A la noche el equipo conversó con Copley. Él les pasó la información que tenía hasta el momento, pero no era suficiente todavía como para que entraran en acción o planearan una misión. Así que, al otro día Andy sugirió que fueran a hacer compras.
Todos se subieron a la camioneta y ello los condujo hacia una ciudad cercana, donde podían conseguir lo que necesitaban.
— Yo iré por las armas. — Dijo ella, una vez que estacionó la camioneta.
— Nile y yo podemos ir por la tecnología. — Ofreció Booker.
— Yo iré a comprar los equipos médicos que necesito. — Informó David.
— Yo puedo ir por ropa. — Sugirió Quynh.
— Yo iré con ustedes y también podemos comprar provisiones de comida. — Decidió Joe, volviéndose hacia a David y Quynh.
— Y yo voy con vos jefa. — Dijo Nicky a Andy.
— Bien, nos vemos en una hora. — Indicó ella a todos. — Si llegan todos puntuales invito el almuerzo en el restaurante que quieran. — Agregó a modo de motivación.
Andy y Nicky fueron a un negocio clandestino de armas. Compraron una variedad importante, mezclando armas de fuego, espadas, navajas, cuchillos y granadas. Andy incluso también se animó a comprar un arco y flechas, para que Quynh tuviera esa opción si quería.
Ellos fueron los primeros en llegar a la camioneta.
De a poco todos fueron llegando. Los últimos fueron Booker y Nile. Llegaron diez minutos tarde, pero según parecía no se habían percatado de ese detalle.
— ¿A dónde vamos a ir a almorzar? — Preguntó Nile, luciendo entusiasmada ante el posible plan.
— No lo sé. — Respondió ella. — Yo prometí el almuerzo si llegaban a tiempo, y ustedes llegaron diez minutos tarde. — Dijo, mientras encendía la camioneta.
— Dale Andy, tenemos hambre. — Se quejó Booker.
— Por favor. — Pidió Nile, haciendo puchero.
— De acuerdo. — Aceptó ella. — Elijan a dónde ir, pero yo no pago. — Les dejo saber, con una sonrisa.
Andy condujo hacia un negocio llamado "fast food republic" a pedido de Nile. La joven inmortal estaba extrañando la comida norteamericana y por lo que había leído en internet ese era el mejor lugar de comida rápida en Croacia. Nadie del equipo era muy fanático de las frituras y la comida rápida, pero decidieron darle el gusto a la inmortal más joven. Comieron hamburguesas con queso, panceta y papas fritas, y tomaron cervezas.
A la tarde, una vez ya de regreso en el refugio, Andy se puso a limpiar las armas y hacer un inventario de ellas. De repente, Quynh se sentó a su lado y comenzó a observarla atentamente. Ella intentó que eso no la distrajera y continuó haciendo su trabajo. Se sentía algo extraña la situación, pero en algún punto le gustaba. A ella siempre le había gustado ser el centro de atención de Quynh.
— Tengo algo para vos. — Dijo Andy a Quynh, una vez que terminó lo que estaba haciendo.
— ¿Si? — Preguntó Quynh, asombrada porque no había esperado eso.
— Si. — Afirmó ella.
Andy buscó el arco y las flechas que había comprado y se las entregó. Sabía que no tenían nada de especial, no eran las antiguas que ella había guardado para recordarla, ni eran ningún modelo personalizado hecho específicamente. Pero, cuando vio eso en el negocio no pudo evitar comprarlo al pensar en la otra.
— Gracias. — Agradeció Quynh, un poco emocionada.
— Me hizo pensar en vos. — Le dejo saber ella. — En otro momento, cuando terminemos con todo esto, puedo devolverte tu arco favorito. — Propuso.
— ¿Todavía lo tienes? — Preguntó Quynh, curiosa ante esa inesperada propuesta.
— Si, lo tengo guardado en una mina. — Respondió ella.
— ¿Puedo pedirte un favor? — Preguntó Quynh, sintiéndose algo nerviosa de repente.
— Lo que quieras. — Aseguró ella.
— ¿Podrías enseñarme a disparar con pistolas y las otras armas? — Pidió Quynh.
Por supuesto que Quynh había estado usando armas desde que había salido de su prisión marítima, pero todavía no sentía que lo hiciera de una manera que la hiciera sentir absolutamente satisfecha. Quería perfeccionarse en el uso de pistolas, como siempre lo habían hecho ellas con cada nueva arma nueva que los mortales inventaban.
— Claro. — Asintió ella. — Vamos, podemos empezar. — Le indicó, agarrando un par de pistolas.
— ¿Ahora? — Preguntó Quynh, sorprendida.
— No hay mejor momento que el presente. — Contestó ella con una sonrisa.
Andy la guió hacia afuera, a donde había una cerca al final del terreno. Colocó varias latas en la cerca para que puedan practicar disparar en ellas y la guió a Quynh varios metros lejos de estas, para dejar una distancia razonable. Podrían ir haciéndolo cada vez a mayor distancia a medida que Quynh fuera sintiéndose cómoda con las pistolas y pueda dar en los blancos.
— ¿Qué hago? — Preguntó Quynh.
— Agarra la pistola con tu mano más hábil, apunta al blanco, el brazo siempre estirado en forma recta y relajado; presiona el gatillo, respira y solta. — Enumeró ella los pasos, lo mejor que pudo.
— No suena tan diferente a disparar una flecha. — Dijo Quynh, asimilando los pasos que la otra mencionó. — ¿Puedo verte hacerlo a vos primero? — Pidió.
— Claro. — Afirmó ella.
Ella era ambidiestra. Así que agarró una pistola en cada mano, se posicionó y se acomodó para disparar una de las latas. Disparó y los tiros pegaron perfectamente en una de ellas, tirándola de la cerca.
— Impresionante. — Comentó Quynh, observándola detalladamente.
Quynh se preparó para disparar, tomó confianza y disparó. Los primeros tres tiros los falló, y fue allí cuando Andy sintió que tenía que intervenir.
— Relaja el hombro. — Dijo ella, tocando el hombro de la otra suavemente.
Andy se paró al lado de Quynh y le ayudó a acomodar su brazo. Luego unió su mano con la de la otra, la que debía apretar el gatillo. Quynh la dejó que la guié, y ella disfrutó de tener su confianza, aunque fuera por ese pequeño momento.
— Respira hondo. — Le indicó ella. — Y dispara. — Agregó, haciendo que ambas apretaran el gatillo juntas.
El disparo fue exitoso y tiraron una de las latas. Ambas se sintieron satisfechas con ese logro.
— Inténtalo de nuevo. — Dijo ella, dejando a la otra para que pueda hacerlo sola.
Quynh volvió a intentarlo. El segundo tiro que realizó tiró una lata. Ambas festejaron. Siguieron un rato así, hasta que Quynh pudo tirar todas las latas a la perfección.
— Gracias. — Agradeció Quynh.
— De nada. — Dijo ella.
De pronto Quynh agarró una de sus manos y le hizo una señal para que ambas se sentaran en el pasto. Andy siguió su pedido, sintiendo de repente como la otra se había vuelto seria y ansiosa. Le acarició suavemente la mano, buscando darle un poco de paz.
— Perdón. — Soltó Quynh de repente.
— ¿Qué? Quynh no… — Comenzó a protestar ella, sin entender a qué venía esa disculpa.
— Perdón por haberte lastimado, por haber dejado que te torturen y torturen al equipo. Perdón. — Se disculpó Quynh, siendo sumamente honesta.
— Disculpas aceptadas. — Dijo ella. Aunque particularmente no había necesitado esa disculpa de parte de la otra, presentía que la otra sí necesitaba que ella la acepte. — ¿Podrías vos perdonarme a mí? — Preguntó, girando la conversación hacia sus propias culpas.
— ¿Por qué? — Preguntó Quynh, sin captar del todo de dónde provenía ese pedido.
— Por no haberte salvado, y por haber dejado tu búsqueda en un segundo plano. — Respondió ella tristemente.
— Andromache, no hay nada que perdonar, era imposible que me encuentren. — Aseguró Quynh. — Puedo darme cuenta de eso ahora que comprendo lo enorme, misterioso y desconocido que es el océano. — Agregó para reforzar el argumento de su perspectiva.
El momento fue interrumpido, ya que David vino a buscar a Andy, diciendo que necesitaba sacarla sangre y hacer un par de pruebas. Ella siguió a David hacia el refugio. Quynh se quedó en el parque ya que quería practicar un rato con el arco y las flechas.
Se sentía raro tener chequeos médicos cuando su inmortalidad había regresado. Pero en verdad, lo que Andy más quería era deshacerse de sus pesadillas. No quería que sus sueños siempre se vieran invadidos por sus recuerdos, eran demasiado dolorosos. Así que iba a hacer lo que David necesitará que hiciera, en él confiaba. Si alguien podía descifrar lo que le sucedía sin tener malas intenciones con eso, ese era él.
— ¿En verdad crees que es un virus? — Preguntó ella con curiosidad.
— Si, cada vez estoy más convencido. — Asintió él. — Pero, por las dudas quiero volverte a hacer la prueba de sangre, ya que ahora sos inmortal. No sé si habrá cambiado algo. — Explicó su dilema.
— Si llega a ser un virus… — Comenzó a decir ella y se pausó para pensar cómo expresar lo que quería decir. — ¿Qué tan posible es encontrar una cura? — Expuso su preocupación finalmente.
— Encontrar una cura a una enfermedad es siempre un trabajo desafiante y engañoso, como querer descifrar un laberinto. — Expresó él lo que pensaba. — Pero yo no me voy a dar por vencido. — Aseguró.
— Sos un buen amigo. — Apreció ella.
— Y vos sos una buena amiga. — Dijo él con sinceridad.
— No puedo creer que sigas acá después de todo lo que viste. — Dijo ella, pensando en todo lo que había ocurrido en esos días.
— ¿Pensaste que te ibas a deshacer fácilmente de mí? ¿Qué me iba a dar miedo verte en acción? — Pidió saber él. — Imposible, de hecho creo que te admiro aún más que antes. — Dijo convincentemente.
— Estás loco. — Dijo ella sonriendo.
— Puede ser. — Aceptó él. — Pero vos siempre fuiste sincera conmigo. — Le recordó.
— Pensé que no me creías. — Retrucó ella, haciéndolo reír.
— Debo admitir que fue difícil de creer. — Asintió él. — Pero una vez que te escuché hablar y te vi escribir en en muchos idiomas diferentes y extinguidos, todo empezó a cobrar sentido. — Agregó.
— Así que fue mi habilidad por idiomas y no por manejar armas, increíble. — Bromeó ella.
David le sacó sangre y luego le hizo un chequeo general: le tomó la presión y la temperatura, escuchó su ritmo respiratorio y su ritmo cardíaco, revisó sus reflejos. Por último, le hizo un hisopado.
A la noche Andy fue a relajarse con un grupo de caballos, a un costado del campo que rodeaba el refugio. Como le había dicho a su equipo, prefería no dormir por las noches por el tema de sus pesadillas. Y además vigilar era lo único que le daba un poco de tranquilidad ante la posibilidad de que el equipo de la doctora Kozak los encuentre.
— Andromache. — La llamó Quynh, uniéndose a ella. — ¿Podemos hablar? — Preguntó.
— Si, podemos. — Respondió ella. — Aunque pensaba que con lo que habíamos hablado esta tarde ya era suficiente. — Dijo con cierto humor, haciendo sonreír a la otra.
— Hay más. — Le dejo saber Quynh, poniéndose seria. — Necesitamos hablar sobre tus sueños… — Comenzó a decir Quynh.
— Yo no quiero hablar sobre mis sueños. — Protestó ella, interrumpiendo a la otra.
— Bien, no necesitas hablar sobre ellos. — Aceptó Quynh. — Solo tienes que escucharme, por favor. — Le pidió.
— De acuerdo. — Asintió ella.
— Creo que la experiencia de que todos podamos haber visto tus recuerdos nos hizo finalmente entender porque nunca te gustó hablar sobre el pasado. — Dijo Quynh pensativamente. — Nadie conoce la soledad y el dolor como vos lo haces. — Afirmó con confianza.
— Quynh… — La llamó ella, para llamar su atención.
Para Andy el destino de Quynh bajo el océano había sido igual o peor que sus miles de años de soledad. Ella amaba a Quynh y le habría gustado poder protegerla de ese gran trauma. Más de una vez había deseado poder ser ella quien estuviera en su lugar para evitar que la otra viviera ese dolor, pero las cosas lamentablemente no funcionaban de esa manera...
— No digas nada. — Le pidió Quynh. — Finalmente puedo entender. A vos no te gustaba hablar de tu pasado porque querías protegernos. Querías que no desacreditemos nuestros propios sentimientos y dolores, solamente porque vos ya los experimentaste y viviste miles de cosas más. — Explicó la conclusión a la que había llegado.
— No sé si funcionó. — Dijo ella, algo triste ante eso.
— Es que es como vos decís, todos los sentimientos son válidos. — Le recordó Quynh. — Pero los tuyos también lo son Andromache. Y ahora ya no tienes que esconder más todas tus miserias, ahora ya todos las conocemos. — Dijo con calma.
Andy se dejó caer en los brazos de Quynh, y solamente se sintió en calma cuando la otra la envolvió en un abrazo. Este era el primer momento que sentía que un gran peso de sus hombros se había ido. Ella había cargado sola con sus traumas por miles de años, pero ahora tenía personas que los conocían, que la acompañaban y podían ayudarla a sentirse en paz con ellos.
— Duerme. — Le indicó Quynh, mientras le acariciaba su corto cabello suavemente.
— Pero… — Comenzó a protestar ella.
— Yo vigilaré esta noche y te despertaré si tienes una pesadilla. — Aseguró Quynh, interrumpiéndola.
Así que Andy se recostó en el pasto, descansando su cabeza en las piernas de Quynh. A los minutos varios caballos se acostaron alrededor de ellas. Y así, se quedó dormida mientras disfrutaba de como Quynh le acariciaba su cabello y escuchaba la respiración de los caballos.
La siguiente semana prosiguió tranquilamente.
Todos los inmortales entrenaban juntos, para estar listos para cuando Copley finalmente tuviera los datos que necesitaban. Ellos también investigaban, sobre todo Booker y Nile, que eran los que mejor se llevaban con la tecnología. Andy dormía un rato a la mañana o la tarde, y así entre todos los demás lograban despertarla de sus recuerdos antes de que ocurriera algo malo. David continuó experimentando, tratando de encontrar un antídoto para lo que ahora ya habían confirmado que era un virus.
Y entonces, un día, llegó la llamada tan esperada de Copley.
— Encontré al equipo de la doctora Kozak. — Informó Copley.
— Bien. — Dijo ella, respirando aliviada. — Dinos todo. — Pidió, aunque sonó más como una orden.
— Son un equipo mixto, formado por agentes del FBI y la CIA. Tienen toda la información sobre ustedes concentrada en un solo lugar. Quieren proteger esa información porque consideran que es de riesgo. — Comenzó a explicar Copley.
— ¿De riesgo? — Lo interrumpió Joe, sonando disgustado ante eso.
— ¿No querrás decir que la quieren confidencial porque no pueden arriesgarse a que más personas lo sepan porque eso significaría tener que competir con otros para atraparnos? — Sugirió ella amargamente, apoyando a Joe.
— Exactamente, creo que nadie lo podría haber dicho mejor. — Aceptó Copley. — El hecho es que tienen toda la información de ustedes: las biopsias de sus órganos, pruebas de adn, información sobre sus identidades, la información sobre el suero que traspasa la inmortalidad y fue descartado por resultar terminal, y algo sobre una droga llamada tortura de recuerdos. — Relató detalladamente.
Copley les pasó toda la información que necesitaban y luego cortaron la llamada.
— Creo que es hora de decidir qué vamos a hacer. — Dijo ella a su equipo, después de un largo silencio. — Yo necesito terminar con esto, es lo único que me va a dejar tranquila y volver a sentirme un poco más segura. Ustedes son libres de elegir, yo lo voy a hacer igual, sin importar si vienen conmigo o no. — Expusó lo mejor que pudo.
— Yo estoy con vos. — Dijo Joe sin siquiera dudarlo.
— Yo también. — Afirmó Nicky.
Ella sonrió. Obvio que ellos siempre iban a estar, eran su familia. Ella siempre les daba la posibilidad de elegir qué querían hacer antes de cada misión y ellos siempre se habían mantenido a su lado.
— Y yo, ahora y siempre. — Asintió Booker.
— ¿Cómo era eso que te gusta decir? — Preguntó Nile, haciéndose la que necesitaba pensarlo. — Saldremos de esta situación como siempre lo hacemos, juntos. — Agregó con una sonrisa.
— Yo también. — Dijo Quynh.
— ¿Estás segura? — Pidió saber ella. — Sé que no querías quedarte, ya te pedí demasiado y no… — Comenzó a decir.
— Estoy segura. — La interrumpió Quynh. — Es hora de terminar con esto de una vez. — Agregó con confianza.
Todos estaban de acuerdo y todos iban a pelear juntos, y de esa manera parecía como si el rompecabezas habría terminado de formarse. Había algo magnífico y poderoso en el estar todos juntos, Andy podía sentirlo en sus energías. Tenían una conexión especial. Estar todos juntos, eso la hacía sentir que eran invencibles.
