Los recuerdos de Andy volvieron a mostrar a Booker con ellos recién en Sao Paulo, Brasil.
— ¿Sao Paulo 1834? — Preguntó Nile, recordando cuando nombraron esa misión en el laboratorio de Merrick.
— Si. — Afirmó Booker. — Esa fue la primera misión que hice con el equipo. — Le dejó saber.
— Pero, ¿qué hicieron allí? — Pidió saber Nile con curiosidad. — Por lo que veo, no hay ninguna guerra. — Dijo, señalando la pantalla.
— Fuimos a proteger a un grupo de políticos. — Respondió Joe.
— Queríamos asegurarnos de que todos lleguen vivos para que puedan firmar el acta que daba autonomía federal a las provincias de Brasil. — Explicó Nicky con mayor detalle.
Después de eso, los recuerdos de Andy mostraron más guerras. Primero la de la independencia de Nueva Zelanda y luego la de la independencia de India, aunque en ellas estuvo solo con Joe y Nicky. Y recién cuando estuvieron participando de la independencia de Australia fue cuando Booker comenzó a aparecer con ellos como algo constante.
Iba una semana del nuevo siglo y Andy ya se sentía cansada. ¿Cuántos siglos y milenios más iba a vivir?
— Quiero hacerles una propuesta. — Informó Sebastian.
— Te escuchamos. — Asintió ella, al ver que Niccolo y Yusuf estaban esperando su aprobación.
— Con cómo está avanzando el mundo y la tecnología creo que es hora de cambiar sus nombres, modernizarlos para no llamar la atención. — Expuso Sebastian la idea que había estado pensando.
— ¿Qué te hace pensar que voy a cambiar mi nombre, el que tengo desde miles de años antes que vos nacieras? — Preguntó ella luciendo ofendida.
— Bueno, Nicolo está bien para el italiano. Tiene potenciales para apodos como Nick, Nicky. — Comenzó Sebatian a responder.
— Gracias. — Agradeció Nicolo en italiano.
— Pero, ¿Yusuf? Ese nombre es muy antiguo, ya no se usa. — Dijo Sebastian, ganándose un gruñido de queja por parte del otro hombre. — Y Andromache, ¿realmente? ¿Necesito explicarlo? Parece el nombre de una leyenda, una diosa o una guerrera. — Agregó con frustración, como si lo que estaba diciendo fuera obvio.
— Soy una guerrera. — Afirmó ella. — Y en algún tiempo lejano fuí alabada como una diosa. — Le dejo saber, de manera desafiante.
— Bien, pero para esta época esos nombres no funcionan. Hay demasiados controles de documentos personales y necesitamos nombres que pasen desapercibidos, que las personas olviden. — Argumentó Sebastian su opinión.
— ¿¡Quién se cree que es este francés para querer cambiarme el nombre!? ¡Tengo derecho a tener y mantener mi identidad! — Exclamó ella en griego y se levantó bruscamente de su silla.
— Andromache, tal vez tenga razón, son solo nombres. — Le dijo Yusuf, hablando en griego también.
— No es un capricho de querer mantener mi nombre, es la forma en que Lykon y Quynh me conocieron. No voy a cambiar mi nombre, no voy a cambiar lo que me conecta a ellos. — Argumentó ella, continuando la conversación en griego.
— Es solo en los documentos. — Aseguró Nicolo, también él hablando en griego. — Vos siempre serás Andromache para nosotros y puedes presentarte así a extraños siempre que quieras hacerlo. — Le prometió.
— Nosotros nunca olvidaremos tu nombre, y si si vos lo haces estaremos para recordártelo. — Se sumó Yusuf a la promesa.
— De acuerdo, cambiaremos nuestros nombres. — Aceptó ella, volviendo a hablar en francés para que Sebastian pueda entender. — ¿Alguna propuesta? — Preguntó.
— Yusuf, es traducido como Joseph al inglés, eso podría funcionar. — Dijo Sebastian. — Y para Andromache estaba pensando algún derivado, como Andrea. — Agregó, sintiéndose algo nervioso.
Se quedaron en silencio por unos minutos, cada uno tomándose un momento para pensar.
— No está tan mal. — Dijo Yusuf, finalmente rompiendo el silencio.
— Podría ser peor. — Aceptó ella. — Ahora pensemos algo para él. — Dijo a Nicolo y Yusuf, señalando a Sebastian.
— Mi nombre está bien, es moderno. — Dijo Sebastian defensivamente.
— ¿Qué tal Book? — Sugirió Yusuf.
— Le Livre significa libro. — Siguió ella su razonamiento.
— Book, Booker, me gusta. — Aprobó Nicolo, diciendo el apodo.
Y a partir de ese día comenzaron a llamarse Andy, Booker, Joe y Nicky.
— ¿Por qué empezaron a hablar en otro idioma en medio de la conversación? — Preguntó Nile con curiosidad.
— Para que yo no entienda. — Respondió Booker.
— ¿Qué fue lo que dijeron? — Pidió saber Nile, porque todavía no había aprendido griego.
— De la importancia de nuestros nombres para nuestra identidad. — Respondió Nicky.
— Andy no quería cambiar su nombre porque eso era lo único que sentía que la conectaba con Lykon y Quynh. — Agregó Joe, de manera explicativa.
— ¿Y entonces cómo la convencieron? — Preguntó Nile confundida.
— Le prometimos que ella siempre sería Andromache para nosotros y nunca la dejaríamos olvidar su nombre. — Respondió Nicky.
A continuación los recuerdos de Andy se vieron repletos de batallas nuevamente. Esta vez eran de la primera guerra mundial.
— No entiendo. — Dijo Nile observando los recuerdos. — ¿De qué lado estaban? — Pidió saber.
— No estábamos exactamente de un lado. — Respondió Booker.
— Con el tiempo uno aprende que en la mayoría de las guerras no hay buenos y malos bandos, son simplemente personas peleando por poder. Y en ambos bandos hay gente inocente que sufre, es usada, y muere injustamente. — Expresó Nicky su opinión.
— Además todos por alguna razón tenemos una preferencia relacionada a nuestros orígenes, Nicky genovés así que tiene preferencia por Italia, Booker es de Marsella así que tiene preferencia por Francia. — Explicó Joe con calma.
— Vos por Magreb, el noroeste de África. — Continúo Nile su razonamiento. — ¿Vos por Vietnam? — Preguntó, dirigiéndose a Quynh.
— Si. — Afirmó ella.
— ¿Y Andy? — Preguntó con curiosidad.
— Es difícil de definir, cuando ella nació el mundo era mucho más diferente de cuando nosotros nacimos. El lugar donde nació, esos territorios ya no existen de la manera en que ella los conoció, y cambiaron más de una vez. — Respondió Nicky.
— Ella cree que en el mapa actual, sería alguna parte entre Ucrania y Rusia. — Informó Joe.
Estaban en Francia, peleando la batalla de Arras. De pronto Nicky pisó una mina y quedó hecho pedazos. Entre los tres lo cubrieron y cuando pudieron se retiraron del campo de batalla. Buscaron refugio para darle tiempo a Nicky de que pudiera recuperarse.
— No está despertando. — Dijo Joe desesperado.
— Ya lo va a hacer, dale tiempo, está sanando. — Intentó Booker tranquilizarlo.
— Está tardando mucho. Necesito que despierte. Nicky es el amor de mi vida, no puedo vivir sin él. — Expresó sus sentimientos a gran velocidad, inundado en su angustia. — Si muere… — Comenzó a decir.
— ¡Nicky no va a morir! — Lo interrumpió ella, levantando su voz. — Ninguno de ustedes tiene permitido morir antes que yo lo haga, ¿entendido? — Dijo autoritariamente para sacarlo de su estado de shock.
— Si jefa. — Afirmaron los otros dos al mismo tiempo.
Andy se arrodilló frente a Nicky y tomó su cara en sus manos con cariño. Lo examinó y pudo observar que su brazo y su pierna ya se habían regenerado, pero todavía faltaba parte de su estómago y una oreja.
— ¡Nicky, vuelve con nosotros! ¡Todavía no es tu hora! ¡Despierta! — Exclamó ella en italiano. — ¡Nicky! — Insistió y hundió su mano en la herida de su estómago.
Nicky despertó bruscamente y todos respiraron aliviados.
— Bienvenido de vuelta. — Dijo ella, con una pequeña sonrisa. — La próxima vez intenta tardar menos o Joe va a morir de un paro cardíaco. — Bromeó, haciendo que todos rían ante su humor.
Joe se ubicó detrás de Nicky para poder abrazarlo y le dedicó un par de palabras amorosas en árabe.
— ¿Qué tan malo es? — Pidió saber Nicky.
— Yo creo que es una mejora. — Respondió ella, al ver que Booker y Joe todavía estaban demasiado impresionados como para reaccionar.
Nicky apreció su respuesta y rió. Se quedaron un rato en silencio, esperando a que Nicky termine de recuperarse.
— Odio las guerras. — Dijo ella, necesitando expresar sus frustraciones.
— No las odias. — Negó Nicky.
— Eres una guerrera. — Justificó Joe la respuesta de su amado.
— Bien, entonces estoy cansada porque soy vieja. — Se quejó ella, haciendo que todos rieran.
— No puedo imaginarte sin pelear algún tipo de batalla. — Le dejo saber Booker.
— Está bien, puede que me guste pelear un poco. — Aceptó ella y todos volvieron a reír. — Lo que odio es el poder, lo que odio es que los mortales crean que el poder, la riqueza y el control del mundo sea más importante que sus propias vidas y la de los demás. — Explicó lo que la estaba atormentando.
— Creo que en eso todos estamos de acuerdo con vos jefa. — Dijo Nicky y los otros dos hombres asintieron con la cabeza.
— Y odio las bombas, las granadas y las minas. — Agregó ella, soltando una especie de bufido.
— Si, todo era más sencillo cuando usábamos solamente espadas. — Coincidió Joe.
De pronto, se escuchó una explosión a lo lejos y eso los hizo volver a entrar en acción. Todos juntos regresaron una vez más a la batalla.
Cuando terminó la primera guerra mundial los recuerdos de Andy volvieron a mostrar el océano. Esta vez eran barcos más modernos y con radares marítimos. La tecnología había avanzado y ella esperaba que eso pudiera ayudarla. Los tiempos bajo el océano eran más largos, porque los hacía con equipo de buceo.
Andy murió varias veces ahogada, y tuvo varios momentos de crisis y furia ante su fracaso en las búsquedas. Pero esta vez no hubo intento de matarse intencionalmente. Eso los hizo sentir a todos aunque sea un poco de calma, porque eso significaba que ella estaba en un mejor estado mental.
Las imágenes de los recuerdos volvieron a mostrar a Booker, Joe y Nicky en la guerra civil española.
De repente, las imágenes de la pantalla quedaron congeladas y Andy comenzó a convulsionar.
— ¿Qué está sucediendo? — Preguntó Quynh, comenzando a sentir terror ante la situación.
— No lo sé. — Respondió Nicky preocupado.
Entre todos agarraron a Andy para que no se lastimara a ella misma, mientras su cuerpo temblaba violentamente. La revisaron, pero la realidad es que ninguno entendía de medicina.
— ¿Qué le está pasando? — Exigió saber Quynh a la doctora Kozak, usando su espada para rozar el cuello de esa mujer en forma amenazante.
— Necesita otra dosis de droga. — Respondió la doctora Kozak.
— ¿Por qué? — Preguntó Quynh.
— Porque sus recuerdos están llevando más tiempo en desarrollarse de lo que había calculado. — Respondió la doctora Kozak.
— No sé si podemos confiar en ella. — Dijo Quynh con sinceridad, volviéndose hacia el equipo de inmortales.
— Pero, si no le damos otra dosis el proceso no va terminar y puede tener muerte cerebral. — Dijo Nicky, recordando lo que había dicho la doctora Kozak antes.
— ¿Qué riesgo estamos dispuestos a tomar? — Preguntó Joe.
Todos se quedaron callados, pensando cuál sería la mejor opción para accionar. Sin importar lo que fueran a elegir, el riesgo era el mismo: la mortalidad de Andy.
— Hay que darle una dosis más. — Dejó saber Quynh su decisión.
Evidentemente todos habían llegado a esa conclusión, porque aceptaron la decisión de Quynh.
— Yo lo haré. — Dijo Joe, extendiendo su mano para que Quynh le de la jeringa con la droga.
Joe se ofreció a ser él quien le diera la inyección porque él era el más talentoso con las manos. Simplemente tenía que tenerse confianza y pensar en la medicina de la misma forma en la que pensaba en su arte. Joe le dio la inyección a Andy, copiando los movimientos que recordaba que la doctora Kozak había hecho.
A los minutos, Andy se estabilizó y todos volvieron a respirar con calma.
