Los siguientes recuerdos de Andy fueron de batallas. Niccolo, Quynh, Yusuf y ella recorrieron el mundo, yendo siempre a donde había una guerra que pelear. Ellos eran guerreros y sentían que debían usar la ventaja que tenían de la inmortalidad para ayudar en cada batalla.
Por momentos también había recuerdos donde solamente estaban Quynh y ella en las batallas, como si se hubieran separado de Nicolo y Yusuf por un tiempo. Pero sin importar cuántos recuerdos pasaban, en alguno siempre volvían a reencontrarse.
Estaban salvando a una familia. Un ejército había interrumpido en un pueblo por la noche, para destruir todo lo que tenían a su alcance y así llamar la atención del Rey enemigo.
Nicolo, Quynh, Yusuf y ella comenzaron a entrar a las casas y salvar a las personas que podían. Andy estaba con Nicolo, estaban en una casa casi destruida, sacando a la familia de allí. Ella pudo sentir el momento en que todo iba a marchar mal, la pared iba a caerse y aplastar a Nicolo. No podía dejar que eso ocurra, porque si lo hacía él iba a quedar atrapado y morir varias veces hasta que puedan sacarlo. Así que, sin siquiera dudarlo, corrió hacia él y lo empujó hacia el otro extremo. La pared cayó sobre ella, derrumbándola al piso y haciendo que todo se ponga negro.
Cuando despertó, estaba en medio del campo, a salvo. Yusuf estaba con ella.
— Ey tranquila, no te muevas mucho que todavía te queda bastante por sanar. — Indicó él.
— ¿Nico y Quynh? — Preguntó ella.
— Fueron por comida, ya deben estar por regresar. — Informó él.
Andy se miró y vio que un par de costillas todavía salían de su cuerpo, y uno de sus brazos dejaba al descubierto parte de sus huesos.
— ¿Duele? — Pidió saber él.
— Un poco. — Respondió ella con sinceridad. — Pero valió la pena, Nico está bien. — Admitió lo que sentía.
— No creo que Nico y Quynh opinen lo mismo al respecto. — Advirtió él, dejándole saber que los otros estaban un poco enojados. — No es necesario que nos estés salvando todo el tiempo, todos somos inmortales. — Le recordó él.
— Pero yo soy la más grande y si puedo evitar que sientan dolor, voy a hacerlo. — Justificó ella.
— Eres una cabeza dura. — Acusó él.
— Lo soy. — Aceptó ella, sin ofenderse. — Y vos también, vi cómo recibiste esa flecha por Nico y también vi que él tampoco está contento con vos por eso. — Dijo, girando el tema de conversación hacia el otro.
— Yo no sé cómo explicarlo, ni siquiera lo pensé. Actúe así porque era lo que sentía en el momento. — Intentó explicar él, algo frustrado.
— Exacto. — Concordó ella. — Porque lo amas. — Agregó, mirándolo fijo a los ojos para poder ver la verdad en ellos.
— Lo amo. — Afirmó él.
— ¿Se lo has dicho? — Pidió saber ella y él negó con la cabeza. — Deberías hacerlo. — Aconsejó.
— No lo sé, no quiero perder su amistad si él no corresponde mis sentimientos. — Dijo él, expresando sus dudas y temores.
— Él también te ama. — Dijo ella.
— ¿Cómo sabes? — Preguntó él sorprendido.
— Porque he sido testigo muchas veces de lo que es el verdadero amor, y la forma en que ustedes son el uno con el otro, eso es amor. — Expresó su opinión.
— Estás loca, son tus heridas hablando que te afectaron la cabeza. — Bromeó él.
— No estoy loca, estoy hablando enserio. — Se quejó ella. — Yusuf puede ser que en este momento sientas que tenemos todo el tiempo del mundo, pero todo tiene su fin, incluso nosotros. Cuando llegue nuestra hora, nos vamos a arrepentir más de lo que no hicimos, que de lo que sí hicimos. No te quedes con la duda, jugátela. — Dijo en un tono muy calmo y amoroso.
— Bien. — Aceptó él. — Te prometo que lo voy a intentar. — Juró él.
— Gracias, eso es todo lo que pido. — Agradeció ella.
Se quedaron en silencio, pero Yusuf la miraba constantemente con una sonrisa.
— ¿Qué? — Preguntó ella, cuando se cansó de la intensidad del otro.
— Eres una buena hermana. — Dijo él simplemente.
— Yo… — Comenzó ella, sin saber bien qué decir.
— Yo no tuve hermanas, tuve dos hermanos y no nos llevábamos muy bien. — Dijo él interrumpiéndola. — Pero, con Quynh y vos siento que gané dos hermanas con las que sí me llevo bien y a las que amo. — Apreció con sinceridad.
— Es un honor ser tu hermana. — Aseguró ella con una gran sonrisa.
Andy volvió a mirarse a sí misma y pudo notar que ya estaba casi curada del todo. Así que le hizo una seña a Yusuf y así ambos se hundieron en un cálido y cariñoso abrazo.
Nicky observó ese recuerdo totalmente sorprendido, esa era una historia que él no conocía. Era evidente que estaban pudiendo ver ese recuerdo porque para Andy había sido traumático como se curaron sus huesos, pero él agradeció ese recuerdo por la nueva información que le había provisto.
— ¿Andy fue quién te convenció de que me confieses tus sentimientos? — Preguntó Nicky a Joe.
— Si, ella me ayudó a ser valientes con lo que sentía. — Respondió Joe.
— Nunca me contaste. — Le reprochó Nicky.
— Lo sé. — Asintió Joe. — Sonará tonto, pero lo olvidé. Cuando te confesé mis sentimientos y vos los correspondiste, estaba tan feliz que lo olvidé. Y después fue pasando el tiempo y supongo que perdió importancia. — Intentó explicar.
— Pero es importante, tendríamos que agradecerle en todos nuestros aniversarios. — Dijo Nicky pensativamente.
— Lo haremos a partir de ahora. — Prometió Joe.
— ¿Cuánto tiempo creen que les habría llevado confesarse lo que sentían sin la intervención de Andy? — Les preguntó Booker con curiosidad.
— Mínimo diez años. — Respondió Quynh por ellos.
— Eeyy. — Se quejaron Joe y Nicky al mismo tiempo.
— Vamos, ambos saben que eran terribles, toda esa culpa religiosa de haberse matado y de que las relaciones entre personas del mismo género están mal. — Argumentó Quynh su respuesta.
— Tenés razón, pero la relación de ustedes siempre la respetamos. — Aceptó Nicky.
— Una cosa es aceptar la relación que piensas como pecado en otros, y otra cosa es aceptarla para uno mismo. — Retrucó Quynh.
Los recuerdos de Andy continuaron mostrando batallas por un par de días, hasta que mostraron una imagen donde Nicolo, Quynh y Yusuf estaban atados a un árbol. Ellos estaban rodeados de varias personas armadas. Andy los estaba viendo desde arriba, como si estuviera subida a algún otro árbol cercano al que estaban atados.
— ¿Por qué los habían atado? — Preguntó Nile con curiosidad.
— Porque eran racistas y homofóbicos. — Respondió Joe, recordando aquel momento con amargura.
— Nos estábamos haciendo pasar por parejas, Quynh y yo, y Joe y Andy. Pero ellos sospecharon que había algo raro, pensaban que Andy y yo deberíamos ser quienes estábamos juntos porque somos blancos. — Explicó Nicky.
— Al sospechar nos empezaron a vigilar y descubrieron que Quynh y Andy eran pareja, y Nicolo y yo éramos otra. — Agregó Joe.
Andy estaba observando y escuchando todo lo que sucedía. Estaba esperando el momento indicado para meterse en la escena y salvar a su familia.
— Yo les voy a demostrar lo que necesitan. — Dijo quien estaba al mando. — Las mujeres que están con otras mujeres necesitan solamente un buen pito para que le gusten los hombres, así que te daremos de probar varios hasta que te guste uno. — Comentó dirigiéndose a Quynh.
— La gente como vos me da asco y cuando esté libre voy a disfrutar de matarte. — Dijo Quynh amenazadoramente, en vietnamita antiguo.
— Y ustedes, que piensan que está bien para un hombre coger con otro hombre, bueno, les cojeremos tanto que no querrán hacerlo nunca más. — Les dejo saber, señalando a Nicolo y Yusuf. — El asunto es, ¿con quién empiezo? — Dijo pensativamente, mientras se bajaba los pantalones.
Cuando el hombre tenía su pantalón bajo y sus partes íntimas quedaron al descubierto, una flecha atravesó a la perfección su pito y sus testículos, y luego otra su pecho. Andy sonrió satisfecha al ver que había logrado que las flechas quedaran clavadas donde ella quería.
Los hombres armados que estaban con ese hombre, ahora muerto, comenzaron a revisar los alrededores. Ella avanzó entre las ramas de los árboles, hasta llegar al que estaban atados los otros. Bajó de un salto y con su hacha cortó las sogas. Entre los cuatro les fue bastante sencillo derrotar a aquellos hombres.
— ¿Estás bien? — Preguntó ella a Nicolo. Yusuf y Quynh habían ido a conseguir ropas limpias, mientras ellos preparaban una fogata para cocinar la cena.
— Si. — Asintió él.
— Nicolo. — Advirtió ella, porque sabía que estaba mintiendo.
— Es que la situación fue difícil. — Intentó justificar él.
— Lo sé. — Afirmó ella y se quedó callada para darle tiempo al otro de que pueda expresar lo que le pasaba.
— ¿Crees que tienen razón? ¿Que está mal que dos hombres o dos mujeres estén juntos intimamente? — Cuestionó él, dando voz a parte de sus temores.
— ¿Amas a Yusuf? — Preguntó ella.
— Más que a nadie en este mundo. — Contestó él, sin siquiera dudarlo.
— Entonces está bien. — Dijo ella. — El amor nunca puede estar mal. — Opinó con convicción.
— Pero la iglesia cree eso, cree que es pecado. — Expusó él lo que había aprendido cuando era sacerdote.
— Solo porque algunas personas crean eso, no significa que sea cierto. — Expresó ella lo que pensaba.
— Para vos es sencillo, no crees en dioses o fuerzas superiores a nosotros. — Protestó él.
Se quedaron un rato en silencio, mientras cocinaban unos pájaros que habían cazado.
— Yo no creeré en los dioses, pero sé que Jesús, el hijo de tu dios, él predicaba el amor. — Dijo ella, rompiendo el silencio. — Y un amor tan maravilloso como el de Yusuf y el tuyo, él lo habría festejado y celebrado, jamás castigado. — Agregó con seguridad.
— ¿En verdad piensas que nuestro amor es maravilloso? — Preguntó él.
— Si. — Afirmó ella.
— Gracias. — Agradeció él.
— No necesitas agradecerme. — Aseguró ella. — Solo recuerda que las distintas religiones e iglesias, la mayoría de las veces sus acciones difieren de los mensajes que predican. Y esto, es un ejemplo de ello. — Le pidió, tratando de transmitirle lo que había aprendido en sus largos años de vida.
— Tenés razón. — Aceptó él, asimilando lo que la otra decía. — El amor de Quynh y vos también merece ser celebrado. — Agregó con una sonrisa.
— Lo sé. — Asintió ella.
Ese recuerdo sorprendió a todos. Andy nunca se había llevado bien con los temas religiosos. Sin embargo allí, había estado dispuesta a ser la contención de la fe de Nicky, por más que ella no creía en lo que él creía.
— Me habría gustado que te cuente que conoció a Jesús, habría sido lindo ver tu reacción ante eso. — Comentó Joe a Nicky.
— Todavía no puedo creer que lo haya conocido. — Dijo Nicky, sacudiendo su cabeza.
— Yo tampoco. — Coincidió Nile. — Una de las primeras cosas que me dijo cuando me conoció fue que Dios no existe. — Agregó, haciendo que todos rían.
— Si, pero que ella no crea, no significa que nosotros no podamos hacerlo. — Dijo Booker, una vez que se recuperó de la risa.
— Ella no creerá en ninguna religión, pero nunca nos impidió a nosotros hacerlo. — Agregó Nicky, coincidiendo con Booker.
— Aunque siempre dejó sus opiniones claras al respecto, su fatalismo a veces es divertido. — Agregó Joe, recordando miles de conversaciones que habían tenido sobre religiones.
Después de un par de días de imágenes donde se los vio a los cuatro en diferentes batallas, los recuerdos mostraron otra vez a Quynh y a ella solas.
— ¿Por qué ese mal humor? — Preguntó Quynh.
— No es mal humor, es solo preocupación. — Contestó ella.
— Ya hemos estado separadas de los chicos otras veces, ¿por qué esta vez es distinto? — Pidió saber Quynh, queriendo entenderla.
— Es que es la vez que pasó más tiempo y no quiero que nadie pierda la inmortalidad estando separados. — Confesó ella su temor.
— Nadie va a perder la inmortalidad. — Aseguró Quynh.
— Eso no lo sabemos. — Discutió ella.
— Es verdad. — Aceptó Quynh. — Pero justamente porque no sabemos cuándo, ni cómo, ni por qué vamos a perderla, no podemos dejar que nos controle. — Expresó lo que pensaba.
— Se merecían una nueva luna de miel después del centésimo aniversario de casamiento, ¿no? — Dijo ella, finalmente logrando relajarse un poco y sonreír.
— Si, se lo merecen más que nadie. — Contestó Quynh, también sonriendo. — Y nosotras, a salvar brujas. — Dijo entusiasmada.
— Si, mejor que activemos, entre los católicos y los protestantes no sé quiénes me dan más miedo. Usar sus excusas religiosas para matar mujeres me da asco y furia. — Expresó ella su frustración.
Se agarraron de las manos y continuaron caminando por el bosque.
Todos sintieron dolor ante ese recuerdo, porque sabían lo que se venía por delante. Habían llegado al momento de los juicios contra las brujas. Los recuerdos que venían a continuación iban a afectar a Quynh, y nadie sabía si aquella mujer estaba lista para afrontarlos.
