Los próximos recuerdos que pudieron observar en la pantalla fueron de Andy aprendiendo a manejar. Estaban viendo recuerdos sobre ello porque mientras aprendía a hacerlo había tenido varios accidentes. Les causó algo de gracia porque ahora Andy era una excelente conductora y amaba manejar.
Luego vieron recuerdos sobre la revolución industrial. Joe, Nicky y ella participaron en las manifestaciones y resistencias obreras en contra de la explotación laboral. La manera en que participaban de esas situaciones eran protegiendo a los grupos oprimidos, tratando de evitar que fueran reprimidos por las fuerzas policiales.
Después estuvo el momento de la revolución francesa.
Olimpia de Goges fue sentenciada a muerte por publicar la "Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana". Andy no podía creer eso, no cuando uno de los lemas de la revolución francesa había sido la igualdad. Pero claramente esa era otra mentira, igualdad era solamente igualdad para quienes los que estaban en el poder consideraban iguales.
Ella fue al acto de ejecución. Quería detenerlo. Quería salvar a esa mujer.
— Andromache, no deberías estar aquí. — Le dijo Nicolo, apareciendo a su lado.
— ¿Por qué no? — Preguntó ella con curiosidad.
— Vamos, te conocemos, sabemos que querés detener su muerte. — Dijo Yusuf.
— ¿Y qué tendría de malo si quiero salvarla? — Pidió saber ella.
— No tiene nada de malo. — Aseguró Nicolo.
— Pero es peligroso, dejarías expuesta la inmortalidad. — Razonó Yusuf.
Ellos tenían razón. La plaza estaba repleta de personas, era muy riesgoso intervenir en la situación.
— Tal vez no podamos verlo ahora, pero su muerte va a ser reconocida y valorada en un futuro. — Intentó animarla Nicolo.
Los tres observaron como a aquella mujer le cortaron la cabeza. Nicolo y Yusuf agarraron sus manos para contenerla y darle fuerzas.
— Odio a los hombres. — Dijo ella frustrada, mientras caminaban de regreso al departamento donde estaban viviendo.
— ¿Deberíamos tomarlo como una ofensa? — Preguntó Yusuf, divertido ante eso.
— Nosotros también odiamos a los hombres. — Asintió Nicolo.
— ¿Por qué todos los hombres no pueden ser como ustedes, que respetan a las mujeres y nos tratan como iguales? — Preguntó ella, pateando un par de piedras para descargar su enojo. — De esa manera el mundo sería un lugar mejor. — Agregó con seguridad.
— Quynh y vos nos entrenaron bien. — Apreció Nicolo.
— Si. — Afirmó ella pensativamente. — Creo que resultaron bastante bien. — Dijo finalmente, con una pequeña sonrisa.
— Gracias, nosotros también te queremos Andromache. — Dijo Yusuf con humor y cariño.
Después de eso, volvieron las muertes por ahogarse. Andy se tomó un tiempo para navegar el océano atlántico en búsqueda de Quynh, y terminó en el actual Estados Unidos. Ella se unió a una brigada del ejército y peleó para la independización de aquel país. Participando de las fuerzas revolucionarias norteamericanas se fue haciendo camino hacia el sur del país, y finalmente se concentró más en liberar personas negras y personas de los pueblos originarios norteamericanos que de la independencia en sí.
Cuando los recuerdos de Andy volvieron a mostrarla con Joe y Nicky, ellos estaban en Haití. Estaban colaborando en el proceso revolucionario. Los franceses desataron una gran masacre en todo Haití, sin poder aceptar que un pueblo que era colonia de ellos y estaba conformado mayormente por personas negras pidieran libertad e igualdad. Ellos acompañaron las derrotas de los haitianos y los ayudaron como pudieron.
Se mantuvieron en Haití, hasta que de repente comenzaron a soñar con un nuevo inmortal. Sebastian Le Livre. Era el turno de Booker de aparecer en los recuerdos de Andy.
— ¿Ustedes también soñaron con él? — Preguntó Andy a sus hermanos.
— Si. — Afirmaron Nicolo y Yusuf a la par.
— Es un soldado. — Informó Nicolo.
— Murió ahorcado, creo que es un desertor de guerra o algo del estilo. — Dejó saber Yusuf lo que había visto.
— Tenía uniforme del ejército francés, así que seguramente estaba peleando para Napoleón. — Dijo ella pensativamente.
— Tenemos que ir por él, no podemos dejarlo solo. — Dijo Nicolo.
— Lo mejor es partir cuanto antes, nos llevará casi un mes llegar en barco a Francia. — Agregó Yusuf.
— Bien. — Aceptó ella, después de asimilar la nueva situación. — Partimos mañana. — Decidió.
Pero al otro día no pudieron irse. El ejército francés había asesinado a los líderes haitianos y habían tomado la capital, por lo cual cerraron los puertos. Recién cinco años más tarde pudieron partir para Francia.
— ¿Cuánto tardaron en encontrarte? — Preguntó Nile a Booker, ansiosa, sin paciencia para esperar a que aparezca el recuerdo.
— Cinco años. — Respondió Booker.
— Nos habría gustado tardar menos. — Aseguró Nicky.
— Lo sé. — Asintió Booker. — Cinco años de tiempo no estuvo tan mal, a Andy le llevó más tiempo encontrarlos a ustedes y a Quynh. — Les recordó.
— Si, los viajes tenían todo otro sentido del tiempo. — Aceptó Nicky.
— A mí, tardaron menos de una semana. — Dijo Nile maravillada, porque nunca había pensado en eso. — Pero Andy… — Comenzó su idea, pero no pudo terminarla porque era dolorosa.
— Andy fue la que más tiempo estuvo sola porque fue la primera inmortal. — Terminó Joe su idea.
— Y su primera muerte fue diferente a la nuestra. — Dijo Nile, perdida en sus pensamientos.
— ¿A qué te referís? — Pidió saber Quynh, sin comprender lo que la otra quería decir.
— Ella fue la única que cuando murió por primera vez no soñó con otros inmortales, porque no había nadie más inmortal que ella. — Explicó Nile melancólicamente.
Eso le dolió a todos, porque era verdad. Andy, al haber sido la primera inmortal, había estado realmente sola en todo sentido. Ni siquiera había tenido la compañía de compartir sueños con otros inmortales. Y eso duró unos miles de años.
Después de un mes de estar en Francia, pudieron rastrear al nuevo inmortal. Lo encontraron en un bar, bebiendo alcohol. Andromache se sentó en la mesa que él estaba y le ofreció un vodka, ya que por los sueños que había tenido de él creía que esa era su bebida favorita.
— ¿Quién eres? — Preguntó él, horrorizado al reconocerla.
— Alguien como vos. — Respondió ella.
— ¿Alguien como yo? — Repitió él en forma interrogativa.
— Alguien que tampoco puede morir y que comparte tus sueños. — Contestó ella. — ¿Quieres conocer a los otros? — Le ofreció.
— ¿Otros? ¿Hay más? — Cuestionó él, luego de hacer un fondo blanco con el vodka que ella le había comprado.
— Los otros que aparecen en tus sueños. — Le dejó saber ella. — No te preocupes, estos se detienen una vez que nos conocemos. — Agregó al sentir su pánico.
— No entiendo nada. — Admitió él e hizo una seña al camarero para que le trajera otro trago.
— Yo tampoco, al menos no gran parte del tiempo. — Dijo ella con sinceridad. — Pero, si quieres que compartamos las pocas explicaciones que tenemos deberías seguirme. — Informó y se levantó de la mesa.
Andromache salió del bar. A los minutos el otro inmortal también lo hizo. Ella lo llevó hacia el hotel donde Nicolo, Yusuf y ella estaban parando. Entraron a la habitación y cuando los iba a presentar, recibió un disparo inesperado en su pecho. Cuando revivió, Nicolo y Yusuf estaban discutiendo con el nuevo inmortal.
— Mierda. — Dijo él al comprobar que ella había revivido. — Era verdad que tampoco podes morir. — Agregó en estado de shock.
— Si, es verdad. — Asintió ella y les hizo señas a Nicolo y Yusuf para que lo suelten.
— ¿Quiénes son? — Preguntó él, mirándolos con intriga y curiosidad.
— Somos personas como vos, personas que no podemos morir. — Respondió ella. — Yo soy Andromache the Scythian. — Se presentó.
— Nicolo Di Genova. — Dijo él su nombre.
— Yusuf Al-kaysany. — Dejó saber él también su nombre.
— Sebastian Lelivre. — Se presentó el nuevo inmortal. — ¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué significa? ¿Qué se supone que tenemos que hacer? — Explotó en preguntas.
— No sabemos porqué nos pasa esto, simplemente pasa. — Respondió ella.
— Y en cuanto qué hacemos, bueno, intentamos pelear por aquello que creemos correcto. — Agregó Nicolo.
— ¿Son un ejército? — Preguntó Sebastian, intentando comprender lo que él otro había querido decir.
— Algo así. — Contestó Yusuf, sonriendo al hecho de que los hayan relacionado con esa palabra. Les quedaba chica para su gusto.
— Si quieres, puedes unirte a nosotros. — Ofreció ella.
Él dijo que sí. Así que fueron a comprar algo de cenar y se sentaron en las camas del hotel a comer y compartir un par de historias para conocerse.
— Es lindo cómo se conocieron. — Apreció Nile.
— ¿Lindo? — Preguntó Booker confundido. — Le disparé a Andy. — Dijo señalando la pantalla.
— Y yo la apuñalé. — Retruco Nile divertida. — Por lo menos a vos no te secuestraron, dispararon, intentaron hacerte saltar de un avión y te rompieron un par de huesos. — Dijo defendiendo su opinión al compartir cómo había sido su experiencia.
— Solo espera. — Indicio Booker, haciendo que Nicky y Joe rieran.
La cena iba bien hasta que salió el tema de la familia. Ahí fue cuando Sebastián se retractó en su decisión de unirse al equipo y dijo que debía regresar con su familia. Entre los tres intentaron convencerlo de lo contrario, explicándole que su familia iba a envejecer y morir, que no iban a comprender ni perdonar que él fuera diferente. Y entonces empezaron a pelear. La pelea se volvió cada vez más fuerte, hasta que empezaron a pegarse tiros entre ellos.
Finalmente fue Nicolo quien detuvo la pelea, matando a los otros tres, a cada uno de un tiro en la cabeza.
— Basta, no más peleas. — Advirtió Nicolo, cuando todos revivieron.
— Te dejaremos descansar. — Dijo Yusuf a Sebastian.
— Todo esto es mucho para asimilar, tomate tu tiempo. — Sumó Nicolo.
— Mañana hablaremos. — Le dejó saber ella a Sebastian.
Los tres se fueron de la habitación, dejando a Sebastian solo. Al otro día, Andy le llevó el desayuno para poder hablar.
— Entonces, ¿me vas a convencer de que no vuelva con mi familia? — Le preguntó él, con curiosidad.
— No, creo que eso es algo que tenes que decidir vos. — Respondió ella.
— Pero, ayer… — Comenzó a protestar él.
— Ayer no estuvimos en nuestro mejor momento. — Lo interrumpió ella. — Hace mucho que perdimos nuestras familias y a veces olvidamos lo que se siente. — Intentó justificar.
— No quiero perderlos, todavía tengo tiempo con ellos. Los amo. — Explicó él.
— Nadie va a detenerte si quieres ir con tu familia, ni nadie está obligado a estar en el equipo si no quiere. — Aseguró ella. — Pero, necesito decirte algo. — Dijo.
— De acuerdo. — Le dio pie él para que continúe.
— Nada va a ser lo mismo. Ellos van a envejecer y morir, y vos no. Y cuando se den cuenta de tu inmortalidad y vos no puedas compartirla con ellos, es probable que te resientan, envidien, y hasta odien en algún punto. Vas a sufrir. — Expresó ella lo que quería decir.
— Tal vez sea un riesgo que esté dispuesto a afrontar. — Dijo él, tratando de asimilar toda la situación.
— Decidas lo que decidas va a estar bien para nosotros, es tu elección. — Aseguró ella. — Mañana a las doce del mediodía partiremos en tren a Rusia, si no vienes sabremos cuál es tu decisión. — Le dijo la propuesta y le entregó el pasaje de tren.
— ¿Y si no voy, pero en unos años quiero encontrarlos? — Pidió saber, antes de que ella dejara la habitación.
— Sigue las noticias, en general estamos donde suceden las catástrofes. — Contestó ella, con cierto humor. — Sino, vé a esta dirección, al menos una vez por año intentamos pasar por allí. — Informó y le entregó un papel que había tenido guardado en su bolsillo.
Finalmente Andy se fue, dejando a Sebastian solo.
— ¿Qué dirección? — Preguntó Nile con curiosidad.
— La del refugio que tenemos en las afueras de Roma. — Respondió Booker.
— No sabíamos que ella te había pasado esa dirección. — Dijo Nicky.
— ¿No? — Preguntó Booker sorprendido.
— No. — Aseguró Joe. — Seguro no nos lo dijo porque si lo hacía sabía que nos íbamos a querer instalar en Italia hasta que aparezcas. — Intentó adivinar las intenciones de Andy.
— Andy y sus misteriosas maneras de funcionar. — Comentó Booker y todos rieron.
Se sintió bien compartir entre todos esa risa, aunque faltaba la de Andy. Faltaba que Andy despertara y pudiera reír con ellos, a salvo de sus recuerdos.
