Llegaron a la ciudad de Aberdeen y se dirigieron al hotel donde Copley los estaba esperando.

Mientras Booker se daba una ducha, todos comenzaron a hablar sobre lo ocurrido e intentaron hacerla hablar a ella. Pero ella no podía reaccionar, todavía estaba demasiado shockeada por todo lo que había pasado hace apenas unas horas atrás.

Quynh estaba viva. Ella había sobrevivido a su prisión del océano y de algún modo se había salvado a sí misma. Andy no había podido salvarla, y se odiaba a sí misma por eso. Ella tendría que haberlo logrado, tendría que haber insistido más, tendría que haber…

No valía la pena continuar reprochándose las cosas que no podía cambiar. Quynh estaba viva, estaba de vuelta… y estaba diferente. Había una furia irreconocible en ella, y aunque Andy podía comprenderla en alguna parte de su alma, no podía reconocerla. Y le daba miedo lo que todo eso podía llegar a significar.

— Es hora de hablar. — Dijo Nicky, llamando la atención de todos.

Booker acababa de salir del baño, ya seco y cambiado con ropa limpia.

— Cuéntanos qué fue lo que pasó. — Le pidió Joe a Booker.

— Un día llegué al departamento donde estaba viviendo, en París, y Quynh estaba allí. — Comenzó a relatar Booker.

Booker les contó todo lo que había ocurrido durante el mes que Quynh lo tuvo secuestrado. Quynh estaba llena de locura y furia, quería destruir todo lo que estaba a su alcance y vengarse del mundo por el destino que había sufrido bajo el océano.

Además, de alguna forma había conocido a la doctora Kozak y le había estado permitiendo hacer experimentos sobre la inmortalidad con él. Por eso, el guardia al que Nicky le había disparado no había muerto. Igualmente, hasta donde Booker sabía, no habían logrado poder transferir y reproducir la inmortalidad a otras personas, ni averiguar su origen ni la forma en acabarla. Simplemente habían logrado hacer un suero que permitía que los poderes autoregenerativos de la inmortalidad duren en los mortales un par de horas. Incluso eso era a veces peor, ya que luego de unos días de haber tenido ese poder, morían repentinamente.

— ¿Qué vamos a hacer? — Preguntó Booker a Andy.

— No lo sé. — Admitió ella, sin todavía poder asimilar todo lo que había ocurrido

— Hay que detenerla. — Dijo Nile con convicción.

— ¿Y cómo dicen de detenerla? — Preguntó ella. — Quynh también es inmortal. — Les recordó.

— Inmortal o no, hay que detenerla. — Insistió Nile.

— Tal vez no puedan matarla, pero pueden frenarla. — Agregó Copley, interviniendo.

Andy sabía lo que eso significaba, querían atraparla y encerrarla. Esa era la única manera en que se podía detener a una persona inmortal. Ella no podía aceptar eso. Quynh ya había sufrido mucho tiempo encerrada, ella no podía condenarla a más de lo mismo.

— No, no podemos encerrarla. — Negó ella.

— Pero Andy, es la única manera. — Dijo Nile, concordando con Copley.

— No podemos hacer eso, no después de todo lo que ya sufrió estando encerrada. — Justificó ella su postura.

— Pero ahora es el mundo el que sufre Andy. — Dijo Nicky tristemente.

— Y nos está poniendo en peligro, Kozak no nos va dejar en paz al menos que detengamos a ambas. — Agregó Booker.

— Hay que detenerlas. — Coincidió Joe con los demás.

— No, tiene que haber otra forma. — Dijo ella, sintiendo que su alma se partía en mil pedazos.

Se sentó en una de las camas y escondió su cabeza entre sus manos, intentando refugiarse en sí misma para poder pensar con mayor claridad. Ella sabía que no podían dejar a Quynh lastimar personas inocentes, pero también sabía que ella no se merecía volver a ser aprisionada. Ella merecía ser libre.

Y si, Quynh había cambiado, y tenía motivos importantes para haberlo hecho. Pero ella todavía la amaba, y como lo hacía no podía ser parte de eso. No podía ser la causa que le vuelva a generar sufrimiento.

— ¿Qué es la Ley 282? — Preguntó Nile, llamando su atención.

— Es una Ley del Código Hammurabi. — Respondió ella.

— ¿Por qué Quynh hizo mención sobre ella? ¿Qué significa? ¿De qué trata? — La interrogó Nile.

— El Código Hammurabi fue el primer código de leyes escrito por la humanidad, por eso es que fue tan importante. La Ley 282 es la ley que trataba el tema de la esclavitud. — Explicó ella.

— ¿Vos tuviste esclavos? — Cuestionó Nile con extrema seriedad.

— Si. — Afirmó ella.

— ¿Cómo pudiste tener esclavos? ¿Cómo pudiste estar de acuerdo con eso y no hacer nada para que esa ley no fuera escrita? — La inundó Nile con nuevas preguntas y enojo.

— Eran como las cosas funcionaban en su momento Nile. Los únicos esclavos que he tenido fueron las personas que perdieron batallas contra mi gente, que si hubiéramos dejado libres nos habrían destruido, matado o violado. — Justificó ella.

— ¡¿Me vas a decir que no sabías que estaba mal?! ¡¿Que la esclavitud es algo inhumano?! — Exclamó Nile con furia.

— Claro que sabía que estaba mal. — Aseguró ella. — Pero yo era y soy solamente una persona, ¿qué esperabas que hiciera? — Dijo con frustración.

— Que hicieras lo que fuera correcto. — Dijo Nile, a modo de reproche.

— Lo correcto para mi en ese momento fue protegerme a mí misma, e ir en contra del código habría implicado que descubran mi inmortalidad y yo ya no estaba para ser la diosa de nadie. — Expusó ella parte de sus motivos. — Tengo casi siete mil años de vida Nile, te puedo asegurar que en todos esos años he hecho cosas malas y he cometido miles de errores. — Agregó, sintiéndose agotada.

— No es suficiente esa excusa Andy, se supone que estamos para hacer bien a la humanidad y eso no estuvo bien. — Continuó Nile, expresando su decepción y enojo.

— Nunca clamé ser una heroína, ni hacer ningún bien. — La contradijo ella. — Con lo único que me he identificado es con ser una guerrera, y parece que todos ustedes a veces se olvidan de lo que implica y significa ser una guerrera: y eso es que también soy una asesina. Esto es lo que la inmortalidad me hizo ser. — Les recordó con amargura.

— Estás siendo fatalista Andy. — Dijo Nile, observándola con seriedad.

— No, estoy siendo sincera. — Retrucó ella. — Intenten ustedes vivir tantos años y después sí vengan a juzgarme. No pueden juzgarme por algo que ocurrió cuando no existían. La humanidad ha cambiado sus concepciones del bien y el mal más veces de lo que puedo recordar. Y sí, he cometido errores, pero también he pagado por ellos, he aprendido y he crecido. — Dijo con enojo, pero a la vez con tranquilidad.

De repente se formó un largo silencio entre todos ellos. Era un silencio intenso e incómodo. A Andy le sorprendió que nadie más hubiera participado de esa conversación, que los demás del equipo no hubieran dado su opinión. Fue raro sentirse juzgada, pero ella era la persona que peor se juzgaba a sí misma. Sí, Andy había tenido esclavos; pero también había sido una esclava, había liberado otros esclavos y había participado en varias luchas sociales en contra de la esclavitud. Eso era un tema del pasado, que cuando volvía al presente la hería. Había mucho sufrimiento en cada uno de esos momentos.

— Ya fue, este no es momento para tener un debate sobre esto. — Decidió Nile finalmente. — Es momento de detener a Quynh. — Agregó con determinación.

— Yo no puedo ser parte de esto, no puedo ser parte de la causa que vuelva a quitarle su libertad. — Negó ella, mientras varias lágrimas silenciosas comenzaban a caer de sus ojos.

— Si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema Andy. — Comentó Nile seriamente. — Nos vamos, nosotros sí vamos a detenerla. — Indicó con autoridad.

Booker, Joe, Nicky y Copley comenzaron a hacerse camino hacia la puerta. Andy sintió que su corazón se detuvo en ese instante. Iban a dejarla sola, y ella no estaba lista para eso.

— No se vayan, no me dejen sola. — Le pidió a sus amigos. — ¿Joe, Nicky, Book? — Mencionó sus nombres a modo de pregunta.

Pero ninguno respondió. Simplemente le dedicaron una última mirada y luego desaparecieron por la puerta de la habitación que los dirigía al pasillo.

Ahí estaba. Este era su karma, el que había logrado evitar por varios años, pero finalmente la estaba volviendo a alcanzar. Desde que había conocido la existencia de otros inmortales y había formado ese equipo, pensaba que nunca más iba a estar sola. Pero, al parecer, se había equivocado. Ese era su destino, que todos tarde o temprano la dejaban.

— Por favor, no se vayan. — Le pidió ella a Nile, quien era la última que quedaba en la habitación ya que había estado recogiendo sus cosas.

— Entonces ven con nosotros y ayúdanos a detener a Quynh. — Le volvió a proponer Nile.

— No puedo. — Negó ella, llena de tristeza.

— Y nosotros no podemos quedarnos con alguien que no quiere ayudar. — Dijo Nile.

Nile se fue de la habitación y cerró la puerta detrás de ella.

Andy se derrumbó en el piso y lloró desesperadamente todo el dolor que tenía acumulado en su cuerpo. Otra vez se encontraba sola, y ese era su peor miedo. La soledad siempre había sido lo que más la había herido en sus largos años de vida.

No sabía cuánto tiempo pasó llorando, simplemente sabía que había perdido toda noción de espacio, tiempo y realidad porque estaba demasiado hundida en su tristeza. Recién reaccionó cuando alguien entró a la habitación.

Ese alguien era Quynh.

— Te dejaron sola. — Comentó Quynh, parándose a su lado.

— Si. — Afirmó ella.

— Ni siquiera les importó que ahora eres mortal. — Dijo con cierto aire de disfrute.

Eso era verdad. La dejaron sola y ni siquiera su mortalidad los había detenido, el pensar que tal vez ella pudiera dejar de existir en el tiempo que estuvieran separados. Dolía que fuera así, pero era lo que era. Y Andy… bueno, ella ya tendría que estar acostumbrada a estar sola cuando lo había estado la mayor parte de su vida.

— Yo no te voy a dejar sola. — Aseguró Quynh a modo de promesa. — Ven conmigo. — Le pidió.

Quynh le ofreció su mano y Andy la aceptó. La guió hacia fuera del hotel y caminaron hasta el puerto, hasta el barco donde ella había tenido secuestrada a Booker.

Eso la hizo reaccionar. Ella no podía ir con su equipo porque no podía causar más dolor a Quynh, pero tampoco podía ir con Quynh porque no podía aceptar el sufrimiento y la venganza que ella quería ocasionar al mundo, y los experimentos que quería realizar sobre la inmortalidad.

— No puedo. — Dijo ella, soltándose de la mano de la otra.

— ¿Qué? — Preguntó Quynh, luciendo confundida.

— No puedo ir con vos. No puedo aceptar la maldad que quieres hacer, porque vos no eres así. — Explicó ella.

— Yo ya no soy quien era antes, vos ya no me conoces. — Le reprochó.

— Tal vez. — Aceptó ella y dio un pequeño suspiro. — Pero sé que en alguna parte de tu ser todavía eres esa persona maravillosa, valiente y buena que conocí. Y por respeto a eso, no puedo ir contigo. — Argumentó, diciendo cada palabra con total sinceridad.

— Entonces tu destino es estar sola. — Dijo enojada.

— Lo es. — Asintió.

— Adiós Andromache. — Se despidió y se dio vuelta.

— Adiós Quynh. — Se despidió, mientras la miraba marcharse.

Andy observó a Quynh subir al barco y luego observó al barco irse del puerto hasta que desapareció tras el horizonte.

Estaba nuevamente sola. Su equipo y Quynh la habían dejado sola, habían elegido dejarla sola. Y aunque ella había decidido hacer aquello que solamente le diera paz mental, no podía evitar sentirse completamente destruída.

Siendo ella alguien que había experimentado toda clase de dolor y sufrimiento, todavía no encontraba algo que fuera peor que un corazón roto.