Después de una semana de rondar por varias ciudades de Vietnam, Andy encontró a Quynh. Efectivamente, no fue allí donde la enfrentó. Sino que durante el siguiente mes se dedicó seguirla y vigilarla en los países por los que ella se movilizaba: Bangladesh, Camboya, China, Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam.

Haciéndolo, finalmente pudo descubrir dónde era que tenían secuestrado a su equipo. En una prisión en una ciudad del sur de Bangladesh. Andy observó y estudió la prisión por dos semanas, hasta saber todo acerca de su funcionamiento para así poder planear su entrada y rescate.

Decidió hacer su misión un día que Quynh no estaba. Por ahora, prefería evitarla. Más cuando su equipo estaba de por medio.

Con el asesoramiento tecnológico de Copley, pudo desactivar todas las cámaras de seguridad de la prisión. Entró a paso decidido, con un chaleco antibalas, varias pistolas y su hacha.

Avanzó por la prisión sin problemas, deshaciéndose de cada guardia con quien se cruzaba. Sería mortal, pero su agilidad en pelear seguía intacta y era mejor que la de cualquiera de ellos.

Estaba por llegar a la celda donde tenían encerrado a su equipo. Lo sabía, lo sentía en cada parte de su ser. Era momento de tener una victoria. La única herida que había recibido hasta ese momento era una bala en su brazo y eso le daba confianza.

Con su hacha rompió la cerradura de la puerta de la celda y entró. Allí estaban Booker, Joe, Nicky y Nile acostados y atados a camillas. Había muestras de sus órganos en algunos frascos a los costados de su camillas, dando un aspecto siniestro a ese lugar que era una mezcla de laboratorio y prisión.

— Andy. — Dijo Nicky, siendo el primero en recuperarse de la sorpresa.

— ¿Qué haces acá? — Preguntó Booker, sin poder creer que ella fuera real.

— ¿Cómo nos encontraste? — Preguntó Joe, tan asombrado como los otros.

— Vine a sacar sus bellos traseros de aquí. — Respondió ella, intentando poner un poco de humor.

Andy los fue liberando de sus esposas uno por uno. Joe fue el único que se animó a darle un abrazo. Ella pudo percibir que los demás también querían hacerlo, pero probablemente debían sentir que no lo merecían por todo lo que había ocurrido entre ellos. Les repartió las pocas armas que todavía tenía en su poder, y ella se quedó con su hacha.

— Estás herida. — Dijo Nicky, observando su brazo.

— No es nada. — Dijo ella, quitándole importancia. — Es hora de movernos, hay que irnos de aquí. — Indicó.

Todos acordaron con ella, lo mejor que podían hacer en ese momento era salir de esa prisión. Se acomodaron en posición de pelea y se prepararon para salir.

De repente, algo inesperado sucedió. De las ventilaciones de la celda empezó a salir gran cantidad de gas. Y así, sin darles tiempo a reaccionar, todos perdieron la conciencia.

Cuando despertaron estaban otra vez todos retenidos físicamente en las camillas, excepto Andy. Ella tenía las piernas atadas con unas cadenas a una de las paredes y sus manos esposadas.

A los minutos, apareció Quynh.

— Andromache. — Dijo Quynh su nombre. — Te estuve esperando, sabía que tarde o temprano ibas a venir por ellos. Tu sensibilidad te hace predecible. — Comentó con cierto humor.

— Déjalos ir. — Pidió ella.

— ¿Por qué haría eso? — Le preguntó, divertida ante la idea.

— Porque me tienes a mí. — Respondió ella con seguridad.

— ¿Estarías dispuesta a tomar el lugar de ellos aún siendo mortal? — La cuestionó, ganando curiosidad ante eso.

— Si. — Afirmó ella.

— Ni siquiera lo dudaste, sorprendente. — Apreció. — Lastima que conmigo no fue así. — Le reprochó.

— Claro que fue así, no hubo día en que no deseara ser yo la que estuviera en tu lugar si eso significaba que no tuvieras que sufrir. — Dijo ella con sinceridad.

— ¿Rezaste? — Pidió saber.

— No exactamente, yo no creo en eso. — Negó ella. — Pero nunca me di por vencida, nunca dejé de buscarte. — Le dejo saber.

— Pero no fue suficiente. — La desacreditó.

— Lo sé. — Aceptó ella resignada, porque siempre había tenido culpa de eso.

— Además ellos dijeron que habían detenido la búsqueda, ambas cosas no pueden ser verdad. — Le dijo tristemente. Lo único que la hacía dudar de lo que los demás habían dicho era la sinceridad que veía presente en los ojos de la otra.

— Detuvimos las búsquedas en equipo, pero yo las continúe por mi propia cuenta. — Confesó ella.

— Quiero hacerte sufrir. — Le dejó saber, sin prestar atención a la confesión de la otra porque no podía asimilarla.

Era difícil para Andy ver a Quynh de esa forma. No podía reconocerla, no podía encontrar rastro de todo lo que había amado en ella. Y eso le dolía intensa e insoportablemente en cada parte de su alma. Ella solo quería recuperarla, que Quynh pueda volver a ser ella misma.

— Estoy dispuesta a que me hagas sufrir todo lo que quieras. — Asintió ella. — Pero a ellos no es necesario que los hagas sufrir, déjalos ir. — Insistió en su pedido.

— No es así como funcionan las cosas. — Negó.

— Pero podrían hacerlo. — Insistió ella. — ¿No han experimentado con ellos lo suficiente? — Preguntó frustrada, señalando los frascos.

— Probablemente sí, pero la venta de órganos es un buen negocio. — Le dijo con satisfacción, al notar el dolor en la otra ante esa noticia. — Quiero hacerte sufrir y sé que hacerlos sufrir a ellos es la peor manera en que te puedo hacer sufrir. — Reveló.

Con eso, su corazón volvió a romperse. ¿Era posible que un corazón que había sido roto tantas veces continuará rompiéndose una y otra vez? Evidentemente si, ella era la prueba de eso.

— Por favor Quynh. — Rogó ella.

— No, si no quisieras presenciar esto no tendrías que haber venido. — Le dijo secamente, dando por cerrado el tema.

Y así pasaron los siguientes meses. Todos encerrados. Y en esos meses Andy pudo descubrir por qué Quynh estaba complotada con la Doctora Kozak. Quynh quería que la doctora encuentre la fórmula para acabar con la inmortalidad. Le dolía en cada parte de su ser que la mujer que amaba quisiera terminar con su inmortalidad, que quisiera morir. Y todo eso se sintió un poco como lo de Booker de nuevo. Andy entendía los motivos de ambos, aunque no compartía sus métodos.

En esa prisión, Andy presenciaba como todos los días a los integrantes de su equipo les sacaban sus órganos, para vender en algún mercado negro. También continuaban con los experimentos de la inmortalidad, pero hasta el momento no habían logrado descifrarla. No podían encontrar nada en sus adns o en sus genes que dieran explicación al poder que tenían.

Y con los experimentos podía notar que la doctora Kozak no estaba siguiendo del todo los pedidos de Quynh. La doctora estaba haciendo lo que quería, estaba buscando una manera de replicar la inmortalidad, no terminarla.

Hasta el momento lo único que habían conseguido era poder hacer que algunos mortales fueran inmortales por un rato. Pero habían decidido dejar ese experimento de lado, porque luego de unos días esas personas morían, apareciendo repentinamente en sus cuerpos todas las heridas de las que se habían salvado en el rato que fueron inmortales.

No había conversaciones. Todos eran mantenidos con sus bocas tapadas. Andy era la única que no tenía tapada la boca y podría hablar si quisiera, pero sus largos años de vida le habían enseñado a mantener silencio frente a las situaciones de tortura. Su corazón se partía en mil pedazos cada vez que su equipo sufría, pero ella no emitía palabra.

Solamente hablaba cuando estaba con su equipo a solas. Les dedicaba palabras en idiomas extinguidos y olvidados, palabras que solamente ella podía entender. Pero palabras reconfortantes, de aliento, de calma, llenas de esperanza. Palabras que curaban. Ellos no podrían comprenderla, pero el sentido que transmitía era el mismo. Esa era su táctica para que, si la escuchaban por las cámaras de seguridad alguno de los guardias, los científicos o Quynh, no pudieran entenderla.

Quynh había intentado hacerla hablar más de una vez, pero no lo había logrado. Andy no había emitido palabra hacia ella desde la conversación que habían tenido el primer día. Ella no hablaba porque sabía que no iba a servir de nada. La otra no iba a cambiar de idea, solo iba hacerla hablar para torturarla de alguna manera. Así que Andy esperó pacientemente, esperó hasta que se diera el momento indicado para hablar.

Unos seis meses después, ese día llegó. Quynh estaba burlándose y molestando a su equipo, hablando de cómo no servía de nada que ella estuviera allí.

— Si sirve que yo esté aquí, sirve si me dejas tomar el lugar de ellos. — Dijo ella, sorprendiendo a la otra porque no esperaba su intervención después de tantos meses de silencio. — La clave de la inmortalidad no está en ellos y no van a encontrarla sin importar cuanto experimenten. Pero en mí, todavía no experimentaron. Tal vez la clave está en mí, después de todo fui la primera inmortal. — Expuso su idea.

— ¿Todavía estás dispuesta a tomar el lugar de ellos? — Preguntó Quynh, algo asombrada ya que había creído que era un tema olvidado.

— Si. — Afirmó ella.

— Demuéstralo. — Le pidió.

Bien, eso era lo que había esperado. Andy sabía perfectamente cómo probarlo. Por suerte sus manos estaban atadas con esposas y estas estaban un poco flojas. Si hubieran estado atadas con cadenas, como lo estaban sus piernas, no sabía si podría haber llevado a cabo su plan.

Agarró una de sus manos y la fracturó en varias partes para poder liberarla de las esposas que la tenían retenida. El ruido de sus huesos resonó en todo el ambiente y tuvo que morderse el labio para no emitir ninguna queja de dolor.

Con sus manos ya libres, utilizó la que tenía sana para quitarse el corpiño. Usando sus dientes descosió la costura y sacó uno de los aros. Agarró el aro y lo usó para abrir la cerradura de las cadenas de sus piernas.

Andy estaba libre de sus retenciones. Se levantó del piso y caminó hacia Quynh, hasta que quedaron frente a frente.

— ¿Si te era tan sencillo liberarte por qué no lo hiciste antes? — Preguntó Quynh, con una mezcla de admiración y curiosidad.

— Las cámaras de seguridad, ustedes me habrían detenido antes que pueda liberar a alguno de ellos. — Respondió ella, dejando saber su razonamiento.

— ¿Y cómo es esto una prueba? — La continuó cuestionando.

— Que podría haberlo intentando de todas formas, pero en vez de hacerlo acepté la manera en que que querías hacerme sufrir. — Contestó ella con sinceridad.

Se formó un largo silencio entre ellas. Andy entendía perfectamente lo que estaba sucediendo, Quynh estaba pensando su propuesta. Lo único que esperaba era poder haberla convencido de que la aceptara.

— ¿Estás segura de que sabes lo que me estás pidiendo? ¿Sabes que vamos a mantenerte viva todos los años que sea posible y el dolor va a ser continuo? — Siguió Quynh interrogándola, dispuesta a darle lugar a que cambie de opinión.

— Estoy segura. — Afirmó ella.

— Entonces puede ser que tengamos un trato, pero voy a pedir algo a cambio. — Le dijo pensativamente.

— Lo que sea. — Aseguró ella.

— Los voy a dejar ir, pero si vuelven a cruzarse en uno de mis trabajos para detenerlos o vuelven a buscarte a vos, entonces los volveré a secuestrar. Si no quieren estar encerrados y ser usados como experimentos, entonces tienen que mantenerse lejos de mi. — Le explicó su condición.

— Acepto. — Asintió ella.

Andy negoció con Quynh que pudiera dejarla ver la liberación de su equipo, para tener la prueba de que el trato se había llevado a cabo de verdad.

Así es como se encontraron todos en un helicóptero. Booker, Joe, Nicky y Nile todavía tenían las bocas tapadas y las manos esposadas detrás de sus espaldas. Andy estaba libre, porque Quynh sabía que ella no iba a escaparse.

Volaron un rato, hasta que se detuvieron en medio del océano. Quynh los iba a hacer saltar allí, esa era su forma de liberarlos.

Eso tenía que ser suficiente, Andy tenía que confiar en ello. Su equipo iba a sobrevivir. En unos días llegarían a alguna costa y podrían continuar con sus vidas.

— ¿Puedo decirles algo antes de que salten? — Pidió Andy a Quynh, señalando a su equipo.

— Si. — Asintió.

Andy se dirigió a su equipo. Sabía que las cosas no estaban del todo bien entre ellos, todavía quedaba sin tratar el tema del tiempo que habían pasado separados. Pero quería convencerlos de que su idea era lo mejor, quería que acepten esta oportunidad que les estaba dando.

— Sé que me odian o están decepcionados de mi. Lo acepto y lo respeto. — Comenzó y se aclaró la garganta porque lo que quería decir no estaba saliendo del todo como quería. — Ustedes tal vez se dieron por vencidos en mí, pero yo no me di por vencida en ustedes. Por eso les quiero pedir que hagan esta última cosa por mí: una vez que estén en el océano, sé que va a ser difícil, pero sé que van a sobrevivir. Una vez que estén en tierra, a salvo, no vengan por mí. No me busquen, olvídense de mí y de lo que me puede pasar. Olvídense de Quynh y manténganse lejos de ella. Mi vida ya fue muy larga, no tengo miedo de que acabe. Déjenme hacer esto por ustedes, acepten este regalo que les hago porque los amo. — Expresó todo lo que sentía.

Después de su discurso, le dedicó unas palabras de aprecio y cariño a cada uno en su propio idioma de origen. A Booker en occitano provenzal, a Joe en árabe, a Nicky en genovés y a Nile en inglés.

— ¿Listo? — Pidió saber Quynh.

Andy se puso de pie y le dio un beso a cada uno de ellos.

— Listo. — Asintió.

Quynh abrió la puerta del helicóptero y les indicó que salten. Booker y Nile fueron los primeros en saltar. Joe y Nicky se mostraron dudosos, como si no estuvieran listos para dejar a Andy una vez más. Así que Quynh le pidió que la ayude a empujarlos. Andy les pidió perdón y luego ayudó a Quynh a empujarlos fuera del helicóptero.

Andy los observó asomar las cabezas a través de las olas e hizo algo que no hacía hace cientos de años, desde una de sus crisis existenciales luego de la pérdida de Quynh... rezó al universo. Pidió que su equipo sobreviva y tenga la fuerza suficiente para hacer lo que ella les había pedido.