Enfrentarse a la inmensidad del océano era algo para lo que ninguno de ellos se había preparado.

Se ahogaron un par de veces, hasta que finalmente lograron aprender a flotar a pesar de que sus manos estuvieran esposadas.

— Debemos hacer lo mismo que hizo Andy. — Dijo Booker, el primero en romper el silencio.

— ¿Qué? — Preguntó Nile confundida.

— Fracturar nuestras manos para liberarnos de las esposas. — Explicó Booker a lo que se había referido.

Eso tenía sentido. Era una buena idea e iba a funcionar. Y a diferencia de Andy, sus manos se iban a curar en un par de minutos. Todos se descolocaron los huesos de sus manos y así lograron liberarlas.

— ¿Qué hacemos? — Preguntó Nile, comenzando a sentir pánico hacia la situación.

— Por empezar nos mantenemos siempre juntos, lo importante es no perdernos. — Respondió Nicky.

— Creo que deberíamos seguir la corriente y esperar que nos lleve a algún territorio. — Propuso Joe.

Así que, eso hicieron. Siguieron la corriente del océano. A veces les costaba dilucidar hacia dónde tenían que ir, porque las corrientes eran imprecisas, se cruzaban y mezclaban entre ellas. Pero intentaron hacerlo.

Murieron un par de veces ahogados, un par de veces de agotamiento, un par de veces de hambre y deshidratación. Pero, finalmente llegaron a tierra. Se arrastraron por la playa, sin tener energías para continuar, y se derrumbaron en la arena seca.

Varias horas después despertaron, con las energías recargadas y el sol molestando en sus ojos.

— ¿Dónde estamos? — Preguntó Booker.

— No creo que nadie lo sepa. — Respondió Nicky.

— ¿Cuánto tiempo creen que pasamos en el océano? — Pidió saber Nile.

— Hasta donde pude llevar la cuenta, íbamos quince días. — Contestó Joe.

— Deberíamos buscar un pueblo o algo, y comunicarnos con Copley. — Sugirió Nile.

— ¿Y luego qué vamos a hacer? ¿Buscar a Andy? — Cuestionó Nicky.

Eso los hizo a todos sumergirse en un profundo silencio.

Andy, la vida sin ella había sido difícil, y hasta terrible en algún punto. Estando separados de ella, de una manera que habían considerado definitiva en algún punto, se dieron cuenta que ninguno de ellos sabía funcionar sin ella.

Joe y Nicky la extrañaron en cada instante. Ellos habían vivido toda su inmortalidad con Andy, y les resultaba complicado vivir sin ella. Siempre había algo que les recordaba o le hacía pensar en ella. Era como si siempre estuvieran esperando que apareciera mágicamente.

Booker se sentía culpable de haberla dejado sola cuando ahora ella era mortal. Sentía que estaban desaprovechando el poco tiempo que les quedaba de ella y tenía miedo que si en algún momento fueran a su reencuentro se encontrarán con que ya había muerto.

Nile añoraba tener una figura, un ejemplo de modelo a quien seguir. Ella era joven, idealista y tenía convicciones fuertes. Y había creído que eso era suficiente para ser una líder, pero siéndolo se dio cuenta que no le gustaba del todo esa función. Le costaba tener que tomar decisiones todo el tiempo y le dolía los errores que cometían. Siempre había consecuencias para las cosas que hacían, y a veces esas consecuencias no eran buenas. Tener ese peso sobre sus hombros le hizo darse cuenta lo difícil que debía haber sido para Andy vivir tantos años, casi siete mil si les había dicho la verdad.

— Vamos a ir a salvarla. — Dijo Joe, interrumpiendo los pensamientos de todos.

— Pero ella nos pidió que no lo hagamos. — Lo contradijo Booker.

— ¿Y ustedes quieren hacerle caso? ¿Están dispuestos a dejarla sacrificarse de esa manera? — Cuestionó Joe enojado.

— Si vamos por ella, nos van a volver a encerrar. ¿De qué sirve su sacrificio si todos terminamos encerrados nuevamente? — Intentó Booker exponer su postura.

— Entonces tendremos que asegurarnos de que nos atrapen para que no encierren a nadie. — Dijo Joe con determinación.

— Pero siempre es una posibilidad. — Advirtió Nile.

— Es un riesgo que yo estoy dispuesto a correr. — Dijo Joe. — Si Andy es lo suficientemente fuerte para sacrificar su mortalidad por nosotros, entonces nosotros somos lo suficientemente fuertes para sacrificar nuestra inmortalidad por ella. Y si nos atrapan en el intento, no importa, tenemos tiempo de sobra para encontrar la manera de escapar. — Agregó, expresando con pasión lo que sentía.

— Bien, este tal vez no sea el momento más apropiado para decidir esto. — Intervino finalmente Nicky. — Primero hagamos contacto con Copley y pongámonos a salvo, luego veremos que decidimos respecto a Andy. Y si hacemos diferentes elecciones, tendremos que respetarnos. — Expusó su opinión.

Al llegar todos a un acuerdo, emprendieron camino. Caminaron un par de horas hasta que llegaron a una pequeña ciudad llamada Meulaboh.

— Estamos en Malasia. — Dijo Joe, logrando reconocer dónde estaba ubicado ese pueblo

— ¿Qué idioma hablan en Malasia? — Pidió saber Nile.

— Malayo. — Respondió Booker.

— Andy sabe hablar malayo. — Comentó Nicky, mostrándose algo orgulloso ante ese hecho.

— Claro que sabe. — Aceptó Nile frustrada. — ¿Hay algún idioma que esa mujer no sepa? — Preguntó.

— No, de hecho también sabe muchos idiomas que ya no existen. — Respondió Joe, después de soltar una pequeña risa.

El segundo idioma de Malasia era el inglés. Así que les fue sencillo poder comunicarse y lograron comprar un celular con dinero que habían robado. Se comunicaron con Copley. Él les consiguió documentación y les mandó pasajes a Inglaterra, para que fueran a la casa que él tenía en Watlington.

Una vez reunidos con Copley, entre todos le relataron detalladamente lo que había sucedido mientras estuvieron aprisionados. Copley, a cambio, les confesó que él fue quien se había puesto en contacto con Andy y le había informado sobre la desaparición de ellos.

— ¿Cómo la encontraste? — Preguntó Nicky sorprendido. Cuando pasaban tiempo separados entre las misiones, Andy siempre era a quien era casi imposible de encontrar.

— Porque ella no se estaba escondiendo. — Respondió Copley.

— ¿A qué te referís? — Preguntó Joe confundido.

— A que estaba haciendo una vida normal, de persona mortal. Estaba viviendo en Atenas y trabajando como capitana de un escuadrón de bomberos. — Explicó Copley.

— Por supuesto que en tres años logró ser capitana. — Apreció Joe, orgulloso ante eso.

— Ella nunca va a pasar desapercibida, sin importar cuanto lo desee. — Coincidió Booker.

El equipo decidió que iban a investigar todo lo que pudieran sobre Quynh para intentar recuperar a Andy. Así que partieron a Atenas. Necesitaban revisar el departamento de Andy, para poder averiguar lo que ella había investigado sobre Quynh.

El departamento resultó sorprendentemente común. Lo único que había "fuera de lugar" eran un par de espadas, y varias pistolas escondidas y distribuidas por todo el espacio. Tenía varias fotografías: de su equipo de bomberos, con David -con quien aparentemente se había vuelto cercana-, varias de una perra negra y un par con ellos. Tenía una foto con Booker, Joe y Nicky; y otra con Joe, Nicky y Nile. Además tenía un par de retratos dibujados (por Joe) de Quynh y varias pinturas de Joe colgadas en las paredes.

Lo más desordenado era su habitación. Y no necesariamente porque fuera desordenada, sino porque tenía grandes pilas de libros que ocupaban casi todo el espacio, haciendo que fuera difícil moverse sin tirar alguno. Los libros variaban en temáticas completamente distintas: alquimia, arqueología, arte, astrología, astronomía, cocina, cultura, economía, etnografía, geografía, herbología, historia, ficción, filosofía, mitología, obras de teatro, política, poesía, religión, semiótica, simbología, sociología. Pero lo que más llamaba la atención era que había libros en casi todos los idiomas existentes.

En el comedor era donde tenía la información que había investigado sobre Quynh. Estaba todo tácticamente ordenado, que era incluso placentero observarlo. Todos conocían ese lado de ella. Andy siempre había sido alguien que le gustaba tener el mayor control que podía sobre las misiones que realizaban.

Se dividieron sus escritos y comenzaron a leer. Se tuvieron que ir intercambiando lo que iban leyendo, porque Andy tenía la costumbre de mezclar idiomas cuando escribía.

— ¿Otra vez? ¿Qué idioma es este? — Preguntó Nile frustrada, mostrando la hoja que estaba leyendo a los demás.

— Latín. — Reconoció Nicky. — Dame, yo puedo entenderlo un poco. — Ofreció.

— ¿Cómo hace para escribir así de mezclado? ¿Cómo puede pensar? — Cuestionó Nile.

— Bueno, todos tenemos una voz interior, ¿No? — Dijo Booker y Nile asintió al seguir su razonamiento. — En la mayoría de nosotros esa voz es con su idioma de origen. — Agregó.

— El mío el inglés, el tuyo el francés, el áraba para Joe y el italiano para Nicky. — Concluyó Nile.

— Exacto. — Afirmó Booker. — Aunque en realidad mi idioma de origen es el occitano provenzal. — Aclaró.

— Y el mío el genovés. — Agregó Nicky.

— Andy vivió el comienzo de todos los idiomas y de sus escrituras, por eso es posible que su voz interior sea una mezcla de los idiomas con los que se siente más cercana. — Explicó Joe la teoría que ellos tenían al respecto. — Así como también Booker se siente cercano con el francés y Nicky con el italiano. — Sumó.

Continuaron examinando todo lo que Andy había averiguado. Quynh tenía redes de trabajo por las que se movía, los países que frecuentaba eran: Bangladesh, China, Indonesia, Malasia, Tailandia y Vietnam.

— Ellos nos tienen un mes de ventaja. Es posible que ya hayan movido a Andy de lugar y hayan cambiado las redes en las que se movilizan. — Expusó Nile su preocupación.

— Tenés razón. — Aceptó Booker, sintiéndose frustrado.

— A pesar de eso, creo que deberíamos comenzar por Vietnam. — Dijo Nicky.

— ¿Por qué? — Preguntó Booker.

— Por todo lo que estuvimos leyendo, Andy estaba segura de que Quynh tiene su base central allí. — Respondió Nicky.

— Las raíces siempre nos llaman, y para Quynh su origen está allí. — Dijo Joe, respaldando la opinión de su esposo.

— Creo que es un buen lugar para comenzar. — Asintió Nicky.

De pronto, algo inesperado ocurrió. Alguien estaba abriendo la puerta de entrada al departamento, y ese alguien tenía llaves. Todos sacaron sus armas, dispuestos y listos a recibir al extraño.

— ¿Andy? ¿Estás de vuelta? — Preguntó la persona que acababa de entrar.

David, la persona que había entrado era David. El doctor que había atendido a Andy en un par de ocasiones desde que descubrieron su mortalidad, y que al parecer ahora era su amigo. Y no estaba solo, venía acompañado por la perra negra de las fotos.

— Hola David. — Lo saludó Booker, bajando su arma.

— Hola. — Los saludó David. — Me alegra verlos, eso significa que Andy pudo salvarlos. — Comentó alegremente.

— ¿Qué haces aquí? — Preguntó Joe seriamente.

— Todas las semanas vengo a ver si Andy regresó, después de todo estoy cuidando a su perra. — Respondió, señalando al animal.

— ¿Cómo se llama? — Preguntó Nile, acariciando a la perra con cariño.

— Amazona. — Respondió él. — Entonces, ¿Dónde está Andy? — Insistió en lo que quería saber.

— Ella no está con nosotros. — Contestó Booker.

— ¿Murió? — Preguntó, su voz temblando un poco, como si tuviera miedo de que así fuera.

— No. — Negó Nicky.

— No que lo sepamos al menos. — Agregó Nile.

— ¿Eso quiere decir que está con Quynh? — Pidió saber David, sorprendiendo a todos.

Pobre David, a partir de ese momento lo sometieron a un intenso y largo interrogatorio. Él les confesó que Andy le había contado sobre la inmortalidad, pero que él no estaba seguro si creerle o no. Pero cuando la escuchaba contar historias sobre otros tiempos y hablar idiomas que nadie conocía, sospechaba que era verdad.

— Ella te estaba diciendo la verdad. — Afirmó Booker.

— Booker, no. — Advirtió Nicky.

— Si Andy confiaba en él, entonces nosotros también podemos hacerlo. — Dejó saber Booker su decisión.

Booker agarró una de las espadas que Andy tenía en su departamento y se hizo un corte en su mano. David vio maravillado cómo su piel se regeneró y se curó en apenas un minuto.

David se quedó a cenar con ellos y los llenó de historias sobre Andy. Les contó sobre su amistad y sus salidas, les contó sobre cómo había rescatado a Amazona y finalmente había decidido adoptarla; y también les contó sobre todo el trabajo que había hecho como bombera, todas las personas que había salvado y los incendios que había apagado guiando a su escuadrón.

— ¿Prometen que me van a avisar si la encuentran? — Pidió David.

— Lo prometemos. — Aseguró Nile.

— Creo que antes de irme debería decirles una última cosa, Andy dejó algo para ustedes. — Dijo David pensativamente. — Me pidió que se los dé si cuando ustedes vinieran a buscarla, ella ya estuviera muerta. Pero, creo que esta situación también lo amerita. — Expresó argumentativamente.

— ¿Qué? — Preguntó Joe con curiosidad.

David fue a la habitación de Andy y todos lo siguieron. Sacó dos cajas de debajo de la cama y las abrió. En una estaba toda la información que Andy había hecho sobre sus exploraciones marítimas en búsqueda de Quynh. En la otra, había cuatro diarios, uno para cada uno de ellos. Cada uno tenía el nombre de uno de ellos escrito en la tapa. Eso los hizo emocionar.

— ¿Qué demonios? — Preguntó Nile, cuando abrió el diario y se encontró con palabras en un idioma que no conocía.

— Están escritos en el idioma de los scythians, es un continuo dialectal entre varias lenguas iraníes antiguas: persa, pamir, pastún, saka. — Informó Joe, observando concentradamente la escritura.

— Son los recuerdos que tiene sobre ustedes. Los escribía en ese idioma para que si alguien que no debía los encontraba, no pudiera entenderlos. — Explicó David.

— Pero nosotros tampoco podemos entenderlos. — Se quejó Nile.

— Ella me dijo que ustedes tienen tiempo suficiente como para aprenderlo y descifrarlo, y sino que se jodieran por tontos. — Explicó David, sonriendo ante el recuerdo.

Todos rieron ante eso, era típico de Andy decir algo de ese estilo. Todo lo que vivieron desde que llegaron a Atenas, les hizo reafirmar sus decisiones. Tenían que ir por Andy. Tenían que buscarla, encontrarla y liberarla. Porque en un equipo, nadie era dejado atrás.

Andy estaba dispuesta a sacrificar su mortalidad por ellos.

Y ellos estaban dispuestos a sacrificar su inmortalidad por ella.