Andy estuvo un par de meses en la ciudad de Aberdeen, matando sus penas en alcohol e intentando asimilar la partida de su equipo y de Quynh. Hasta que un día tuvo suficiente. Ella no quería pasar su último tiempo como mortal de esa manera. Era hora de encaminar su vida.

Viajó a Grecia y se instaló en un pequeño departamento en Atenas. Eligió esa ciudad porque le tenía un cariño especial. Lykon había nacido allí. Él era el primer inmortal con el que ella se había encontrado, él había sido su primer hermano. Lykon siempre la había llenado de historias de Atenas y en una ocasión la había llevado a conocer esa ciudad que tanto amaba.

Además sabía que David vivía allí. David era un doctor colombiano, que trabajaba y vivía en Atenas. Ella lo había conocido haciéndose sus chequeos médicos. Desde que se había hecho mortal había necesitado hacerse un par, y así se conocieron. Habían logrado conectar ya que ella también hablaba español, y así, mezclando ambos idiomas: griego y español, descubrieron que se llevaban bien. Por eso, cada vez que había necesitado atención médica Andy había recurrido a él.

— Andy. — Llamó David su nombre, reconociéndola en el mercado. — ¿Qué haces aquí? — Preguntó con curiosidad.

— Vivo aquí. — Respondió ella.

— Pensé que viajabas con tu familia por todo el mundo. — Dijo él confundido, pero queriendo saber más detalles.

— Lo hacía, pero ya no. — Admitió ella. — Ellos decidieron continuar sin mí. — Agregó, su voz quebrándose un poco porque todavía le dolía.

— Las separaciones duelen. — Comentó él, entendiendo de alguna manera un poco de su dolor.

— Si. — Afirmó ella.

— Pero bueno, concentrémonos en algo bueno. Me gusta que estés acá, va a ser lindo tener una amiga en la ciudad. — Dijo él, intentando animarla.

— ¿Somos amigos? — Preguntó ella, sonando algo desafiante.

— Podemos y vamos a serlo, estoy seguro. — Asintió él con confianza.

Al mes de estar en Atenas se unió al departamento de bomberos. Ella quería continuar haciendo algún bien a la humanidad, y sentía que con ese trabajo podía mantener algo de ese propósito. Al año consiguió que la nombren capitana de un escuadrón, sus habilidades y su capacidad de liderar siendo totalmente respetadas y valoradas por sus compañeros.

Así es como Andy comenzó a darse cuenta que no estaba completamente sola.

Andy tenía a su escuadrón. Ella se sentía muy cómoda con sus compañeros de trabajo, apreciaba a cada uno de ellos. Y aunque no podía sentirlos del todo como su familia, porque para ella su familia era su equipo de inmortales, si podía sentirlos como amigos.

Y también tenía a David. Ellos se habían hecho grandes amigos. Todos los miércoles y los sábados compartían cenas, maratones de películas y salidas al teatro. Era una linda costumbre que tenían. Ella amaba cada momento que compartían, y estaba segura que no podría haber encaminado su vida sin la compañía de ese hombre.

Y así, casi sin darse cuenta, pasaron tres años.

Era de noche, tarde. Andy regresaba de un turno intenso de trabajo, hubo un gran incendio al que les había llevado varias horas detener. Estaba totalmente agotada, lo único que quería era darse una ducha para quitarse el humo de encima y dormir.

Sin embargo, cuando llegó a su departamento, algo llamó su atención. Antes de abrir la puerta, su intuición ya le indicó que había una presencia extra. Había alguien allí, estaba segura de eso. Su mortalidad no había cambiado sus instintos de supervivencia, nada iba a hacerlo. Había cosas que después de casi siete mil años de vida jamás iba a olvidar, y defenderse era una de esas.

Entró y cerró la puerta sin hacer ni un ruido. Agarró la espada que estaba en el paragüero que tenía al lado de la puerta, y se hizo paso hacia el living-comedor para enfrentar la situación. Si habían ido a buscarla o a robarle, ella estaba dispuesta a pelear. Ella nunca se iba a dejar ir sin dar pelea, esa era la esencia de su alma guerrera.

Para su sorpresa, se encontró con alguien que jamás habría esperado.

— Copley. — Dijo ella su nombre al reconocer a aquel hombre.

— Hola Andy. — La saludó.

En eso, apareció su perra Amazona para darle la bienvenida. Andy la acarició con cariño a modo de saludo y agradeció tenerla. Los animales siempre lograban ayudarla a calmar su ansiedad.

— Diría que es un gusto, pero no estoy segura de que lo sea. — Comentó ella, volviendo su atención hacia Copley y bajó su espada. — ¿Qué haces acá? — Pidió saber.

— Necesito tu ayuda. — Respondió él.

Andy comprendió lo que eso significaba. Lo que fuera que tenía para pedirle era porque había pasado algo malo, y no estaba segura de estar preparada para lidiar con ello. Dejó a Copley en el sillón y fue a buscar una botella de vodka y dos vasos. Volvió hacia donde estaba Copley y se sentó frente a él. Le sirvió un vaso y se lo ofreció, luego sirvió el otro vaso para ella.

— ¿A qué se debe esto? — Preguntó él confundido, después de haber tomado un sorbo del vodka.

— Lo que sea que tenes para decirme es algo malo, así que supuse que iba a necesitar esto para poder asimilarlo. — Contestó ella con sinceridad.

— No me fue difícil encontrarte. — Comentó él, sin ir al tema de conversación que realmente importaba.

— No era como si me hubiera estado escondiendo. — Retrucó ella. — Si no quisiera que nadie me encuentre, no lo habrías hecho. Creeme, soy experta en desaparecer. — Dijo con seriedad.

— Te creo. — Asintió él.

— Entonces también cree que te podría haber matado por haber entrado a este departamento sin mi permiso. — Sumó ella, de una forma algo brusca y se sirvió otro vaso de vodka. — ¿Me vas a decir para qué viniste a pedirme ayuda? Porque si no lo haces no eres bienvenido. — Dijo de mala gana.

— Es el equipo, ellos desaparecieron hace un mes. — Contestó él.

Bienvenido dolor, eso era lo que había estado esperando. Eso era lo malo que lo había hecho buscarla. Si el equipo no había tenido contacto con Copley desde hace un mes significaba que la situación era grave. Lo más probable era que los hubieran secuestrado o hubieran quedado varados en algún lugar sin escapatoria posible.

— ¿Cómo y dónde? — Cuestionó ella.

— Fueron a hacer un trabajo a Camboya. Tenían que hacer contacto conmigo y nunca lo hicieron. A la semana de silencio ya estaba sumamente preocupado, así que fui a investigar con un equipo. No pudimos encontrar rastros de ellos. — Explicó lo mejor que pudo. — Esto es lo único que tengo. — Dijo y le entregó una carpeta con información.

Andy fue sacando la información de la carpeta y la fue leyendo. Al parecer ellos habían podido hacer el trabajo para el que habían sido contratados, así que la desaparición no tenía sentido. Debía ser algo no relacionado al caso. Y lo único no relacionado al caso era Quynh.

— Es Quynh, crees que ella es quien los tiene. — Adivinó ella la sospecha del otro.

— Ellos han tenido muchos enfrentamientos y peleas durante estos años, así que si, lo considero una posibilidad. — Asintió él.

— ¿Puedo saber de qué eran las peleas? — Pidió saber ella.

— ¿Sinceramente? — Preguntó él y ella asintió con la cabeza. — Ella no se empezó a meter con el equipo, al menos no hasta que ellos empezaron a detener algunas de sus operaciones. A partir de eso, ella empezó a intentar secuestrarlos para experimentación. Hasta ahora había fallado, pero es probable que esta vez lo haya logrado. — Relató lo que sabía.

— ¿Tienes información sobre Quynh? — Preguntó ella, después de tomarse unos segundos para asimilar todo eso.

— Si, hemos estado investigándola durante estos años, así que si. — Contestó él con sinceridad.

— Bien, voy a necesitar toda la información que tengas. — Aceptó ella.

Andy se levantó, dispuesta a comenzar un plan. Su mente funcionaba a mil por hora, y sin siquiera razonarlo del todo ya tenía decidido varias cuestiones en su cabeza.

— ¿Qué vas a hacer? — Preguntó él, sorprendido de que la otra se haya levantado, pensaba que iban a seguir la conversación.

— Primero, voy a darme una ducha. — Respondió, señalándose a sí misma. Todavía tenía la ropa del trabajo y estaba llena de cenizas del incendio. — Segundo, voy a esperar a que me pases toda la información que tengas. Y tercero los voy a encontrar. — Dijo con confianza.

— ¿Estás segura que quieres hacer esto? Ahora eres mortal. — Le recordó él.

— Mi mortalidad no cambia nada, en un equipo nadie es dejado atrás. — Expresó ella lo que pensaba y sentía en cada parte de su ser.

— Pero nosotros te dejamos. — Dijo él, sintiéndose culpable ante ese hecho.

— ¿Sabes qué es lo bueno de haber vivido casi siete mil años? — Preguntó ella mirándolo seriamente. — Aprendes a perdonar algunos errores y a no tener resentimiento, o por lo menos a tenerlo según la prioridad de los asuntos. — Dijo con seguridad.

— Perdón por haber perdido la fe en vos. — Se disculpó él y le ofreció su mano en señal de paz.

— Disculpas aceptadas. — Aceptó ella estrechando su mano.

Andy se dio una ducha, cenó sobras de arroz frío que tenía en la heladera y se acostó a dormir. Al otro día Copley le dio toda la información que tenía sobre Quynh. Andy estudió toda la información hasta saberla a la perfección y armó su plan. Era hora de estudiar a Quynh en persona si quería encontrar su equipo.

— No sé si es buena idea Andy. Eres mortal, puedes morir en la búsqueda o en el rescate. — Intentó razonar Copley con ella.

— Es un riesgo que estoy dispuesta a correr. — Dijo ella.

— Pero… — Comenzó a protestar él.

— ¿Crees que me importa morir? — Lo interrumpió ella. — No me importa, estoy lista para morir desde hace mucho tiempo. Y si muero salvando a mi equipo, entonces está bien, vale la pena. Cada uno de ellos vale la pena. — Dijo con una extrema e intensa convicción.

— Al menos deja que algunos agentes vayan con vos, que te ayuden. — Le pidió.

— Si necesito ayuda, prometo que te voy a avisar. — Aseguró ella. — Mientras tanto es mejor que vaya sola, para llamar la atención lo menos posible. Y yo soy quien mejor conoce a Quynh, soy la única que puede encontrarla y detenerla. — Expresó lo que creía.

— Bien. — Aceptó él, frustrado porque sabía que no podía controlarla ni hacerla cambiar de opinión. — ¿Sabes que si algo te pasa el equipo me matará, no? — Dijo, intentando poner algo de humor a la situación.

— Es una posibilidad. — Asintió ella y soltó una pequeña risa. — No te preocupes, no les diré que fuiste vos quien me informó de la situación. — Dijo a modo de promesa.

Andy se despidió de Copley y luego se dirigió al aeropuerto. Iba a empezar por ir a Vietnam, a las raíces de Quynh. Ella sabía que tenía que haber algún rastro de esa mujer en Nha Trang, el lugar donde antiguamente había estado su ciudad de origen.

Antes de irse de Grecia necesitaba hacer una cosa más. Ya se había despedido de su escuadrón de trabajo la semana pasada, pero quedaba David. Tenía que avisarle. Lo había estado evitando porque no tenía fuerzas para hacerlo personalmente. Él era un buen amigo y ella tenía un gran cariño por él. Incluso se había animado a contarle todo lo de la inmortalidad. No estaba segura de que él le creyera del todo, pero la respetaba, escuchaba sus historias y nunca la trataba como si estuviera loca. Así que prefería evitar la despedida personal, porque las despedidas eran amargas y dolorosas. Agarró su celular y decidió hablarle por whatsapp.

Andy:

Me voy

David:

A dónde?

Andy:

Me voy de Grecia

David:

Qué? Por qué?

Estás bien?

Andy:

Mi familia está en problemas

Tengo que ir a salvarlos

David:

Que tan peligroso es?

Te voy a volver a ver?

Andy:

No lo sé

David:

Me gusta creer que nos vamos a volver a ver

Tengo fe en vos

Andy:

Podrías cuidar de Amazona por mi?

David:

Por supuesto

Andy:

Gracias, por todo

Eres un gran amigo

David:

Te quiero

Buena suerte

Todos los sacrificios requerían pérdidas. Lo que importaba era lo que se perdía. Su vida mortal claramente era importante. Pero para Andy ese era un sacrificio aceptable. Ella estaba dispuesta a sacrificar su vida mortal si eso implicaba salvar a las personas de su equipo.