Llegaron a Ucrania y bajaron del avión. Andre les había conseguido una camioneta familiar y un celular como había prometido.
Andy volvió a subirse en el lugar del conductor, y los demás se acomodaron en el resto de los lugares. Esta vez fue Booker quien se sentó en el lugar de su acompañante. Ella manejó por las rutas de Ucrania, esta vez sí con gps, hasta que llegaron a Chernivtsi.
— Voy a ir a conseguirnos documentos y pasaportes. — Indicó ella, cuando frenó la camioneta.
— De acuerdo. — Asintió Booker.
— ¿Podrías sacar una foto a cada uno de nosotros? — Le pidió ella, entregándole un celular que sacó de su bolsillo.
Se bajaron de la camioneta y se pararon frente a una pared lisa. Booker sacó una foto a cada uno y Nile le sacó una a él, luego le devolvieron el celular a Andy. Todos volvieron a la camioneta y ella se dirigió a un galpón donde sabía que funcionaba un negocio de documentación falsa.
Todos se quedaron esperando en la camioneta, hasta que...
— Creo que es buen momento para comprar provisiones de comida. — Dijo Joe, señalando un pequeño mercado que había en la siguiente cuadra.
— Es buena idea. — Aceptó Booker.
— ¿Alguien quiere venir conmigo? — Ofreció Joe.
— Yo voy con vos amor. — Respondió Nicky.
— Y yo, necesito estirar las piernas y fumar. — Dijo Nile.
— Vuelvan antes que Andy. — Les pidió Booker.
Booker puso música y entabló una pequeña conversación con David y Quynh, mientras esperaban a los demás.
A los diez minutos, Joe, Nicky y Nile ya estaban devuelta con un par de bolsas. Cinco minutos más, y apareció Andy.
— ¿Todo en orden? — Preguntó Booker, cuando ella entró a la camioneta.
— Si. — Afirmó ella.
Andy le entregó los documentos a Booker para que los repartiera y emprendió viaje. Cruzaron la frontera hacia Rumania, y ella los condujo hasta la ciudad de Timisoara. Una vez allí, dejaron la camioneta abandonada en un callejón y caminaron hacia la estación de tren.
Esperaron a que fuera de noche, y se colaron en el único tren de carga que iba a Croacia. El vagón estaba lleno de mercadería, pero la acomodaron contra un costado para tener espacio suficiente de sobra para todos.
— Tengo la cena. — Informó Joe, sacando unos sandwiches de su mochila cuando iban una hora de viaje.
— Esto era lo que necesitaba. — Dijo ella, recibiendo el sandwich felizmente.
— Lo sé. — Dijo Joe, guiñandole un ojo.
Comieron los sandwiches mientras intercambiaban pequeñas conversaciones. Debatieron sobre qué tan peligrosas eran las personas del equipo de la doctora Kozak, y luego se acomodaron para descansar. De a poco, todos se fueron quedando dormidos.
En un momento de la noche, volvió a ocurrir lo mismo que en el avión. Todos los inmortales se encontraron compartiendo un sueño. Esta vez era sobre el recuerdo de la segunda muerte de Andy. Soñaron con las violencia de ese momento… y esta vez despertaron cuando a ella le cortaron una de sus manos.
Andy despertó dando un pequeño grito de dolor. Se sentía confundida y aturdida, sus recuerdos todavía estaban demasiado frescos como para dar cuenta de lo que en verdad ocurría.
— Andy. — La llamó Nicky, agarrando uno de sus brazos.
— ¡No me toques! — Exclamó ella, en un idioma que ninguno de los demás conocía, liberándose de su agarre.
— Andy, somos nosotros. — Le dejo saber Joe, apareciendo al lado de Nicky.
— ¿Joe? ¿Nicky? — Preguntó ella confundida, centrando su atención en ellos al reconocer sus voces.
— Si, somos nosotros. — Afirmó Nicky.
— Lo que pasó recién fue una pesadilla. — Dijo Joe, intentando calmarla.
Ella levantó su brazo para poder examinar su mano y efectivamente faltaba más de la mitad de ella. Pero se estaba regenerando, y eso le dio cierta paz. El dolor iba a pasar, se iba a acabar.
— ¿Entonces por qué pasa esto? — Preguntó ella.
Ninguno supo qué responderle, así que se limitaron a sentarse a su lado y abrazarla. Andy disfrutó de ese abrazo. Esa forma era en la que ellos siempre la habían abrazado cuando tenía pesadillas por Quynh. Tenía sentido que estas pesadillas también requirieran la misma contención por los difíciles que eran.
Cuando su mano terminó de regenerarse, decidió levantarse. Necesitaba hacer algo para no volverse loca y necesitaba mantenerse ocupada para no volver a quedarse dormida.
— Andy. — La llamó Nicky. — Tenemos que hablar de esto. — Dijo con preocupación.
— No, no tenemos. — Negó ella.
Todos estaban despiertos, obviamente. Y la estaban mirando con una intensidad que no soportaba. En alguna parte de su ser sabía que era porque la querían y se preocupaban, pero en ese momento se sentía como lástima y pena, y ella no podía lidiar con eso.
— ¿Alguien puede darme una explicación de lo que está ocurriendo? — Preguntó ella desafiante y todos negaron. — Entonces no hay nada de qué hablar. — Concluyó.
Agarró su mano -la cortada- del piso y empezó a buscar dentro del vagón algo que pudiera ayudarla a hacer lo que quería. Finalmente, se conformó con un tacho de metal y una botella de vino que encontró. Tiró la mano en el tacho y la roció con el alcohol.
— ¿Alguien tiene un encendedor? — Preguntó ella.
— Acá tenés. — Respondió Nile, entregándole un encendedor.
— Gracias. — Agradeció ella y prendió fuego su mano para no dejar rastro de ella. — Voy a ir a buscar ropa limpia. — Informó y se fue del vagón.
Todos la miraron irse sintiendo una gran mezcla de emociones.
— ¿Hacemos bien en dejarla ir? — Preguntó Nile.
— Si, necesita el espacio. — Afirmó Nicky.
— Y si alguien puede pasar desapercibida es ella, no se va a dejar encontrar por nadie del tren. — Dijo Joe con seguridad.
— ¿Qué demonios está sucediendo con nuestros sueños? — Preguntó Booker, dando voz a lo que tenía a todos preocupados.
— ¿Crees que es un efecto de la droga de la doctora Kozak? — Preguntó Nile, dirigiendo su pregunta a Quynh.
— No lo sé, es una posibilidad. — Respondió Quynh con sinceridad.
— ¿Estabas despierto? ¿Pudiste observar algo? — Pidió saber Booker a David.
— Si, me desperté porque todos se estaban moviendo mucho y eso hacía ruido. — Contestó David. — Lo único raro que pude ver, es que todos estaban con los ojos abiertos y estos estaban blancos. — Relató lo que había podido observar.
— Estos sueños se sienten diferentes a comparación de observar los recuerdos en la pantalla. — Comentó Booker.
— Es incluso más doloroso, es como si fuéramos Andy en el recuerdo, como si pudiéramos sentir lo que ella siente. — Coincidió Joe.
— ¿Creen que los sueños tienen que ver con nuestra conexión como inmortales o con la droga de la doctora Kozak? — Preguntó Nile.
— Andy tenía los ojos blancos cuando la droga le estaba haciendo efecto. — Recordó Nicky. — Y si David vio que todos teníamos los ojos blancos… — Comenzó a expresar su idea.
— Puede ser que sea una combinación de ambas cosas. — Terminó Quynh por él, entendiendo a lo que se refería. — Tal vez convenga que David siga investigando sobre la droga, para que pueda comprobar si esto tiene que ver con ella o no. — Sugirió.
— Si, puedo hacer eso. — Aceptó David.
A los minutos Andy regresó, ya cambiada con ropa limpia y con un termo de café. Tiró la ropa sucia en el tacho y también la prendió fuego. Luego, les ofreció café. Repartieron el café en un par de vasos descartables y lo tomaron en silencio.
Cuando faltaba una hora de viaje, Andy abrió el vagón y tiró el tacho en el que había quemado sus cosas.
— Hora de irnos. — Indicó ella a los demás. — Book, ¿Eres vos quien se queda con David? — Pidió saber ella, porque obviamente no iban a hacer saltar a un mortal de un tren.
— Si. — Afirmó Booker.
— Bien, te encontraremos en la estación. — Informó ella. — Tengan cuidado al bajar, que no los atrapen. — Pidió.
— Siempre jefa. — Aseguró Booker.
Andy saltó del tren y empezó a caminar. No esperó al resto de su equipo, porque sabía que iban a venir detrás de ella. En este tipo de situación ellos la seguirían a donde fuera y sin cuestionarla, y ella estaba agradecida por eso. Necesitaba esa seguridad que le daba el contar con ellos incondicionalmente.
Caminaron un rato, hasta que llegaron a un pueblo y alquilaron un auto. Allí ocurrió un problema, Quynh no quería ir con ellos.
— ¿Por qué? — Preguntó ella a Quynh.
— Después de todo lo que pasó, de lo que hice, no creo que sea lo mejor que vaya con ustedes. — Respondió Quynh, usando vietnamita antiguo para hablar.
Eso significaba que no quería que los demás entendieran la conversación. El vietnamita antiguo era un idioma que ellas dos solamente entendían, el resto de las personas del equipo nunca lo habían aprendido. Andy le dio el gusto, y decidió continuar la conversación en el idioma que la otra había elegido.
— Ambas cometimos errores y tenemos culpas con qué lidiar, pero este no es el momento para eso. — Expuso ella.
— Pero ¿qué hay de tus sueños? — Pidió saber Quynh. — ¿No te parecen suficiente motivo cuando no podemos solucionarlos por el momento? — Agregó, intentando presionarla.
— No quiero hablar de ellos. — Dijo ella y dio un largo suspiro. — No tenemos solución a eso por el momento, así que no veo el sentido de que hablemos de ellos. — Argumentó.
— Bueno, entonces deberías dejarme ir. Ya nos salvaste en Polonia, y me trajiste a otro país. ¿No es eso suficiente? — Dijo Quynh.
— No, no es suficiente. — Negó ella. — Hasta que no sepamos qué pasó con el equipo de la doctora Kozak y nos encarguemos de terminar con quienes saben de nosotros y quieren usarlo en nuestra contra, es mejor mantenernos juntos. — Expresó su opinión.
— No lo sé, yo puedo cuidarme sola. — Manifestó Quynh, todavía indecisa con la situación.
— Por favor, necesito saber que todos estamos a salvo, hazlo por mí. — Pidió ella.
Se quedaron un instante en silencio, simplemente mirándose. Andy trató de transmitirle todo lo que sentía en su mirada… decirle que la quería, que la extrañaba, que lamentaba no haberla podido salvar, que necesitaba que este bien… que quería que se den una oportunidad, poder pedirse perdón y seguir adelante a partir de allí...
— De acuerdo. — Aceptó Quynh.
Eso la hizo volver a tranquilizarse.
Volvieron al auto. Andy se ubicó en el lugar del conductor y Nile en el de acompañante, los demás se ubicaron en la parte de atrás. Ella los condujo hasta Zagreb. Allí cambiaron el auto por una camioneta. La única que consiguieron fue una que tenía los lugares de adelante cubiertos y el resto era una caja descubierta.
Manejaron hasta la estación de tren y allí se reencontraron con Booker y David.
Andy volvió una vez más al lugar del conductor. Joe y Nicky se acomodaron en el lugar del acompañante, Nicky sentándose entre las piernas de Joe. Ella los miró con una gran sonrisa. Aunque varias veces los molestaba, la verdad era que le encantaba apreciar el amor que se tenían. Los demás se ubicaron en la caja.
Era hora de conducirlos hasta Rijeka, donde tenían un pequeño refugio en el medio del campo.
Allí podrían recargar energías, comunicarse con Copley y armar un nuevo plan. Lo que fuera que el equipo de la doctora Kozak tenía planeado, no iba a ser bueno. Así que lo mejor iba a ser enfrentarlo y terminar con todo eso de una vez, para así poder volver a tener un poco de paz.
