza a través de la puerta notando entonces que su compañera seguía dormida pese a que eran horas de visita. Tal vez no sabía que vendría, pero aún así no importaba, él sólo quería pasar un tiempo con ella.
Cerró la puerta suavemente procurando no hacer ruido. Ya estaba adentro así que sólo se limitó a tomar una silla en la cual se sentó esperando así que Asuka despertara. Observó el sitio nuevamente a pesar de haber estado aquí anteriormente. El olor a antiséptico era indistinguible y el sonido de los aparatos que tomaban lectura del estado de salud de su explosiva amiga eran una melodía que no quería escuchar nunca más.
Se encontraba solo en esto, pero así lo quería el mundo que los acogió. Misato ya no los veía desde el fallecimiento de Kaji, sus amigos dejaron la ciudad no hace tanto tiempo y su padre seguía siendo el mismo enfermo que clonó a Ayanami a partir de las muestras genéticas que su madre dejó. De alguna forma era un chiste muy cruel, pero uno que le causaba cierta gracia tras conocer el pasado de Asuka y recordar el suyo.
Eran sólo dos niños en un mundo de adultos. No, eran más que eso; eran dos niños intentando entender cómo ser adultos sin antes conocer una niñez. Sólo eran meras herramientas para una guerra orquestada con fines egoístas en las cuales ninguno de ellos dos figuraban, pero aún así quería creer que estaba haciendo algún bien tras ver cómo su mundo se desmoronaba a su alrededor.
—Asuka… —murmuró Shinji el nombre de ella mientras dejaba la mochila en el suelo—. Prometí volver y aquí estoy, contigo, esperando a que regreses a casa… a nuestra casa.
Por más que quisiera ocultar su tristeza, aquellas lágrimas rebeldes terminaron por asomarse a través de sus ojos. Su mirada era el reflejo de su alma, una que sufría a causa de su amiga a la que no pudo proteger tiempo atrás.
—Sabes, extraño que me preguntes si soy un idiota, eso ayudaba a mantener los ánimos en el departamento. Misato… ella no es del todo la mejor compañera con la que pueda divertirme, no después de lo de Kaji-san.
Shinji aún recordaba aquella noche en que Misato recibió ese mensaje. En aquel momento pudo actuar, pero prefirió esconderse hasta dejar que las cosas escalaran al punto en que no podía hacer nada. Lamentó esa decisión por varias noches llorando mientras se repetía lo inútil que era.
—He pensado mucho en lo que somos, nuestra amistad… Hikari me ha ayudado a través del teléfono—declaró él mientras observaba la respiración de la pelirroja la cual no parecía estar en coma, sino en un simple sueño del cual podría despertar en cualquier momento.
—Ella me confesó algunas cosas, sé que si me escucharas me negarías todo lo que me contó y muy posiblemente me dieras varios golpes para evitar que siguiera hablando… Yo también te quiero. Hikari tuvo que reprenderme muy fuerte, dije algunas tonterías las cuales no eran verdad.
El recuerdo de aquella conversación vino a la mente de Shinji. Le parecía curioso como ahora entendía mejor los sentimientos de Asuka, pero necesitó de la ayuda de la ex jefa de grupo de su escuela.
—¿Acaso no te das cuenta de que lo único que buscaba Asuka con todo lo que hacía era tu atención? —aquellas palabras resonaron en su mente una vez más. Hikari había sido explícita con él, no dejó nada a la imaginación y le dijo las cosas tal y como debían de ser—. Ella no quería salir con esos chicos, ella solamente buscaba que un día le pidieras que se quedara contigo. Hasta ese beso que se dieron no fue más que una excusa para que le dijeras algo bonito, para que te acercaras a ella.
En su momento no logró ver todo lo que Asuka había hecho para llamar su atención, pero ahora todo era más claro. Ella pidió su ayuda no porque detestara a Ayanami, sino porque en verdad ella quería que ser rescatada por él. No lo supo en su momento, pero su querida alemana siempre lo mantuvo en un pedestal muy alto, uno al que aspiraba llegar pese a que él no se veía como alguien que fuera a destacar entre todos.
Esa noche no sólo se agarró a llorar con coraje, sino que también se disculpó con Hikari por todos los errores que había cometido al creer que nadie lo amaba.
—Shinji… yo sé que Asuka es una cabeza dura, pero muy en el fondo ella quiere que su Invencible Shinji la cuide también. Ella no deja de ser una niña al igual que tú y yo; promete que la vas a cuidar y que la verás todos los días en el hospital a partir de ahora. No quiero que la dejes sola por nada, ¿quedó claro?
—Quedó muy claro… Hikari-san—murmuró en el aire antes de secar aquellas lágrimas que terminaron por caer a través de sus coloradas mejillas—. Asuka… Yo te amo…
Como quería que sus palabras fueran escuchadas por su amada pelirroja. Quería tomarla entre sus brazos y darle ese abrazo que tanto buscó, decirle lo mucho que la admiraba para verla feliz. Extrañaba muchas cosas de su relación, pero lo que más quería volver a tener en su vida era ese afecto único que sólo Asuka podía demostrar.
Quería que su adorada Asuka le gritara…
—¿Anta… Baka?
