Las siguientes imágenes mostraron a Quynh y a Andy salvando a muchas mujeres, de la horca y de la quema. Las mostraron peleando contra pueblos enteros y fanáticos religiosos. Hasta que finalmente las atraparon y las sometieron a juicio por ser brujas.
Las vieron morir ahorcadas. Cuando se daban cuenta que no podían morir, las volvían a encerrar en un calabozo y las volvían a sentenciar nuevamente a morir ahorcadas. Murieron más de treinta veces ahorcadas.
— Nunca morí por ser quemada viva. — Dijo Quynh. — ¿Cómo crees que será? — Preguntó.
— Insoportablemente doloroso. — Respondió ella con sinceridad y ambas rieron.
— Somos vos y yo. — Dijo Quynh, mirándola intensamente.
— Hasta el final. — Prometió ella con convicción.
El recuerdo mostró como unos guardias y sacerdotes entraron y se llevaron a Quynh.
"Son muy poderosas juntas".
Andy vio como la metían en un ataúd de alguna especie de material metálico y luego no vio nada más porque cerraron la puerta del calabozo. Se escuchó la voz de Quynh llamando su nombre a lo lejos, pidiendo que la salvé. Andy gritó el nombre de Quynh con todas sus fuerzas y tiró tan fuerte de sus cadenas que sus muñecas largaron sangre y sus huesos se rompieron.
Los siguientes recuerdos fueron de Andy luchando con sus cadenas y fallando miserablemente una y otra vez. Hasta que también fueron a buscarla a ella.
La puerta del calabozo se abrió. Entraron tres guardias, un sacerdote y el cardinal. Entraron una mesa con ellos. Pero Andy no prestó atención a eso, sino que se concentró en qué poder hacer para pelear contra ellos.
No tuvo mucha posibilidad de pelear porque la ahorcaron. Ese fue el método que usaron para moverla, desataron sus cadenas de la pared, la acostaron en la mesa y la encadenaron a esta y al piso.
— ¿Dónde está Quynh? — Pidió saber ella, antes de que nadie tuviera tiempo de hablar.
— Su prisión fue el océano. — Respondió el sacerdote.
— La tuya será el fuego, pero primero vamos a entretenernos un poco. — Le dejo saber el cardinal.
La rociaron con agua bendita y rezaron varias oraciones. Luego le preguntaron qué demonio era y cuál era su nombre. Se lo preguntaron muchísimas veces, pero Andy se mantuvo en silencio. Ni siquiera habló cuando le quemaron todas las partes de su cuerpo con crucifijos. Como las marcas desaparecían después de unos minutos, la quemaron una y otra vez.
— ¿Se supone que eso es un exorcismo? — Preguntó Nile impresionada, lágrimas descontroladas cayendo de sus ojos.
— Al parecer si. — Respondió Nicky, siendo el único que encontró su voz para poder hacerlo.
— ¿Cuánto tiempo tardaron en rescatarla? — Preguntó Quynh, sorprendiendo a todos porque hasta ese momento había estado en estado de shock.
— Un mes, o tal vez un poco más. — Respondió Joe.
Quynh se ubicó en medio de Joe y Nicky, y se sentó en el piso. Necesitaba tenerlos cerca para poder soportar todo eso. Ellos agradecieron que se estuviera finalmente dejando ser vulnerable. La realidad es que esto de ver los recuerdos de Andy no era solamente una tortura para ella, sino para todos ellos ya que los estaban pudiendo ver desde su punto de vista.
Los siguientes recuerdos fueron todos de distintos tipos de tortura. Le cortaron sus partes íntimas porque eso era lo que hacía a las mujeres ser demonios, le cortaron y le quemaron diferentes partes de su cuerpo, la raparon y le cortaron la cabeza buscando marcas de lucifer, y la violaron.
En los ritos con agua bendita, oraciones y cantos de iglesia intentaban hacerla hablar. Pero, lo único que lograban que Andy les dijera era el nombre de su amada: "Quynh".
Todos lloraron con ella ante cada una de las torturas, sintiendo su dolor. Y no solo su dolor físico, sino el dolor ante la pérdida de Quynh. La profunda tristeza que Andy sentía era palpable en cada uno de sus recuerdos.
Finalmente, se cansaron. Y cómo se dieron cuenta que ella no iba a hablar, ni colaborar, sin importar cuanto la torturaran; decidieron quemarla en la hoguera. Lo hicieron de manera privada, sin querer que haya testigos del pueblo donde estaban.
La ataron a un poste de madera, colocaron paja a todo su alrededor y prendieron fuego.
El fuego era cada vez más intenso, quemándola y consumiéndola. De pronto, Yusuf la sacó de allí. Una vez que la sacó del fuego, pasó algo que hizo que todos sintieran admiración por ella. Aún en su estado destruido, tuvo energías para proteger a las personas que amaba. Empujó a Yusuf para apartarlo de su lado y recibió una flecha en su pecho que había sido originalmente dirigida a él. Andy murió y la pantalla se puso negra.
Andy despertó, sintiendo dolor y desesperación. Unas manos la detuvieron y tuvo pánico por un momento, hasta que abrió los ojos y vio que era Yusuf. Estaban juntos, andando a caballo.
— Ey tranquila, todavía te estás curando. — Dijo él, intentando calmarla.
Yusuf frenó el caballo en el que iban y, cuando lo hizo, Andy pudo ver en su campo visual que Nicolo estaba en otro caballo al lado de ellos.
— Estás con nosotros, estás a salvo. — Aseguró Nicolo.
— Quynh. — Dijo ella.
— No estaba con vos. — Informó Yusuf.
— No te preocupes, también vamos a encontrarla y salvarla. — Prometió Nicolo.
Andy dijo un par de veces el nombre de la mujer que amaba. Quería explicarle a sus hermanos lo que había sucedido, pero no tenía fuerzas para hacerlo. Y todo se puso negro una vez más.
Las siguientes imágenes que mostraron los recuerdos de Andy fueron tristes y oscuras. Eran difíciles de observar porque estaban cargadas de dolor y se sentían como una invasión a su privacidad.
Todos habían visto a Andy matar a otras personas, todos sabían que ella conocía más maneras de matar que las que podía recordar. Pero la Andy de estos recuerdos era diferente, era completamente letal. Había algo explosivo en ella, en cómo cargó el dolor y la culpa ante la pérdida de Quynh. Y lo descargó todo en los responsables.
Persiguió a cada sacerdote de la iglesia que había sido responsable de la captura de ellas. Los torturó para sacarles información sobre Quynh y luego los hizo pedazos. En verdad, nadie del equipo podía culparla porque entendían su dolor. Además las personas que mató habían hecho lo mismo con ella. Pero, esa no era la Andy que todos conocían. Esa era Andy sufriendo y pudieron observarlo en cómo se derrumbaba después de cada masacre, como si sintiera aún más dolor y más culpa.
Andy perdió la fe. Ya habían terminado con cada persona de la iglesia y no habían podido conseguir que les dijeran dónde estaba Quynh. Pensar en su amada, atrapada eternamente en el océano, la hacía doler de una manera que no podía expresar.
Agarró una daga y cortó sus muñecas. Se desangró y se murió. Revivió, y volvió a hacer lo mismo. Una y otra vez. Hasta que Nicolo y Yusuf la encontraron y la detuvieron.
— No puedo vivir sin ella. — Dijo ella, llorando descontroladamente.
— Lo sabemos. — Asintió Yusuf, mientras le acariciaba la espalda.
— Tenés que ser fuerte Andromache, vamos a buscarla y encontrarla. — Dijo Nicolo con seguridad.
— ¿Cómo? — Preguntó ella tristemente. — No tenemos más pistas, todos los de la iglesia ya están muertos y ya recorrimos la costa de esta maldita ciudad. — Dijo con frustración.
— Entonces seguiremos buscando, recorreremos todos los mares si es necesario. — Prometió Nicolo.
Se quedaron en silencio un rato. Andy disfrutó de la presencia de los otros dos y dejó que sus abrazos finalmente la relajaran.
Los siguientes recuerdos fueron todos en el océano. Nicolo, Yusuf y ella recorrieron los mares que rodeaban Inglaterra, Irlanda, Escocia, y Gales. Todas las muertes fueron de Andy ahogándose al bucear las profundidades del océano, en búsqueda de su amada.
Andy estaba frustrada y enojada con la vida y el universo. Estaban en otro viaje de búsqueda, pero estaba resultando un fracaso, como siempre lo hacía. Eso la desesperaba. Fracasar la desesperaba. Pensar en Quynh atrapada en el fondo del océano la desesperaba.
Entró al camarote a buscar unos mapas, cuando escuchó una conversación entre Nicolo y Yusuf que le partió el corazón. Ellos querían dejar de buscar a Quynh. Los escuchó hablar sobre lo injusto que era la forma en que todos estaban sufriendo al fracasar en encontrarla.
— ¿Y qué hay de Quynh? ¿Es justo que sufra porque dejamos de buscarla? — Cuestionó ella, dando a conocer su presencia.
— Claro que no es justo, eso no es lo que queríamos decir Andromache. — Respondió Nicolo, siendo el primero que se recuperó ante la inesperada intervención.
— Entonces, ¿qué quieren decir? — Pidió saber ella.
— Que estamos sufriendo, todos estamos sufriendo. — Respondió Nicolo.
— Esto te está destruyendo, cada vez que no la encontramos te hace peor. — Agregó Yusuf.
— ¿Y que si me hace peor? — Preguntó ella desafiante. — Yo no voy a dejar de buscarla, ¿o ustedes dejarían de hacerlo si fueran los que están en esta situación? — Les reprochó.
— No, no dejaríamos de buscarnos. — Dijo Yusuf. — Tenés razón. — Aseguró.
— Claro que tengo razón. — Dijo ella con amargura.
— Dios… — Comenzó a decir Nicolo.
— No traigas a tu Dios a esta conversación. — Lo interrumpió ella. — Dios no existe, y si existe no quiero que sea mi Dios porque es cruel. ¡Todo esto es cruel! En nombre de tu dios se han desatado guerras y matado miles de personas. ¡En nombre de tu dios Quynh fue sentenciada a una prisión bajo el agua y yo fui torturada! ¡No me hables de dios, porque no creo en tu dios! — Explotó, dejando libre todo su rencor.
Andy se fue del camarote cerrando la puerta con todas sus fuerzas, y decidió que era momento de volver a sumergirse en el océano.
— Todo esto es tan… — Comenzó a decir Nile, pero no pudo terminar porque no encontraba palabras para expresar lo que sentía.
— ¿Doloroso? ¿Desgarrador? — Sugirió Booker.
— Las personas atraviesan los duelos como pueden, y Andy estaba sufriendo mucho. — Dijo Nicky, sintiendo la necesidad de defender la actitud de Andy en todos esos recuerdos.
— Y ya había sufrido mucho, más de lo que cualquier persona llega a sufrir en toda su vida. — Agregó Joe.
— Me alegra que no haya estado sola, que hayan estado con ella. — Dijo Nile emocionada.
— Siempre. — Aseguró Nicky.
— Ella haría lo mismo por nosotros. — Dijo Joe con confianza.
Los siguientes recuerdos continuaron mostrando expediciones marinas. Interminables viajes, interminables búsquedas, interminables muertes bajo el agua.
Al otro día, los recuerdos mostraron algo nuevo. Una gran tormenta en medio del océano. Yusuf se cayó fuera del barco, arrastrado por la corriente de las olas. Nicolo se tiró para ir a buscarlo.
Andy había observado toda la situación y sintió el pánico apoderarse de ella. Los buscó desesperadamente, pero no podía visualizarlos. Las olas eran demasiado grandes y la lluvia demasiado intensa. No le importó, ella no podía perder a nadie más.
Finalmente pudo visualizarlos por medio de sus binoculares. Se ató con una soga a un arnés y se lanzó al océano. Nadó hacia ellos y los ayudó a regresar al barco. Una vez a salvo, se abrazaron y lloraron un largo rato.
— Es momento de detener la búsqueda. — Les dijo ella, al otro día.
— Andromache, no…. — Comenzó a protestar Yusuf.
— Está siendo imposible, no tenemos pistas. El océano es inmenso y no tiene sentido que busquemos sin saber dónde. — Lo interrumpió ella. — No quiero perder a nadie más, no podría soportarlo. — Dijo de manera suplicante, su voz cargada de dolor.
— Vamos noventa y cinco años de búsqueda, yo diría que lleguemos a los cien. — Propuso Nicolo, intentando mediar, porque sabía que en el fondo la otra no quería dejar de buscar porque eso significaría tener que soportar la pérdida de Quynh por siempre.
— Cien años. — Repitió ella.
— Si, cien años. — Insistió Yusuf.
— De acuerdo. — Aceptó ella.
Los recuerdos continuaron siendo de muertes bajo el mar, hasta que en un momento cambiaron.
Volvieron a tierra y volvieron las batallas. Aprendieron a usar armas de fuego. Estuvieron en la guerra de los siete años. Y cuando esta finalizó, volvieron las imágenes del mar. Pero esta vez, Andy estaba sola, sin Niccolo y sin Yusuf. Andy había dicho la verdad, ella había continuado la búsqueda de Quyn por su cuenta.
Los recuerdos la mostraron otra vez muriendo ahogada varias veces.
Andy volvió a subir al barco, sintiéndose destruida. No poder encontrar y salvar a Quynh la destruía. Nicolo y Yusuf tenían razón, no le hacía bien la búsqueda. Pero tampoco le iba a hacer bien frenarla. Por lo menos ahora estaba sola y no la verían destruirse. Por lo menos no correría el riesgo de perder también a alguno de ellos. Era preferible arriesgarse sola.
Entró al camarote, buscó su revolver y se pegó un tiro en la cabeza. Necesitaba sentir esa adrenalina. Necesitaba morirse. Quería morirse si eso significaba no tener que sufrir más.
Revivió y se pegó otro tiro. Siguió así, hasta que le quedó una sola bala.
Sorprendentemente, antes de usar esa última bala que le quedaba, necesitó hacer algo que no había hecho nunca en su vida. Rezar al universo.
— Por favor universo, por favor dios o cualquier dios o fuerza superior que exista... Dejen morir a Quynh, no puedo encontrarla y ella no merece estar sufriendo y muriendo cada instante de su vida... Déjenla morir, y déjenme morir a mi también porque no puedo vivir sin ella. Déjennos morir, por favor. — Rezó ella entre sollozos.
Cuando terminó, agarró el revólver, la puso en su boca y usó el último tiro para dispararse en el interior de su garganta.
Cuando revivió dio un grito de furia por todo lo que sentía. Bronca, dolor, enojo, frustración, odio. Se miró al espejo y le pegó una piña, haciendo que quede roto en varios pedazos. Agarró un pedazo y se cortó las venas.
Los recuerdos fueron demasiado para Quynh. No podía soportar más observar todo el dolor que Andromache había vivido. Lo que había comenzado como una tortura, se volvió en su contra. Y ahora era ella quien sentía que estaba siendo torturada.
Agarró su pistola y enfrentó a la doctora Kozak. Era hora de un cambio.
— Detén el proceso. — Le ordenó Quynh autoritariamente.
— Si lo hago va a tener muerte cerebral, ya te lo dije. — Le recordó la doctora lo que le había dicho hace unos días.
— ¿Cómo sé si me estás diciendo la verdad? — Preguntó ella seriamente.
— Supongo que nunca podrás saberlo con total seguridad, pero si estás dispuesta a arriesgar la vida de ella. — Dijo la doctora con cierto disfrute. Se acercó a Andy y empezó a revisar los cables que estaban conectados a ella.
— ¡No, Quynh no! ¡No dejes que la toque! — Pidió Joe desesperado.
— No la toques. — Ordenó Quynh a la doctora Kozak, siguiendo el pedido de Joe.
— No lo haré. — Dijo la doctora Kozak defensivamente y se apartó de la camilla.
— Quiero matarte. — Dijo Quynh con sinceridad, apuntando a la otra con el arma.
— ¡Quynh! — Insistió Joe.
Frustrada ante las interrupciones, Quynh se volvió hacia Joe y le pegó un tiro en pecho.
— ¿Por qué no quieren que la mate? — Preguntó ella confundida. — Ella los torturó y la torturó. — Justificó.
— Pero ella es la única que conoce la droga que puso a Andy en este estado. — Dijo Nicky, haciéndola razonar.
— Todavía puede haber efectos que nosotros no conozcamos. — Agregó Booker.
— Y ninguno de nosotros sabe de medicina. — Sumó Nile.
— De acuerdo. — Aceptó Quynh. — No te mataré, al menos por ahora. — Le dejo saber a la doctora Kozak.
Quynh agarró a la doctora Kozak, la sentó en una silla a la fuerza y la esposó para mantenerla retenida.
Luego se volvió hacia el equipo de inmortales. Ellos estaban allí por su culpa, porque ella los había querido hacer sufrir. Pero las cosas habían cambiado, ella ya no quería eso.
Por fin se podía dar cuenta de sus errores. Sus decisiones de venganza hacia todas esas personas habían estado cegadas por todo lo que había sufrido en su prisión bajo el océano.
Había recurrido a la doctora Kozak para que ella encontrara la manera de terminar con la inmortalidad. Quynh quería morir. Pero entre los haceres se distrajo, y no pudo darse cuenta que en verdad esa doctora estaba haciendo lo que ella misma quería y no lo que Quynh quería.
Se sentía loca y furiosa. No sabía cómo descargar su dolor, ni a quién dirigir su enojo.
Todavía no sabía si podía perdonarlos, ni si podía perdonarse a ella misma. Pero sabía que no tenía sentido seguir culpando de su dolor a personas que no eran culpables de esto, así que quería darles una oportunidad.
Agarró las llaves y los liberó de sus cadenas.
