Andy dejó que el hecho de manejar la relajara. A ella le encantaba manejar, así que se concentró en hacerse camino hacia donde tenían que ir a tomar el vuelo.
— ¿A dónde vamos? — Preguntó David con curiosidad.
— A tomar el avión que nos llevará a Ucrania. — Respondió ella.
— ¿Ucrania? ¿Pero, no dijiste que íbamos a Croacia? — Cuestionó Nile, interviniendo en la conversación.
— Vamos a Croacia, pero vamos a hacer un par de combinaciones para hacer que sea difícil rastrearnos. — Contestó ella.
— Eso tiene sentido. — Aceptó Nile.
— ¿Cómo haces para ubicarte sin gps? — Pidió saber David.
— Es bastante sencillo, si seguís la posición de las estrellas de noche o el sol de día. — Respondió ella.
— Claro. — Dijo David irónicamente. — Me olvido que eres vieja, ¿cuántos años? — Dijo.
— Si mis cálculos están bien, algún número entre 6500 y 7000 mil años. — Respondió ella.
— Eso es un montón. — Comentó David, algo impresionado.
— Si, lo sé. — Asintió ella.
— Entonces, volvamos al tema ubicación. — Comentó David, haciéndola reír.
— Estamos en alguna parte del bosque Bialowieza, seguiremos alguna ruta que nos lleve hacia el noroeste, hasta llegar a Protasy, en las afueras de Bialystok; allí tomaremos el avión. — Explicó ella con calma.
David le hizo un par de preguntas sobre constelaciones y estrellas, y ella las respondió lo mejor que pudo. Estar en una camioneta no era el mejor lugar para explicar ese tipo de cosas. Pero aún así lo intentó; y le contó que las constelaciones, para alguien como ella, cambiaban de forma y ubicación. Ella había tenido que volver a aprenderlas más de una vez.
La conversación continuó fluyendo, y ella le preguntó sobre Amazona y él le dijo que Copley era quien la estaba cuidando. Luego se quedaron un rato en silencio, hasta que ella recordó que todavía no sabía porqué David estaba con ellos.
— Entonces, ¿por qué estás con nosotros? ¿te trajeron para verme? — Pidió saber ella a David.
— Si, querían mi opinión y ayuda médica. — Respondió David.
— ¿Revisaste mi cabeza? ¿Encontraste algo interesante? — Preguntó ella con curiosidad.
— Todo bastante normal. — Respondió David con sinceridad. — Solamente algunos efectos de la droga de la doctora Kozak que todavía no entiendo, y muchos recuerdos. — Agregó.
— Recuerdos. — Repitió ella. — Recuerdos de mis traumas, cierto. ¿Los vieron todos? — Dijo, dirigiendo esa pregunta a su equipo.
— Si. — Afirmó Nicky.
— La doctora Kozak los grabó. — Informó Joe. — Pero no te preocupes, tenemos las grabaciones con nosotros, no íbamos a dejarlas al alcance de otros. — Sumó buscando darle algo de calma.
Saber que había grabaciones sobre sus recuerdos más dolorosos y oscuros la hizo entrar en pánico y frenó la camioneta bruscamente en un costado de la ruta. No quería que hubiera nada relacionado con sus recuerdos. Necesitaba destruir las grabaciones donde estaban guardados.
Andy ignoró los gritos de todos llamando su nombre, y se bajó de la camioneta. Abrió la puerta de atrás. Buscó entre las pocas armas que tenían y agarró una ametralladora.
— Joe dame las grabaciones. — Pidió ella.
— Andy… — Comenzó a protestar Joe.
— ¡Joe! ¡Dame las grabaciones! — Insistió ella.
Joe sacó un pendrive de su bolsillo y se lo entregó.
— ¿Esto es todo? — Preguntó ella seriamente.
— Si, el resto los destruimos. — Le dejó saber Joe, mirándola a los ojos para que pudiera comprobar su honestidad.
Andy caminó unos cuantos pasos, para alejarse de la camioneta, y tiró el pendrive a la tierra. Usó la ametralladora como si fuera un palo y empezó a darle fuertes golpes al pendrive para hacerlo pedazos. Necesitaba destruirlo, eso era todo lo que sabía. Así que lo golpeó una y otra vez, y cada vez con más fuerzas. El dolor que sentía hacia todo esos recuerdos era demasiado intenso y usar todas sus fuerzas en destruir las pruebas que había de ellos, era lo único que de alguna manera podía ofrecerle calma.
De pronto, estaba llorando. Pero no le importó. Ella simplemente siguió golpeando los pedazos del pendrive insistentemente. Una y otra vez, hasta dejarlo cada vez en más diminutos pedazos.
Continuó así, hasta que sintió unos brazos detenerla.
Nicky.
Ella se derrumbó en sus brazos, dejando que su abrazo le diera el refugio que necesitaba. Estaba cansada de ser fuerte y cargar sola con todo su dolor. Por eso, se permitió llorar todas sus frustraciones en ese abrazo. Y se sintió bien al hacerlo, porque Nicky siempre había sido esa persona dónde se sentía segura expresando sus sentimientos.
— Tranquila. — Dijo Nicky, acariciándole la espalda y el cuello con cariño. — Estás acá, conmigo. No estás sola. — Le recordó, trayéndola al presente.
— Lo sé. — Dijo ella, sin poder dejar de llorar.
Andy se dejó caer, y Nicky cayó con ella. Ambos quedaron sentados al costado de la ruta. Nicky abrazándola, y ella intentando tomar fuerzas en ese abrazo para poder continuar.
— Es demasiado. — Dijo ella, rompiendo el silencio.
— Si, lo es, son muchos recuerdos. — Afirmó Nicky.
— No, no me refiero a eso. — Negó ella.
— ¿A qué entonces? — Preguntó él.
— Es demasiado para que cualquiera de ustedes lo tenga en la cabeza, nadie tendría que cargar con esas imágenes y esos dolores. — Respondió ella tristemente.
— Si vos pudiste vivirlos, entonces nosotros podemos cargar con ellos en nuestra cabeza. — Aseguró él empáticamente.
— ¿Si? — Preguntó ella, mostrándose totalmente vulnerable.
— Si. — Afirmó él con confianza.
Se quedaron un rato en silencio, hasta que Andy sintió que sus energías se habían recuperado.
— Creo que es momento de irnos. — Dijo ella, saliendo del abrazo.
— Bien. — Aceptó él.
Nicky se levantó y le ofreció sus manos para ayudarla a levantarse. Andy sonrió ante ese pequeño gesto que era tan él, y se aferró a sus manos, dejando que le diera un envión para levantarla. Caminaron juntos hasta la camioneta, él se fue para la parte de atrás y ella para el lado del conductor.
— Nicky. — Lo llamó ella, antes de que cerrara la puerta.
— ¿Si? — Preguntó él.
— Gracias. — Agradeció.
Andy se subió a la camioneta, prendió el motor y volvió a emprender camino. Agradeció que nadie hiciera ningún comentario respecto a su pequeña crisis, que la respetaran como para dejar en ella el poder de hablar o no sobre eso.
Cuando llegaron al lugar donde iban a tomar el avión, el sol estaba comenzando a asomarse por el horizonte.
Se bajaron de la camioneta y Andy saludó a su contacto desde lo lejos.
— Vayan subiendo al avión si quieren. — Dijo ella a su equipo. — Yo iré a saludar y encargarme que se deshagan de esta camioneta. — Les dejo saber.
Todos la miraron partir y saludar a uno de esos hombres con un abrazo. Mientras Andy hablaba con ellos, los demás se dedicaron a subir las cosas al avión.
— ¿De dónde creen que Andy conoce a estos hombres? — Preguntó David, encontrándose con grandes cargas de drogas al subir al avión.
— Andy tiene contactos en muchos lados, es buena en eso. — Respondió Joe.
— Creo que a la mayoría les cae bien porque habla el idioma y no hace preguntas. — Agregó Booker.
— Yo conozco a uno de ellos, fue quien nos llevó de Afganistán a París cuando nos conocimos. — Dijo Nile, reconociendo a uno de los hombres que estaba con Andy.
No había exactamente asientos en el avión, pero se acomodaron como pudieron en el espacio. A los segundos Andy subió con uno de los hombres, el que Nile conocía. Mientras el extraño se encargó de poner todo en marcha para despegar, Andy cerró la puerta y revisó las medidas de seguridad.
A los minutos, ya estaban en el aire.
— A veces tienes que trabajar con quien no te gusta comer. — Comentó Nile, recordando la conversación que ellas habían tenido en el avión cuando se habían conocido.
— Algo así. — Asintió ella. — Pero es diferente. Andre es un buen hombre. Se puede ser una buena persona aunque hagas cosas malas y se puede ser una mala persona aunque hagas cosas buenas. En su caso su familia está relacionada con la mafia y a él no le quedó otra que seguir el mandato familiar, a veces hay destinos que no podemos evitar sin importar cuanto queramos. — Explicó, sintiendo que aquel hombre no merecía ser juzgado.
Se quedaron unos minutos en silencio. Andy miró a Quynh, nunca habían volado juntas en un avión y quería observar qué sensaciones causaba en la otra ese tipo de transporte. Recordó el momento del helicóptero, pero en ese entonces ella estaba demasiado preocupada por su equipo como para centrar toda su atención en Quynh. Suspiró, mejor era quedarse en el presente.
— Andy, tengo un regalo para vos. — Dijo Andre, hablando en ruso.
— Andre, no debiste. — Negó ella, continuando la conversación en el idioma del otro.
— Pero, lo hice. — Retrucó él y le señaló dónde buscar. — Después de varios años de no vernos, te lo merecías. — Agregó a modo de justificación.
— ¿Baklava? — Dijo ella, con una gran sonrisa dibujándose en sus labios.
— Si, sé que es tu favorito. — Respondió él.
— Gracias. — Agradeció ella y le dio un beso en la mejilla.
Andy se sentó en un espacio vacío y probó un pedazo. Se tomó un segundo para disfrutarlo, estaba increíblemente exquisito. Eso era justamente lo que había necesitado para mejorar su humor.
— ¿500 euros Book? — Propuso Nicky a Booker.
— 500, acepto. — Respondió Booker.
— ¿De verdad? — Preguntó ella, mirándolos divertida.
— Si, de verdad. — Afirmó Booker. — Cuando estemos en un lugar seguro podremos darnos el dinero que apostemos. — Agregó, algo satisfecho ante eso porque sentía que iba a ganar.
— Ya sabes cómo es esto jefa. — Dijo Nicky con una sonrisa.
— De acuerdo. — Aceptó ella.
Agarró otro pedazo del baklava y lo metió en su boca. Esta vez se tomó el tiempo para identificar todos los sabores y disfrutar de cómo cada uno de ellos se sentía en su paladar.
— ¿Qué está ocurriendo? — Preguntó Nile, sin comprender.
— Solo, presta atención y observa. — Respondió Joe alegremente.
— Masa de almendra, pistachos, canela. — Enumeró ella, haciendo un sonido de satisfacción con su garganta. — Agua de limón con miel, y… es casero, alguna receta familiar rusa. — Terminó su deducción.
— ¡Si! — Festejó Booker, haciendo que Nicky maldijera en italiano, y Andy y Joe rieran.
— ¿Cómo podemos estar tan seguros? — Preguntó Nicky.
— ¿De verdad Nicky? — Preguntó ella, algo ofendida. — ¡Andre! — Llamó ella la atención del piloto.
— ¿Si? — Preguntó él, en ruso.
— ¿El baklava era casero? ¿Lo hizo alguien de tu familia? — Preguntó ella, volviendo a hablar en ruso.
— Si, lo hizo mi mamá. — Respondió él.
— Gracias, dile que estuvo exquisito. — Le dejo saber ella.
— ¿Entonces? — Preguntó Booker, ninguno de ellos sabía hablar ruso.
— Lo hizo su mamá. — Respondió ella.
Booker volvió a festejar y Nicky volvió a maldecir. Andy y Joe volvieron a reír e hicieron un par de chistes en arabe.
Luego, Andy informó que lo mejor era dormir mientras podían hacerlo. Se acomodó contra una de las paredes del avión y dejó que el sueño se apodere de ella. El equipo la imitó y de a poco todos se fueron quedando dormidos.
Mientras todos dormían, algo fantástico ocurrió. Todos los inmortales volvieron a compartir sus sueños, lo que era raro porque ya se conocían entre todos.
Pero esta vez era diferente. Era como si en el sueño estuvieran todos observando lo que ocurría desde el punto de vista de Andy, como si todos fueran Andy y pudieran sentir lo que ella sentía.
El sueño mostró el recuerdo de su primera muerte. Y cuando la primera lanza comenzó a atravesar su hombro, todos despertaron bruscamente.
— Mierda. — Dijo Andy, shockeada ante su propio recuerdo, porque le dolía revivirlo.
Se llevó la mano al hombro y sintió sangre. Corrió su remera y vio una pequeña herida. ¿Cómo era posible? Levantó su mirada y comprobó que todo su equipo estaba tan shockeado como ella.
— Como en el sueño. — Dijo Joe.
— ¿Qué? — Preguntó ella confundida.
— Todos tuvimos el sueño de tu recuerdo Andy. — Informó Nile.
— No, no puede estar pasando esto. — Negó ella, mientras su herida se cerraba, sin dejar rastro de esta.
— Andy… — Comenzó Nicky.
— No quiero hablar de esto. — Lo interrumpió ella.
Andy se levantó de su lugar y buscó entre las cajas alguna botella de alcohol, hasta que encontró una de vodka. Fue hacia la parte de adelante del avión y se sentó en el lugar de copiloto. No iba a volver a dormir, no después de eso. Así que, se dedicó a tomar unos tragos mientras escuchaba a Andre relatar historias sobre su familia.
