La muerte de Andy dejó a todos en estado de shock. Se derrumbaron allí donde estaban y lloraron su pérdida.

Nadie podía imaginar la vida sin ella. Todos pensaban que ella era quien siempre iba a ser constante, la que iba a estar para todos, la que iba a ser eterna y vivir más que todos ellos juntos. Y, tal vez, era injusto pedir eso de ella después de todo lo que había vivido. Pero era la única que siempre los hacía sentir a salvo.

El pequeño momento de duelo fue interrumpido cuando algo rompió el vidrio de la ventana y de pronto cayeron bombas de gas a la habitación. El equipo de la doctora Kozak los había encontrado.

La puerta se abrió y antes de que tuvieran tiempo de reaccionar recibieron varios tiros en sus cuerpos. Nile fue la única que llegó a hacer algo productivo, y eso fue actuar de escudo de David para que no saliera lastimado.

Cuando revivieron, ya estaban todos esposados y siendo llevados a la fuerza hacia fuera de la casa, el refugio en el que habían estado viviendo durante un mes. Los hicieron arrodillar a todos, en uno de los costados de la casa. Les taparon las bocas con cintas adhesivas y se colocaron en círculo alrededor de ellos, apuntándolos con armas.

— Entren a la casa de nuevo. — Ordenó quien estaba a cargo del operativo a tres de sus hombres. — Traigan drogas con las que podamos dormirlos, así no tenemos que lidiar con ellos durante el traslado. — Pidió.

— Entendido. — Respondió uno de ellos.

— Y traigan el cuerpo de Andromache, no me importa que esté muerta, es quien más años ha vivido y quiero que experimenten con ella. — Agregó seriamente.

Los cinco hombres se fueron a seguir las órdenes de su jefe. El equipo de inmortales quedó retenido y rodeado de unos quince hombres armados.

Mientras tanto…

Andy despertó. No pudo reconocer dónde estaba y eso la puso en estado de alerta al instante. Se vio cubierta de sangre y recordó su primera muerte, la sintió tan fresca como si le hubiera ocurrido hace cinco minutos. En eso, recordó a la doctora Kozak y su explicación sobre la droga que iba a hacerla revivir todos sus recuerdos traumáticos.

Miles de preguntas pasaron por su cabeza: ¿Por qué estaba llena de sangre? ¿Había muerto? ¿Estaba viva otra vez? ¿Su inmortalidad había regresado? ¿Dónde estaban las cicatrices que había ganado en su tiempo como mortal?

De pronto escuchó ruidos y eso la hizo accionar. Ella podía reconocer los pasos de las personas de su equipo a la perfección, y esos pasos eran de desconocidos. Revisó la habitación y lo único que encontró para defenderse fue una espada, la cual estaba segura que la había visto usar a Quynh durante ese último año que habían estado juntas.

Se colocó detrás de la puerta y esperó. A los segundos, tres hombres armados y vestidos de negro entraron a la habitación. Agarró la espada con determinación y de un solo movimiento hizo un corte a cada uno de los hombres en la parte de atrás de sus cuellos.

Los hombres volvieron hacia donde habían recibido la herida y dispararon. Andy esquivó las balas y volvió a enfrentarlos con la espada. Logró matar a uno y lo usó como escudo para matar a los otros dos.

Una vez muertos, les sacó sus pistolas para poder armarse ella misma con ellas.

Con la espada se hizo un corte en su brazo y se quitó el chip que la doctora Kozak le había puesto. No podía arriesgarse a que fuera un rastreador. Lo sacó, lo tiró al suelo y lo pisó hasta dejarlo hecho trizas. A los instantes la herida cicatrizó, demostrándole que su inmortalidad había regresado.

En eso uno de los handies de uno de los hombres empezó a sonar. Por suerte era un handie y no un celular, dándole la oportunidad de que pueda responder ya que deformaban la voz. Esperó a que del otro lado hablen primero, para saber qué idioma usar.

— ¿Está todo en orden? — Preguntó la voz, en inglés norte americano.

— Si. — Afirmó ella, usando el mismo idioma.

— ¿Por qué están tardando tanto? — Continuó preguntando.

— Porque todavía no encontramos lo que nos pediste. — Respondió ella.

— Bien, apuren que no tenemos toda la noche. — Ordenó.

— Si, jefe. — Contestó ella.

Andy empezó a hacerse paso por la casa. Miró por una de las ventanas y pudo observar que tenían a su equipo, a Quynh, y a… ¿David? ¿Qué hacía ahí?... Estaban todos retenidos físicamente y rodeados por personas con armas. Cerca había tres camionetas blindadas, pero todavía no les habían hecho subir a ellas.

Después de observar la escena detalladamente por un instante, fue a la siguiente habitación y la reconoció como la de Joe y Nicky. Eso le dio una idea. Primero se cambió rápidamente con ropa limpia. Luego buscó entre las cosas de sus hermanos y agarró el rifle de Nicky. Eso podría ser una buena iniciativa para llamar la atención, después se haría paso hacia el techo y entraría a la escena desde arriba. Le gustaba el efecto de entrar a las escenas desde arriba, sentía que daba una perspectiva de ventaja para el comienzo.

Fue a la ventana y acomodó el rifle. Nicky sería el mejor del equipo manejando los rifles, pero ella era buena usando cualquier tipo de arma.

Observó la escena por la mira y escuchó las palabras de Nicky en su cabeza: "la clave es tener paciencia, esperar el momento perfecto. Y cuando tienes ese momento en la mira, respiras hondo y disparas".

El momento ideal para Andy fue cuando dos guardias quedaron posicionados en línea recta. Respiró hondo y disparó. La bala atravesó a los guardias, haciendo que caigan muertos a la tierra.

Al instante su handie sonó.

— ¿Qué fue eso? — Preguntó la voz.

— No sabemos, aquí no hay nadie, debe venir del bosque. — Respondió ella.

— Apuren a traer los tranquilizantes y el cuerpo de Andromache, tenemos que irnos de aquí cuanto antes. — Ordenó.

— Copiado jefe. — Asintió ella.

El hombre que estaba a cargo de la situación tuvo una mala sensación ante ese suceso inesperado. Tres muertos. ¿Cómo era posible si tenían a todos los inmortales atrapados?

— Ustedes, vayan a revisar el bosque. — Le ordenó a otros tres hombres que tenía a su cargo.

Los inmortales intercambiaron miradas de entendimiento entre ellos. Hace unos minutos todos habían compartido una visión sobre la muerte de Andy y su regreso a la vida. El disparo no había venido del bosque, era evidente para cualquier persona que sabía de armas que el disparo había venido de la casa. Por suerte, los hombres que los tenían atrapados estaban tan sorprendidos y probablemente asustados, que no se dieron cuenta de ese importante detalle.

Si sus visiones compartidas eran ciertas, todos estaban seguros de que Andy era quien había disparado desde dentro de la casa. Ella iba a venir por ellos y nadie iba a poder detenerla.

Andy subió al techo de la casa y observó la escena desde arriba. Los hombres estaban rodeando a su equipo en forma de ronda. Algunos estaban mirando hacia dentro del círculo y otros hacia afuera, todos con sus armas listas.

Preparó la espada en una mano y la pistola que más balas tenía en la otra. Las otras dos pistolas las guardó en la cintura de su jean. Cerró los ojos por unos segundos, para concentrarse y entrar en su modo de lucha.

Abrió los ojos, tomó envión y saltó, cayendo perfectamente en el centro del círculo. Y así, empezó la acción. Avanzó con su espada y su pistola, enfrentando a aquellos hombres como si no fueran suficientemente buenos contrincantes para luchar contra ella.

A los minutos, estaban todos muertos.

Andy agarró las llaves de uno de los hombres y empezó a quitar las esposas a Joe, pero mientras lo hacía aparecieron los hombres que se habían ido a revisar el bosque. Ella dejó las llaves a Joe y se colocó como escudo entre el equipo y esos hombres.

— ¿Quién eres? — Preguntó uno de ellos.

— Andromache the Scythian. — Respondió ella y le pegó un tiro en la frente. — Pero pueden llamarme Andy. — Agregó con satisfacción, observando a los dos restantes.

Peleó contra ellos. Mató a uno. Y cuando estaba matando al último, escuchó que la llamaban.

— Andromache. — Llamó la voz desconocida.

Andy se volvió hacia donde estaban los demás. Aparentemente Joe sólo había llegado a liberar a David, Nicky y Nile. El desconocido tenía agarrado a David y lo estaba apuntando con un arma en la cabeza.

— Si no sueltas tus armas lo mato. — Advirtió el extraño. — Sé que él, a diferencia de ustedes. es mortal. — Agregó desafiante.

Ella avanzó hasta sentir que estaba lo suficientemente cerca, sin que el extraño se sienta amenazado.

— Bien, dejaré mis armas. — Aceptó ella. — Porque vos sos el bueno y yo soy la mala por mi inmortalidad, ¿no? — Dijo ella con ironía.

Para cualquier persona parecería ridículo que ella diga eso, más cuando ella no era de muchas palabras en las batallas. Pero, su equipo la entendería y captarían su señal. Joe enseguida se puso en posición para hacerle saber que estaba listo y eso la hizo sonreír hacia su interior.

— Claro que eres mala, todos ustedes son malos, son una amenaza para esta sociedad. Seguro matan a todos porque ustedes no pueden morir. — Dijo el extraño, comenzando a desesperarse. — ¡Así que baja las armas si no quieres que él muera! — Exclamó nuevamente su condición.

Andy dejó la pistola y la espada en el pasto, y al hacerlo agarró el cuchillo que tenía en su bota. Joe y ella intercambiaron una mirada de entendimiento y entraron en acción. Ella revoleó el cuchillo al extraño y Joe se colocó en medio de los dos hombres para actuar de escudo de David. El extraño ni siquiera tuvo tiempo de disparar, el cuchillo quedó perfectamente clavado en uno de sus ojos y cayó al pasto. Joe le quitó la pistola y le disparó.

Finalmente, respiró tranquila. Ya no quedaba nadie que pudiera lastimarlos.

En eso, David la miró y ella pudo notar todo el terror presente en su mirada. Avanzó hacia él y le quitó la cinta adhesiva de la boca.

— Andy. — Dijo él con cariño.

No sabía que había estado esperando, pero ese cariño seguro que no. Pensaba que tal vez su terror se debía a ella, ya que había visto los desastres que podía hacer con sus propias manos. David se dejó caer contra su cuerpo, y ella lo abrazó. Disfrutaron del reencuentro por unos instantes.

— Estás viva. — Dijo David alegremente, cuando salieron del abrazo.

— Al parecer si. — Asintió ella.

— ¿Cómo? — Preguntó Quynh, completamente asombrada.

— No lo sé. — Admitió ella.

Miró a sus alrededores y comprobó que todo el equipo ya estaba liberado de sus esposas. Tenían muchas cosas de qué hablar, estaba segura de eso. Antes que pudiera poner alguno de sus tantos pensamientos en voz alta, se vio envuelta de abrazos. Ella les dio el gusto y correspondió los abrazos con cariño, porque sabía que después del susto que les había dado todos necesitaban ese contacto.

Todavía tenían pendientes conversaciones sobre el tiempo que pasaron separados, y tenían también qué hablar sobre cómo era que de repente parecían estar todos tan cómodos estando juntos.

¿Qué había sucedido entre Quynh y ellos? ¿Habían llegado a un entendimiento? ¿Se habían perdonado? ¿Y quiénes eran las personas que casi lograron capturarlos? ¿Por qué los querían y para qué?

Ignoró sus preguntas, porque ahora no era momento para ellas. Era momento de entrar en acción y ponerse a salvo, ponerlos a salvo.

— ¿Dónde estamos? — Pidió saber ella.

— Polonia. — Respondió Quynh.

— Polonia, eso no está tan mal. — Aprobó ella, pensativamente. — ¿Alguien tiene un celular? — Preguntó.

— Aquí tengo un par. — Dijo Booker, luego de revisar un par de cuerpos.

— Llama a Copley, explícale la situación, que investigue todo lo que pueda sobre estos hombres y limpie la escena. — Le pidió ella a Nile, luego de entregarle uno de los celulares. — Dile que nos volveremos a comunicar con él nuevamente cuando estemos en Croacia. — Agregó.

— ¿Croacia? — Preguntó Nile sorprendida.

— Si, y recuerda romper el celular después de la llamada. — Asintió ella. — Estaríamos necesitando ropas limpias. — Dijo mirando los estados de todos, él único pasable era David.

— Y armas. — Sumó Nicky.

— Iremos a buscar lo que necesitamos. — Propuso Joe.

— Tienen diez minutos. — Les dejo saber ella. — ¿Book podrías revisar una de las camionetas? ¿Asegurarte que no tenga ningún rastreador ni nada de estilo? — Le pidió.

— Si, ya estoy en eso. — Afirmó él

Joe y Nicky entraron a la casa y Booker se puso a revisar la camioneta. Ella agarró el celular e hizo una llamada. Llamó a Andre ya que sabía que Polonia era uno de los países en donde manejaba su negocio. Por suerte él estaba en el país, así que arregló para que todos pudieran estar volando dentro de unas horas a Ucrania. Cuando terminó la llamada, rompió el celular.

El equipo volvió a reunirse y se cambiaron con ropas limpias.

— Ten, tienes sangre en la cara. — Le dijo Nile, entregándole una botella de agua.

Andy sonrió al recordar la ocasión en el avión donde ella había sido la que había hecho ese comentario. Aceptó la botella, se mojó la cara y el cabello. Cuando se sintió satisfecha se recogió el cabello en una cola alta. No tenía mucho sentido, porque muchos mechones se salían y volvían a caer sobre su cara ya que todavía no lo tenía lo suficientemente largo. Pero necesitaba esa especie de comodidad.

— Hora de movernos. — Dijo ella, al ver que todos la habían estado observando en silencio, esperando sus indicaciones.

Era raro como todo podía cambiar en un instante.

Agarró las llaves de la camioneta y subió al lugar del conductor. David fue quien se sentó a su lado. Su equipo y Quynh se ubicaron en la parte de atrás, al parecer todavía no se sentían completamente listos para enfrentarla. Igual lo que separaba las partes de adelante y de atrás de la camioneta era una reja, así que podían hablar si querían hacerlo. Aunque era probable que ese no fuera el mejor momento.

Andy encendió la camioneta y emprendió viaje hacia donde iban a tomar un vuelo clandestino.